- “…tengo la esperanza de que, por su talante, haría un gobierno de izquierda pero de mayor consenso y sin los escándalos ni las estigmatizaciones del presidente Petro”: El jurista Rodrigo Uprimmy sobre Iván Cepeda en El Espectador.
“Que tiemblen los vacilantes”, decía sin vacilaciones Jorge Eliécer Gaitán hace exactamente 80 años, al presentar su candidatura presidencial en el Teatro Municipal de Bogotá, que hoy lleva su nombre.
Haga de cuenta que su casa se incendia y usted tiene dos bidones. Un bidón contiene gasolina y el otro bidón contiene agua sucia, incluso todo lo sucia que usted quiera. ¿Qué escogería para apagar el fuego? Dejar que todo se chamusque por ir a ver ballenas no parece sensato.
Habiendo recriminando a Abelardo por su patanería, Fajardo, Claudia y Oviedo tampoco han querido apoyar de frente a Cepeda. De hecho, el encuentro con Uribe en la finca El Ubérrimo dejó claro, solapadamente, de qué lado está Oviedo. Póngale la firma que si gana El Tigre, será uno de sus tecnócratas y renunciará después para ser alcalde de Bogotá.
En El Espectador, el escritor Héctor Abdad Faciolince dice, palabras más, palabras menos, que tiene fiebre y votará en blanco.
Si bien está en todo su derecho, no entiendo cómo un escritor, cuyo padre fue asesinado por ser defensor de derechos humanos, no tenga una mínima frase de reconocimiento para un candidato presidencial como Iván Cepeda, que lleva 32 años actuando como defensor de derechos humanos, desde ese 9 de agosto de 1994 en que le mataron a su padre por el mismo pecado: pensar distinto.
A Héctor Abad Gómez, el papá del escritor, y a Manuel Cepeda Vargas, el padre del candidato, los une (unía) su talante de hombres demócratas. El autor de “El olvido que seremos” debería ser el primero en recordarlo.
Escurrir el bulto y hacer Mutis por el foro… son expresiones que definen muy bien a las personas que han hecho público su voto en blanco, acaso creyéndose de mejor familia. Exudan cierta arrogancia, como si fueran San Pedro en las puertas del cielo negando la entrada a unos, y a la vez condenando a esos mismos al infierno.
- “Ellos quieren tener un país paria e imbécil, que trabaje para sus intereses”: Jorge Eliécer Gaitán, en su discurso como candidato presidencial en 1946.
Entiendo la angustia del Pacto Histórico. Y encuentro válido que hoy supliquen el voto del llamado centro político. En este momento, deben estar buscando votantes hasta debajo de las piedras, con lo que quiero significar que un voto hará la diferencia entre el triunfo y la derrota. Ojalá ese centro reaccione y entienda lo grave que sería un gobierno de extrema derecha con ánimo vengativo y desprecio por los derechos humanos.
No bien se habían conocido los resultados, los del voto en blanco ya tenían listas sus arengas. Más o menos dicen que Abelardo y Cepeda son la misma vaina, que entre ellos dos, el diablo escoja.
Gonzalo Mallarino apunta en El Espectador: “Sergio Fajardo, mi candidato, fue derrotado el domingo pasado, mi decisión, en consecuencia, es votar en blanco en segunda vuelta. No apoyaré el proyecto político que propone dar continuidad a las políticas de Petro, que es el de Iván Cepeda, y no apoyaré el proyecto de De la Espriella, en el que veo riesgos para la civilidad y los derechos humanos”.
En resumidas cuentas, el escritor bogotano sataniza a Cepeda por su bronca a Petro, y lo invalida aun a riesgo de que asuma un personaje oscuro, Abelardo, cuyo ideario político, si se le puede llamar así, consiste en trasquilar libertades, incluso la de quienes hoy podemos escribir sin mordaza.
En Estados Unidos, Trump trató de estúpida a una reportera, y en Colombia De la Espriella tildó de ignorante a otra. No podemos ser ciego antes las señales del peligro que se cierne contra la libertad de expresión.
Nos queda la esperanza de otras voces, sensatas y con peso en la opinión pública, caso del columnista Rodrigo Uprimmy, investigador de Dejusticia.
- “No creo (…) que Cepeda y ADLE sean dos extremos igualmente peligrosos. La diferencia decisiva es que Cepeda representa, tanto por su trayectoria pública de respeto a la institucionalidad democrática como por sus posiciones, una izquierda que a algunos puede parecerle dura pero que es claramente democrática y republicana. Y que además dista de ser comunista. En cambio, creo que ADLE representa una derecha extrema con riesgos enormes para la democracia (…) ¿qué respeto a la Constitución y a los derechos humanos puede esperarse de quien plantea retirar a Colombia de la ONU y de la OEA, cuando ese retiro supondría una reforma constitucional y probablemente una constituyente?”. Rodrigo Uprimmy, columnista de El Espectador.
En contraste, la columna de María Isabel Rueda en El Tiempo, cuyo voto no hay que adivinar, es de una ligereza reprochable: “… la izquierda llegó para quedarse, luego de que desapareció la confrontación ideológica del Frente Nacional. Lo bueno es que ahora las cosas se definen con voto y no a bala”.
No, misiá María Isabel. Dos décadas después del Frente Nacional (la repartija entre liberales y conservadores), vino el exterminio de la izquierda colombiana con la venía del Estado, y si bien hoy “la izquierda llegó para quedarse” como ella lo señala, es apenas un acto de justicia con quienes pusieron miles de muertos en su anhelo lícito de acceder al poder. A la izquierda no le han regalado nada. Demasiada sangre y demasiadas lágrimas le pidieron a cambio.
Claudia Palacios, periodista, feminista y defensora del voto en blanco, dio su brazo a torcer.
- “Varias veces he votado en blanco y sigo siendo una defensora de esa opción. Pero esta vez no quiero votar en blanco, no solo porque en segunda vuelta el voto blanco no tiene efecto jurídico, sino porque la inconformidad que este evidencia no ha sido tenida en cuenta por quien gana, ni siquiera cuando este ha superado el 4 % de la votación, como sucedió en las segundas vueltas de 2014 y de 2018. Es decir, en Colombia eso de “gobernar para todos” –frase recurrente en los discursos de victoria de los elegidos– ha sido en el mejor de los casos un intento breve, cosmético y frustrado. Los opositores y ‘los blanquistas’ nunca han tenido cabida”.
Sin embargo, las líneas finales son controvertibles. “Lo que viene, gane quien gane, será un nosotros contra ellos y un ellos contra nosotros. En ese escenario, mi pregunta final no es quién podrá salvarnos sino de quién podremos salvarnos. Con la respuesta que me dé a mí misma, definiré mi voto, teniendo claro que esta vez esta tibia ha decidido no votar en blanco”.
Todo depende de lo que Claudia Palacios entienda por “nosotros” y “gane quien gane”. Si con “nosotros” se refiere a la clase privilegiada, su voto debe ser por Abelardo que hará bien cuidando los intereses de esa “minoría”. Si con “nosotros” se refiere a las mujeres (vilipendiadas por Abelardo), y los marginados, entonces su voto debería ser por Cepeda. Y sin con “nosotros” se refiere a nosotros los periodistas, entonces la colega debe tener más que claro el peligro que encarna el señor De La Espriella para una prensa libre.
- “Estos hombres, a fin de cuentas, obtuvieron todo cuanto la mano puede alcanzar con el brazo extendido. Variaba en ellos la longitud del brazo; en lo demás eran iguales. Nunca conseguí sentir envidia de este tipo de gente”: Fernando Pessoa, escritor portugués, en Libro del desasosiego.
Como presidente de la República, el hoy candidato de Firmes por la Patria podría infringir un daño mayor a los periodistas desde su bufete de abogados, que sin duda estará más activo que nunca durante los siguientes cuatro años, acosando judicialmente y ellos defendiéndose en los tribunales, retractándose o, lo que es peor, obligados a callar, para ahorrarse tiempo, pleitos y dinero que no tienen. Desde ese punto de vista, no creo sinceramente que la colega tenga mucho qué pensar.
Quienes ya cantaron públicamente su voto en blanco, están a tiempo de cambiar de opinión, o al menos de revisar si la suya es hasta cierto punto una decisión egoísta. Aquel que tiene cierta influencia mediática, es una persona mayormente ilustrada, capaz de sopesar con vehemencia el menú sobre la mesa. O el mal menor entre el bidón de gasolina y el bidón con el agua sucia.
No creo que sea hora de presumir nuestra superioridad moral y tampoco de quedarse de brazos cruzados viendo desde la comodidad de un sofá (abstencionistas), como otros deciden la suerte de un país. Sería bueno que piensen en los jodidos rejodidos de esta sociedad, que así los llamó Eduardo Galeano.
El voto en blanco es la manera de ningunear, para no decir blanquear, a esa Colombia de la periferia que depende en buena medida de la voluntad del resto. El problema para el Pacto Histórico es que allá, donde hay mayor miseria (la periferia), hay menos votantes que en el centro del país. Allá, donde han llegado las soluciones sociales, gana el pogresismo, pero el egoísmo se impone en el centro del país, donde habita una clase media y media baja, que piensa más en su propio bolsillo, sin sensiblerías cristianas, lo que resulta paradójico en un país camandulero y rezandero.
Se me ocurre que el voto en blanco es la salida por la tangente de esos vacilantes de los que hablaba Gaitán. Ojalá en esta última semana, tengamos un poquito de sensatez y sentimientos.
Alexander Velásquez
Escritor, periodista, columnista, analista de medios, bloguero, podcaster y agente de prensa. Bogotano, vinculado a los medios de comunicación durante 30 años. Ha escrito para importantes publicaciones de Colombia, entre ellas El Espectador, Semana (la antigua); El Tiempo y Kienyke. Ha sido coordinador del Premio Nacional de Periodismo CPB (ediciones 2021, 2022, 2023). Le gusta escribir sobre literatura, arte y cultura, cine, periodismo, estilos de vida saludable, política y actualidad. Autor de la novela “La mujer que debía morir el sábado por la tarde”. El nombre de este blog, Cura de reposo, se me ocurrió leyendo “La montaña mágica”, esa gran novela de Thomas Mann.