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Medellín: dos caras de una ciudad

Por: ANDRÉS PRECIADO (@andrespreciado3)

En días recientes he tenido la posibilidad de estar en las laderas más alejadas de la ciudad gracias a un proyecto de la Universidad EAFIT y la Alcaldía de Medellín, en todos los recorridos hay una sensación similar: existen dos Medellín, completamente distantes y distintas.

Para utilizar un lugar cercano voy a establecer el límite entre las dos ciudades que menciono con el mismo trazado que la Alcaldía definió los lugares que cobija, y los exentos del pico y placa.

Mapa

La primera ciudad (la parte sombreada, donde existe el pico y placa) es esa que se vende internacionalmente como innovadora, pujante y prometedora. Donde la institucionalidad existe y se respeta en la mayoría de casos y lugares, quizá el centro es una excepción. Pero podría decirse que esta es la Medellín que gobierna el Alcalde, en donde las normas de tránsito tienen vigencia, la ciudadanía entiende la importancia de una visión compartida de ciudad y participa políticamente, incluso haciendo veeduría a la labor de las autoridades locales.

Esta primera ciudad coincide con los lugares en donde se ofrece la mejor educación, donde se encuentran los espacios de diversión y esparcimiento público, las universidades y grandes empresas, donde la palabra innovación tiene algún valor y reconocimiento. Es ese lugar en donde la Feria de las Flores se disfruta, a donde llega la oferta cultural y deportiva, donde una persona tiene cerca un centro comercial, un supermercado, un parque y una buena parte de la oferta de movilidad pública.

La otra Medellín (la exenta de pico y placa y que corresponde al resto del mapa no sombreado) es una ciudad completamente distinta a la anteriormente señalada. Lo usual es que nos digan que esas partes presentan altos niveles de licencia de incumplimiento frente a la norma, poco respeto a la institucionalidad y un alto nivel de informalidad, en todo sentido. Contrario a eso, lo que yo puedo ver en los recorridos por estas zonas es que el orden que gobierna y rige a la Medellín de estrato 4 en adelante es completamente distinto al que se estableció en las laderas más deprimidas, en las que incluso la invocación de Medellín parece lejana.

¿Cómo pretender gobernar de igual forma a dos ciudades tan distantes? No podemos seguir pensando en una ciudad uniforme que considere que su política de movilidad se sustenta en la restricción a la circulación vehicular cuando hay lugares en donde ni siquiera hay vías para dos vehículos, incluso ni suben los carros particulares.

Debemos pensar en resolver los problemas de movilidad partiendo de la evidencia más clara: la política debe amoldarse a las complejidades topográficas de la ciudad y no ella ajustarse a lo que políticos y seudotécnicos definan. Es inconcebible que en laderas de difícil acceso se rompa con los patrones de vida de miles de personas instalando a la fuerza sistemas de buses de gran tamaño (articulados de Metroplús) que se ven a gatas para remontar las lomas y que además bloquean todo el transporte, simplemente porque en las calles solo caben ellos.

Cuando el orden de la Medellín interna se quiere establecer sobre los patrones de vida de la Medellín de ladera, generalmente las cosas no funcionan del todo bien, pues se desconoce que la institucionalidad, el gobierno y la visión compartida de ciudad, no logran ser un discurso que cobije a toda la población. El caso estrella son los asuntos de seguridad, en esta materia mientras el gobierno local establece estrategias fuertes de persecución a delincuentes organizados en combos considerándolos un virus contra el orden y la estructura legal, se ha dejado a un lado la consideración de esos pelaos como insertos en unas dinámicas sociales de relacionamiento complejas que no se acaban por el hecho de delinquir, eso hace que ante una acción pública de captura la ciudadanía reaccione contra el Estado, no porque defienda a un delincuente, sino porque defiende las relaciones sociales y los lazos de comunidad que el delincuente ha creado.

El orden que se crea en las laderas en una mezcla de solidaridad ante los recursos escasos y acompañamiento en la lucha diaria de sobrevivir, ante la inevitabilidad de un porvenir poco alentador, en especial si se considera las dificultades de acceso a la educación superior y la estabilidad laboral bien remunerada.

Más que perseguir que el orden alterno de las laderas se plegue al orden institucional del gobierno local que rige a partir del estrato medio, lo ideal sería que como ciudad lográramos establecer unos mínimos de lo que entendemos por proyecto conjunto y por visión de futuro, así como los consensos en torno a las reglas de convivencia que nos deben orientar.

Ilustración: http://www.medellin.gov.co/transito/picoyplaca.html

 

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