Relaciona2

Publicado el

Vivir hasta el último día

 

Hace un tiempo leí a alguien contar una anécdota que lo marcó para siempre.  Le había comprado de regalo a su mamá unos zapatos muy finos y elegantes, a pesar que no había nada especial,  ella muy contenta con el regalo, se los estrenó ese mismo día. El hijo le dijo que eran para una ocasión especial, que eran carísimos, que para qué se los estrenaba, si no iba a hacer nada más que salir a Carulla a comprar el pan. La mamá le dijo – A ver… Y si me muero mañana?… se los va a estrenar otra. ¡No mijo, son para estrenarse hoy mismo!”.

A los tres meses después de ese día, a su mamá le dio un infarto y murió.  Recuerda que llegó a su casa devastado, a cambiarse para ir a la funeraria y al buscar unos zapatos negros para ponerse, encontró unos nuevos en caja que había comprado para él, el mismo día que compró los de su mamá y no se los había estrenado porque decía que eran para una ocasión especial y eran días de lluvia y de pronto se le mojaban.  Y ahí comenzó a cuestionarse sobre ¿Qué estamos esperando para estrenar? 

¿Qué es realmente un día especial?… cuando la vida se vive una sola vez y ni idea si amaneceremos mañana.  Nos la pasamos esperando el momento adecuado, el trabajo ideal, el golpe de suerte, el momento preciso, el día especial para estrenar o hacer aquello que queremos. 

¿Cuánta gente se fue sin decir lo que quiso, sin ponerse lo que quería, sin regresar a algún lugar o sin pedir perdón?.  ¿Las amistades que se rompieron porque el otro no dijo «perdón» primero?.  ¿Los matrimonios que se enfriaron porque dejaron de buscarse, por que solo se preocupaban por los hijos y dejaron el sexo para después?.  ¿La familia que jamás volvió a reunirse porque no encontraban un día que pudieran estar todos?. ¿Los sueños que se quedaron en sueños por esperar la oportunidad perfecta?.  ¿Y si no llega mañana…?

Y aquí vienen las preguntas: ¿A quién dejaste para después?. ¿Qué palabras dejaste sin pronunciar?.   Guardamos sin estrenar palabras, compañías, sentimientos, besos, abrazos, “te quiero”, sueños, entre muchas otras cosas. 

Hace un poco más de 5 años tuve la oportunidad de ser voluntaria en una Unidad de Cuidados Paliativos.  Una pareja había convivido más de 18 años juntos, tenían 6 hijos. A él le dio una enfermedad degenerativa y llegó el momento en que los médicos pronunciaron la frase más difícil de decir y de escuchar:  “No hay nada más que hacer”. Inmediatamente quedó en manos de los cuidados paliativos, donde sí hay mucho qué hacer. Todo un equipo interdisciplinario comenzó a ayudarlo. Los cuidados paliativos no son solo quitar el dolor del paciente, sino ayudarlo a tener calidad de vida, a que esté bien, duerma bien, pueda comer, pueda disfrutar momentos con su familia y cerrar ciclos, despedirse, en otras palabras tener calidad de vida hasta el final natural.  

Aquella pareja jamás contrajo matrimonio, aunque legalmente ya era una unión de hecho, aquella ceremonia, ella vestida de blanco y ambos pronunciar las palabras “prometo amarte, cuidarte y respetarte, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida” él sentía que faltaba y que no quería irse sin pronunciarlas. Y ahí gracias a las psicólogas, trabajadoras sociales, paliativistas y voluntarios comenzamos una carrera contra el tiempo: organizar la boda con todos los detalles en tiempo récord: Una persona prestó su vestido de novia y le hicieron los ajustes rápidamente para que le quedara perfecto. Los adornos de flores blancas para adornar el altar, la champaña no podía faltar, la comida y los cupcakes decorados delicadamente para la ocasión y el sacerdote. Todo estaba listo, logramos entre todos los voluntarios, cumplirle el último sueño a esa pareja que en pocos días se dirían adiós para siempre.   La ceremonia fue preciosa, sus 6 hijos eran los pajecitos, unos llevando la cola del vestido de la mamá y otros llevando la silla de ruedas del papá. El médico le dio permiso al paciente de que se tomara un vino para el brindis, su último brindis. Todos pasaron un hermoso momento, su último sueño cumplido. A la semana siguiente falleció. 

Pocas cosas en mi vida me han llenado el alma y han hecho que me sienta útil en este mundo, como esos momentos. Todos tenemos cosas diferentes que nos mueven el corazón, a mi fue ese momento.  Luego pudimos ayudar a una familia y a otra más para que pasaran los últimos momentos sin preocupaciones. 

En esa época me di cuenta que maneras para ayudar hay muchas, desde compartir una publicación en una red social, hacer una donación, pero nada es tan profundo como estar presente en esos momentos ayudando a alguien. 

Yo siempre decía, quiero seguir cumpliendo el sueño de las personas al final de la vida y no solo eso, me imaginaba dando charlas, conversando con tanta gente que sabe de todos estos temas, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, tanatólogos y pacientes, quienes tienen mucho que decir y mucha gente que necesita escuchar.  Siempre lo dejé para después… Ese sueño lo dejé en una cajita para una ocasión especial o para cuando todas las piezas del rompecabezas estuvieran perfectas. Pero me di cuenta que nunca todo iba a estar perfecto y si eso me llenaba el alma debía hacerlo ya. 

Hace unas semanas abrí el Instagram, Twitter y Facebook del voluntariado #VivirHastaElUltimoDia Me encantaría que me acompañen, será un espacio con mucho contenido humano, de reflexión y ayuda estando presente en la vida de personas desconocidas a quienes tal vez uno pueda darle unas palabras de aliento o acompañarlos haciendo realidad algún último sueño antes de partir.  

Estas son las redes:

En Twitter: @Vivirultimodía 

En Facebook:  @vivirhastaelultimodía

En Instagram: @Vivirhastaelultimodía 

HOY es un buen día para estrenar esos zapatos… 

¿Aún tienes algo sin estrenar?

 

En Twitter: @AndreaVillate

En Facebook / AndreaVillate Periodista

En Instagram /andreavillate_cielos

Mi libro Relaciona2 lo consigues en Amazon y te llega a la puerta de tu casa. Consíguelo aquí 

Comentarios