Líneas de arena

Publicado el Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)

El primero de enero, un día perdido

Fin de año en Abu Dhabi, 2013 (foto de Patricia Mogollón).

Nota preliminar: Como cada año, reproduzco este artículo, con la esperanza que algún lector lo encuentre y justifique la existencia del primero de enero.

El escritor indio Suresh Menon, dice que el año nuevo debería empezar el 2 de enero. Tiene toda la razón. El mencionado autor por un lado de manera razonable piensa que la gente está muy cansada y como diríamos en colombiano “enguayabada” (guayabo es el colombianismo para designar la resaca y paradójicamente la nostalgia, aunque aquí nos referimos a la primera acepción del término), además considera irrealizables los propósitos que a media noche del 31 de diciembre todos profesamos, como si fuéramos a cambiar en unos pocos segundos nuestros vicios, pecados y preferencias.

Eso es cierto, pero quiero concentrarme en que tomar seriamente el primero de enero se trata de algo físicamente imposible, al menos en el caso colombiano. En cierta forma, quizás de forma inconsciente postergamos el último minuto del último día del año, prolongamos la fecha al máximo. Es posible que madruguemos, así no se tenga esa saludable costumbre, para preparar todo lo que se requiere durante la noche del 31 de diciembre.

Comprar el interior amarillo para tener buena suerte, quizás cambiarse varias veces la misma prenda porque vestirla al revés da mayor fortuna, buscar las uvas que no aparecen en los supermercados, incluso los regalos que dejamos pendientes en la navidad. Luego está el asunto de preparar las comidas, cuando incluso los que jamás colaboran en casa, meten la mano en esos asuntos domésticos. Todo el día uno se la pasa corriendo o volando, pues no pocos programan viajes continentales para encontrarse con sus familias y llegar así sea “faltando cinco pa´ las doce”. Cuando arriba a su destino absolutamente agotado, el individuo colombiano debe enfrentarse a todos los ritos de despedida y bienvenida en su entorno familiar y de amigos.

Se pretende que en unos pocos segundos, se coman doce uvas, se piense en igual número de deseos, se cuente billetes, se corra con una maleta de viaje y una multitud de actividades, como saludar a todos, hacer llamadas internacionales, vía Skype o WhatsApp, atender los diferentes dispositivos de los teléfonos celulares e incluso manifestarse en las redes sociales. Así no haya fiesta de por medio, la persona debe estar terminando avanzada la madrugada con todas las justificaciones para pasar los primeros momentos del nuevo año. Eso sin mencionar, los insufribles programas televisivos que pretendemos ver o el resumen de los éxitos bailables que intentamos ejecutar en acrobáticos movimientos. Resultado, cansancio, cuando no malestar por lo realizado en la víspera.

En resumen es claro que el primero de enero, resulta un día algo extraviado. Incluso, no creo que haya muchos lectores de la presente columna de opinión en este modesto blog, la mayoría no se enterará. Valoro mucho que quien posa sus ojos en estas líneas, haya dedicado los primeros instantes del año nuevo para su lectura, que no sea tiempo perdido.

En todo caso, siempre será una buena “cabañuela” iniciar el año leyendo.

Salud, éxitos, libros, buen cine y felicidad en las restantes 364 jornadas por venir.

Dixon Acosta Medellín

En Twitter en ocasiones inicio el nuevo año como @dixonmedellin

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