Bajolamanga.co

Publicado el Bajolamanga

La insoportable banalidad del dinero

Por. ANDRÉS FELIPE TOBÓN VILLADA (@andfelltobon)

El número de veces que he rechazado la oportunidad de hablar acerca de dinero como recurso banal, tocó a mi puerta sin opción a retirada. Me quedé en silencio, esperando  que la llamada no se repitiera y que, en algún momento, el indeseado visitante girara sobre sus talones, y caminara en dirección contraria a la puerta. Evidentemente, las cosas no sucedieron así.

Resulta pues que la vida del hombre se resume en la insoportable búsqueda del dinero. Todas las acciones que el hombre realiza están dirigidas, de manera irremediable, a una condición de recurso económico deseado. Dormir un número determinado de horas, tener un horario para despertarse y levantarse, asearse, desayunar, ir a trabajar (sí, también a estudiar) encuentran su fin en el dinero. Incluso quienes no dirigen su vida de acuerdo a los esquemas tradicionales que ubican al trabajo como valor primordial, pasan el tiempo deseando tener los recursos suficientes para dedicar su vida a hacer estrictamente lo que más gustan: descansar. También en el descanso, ese aparente fin que se busca con el medio dinero, la pregunta por cómo poseer los recursos suficientes para prolongar indefinidamente esa situación, no abandona nuestro pensamiento.

No se confundan. No estoy haciendo una crítica a este móvil de acción. La comodidad que el dinero genera es, claramente, un deseo compartido. Quien alega no tener la comodidad en el primer  escalón (o en alguno de los tres primeros) de su escala valorativa, no solo miente: probablemente no es humano, y nos encontramos ante una bestia o un dios. Una pregunta por la comodidad es, en este orden de ideas, una pregunta que necesariamente debe volcar su mirada al dinero: cómo se consigue, como se acumula, cómo se mantiene. La cuestión no es trabajar para ganar dinero y, finalmente, lograr la comodidad y el descanso. También en este último escenario, insisto, la preocupación por el dinero toca a nuestra puerta.

Es la insoportable banalidad del dinero la que no nos permite tomarlo como algo banal. El deseo de riqueza es, sin duda, el deseo más ilimitado de todos. Es el deseo sin criterio que no permitía ver a Calicles el ánfora sin fondo que tenía por delante. La situación en la que se enmarca se figura entonces en la imagen de un círculo. Sin principio, sin final; simple y llanamente: eterno y banal.

Quien lo posee y quien no, no lo puede extraer de su mente. El deseo que lo acompaña habita cual parásito en el tabernáculo de nuestro pensamiento. La loca de la casa, la mente, lo codicia sin sentido y jamás le parece suficiente.

 

Esta y otras columnas podrá leerlas en www.bajolamanga.co (@bajo_lamanga)

Comentarios