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Antes, durante y despúes

Atardecer en Bogotá

Durante la época de cuarentena cuando salía en las noches a pasear a mi perrito veía siempre en una ventana a una pareja de adultos mayores viendo el noticiero y algunas veces viendo las novelas repetidas que transmitieron los canales nacionales en pandemia. Me causaba curiosidad verlos, tal vez porque llegaba a mi memoria una de las escenas más maravillosas del cine inglés, de la película «Un Lugar Llamado Notting Hill». Tal vez alguna vez la había contado en estas páginas…

Ana Scott, (interpretada por Julia Roberts) caminando en una noche veraniega, acompañada de Willian Thaker (Hug Grant), irrumpen en el antejardín privado de una casa luego de hacer maromas para poder entrar, él le dice que, qué es lo que tiene ese jardín que valga tanto la pena entrar… a lo que ella responde besándolo apasionadamente. Luego encuentran una silla de madera de roble con una leyenda grabada «Para Mi amada Estafani, de Joseph quien siempre la acompañaba«… ella se queda en silencio, lo mira con amor y le dice «hay quienes pasan su vida juntos» …. se sienta… y le pide a él que la acompañe… y suena de fondo When You Say Nothing At All de Ronan Keating. ¡Maravillosa escena! Siempre la recordaba cuando veía a esa pareja en la ventana.  

Hace unas semanas pasé y solo estaba ella sentada en la misma silla y su semblante era sombrío, inmediatamente sentí tristeza, como cuando presientes que la película que te encanta va a tener un final diferente al que hubieras imaginado. Averigüé con los vecinos y me contaron que el señor había muerto. 

Alguna vez leí algo tan cierto que decía que uno se daba cuenta que no era el partido, sino con quien lo veías. Que no era un buen vino, sino la charla. Que no era un buen almuerzo sino para quien lo preparabas. Que no era la serie de Netflix, si no con quien la veías. No era una noticia, sino con quien la comentabas.  

Lo único certero en la vida es la muerte. Cuando muere un ser querido nos aferramos con todas nuestras fuerzas a los recuerdos, a los momentos vividos, a las risas, a los abrazos, a los besos, a los momentos compartidos. Y terminamos, lo queramos o no, haciendo las paces con las ausencias y agradeciendo al destino por habernos cruzado en el camino y no queda de otra que aceptar sus designios. 

Cuando pasan situaciones difíciles como las que muchos se han enfrentado y se enfrentan a diario con esta pandemia, hay que aferrarse con todas las fuerzas del corazón y del alma a la esperanza. Mientras haya vida, mientras el corazón siga latiendo hay esperanza de que seguiremos compartiendo momentos maravillosos con quienes amamos. 

Pero, no esperemos a que una situación difícil nos haga valorar a una persona.  A veces veo, con cierta frecuencia debo decir, a personas que son indiferentes con las que tienen a su lado, desprecian un beso, así sea mandado por chat, un detalle, porque lo ven como algo de siempre y ese “de siempre” no es más que un espejismo. Nada es para siempre! no se les olvide.  Por eso, en serio, valoremos a quienes tenemos a nuestro alrededor, no hay que olvidar los buenos tratos, las buenas maneras, los cariños, los afectos, las palabras bonitas, el respeto. Nada daña tanto cualquier relación como tenerle demasiada confianza a alguien.  

Algún día viviremos de recuerdos o vivirán del nuestro, esforcémonos por dejar momentos, palabras, actos bonitos… Mientras siga latiendo el corazón sigamos construyendo recuerdos hermosos en quienes queremos y hagámoslos saber cada día de nuestra vida. 

Y a quienes se fueron, sabemos que aunque no los podemos ver, los sentimos y nos acompañarán por el resto de la vida. 

 

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