Las Ciencias Sociales Hoy

Publicado el Las Ciencias Sociales Hoy

Post molestam senectutem (“Después la molesta senectud”, del himno universitario “Gaudeamus Igitur”)

Por: Víctor Reyes Morris*

Utilizo esta estrofa del himno Universitario Mundial Gaudeamus igitur (Gozemos por tanto o nos dejan), esta canción de origen Goliardo (o sea un poema de los hippies o alternativos medievales) para referirnos a lo que está ocurriendo con lo que se ha calificado en algunas latitudes como la revolución de las canas, o la inconformidad creciente, con la obligatoria cuarentena extendida para los mayores de 70 años. Lo que pareció una simpática protesta de algunos setentones ilustres, tiene mas de fondo que de anécdota pandémica. A ello quiero referirme en esta nota. Además, porque estoy en ese umbral de lo que se ha llamado la situación de “casa por cárcel”.

El decreto del gobierno colombiano que conmina a los mayores de setenta a un confinamiento que equivaldrá a casi seis meses de pena, mayor que el del resto de la población, ha suscitado mucha controversia, al menos entre los que lo estamos padeciendo y encima cobijados bajo el amoroso y engolado etiquetamiento de “abuelitos”.

El asunto tiene muchas aristas más allá de la humorada que pareciera ser la protesta. Tiene implicaciones de un fenómeno advertido en esta crisis de pandemia. Y es el asunto de las libertades y derechos de las personas ante las tentaciones autoritarias y “recortistas” de los ejercicios de poder en esta especial situación pandémica global. Pero ante todo, parece obedecer a una concepción cultural de que los viejos ya  no tienen nada que hacer en la sociedad y que solo son una carga vulnerable.

Cuando se le plantea al Gobierno la razón de esta determinación, su respuesta es pragmática: como la población de mayores es la más vulnerable a la pandemia y no hay suficientes camas UCI (cuidados intensivos) entonces evitemos que se contagien confinándolos mayor tiempo. Aquí de fondo hay como una secuenciación de ciudadanos de primera y de segunda. Hay que evitar que ocupen esas plazas en los hospitales. Pero como en el Gran Hermano que cuida de todos, la decisión de cuidarse la toman unos ilustres cortesanos y se despoja de la propia responsabilidad a cada persona sea mayor o no, de su propia decisión.  Tanto en mayores como los que están en otras edades hay personas muy vulnerables, pero los mayores no lo son por ser mayores. Por tanto, el confinamiento universal de los mayores es claramente una restricción de libertad de circulación que vulnera el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el artículo 24 de la Constitución Política, aun cuando tal restricción pudiera tener supuestamente el mérito preventivo.

Pero volvamos a algo que más me preocupa, que inclusive la misma restricción libertaria y es la concepción cultural detrás de posiciones aparentemente benefactoras. Y quiero aludir a una obra de ficción, que parecen redescubrirse, junto con otras tanto literarias o cinematográficas, como premonitorias. Me refiero a la novela del autor argentino Adolfo Bioy Casares, El diario de la guerra del cerdo.  En ella el autor narra una situación ficcional que ocurre en Buenos Aires en donde grupos de jóvenes se dedican a perseguir a personas viejas para asesinarlas, en una cruel e impresionante cacería humana.  En la novela los mayores se encuentran en un predicamento entre una vida normal, la que siempre habían tenido y el terror y el medio a la persecución incomprensible que los hace temer por sus vidas. “En esta guerra los chicos matan por odio contra el viejo que van a ser”, Dice el autor tratando de explicar la razón de la sinrazón de sus personajes jóvenes.

Con la alusión a esta obra literaria no quiero encontrar similitudes en los procedimientos, pero si en las concepciones. Y es ahí donde expongo un punto de ese tenor.

A la concepción implícita, que no explicita, disfrazada intencionalmente o no de “política de cuidado” hay un trato de minoridad, de endilgar incapacidad de tomar decisiones para el propio cuidado, la imposibilidad de asunción del auto-cuidado.

Pero además tiene consecuencias que culturalmente pueden llevar a la idea de gente inservible, no tanto digamos en que se haya convertido en política pública si no en el mensaje que se le envía a la sociedad y cierto endiosamiento de lo joven, de lo efébico, de los bellos cuerpos tan propagada en los medios de comunicación y en las redes sociales encontraría un cierto nicho de peligrosa ideología anti-mayoridad. Si el señor Ministro de Salud de Colombia, leyera este escrito me enviaría una réplica aduciendo que lo que se pretende en esta coyuntura pandémica es “una protección especial a los mayores de 70 años”. ¿Pero una protección que paraliza y disminuye es una buena protección? Cuídate tu que yo sabré cuidarme!

Los mensajes públicos tienen efectos que van mas allá de las intenciones de quienes lo producen, pudiendo ser bien intencionados pero desastrosamente interpretados, una vez llegan a los más disímiles intereses sociales.

Me parece pertinente citar a un sociólogo alemán, Norbert Elias,(*) quien dice en un pequeño ensayo sobre el envejecimiento y la muerte lo siguiente: “Pero es útil recordar que algunas de las cosas que hacen los viejos, sobre todo algunas de las cosas extrañas que hacen, tienen que ver con el miedo a perder facultades e independencia, y de modo especial, a perder el control sobre sí mismos”.

 

(*). Elias, Norbert: La soledad de los moribundos. Fondo de cultura Económica. México. 2011.

*Sociólogo Ph. D.

 

 

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