Ese extraño oficio llamado Diplomacia

Publicado el Asociación Diplomática y Consular de Colombia

LA APUESTA DEL CANNABIS MEDICINAL: LA AVENTURA POR LIDERAR LAS DROGAS DE UNA FORMA DIFERENTE*

El desarrollo de la mañana era incierto para todos los delegados de la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas en ese 2 de diciembre de 2020. Hacía más de un año que la Organización Mundial de la Salud había recomendado un puñado de ajustes a la ubicación del cannabis y varios de sus derivados en el marco de las listas internacionales de fiscalización de estupefacientes; sin embargo, el voto de muchos de los 53 Estados Miembros era aún ambiguo.

Probablemente ninguna de las recomendaciones implicaba un cambio drástico en la forma en que se regula el comercio de estas sustancias a nivel mundial: al fin y al cabo, nunca estuvo en duda la premisa de las convenciones internacionales que únicamente aprueba el uso con fines médicos y científicos de los estupefacientes. Pero para muchas de las perspectivas más conservadoras del salón, este momentum de reforma a los compromisos internacionales podría resultar en un incentivo al abuso de las múltiples sustancias que emanan de la planta del cannabis.

A pesar de las múltiples conferencias, consultas y capacitaciones por parte de la OMS y sus expertos, el grueso de las recomendaciones recibió una mayoría de votos negativos, negando su aprobación en la Comisión. Sin embargo, la recomendación titular fue aprobada por una diferencia de dos (2) votos, efectivamente eliminando el cannabis de una lista que prácticamente descarta la posibilidad de sus usos terapéuticos. Como resultado, el principal foro multilateral encargado de la fiscalización de estupefacientes reconoció la evidencia científica que respalda el valor medicinal de la industria del cannabis.

El voto colombiano, uno de los 27 a favor que superaron 25 votos en contra, apoyó este reconocimiento abiertamente, con el respaldo de múltiples entidades y expertos nacionales. De hecho, Colombia llevaba varios meses preparando mecanismos para apoyar la industria del cannabis y este éxito de la política exterior fue un paso más en el esfuerzo del país por liderar el ámbito de las drogas desde una perspectiva legal y basada en el emprendimiento.

Desafortunadamente, la reputación internacional de Colombia en materia de estupefacientes ha estado dictada por el complejo mercado de la cocaína, así como de la delincuencia que acompaña este fenómeno ilícito y los esfuerzos del país por combatirla. El cultivo, producción y tráfico de sustancias con potencial psicoactivo ha sido tal vez el flagelo más sobresaliente de las instituciones del Estado y es imposible separar la historia reciente del país de la violencia asociada al narcotráfico.

No en vano es difícil considerar, en el imaginario colectivo, una industria nacional fundamentada en sustancias estupefacientes y sus derivados – al menos no sin acompañarla del epíteto de ‘ilícita’.

El gobierno, sin embargo, no ha hecho oídos sordos a los avances de la ciencia en cuanto a los fines terapéuticos de varios componentes del cannabis. Esta evidencia, acompañada del renombrado potencial de la industria que lo respalda, ha motivado a Colombia a aprovechar el momento que vive el mercado internacional frente a esta sustancia. Tanto en Norteamérica como en Europa, por ejemplo, los fines terapéuticos de la planta han sido cada vez más asimilados a la medicina ‘mainstream’, sin mencionar lo dominante que ya es su uso en varias ramas de la medicina alternativa. Aunque es tentador pensar que el país simplemente está “siguiendo la corriente” al tomar estas decisiones, la realidad es que Colombia representa actualmente uno de los líderes regionales en cuanto al apoyo y desarrollo de la industria del cannabis medicinal y de exportación.

En septiembre de 2020, tres meses antes del voto de la Comisión, el gobierno nacional reconoció la industria de cannabis con fines médicos como un Proyecto de Interés Nacional Estratégico (PINE), asegurando la priorización de este sector e incentivando la regulación proactiva del mismo. En seguida inició la reformulación de la normatividad que regía la industria ya que, más allá de reconocer los fines terapéuticos del cannabis como lo hizo el país en 2017, Colombia buscaba impulsar definitivamente esta industria y su proyección en el comercio internacional.

En julio de 2021, gracias a la deliberación de múltiples entidades del país que buscaban apoyar dicha industria sin violar compromisos internacionales ni arriesgar la desviación hacia fines ilícitos, este esfuerzo por regular la producción y comercialización de cannabis medicinal culminó con el Decreto 811. El país no solo no tardó en consolidar su apoyo al reconocimiento que se hizo en las Naciones Unidas, sino que además ha demostrado determinación al tomar acciones concretas dirigidas a liderar el creciente mercado del cannabis a nivel mundial. Cabe resaltar que, en América Latina, sólo seis (6) países tienen una legislación vigente que reconoce el uso medicinal de la planta.

Ahora bien, es claro que el futuro de este asunto en el ámbito internacional sigue siendo incierto. Los avances del derecho internacional y en general la discusión multilateral sobre la materia aún mantienen una prudencia que puede caer, por momentos, en la impasibilidad. Actualizar la regulación a partir de la evidencia científica se encuentra, muchas veces, con la cuesta arriba de la política internacional – condición que se hizo evidente en la votación que se llevó a cabo en diciembre. Es por ello que una actitud proactiva por parte de Colombia puede significar una apuesta por el liderazgo, cuyos réditos tienen el potencial de medirse en los miles de millones de dólares que vale la industria del cannabis. Con esta movida, el país se aventura a abanderar el mercado de los estupefacientes desde una perspectiva diferente.

Esta historia, sin embargo, no salva a Colombia de muchos de los flagelos que vive debido al problema mundial de las drogas. El país sigue encabezando varios indicadores de narcotráfico, como lo demuestra el Informe Mundial de Drogas 2021. Al menos en el corto -y seguramente mediano- plazo, nuestro liderazgo en materia de drogas seguirá basándose principalmente en tácticas contra el narcotráfico, así como en la formulación y ejecución de mecanismos jurídicos y policiales alrededor de este fenómeno.

Aun así, tal vez la proyección internacional de la industria colombiana del cannabis sea evidencia de la madurez de las instituciones nacionales frente a la conducta compleja del problema de las drogas. Entre el liderazgo regional del país y la coherencia de la política exterior sobre la fiscalización de estupefacientes, la conclusión de este episodio puede dejar una lección sobre la construcción de reputación alrededor de los paradigmas de la audiencia internacional. Mientras tanto, Colombia se prepara para adentrarse en la creciente ola del cannabis medicinal. Nuestra experiencia acumulada en control de estupefacientes deberá servir de respaldo para asegurar al país los réditos comerciales y políticos que merece por su anticipación.

*Carlos Padrón, Internacionalista de la Universidad del Rosario. Tercer Secretario de la carrera Diplomática y Consular de Colombia, actualmente adscrito al Grupo interno de trabajo de Lucha contra las drogas en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

 

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