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Contra la trampa y la violencia

Por: DANIEL YEPES NARANJO (@yepesnaranjo)

Acaban de pasar las elecciones del 9 de marzo para elegir senadores y representantes, están próximas las del 25 de mayo para elegir al presidente de la República. Dos jornadas muy importantes para los colombianos porque de ellas depende quiénes rijan nuestro destino como nación los siguientes cuatro años.

Siempre tenemos la intención de votar mejor, de ejercer un voto responsable, que combata el clientelismo, la corrupción, el nepotismo, la discriminación y la violencia. Intención, casi nunca lo logramos.

Votamos por personajes con grandes mantos de duda sobre la legalidad de sus acciones para hacerse elegir; elegimos a quienes vienen de clanes familiares que llevan años en política incrementando su poder en la región de donde son oriundos, acaparando los cargos públicos en los que llevan a cabo ejercicios que no contribuyen en nada a transformar la realidad de las personas y en cambio sí a llenar sus bolsillos con grandes sumas de dinero; le damos poder a esos que no soportan la diferencia, que ven la vida como la obligación de seguir patrones de comportamiento establecidos por la tradición en donde el otro no es reconocido como un ser digno de deberes y derechos; le damos la confianza suficiente, para legislar y gobernar, a quienes como solución a la guerra proponen más guerra desde la trinchera de sus apartamentos en Los Rosales, El Poblado, Ciudad Jardín o Prado Alto.

“Así con este gamín no se puede”

“Merece repulsión el catre compartido por dos varones, qué horror (…) es un sexo excremental y no puedo, me perdonan, convertirme en vocero de esa clase uniones que llevan a esa clase de excesos”

“Estoy cargado de tigre”

“Le doy en la cara, marica”

“Es una doble moral venir a preparar debajo del poncho una puñalada contra la colectividad”

“La plata que deja una Alcaldía no la deja un embarque”

“Invertir en el Chocó es como perfumar un bollo”

Estas son las frases con las que gobiernan algunos de los elegidos por nosotros, a nivel local, regional y nacional. Es una muestra de la concepción que tiene la clase política del ejercicio de lo público, del país, de la relación con el ciudadano y de la democracia en general.

Es un menosprecio profundo a la libertad, a la conciliación, al respeto y a la honradez. ¿De cuál paz hablamos?

Siempre hay algo que hacer. Caer en la resignación de creer que las cosas no pueden cambiar solo le dará más poder a, los que con ese tipo de conductas y conciencia, pescan en el río del miedo y el odio.

La trampa y la violencia no se deben justificar nunca, menos a favor de mi partido político o mi candidato. Debemos tener la autoridad moral para decir que, ni siquiera cuando éstas me beneficien, las defiendo. Solo así nosotros cambiaremos, elegiremos personas con grandes méritos, y el país encontrará su norte.

 

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