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Medellín y su desigualdad

Por: SANTIAGO SILVA JARAMILLO (@santiagosilvaj)

La semana pasada hablaba en esta misma columna de la desigualdad subjetiva (es decir, de que los colombianos nos sigamos separando por rígidas y anacrónicas jerarquías), pero esto no quiere decir, ni mucho menos, que la desigualdad objetiva no sea una realidad que cargamos en nuestra sociedad con poca vergüenza.

La ciudad de Medellín, por ejemplo, da buena cuenta de lo que digo. El coeficiente GINI de la ciudad para 2012 fue de 0,5 (para efectos comparativos, ese mismo coeficiente GINI lo comparten países como Zambia, Ruanda y Papua Nueva Guinea). Pero no hay que ir tan lejos, evaluar las mismas comunas de la ciudad pueden darnos pistas de su desigualdad.

Para el ejercicio, comparemos algunos datos recogidos por Medellín Cómo Vamos para las comunas de Medellín, centrándonos en dos con similar número de habitantes, pero sustancialmente desiguales en la mayoría de los indicadores de calidad de vida: El Poblado y San Javier.

En efecto, la comuna 14 (El Poblado) tuvo una tasa de homicidio de 5,6 casos por 100.000 habitantes en el 2012, mientras la comuna 13 (San Javier) sufrió una tasa 20 veces más alta de 119,2 casos por cada 100.000 habitantes. Solo por comparar, la tasa de homicidios de El Poblado se parece a la de países europeos e incluso es un poco más baja que la de Estados Unidos, mientras la tasa de San Javier supera la del país más violento del mundo (Honduras, con una tasa de 87 casos por cada 100.000 habitantes en 2011).

Ahora bien, mientras en El Poblado la tasa de desempleo en 2011 fue del  5,3%, en San Javier fue de 12,4%. El doble, y eso que la comuna 13 no es la comuna con la mayor tasa de desocupados de la ciudad.

Así, no resulta sorprendente que el Indicador Multidimensional de Calidad de Vida de El Poblado (76,6 puntos) sea el doble del de San Javier (38,3 puntos), o que su Índice de Desarrollo Humano (El Poblado: 97,3) le saque más de quince puntos (San Javier: 81,8).

Vivimos en una ciudad determinada por su desigualdad.

Esto no es, ni mucho menos, una crítica a la calidad de vida de la que gozan algunas zonas de la ciudad (de la que, además, soy habitante), sino a la frustrante realidad de una lucha constante de Medellín: la superación de la desigualdad objetiva de sus comunas y barrios. Si acaso, es un llamado desesperado (como tantos otros) a que esas condiciones de vida privilegiadas, se vivan en toda la ciudad.

Porque estos datos levantan serias dudas sobre la sostenida apuesta de las administraciones municipales de la ciudad y sus políticas públicas. No lo digo con afán politiquero, sino respecto a una realidad evaluada con sensatez y es que, luego de tantos esfuerzos ¿no parecemos estarnos quedando cortos en la lucha contra la desigualdad en Medellín?

Algo del modelo, pareciera, no funciona completamente. La discusión política que empieza a aflorar desde ahora debería abordar esta cuestión. Esperemos que así sea…

 

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