Reflexiones

Publicado el RicardoGarcia

PANDEMIA, UNIVERSIDAD Y EQUIDAD

Por: Ricardo García Duarte*

Hace un año exactamente, contado un día con otro, nos vimos todos obligados a confinarnos. El encerramiento era la respuesta inmediata para disminuir la amplitud del contagio. El mal se regaba como una mancha invisible, como una plaga bíblica. Las cuarentenas severas fueron impuestas como un efecto de control, no para curar; sí para evitar el colapso de la atención hospitalaria; esta última, una eventualidad catastrófica, en caso de que hubiese un número más grande de enfermos delicados que de unidades de cuidados intensivos. Se trataba de un resultado previsible de restricciones, pero tal vez de un carácter virtuoso, hoy suficientemente confirmado.

Solo que en otro plano arrastraba, al revés, con un resultado no deseado, el de la contracción brusca de la economía y el decaimiento de los equilibrios sociales; es decir, un mayor desempleo, menores ingresos y más pobreza. Y con todo ello: una situación inacostumbrada y traumática para la Universidad, cuyos objetivos estaban normalmente señalados en función de una oferta académica basada en la presencialidad de estudiantes y docentes; y sin embargo ahora recortada drásticamente por los riesgos que comportaba la transmisión del virus, difícilmente controlable mientras no fuera inventada la vacuna anhelada.

Así, la Universidad tenía que continuar con su funcionalidad misional; en otras palabras, con el cumplimiento del derecho que le ha sido encomendado por la sociedad, eso sí, en condiciones de virtualidad, un ambiente institucional, para el que no estaba suficientemente preparada.

El reto no era de poca monta, y por cierto reunía elementos de una complejidad inusual. Sin embargo, los miembros de la dirección universitaria lo asumimos con una determinación y una comprensión del momento, que nos han permitido cosechar frutos sanos y robustos en la excelencia del saber y en el desarrollo social. Al menos, es lo que podemos constatar en la Universidad Distrital.

Estábamos obligados a trazar una línea estratégica con la que, sorteando los escollos, pudiésemos garantizar el trabajo académico y la equidad en medio de una situación crítica, la misma que conspiraba contra el conocimiento y la justicia distributiva, pues muchos estudiantes podrían verse, por las circunstancias, empujados a abandonar las aulas de clase.

Entonces, la Universidad organizó y presentó el calendario académico, al contrario de lo que ciertas voces aconsejaban, en el sentido, de predicar la inconveniencia de abrir las actividades académicas. La dificultad había que asumirla sin vacilaciones, para darle paso a la marcha de una Universidad abierta, portadora de unos fines, ya en ese momento desplegados bajo el formato inédito de la virtualidad.

Enseguida, la institución inició una misión de envergadura para el entrenamiento de casi 1.000 docentes, en el uso de las herramientas digitales, con las que cada uno de ellos pudiese diseñar y manejar el plan de cada materia, también llamado el syllabus.

Después, la Universidad compró 2.500 tablets o dispositivos computacionales, para préstamos a los estudiantes, a fin de facilitarles, a quienes se vieran beneficiados, la participación en las clases virtuales; algo que, sumado al apoyo en conectividad, llegó a constituir una oferta de 5.000 servicios en ayuda digital. Además, proporcionó, como apoyo alimentario, bonos redimibles en mercados, cuyas unidades sumaron 28.000, a lo largo del año 2020.

Finalmente, el Alma Mater destinó montos financieros que hicieron posible la matrícula cero para el segundo semestre, un hecho que significaba la renuncia a un flujo de 7.200 millones  en ingresos propios, apenas suplidos de un modo parcial con algunas adiciones provenientes del Estado.

Las anteriores fueron medidas que hicieron parte de un plan de contingencia, destinado a enfrentar la crisis sanitaria, económica y social. Iban en la dirección de salvaguardar a la Universidad Distrital y de asegurar la Formación, la Investigación y la Extensión, sus líneas misionales. Ha sido una muestra de cómo gestionar una crisis inédita y mayúscula, en favor del Bienestar y la Calidad.

*Rector de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas

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