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Crónica de un hipócrita

La siguiente crónica es de un personaje ficticio. Éste es una generalización de un habitante de El Poblado y, que quede claro, me incluyo en la crítica que estoy apunto de narrar.

El sujeto en cuestión va de vacaciones a Europa. “Donde fueres haz lo que vieres”. Allí, la mayor parte de sus recorridos los hace a pie, y los disfruta enormemente. Le es práctico, saludable, eficiente y apto para todos. Para recorridos de mayor distancia toma el bus. Es fácil, cómodo y todos lo hacen. El metro también lo usa. No es tan placentero el recorrido pero también es un ejercicio absolutamente normal que todo tipo de personas realizan. Incluso a veces se desplaza en bicicleta, algo de avanzada. Este sujeto, mientras se encuentre en una ciudad, no necesita de un carro. El uso del taxi es esporádico. El sujeto está en el primer mundo, se comporta a la altura de la situación. Espera el semáforo para cruzar y solo lo hace por la cebra. La basura que pueda tener consigo la carga un par de cuadras si es necesario hasta encontrar donde botarla. Camina por el lado indicado del andén. Éste sujeto disfruta del primer mundo, le resulta fascinante, incluso envidiable.

De vuelta en Medellín, todo es radicalmente distinto. Al sujeto le es imposible desplazarse a pie pues no hay andenes. Es un enigma saber qué bus tomar y la forma correcta de hacerlo, de allí que ni lo intenta. El metro le parece bastante bueno, mientras lo ve desde su carro cuando va por la autopista hacia el norte. La bicicleta no se puede usar, las lomas lo impiden; no es ni un problema de voluntad ni del gobierno, es metafísico. Ante todo esto, el carro, y créanle cuando lo afirma, lo usa por mera necesidad. Este sujeto está en el tercer mundo, y aunque conoce mejores comportamientos cívicos (ha estado en Europa) es un despropósito tomarse la molestia de aplicarlos. Al fin y al cabo todos son unos maleducados, su comportamiento individual no cambiará nada. El sujeto cruza la calle una vez calcula que tiene el tiempo suficiente de hacerlo mientras un carro se aproxima. Intenta botar su basura en una caneca, pero de no encontrar una, la pone cuidadosamente al lado de más basura amontonada en la calle. Camina en zigzag evadiendo a quien se le aproxima, no se hace a la derecha. Éste sujeto está en el tercer mundo, le parece atrasado, incluso folklórico.

Es cierto que al sujeto le es difícil caminar porque no hay andenes. Tomar un bus es una odisea. El metro no tiene la mejor cobertura. Usar una bicicleta convencional no es viable en nuestra topografía. Pero en elecciones las preocupaciones del sujeto son el pico y placa, las doble calzadas e intercambios viales; no los andenes ni el sistema de buses que usó en Europa y que tanto añora. El sujeto no usa el metro en sus esporádicas idas al centro, por el único hecho de que no está habituado a hacerlo. El sujeto, que tiene la capacidad adquisitiva de hacerlo, ni siquiera contempla la idea de adquirir una bicicleta eléctrica, se excusa en que sería peligroso pues los conductores no lo respetarían, pero esos conductores no son nadie distinto a los vecinos, compañeros de trabajo y amigos del sujeto. Además, el carro del sujeto, el que tiene por necesidad, es un campero con un rendimiento de 20 kilómetros por galón, solo por si lo invitan a una finca. Para finalizar, el sujeto no se comporta como en el primer mundo, le parece una bobada, después de todo, el subdesarrollo es culpa de otros, no de él. El sujeto es un hipócrita.

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