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Habla Luis Torres, sobreviviente de la masacre de El Salado

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ENTREVISTA BAJO LA MANGA

Además de ser el papá de cuatro hijas y abuelo de siete nietos, don Luis Torres es hoy uno de los líderes de El Salado, Bolívar (corregimiento que está a tres horas y media de Cartagena), quien saca la cara por los habitantes de una zona en la que tristemente los paramilitares “celebraron” una de sus peores masacres y en la cual dejaron ver toda su sevicia y crueldad.

Él fue la persona que organizó el retorno de más de 250 personas a El Salado, casi dos años después de la masacre, y quien coordinó el grupo con el que empezó a recuperar, a punta de machetes y palas, lo que la violencia y la naturaleza les había dejado de su corregimiento. Estuvo exiliado en España y dice enfáticamente que lo que venga del Estado para ellos no puede ser solo cemento, sino también políticas públicas para reconstruir una de las regiones colombianas más golpeadas por la violencia, los Montes de María.

Bajo La Manga (BLM): Usted es prácticamente el gestor del retorno de los habitantes de El Salado luego de la masacre paramilitar del 2000. ¿Cómo fue volver después de semejante tragedia?

Luis Torres (L.T): “Mire, yo me fui de aquí en 1999, porque en el 97 fue aquí la primera masacre. Primero me puse al frente del retorno con una organización. Ahí fue cuando junto con mis compañeros empezamos a reclamar derechos, vías, educación, medicinas, etc. Eso causó ampollas en los que son enemigos de la paz. Fui así como amenazaron a unos compañeros y a mí, y nos tocó refugiarnos en Cartagena. Allí hice un censo: de que parte venían las personas desplazadas, cuántos llegaron, cómo llegaron. En ese momento, encontramos a más de 50 familias ubicadas en barrios marginados como Mandela y 13 de junio. Allá me reuní con ellos y los empecé a llevar a algunas organizaciones y ONG para conseguir apoyo. Luego, empecé a ‘cranear’ cómo organizarnos”.

S.D.L: ¿Cómo logró unificar a todas las familias desplazadas por la masacre?

L.T: “Le cuento que en ese momento era un delito reunirnos, porque estaba el furor del paramilitarismo en toda parte. Eran síntomas de que, según decían, estábamos planeando algún atentado terrorista. Reunirnos era ponerse una lápida en el pecho, por eso lo hacíamos clandestinamente, en la casas de amigos, en fin. Empezamos a organizarnos y así el 4 de febrero de 2001, en la iglesia de San Pedro en Cartagena, nació Asodesbol (Asociación de Desplazados de Bolívar) y todos decidieron nombrarme presidente de la junta directiva. Más adelante, me propuse caminar por todos los pueblos donde estaban los desplazados en Barranquilla y allí conocí a un ‘pool’ de abogados en el 2001. Incluso sabíamos que teníamos desplazados en el exterior. Los abogados me dicen que venían a hablar conmigo y con el grupo de personas que yo representaba. En esa reunión nos propusimos interponer una demanda internacional contra el Estado colombiano”.

S.D.L: Y supongo que don Luis Torres se dedicó a buscar testimonios que argumentaran la demanda contra el Estado 

L.T: “Con solo decirle que cuando me puse en esa tarea, los zapatos y las barcas se me acabaron. Ahí es cuando empecé a recopilar datos, testimonios, recortes de prensa, archivos. Ellos (los abogados) venían acá y yo les entregaba información. Pero la tarea más difícil fue recopilar los poderes, porque estaban dispersos en Barranquilla, Cartagena, Santa Marta y Sincelejo. Cuando yo no podía recogerlos por culpa de los paramilitares, mi mujer, que ha sido un pilar para mí, iba. La demanda la radicamos el 18 de diciembre de 2001 en Cartagena y luego la radicamos en Sincelejo. Esa es la demanda que hay en contra del Estado”.

S.D.L: Cuando usted y su grupo llegan a El Salado, ¿qué encuentran?

L.T: “La maleza se lo había tragado todo. Y para algunos el choque fue muy duro: unos lloraban y otras personas sencillamente no aguantaron y regresaron. Durante varios días trabajamos sin parar y en menos de una semana ya habíamos limpiado casi la mitad del pueblo, no sin antes ver restos de la masacre”.

S.D.L: ¿Y estando acá después del retorno siguieron padeciendo la guerra?

L.T: “Claro. Con solo decirle que luego del retorno fuimos militarizados. Estando aquí fuimos encarceladas 15 personas por participar en los comités de reorganización. A mí me iban a matar por eso, así que una vez me tocó irme corriendo con mi mujer a las 4 a.m. después de tres años del retorno. En Cartagena no pude vivir porque allá me encarcelaron por rebelión. Y claro, yo me rebelo cuando veo injusticias”.

S.D.L: ¿Y cuál de esos testimonios que usted encontró para argumentar la demanda fue el que más le impactó?

L.T: “La muerte de la niña de siete años, porque se convierte en tres asesinatos: la niña, la hermana y el feto. Es una niña que se muere de sed y de hambre en el monte, que fue llevaba allá luego de la masacre por una buena señora, y a la hermana de esta niña que estaba embarazada la asesinan so pretexto de ser la supuesta novia de un guerrillero”.

S.D.L: Y tengo entendido que mientras ustedes recopilaban toda la información para la demanda, pasaban las duras y las maduras en Cartagena.

L.T: “Es que la gente ya no se aguataba en las ciudades, porque no se producía nada y nuestra vida está en el campo. Allá estábamos mendigando, durmiendo arrumados en casas de familiares. El campesino no está enseñado a vivir en una selva de cemento. Allá se vuelve inútil, inservible por la falta de servicios, del frío y del hambre. No se producía nada para los gastos que se tenían. Además, el tejido social se rompe, se dispersa y en algunos casos se prostituye”.

S.D.L: Ya que toca el tema del campesinado, ¿cuál es su visión del campo de hoy?

L.T: “El campesino colombiano ha vivido en un período inmensamente largo de más de 50 años de conflicto y violencia política, que degradó en todas las formas a la clase campesina. Al ser la tierra la herramienta principal de los campesinos, confinan en ella todos los grupos para obtener poder. Entonces, usted entenderá cómo hace un campesino para no juntarse con esos actores. Tendría que ser invisible. Por eso, es que de una u otra forma termina siendo parte de algunos de esos actores, que han mancillado su dignidad en todas las formas. Unos lloran, otros reclamamos derechos y otros no comulgamos con la injusticia y la pasividad que tiene el Estado con este cúmulo de cosas. Por eso, nos volvemos rebeldes y reclamamos”.

S.D.L: Y mucho más en esta región. Estaba mirando la situación de violencia de esta zona del país y me enteré de que en la década de los 70 hubo varias familias que mantuvieron un fuerte choque por el control de la región: los Ochoa, los Cárdenas. ¿Cómo vivió esa época?

L.T: “Sí, pero inicialmente aquí se empezó a meter la delincuencia común. Entonces, llegó el abigeato. Eso llevó a disputas entre algunas familias. En el Carmen de Bolívar fueron los Pérez y los Méndez, ellos tuvieron algo con eso, porque a raíz de la problemática cometen cosas indebidas: crímenes y asesinatos mandados a hacer. Posteriormente, la guerrilla los declaró objetivos militares. Eso causó que a uno de los gamonales se lo llevara el Ejército para protegerlo, pero fue emboscado por la guerrilla y mataron, inclusive, hasta a un capitán. Pero no me gustaría hablar mucho de eso”.

S.D.L: Entiendo que aún hoy en El Salado hay personas que sufren enfermedades psicológicas a raíz del conflicto que han vivido…

L.T: “Hay cuatro seres humanos que tienen enfermedades de salud mental a raíz de eso, como usted dice. Y eso aparece en la sentencia T-45. Y no son solo en esas cuatro personas hay enfermedades, pues hace un tiempo se hizo un dictamen en el que encontraron otros males. A raíz de esa tutela nosotros logramos que tuvieran un tratamiento psicosocial”.

S.D.L: Veo que el Estado desde hace algunos años está empezando a hacer presencia acá. ¿Ustedes qué esperan hoy que haga él por ustedes, 14 años después de la masacre?

L.T: “Lo que esperamos es que El Salado vuelva a ser el mismo de antes, porque los cambios tienen que darse. Eso sí, que respeten nuestra autonomía. Y que todo lo que conlleva a este proceso se dé desde la región. El Salado está en la zona de los Montes de María y hay 137 municipios en esa región. Aquí hay un rosario y un universo de víctimas impresionante, por eso toda esta parte merece igual tratamiento que El Salado. Pero todo no puede ir en virtud al cemento [haciendo referencia a la pavimentación por parte de Argos de la vía que une al Carmen de Bolívar con El Salado]. Este es el momento indicado para empezar a construir ese Salado que nosotros queremos”.

S.D.L: Ese Salado de antes, en el que ustedes cultivaban ñame, tabaco y los vendían en las ciudades…

L.T: “En ese y en el del proceso de inclusión. Construir las cosas con ellos conjuntamente y para eso lo único que se necesita es volver a tener la confianza que se perdió por el abandono estatal en los Montes de María”.

S.D.L: ¿Con qué sueña hoy?

L.T: “Con volver a ver este pueblo renaciente, como lo era antes de todo esto. Con volver a ver esta gente libre de presiones, de conflictos, con sus cultivos de ñame, de tabaco, de yuca para el Carmen. Ver a los niños correr y crecer, y a una juventud que se empodere por un bienestar común. Ver en sí que la dignidad renazca”.

S.D.L: la historia de lo que sucedió acá se ha contado mucho en los medios, pero ¿a usted cómo le gustaría que sea contada? 

L.T: “Escrita, porque a mí me gusta más lo escrito, y que sea contada como en realidad sucedió. Como nosotros la vivimos”.

 

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