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Reencuentros

Foto de Henry Cárdenas, Canadá

Son las 6 y 57 de la noche del sábado 27 de febrero de 2021 y acabo de llegar a casa con los ojos llenos de lágrimas y preguntándome cómo es que tengo la fortuna de presenciar momentos tan especiales de personajes anónimos con los cuales, seguramente jamás me volveré a cruzar en el camino.  Sonrío un poco desconcertada y recuerdo las palabras que alguien me dijo una vez – Una de tres, Usted se inventa las historias, es muy observadora o es que la ponen en el lugar correcto – A lo que respondo hoy, como siempre, nada pasa por casualidad.  

En la tarde, escuchando las gotas de lluvia en la ventana y una taza de té caliente, me había puesto a escribir el blog que iba a publicar hoy. Ya estaba casi listo pero, eran las 6 de la tarde, había dejado de llover y salí con mi perrito Copito a su último paseo del día. Hoy decidí cambiar de ruta y hacer una vuelta un poco más corta por el frío. Di la vuelta a la manzana… y entré a un parque pero por un camino que una de mis hermanas me había enseñado.  Antes de entrar a esa calle noto que había un accidente entre un carro y una moto de la pizzería Domino´s con todo y ambulancia. Le mande luz al señor que estaban atendiendo, pero también al conductor del carro, esperando que no fuera grave para ambos.     Seguí mi camino por la calle cerrada y vi que un carro de color azul se estaba estacionando en una pequeña bahía improvisada.  

Se baja del carro un muchacho joven y una pareja, que supongo son sus papás y les pide que por favor entren al parque. La mujer le dice ¿Para qué quieres que entremos y dejar el carro ahí solo?, a lo que el hijo (porque ahí supe que era el hijo) le dice, Mamá, vengan un momentito para mostrarles una cosa, solo un momentico… Yo seguí mi camino, pero comencé a andar un poco más lento cuando crucé la reja y veo a otro muchacho, un poco mayor que el anterior, posado estratégicamente, con gorra, morral, tapabocas y una mujer joven escondida con el celular grabando.   Entra de primeras el muchacho, luego entran los papas y se quedan en shock.  Lo miran desconcertados y él dice -¡No me vas a saludar soy yo!-  Se ríe y continúa – solo volé todo un día para saludarte- La señora se agarra de la reja y dice  -No puede ser-. ¡El Papá se lanza a abrazarlo!  luego la mamá se funde en un abrazo y luego el hermano dice -Ahora abráceme a mi-. Todos sonreían.  Y yo seguí mi camino. 

De ver esos abrazos, esas caras de felicidad se me salieron las lágrimas…  

Luego decidí regresarme para preguntarles los nombres y que me dieran más datos y preciso venían de frente y me dio pena… además que venían hablando de las 12 horas de vuelo, pero me decidí por saludarlos y decirles que si podía contar la historia en mi blog de El Espectador, me dijeron que claro.  No llevaba celular porque con esta inseguridad siempre salgo con copito, las llaves y las bolsitas, nada más.    Me contaron que el hijo no veía a sus papás hacía año y medio. Trabajaba en Holanda. La que grababa era su novia, que también estaba en Holanda pero había llegado al país un mes antes. La mamá decía -me engañaste cuando hablamos por teléfono- y le dice – Claro yo disimulando para que no supieran nada- dijo entre risas.  Todos estaban felices. Le di mi celular al hermano para que por favor me escribiera por WhatsApp y me diera sus nombres y unos cuantos detalles adicionales de lo que tuve la fortuna de presenciar. 

Esta historia tan bonita es de la familia Garzón García.  Nicolás vive en Rotterdam, Holanda. Su hermano Sebastián organizó todo para que fuera una sorpresa para sus papás. Por retrasos en el vuelo le tocó quemar tiempo, improvisar planes hasta que ya todo estaba listo y Nicolás estaba en el parque. Hoy Martha y Guillermo están disfrutando con su familia completa. 

La familia Garzón García. Foto tomada hace año y medio, un día antes de que Nicolás se fuera para Holanda.

Al ver esta escena me dio un sentimiento de nostalgia profundo por varias cosas. Yo daría lo que fuera por volver a ver a mis papás y abrazarlos. Pienso tontamente en lo que pudo ser y no fue, que es tenerlos vivos a ambos hoy día.  Quien a uno más lo quiere y lo acepta con todo lo bueno y con todo lo malo son los papas, siendo nada más que una hermosa luz en el camino de sus hijos. Y los hermanos son un regalo y una bendición. También daría lo que fuera por volver a ver personalmente a mi hermana que vive en Canadá y estar  juntas con mis hermanas, mis cuñados y mis sobrinitos. Afortunadamente la tecnología acorta las distancias pero,  nada como el día a día, nada como mirarse a los ojos, nada como compartir un almuerzo, como reír juntos. 

Si tienen a sus papás con vida, díganles lo mucho que los quieren, denles las gracias. Díganles también a sus hermanos, a su familia, a su pareja, a sus hijos.  La vida pasa tan rápido que al final somos instantes y no sabemos cuál será el último encuentro, el último beso, el último abrazo. No sabemos que pase mañana.  Si algo ha dejado esta pandemia de enseñanza es que todo puede dar un giro inesperado, la vida como la conocemos hoy puede cambiar en un segundo. 

Familia, donde la vida comienza y el amor nunca termina. 

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