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A todo lo que te resistes, persiste

Llevo varios días haciendo un balance acerca de las personas que han pasado por mi vida, esos balances que de vez en cuando uno hace, por aquello de entender el pasado para comprender el presente.  Las relaciones humanas para mi, como lo había dicho en otra oportunidad, son todo lo que venimos a aprender. En ellas está el amor, la comprensión, la amistad, la lealtad, el compañerismo, la compasión, entre muchas otras cosas. 

Recordé épocas muy difíciles que viví con personas a las que les entregue mi confianza y no recibí lo mismo. Para mi la lealtad es una calle de doble vía, si la doy, la espero de regreso.  Muchas veces no fue así y sin entenderlo, en ese entonces, una y otra vez me sucedían situaciones similares, con amistades y también en temas amorosos. 

Como decía el psicoanalista suizo Carl Jung, «Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido». Nada más cierto que eso.  Ahora que veo todo en retrospectiva, veo que cometía una y otra vez los mismos errores y yo actuaba exactamente igual.   Mi error consistió en entregar la confianza muy rápido a las personas que conocía y en deslumbrarme de primerazo con algunas personas sin darme la oportunidad de conocerlas paso a paso.  Y siempre las justificaba. Y repetía una y otra vez el mismo patrón. 

En una ocasión ayudé a un “amigo” que estaba en el exterior, pasando una situación personal muy difícil. Luego regresó, lo hospedé en mi casa, lo escuchaba, siempre estuve ahí cuando estuvo mal, cuando se le vino el mundo encima. Pero era de ese tipo de personas que “el qué dirán” es todo.  Así que la única persona que sabía lo que estaba pasando en su vida era yo.  Sin embargo intentaba entenderlo y comprender su manera de ser sin juzgarlo. Luego su vida mejoró, volvió al trabajo de antes, volvimos a ser compañeros de trabajo y ya no me necesitó.   Luego alguien malintencionado, de esas personas que su vida es vacía y les encanta hacer daño, se inventó un chisme y él creyó ciegamente en esa persona.  Y me atacaron de muchas maneras.   Yo sufrí muchísimo por eso, no podía creer que una persona a la que consideraba amigo se portara de esa manera.  La ingratitud duele mucho.   

Años después, una de sus amigas que entró en lo que se conoce como nueva era, me buscó y me pidió perdón, diciendo:  “por favor perdóname por todo el daño que te hicimos”…   Obvio, ya después del ojo afuera…  pero bueno, valoré el gesto.  Y comprobé que lo que no te mata, te hace más fuerte. 

Hace 20 años tuve un novio, de esos primeros amores y me traicionó de todas las formas, incluso psicológicamente y yo siempre lo justificaba, hasta que se acabó y sufrí mucho.  Hace 7 años me buscó por facebook para pedirme perdón.  

En una escena de la película Comer, Rezar, Amar, la protagonista que se embarca en una aventura en busca de su equilibrio personal, después de hacer varias cosas, como aprender a meditar, guardar silencio, visita a un curandero y él le dice que el verdadero balance está en no dejar que nadie te ame menos de lo que tú te amas a ti. A mi esa clase de frases siempre me entraban en reversa, porque lo veía como cliché y creía entender el significado pero claramente no entendía ni un atisbo de lo importante que es esa frase.  Mis hermanas siempre me lo decían una y otra vez.  Precisamente hace un tiempo conversando con mi amiga Diana González, que es psicóloga, hablábamos del tema y ella decía que la misericordia del corazón, consiste en abrazar el corazón de los otros y el de uno mismo, pero al primer corazón que había que abrazar era al propio, protegerlo ante todo y sobre todo.    

Si algo no es mutuo, que no sea nada. Si el respeto, la lealtad, el amor, la amistad, no es de doble vía, por más que uno quiera, no sirve y estará destinado al fracaso en cualquier ámbito de la vida. 

Cada situación que uno vive deja ciertas marcas que ahora, nos va mostrando el porqué estás aquí y cuál es el aprendizaje.   Uno es como el agua de un río que corre libre y las piedras del camino van formando tu destino y te van encausando por donde debes ir.  Si uno no aprende una lección las piedras se repetirán una y otra vez.   A lo que te resistes, persiste. 

Y esto que he aprendido no es únicamente en temas de amor, ni amistad, también en la parte laboral, en las relaciones en general. 

“Si no ves tu propio valor, elegirás situaciones y personas que tampoco lo vean”

 

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