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Que nadie se pare de la mesa

Mientras ellos ponen las balas, otros ponen los muertos; y es así como funciona la violencia nacional, ríos de sangre corren por los campos mientras crecen las montañas de dinero en los escritorios de los mercaderes de la guerra.

Justo cuando el proceso de paz estaba en su peor momento, el día de ayer en horas de la mañana, las FARC-EP anuncian su decisión de ordenar un cese al fuego unilateral a partir del 20 de julio y por un mes, atendiendo a los llamados de los garantes del proceso: Cuba y Noruega; y al clamor de la población civil que padece los rigores del conflicto.

En el comunicado advierten que este gesto de paz, lo harán con el fin de generar condiciones favorables para avanzar junto con el gobierno nacional en la concreción de un cese bilateral y definitivo; hacen mención de nuevo a las comisiones que actúan como veedoras de los ceses de hostilidades (Frente Amplio por la Paz, Constituyentes por la Paz y las diferentes iglesias), para que le hagan seguimiento a esta nueva interrupción de las actividades de la confrontación armada y sean ellos los voceros del impacto que se produzca sobre los territorios.

Para entender la importancia de esta declaración, basta con mirar el cuarto y último informe que elaboró el Frente Amplio por la Paz, en su labor como comisionado de verificación del último cese unilateral, decretado por las FARC-EP el 20 de diciembre de 2014, en donde se estimaba que el desescalamientohabía evitado 160 muertes de soldados y aproximadamente 1.000 heridos, sin contar con los beneficios que trajo a los civiles, la disminución real de la intensidad de la guerra, la confianza que generó este momento de los diálogos al país y el ambiente pacífico que acompañaba el proceso de paz.

Así lo confirmaron los estudios revelados por los expertos durante la vigencia de la tregua, por ejemplo, los del Centro de Estudios para Análisis de Conflictos (CERAC) revelaron en febrero que: gracias a la reducción total de las acciones ofensivas de las FARC, la violencia de conflicto, medida por acciones unilaterales, combates y víctimas civiles y de la Fuerza Pública, está en mínimos históricos, de acuerdo con los registros de CERAC desde 1984,año en el que el gobierno y la insurgencia firmaron un cese bilateral que se prolongaría por dos años y medio, al que nombraron ‘Los acuerdos de La Uribe’.

Pero para la última tregua contamos con poca suerte y a los 5 meses de decretada, el 22 de mayo del presente año, fue levantada producto de la agudización del conflicto, la muerte de los 11 soldados en el Cauca y la posterior ofensiva completa del gobierno nacional volvía a quitarnos el aliento, la esperanza, la confianza y la fe. La guerra volvía a intensificarse, y esta vez con más fuerza: medios de comunicación, actores armados, opinión pública y los actuales políticos de oposición, hicieron hasta lo imposible por destruir un proceso ya manoseado, injuriado, herido, calumniado, que tiene encima más tentativas de homicidio que cualquier otro perseguido y que se ha hecho en medio de los fusiles, así como la historia de este país, agónica.

Celebramos la decisión de la guerrilla de las FARC, y esperamos que sea éste el momento de trazar el armisticio. Mientras se mantengan los diálogos en medio de la guerra, se mantendrán también los enfrentamientos, no cesarán los muertos y no parará la guerra; un cese unilateral es insostenible, si se mantienen las acciones ofensivas, vendrán las defensivas por la desventaja que implica la quietud de un combatiente. En la mitad está la gente, y por ellos y para ellos es que fue pensado este proceso, nosotros le dimos el voto a esta paz y nadie tiene derecho a arrebatárnosla, nadie deberá pararse de la mesa. El estado y todos los alzados en armas tienen una deuda histórica con el pueblo colombiano.

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