Don Ramón, psicología laboral

Publicado el ramon_chaux

5 Fantasmas en el trabajo

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Fantasma primero

La terrible realidad, ¡Todo es plano!: Hacer las mismas tareas siempre, la falta de retos. La repetición sin cesar de procedimientos o técnicas. Las solicitudes iguales todos los meses. Sentir estancamiento. Todos ellos síntomas de que deseamos un cambio. El informe mensual, la reunión de los jueves en la tarde, el comité ampliado de los lunes. La rutina mata el deseo, las ganas de trabajar. No se siente que se produce algo benéfico durante la jornada y se cumple el horario como autómata. En estas situaciones el empleado está asfixiando su alma y la empresa está perdiendo la plata.

Fantasma segundo

Los conflictos internos: El trabajo es un hervidero de egos. Para dar una idea gráfica, los egos en el trabajo se entrelazan e interactúan como si tuviéramos un grupo de lombrices en una bolsa. Solamente algunos socialmente hábiles sabrán sortear con éxito ese reto de enfrentar nuestro ser y humanidad al escrutinio y la evaluación constante al juego de poder y de estatus que de manera natural, e incluso saludable, se genera en casi toda relación humana, pero más en el trabajo. Si no se resuelve adecuadamente nuestro rol, nuestra identidad y nuestra jerarquía dentro del trabajo, habrá necesariamente aislamiento, problemas y desmotivación. Lo peor de este fantasma es que al ser grupal, es frecuente que quien los observa oculte su existencia, pero la negación no hace más que aumentar el poder improductivo de esta aparición.

Fantasma tercero

Las jornadas: Si necesita llevar a su hijo al colegio o recogerlo a la salida y no puede hacerlo, es una causa para odiar un trabajo. Cuando los horarios son extendidos, ocupan la noche y no pocos fines de semana dejando poco espacio para las relaciones familiares, el desarrollo de las actividades extra laborales, deportes o expresiones religiosas. Cuando el trabajo impide estas prácticas, humanas y necesarias, es posible que genere infelicidad, improductividad y alta rotación. Es absolutamente indispensable el sano balance vida-trabajo para alejar la displicencia, el desgano y el deseo de cambiar de trabajo.

Fantasma cuarto

La infravaloración: De las más terribles realidades que pueden suceder a un ser humano. Sentir que puede hacer más de lo que se le pide. Pensar en lo más íntimo de su ser que puede realizar tareas más complejas o incluso mejor que algunos colegas o superiores. Esto deja inservible la motivación, apaga el ánimo y hace odiar profundamente el salario, pues el mismo refuerza la subvaloración, sin importar su cuantía. Existen casos, no pocos, en donde un empleado se baja de salario únicamente para ir a un puesto donde tiene mayor responsabilidad y puede usar plenamente sus conocimientos, competencias y facultades. Estar supeditado a las órdenes de un superior sin poder ejercer sus propias habilidades en muchos casos se convierte en el acto de fecundación de un trabajador independiente.

Fantasma quinto

El estrés: Existen trabajos en donde cada acción que se requiere es un reto en sí mismo: la bodega está llena pero debe igual debe almacenarse el producto. Las ayudas diagnósticas no dicen nada pero el paciente está muriendo. No hay recurso disponible pero deben capacitarse en un mes todos los dos mil colaboradores. Esas tareas imposibles que requieren arduos intentos, pocos recursos y escasísimo tiempo y además, fatalmente, cuyos resultados tienen que ser necesariamente buenos o de los contrario algo siniestro sucede; esas tareas, cuando son a diario y frecuentes, dejan temblor en las piernas, una presión en el pecho y generan insomnio y miedo. Estos trabajadores aguantarán como gladiadores romanos, pero un día cualquiera por su propia voluntad huirán de tales situaciones. Si no lo hacen por ellos mismos(as) generalmente es el cuerpo el que se encarga de avisarle, algunas veces como advertencia y en otras circunstancias desafortunadas de manera definitiva.

Los antídotos para estos fantasmas son sencillos y simples.

Antídoto para fantasma uno

Para la realidad plana y la monotonía hace falta involucrarse en proyectos, en cambios y en mejoras. Jamás, nunca en la vida habrá procesos totalmente perfectos. Rotar responsabilidades, empoderar y permitir el crecimiento. Mucha de la solución debe proponerla el empleador, pero en caso contrario puede asumirla el propio empleado. Si la situación aqueja sin solución visible, aplique el mismo remedio usado para el fantasma cuarto.

Antídoto para fantasma segundo

Para los conflictos internos no hay nada más saludable que fomentar las interacciones por fuera del juego laboral. Reuniones informales así como también las guiadas. En equipos de alto desempeño y grupos de alta responsabilidad sobre objetivos de valor crítico, la organización debería promover espacios con un líder o coach de grupo que ayude en la resolución saludable de los conflictos. Los conflictos, evidentes u ocultos, cuando suceden a este nivel suelen tener un impacto organizacional demasiado alto (y desafortunadamente sin que nadie, o casi nadie lo note).

Antídoto para fantasma tercero

Para las jornadas el único remedio conocido es acoger el horario justo y hacer cumplir la hora de entrada y de salida. No se requiere absolutamente nada más. Otra cosa son los momentos o situaciones inesperadamente importantes que exigen presencia fuera de la jornada. Lo malo es que el desorden en los horarios parece ir en los genes, entonces las emergencias para ciertos lideres suceden cada noche de por medio y casi todos los sábados.

Antídoto para fantasma cuarto

Para la infravaloración conviene primero asegurarse que esto es real y cierto y no una condición psicológica basada en una exageración de nuestra propias capacidades. Una vez nos aseguremos que no se trata de una visión demasiada optimista de nosotros mismos, si descubrimos la infravaloración y no tiene remedio, la única salida posible está en la puerta de salida del trabajo y jamás volver, previa entrega de la carta de renuncia.

Antídoto para fantasma quinto

Para el estrés existen varios remedios. Hay trabajos estresantes y también existen personas que se estresan esperando que se cueza una papa. Si es el trabajo el que genera el estrés aplique el mismo remedio que el usado para la infravaloración. Si no es el trabajo sino usted quien tiene por estilo estresarse sin motivo le quedan como opciones la psicoterapia o las benzodiacepinas. Si no le sirven estas últimas opciones está condenado(a) a aprender por sí mismo(a) cómo ganar dinero sin pagar un precio en salud.

Consideración ultima

Por último, un consejo: No me tome tan a pecho, que el ser humano es demasiado voluble y efímero en sus sentimientos. Unos días estará feliz en su trabajo y en otros sentirá que labora en la casa del diablo. No es que usted sea bipolar. Es que parecemos hechos para que unos días aparezcan lindos, otros apenas pasen y los restantes parezcan días de duelo.

En otras palabras en unas épocas los fantasmas mencionados cobrarán vida suprema. En otros son apenas niños disfrazados. De usted depende si les reconoce y toma medidas al respecto.

Lo bueno de la vida laboral es que casi siempre, todos los remedios, estarán en sus propias manos.

Más reflexiones y recursos AQUÍ.

Ramon Chaux Puentes

ramonchaux@gmail.com

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