Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

Asfixiada en mí

 

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Por: Laura Tatiana Castro.

Miro el horizonte infinito de las ansias que no puedo saciar. He caminado hacia ellas en un reflejo que me ha llevado a tierra árida y deshabitada. Me encierro en mi misma una vez más, pero ya estoy cansada de hacerme compañía. Los días se me pasan en un vaivén  de conocerme y desconocerme. Es por eso que me atrevo a probar nuevas sensaciones con el deseo de encontrar al fin un placer que quiera atesorar. Aunque sería distraerme fútilmente, sin saber quién soy, qué quiero, qué espero.

Porque sí… espero. Pero siempre será menos vergonzoso rechazar abiertamente la espera, mientras en secreto continúo con la ilusión de que en algún momento, de forma milagrosa, algo suceda.  Algo que restaure mis paredes pálidas y averiadas, cansadas de sostener y sostenerse en un trayecto que me ha dejado el hábito de mantener una esperanza forzada y pesimista.

Pero temo. Temo que nunca llegue nada y mi vida transcurra en una eterna y perturbadora monotonía. Me siento asfixiada de mí. Mis pensamientos y fantasías ya no dan abasto y el aire escasea en cada nuevo fracaso. Me niego a creer en un amor construido, necesito sentir para amar y amar para sentir. ¡Pero que me digo! Son solo vagos aciertos de un posible desconocido.

Me atormentan los días que existo sin escribir historia. Han sido muchos ya. Muchos los que he desperdiciado sin conocer, sin hacer compañía, sin abrazar, sin demostrar afecto… sin amar. ¿Por qué? ¿Es acaso por mí? ¿Exijo bastante? ¿Doy poco? ¿Nada me es suficiente o no doy lo suficiente? Impreciso en un camino no recorrido.

Necesito reconciliarme conmigo misma. No tengo pudor. No me respeto. No me importa mi dignidad, principios o moral. Me he pisoteado y eso debería importarme. He querido a quien me ignora y lastimado a quien ha podido darlo todo por mí. Pero no doy relevancia a nada. Ahora mismo me atrevería lanzar o lanzarme al vacío con el único deseo de hacer algo. Algo que privilegie de sentido algún instante.

¡Qué va! No es cierto. No tengo ánimos, he forzado situaciones de tal manera que mis fuerzas se han esfumado. No sé si proseguir hacia el deseo de vivir o acomodarme en una muerta tranquilidad. Me siento en la intemperie. Allí, en la mitad, debatiéndome sin moverme. Flotando sin encontrar orillas que me atajen. Yendo hacia la nada y esperando llegar a algún lado.

Quisiera que una mirada bastara para disipar mis dudas. Solo una mirada, nada de esfuerzo. Unas pupilas oscuras de deseo y una retina cristalina  en la que calmar mis ansias. Quisiera encontrar la sencillez de un rose de respiración en mi cuerpo. De un contacto sin tacto. De un sentarse frente a frente con luz tenue, adivinando la silueta del otro. Eso, solo eso…  ser y amar sin esperar.  Una búsqueda entre ser y pretender.

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