El Cuento

Publicado el ricardogonduq

Una pesadilla llamada Código de Policía

A los abusos y los absurdos del Código de Policía, que van desde agresiones a los ciudadanos hasta multas por comprar o vender empanadas en las calles, se suma la lentitud para responder a las apelaciones de los afectados por multas injustificadas. Las alcaldías están desbordadas atendiendo las quejas por un nuevo reglamento que contrario a lo que se proponía, terminó afectando la convivencia.

Por: Ricardo González Duque

En Twitter: @RicardoGonDuq

“Permítame validar un momento”. “Seguimos validando”. “Espere un momento en línea”. “Gracias por su amable espera, deme unos minutos más”. “El sistema no me da respuesta”. Y así, nos la pasamos escuchando cómo la vida se nos va en una línea telefónica esperando respuestas del mal llamado servicio al cliente en Colombia que, salvo contadas excepciones, de útil no tiene nada. Pero si eso puede parecer una tortura, sí que lo es enfrentarse a una multa del Código de Policía.

En abril de 2018, cuando el Código llevaba algo más de un año de implementación, llegaron dos agentes de la policía a un apartamento en el que había una reunión de aproximadamente 15 personas, de la que solo se quejó un solo vecino. Uno de esos amargados e intolerantes que no pueden aceptar que otros hablen, rían o canten. Los decibeles -si hubiera habido una medición que no estuviera mediada por el alicoramiento de los asistentes a la reunión- no se habrían acercado ni siquiera a los 45 que establece la norma como máximo permitido en las noches para respetar la tranquilidad de los cohabitantes de una propiedad horizontal.

Pero los dos hombres de uniforme verde, con la comparendera como objeto de amenaza, iban por otra cosa. El Código que el Congreso en su mayoría, mas no en su totalidad, había aprobado a finales de 2016 con una clara idea de restringir libertades y reafirmando la concepción de que la Policía en Colombia está adoctrinada para seguir unas tesis conservadoras, convirtió a estos agentes y a miles en todo el país, en una copia de los de tránsito: sedientos de sobornos a cambio de no expedir el comparendo porque sí y porque no. En esa noche de fiesta, interrumpida solo por la queja del vecino amargado, como confirmó el portero del edificio; los dos policías se estaban demorando más de la cuenta para imponer la orden de multa, esperando aquella frase en clave “hay 50 mil o 100 mil formas de solucionar esto”. Pero eso no pasó y ellos perdían tiempo valioso mientras deberían estar atendiendo otras situaciones como por ejemplo el robo a una panadería ocurrido a pocas cuadras de ese edificio.

A la fecha, la Policía ha impuesto exactamente 2’009.217 comparendos a ciudadanos en todo el país por violar alguno de los 148 artículos del documento que prevé multas. Esto es, dos órdenes de multa cada minuto. Sin embargo, de esos solo han quedado en firme 554 mil comparendos, ni siquiera el 25%. ¿Tiene algún sentido someter a los policías a ese desgaste, de ir a molestar a las casas, de ir a atender una pelea de borrachos, de requisar porque sí, de perseguir a quienes se toman cervezas sin alcohol, de sancionar por supuesto “alto grado de exaltación”, todo esto para que ni siquiera la cuarta parte de esos comparendos resulten útiles? Mientras tanto, el homicidio el año pasado subió casi al 7% en todo el país y por poner solamente el caso de Bogotá, por minuto 11 personas resultaron atracadas. El absurdo del orden de prioridades se ve en la caricatura de la sanción por comer empanadas en la calle.

Volviendo a la noche en cuestión, los policías al no encontrar eco a sus guiños de soborno, decidieron aplicar el comparendo de más de 400 mil pesos basados en el numeral 1 del artículo 33 que habla de los “Comportamientos que afectan la tranquilidad y relaciones respetuosas con las personas”. Con la firma de ese papelito alargado que es el comparendo, dejaron satisfecho al vecino amargado y con problemas al dueño de casa que empezaba así el largo viacrucis de la tramitología en Colombia.

Días después de la reunión, tuvo que ir a apelar el comparendo a la alcaldía de su localidad, ante un inspector de Policía que siempre mantiene rebasado de este tipo de solicitudes de personas que consideran injusta la orden de comparendo que les han impuesto. El inspector es el funcionario que no tiene vida en esas alcaldías locales: para este caso de Usaquén en Bogotá, el encargado de resolver todas las reclamaciones no tenía ni siquiera tiempo de contestar llamadas, como contó el guarda de seguridad de la oficina, todo por responder más de 5 mil oficios por mes. Finalmente, la apelación se realizó, se radicó y no se volvió a saber de la multa, aunque no hubo respuesta, ni positiva ni negativa. La pesadilla del Código Policía, sin embargo, no había terminado.

Casi un año después, cuando el multado dueño de casa tuvo que renovar su contrato como empleado del Estado, se encontró de nuevo con la injusticia, mezclada con absurdo, del dichoso Código de Policía, por una noche de reunión. Por ley, si alguien tiene multas vigentes con la Nación no podrá hacer ese tipo de renovaciones contractuales con el Estado, lo que en realidad significaba quedarse sin trabajo simplemente por no pagar una multa que no fue, una multa inventada, algo así como -guardadas proporciones- un falso positivo urbano.

Ahí emprendió una lucha jurídica contra el Código de Policía, acompañada por una tutela que pidió el retiro de su nombre del famoso Registro Nacional de Medidas Correctivas, que es ahora el coco, el Datacrédito en cuanto a las multas que la Policía se saca de la manga contra los ciudadanos. La reclamación planteaba que se aplicara el silencio administrativo positivo, es decir, que dado que no hubo respuesta a la apelación que se había hecho en abril de 2018, se daba por entendida la nulidad del comparendo.

La orden de comparendo originalmente tiene fecha del viernes 27 de abril de 2018, no 2019 como se lee en la respuesta del inspector.

Pero la respuesta del muy ocupado inspector de Policía fue más allá y seguramente no les gustaría, si la leyeran, a los agentes que redactaron aquel comparendo esa noche de fiesta: “Una vez analizado el contenido del comparendo, se observa que en el mismo no hay claridad en los hechos, toda vez que no se hace una descripción de lo ocurrido (…) Es evidente que la descripción de los hechos, no permiten establecer condiciones de modo, tiempo y lugar y mucho menos se hace una relación tan siquiera sucinta de los hechos específicos por los cuales se impuso el respectivo comparendo”.

Fue una pequeña victoria ciudadana frente a otro absurdo del Código de Policía. Pero, a pesar de la decisión del Inspector, la pesadilla no terminó. Y no termina aún: el dueño de casa y de la multa, sigue reportado en la lista negra de los deudores del Código porque según el funcionario, tiene problemas reiterados en el sistema que impiden expedirle el paz y salvo. De no creer si no fuera el día a día de miles de ciudadanos.

De modo que, si volvemos a las cifras anteriores, según las cuales se han expedido un poco más de 2 millones de órdenes de comparendo y solo han quedado en firme medio millón de ellos, ¿para qué siguen sometiendo a los policías a aplicar un articulado que a todas luces se estrella con la realidad social de los colombianos? Si la Policía se reforma y piensa de verdad en el servicio a la comunidad, deberían estar cumpliendo otras labores y no tendrían por qué estar molestando y sancionando a quienes sin exceder los decibeles y sin transgredir el derecho de los otros, simplemente disfrutan de la vida.

Que ellos también vivan y dejen vivir.

UN PUNTO DE GIRO: De 360 grados, porque es sobre el mismo tema. La principal multa que ha quedado en firme del actual Código de Policía durante estos dos años y medio de aplicación, es la que castiga “consumir bebidas alcohólicas o sustancias prohibidas en espacio público” con 120.630 comparendos de los 554 mil. Ahora que la Corte Constitucional enhorabuena ha dicho que esa prohibición no es absoluta, este Código sigue perdiendo su razón de ser y el sentido común, que como dicen popularmente, es el más común de los sentidos.

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