El Cuento

Publicado el ricardogonduq

Nos quieren devolver al 2002

En Medellín, un ‘ciudadano’ le pidió al presidente Duque volver a la mano firme y al corazón grande ante la amenaza que significan Iván Márquez y su banda criminal. La posibilidad de volver así a la guerra frontal contra una amenaza interna, traerá réditos políticos y ganancias económicas para muchos que en el fondo celebraron el video del jueves. Pero perderá el país, que si no activa a sus ciudadanos con otras agendas, quedará condenado a devolverse casi 20 años en su historia para volver a dar bala.

Por: Ricardo González Duque

En Twitter: @RicardoGonDuq

El escenario, un colegio público de Medellín, el Inem José Félix Restrepo. El evento, un taller “construyendo país”, la reedición que Duque se inventó de los consejos comunitarios. En ese ambiente controlado, en el que solo están amigos o lambones del gobierno, como Faryd Mondragón, pidió la palabra un ‘ciudadano’, al que se la conceden durante el tiempo que quiere. Terminan siendo casi ocho minutos, durante los cuales, finaliza con esto:

“No se habría necesitado, presidente, el daño institucional del anterior gobierno, la impunidad que elevaron a la Constitución, para ayudarle a los guerrilleros de base”, un primer mensaje para insistir en que hay que derogar el acuerdo de paz, que paradójicamente sí quiere cumplir por lo menos un funcionario de este gobierno, el consejero Emilio Archila.

“Pero lo acompañamos, presidente, –continúa el ‘ciudadano’–  con la mano firme para que usted, las Fuerzas Armadas y el apoyo del pueblo, acabe con todos los bandidos”, momento en el que se desbordan los aplausos desde la tribuna paisa, esa que no parece reflejar el 61% de impopularidad que muestra el reciente Gallup Poll.

“Que los saque (a los bandidos) de las madrigueras. Los saque de Venezuela o donde estén, presidente. En este pueblo antioqueño no hay dudas. Este es un pueblo de trabajo, un pueblo de orden y un pueblo de autoridad”. Y el “ciudadano” en campaña política por ganarse la alcaldía de Medellín y la gobernación de Antioquia, vuelve a recibir el favor del público amigo.

“No vamos a disimular ni a endulzar el lenguaje –confesión para seguir dividiendo al país– Corazón grande con la salud, corazón grande con la educación, con los trabajadores, con los guerrilleros de base, presidente. Y póngale toda la mano firme, que ahí empujamos, con las Fuerzas Armadas, a acabar con esos bandidos”, termina el ciudadano, Uribe Vélez, ante la euforia de quienes lo rodean. El gerente de EPM, Jorge Londoño, que está a pocos metros de este espectáculo, es de los pocos que evita unirse a la lluvia de palmas, para no sumarse al incendio que se promueve desde ese colegio.

‘Mano firme, corazón grande’, le pide -¿o le ordena?- Uribe a Duque en público, durante el taller ocurrido dos días después de que Iván Márquez y su banda integrada por Santrich, el Paisa, Romaña y otros, anunciaran que seguirían en armas. Es el regreso al discurso con el que Uribe ganó en la primera vuelta del 26 de mayo de 2002, con ese eslogan por el que la mayoría de los colombianos votó, desesperada por las burlas de la zona de diálogos en el Caguán, creada por Andrés Pastrana.

Y es que cuando todo parecía estar mal para el ciudadano Uribe Vélez: su pupilo en el poder no convence, su impopularidad supera el 60% y se acerca a la del impopular e ineficiente Peñalosa que tiene 64% negativa, no ha podido cambiarle una sola coma al acuerdo de paz suscrito por su némesis Juan Manuel Santos y para finalizar, la Corte lo llama a indagatoria. Pero logró ganarse la lotería en forma de Iván Márquez.

Cuentan quienes estaban con Uribe el jueves pasado en Lebrija, Santander durante un evento de respaldo a su candidata a la gobernación, Ángela Hernández, que ese día a él le brillaban los ojos, su voz se escuchaba con más entusiasmo y la sonrisa no podía disimularla por más que no quisiera mover los músculos que la generan. El discurso con el que había ganado, gobernado y se había mantenido vigente casi dos décadas, volvía a tener una razón de ser y existir por la retórica trasnochada que llegaba desde la frontera o quizá del otro lado de la frontera con Venezuela de manos de Iván Márquez, el traicionero de la paz.

Hace un par de años, cuando el expresidente Uribe supo que el discurso de la mano firme contra las Farc no iba a funcionar más porque la guerrilla armada dejaría de existir, dada la entrega de casi 8 mil armas a la ONU, él supo reinventarse inteligentemente y lograr que el ‘castrochavismo’ y el miedo a que Colombia fuera una segunda Venezuela, le resultaran rentables en unas elecciones. Y así fue que le ganó con su novato candidato a Gustavo Petro.

Pero los estragos que empezó a generar la migración venezolana, alentada por los discursos de este gobierno contra el régimen de Maduro, le iban a pasar una cuenta de cobro con el desempleo y la inseguridad, supuestamente aumentados por la llegada de los venezolanos. Así que la posibilidad de volver al discurso de la mano firme le cae perfecto para las elecciones de octubre, pero sobre todo para 2022.

«Que nos espere el señor Briceño (Mono Jojoy) en la selva de la patria que nos estamos preparando para ir con nuestra fuerza pública a esculcarle sus madrigueras», decía el ya popular presidente Uribe en 2003, durante las primeras intervenciones de su Seguridad Democrática. Hoy lo repite pidiéndola al presidente Duque hacer lo mismo.

Además, el discurso de ahora se escucha más radical al pedirle de frente al gobierno Duque que incurra en una estrategia que fue letal para la diplomacia colombiana durante sus ocho años de gobierno: que “saque” a los miembros de la banda criminal de Márquez, de Venezuela o de donde estén, así como ocurrió en los operativos en los que él desde su gobierno violó las soberanías venezolana y ecuatoriana para dar con Rodrigo Granda y ‘Raúl Reyes’, respectivamente.

Este gobierno y el uribismo mismo, que parecen naufragar en el empleo, la seguridad, el crecimiento económico en beneficio de los ciudadanos, la reconciliación del país y hasta en la economía naranja que busca ser su sello y que parece anquilosada; buscarán moverse como peces en el agua con lo que mejor saben hacer: el conflicto armado, la guerra frontal o como dicen con eufemismo, buscar que “caiga todo el peso de la ley a los bandidos”.

La nueva confrontación traerá muertos y esos muertos de la guerra no los ponen solo de un lado. Por algo desde 2004 cuando el conflicto dejó 2.517 muertos, pasamos a tan solo 53 durante 2017, cuando las Farc ya habían entregado las armas. Sumado a lo anterior, en medio de esta tragedia hay quienes la saben aprovechar, a quienes les resulta un negocio más que político, económico, que Colombia siga en guerra, como al gobierno de Estados Unidos que estará muy atento para vendernos los aviones F-16 que necesitará nuestra Fuerza Aérea para combatir la nueva amenaza.

No se equivocan los que creen que el uribismo está de baile, como el de Óscar Iván Zuluaga y María Fernanda Cabal durante una parranda vallenata. No se equivocan tampoco al creer que para ellos el jueves fue “un gran día para la democracia”, como decía irónicamente Alejandro Riaño en el personaje de JuanPis González. El regreso a la guerra es una gran noticia para un sector del país, así sea para una confrontación contra veinte ancianos armados, de camuflados disímiles y con un ciego incluido.

Querían regresarnos al 2002 y esta semana parecen haberlo conseguido. Depende de los ciudadanos con la participación y el voto valorar a los más de 10 mil excombatientes que siguen firmes cumpliendo con el acuerdo y no quedarnos en ese pasado en el que solo se podía hablar de bar bala para vivir mejor.

UN PUNTO DE GIRO: ¡Qué emoción la fuerza, el interés y la taquilla que empieza a tener el fútbol femenino en Colombia! Que sigan adelante las jugadoras demostrando que el fútbol, como tantas cosas en la vida, no tienen el monopolio de un solo género.

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