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¡Aquí vamos otra vez!

En la vida nada es garantía de nada. Hacer el bien no indica que nos vaya a ir bien, como hacer el mal no es una confirmación de que nos vaya a ir mal. Hemos visto que a veces la vida premia la maldad y nos preguntamos cómo ocurre algo así, pero es parte de la vida: La vida es injusta y toca acostumbrarnos a eso.  Sin embargo hay cosas que a pesar que la vida nos demuestre que el resentimiento y la violencia gana la partida, que la maldad es premiada, debemos seguir, cada uno de nosotros, haciendo nuestra parte, hacer lo que queremos ver multiplicado en el mundo. 

Hace unos días mi sobrinita menor nos invitó a comer helado, había hecho la primera comunión recientemente y le habían dado muchos sobres con dinero y quería invitarnos. Me pareció un gesto precioso, no pensar solo en los juegos que quiere comprarse sino en compartir con su familia.  Estábamos todos conversando y una de mis hermanas, quien había estado en Bucaramanga días atrás con mi cuñado y mi sobrina, nos contó que le hizo la señal de solicitud a un taxi y antes de subirse le dio la dirección del hotel, pues estaba un poco retirado y esperaba la frase “Yo por allá no voy”. El conductor muy amable le dijo que sí, que claro que se subieran y él los llevaría. Mi hermana le confirmó que el hotel quedaba en Girón, haciéndole la aclaración y el señor le dijo que él sabía donde quedaba y que con mucho gusto los llevaría.  En el trayecto conversaron sobre eso y el conductor les decía que su deber, como el de cualquiera era brindar un excelente servicio. Que si estaba trabajando como taxista y solo esperaba que los pasajeros fueran a donde él quería que fueran pues era mejor dedicarse a otra cosa. Y que así deberíamos ser todos los seres humanos en nuestro día a día, hacer el trabajo por mínimo que fuera, de la mejor manera posible.  

Conversando sobre eso, mi otra hermana recordó que en una oportunidad en un viaje de trabajo a Cali, tomaron un taxi con un compañero de trabajo y en el trayecto del aeropuerto al hotel iban conversando alegremente, se bajaron y cuando iban entrando al hotel se dieron cuenta que la maleta de mi hermana y el morral con el computador había quedado en el puesto de adelante del taxi y ya se había ido.  Como lo habían tomado en la calle no sabían a qué número llamar, no se habían fijado en la placa ni nada.  Se quedaron ahí parados angustiados sin saber qué hacer.. como a los 15 minutos aparece el taxista, disculpándose porque cuando se dio cuenta que habían dejado la maleta le tocó dar una vuelta muy larga para regresar y por eso se demoró un poco.  Mi hermana y su compañero de trabajo estaban muy agradecidos con ese gesto de honestidad y la amabilidad del señor.

Lo que hacemos cada día en nuestro trabajo, con nuestras familias, lo que hacemos como amigos, lo que hacemos diariamente con la gente que nos cruzamos, es lo que esperamos ver en el mundo. Así que por insignificante que sea, cualquier buena acción, buen gesto, sea como un grito que lanzamos al mundo y que se reproduzca como un eco en el aire. 

Hay que seguir adelante. Por mucho que a veces ciertas circunstancias nos decepcionen, sin importar lo que pasó ayer, cada amanecer hay que decirle a la vida: ¡aquí vamos otra vez!

 

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