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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Simón Bolívar | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Bolívar y su nacionalidad colombiana.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/bolivar-y-su-nacionalidad-colombiana/</link>
        <description><![CDATA[<p>Existe una controversia no declarada, una duda sustancial sobre un tema que no debería suscitarla, la nacionalidad colombiana de Simón Bolívar, primer presidente de la República de Colombia. En el pasado, algunos compatriotas han dudado sobre la nacionalidad colombiana del Libertador e incluso la Corte Suprema ha debido intervenir. Da la impresión que sería necesario que se resolviera de fondo y evitar la controversia en el futuro. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p><strong>Nota preliminar:&nbsp;</strong>El siguiente artículo fue publicado en diciembre de 2022 en la Revista “Bitácora de San Carlos” del Ministerio de Relaciones Exteriores con mi nombre de pila (Dixon Moya). El contenido expresa la opinión del autor y no compromete la posición oficial de la Cancillería colombiana.</p>



<p><strong>Resumen:&nbsp;</strong>Existe una controversia no declarada, una duda sustancial sobre un tema que no debería suscitarla, la nacionalidad colombiana de Simón Bolívar, primer presidente de la República de Colombia. En el pasado, algunos compatriotas han dudado sobre la nacionalidad colombiana del Libertador e incluso la Corte Suprema ha debido intervenir. Da la impresión que sería necesario que se resolviera de fondo y evitar la controversia en el futuro.&nbsp;</p>



<p><strong>Palabras clave:&nbsp;</strong>Simón Bolívar, nacionalidad colombiana.</p>



<p><strong>Introducción:</strong></p>



<p class="has-text-align-right">“Y quiero ser ciudadano para ser libre y para que todos lo sean. Prefiero el título de ciudadano al de Libertador, porque éste emana de la guerra y aquél emana de las leyes. Cambiadme todos mis dictados por el de buen ciudadano.”</p>



<p class="has-text-align-right">Bolívar.</p>



<p class="has-text-align-right">Cúcuta, 1821.</p>



<p>El gran periodista y escritor Daniel Samper Pizano, a propósito de la posesión del presidente Gustavo Petro, escribió una columna en la que rememoraba la relación de los mandatarios de origen costeño en nuestro país, tanto de la región Caribe como Pacífica, la cual es más bien escasa. Noté una ausencia fundamental y le escribí a Don Daniel, como le suelo llamar, recordándole que en la lista faltaba el primer presidente de Colombia, Simón Bolívar, quien nació en Caracas, la capital venezolana, a escasos kilómetros del mar Caribe.</p>



<p>El reconocido cronista me respondió amablemente, como es su costumbre, para decirme que no había sido olvido, que sí había pensado en Bolívar, pero que luego de consultar a varios historiadores, no estaba definida la nacionalidad colombiana del Libertador. Al parecer unos especialistas opinan que sí era colombiano y otros que no, lo cual me parece un contrasentido en toda regla, una nueva afrenta a la memoria de quien no sólo nos dio la libertad, sino la identidad misma, o acaso se nos olvida, ¿a quién se le ocurrió que el país se llamara Colombia y sus habitantes, colombianos? El mismo mandatario que en sus proclamas se dirigía a los colombianos como sus conciudadanos. Es necesario recurrir a la historia, para no caer en la histeria.</p>



<p><strong>Desarrollo</strong>:</p>



<p>El origen de Colombia es reivindicatorio, pues en la mente de muchos americanos quedó la idea de hacer un acto de justicia para nombrar al llamado Nuevo Mundo o parte de él, con una referencia directa a Cristóbal Colón, lo que se había frustrado cuando unos alemanes decidieron que el continente descubierto se llamara América y no Colombia. Ese espíritu reivindicativo se dio tanto en la parte anglosajona como en la hispanoamericana. Son numerosos los lugares de América del Norte con el nombre Columbia, que suele generar confusión con la denominación de nuestro país.</p>



<p>Fray Bartolomé de las Casas en su obra “Historia de Indias” había propuesto el nombre de Columba, para designar los territorios descubiertos por Colón. Pero sería el precursor de la independencia latinoamericana, Francisco de Miranda quien comenzó a utilizar el nombre Colombia, para referirse a la América Española y pensando en una gran nación que pudiera aglomerar a las colonias españolas.</p>



<p>Miranda también diseñó la bandera colombiana, y aparte de mitos y leyendas románticas (se decía que era para recordar la rubia melena, los ojos azules y labios rojos de su amante, Catalina la Grande o que esta le había dado una bandera rusa, cuyo color blanco se había vuelto amarillento por los viajes), la verdad es que Miranda tomó los colores del escudo de armas de Cristóbal Colón, oro, azul y rojo, homenaje adicional al navegante genovés.&nbsp;</p>



<p>Simón Bolívar, retomó la iniciativa de Miranda, dejándolo escrito en un célebre texto, escrito en su exilio jamaicano en 1815, la llamada&nbsp;<em>Carta de Jamaica</em>&nbsp;(titulada originalmente&nbsp;<em>Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta isla</em>), la cual originalmente escrita en inglés, con anotaciones en francés, conforme el manuscrito que se conserva en el Archivo General de la Nación, un verdadero tesoro documental.</p>



<p>“<em>La Nueva Granada se unirá con Venezuela…Su acceso es fácil y su situación tan fuerte que puede hacerse inexpugnable. Posee un clima puro y saludable, un territorio tan propio para la agricultura como para la cría de ganado, y una grande abundancia de maderas de construcción…Esta nación se llamaría Colombia como un tributo de justicia y gratitud al creador de nuestro hemisferio</em>.”</p>



<p>Ahora bien, siguiendo el mismo argumento, de quienes niegan la nacionalidad colombiana a Bolívar, habría que decir que originalmente su nacionalidad era española, pues Venezuela, no era una entidad jurídicamente independiente para la fecha de su nacimiento, pero como Bolívar luchó contra la dominación española, difícilmente se podría sostener que él lo fuera, al final, quizás algunos quieren verlo como un apátrida, herederos de aquellos que lo humillaron en vida. Bolívar debe ser considerado tan colombiano como venezolano, así como boliviano o mexicano, países que en vida del Libertador, le otorgaron la ciudadanía a título honorífico.</p>



<p>Es interesante conocer que Bolívar recibió de manera honorífica, la nacionalidad mexicana en 1824, cuando el Congreso Constituyente de México, siguió la propuesta del diputado Servando Teresa de Mier, quien deseaba homenajear al más importante libertador de América, en un momento en que la República reemplazaba al Imperio mexicano, sin olvidar que eran países fronterizos, pues Costa Rica hacía parte de México, así como Panamá lo era de Colombia.</p>



<p>Ante la duda planteada, he realizado una somera investigación a distancia, que ojalá sea acicate para historiadores profesionales o interesados en el tema que puedan llegar a una definición sobre la duda. En el transcurso de esta búsqueda, encontré lo que podría ser un documento definitivo, la demanda que buscaba la inexequibilidad de la Ley 31 de 1979, la cual consagraba diferentes actos para conmemorar el bicentenario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar y el sesquicentenario de su muerte. La demanda de un ciudadano se sustentaba en un argumento, que Bolívar no ostentó la nacionalidad colombiana.</p>



<p>La citada ley del 17 de mayo de 1979, reconocía a Simón Bolívar como Padre de la Patria y consagraba una serie de actividades destinadas al homenaje del Libertador, dentro de las cuales estaba la construcción de un parque popular en la zona del Salitre, destinado a honrar la memoria de Bolívar.</p>



<p>Ahora bien, la mencionada demanda, se fundamentaba en la siguiente afirmación textual:&nbsp;</p>



<p>&#8220;Las leyes de honores se restringen a conmemorar los grandes servicios prestados a la Patria por ciudadanos colombianos y quizá como contradicción histórico-político-jurídica el Libertador y Padre de la Patria Simón Bolívar no fue ciudadano, para lo cual a la luz de la Constitución se requiere ser colombiano y mayor de edad. Sucede que nuestro Libertador fue venezolano y pudiendo talvez por adopción acogerse a nuestra nacionalidad nunca lo hizo ni norma positiva de la República le pudo conceder tal carácter, ni pudo tener dos nacionalidades.</p>



<p>&#8220;Esta infracción cobija todo el articulado de la ley acusada&#8221;.</p>



<p>La Corte Suprema, en buena hora desatendió la demanda, de la siguiente forma:&nbsp;</p>



<p>“Para la Corte Suprema de Justicia, categórica afirmación que hace desde el inicio de este fallo, Simón Bolívar no solamente fue ciudadano colombiano sino el creador de Colombia. No fue un apátrida, persona carente de nacionalidad, sino un eupátrida, genitor y engendrador de naciones. Su derecho de ciudadanía está inscrito en el agradecido corazón de veinticinco millones de colombianos.</p>



<p>Hay evidencias en el orden jurídico, político y social de tal magnitud como las existentes en el mundo de la naturaleza: el esplendor del sol, la majestad del mar, la imponencia de las cordilleras. Tratar de negar la colombianidad de Bolívar equivaldría a afirmar que Napoleón no fue francés sino corso.”</p>



<p>Luego la Corte hace un repaso histórico, en el cual registra cómo en la ciudad de Angostura, se expidió el 17 de diciembre de 1819 la Ley Fundamental de la República de Colombia, cuando Venezuela y la Nueva Granada, quedaron reunidas en una sola entidad, bajo el título glorioso de República de Colombia, lo cual fue refrendado en la Constitución de Cúcuta de 1821, en cuya clausura, Simón Bolívar pronunció la célebre frase con la cual encabezamos el presente texto.</p>



<p>La Corte recuerda algo fundamental, que la Constitución de 1830, vigente cuando falleció Bolívar, disponía que eran colombianos por nacimiento “todos los hombres libres nacidos en el territorio de Colombia” y que el territorio de la República lo comprendían las provincias de las antiguas Nueva Granada y Venezuela. De igual forma, la Corte menciona un Decreto de mayo de 1830, por el cual se honraba al Libertador, cuyos dos primeros artículos rezaban:</p>



<p>&#8220;Artículo 1° El Congreso Constituyente, a nombre de la nación colombiana, presenta al Libertador Simón Bolívar el tributo de gratitud y admiración a que tan justamente lo han hecho acreedor sus relevantes méritos y sus heroicos servicios a la causa de la emancipación americana.</p>



<p>&#8220;Artículo 2° En cualquier lugar de la República que habite el Libertador Simón Bolívar&nbsp;<em>será tratado siempre con el respeto y la consideración debidas al primero y mejor ciudadano de Colombia</em>&#8220;. (Subrayado de la Corte).</p>



<p>Parecería que la Corte ya zanjó cualquier asumo de duda sobre la nacionalidad colombiana de Simón Bolívar, al afirmar: “Es pues, de una deslumbradora evidencia, ante los imperativos de la historia, de la moral universal y de los mismos jurídicos-políticos, que el Libertador Simón Bolívar fue, y murió siéndolo, ciudadano de Colombia y el más eminente de todos.”</p>



<p>No obstante, hay personas que afirman que la República de Colombia que cesó en 1830 y conocida por la posteridad como la Gran Colombia, era una entidad jurídica diferente a la actual Colombia, que ha pasado por diversas constituciones políticas y que las decisiones políticas, sociales y legales que se produjeron en el periodo mientras se mantuvo como país soberano, no pueden ser transferibles a la nueva entidad, es decir, a nuestro país en la actualidad.</p>



<p>Sin embargo, aunque no pareciera necesario refrendar lo evidente, que Bolívar ha sido el primero y mejor ciudadano colombiano, no faltará quien diga que las Constituciones anteriores a la de 1991, no contemplaban el concepto de doble o múltiples nacionalidades para los colombianos. De hecho, se ha considerado que los colombianos que hubieran adoptado nacionalidades diferentes antes de entrar en vigor la actual Constitución, habrían perdido automáticamente la colombiana. En ese orden de ideas, no faltaría, o al menos no sobraría, un acto administrativo que refrende la nacionalidad colombiana del fundador de la Patria.</p>



<p>En la mejor tradición leguleya de Colombia, al parecer falta el acto administrativo que oficialice, algo que a muchos nos parece natural y obvio, la nacionalidad colombiana de quien inventó a Colombia y aunque sea una paradoja, una contradicción en toda regla. Para despejar cualquier duda futura, creo que lo más conveniente es que el presidente de la República que ha delegado al Ministerio de Relaciones Exteriores la facultad de conceder la nacionalidad colombiana a ciudadanos extranjeros, en una ceremonia póstuma le conceda a Bolívar lo evidente, su natural nacionalidad colombiana.</p>



<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p>En lo que sigo llamando Twitter me encuentran como @dixonmedellin y exploro el cielo azul en Bluesky como@dixonacostamed.bsky.social</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="1447" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/26061852/1024px-Bolivar_en_Carabobo.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/26061852/1024px-Bolivar_en_Carabobo.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/26061852/1024px-Bolivar_en_Carabobo-212x300.jpg 212w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/26061852/1024px-Bolivar_en_Carabobo-725x1024.jpg 725w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/26061852/1024px-Bolivar_en_Carabobo-768x1085.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
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        <pubDate>Sun, 26 Jan 2025 11:30:46 +0000</pubDate>
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        <title>Bogotá era una villa con aldeanos y villanos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/bogota-era-una-villa-con-aldeanos-y-villanos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Santafé fue testigo del horror y escenario de combates sangrientos a lo largo del siglo XIX. Fue el precio que pagaron nuestros antepasados para convertirnos en ciudadanos civilizados y con derechos. Hasta las mujeres lucharon a muerte. Un libro cuenta estas hazañas heroicas.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Plaza Mayor de la Nueva Granada. Fuente: Joaquín Piñeros Corpas. Acuarelas de Mark- Colombia 1843-1856 (Bogotá: Banco de la República y Biblioteca Luis Ángel Arango, 1992). Tomada del libro: “Bogotá asediada siglo XIX”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b14ca1b68ff03a5c06eecb656fedae6c"><strong>&#8220;Entre la chicha, el hambre y la precariedad, se fermentaban el fanatismo y el odio irracional que anidaban en los corazones (&#8230;) lo que a lo largo de una centuria entorpeció la formación de la sociedad civil y de su espíritu vital, la civilidad&#8221;: </strong>Del libro &#8220;Bogotá asediada siglo XIX&#8221;.</p>



<p>Esta tierra, mi suelo sin consuelo, estuvo anegada de sangre y lágrimas durante todo el siglo XIX, pero aquellos santafereños fueron gente corajuda que me defendieron y se defendieron de quienes nos atacaron con violencia, aunque también hubo un odio encarnizado entre semejantes, tan dispuestos a matarse entre sí. Para cuando amaneció el siglo XX, ya tenía encima tres guerras civiles, un golpe de Estado y menos de cien mil habitantes.</p>



<p>Con decirles que el general Simón Bolívar fue enemigo antes que amigo; entonces me llamaban Santafé y era la capital del Nuevo Reino de Granada. Este reino se componía de 15 provincias: Tunja, Socorro, Pamplona, Santa Marta, Cartagena, Riohacha, Panamá, Veraguas, Chocó, Antioquia, Popayán, Mariquita, Neiva, Casanare y, por supuesto, Santafé, pero desde finales de 1819 quedé Bogotá a secas.</p>



<p>Era una aldea tan pequeña que mis 260 hectáreas se podían recorrer a pie en apenas media hora; las gentes vivían en condiciones miserables. Había corrupción y donde hay corrupción, ya saben: hay atraso. Para el 20 de julio de 1810 tenía 23.956 habitantes y unos 40 mil a mediados de dicho siglo. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="724" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215933/Z-SMOB-CRPU-1024x724.jpg" alt="" class="wp-image-107818" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215933/Z-SMOB-CRPU-1024x724.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215933/Z-SMOB-CRPU-300x212.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215933/Z-SMOB-CRPU-768x543.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215933/Z-SMOB-CRPU.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Carlos Roberto Pombo, autor de &#8220;Bogotá asediada siglo XIX&#8221; y presidente de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.</em></p>



<p>Al principio de su libro <em>“Bogotá asediada siglo XIX”</em>, Carlos Roberto Pombo Urdaneta me pinta como una villa más bien lúgubre, triste, <em>“cuya vida transcurría lentamente en torno a las iglesias y conventos construidos a lo largo de los doscientos años de Colonia&#8221;. </em>Los desechos humanos y las aguas sucias corrían por callejuelas estrechas, y el agua, proveniente de los ríos San Francisco y San Agustín, se recogía en las fuentes de las pocas plazas que existían. </p>



<p>&#8220;<em>Las pilas eran verdaderos hitos urbanos: ellas no sólo prestaban el servicio de agua, sino que convertían el espacio de la plaza en centro inevitable de reunión diaria. Decenas de aguateras y sirvientes se congregaban alrededor de ellas todos los días, comentaban los últimos sucesos de la villa y los avatares de las familias para las que trabajaban o vendían el agua”.</em></p>



<p>Sin embargo, aquellos aldeanos, hombres y mujeres, se armaron de valor (y de armas en algunos casos) para defenderme y defenderse, aunque no siempre con éxito, de quienes quisieron someternos a la fuerza.</p>



<p>Les decía que Bolívar fue enemigo porque en 1815 se ensañó contra nosotros y hasta las mujeres juntaron machetes y cuchillos para responder. Cuenta el doctor Pombo Urdaneta que Bolívar <em>“entró por el sur y ocupó el barrio Santa Bárbara tras un feroz ataque, casa por casa (…) dejando a los defensores sin agua ni alimentos”. </em>Con autorización suya, las tropas me saquearon durante dos días, en los que hubo más asesinatos y violación de mujeres. &nbsp;</p>



<p>Pero luego, el 10 de agosto de 1819, el mismo Bolívar hizo historia: entró triunfal tras derrotar con Santander al ejército español en las batallas de Boyacá.</p>



<p>—“<em>Llorando de alegría, las mujeres se echaban a sus pies”.</em></p>



<p>En el costado sur de la Plaza Mayor (hoy mi Plaza de Bolívar) fusilaron a treinta y ocho españoles.</p>



<p><em>“… el suplicio fue cruel pues a los condenados se les llevó al banquillo en grupos de a cuatro, de manera que los últimos tuvieron que ver nueve veces la escena de la partida, antes de partir ellos mismos”.</em></p>



<p>Antes de Bolívar, un valiente Antonio Nariño con el ejército de dos mil hombres me defendió del ataque del general Antonio Baraya, que traía una tropa superior en mil quinientos hombres. Nariño se salió con la suya en 1813: <em>“colocó los cañones de frente a las bocacalles y cuatro grupos de 300 voluntarios, cada uno sobre las cuatro entradas que daban acceso a San Victorino”.</em></p>



<p>Cuando visiten la iglesia de San Agustín, agradezcan al Jesús Nazareno, que investido del uniforme e insignias “<em>fue nombrado generalísimo de las tropas defensoras”,</em></p>



<p>Festejamos aquel triunfo con piquete y bailes en la Plaza Mayor, en tanto que los heridos de ambos bandos recibieron atenciones en el hospital San Juan de Dios.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Por cuenta de las pasiones políticas me bañaron en sangre, lágrimas y desconsuelo.  </h2>



<p>Durante la Reconquista, el español Pablo Morillo impuso su <em>Régimen del Terror</em>: instaló de nuevo el <em>Tribunal de la Inquisición </em>y trasladó a estas tierras la<em> Real Audiencia de Cartagena.</em> Al cadalso fueron llevados para su fusilamiento personajes ilustres como Policarpa Salavarrieta, Jorge Tadeo Lozano, Francisco José de Caldas, Antonio Baraya, Camilo Torres y José María Carbonell, entre otros.</p>



<p><em>“Para hacer más pavorosos estos suplicios, se exhibieron durante nueve días las cabezas de Camilo Torres y Manuel Rodríguez Torices en la alameda La Vieja, donde las descarnaron los gallinazos a la vista de todos”.</em></p>



<p>¡Qué valiente fue la Pola! &nbsp;En mis entrañas quedó grabado su gritó de sabiduría: <em>“¡Miserable pueblo! Yo os compadezco: algún día tendréis más dignidad”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="700" height="695" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220146/Z-SMOB-SANTOS-MOLANO.jpg" alt="" class="wp-image-107819" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220146/Z-SMOB-SANTOS-MOLANO.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220146/Z-SMOB-SANTOS-MOLANO-300x298.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220146/Z-SMOB-SANTOS-MOLANO-150x150.jpg 150w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Enrique Santos Molano, historiador. </em></p>



<p>Si bien mi tranquilidad se vio constantemente amenazada (ya fuera por las desavenencias entre criollos e ibéricos, centralistas y federalistas, militaristas y civilistas, <em>gólgotas </em>y <em>draconianos</em>, mochuelos y alcanfores, liberales y conservadores), también conocí el alma fraterna de quienes me habitaron en aquellos tiempos. El sabio francés Louis Pasteur me llamó <em>“la Atenas Neogranadina”</em>, contado así por el historiador Enrique Santos Molano en el prólogo del libro que les cuento.</p>



<p>Las artes y las tertulias literarias florecieron de la mano de poetas, ensayistas, novelistas, filósofos, cuentistas, dramaturgos, artistas, filólogos y gramáticos.</p>



<p>Se preguntarán cómo pasé de ser una aldea de humildes santafereños a la urbe moderna del siglo XXI donde conviven, y a veces malviven, diez millones de bogotanos y no bogotanos.  </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="705" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220232/Z-SMOB-GONZALO-MALLARINO-1024x705.jpg" alt="" class="wp-image-107820" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220232/Z-SMOB-GONZALO-MALLARINO-1024x705.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220232/Z-SMOB-GONZALO-MALLARINO-300x206.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220232/Z-SMOB-GONZALO-MALLARINO-768x529.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220232/Z-SMOB-GONZALO-MALLARINO.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Gonzalo Mallarino, escritor. </em></p>



<p>En el epílogo, el escritor Gonzalo Mallarino se aventó con una respuesta: <em>“La han lastimado todas las formas posibles de violencia y desesperanza. Pero resiste y continúa empecinada en que todos quepan (…) Bogotá no renuncia a la búsqueda de su espíritu de metrópolis moderna. Su espíritu civil, su civilidad”.</em></p>



<p>Hasta aquí les resumí una parte del cuento. La historia completa está relatada en 202 páginas con lujo detalles, croquis e imágenes, donde me verán cómo fui antes. La Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá ha publicado esta obra para quienes desconocen mi pasado, que es la historia de santafereños y bogotanos, y cómo entre todos han forjado la ciudad civilizada que soy y lo que falta para que entre ustedes se traten con mayor humanidad. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1015" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO-1024x1015.jpg" alt="" class="wp-image-107817" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO-1024x1015.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO-300x297.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO-768x761.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Clic <a href="https://www.construyendocivilidad.com/Componente%20poblacional/Conflicto%20-%20civilidad/%20Bogot%C3%A1%20asediada%20siglo%20XIX">aquí</a> para descargar la versión digital desde el portal <a href="https://www.construyendocivilidad.com/">www.construyendocivilidad.com</a> </p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em><strong>Fotografías: </strong>Cortesía Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá. </em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=107814</guid>
        <pubDate>Mon, 11 Nov 2024 14:25:51 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Bogotá era una villa con aldeanos y villanos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Colombia en el Cómic (XV). La Independencia.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/colombia-comic-xv-la-independencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Nota preliminar: Prosiguen sin descanso las referencias de Colombia en el cómic internacional, luego del episodio especial sobre Quino y Colombia que puede leerse aquí: https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/colombia-comic-quino-colombia &#8230;Hoy corresponde ver el tema del proceso de independencia. Gracias a un amable corresponsal en Twitter, Bernardo Mora Cadavid, me enteré de esta publicación dedicada a Policarpa Salavarrieta, conocida familiarmente [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78991" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/la-pola-aventuras-de-la-vida-real-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></p>
<p><strong>Nota preliminar</strong>: Prosiguen sin descanso las referencias de Colombia en el cómic internacional, luego del episodio especial sobre Quino y Colombia que puede leerse aquí: <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/colombia-comic-quino-colombia">https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/colombia-comic-quino-colombia</a></p>
<p>&#8230;Hoy corresponde ver el tema del proceso de independencia.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78992" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/La-Pola-202x300.jpeg" alt="" width="202" height="300" /></p>
<p>Gracias a un amable corresponsal en Twitter, Bernardo Mora Cadavid, me enteré de esta publicación dedicada a Policarpa Salavarrieta, conocida familiarmente como <em>la Pola</em>, quien ha sido destacada en varias obras gráficas, como en esta “Mujeres Célebres. “La Pola”. Mártir de América de la Editorial mexicana Novaro, con adaptación literaria de María M. De Valdés y realización artística de Carlos Neve. Apareció también con el título genérico “Aventuras de la vida real. La Pola” (1959).<span id="more-78914"></span></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78993" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/Greater-Colombia-Bolivar-213x300.jpg" alt="" width="213" height="300" /></p>
<p>El protagonista indiscutible del proceso independentista, quien aparece en diversas historietas es el Libertador Simón Bolívar, creador de la Gran Colombia, aunque realmente el nombre oficial era República de Colombia, con tres departamentos principales Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, siendo la capital Bogotá. En la imagen se aprecia la versión de J. Carroll Mansfield en una sección llamada High Lights of History del cómic Famous Funnies No. 68 de marzo de 1940, que publicaba diversas viñetas.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78994" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/Bolívar-Tin-Tin-212x300.jpg" alt="" width="212" height="300" /></p>
<p>La empresa libertadora que organizó Bolívar con el ejército colombiano y la creación de la República de Colombia, que posteriormente ha sido llamada la Gran Colombia, ha sido sin duda un buen motivo para los ilustradores y artistas gráficos, como esta publicación en francés.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78995" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/SIMÓN-BOLIVAR-horaco-del-castillo-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></p>
<p>La vida de Bolívar ha sido reflejada en un buen número de obras gráficas extranjeras, algunas con rigurosidad histórica, otras no tanto. Una de las más destacables la de Horacio del Castillo, relevante ilustrador chileno-argentino, aquí en versión italiana.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78996" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/El-pantano-de-vargas-Novaro-218x300.jpg" alt="" width="218" height="300" /></p>
<p>Una de las más célebres batallas de la independencia de la Nueva Granada, hoy Colombia, fue la del Pantano de Vargas, llevada al cómic en la serie “Aventuras de la Vida Real”, de la Editorial mexicana Novaro en 1959.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78997" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/pantano-de-vargas-209x300.jpg" alt="" width="209" height="300" /></p>
<p>La batalla que estuvo a punto de perderse, fue un gran triunfo para el ejército libertador, gracias a un golpe de genialidad y sorpresa, cuando un pequeño grupo de lanceros a caballo, logró desarticular las fuerzas españolas.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78998" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/AHP-Simón-Bolívar-Libertador-A-H-Palacios-228x300.jpg" alt="" width="228" height="300" /></p>
<p>Una de las obras más interesantes, es la novela gráfica de A. H. Palacios y J. P. Goumelen, editada por Ponent Mon, titulada precisamente “Simón Bolívar. El Libertador”, que hace un recorrido por la vida del militar y estadista.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78999" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/AHP-Simon-Bolivar-Boyacá-222x300.jpg" alt="" width="222" height="300" /></p>
<p>Uno de los episodios militares más definitivos, fue sin duda, la victoria alcanzada sobre las fuerzas realistas en la Batalla de Boyacá, que selló la independencia de Colombia.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-79618" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/10/Alfred-Georges-Langlais-Bolívar-217x300.jpg" alt="" width="217" height="300" /></p>
<p>Un verdadero descubrimiento, es que la viñeta de arriba es autoría del artista francés Alfred Georges Langlais, cuyo seudónimo era Gal, quien vivió y murió en Bogotá en 1995, pues su madre era colombiana, la señora Isabel Rodríguez. Gal nació en Marruecos y era hijo de un diplomático francés, Eugène Langlais. El diseñador Gal comenzó su carrera artística en Francia en los años cuarenta y fue muy destacado en diversas publicaciones. Luego de una exitosa carrera como ilustrador durante más de 20 años, se dedica a la pintura y en 1967 se instala en Bogotá, en donde al parecer se dedica a la docencia en la Universidad Nacional en su facultad de arte.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-79000" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/Tintin-Olivero-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></p>
<p>Regresando a Bolívar, incluso algunos célebres dibujantes como Hergé, lo han mencionado indirectamente. En la aventura de Tintín y los Pícaros, hay una viñeta que destaca el monumento al General Olivaro, Libertador de San Teodoro, inspirado claramente en la figura de Bolívar. Ahora bien, aunque aquí lo compararan con otro ficticio al que descabezan, Bolívar fue un personaje que en la vida real o en el cómic, resulta incomparable.</p>
<p>Esta historia continuará…</p>
<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>
<p>En Twitter leo historietas como <a href="https://twitter.com/dixonmedellin">@dixonmedellin</a></p>

<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="690" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2020/10/02051234/La-Pola.jpeg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2020/10/02051234/La-Pola.jpeg 690w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2020/10/02051234/La-Pola-202x300.jpeg 202w" sizes="auto, (max-width: 690px) 100vw, 690px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=78914</guid>
        <pubDate>Thu, 08 Oct 2020 09:46:16 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2020/10/02051234/La-Pola.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Colombia en el Cómic (XV). La Independencia.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Las Manuelas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-magazin/las-manuelas/</link>
        <description><![CDATA[<p>   Pilar Posada * Me ha estado dando vueltas en la cabeza Manuelita Sáenz. Mis ganas de saber sobre ella me han llevado a leer y releer. He encontrado textos serios, livianos, pesados, chismosos, divertidos, aburridos, superficiales, dulzones, injuriosos, elogiosos, piadosos, honrosos, machistas, feministas. He vuelto a saborear El General en su laberinto, de García [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_572" aria-describedby="caption-attachment-572" style="width: 560px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="recurso_post size-full wp-image-572 " src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2010/08/Manuelita-Sáenz-Foto-Daniel-Gómez.jpg" alt="Manuelita Sáenz y Simón Bolívar. Foto: Daniel Gómez - El Espectador" width="560" height="373" /><figcaption id="caption-attachment-572" class="wp-caption-text">Manuelita Sáenz y Simón Bolívar. Obra del artista Jorge Alberto Casas. Foto: Daniel Gómez - El Espectador</figcaption></figure></p>
<p><strong> </strong> </p>
<p style="text-align: left"><strong>Pilar Posada *</strong></p>
<p style="text-align: left">Me ha estado dando vueltas en la cabeza Manuelita Sáenz. Mis ganas de saber sobre ella me han llevado a leer y releer. He encontrado textos serios, livianos, pesados, chismosos, divertidos, aburridos, superficiales, dulzones, injuriosos, elogiosos, piadosos, honrosos, machistas, feministas. He vuelto a saborear <em>El General en su laberinto</em>, de García Márquez. Me topé con la picante crónica de Boussingault, que me hizo pensar que a este científico francés Manuelita le gustaba, y mucho. A lo largo de su escrito se entrelazan la fascinación que le producía, los prejuicios y la censura. Con picardía, fastidiado y encantado a la vez, describe a Manuelita: “Bella, ligeramente rolliza, de ojos pardos, mirada indecisa, tez blanca y sonrosada y cabellos negros. Su manera de ser era bien incomprensible; tan pronto lucía como una gran señora o como una ñapanga cualquiera; bailaba con igual perfección el minuet o la cachuca” (Jean Baptiste Boussignault, <em>Simón Bolívar y Manuelita Sáenz).</em></p>
<p><span id="more-6773"></span><em> </em>Después de haber comenzado varios textos acartonados y ajenos, buscando una voz para hablar de ella, desistí de encontrar -y menos de nombrar-a la verdadera Manuela. ¡Si es difícil encontrarse a una misma, cuán difícil no será dar con algo en esta mujer, a la vez mitificada y degradada, y de la que tantas cosas se han dicho!</p>
<p>Hoy me desperté pensando: ¡qué carajos, escribe lo que quieras; mejor dicho, lo que puedas! A Manuelita la ha inventado cada uno de los que sobre ella ha escrito, como nos inventamos -todos a todos- cuando hablamos de otro. Al fin y al cabo hablar de alguien también es inventarlo, así lo tengamos al frente, o en la casa de al lado.</p>
<p><strong><em>La quiteña</em></strong></p>
<p>Son los últimos años del siglo XVIII. Quito tiene 60.000 habitantes y le llegan ecos de la revolución francesa. Viajeros notables como Mutis, La Condamine y Humboldt dejan su marca en la juventud quiteña, ya harta de un sistema de privilegios que excluye a los criollos. Los jesuitas, expulsados por la Corona española, azuzan desde el exilio y agitan las conciencias; la masonería prepara la estrategia continental que tiene como meta la independencia de América.</p>
<p>Manuela Sáenz es hija natural del español Simón Sáenz de Vergara y de Joaquina Aizpuru, una soltera criolla de familia acomodada. Don Simón era casado con la payanesa Juana María Campo Larrahondo. En Catahuango, la hacienda cerca a Quito -¿de su madre?, ¿de su padre?-, Manuela pasa temporadas, aprende a montar a caballo -a horcajadas- y se vuelve una excelente jinete, lo que sin duda le servirá después en sus andanzas con Bolívar.</p>
<p>?Puede ser que su condición de bastarda en la sociedad quiteña de principios del siglo XIX –nace en 1797– haya hecho a Manuela, de entrada, rebelde y transgresora. Se dice que de dieciséis años se escapó del convento de Santa Catalina para irse con un joven oficial, Fausto Delhuyart, hijo de un químico que vino como ingeniero a América y descubrió el tungsteno.</p>
<p><strong><em>La casada</em></strong></p>
<p>Don Simón Sáenz, para esconder la deshonra de esta aventura, concierta el matrimonio de Manuela con James Thorne, médico inglés, que era mucho mayor que ella. Después de un tiempo de vida común en Quito el matrimonio se instala en Lima. A juzgar por lo que Manuela misma escribe en una carta, se aburría con su marido. “En la patria celestial pasaremos una vida angélica, que allá todo será a la inglesa, porque la vida monótona está reservada a su nación, en amor se entiende; pues en lo demás, ¿quiénes más hábiles para el comercio? El amor les acomoda sin entusiasmo; la conversación, sin gracia; la chanza, sin risa; el saludar, con reverencia; el caminar, despacio; el sentarse, con cuidado. Todas estas son formalidades divinas; pero a mí, miserable mortal, que me río de mí misma, de usted y de todas las seriedades inglesas, no me cuadra vivir sobre la tierra condenada a Inglaterra perpetua”. (José María Córdovez Moure, <em>Reminiscencias de Santa Fe y Bogotá)</em></p>
<p><strong><em>La que se hizo distinguir</em></strong></p>
<p>Me encanta la historia, falsa o verdadera, del modo cómo Manuelita se hace ver de Bolívar. El 16 de junio de 1822, unos días después de la batalla de Pichincha, el ejército patriota hace su entrada triunfal en Quito. Manuela miraba el desfile desde un balcón. Al paso de Bolívar, le tira un ramo de flores, que cae justo en el pecho del Libertador. Él detiene su caballo, mira para arriba, busca la persona que le tiró las flores, la ve y sonríe. Por la noche los presentan oficialmente en el baile de honor que ofreció Juan Larrea en su casa.</p>
<p>La imagino atenta en el balcón, esperando el paso del caballo, calculando el momento justo en que debe lanzar la corona para dar en el blanco. ¡Qué coqueta! Se sabía atractiva e inteligente y debe haber tenido un impulso irrefrenable de hacerse notar, de impresionarlo. Y así fue; es el comienzo. Ella tiene 24 años; él 39.</p>
<p>Pamela Murray concluye, después de leer las pocas cartas que sobreviven de la correspondencia entre Bolívar y Manuela, que entre ellos “empezó una relación romántica y sexual que duró un tiempo, (…) Bolívar intentó alejarse cuando se fue al sur del Perú”. Para Murray fue Manuela “quien decidió mantener la relación y seguirlo e insistir un poco, y un poco más, para que él la integrara a su círculo íntimo. Después de analizar las cartas en detalle, queda la impresión de que ella tuvo que esforzarse para seducirlo, porque él de otra manera fácilmente la hubiera dejado”. (Angélica Gallón Salazar, <em>Los otros colores de Manuelita Sáenz,</em> El Espectador, mayo 6 de 2010).</p>
<p>La relación duró ocho años, desde 1822 hasta que Bolívar murió en el 30. No pasaron juntos muchas, ni muy largas, temporadas. La mayor parte de ese tiempo él estuvo viajando, guerreando, resolviendo problemas aquí y allá.</p>
<p><strong><em>La de las cartas</em></strong></p>
<p style="text-align: left">Es bello el tono -franco y directo- de un fragmento de una carta de 1825 donde Manuela le dice a Bolívar: “Señor: Estoy muy boba y enferma. Cuán cierto es que las grandes ausencias matan el ?amor; y aumentan las grandes pasiones. Ud. me tendría muy poco amor, la grande separación lo acabó; pero yo que por Ud. tuve pasión, que ésta la he conservado por conservar mi reposo y mi dicha, que ella existe y existirá mientras viva”. (Eugenia Viteri, <em>Manuela Sáenz</em>)</p>
<p>Hay otro fragmento que me gusta, por franco y duro, de una carta de Manuela a su esposo en 1829. Thorne le había pedido que volviera con él, y ella le responde: “¿Y usted cree que yo, después de ser la predilecta de Bolívar, y con la seguridad de poseer su corazón, preferiría ser la mujer de otro? Ni del Padre, ni del Hijo, ni del Espíritu Santo, o sea de la Santísima Trinidad”. (Eugenia Viteri, <em>Manuela Sáenz</em>). También tiene algo de gracia, enredada en esa verdad –dolorosa-, que debe haber lastimado mucho al esposo.</p>
<p><strong><em>La casquivana</em></strong></p>
<p>Ligera, seductora, alocada, infiel hacia Bolívar, libre sexualmente, así la pinta Jean Baptiste Boussingault en sus memorias. La conoce en Bogotá en 1826. “¡La buena Manuelita era una de las mujeres livianas más curiosa! (&#8230;) Tenía mucha vida, era muy alegre, nada intelectual, y usaba algunas veces expresiones medianamente arriesgadas (…) En Lima había sido de una inconsecuencia increíble; se convirtió en una Mesalina y los edecanes me contaron cosas que el único que ignoraba era el general Bolívar. Una noche hacia las once ella iba a palacio donde él la esperaba con impaciencia. Se le ocurrió pasar por el cuerpo de guardia en donde se encontraba un piquete de soldados a las órdenes de un joven teniente; la loca comenzó a divertirse con los soldados, incluyendo el tambor”. (Jean Baptiste Boussignault, <em>Simón Bolívar y Manuelita Sáenz)</em></p>
<p>Cuenta también que yendo Manuelita desde Guayaquil a Quito, “con una escolta de cuatro granaderos que ella misma escogió entre los más guapos del escuadrón; marcharon en jornadas cortas, sin otro sirviente que su mulata y en cinco días llegaron a Quito. Una indiscreción del brigadier hizo que se conocieran los incidentes eróticos del camino”. (Jean Baptiste Boussignault, <em>Simón Bolívar y Manuelita Sáenz). </em>Deja el resto a la imaginación del lector.</p>
<p>En Bogotá, Boussignault afirma haberle conocido a Manuela “sólo” dos enamorados ostensibles: el doctor Cheyme y un joven inglés de apellido Wills. ¡Ningún otro! Para rematar esta imagen de mujer libre y escandalizadora con su conducta sexual, sugiere también una relación homosexual entre Manuela y una de sus criadas. ¿Cuál? ¿Jonatás o Nathan? “…nunca se separaba de una joven esclava, mulata, de pelo lanoso y ensortijado, hermosa mujer siempre vestida de soldado… Ella siempre era la sombra de su ama; tal vez también, pero esta es una suposición, la amante de su ama, de acuerdo con un vicio muy común en el Perú”.</p>
<p><strong><em>La excéntrica</em></strong></p>
<p>“Inconsecuente (…) imprudente en exceso (…) cometía los actos más censurables sólo por el placer de hacerlo (…) llevaba la excentricidad hasta la locura”, dice Boussingault. Una vez, en Guaduas, Manuelita se hizo morder de una serpiente para ver si el veneno era tan fuerte como la gente decía. Se salvó por las bebidas alcohólicas calientes que le hicieron tomar -la emborracharon- y los ?cataplasmas que le pusieron en el brazo, hinchado ya hasta el hombro. Cuenta que otra vez “cabalgando por las calles de Bogotá se le acercó a un soldado que llevaba el santo y seña colocado, como de costumbre, en un papel en el extremo de su fusil; se lanzó al galope sobre el pobre infante y se lo quitó (…) El soldado hizo fuego sobre ella (…); tuvo que regresar y volver a poner el papel”. (Jean Baptiste Boussignault, <em>Simón Bolívar y Manuelita Sáenz)</em></p>
<p>Escribe Rufino José Cuervo: “Constantemente ocupó la atención pública con sus locuras. Se presentaba con frecuencia a caballo vestida de oficial y seguida de dos esclavas negras con uniforme de húsares&#8230; En este traje, ella espada en mano y las negras con lanza, salieron en 1830, la víspera de Corpus, y rompiendo en la plaza mayor por la muchedumbre y atropellando las guardias, fueron a desbaratar los castillos de pólvora en que se decía haber figuras caricaturescas del Libertador”. (Ángel Cuervo, Rufino Cuervo, <em>Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época).</em></p>
<p><strong><em>La independentista</em></strong></p>
<p>Manuela ya luchaba por la Independencia antes de conocer a Bolívar. En Lima se une a grupos que trabajan por conseguir adhesiones y dineros para la causa independista; se hace amiga de la guayaquileña Rosita Campusano y ambas colaboran en calidad de espías. Por esa época recibe del general José de San Martín, junto con otras mujeres peruanas, la orden de “Caballeresa del Sol”, como reconocimiento a su participación en la lucha libertaria, condecoración que le dio entrada a una pequeña elite de aristócratas dentro de los aristócratas limeños.</p>
<p>En 1822, Manuela deja Lima y va a Quito junto con su padre para reclamar la herencia de una tía. Este viaje coincide con la batalla del Pichincha que sella la independencia del Ecuador el 24 de mayo de 1822 y con la llegada triunfal de Simón Bolívar a la ciudad el 16 de junio. Bolívar se va luego al Perú y ella se queda en el Ecuador entregada por completo a la política. Es entonces cuando a la cabeza de un escuadrón de caballería sofoca un motín en la plaza y calles de Quito.</p>
<p><strong><em>La soldada</em></strong></p>
<p>Numerosos documentos hablan de Manuelita vestida de soldado, usando las armas, combatiendo: En Lima, en 1823, “se viste con uniforme militar y maneja la espada y la pistola. (…) Participa junto a Bolívar en la batalla de Junín, el 6 de agosto de 1824, y es ascendida a capitán de húsares. Tiene, asimismo, una actuación destacada en la batalla de Ayacucho, (…) a raíz de la cual obtiene el grado de coronel del ejército colombiano.” (Consuelo Navarro, <em>Manuela Sáenz en la literatura hispánica contemporánea</em>).En una carta dirigida a Bolívar desde el frente de Ayacucho, el 10 de diciembre de 1824, Sucre describe así la participación de Manuela: &#8220;Se ha destacado particularmente (&#8230;) por su valentía; incorporándose desde el primer momento a la división de Húsares y luego a la de Vencedores, organizando y proporcionando avituallamiento de las tropas, atendiendo a los soldados heridos, batiéndose a tiro limpio bajo los fuegos enemigos; rescatando a los heridos&#8221;. (Consuelo Triviño Anzola, <em>La libertadora del libertador</em>.)</p>
<p><strong><em>La que quiere a los animales</em></strong></p>
<p>Cuenta Boussignault que Manuela Sáenz “adoraba los animales y era dueña de un osezno que tenía el privilegio de circular por toda la casa. (…) Una mañana (le) hice una visita y como no se había levantado todavía tuve que entrar a la alcoba (…): el oso estaba tendido sobre su ama, con sus horribles garras posadas sobre sus senos. Al verme entrar (…) me dijo con gran calma: don Juan, vaya a la cocina y traiga una taza de leche (…) este diablo de oso no me quiere dejar. La leche llegó y el animal, dejando lentamente a su víctima, bajó para beber. (…) Vea usted, decía Manuelita, mostrándome su pecho, no estoy herida.”</p>
<p>En Paita, al final de su vida, tiene varios perros a los que les pone los nombres de sus enemigos: Santander, Páez, Padilla, Lamar.</p>
<p><strong><em>La salvadora de Bolívar</em></strong></p>
<p>A principios de 1828 llega a Bogotá donde vivirá, sucesivamente, en la Quinta de Bolívar, en el Palacio de San Carlos y posteriormente en su propia casa.</p>
<p>La atmósfera política es cada vez más conflictiva. Entre abril y junio se celebra la Convención de Ocaña, en la cual se busca reorientar el destino de la Gran Colombia hacia nuevos rumbos político-administrativos. Los representantes &#8211; de Venezuela, Cundinamarca, Ecuador y Panamá- presentan dos proyectos de reforma a la Constitución de Cúcuta (1821): el de los federalistas y el de los centralistas. Los bolivarianos defienden la reforma de tendencia centralista, que sostenía la necesidad de un Ejecutivo poderoso para la defensa de la unidad nacional. Surgen fuertes enfrentamientos entre los dos grupos y se disuelve la Convención de Ocaña. Los bolivarianos se retiran; los partidarios de Santander protestan. Fracasada la Convención se abre el camino para la dictadura, la crisis y la desintegración de la Gran Colombia, el estado supranacional, sueño político de Bolívar.</p>
<p>La vida y la seguridad del Libertador quedan en frágil situación. Lo que sucede la noche del 25 de septiembre es el hecho más conocido en la historia de Manuelita Sáenz. Salvó a Bolívar de ser asesinado por los conspiradores que llegaron al palacio de gobierno. Lo hizo salir por una ventana y luego distrajo a los que lo buscaban, mientras su hombre escapaba y se escondía. Escribió Boussignault: “Manuelita mostró un gran corazón, audacia y una rara presencia de espíritu. Nada tan divertido como su relato de la fuga del general. &#8211; Figúrese, decía ella, que quería defenderse. ¡Dios! Si que era cómico, en camisa y con la espada en mano. Don Quijote en persona; ¡si no lo hubiese hecho saltar por la ventana, habría sido hombre muerto!”</p>
<p><strong><em>La dulcera</em></strong></p>
<p>Manuelita aprendió a bordar y a hacer ganchillo en el convento de Santa Catalina. Allí también le enseñaron a hacer dulces y confituras. García Márquez recrea la mujer que hacía delicias con sus manos así: “…seguía viviendo a pocos pasos del palacio de San Carlos que era la casa de los presidentes, con el oído atento a las voces de la calle. Aparecía (…) cargada de mazapanes y dulces calientes de los conventos, y barras de chocolate con canela para la merienda de las cuatro”. (Gabriel García Márquez, <em>El general en su laberinto</em>).</p>
<p>Ricardo Palma visitó varias veces a Manuela Sáenz en Paita: “casi siempre me agasajaba con dulces hechos por ella misma en un braserito de hierro que hacía colocar cerca del sillón”. (Ricardo Palma, <em>Tradiciones peruanas)</em></p>
<p><strong><em>La intrigante</em></strong></p>
<p>Ramiro Bejarano, en su columna de <em>El Espectador</em>,<em> </em>3 de julio de 2010, afirma que “Manuelita se benefició ilícitamente de su cercanía al poder; (…) la Sáenz, en 1827, ya vivía en casa propia y recibía un estipendio de quinientos pesos mensuales que le pagaba Cristóbal Armero, cónsul colombiano y agente político bolivariano”.</p>
<p>También dice Bejarano: “mientras estuvo en el poder (…) hizo favores a la nobleza santafereña, pero también contribuyó a hacer irreconciliables las diferencias políticas. (…) llevaba un libro en el que anotó cada favor que por su recomendación hizo el Libertador a los notables de su época (…) ella ayudó a varios, pero persiguió y traicionó sin contemplación al que pudo, porque su verdadera profesión no fue la de amante de Bolívar, sino la de espía (…) terminó sus días oficiando de delatora (…) en Paita (…)  fue informante del dictador del Ecuador Juan José Flórez, proporcionándole datos de la vida y andanzas de sus críticos y opositores.”</p>
<p>Rumazo González cuenta que en una fiesta en la Quinta de Bolívar, Manuelita y algunos amigos hicieron un muñeco de trapo al que colgaron el letrero: <em>Francisco de Paula Santander muere por traidor. </em>Lo pusieron contra una pared, de espaldas a la concurrencia, le brindaron los debidos auxilios espirituales y luego un pelotón (…) lo fusiló disparando sus rifles en medio de los aplausos de los invitados (Consuelo Navarro<strong>,</strong> <em>Manuela Sáenz en la literatura hispánica contemporánea</em>).</p>
<p><strong><em>El apoyo de Bolívar</em></strong></p>
<p>En los últimos años en Bogotá, cuando Bolívar ya estaba lleno de enemigos y sospechas hacia todos, Manuelita cobró mucha importancia. Fue “una persona determinante, que lo apoyaba moralmente y de la cual dependía(…) siempre lo estaba sosteniendo con sus consejos, (…) mirando la gente alrededor y dándole sus puntos de vista; él confiaba mucho en su capacidad de juzgar el carácter de las personas”. (Angélica Gallón Salazar, <em>Los otros colores de Manuelita Sáenz,</em> <em>El Espectador</em>, mayo 6 de 2010).</p>
<p>Manuelita medía la temperatura moral del ambiente y el ánimo en las distintas capas sociales. Se enteraba de lo que se pasaba y le contaba a Bolívar que las mujeres lo culpaban de la carestía, los soldados estaban descontentos por las pagas atrasadas, los comerciantes se quejaban de ver caer sus negocios, la aristocracia estaba resentida por la pérdida de sus privilegios.<strong> </strong></p>
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<p><strong><em>La odiada</em></strong> </p>
<p>La importancia e influencia de Manuela fueron vistas por algunos oficiales con malos ojos. Es el caso de José María Córdova que se alejó del Libertador y se levantó contra su poder en 1829. Las peores repercusiones de este rechazo fueron para Manuelita cuando Bolívar abandonó la presidencia. Entonces los enemigos sí que la hostigaron. Cuando Bolívar se fue a Santa Marta ella se quedó en Bogotá y participó con Urdaneta en  acciones contra el gobierno de Mosquera. Tres años después de la muerte de Bolívar todavía estaba en Bogotá. Entonces fue expulsada del país por Santander.</p>
<p>A propósito de su salida de Bogotá, escribió Rufino José Cuervo: “Días después en la entrada solemne del presidente electo Joaquín Mosquera, se desató públicamente en improperios contra el gobierno y la población, acusándola de ingrata para con su Libertador (…) Fue su casa el centro de los bolivianos exaltados, y durante la dictadura de Urdaneta, tuvo gran mano en la cosa pública. Restablecido el gobierno legítimo en 1831, se le intimó al destierro (…) lo cual no pasó de una pura amenaza. Sindicada luego de acoger a los desafectos y auxiliar a los conspiradores, se le exigió privadamente en varias ocasiones que saliese del país”. (Ángel Cuervo, Rufino Cuervo, <em>Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época</em>).</p>
<p>Finalmente, en enero de 1834, “el día fijado a las tres de la tarde el alcalde (…) se presenta en la casa, y dejando en la puerta de la calle diez soldados y ocho presidiarios, penetra hasta la alcoba a despecho de las voces y amenazas de las negras, y le requiere que se vista y se ponga en camino. Ella incorporándose, toma sus pistolas y jura que matará al primero que se le acerque; el alcalde se retira en busca de nuevas instrucciones, y reiterada la orden, vuelve, quítanle las armas, métenla, arropándola decentemente, en una silla de manos, y no siendo ya hora de emprender viaje, los presidiarios la llevan al Divorcio, o sea la cárcel de mujeres (…) Al día siguiente (…) también en silla de manos y acompañada por el alcalde, llega a Funza, donde estaban los caballos preparados por el gobierno para la marcha, y recobrando su buen humor, sigue contenta su viaje para el Ecuador por la vía de Cartagena.” (Ángel Cuervo, Rufino Cuervo, <em>Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época</em>).</p>
<p>Cuando intentó regresar a Ecuador se le prohibió la entrada a Quito porque constituía una referencia política que perturbaba los intereses del partido gobernante. Rocafuerte, entonces presidente, expuso su determinación contra Manuelita en los siguientes términos: “…  por el carácter, talentos, vicios, ambición y prostitución de Manuela Sáenz, debe hacérsele salir del territorio ecuatoriano, para evitar que reanime la llama revolucionaria”. (Inés Quintero, <em>Manuela</em> Sáenz, <em>una biografía confiscada</em>).</p>
<p><strong><em>La de Paita</em></strong></p>
<p>Manuelita se dirige entonces a Paita, un pequeño puerto en el Perú, donde se instala y vive pobremente sus últimos años, con sus dos criadas. Para mantenerse hace dulces y bordados y vende tabaco. Depende en parte de sus amigos, a quienes pide préstamos y ayuda para recuperar su parte de la herencia de su madre. Continúa escribiéndose con el general Juan José Flores informándolo de los movimientos de sus enemigos en Paita y pidiendo constantemente noticias del Ecuador. Hace amistad con algunas familias importantes el puerto y mantiene el contacto con otros viejos bolivarianos, como el general peruano Andrés Santacruz. De vez en cuando recibe visitas de hombres importantes.</p>
<p>En 1841 Manuela conoció a Herman Melville. El futuro autor de “Moby Dick“ llegó a Paita, a los 22 años, a bordo del ballenero Acushnet.</p>
<p>José Joaquín Olmedo la visitó en 1846 y la describe como una matrona, graciosa y gentil que no pudo sustraerse: “al veneno de la envidia y del fanatismo que le amargaron sus últimos años”. (Eugenia Viteri, <em>Manuela Sáenz</em>) ¿El suyo propio, el de los demás?</p>
<p>Ricardo Palma escribió sobre Manuela: “Era una señora abundante de carnes, ojos negros y animadísimos en los que parecía reconcentrado el resto de fuego vital que aún la quedara, cara redonda y mano aristocrática (…) En el acento había algo de la mujer superior acostumbrada al mando y a hacer imperar su voluntad. Era un perfecto tipo de la mujer altiva. Su palabra era fácil, correcta y nada presuntuosa, dominando en ella la ironía.” (Ricardo Palma<strong>, </strong><em>Tradiciones peruanas</em>)<strong><em>.</em></strong></p>
<p>Simón Rodríguez -maestro de Bolívar y amigo de Manuela- vivía por entonces en Amotape y la visitaba con frecuencia. Dicen que al despedirse, poco antes de morir, le dijo: &#8220;Me marcho, dos soledades no pueden hacerse compañía&#8221;. (Eugenia Viteri, <em>Manuela Sáenz</em>).</p>
<p>Garibaldi también visitó a Manuelita Sáenz. Víctor W. von Hagen narra que su visita coincidió con una de Rodríguez: “…leían las cartas que les hablaban del pasado. Así estaban un día de 1851, cuando un caballero distinguido preguntó por la Libertadora. Se llamaba Giuseppe Garibaldi”. Los tres pasaron el día conversando de Bolívar: ella, en su hamaca, y el italiano “recostado en el sofá pues sufría de una malaria contraída en las selvas de Panamá”. (Sara Beatriz Guardia, <em>El último refugio de la Libertadora</em>)</p>
<p>En Paita se cae de las escaleras de su casa, se fractura la cadera y quedan reducidos sus movimientos a una habitación, una silla y una hamaca. Entonces engorda mucho.</p>
<p>Un barco ballenero atraca en el puerto llevando a un marino enfermo de difteria. La epidemia se expande matando a mucha gente, entre ellas a una de sus sirvientas y finalmente a Manuela, el 23 de noviembre de 1856. Para evitar el contagio se ordena incinerar sus pertenencias y enterrar su cuerpo en una fosa común. Gracias a la intervención del general Antonio de la Guerra se logra salvar el cofre que contenía parte de su correspondencia con Bolívar y otros papeles, los cuales fueron entregados más tarde al gobierno de Colombia. Muchos documentos fueron quemados.</p>
<p><strong><em>Su personalidad</em></strong></p>
<p>Varios biógrafos han coincidido en asignarle a Manuela gran sensualidad, recio carácter, un fuerte sentido de la libertad, placer por la aventura y el riesgo. Fue una mujer de amplios horizontes -por encima de las convenciones sociales- y dueña de mucha determinación y perseverancia. Después de que murió Bolívar, necesitó un gran valor para reinventar su vida. Tenía una gran capacidad para establecer relaciones con la gente y hacer amigos; eso le permitió sobrevivir; también tenía algunos rasgos conservadores y rígidos : era amiga del orden y del gobierno fuerte. “Para evitar el caos”, dicen que decía.</p>
<p>Víctor von Hagen escribió: &#8220;Había en ella algo muy libre, casi descocado; sin embargo, las manos bellas y cuidadas uñas, que sostenían levemente las riendas, mostraban los ahusados dedos de la dama. Eran manos capaces de acción. Dos enormes pistolas turcas de bronce, amartilladas y preparadas para su uso, estaban enfundadas en sendas pistoleras a la altura de las rodillas. Era fácil leer el nombre en las culatas de bronce: <em>Manuela Sáenz”. </em>(Victor W. von Hagen,<em> Las cuatro estaciones de Manuela)</em></p>
<p>Podría seguir. Quiero seguir. Me está pasando lo que a tantos otros: me ha cautivado Manuela Sáenz, la real, la inventada. En todo caso una mujer que amó, luchó y fue fiel a su deseo. Tuvo que pagar un alto precio, sin duda. Así es; así debería ser siempre. Lo que vale, cuesta.</p>
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<p><em>(*) Colaboradora.</em></p>
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        <author>elmagazin</author>
                    <category>El Magazín</category>
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        <pubDate>Mon, 02 Aug 2010 21:27:35 +0000</pubDate>
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