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La hoja doblada….

“Cada año los papás de Martín lo llevaban con su abuela para pasar las vacaciones de verano, y ellos regresaban a su casa en el mismo tren al día siguiente. Un día el niño les dijo a sus papás:

-Ya estoy grande ¿puedo irme solo a la casa de mi abuela?- 

Después de una breve discusión los papás aceptaron. Al día siguiente ya en la terminal del tren, se despiden de su hijo dándole algunos consejos antes de abordar, mientras Martín les repetía  -¡Lo sé!  Me lo han dicho más de mil veces-. 

El tren está a punto de salir y la mamá le murmuró al oído: -Hijo, si te sientes mal o inseguro, ¡esto es para tí!-  Y le puso un papelito doblado en su bolsillo. 

Ahora Martín está solo, sentado en el tren tal como quería, sin sus papás por primera vez. Se sentía grande, fuerte e independiente.  Admiraba el paisaje por la ventana, cuando de repente y a su alrededor unos desconocidos comienzan a discutir y se empujaban entre ellos, hay gritos, entran y salen del vagón.

 El supervisor trata de controlar la situación y le hace algunos comentarios y recomendaciones a Martín sobre el hecho de estar solo. Una persona lo miró desde lejos con ojos de pesar de verlo tan solito…  

Martín ahora se siente angustiado cada minuto que pasa y ahora tiene miedo.  Agachó su cabeza… y con lágrimas en los ojos recuerda que su mamá le puso algo en su bolsillo. Temblando saca la hojita blanca doblada, la abre y dice: «¡Hijo, voltea, estoy en el último vagón!.   De inmediato Martin voltea su rostro y ahí estaban ellos, mirándolo y cuidándolo desde lejos”. 

Los buenos padres están siempre en el último vagón y los hijos, no importa la edad, siempre van a necesitar a sus papás.

Cuando uno está triste, cuando no sabe qué camino tomar, cuando quiere charlar o quiere compartir una alegría o una tristeza siempre recurre a las mamás. Es ese lazo que jamás se rompe. A veces no se necesitan palabras, las mamás con una simple mirada saben qué nos sucede. Nos quieren tal y cómo somos, con todo lo malo y con todo lo bueno. Les duele lo que nos pasa cuando sufrimos por algo y se alegran solo de vernos felices.  Por eso es que la orfandad es tan dura, tan difícil de llevar y es un vacío que jamás se llena. 

Todos en algún momento de la vida, más que todo en la juventud, sentimos que los padres no son necesarios, queremos independencia. Luego, a medida que vamos creciendo, no les tenemos paciencia y hasta en momentos les contestamos mal  o no le damos la relevancia que se merecen, por temas laborales o por ocupaciones y a pesar de ser buenos hijos, todos en algún momento hemos fallado, por mínimo que sea.  Y a pesar de nuestras fallas… las mamás siempre estarán en el último vagón. 

Mi mamá se fue hace 6 años y la extraño mucho. Extraño sus sopitas, la manera en que me escuchaba atentamente en mis momentos de cavilación sobre la vida y el destino que, con las cosas que sucedían a mi alrededor, no entendía y ella me escuchaba mis teorías atentamente. Le contaba noticias, le hablaba de política, de fútbol y me ponía mucha atención.  Y todavía le hablo en voz alta mirando su foto y le cuento cosas. No se si me escucha, pero confío en que está en el último vagón mirándome.   Yo creo que todos tenemos esa hojita doblada en el bolsillo… 

Si usted está leyendo esto y tiene la fortuna de tener a su mamá con vida, aprovéchela. El tiempo pasa muy rápido y nunca se sabe cuándo será el último día, el último abrazo, el último día de la madre.   

 

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