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Sanar…

Amanecer en San Andrés 2014

Ella era una mujer que tenía el corazón roto. Su novio había tomado la decisión de suicidarse dejando una nota que decía “lo lamento”, a pesar de la vida que habían planeado juntos.  Desde ese momento se dedicó a morir en vida, no aguantaba el dolor en su alma y su corazón. Salía con muchos hombres y les ponía citas en los mismos lugares que ella había recorrido con su novio. Discutía con desconocidos y cada noche llegaba a su casa tan alcoholizada que el celador del edificio la ayudaba a entrar a su casa.  Un día conoció a un hombre en el metro y al igual que los otros, le hizo hacer miles de cosas pero, a diferencia de los otros, él no la dejaba.  Para él, ella era una mujer diferente a las demás, tal vez un tanto loca, pero no tenía derecho a juzgarla. Todo lo que podía hacer era darle amor y respeto y ver cómo terminaría la historia.  

A pesar que ella se sentía bien a su lado, se resistía a salir a flote, quería seguir sumergida en su dolor, no se permitía volver a ser feliz.  Un día estaban juntos en un lugar y se toparon con un hombre que portaba un arma y quería suicidarse y decía entre gritos que su novia lo había engañado y lo había dejado…  Ella se le acercó y le dijo

– ¿Por qué quieres suicidarte? Eso no hará que ella vuelva contigo.

– Pero me sacará de la miseria que siento. Y le dolerá a ella, nunca será la misma.

– Estás equivocado, porque el tiempo pasará y ella estará mejor…

– ¿Cómo lo sabes?

– Porque así es cómo funciona… 

Ese día ella lo supo. Miró al hombre que estaba a su lado y se dio cuenta que podía volver a ser feliz y dejar atrás el dolor. Pero sabía que antes de pensar en estar con otra persona debía sanar. 

Le pidió que le escribiera una carta contándole lo que sentía por ella y ella le escribiría una a él. Al día siguiente se encontraron en un lugar y enterraron las cartas. Se despidieron con la promesa de verse en un año en el mismo lugar para leer las cartas…  Ella creía fielmente en el destino. Si él era para ella, nada impediría encontrarse de nuevo en esa fecha. 

Al año siguiente él estuvo ahí muy puntual, pero ella no llegó. Él desenterró las cartas y leyó la suya.  Entendió que ella necesitaba ese año para sanar y se fue triste porque no había dejado de pensar en ella un solo día.  Ella fue al día siguiente y leyó su carta. Había un anciano junto al árbol que la miraba y le dijo que el día anterior había estado desenterrando las cartas un hombre y esperando toda la tarde. Ella, un poco desilusionada, le contaba que no había podido estar el día anterior, pero que tal vez era el destino. El anciano le decía: “Supongamos, que el jugar y moldear el destino, es de hecho tu destino”.

Pasaron los días y ella fue a cenar con la mamá de su ex novio, ambas se habían apoyado mucho en la pérdida de su hijo/novio.  Y su ex suegra, desde tiempo atrás le quería presentar a alguien, así que lo citó esa noche en el restaurante y era él. 

Bonito, no?  

Esta historia hace parte de la película del 2008 “Una chica fuera de serie”. La he visto varias veces y a pesar del final de novela, me encanta la profundidad del mensaje en sí.    Todo en esta vida pasa, todo en esta vida cambia y aunque a veces tenemos que hacer procesos difíciles, duros en el camino, se puede volver a sonreír. 

Esta semana me conmovió mucho el suicido del ex integrante del grupo mexicano Garibaldi, Xavier Ortiz, de 48 años. Tenía problemas económicos, se le habían frenado varios proyectos por la pandemia, se había separado de su esposa, vivía lejos de su hijo. Una serie de situaciones que desencadenaron en una depresión que terminó en su partida.   Como en mi adolescencia era seguidora de este grupo, incluso tengo sus discos, me puse a revisar sus últimas entrevistas y ahí se muestra la tristeza que lo embargaba. Nadie, absolutamente nadie puede juzgar una decisión así. Algo me asombró y es que en sus palabras parecía dejar ver que nadie lo necesitaba, como si al mundo le diera lo mismo estando él o no, me pareció profundamente triste.  Al final el suicidio es una decisión definitiva para una problema temporal. 

Por estos días he escuchado muchas de estas historias y aunque creo que hasta una decisión así es parte en si del destino propio de cada persona, por aquello de tantos casos de gente, por poner un ejemplo, se lanza de un 10 piso y solo se tuerce un tobillo, creo que debemos decirle todas las veces que sea necesario a las personas que queremos lo necesarias que son en nuestra vida y que los problemas pasan, como todo en esta vida pasa: Lo bueno, como lo malo.    

La mejor representación de lo que es la vida es el ritmo cardíaco, las subidas y bajadas de su latido, no siempre estamos arriba y no siempre estamos abajo y si fuera una línea recta ya no habría nada que hacer, “porque el único lugar en donde nada cambia es en la tumba”, como le escuché decir hace unos días a Odin Dupeyron.  

Uno se cae, se levanta, se enamora, se desenamora, llora y luego ríe, pelea, se reconcilia, gana y luego pierde y luego vuelve y gana y así con todo…   Tal vez todo se trate de sanar y volver a creer.  Ver el cielo, las flores, la sonrisa de nuestros seres queridos, disfrutar la comida, un buen vino, un chiste, una buena conversación… 

La vida de cada uno es como una película, se va a acabar algún día y que bueno seria permanecer vivos para ver cómo termina la historia…

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