El Cuento

Publicado el ricardogonduq

Lecciones y paradojas de una enfermedad

Sobrevivir al sistema de salud colombiano parecía más difícil que hacerlo a las adversidades de la selva y a los bombardeos de la fuerza pública, sin embargo, en su convalecencia de este fin de semana, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, probó que podía aguantar ambas. Claro, tenía a su favor los beneficios de ser un paciente VIP, así fuese un hombre que aún tiene deudas con la justicia; un médico profesional, que a pesar de ser del Centro Democrático lo atendió como a su mejor paciente; y un respaldo que, fabricado o no, no esperaba que ocurriera, pero pasó con #FuerzaTimo.

Foto: Twitter @NCPrensa
Foto: Twitter @NCPrensa

Por: Ricardo González Duque

En Twitter: @RicardoGonDuq

Apenas unas horas después de que un avión pagado por Cuba se llevara a Timochenko desde Villavicencio hacia la isla para seguir adelante con su tratamiento, hablé con Agustín Gutiérrez Garavito, quien atendió al jefe de las Farc en la clínica Cooperativa de la capital del Meta. Un médico al que le gusta la política o un político al que le tocó ejercer la medicina. No lo sé con certeza. El caso es que de ambas cosas sabe lo suficiente. Sin embargo, probablemente el olfato de Gutiérrez para los dos oficios jamás le hubiera podido anticipar la paradoja que le tocó vivir desde el domingo pasado cuando su profesión de médico se cruzó con su convicción política.

En uno de sus confidenciales, la revista Semana reveló que Gutiérrez Garavito es un “respetado miembro del Centro Democrático en el departamento” y agrega que su esposa, Eddy Baquero, es diputada del partido uribista, en uno de los departamentos más uribistas de Colombia. La revelación como fue presentada, titulada “Timochenko quedó en manos del ‘Centro Democrático’” no le gustó para nada al médico. “Imagínese, si ese señor se hubiera muerto a mí me matan”, me dijo con algo de preocupación, pero a la vez de tranquilidad, pues Londoño había sido dado de alta y ya estaba en manos de los cubanos.

El médico me alcanzó a contar algunos detalles sobre el estado de salud de Londoño, pero por respeto al paciente, que así lo ha solicitado; por compromiso con la clínica y también por decisión propia, prefiere que no se haga público lo que realmente le ocurrió al jefe de las Farc que hace apenas una semana celebraba la entrega de las armas. Lo que sí es cierto es que por cuenta de un diagnóstico de este neurólogo con estudios en Israel, Estados Unidos y España, se logró determinar cuál había sido el accidente cerebro vascular que padeció el guerrillero y mejorarle considerablemente la parálisis con la que había llegado en el lado izquierdo.

“Hay que hacer el bien sin mirar a quién” responde el médico Gutiérrez por haber ayudado, con su equipo, a salvarle la vida al líder de la organización que su partido considera terrorista y a quien él muy seguramente no le cree cuando habla de paz. Pero en la UCI, la Unidad de Cuidados Intensivos, no hay espacio para la disputa política, ni para las diferencias ideológicas. Probablemente, Rodrigo Londoño no sabía que lo había atendido un médico uribista cuando les agradeció a todos por haber ayudado a su recuperación. Y como pasó con Gutiérrez, tampoco se hubiera negado a recibir esa atención médica por consideraciones políticas.

Cuando escucho a hablar al médico Agustín de su paciente, ya por fuera del consultorio médico, ya con Timochenko dado de alta; es natural que sienta que se refiera con algo de rabia, con desdén, con rechazo frente a un hombre que hizo daño, así tuviera una razón para hacerlo. Quien habla ahora es el político, el ex representante a la Cámara conservador y ex alcalde de Villavicencio que terminó suspendido del cargo por una decisión administrativa, pues había ejercido como médico del hospital público antes de postularse a la alcaldía. Sin embargo, al recordar los casi tres días de Londoño en la clínica, no deja de repetir: “Estaba frente a un ser humano, nada más”.

Las más de 48 horas de Timochenko viviendo o ¿padeciendo? El sistema de salud colombiano deja también mucho para pensar sobre los privilegiados y estrellados en este injusto régimen de las EPS, en el que el paciente tiene marcado el signo pesos en los ojos. Así como lo admitió entre líneas el ministro Alejandro Gaviria, que obtuvo rápidamente exámenes para su enfermedad por ser quien es, también ocurrió con Timochenko. Así sea un hombre responsable de graves delitos, por los cuales aún no ha respondido, es un paciente VIP y eso en muchos casos, es suficiente para el sistema.

Pero no voy a engañar aquí, si yo mismo cuando lo he necesitado, he tratado de recurrir a veces con éxito y otras con fracaso, a ese embeleco del “Very Important Person” para lograr adelantar una cita, obtener medicamentos urgentes para un familiar, o lograr que le pongan cuidado a un ser querido y no morir, literalmente, en el intento. A Gaviria, a Timochenko y de pronto a mí, nos van a poner cuidado, pero la gran mayoría de colombianos no corren con la misma suerte. Sinceramente, no sé cómo hacen.

Resulta paradójico, pero quizá aún en medio de la guerra el destino de Timochenko hubiera sido el mismo de Tirofijo: no morir en un combate o un bombardeo de la fuerza pública, sino de causa natural en lo más profundo de la selva colombiana. Romántico para un guerrillero que no firmó la paz. Pero Timochenko sí lo hizo, así que seguramente va a preferir la próxima vez hacer la fila o poner la tutela y esperar que el sistema lo salve.

Parecía increíble o sarcástico, pero no. Estaba escrito en su mayoría con la mayor sinceridad del mundo #FuerzaTimo, el hashtag en Twitter (que es nuestro nuevo sistema decimal, para medir todo) con el que los simpatizantes del jefe guerrillero le enviaban saludos para que se recuperara pronto y pudiera “luchar por la paz del país”. Eso ya me parecía suficiente, como también que algunos medios de comunicación abrieran sus ediciones digitales con esa noticia. No me parecía, personalmente, que tuviera la dimensión que le habían creado. Pero bueno, está bien. Ni un solo día he dejado de creer en este proceso de paz, pero llegar al punto de enviarle saludos de fortaleza, de pronta recuperación, de camaradería al todavía jefe de las Farc que sigue en deuda con sus víctimas, no me parecía correcto.

Después pensé: si hay equivocados de un lado, es entendible que existan del otro. Nos tendremos que acostumbrar a que como Uribe y Ordóñez tienen sus fanáticos que los siguen, Timochenko, Márquez y compañía también tienen los propios, aunque nos parezca difícil de aceptar. Ya la encuesta Gallup de la semana pasada nos dio el campanazo de aviso de que las Farc tienen un 15% de favorabilidad y eso que la medición se realiza en ciudades grandes y ninguna en zona de influencia de la guerrilla. No vaya a ser que nos encontremos con una sorpresa.

En definitiva, es maravilloso que empecemos a ver a los guerrilleros como seres humanos y que ellos empiecen a actuar como otros colombianos más: que se enferman y tienen que acudir al maltrecho sistema de salud, que deben pagar impuestos, que son estafados por nuestro sistema financiero, que van a mercar y de pronto se encuentran con algún contradictor político, que deben padecer los trancones o el Transmilenio y que incluso son atracados en la calle. Bienvenidos, literalmente, a la complicada vida civil.

Comentarios