“El mayor riesgo no es seguir perdiendo empresas o instituciones; el mayor riesgo es acostumbrarnos a perderlas y convertir la resignación en nuestra forma de vivir”, escribe en esta columna de opinión el director de Comité Intergremial de la ciudad.
Por Walter Alberto Tenorio Castillo, director del Comité Intergremial e Interempresarial de Buenaventura.
Perdimos la industria pesquera y así se quedó. Perdimos la industria primaria de la madera y así se quedó. Perdimos instituciones como Profamilia. Vimos cerrar concesionarios de vehículos. Algunas IPS abandonaron sus sedes dejando edificios vacíos.
Muchas familias decidieron irse. En nuestros barrios aparecen cada vez más casas abandonadas y nuestros colegios ya no ejercen el liderazgo social que durante décadas ayudó a formar generaciones de bonaverenses.
Podríamos seguir enumerando pérdidas, pero ese no es el verdadero problema. Todas ellas son apenas el síntoma de una realidad mucho más profunda.
Lo que realmente estamos perdiendo es la capacidad de Buenaventura para sostener su propio desarrollo. Estamos perdiendo liderazgo colectivo, capacidad de articular esfuerzos y, sobre todo, una visión compartida que nos permita construir futuro.
No significa que en Buenaventura no existan personas comprometidas. Las hay, y muchas. Existen líderes empresariales, comunitarios, académicos, religiosos y sociales que todos los días trabajan por el territorio.
Sin embargo, sus esfuerzos permanecen dispersos.
Nos falta un propósito común que convierta esas voluntades en una fuerza capaz de transformar la ciudad.
Cada pérdida genera nuevas pérdidas. Cuando desaparece una empresa no solo se destruyen empleos; también disminuye el comercio, migran las familias, se debilitan los colegios, se deterioran los barrios, se reduce la inversión y se rompe parte del tejido social. Poco a poco la ciudad pierde confianza en sí misma.
La pregunta es inevitable: ¿somos plenamente conscientes de que estamos perdiendo a Buenaventura? Si lo somos, ¿qué nos impide actuar? ¿La indiferencia? ¿La resignación? ¿La falta de una visión que nos convoque alrededor de un mismo horizonte?
La recuperación de Buenaventura no dependerá únicamente de las decisiones del Gobierno Nacional o de la administración local. Comenzará cuando cada sector asuma su responsabilidad y entienda que el desarrollo también se construye desde el ámbito cotidiano:
- desde las familias que forman ciudadanos
- desde los barrios que fortalecen la convivencia
- desde las empresas que generan oportunidades
- desde las universidades y colegios que forman liderazgo
- desde las iglesias que promueven valores
- desde los consejos comunitarios que preservan el territorio
- y desde las organizaciones sociales que movilizan a la comunidad.
Buenaventura no necesita solamente nuevas inversiones o grandes proyectos. Necesita recuperar la convicción de que su destino puede ser construido por quienes la habitan.
Las ciudades comienzan a recuperarse cuando sus ciudadanos dejan de preguntarse quién resolverá los problemas y empiezan a preguntarse cuál será su contribución para resolverlos.
Todavía estamos a tiempo. Pero el mayor riesgo no es seguir perdiendo empresas o instituciones; el mayor riesgo es acostumbrarnos a perderlas y convertir la resignación en nuestra forma de vivir.
Ese día no solo habremos perdido actividades económicas. Habremos perdido la capacidad de imaginar y construir el futuro de Buenaventura.
Buenaventura 2040
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