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Mi alma tiene prisa

 

Desde hace varias semanas no he podido volver a escribir con la frecuencia que lo hacía. No he podido volver a conectarme con lo realmente importante de la vida. Estoy en una etapa de introspección que me ha llevado a guardar silencio, a escuchar y a observar con detenimiento.

Por casualidad, como ocurren las mejores cosas de la vida, llegó a mí un texto maravilloso, fue como un momento mágico, lo reconozco. El canal, el instrumento, fue una persona a quien admiro y de quien he aprendido que pase lo que pase, debo mantenerme humano.

Estaba viendo en Youtube la conferencia de Emilio Herrera, Presidente de la Fundación New Health, que ofreció en el Encuentro Latinoamericano de Cuidados Paliativos que se llevo a cabo la semana anterior en Perú. Toda su ponencia fue maravillosa. Para concluir mencionó una frase de un poeta brasilero, Mario de Andrade. Inmediatamente capto mi atención como si fuera una señal del universo. Busqué la poesía y, en efecto, lo era.

Rodaron por mis mejillas unas cuantas lágrimas de emoción. Le escribí a Emilio, agradeciéndole esta sublime coincidencia. Él respondió a mi mensaje con un consejo maravilloso, el cual seguiré al pie de la letra.

Creo que lo mejor de las bonitas cosas que nos ocurren es poder compartirlas. Dejo aquí esta hermosa poesía, ojalá les guste tanto como a mí.

Mi alma tiene prisa

Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a manipuladores y oportunistas.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…

Sin muchos dulces en el paquete…
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…

Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una.

Mario de Andrade

En Twitter: @AndreaVillate 

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