Ese extraño oficio llamado Diplomacia

Publicado el Asociación Diplomática y Consular de Colombia

INVITACIÓN A LOS ASPIRANTES A DIPLOMÁTICOS COLOMBIANOS*

Hace veintiseis años, encontré por casualidad un aviso extraviado en la sección de anuncios de un periódico bogotano. Se trataba de la convocatoria a los profesionales interesados en ingresar a la carrera diplomática de Colombia. Era un concurso de méritos en el que se empleaban exámenes de conocimientos generales y entrevistas para seleccionar un número aproximado de 20 aspirantes a ser diplomáticos colombianos.

Hasta ese momento ignoraba que existía una carrera diplomática en nuestro país, era de los que creía como muchos, que para trabajar en el Ministerio de Relaciones Exteriores el requisito indispensable era tener contactos políticos, sociales o familiares. Me inscribí y presenté las pruebas con resquemor, algo totalmente infundado, pues puede constatar que los concursos en la Academia Diplomática Augusto Ramírez Ocampo (antes llamada de San Carlos) son totalmente transparentes en su desarrollo.

El ingreso a la Carrera Diplomática se realiza mediante un concurso de méritos que convoca anualmente el Ministerio de Relaciones Exteriores, abierto a todos los profesionales colombianos que tengan vocación de ser diplomáticos, es decir, de ser servidores públicos tanto en Colombia como en el plano internacional. Este camino, que puede resultar el más largo y difícil, pero por lo mismo, en mi opinión, el más satisfactorio para quien decide recorrerlo. Es abierto a todas las profesiones y no hay límite de edad para postularse.

Acaba de ser publicada la convocatoria para quienes estén interesados a engrosar las filas de la diplomacia profesional colombiana, que en 2021, admitirá cuarenta (40) aspirantes, una gran oportunidad para los profesionales que tengan la vocación de servicio hacia el país y la comunidad colombiana en el exterior.

El concurso ha ganado en descentralización y democracia, pues pueden participar colombianos de diferentes ciudades del país, profesionales, sin importar su carrera. En buena hora, se decidió imprimir a la carrera diplomática una mirada multidisciplinaria, no necesariamente desde profesiones cercanas a las relaciones internacionales, el derecho o las ciencias humanas. Tampoco hay límite de edad, aunque al ser una carrera de largo aliento, resulta adecuada para jóvenes profesionales.

El concurso se compone de una serie de pruebas académicas. No se pretende que el aspirante sea un experto en temas de política exterior, pero sí que demuestre una información básica en estos asuntos, así como un sincero interés en el servicio público. El aspirante debe ignorar las falsas concepciones sobre la diplomacia, como un escenario para recibir privilegios personales, pues los honores siempre son para los países no para los individuos. La carrera diplomática debe estar integrada por profesionales con conocimientos, preparados para defender los intereses de Colombia en el exterior.

Si el aspirante pasa el concurso, ingresará durante un año a formación especializada en la Academia Diplomática con formación tanto en lo teórico como en la práctica, pues hay pasantías en diferentes oficinas del Ministerio de Relaciones Exteriores para que se acerque al trabajo real. Durante ese año recibirá un auxilio económico mensual para sostenimiento, que resulta de gran valor para aquellos que vienen de ciudades diferentes a Bogotá o que no tienen suficientes recursos para mantenerse en el año de estudio que es de tiempo completo.

Los mejores calificados en este curso entrarán en un año de prueba al Ministerio y, si son evaluados positivamente en su desempeño, ingresarán formalmente como funcionarios de carrera diplomática en la categoría de tercer secretario. Si son perseverantes, aproximadamente 25 años más tarde podrán aspirar a la categoría de embajador. Por ello mencionaba que era el camino más largo, pero por lo mismo, por lo extraordinariamente diverso, el más satisfactorio.

Como consejo previo al aspirante, resalto que debe estar bien informado sobre los asuntos internacionales, estar actualizado sobre las noticias recientes y aquellas en particular que puedan estar relacionadas con la política exterior colombiana. Aparte de los conocimientos y el interés, cualquier candidato a diplomático debe tener una buena capacidad de adaptación a situaciones y lugares nuevos o diferentes, así como estar dispuesto a realizar sacrificios como dejar a la familia y salir de lo que suele llamarse la “zona de confort”.

Para resumir los requisitos, es necesario ser colombiano de nacimiento, no tener doble nacionalidad, contar con un título universitario (en cualquier profesión), tener dominio del idioma inglés en un nivel B2 y no estar inhabilitado para ejercer cargos públicos. El concurso tiene 3 etapas, una inscripción de manera digital, la presentación de un examen escrito de conocimientos, una prueba psicotécnica de forma presencial y guardando todas las medidas de bioseguridad en Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Cali, Medellín, Quibdó y San Andrés, así como una entrevista personal.

Espero que este texto sirva como mensaje motivador, siempre resulta satisfactorio encontrar nuevos colegas que comentan su ingreso a la carrera diplomática porque encontraron por casualidad notas como esta, el aviso del periódico, el testimonio de vida de algún conocido, así como hace 26 años hallé por fortuna ese aviso e inicié un largo pero maravilloso camino. Don Miguel de Cervantes acuñó una frase más que apropiada para la diplomacia, “el andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos”.

La discreción es, sin duda, una de las cualidades que todo diplomático debe intentar poseer o desarrollar. Amable lector, si se ha despertado su interés, bien sea para usted o algún allegado,  toda la información puede encontrarla en:

https://www.cancilleria.gov.co/footer/academy/contest-entry

Los esperamos en un recodo del camino que marca la carrera diplomática.

Dixon Moya es sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia, embajador de carrera y actual Cónsul General de Colombia en Chicago.

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