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Chuzadas y corrupción: ¿qué pasa en el ejército?

Por: SERGIO MESA (@sermeca)

Lo que hasta ayer era amor profundo y gratitud de los colombianos por Ejército Nacional, hoy está convertido en desprecio y asco, por las irregularidades de corrupción que tienen en el filo de la navaja a más de un General del Ejército. Primero fueron las chuzadas a los negociadores del gobierno en La Habana. Ahora son las grabaciones de “mordidas”,“complot judicial” y “desprestigios de los jueces que investigan casos de falsos positivos”.

No habíamos terminado de digerir la denuncia publicada en exclusiva por Semana, sobre las interceptaciones a la mesa de negociación de La Habana (Cuba), por la que no rodaron cabezas importantes, ni siquiera la del Ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, cuando estalló una bomba dentro de las mismas Fuerzas Armadas: corrupción en la contratación de armamento, automotores y coimas y tajadas para Generales y Coroneles, algunos de ellos recluidos en guarniciones militares.

La revista Semana y su periodista estrella, Ricardo Calderón, de quien no conocemos ni una sola fotografía, han sido testigos claves del destape de las cloacas castristas, como se recordará la investigación “Tolemaida resort”, que desveló las comodidades de los condenados por crímenes de lesa humanidad, y el reportaje de “El DAS sigue grabando”, que puso en jaque al centro de inteligencia, el mismo que le correspondió a Santos liquidar. Nadie se ha pronunciado, pero es posible que el atentado sufrido por Calderón el 2 de mayo de 2013, mientras realizaba una investigación sobre el Ejército en el Tolima, tenga alguna relación con lo publicado en los últimos días.

¿Qué pasa en el Ejército? ¿Por qué las tropas y los Generales actúan como ruedas sueltas? ¿Qué hay detrás de los centros de inteligencia que ni el comandante en jefe, es decir, Juan Manuel Santos, se da cuenta de cómo operan, a quién chuzan y con qué intenciones?

Es inconcebible que mientras varios Generales sean llamados a calificar servicios, lo más indigno para un militar, el Ministro de Defensa permanezca incólume, sin despeinarse su pelo aceitado. En un país serio ya habría rodado la cabeza. Entonces, nos preguntamos, ¿dónde están “las fuerzas oscuras” que menciona Santos en sus alocuciones? ¿En el misma Ejército y en las unidades de inteligencia?

Jocosamente decía alguien que en el Ejército no había un “ruido de sables”, sino de “serrucho y coimas”, aunque no puede descartarse que dentro de los mismos cuarteles esté implantada la anarquía militar, lo cual es ¡muy grave!

Una vez más salta a la vista la corrupción en las instituciones públicas, una práctica casi que institucionalizada en los manuales de funciones de los funcionarios públicos, porque en cada contrato ven la oportunidad de robarle al Estado.

La perspicacia y la ética de Noticias Uno lograron mostrar cómo uno de los corruptos del Ejército, el coronel Robinson González del Río, uno de los que aparece envuelto en el escándalo de corrupción en el Ejército, pese a estar preso, negoció fallos por falsos positivos con el magistrado Henry Villarraga, del Consejo Superior de la Judicatura. Desde ahí enviaron pruebas a la Comisión de Acusaciones para que investigaran el caso del Ejército. No pasó nada.

La Comisión de Acusaciones también es cómplice de la corrupción, porque son ellos mismos quienes han puesto a dormir en el “sueño de los justos” investigaciones importantes para el país, a lo que se le suman las denuncias de contratos en el Ejército. ¿Qué más nos espera?

La desazón de nuestro país es generalizada. ¿Qué confianza tenemos en un inepto presidente como Juan Manuel Santos? ¿Confiamos en Juan Carlos Pinzón? ¿Representan los actuales partidos la renovación política? No sé si la solución sea nombrar como Ministro de Defensa a un civil o centralizar la contratación en una sola entidad, pero lo que sí queda claro es que el desagüe de la guerra está abierto.

Y qué decir del sistema judicial, una rama del poder público plagada de vicios que han deteriorado su imagen, llevándola al estado en que se encuentra. Lo mismo que pasó con los Nule y la defraudación a Bogotá, que no ha pasado nada, sucederá con la corrupción en los cuarteles. Entre más se robe menos pena se paga.

¿Qué piensa Santos de reformar las Fuerzas Militares? Dirá que con el proceso de paz no hay tiempo.

Las cloacas de la corrupción en el otrora Ejército Nacional, donde están los héroes que sí existen, hieden. Y así seguiremos en descomposición acelerada.

 

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