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14
06
2016
antojarcu

‘El poder del perro’ o la droga que sostiene el arma

Por: Jarnavic

Tras leer un par de reseñas sobre El poder del perro y El cártel de Don Winslow me decidí a leer en primer lugar la segunda novela, a pesar de que era una secuela de la primera. Reconozco que esta decisión no solo estuvo motivada por lo que pude atisbar al leer dichas reseñas, sino también porque El cártel era una novela más reciente y más fácil de conseguir en cualquier librería. Conseguí El poder del perro rastreando librerías madrileñas de segunda mano hasta encontrar un ejemplar de la colección Roja y Negra (Random House) dirigida por el escritor argentino Rodrigo Fresán.

Hay que decir que la decisión, a pesar de tener una gran parte de componente aleatorio, fue una de las mejores que pude tomar a la hora de gestionar mis lecturas. El cártel habla de la quizá mal llamada guerra contra las drogas, y aunque se superponen historias que confluyen, y se alejan para volver a coincidir, uno no tiene la sensación de que existan capas tan definidas superponiéndose como en El poder del perro.

Ello no se debe a que, como suele decirse, se noten las costuras de los géneros, de los discursos o en este caso de las distintas historias, sino que la trama impone esta característica. En El poder del perro se habla de las drogas y la guerra contra las mismas como consecuencia de y a la vez dando lugar a la lucha por los intereses geopolíticos de Estados Unidos en contra de la Unión Soviética en América Latina en lo que llamaron la lucha contra el comunismo, y la guerra contra el terrorismo, simultaneada brevemente con la Guerra Fría.

No obstante, si en El cártel el autor realiza una labor encomiable -por su exhaustividad- de documentalista, de historiador, de periodista sin abrumar al lector, tan solo mostrando el fruto de una investigación que a todas luces se adivina titánica, en El poder del perro este esfuerzo es mucho más palpable con diferencia, resultando una novela sin duda más densa. Eso sí, no hay que asustarse. No incluye notas al pie ni al final, ni apéndices documentales. No es un ensayo, es una novela que absorbe y entretiene siempre que se cuente con el tiempo suficiente para una lectura continuada, porque si no es muy fácil perderse.

Con el tiempo suficiente mencionado, se consigue que la novela enganche desde el primer momento y el ritmo narrativo, típicamente de thriller, hace que se lea como quien ve una película de acción bien construida. Sigue el principio de la colección Roja y Negra que apuesta por libros “donde la sangre no se derrama en vano”. Es posible que se deba a la propia experiencia de Don Winslow como guionista de televisión.

El ritmo en la narración es también la clave para que los monólogos con una elevada carga existencial que mantienen los personajes en sus pensamientos no resulten forzados o tediosos. Lo mismo ocurre con diálogos memorables donde los personajes se convierten en arquetipos, casi en alegorías de una representación del Corpus Christi en el Siglo de Oro (el siglo XVII español).

Buen ejemplo de esto es aquel que se produce por ejemplo entre el estadounidense de ascendencia mexicana Art Keller, de la DEA, y John Hobbs, jefe de la CIA para Centroamérica, donde choca la lucha contra la delincuencia común y el tráfico de drogas casi a cualquier precio con la lucha contra el enemigo ideológico y geopolítico a cualquier precio. Se plasma también en el libro un doble rasero en la política internacional de Estados Unidos durante la Guerra Fría en América Latina.

Esta política de doble rasero se traslada a la lucha contra las drogas. En una novela donde se atisba esa capacidad del autor para documentarse, cuesta en ocasiones distinguir dónde empieza la ficción y acaba la realidad, aunque tiene que ser difícil para un escritor estadounidense, aun relatando ficción, presentar una imagen de la Administración de su país consintiendo o incluso facilitando que grandes narcotraficantes muevan la droga mientras esta sirva para financiar a las contras nicaragüenses o a los paramilitares salvadoreños y colombianos.

De hecho, Art Keller, en su lucha sin cuartel contra el traficante de drogas mexicano Adán Barrera, solo consigue una mayor implicación del  Gobierno de su país, particularmente de la CIA, cuando la DEA se entera de que Barrera está haciendo tratos con las FARC en 1997: un fusil por cada kilo de cocaína que la guerrilla le permita sacar de su zona, un lanzagranadas a cambio de, al menos, dos kilos.

En ese punto de la historia, otro diálogo a destacar se produce entre Barrera y Tirofijo (sí, en este caso  Winslow coloca el nombre de un personaje real), cuando el colombiano, a la vez que busca un trato favorable con el mexicano, trata de forma insistente de marcar las distancias con él porque, según Tirofijo, los fines de uno y otro son completamente distintos.

Por último, el personaje más irreal de todos, que parece hecho a retazos para encajar a medida en la trama, es sin duda Sal Scachi. Exboina verde y exagente de la CIA en Vietnam, pasa a engrosar las filas de la mafia al volver a Estados Unidos. Carente de un bagaje ideológico concreto más allá de un anticomunismo impreciso pero visceral, y el hecho de considerarse a sí mismo católico, tiene conexiones con el Opus Dei, la Orden de Malta y el sector más conservador de la jerarquía eclesiástica mexicana. Parece hallar la realización plena cuando combina la capacidad para mover drogas de la mafia con la financiación de las contras y otros grupos de extrema derecha.

No obstante, que sea producto de la ficción en su totalidad no le resta verosimilitud. Bien podría ser uno de estos individuos que se encuentran en el sitio exacto y en el momento preciso para situarse en el ojo del huracán de la historia de varios países en un momento muy específico.

Por: Joaquín Pi Yagüe

 

 

 

 

 

Categoria: General

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06
10
2015
antojarcu

Sin novedad en el frente de Sebastopol

Por: Jarnavic

La guerra en Ucrania, la disputa por Crimea y el retorno administrativo, político y militar de este territorio a Rusia después de 61 años me llevó a volver la vista a Relatos de Sevastópol, de Lev Tolstói.

Utilizamos el nombre de la ciudad en español —Sebastopol— para evitar la confusión con Sevastopol, localidad del Estado de Wisconsin (Estados Unidos). No obstante, en la edición que hemos manejado para esta reseña* figura Sevastópol sin duda mucho más ajustado a su transcripción original en ruso y, al tildarlo de acuerdo a la norma ortográfica del español, respetamos a su vez la pronunciación de dicho topónimo en la lengua rusa.

Tolstói llegó a Sebastopol el 7 de noviembre de 1854 para unirse a la decimocuarta brigada de artillería del Ejército imperial ruso, en plena guerra de Crimea. Este conflicto, que estalló en 1853 y se prolongó hasta 1856, fue producto de las pretensiones de las principales potencias de aquel entonces sobre algunos territorios del Imperio otomano, por aquellas fechas en declive. Rusia se enfrentó a los turcos y, además, a una alianza anglo-francesa a la que también se unió el reino de Cerdeña. Demasiados enemigos. La balanza se inclinó a favor de los aliados a partir del 25 de octubre de 1854 con la derrota de las tropas zaristas junto al río Almá y, de forma definitiva, cuando la resistencia rusa se quebró en el sitio de Sebastopol en septiembre de 1855.

Los tres relatos que conforman este libro se publicaron entre junio de 1855 y enero de 1856. En un principio aparecieron muy modificados por la acción de la censura, hecho que sorprende si tenemos en cuenta que Tolstói gozó de la protección del zar Alejandro II a quien, al parecer, entusiasmaron estas historias. Más llamativo aún es que no se publicaran íntegras hasta 1928, ya en una Unión Soviética plenamente controlada por Stalin, donde se sucedían las purgas contra la vieja guardia bolchevique y antes de los procesos de Moscú de la segunda mitad de los años treinta.

Y es que Relatos de Sevastópol recuerda demasiado a los testimonios antibelicistas que se publicaron acerca de la Primera Guerra Mundial como Adiós a las armas o Sin novedad en el frente: «Aquí […] contemplará la guerra no con su ordenamiento ordenado, bello y brillante, con su música y redoblar de tambores, con sus banderas ondeando y sus generales a caballo, sino la guerra en su verdadera expresión, con sangre, dolor y muerte». Más adelante, lanza otra idea que resume el motor y la intencionalidad de sus crónicas: «las cuestiones que no resuelven los diplomáticos, menos aún las resuelven la pólvora y la sangre».

Se aprecia un contraste entre los jóvenes reclutas henchidos de orgullo que nunca han combatido en una guerra y los hombres con más experiencia que están hartos de ella en una anécdota en la cual los hermanos Kozeltsov se encuentran en la tienda de campaña para recibir instrucciones y, a continuación, entra un comisionista que no entiende el fervor de ambos y afirma sentirse asqueado de «la vida de perro» que lleva en el frente.

Pero el personaje que sirve al autor para canalizar todo lo que presumiblemente sintió en la guerra es sin duda Volodia, presentado magistralmente como la quintaesencia de la candidez y la inocencia de la primera adolescencia que pronto quedará truncada. Y esto lo logra Tolstói tan solo con la descripción de su apariencia física: una mirada llena de curiosidad y emoción, bigote incipiente.

Un detalle que llama la atención en la página veintitrés es que Tolstói se refiere a un soldado ucraniano —que pelea en el bando ruso— como «forastero», es decir, consideraba que venía de otro lugar pero dicho lugar no tiene por qué ser otro país, esto es, no implica necesariamente el matiz de «extranjero» o «foráneo». Aunque Tolstói adapta lo que dice este soldado a la grafía rusa, una nota de la traductora permite averiguar que en realidad el soldado habla en ucraniano.

Quizá se haya entusiasmado demasiado quien escribe estas líneas, pero no creo que sea demasiado descabellado afirmar que estos Relatos de Sevastópol bien podrían ser considerados la cuna de la llamada literatura de no ficción y el antepasado —salvando todas las distancias que se hayan de salvar— de A sangre fria (Truman Capote) o de Operación Masacre (Rodolfo Walsh).

*Tolstói, Lev N., Relatos de Sevastópol, Barcelona, Alba, 2013 (trad. Marta Sánchez-Nieves Fernández), pp. 22-24 y p. 45.

 

Joaquín Pi Yagüe

En Twitter: @jjoapi

En Facebook: Parsimonia

 

Categoria: Cultura, General, Libros

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05
07
2015
antojarcu

Los zaristas, el servicio y la Revolución

Por: Jarnavic

Manuel Vázquez Montalban, uno de los mejores escritores españoles del último tercio del siglo XX escribió Un polaco en la corte del rey Juan Carlos. En aquel libro, Montalbán daba cuenta de los últimos años del socialismo de Felipe González. El PSOE resistía tras las murallas envejecidas del poder mientras las hordas bárbaras comandadas por José María Aznar se disponían a entrar en la ciudad sitiada. (más…)

Categoria: Política

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28
06
2015
antojarcu

Un día en el parque

Por: Jarnavic

Los días son diferentes si uno va acompañado. (más…)

Categoria: General

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21
06
2015
antojarcu

La izquierda en Madrid salió a ganar

Por: Jarnavic

Hace casi 5 meses escribía acerca de la imposibilidad de la izquierda para recuperar Madrid tras 26 años de gobierno conservador. Izquierda Unida (IU), los excomunistas, se habían merendado a sus candidatos tanto en Madrid como en la Comunidad -lo que viene a ser en Colombia el departamento- y en el PSOE-PSM todavía estaba Tomás Gómez, el alcalde que que había dejado en quiebra el ayuntamiento donde había gobernado. Al mismo tiempo, la confluencia entre las fuerzas de izquierda no terminaba de arrancar. (más…)

Categoria: General

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30
05
2015
antojarcu

Mohamed

Por: Jarnavic

El recuento en el colegio electoral fue un desastre. Estuvimos hasta las 1:30 ultimando los papeles que había que enviar al juzgado. No llegué al bus nocturno de la dos y el siguiente pasaba a las tres y media de la mañana. Fue una de esas ocasiones en las que te apoyas en tu gente. Llamé a una pareja de amigos -gracias Ana, gracias Carlos- que se habían mudado hace poco a Parla Este. Me di una buena caminata para terminar el largo día durmiendo en su sofá.  En el camino, me encontré a Mohamed. (más…)

Categoria: Actualidad, General

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10
05
2015
antojarcu

Siempre nos quedará el gol de Nayim

Por: Jarnavic

Corría el minuto 119 de aquella final. Es el último minuto de la prórroga. Cedrún saca un balón largo que aterriza en el medio del campo. Poyet roza el cuero, que cae con fuerza  en el campo y rebota. Despeja Linighan, que cabecea hacia la banda derecha. Allí se encuentra Nayim. Controla con el pecho. Ve que el portero del Arsenal está adelantado, echa el esférico hacia delante y dispara un zambombazo desde más de 40 metros. Seaman toca pelota y los dos se empotran en las mallas de la portería. El Parque de los Príncipes se vuelve loco. El Zaragoza acababa de ganar la Recopa.

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28
04
2015
antojarcu

Plan de cultura de Podemos según 13TV

Por: Jarnavic

Gracias a 13TV, un canal apartidista e independiente, comprometido con la información veraz, hemos sabido de los planes totalitarios de Podemos cuando lleguen al poder. A continuación, les detallamos algunas de las medidas culturales que Pablo Iglesias impondrá si llega al poder en su búsqueda del elemento popular. (más…)

Categoria: General

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