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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>siglo XX Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Clarice Lispector (1920-1977)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Vivir no es reportable”, escribió Clarice Lispector, y sin embargo haría de su vida un cuento para contar. Su madre fue contagiada de sífilis por unos soldados bolcheviques que la habían violado, y Clarice fue concebida bajo ciertas peculiaridades propias de una época que no mucho conocía de esta enfermedad. En medio de esta revolución [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Vivir no es reportable”, escribió Clarice Lispector, y sin embargo haría de su vida un cuento para contar. Su madre fue contagiada de sífilis por unos soldados bolcheviques que la habían violado, y Clarice fue concebida bajo ciertas peculiaridades propias de una época que no mucho conocía de esta enfermedad. En medio de esta revolución en la que ya había sido asesinado el abuelo, los padres de Clarice abandonan Ucrania con sus tres hijos, huyendo hacia Moldavia para luego cruzar la frontera, e instalarse de paso en la capital rumana, donde conseguirían pasaportes rusos que les permitieron viajar a la tierra brasileña de Maceió.</p>
<p>Cuando Clarice tiene 5 años sus padres deciden instalarse en Recife, Pernambuco, donde cada miembro de la familia sería rebautizado con un nombre portugués. Chaya Pinjasivna se convertía así en Clarice, conservando su apellido Lispector. Un tiempo después se mudarán a la que fuera la ciudad que sintió propia, la paradisiaca Rio de Janeiro.</p>
<p>Cuando Clarice tenía 10 años su madre fallece, y será también por esta época cuando empieza a explorar el mundo de las palabras, apropiándose del idioma portugués, y presentando varios de sus escritos y cuentos al <em>Diario de Pernambuco. </em>Es así como la futura gran escritora comenzaría su carrera literaria siendo rechazada en múltiples ocasiones, y las revistas no se decidían a publicarla arguyendo que sus cuentos carecían de un contenido dramático, y que eran más una descripción de sensaciones. Pero es que al parecer para Lispector escribir era otra cosa distinta de lo que anteriormente se había escrito: “Escribir es tratar de entender, es tratar de reproducir lo irreproducible.”</p>
<p>En la adolescencia ya Clarice se había convertido en una lectora voraz, siendo importantes las lecturas de algunos escritores nacionales como Machado de Assis, Eça de Queiroz, Jorge Amado, además del ruso Fédor Dostoievski. Pero especialmente recuerda la fuerte impresión que de niña le dejaría el libro <em>Las travesuras de Naricita</em>, de Monteiro Lobato, libro del cual comenta: “Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí algunas líneas maravillosas, lo cerré de nuevo, me fui a pasear por la casa, lo postergué aún más yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad.”</p>
<p>El padre de Clarice quería darle a sus hijos una educación de élite, y aunque su oficio vendiendo ropa no lograra cubrir los gastos de una educación formal; pero fue gracias al promedio obtenido en las calificaciones de bachillerato que Clarice consiguió matricularse en la Facultad de Derecho Nacional de la Universidad de Brasil. Al interior de la academia Lispector tendría que soportar una fuerte presión, tratándose de la única judía y una de las tres mujeres que integraban la facultad.</p>
<p>Clarice ya había presentado algunos escritos a periódicos y revistas, pero sería a los 21 años cuando publicaría su primera obra, <em>Cerca del corazón salvaje, </em>y que le valdría el reconocimiento de ganar el Premio Graça Aranha a la mejor novela.</p>
<p>Durante sus años estudiantiles conocería a quien sería su esposo, el diplomático Maury Gurgel Valente, un católico, y por lo cual resultaba complicada la relación ante los ojos de ambas familias, pero de quien se enamoraría convirtiéndose como en su escudera, y acompañándole en sus tantos viajes alrededor del mundo. “Es casi imposible evitar que el exceso de amor haga que uno actúe como tonto. Solo el tonto puede amar demasiado”, escribió. Es así como los próximos 15 años serían un recorrer constante, una falta de estabilidad, instalándose varias veces en Inglaterra, París, Berna, y teniendo que apartarse no solo de su familia y sus amigos sino también de su trabajo periodístico, en el cual ya empezaba a sobresalir. Pero ella tuvo clara su apuesta. Escribió: “La vida es para ser vivida intensamente como el amor, que tiene que ser experimentado hasta la última gota sin ningún temor.”</p>
<p>Durante la Segunda Guerra Mundial Lispector trabajó en hospitales como voluntaria con el cuerpo de enfermeras de la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB), asistiendo a los soldados brasileños heridos.</p>
<p>“Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano, y es solitario”, escribió la mujer que ya empezaba a desistir de su condición de acompañante, y parece ser que la rutina de viajar acabó sumiéndola en el aburrimiento: “En realidad no sé escribir cartas de viaje, en realidad ni siquiera sé viajar.” Pero a pesar de haberse convertido en una mujer que vivía a la sombra de un hombre, y de que nunca dejaría de añorar su vida en Brasil, Clarice no abandonó su pasión por narrar, y fue así como en 1946 publicó su segunda novela: <em>El lustre.</em></p>
<p>Unos años después, en Berna, Clarice tiene a su primer hijo, y unos meses tarde estará de regreso con su esposo a tierras brasileñas. Nuevamente en Rio de Janeiro, Lispector vuelve a hacer la apuesta, dedicando parte de su tiempo a la labor periodística y escribiendo columnas para el diario local, y que firmaba bajo el seudónimo de “Teresa Quadros”.</p>
<p>Para 1949 publica <em>La ciudad sitiada, </em>y en 1952 el libro titulado <em>Algunos cuentos, </em>para luego volver a emprender viaje al lado de su marido, esta vez con destino a la capital estadounidense, y en donde para el año de 1953 tendría a su segundo hijo. Un año más tarde, en 1954, el público francés se interesó en su primera novela, y la obra sería traducida y publicada, teniendo como portada una ilustración de Henri Matisse.</p>
<p>En Estados Unidos estuvo casi ocho años, y desde allí continuaría enviando cuentos y artículos a revistas brasileñas, hasta que en 1959 se divorcia de su marido y regresa finamente a la tierra de sus orígenes. Residenciada en Rio de Janeiro, Clarice Lispector reclamará su independencia abriéndose camino como una reportera y escritora consagrada. Esto recomendaba a las demás mujeres: “La vida no es cine, y es muy difícil ‘usar’ la excentricidad. La excentricidad es un deseo desesperado de agradar. El instinto de las mujeres las avisa de ‘hasta dónde pueden llegar’ en su deseo de agradar. ¿Has pensado alguna vez en el esfuerzo enorme que la excentricidad exige de una mujer? Casi un esfuerzo físico para mantener algo antinatural. Después de algunas horas se ve</p>
<p>en el rostro de la excéntrica su enorme cansancio, sus ganas de volver a casa… ¿Qué es la excentricidad? De manera general, la exageración. ¿A los hombres les gusta el perfume? La excéntrica se baña en perfumes… ¿El escote es bonito? Ella entonces se desnuda. ¿Entrar con seguridad en una sala es elegante? Entonces vamos a hacer una entrada teatral. ¿La naturalidad es agradable? Entonces vamos a fingir naturalidad confundiéndola con la vulgaridad. ¿A los hombres les gusta el ‘compañerismo’? Entonces vamos a beber como un hombre, a decir palabrotas y a demostrar que estamos por encima de esa cosa ridícula que es una mujer educada. La excentricidad es un esfuerzo que termina en tristeza.”</p>
<p>A comienzos de 1960 publica el exitoso libro de cuento <em>Lazos de familia, </em>y un año más tarde publicará <em>La manzana en la oscuridad</em>, obra aclamada por el público y que unos años después tendría su adaptación teatral. Sin embargo sería en 1963 cuando Lispector maravillaría al mundo dándonos a conocer su obra más reconocida: <em>La pasión según G.H.</em> Escrita a vuelo de pájaro, de un solo tirón, y concluida en un par de meses, la novela cuenta la historia de una mujer que queda perpleja frente al hallazgo casual de una cucaracha, suceso tras el cual experimentará un profundo cuestionamiento existencialista. Porque sus palabras tendrán siempre ese matiz inquietante que desafía el asombro de lo cotidiano: “Siento una claridad tan grande que me anula como persona común y corriente. Es una lucidez vacía, ¿cómo explicarlo?, algo así como un cálculo matemático perfecto que, sin embargo, no se necesita. Y no entiendo aquello que entiendo.”</p>
<p>Para finales de la década de los sesenta Clarice se dedica a publicar notas personales en el diario <em>Jornal do Brasil</em>, donde contará acerca de la cotidianidad brasilera y de sus aventuras propias, permitiendo que el público la conociera a través de sus escritos, y revelándonos piezas de su intimidad y los seres y las cosas que rodeaban su vida, como su perro Ulisses al que haría famoso por haberlo citado en un sinnúmero de artículos.</p>
<p>Sin embargo para dejarse ver más allá de las palabras Clarice Lispector resultaba ser una presencia enigmática, casi fantasmal. No le gustaba conceder entrevistas, y una vez las aceptaba, solía contestar de manera enfática, sustancial, lacónica, casi diríamos que monosilábica. Su personalidad solitaria, nostálgica, depresiva, engrandecía esa imagen de la poetisa atormentada por el delirio de la palabra.</p>
<p>Esta figura poseída por la poesía se vería engrandecida luego de que se quedara dormida con un cigarrillo en la mano, provocando un incendio que le ocasionaría quemaduras por todo su cuerpo y especialmente en su mano derecha, en la cual habría terminado por perder su movilidad. Admirada también por su belleza exótica, las cicatrices que le dejaron el siniestro episodio acabarían por acrecentar su condición depresiva. Pero a esta mujer no tenía por qué preocuparle en últimas su belleza física cuando se sabía ciertamente poderosa: “¿Eres ‘moralmente’ tan anticuada que consideras la vanidad femenina una frivolidad? Ya deberías saber que las mujeres quieren sentirse guapas para sentirse amadas. Y querer sentirse amada no es una frivolidad. Si piensas que ‘has nacido’ así y que no tiene remedio, ten la seguridad de que estás desistiendo de algo muy importante: de propia capacidad de atraer. ¿Quieres saber algo? La obesidad tiene remedio. El pelo sin vida tiene remedio. Una cara sin gracia tiene remedio. ¿La solución? La solución es no ser una mujer desanimada y triste. Y la otra solución es tener como objetivo ser ‘tu misma’, pero más atractiva, y no alcanzar un tipo de belleza que nunca podría ser el tuyo.”</p>
<p>Hacia comienzos de los años setenta Clarice publica varios libros de cuentos infantiles, dedicándose también a dictar conferencias y charlas en diferentes institutos y universidades, pero especialmente sirvió como traductora de una cantidad de obras que gracias a ella los lusófonos pudieron conocer. Conocía el inglés, el francés y el español, además del hebreo y el yiddish que hablaba con fluidez, e incluso se atrevió traduciendo algunos libros escritos en ruso. En español apenas se tiene un registro, se trata del cuento <em>Historia de los dos que soñaron, </em>de Jorge Luis Borges, y que publicarían en el <em>Jornal do Brasil.</em></p>
<p>Para Lispector lo que importaba era dejarlo por escrito, dejar en el papel eso que le dictaba su alma: “Escribo porque me resulta un placer que no puedo traducir. No soy pretenciosa. Escribo para mí, para sentir mi alma hablando y cantando, a veces llorando.”</p>
<p>La originalidad de su estilo es indudable, y de hecho lo peculiar de su expresión narrativa será su distintivo propio. Es difícil no identificar cuando un texto, un poema principalmente, fue escrito por la pluma convulsa de Clarice Lispector. Pareciera que muchas de sus líneas, dispersas, confusas, entreveradas, responden al método empleado también por James Joyce y Virginia Woolf (autores con los que mucho se le ha asemejado) conocido como el “libre fluir de la conciencia”, y a pesar de que la autora confesara que es plenamente consciente de lo que escribe y al momento en que lo escribe. Así describe esta experiencia: “Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo haya intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío.”</p>
<p>Emocional y emotiva, trascendente y compleja, en Lispector aflora el lirismo y una prosa dinámica, inquietante, conflictiva y siempre marcada por la profundidad. Solía usar la primera persona, y en sus historias lo primordial no será la trama como sí ahondar en el interior de los sentimientos, sensaciones y afectos de sus personajes. Es por esto que sus personajes gozan de esa misma profundidad psicológica y que sus comentarios sean siempre tan suspicaces, reflexivos y acertados, centrándose en develar sus pensamientos y dejando así que sea el lector quien concluya sobre la personalidad de cada uno. A través de sus personajes la autora indagaba por la esencia del ser como tal y el autoconocimiento, la vida y asimismo la muerte, la infancia y la vejez, la soledad y el amor, la maternidad y lo femenino.</p>
<p>Su obra era ya motivo de análisis cuando la autora aún estaba con vida, y hoy día, siendo la escritora latinoamericana más leída y afamada a nivel mundial, y una de las más buscadas en Internet, Clarice Lispector no para de suscitar una conexión particular con las nuevas generaciones y un entusiasmo cariñoso entre las nuevas poetisas.</p>
<p>“La realidad no tiene sinónimos”, escribió. Y es que, moviéndose entre lo real y lo fantasioso, Lispector pareciera muchas veces divagar, por lo que varios críticos vacilan al no saber dónde ubicar su fascinación, siendo que tantas veces parece como tan tonta y otras tantas deslumbra por su indudable originalidad: “Escribo sin la esperanza de cambiar nada. No cambiar nada… Porque en el fondo no estamos tratando de cambiar las cosas. Estamos queriendo florecer.” Algunos dirán que leerla es enfrentarse a una lectura compleja. Ella misma declaraba que lo suyo, respecto al estilo, era una cuestión de “no-estilo”. Porque lo cierto es que su estilo, propiamente, es difícil de encasillar, ya que su capacidad para explorar el lenguaje en vertientes insospechadas hacen que esta autora sea imposible de clasificar. Carece, pues, de género: “El género ya no me atrapa”, dirá en <em>Agua viva. </em></p>
<p>Metalingüísta, le llamarían algunos. Creadora, ella supo transgredir e interrogar el lenguaje mismo, irrumpiendo en sus reglas más básicas, y permitiéndose comenzar por ejemplo una de sus novelas con una coma y finalizándola con dos puntos. Y es por esa prosa irreverente, renovadora, única, que Clarice Lispector es elevada a la categoría de Guimarães Rosa y a otros importantes escritores en lengua portuguesa de la segunda mitad del siglo XX, ubicándosele en la tercera fase del modernismo conocida como la “Generación brasileña del 45”.</p>
<p>Reportera, periodista, traductora, escritora de novelas, cuentos, libros infantiles y poemas, Lispector constituye un ejemplo de la mujer decidida a encarar el destino que desde niña se fijaría, y no tuvo reparos en que su propuesta pudiera no convencer, rompiendo con los estilos y maneras tradicionales y constituyéndose como un estilo definitivamente propio, sincero y peculiar. No tuvo miedo de presentar su propuesta, y a pesar de que esta no correspondiera a lo acostumbrado, y tal vez de allí la admiración que despierta por su manera única y libre de escribir. “Lo indecible me será dado solamente a través del lenguaje.”</p>
<p>En sus escritos Lispector también servirá como un ejemplo que insiste en la formación intelectual de la mujer, instándola a que se conozca y cumpla poderosa con su vocación propia, sin pretender responder obsecuentemente a los cánones impuestos por la sociedad: “¿Nunca leíste de pequeña el cuento de una princesa muy guapa pero que por la maldición de un hada mala no podía abrir la boca sin que le salieran sapos, lagartos y ratones? Pues la manera moderna de que salgan ‘sapos y culebras’ de la linda boca de una joven es decir muchas tonterías con los labios perfectamente maquillados. Pero esto no sucede por la maldición de un hada mala, sino por la ignorancia, por falta de cultura. Una de esas ‘princesas’ modernas, al escuchar una conversación sobre Hemingway, preguntó: ‘¿Cuál es la última película que ha hecho?’ Leer es una costumbre que todo el mundo debería tener. No queremos decir con eso que todos lean ‘cosas difíciles’. Incluso una revista bien informada -y bien leída- puede ser una fuente de cultura que al menos evite ‘sapos y culebras’.”</p>
<p>Sus manuscritos y la biblioteca con todos sus libros y algunos documentos personales como correspondencia, se conservan disponibles en los archivos de la Fundación Casa de Rui Barbosa y en el Instituto Moreira Salles, ubicados ambos en Rio de Janeiro.</p>
<p>Clarice Lispector murió de cáncer de ovario a los 56 años de edad en su amada Rio de Janeiro, meses antes de haber publicado su última novela. Al día siguiente, sábado, era su cumpleaños, por lo cual postergaron su entierro para el domingo. Su cuerpo fue cubierto por un manto de lino blanco, y sería sepultada bajo el ritual de la religión judía ortodoxa. Sus restos reposan en el cementerio de Cajú. En su lápida se lee su nombre de pila, cuyo significado es “La hija de Pinkhas”. Alguna vez escribió: “Al final, ¿qué importa más: vivir o saber que se está viviendo?”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 20 Apr 2024 06:15:18 +0000</pubDate>
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        <title>Las Sinsombrero</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/las-sinsombrero/</link>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Los sombreros de las mujeres estorbaban a cualquiera en el cine o en el teatro, y por simple sentido común también cualquiera le pediría a su dueña se abstuviera de utilizarlo durante la película o la representación teatral. Sin embargo no sería para que un público pudiera apreciar mejor el espectáculo que dos damas se retiraron sus sombreros, sino que fue un desafío y un atrevimiento tal vez improvisado de dos irreverentes, un acto sin calcular, y cuyos efectos históricos no podrían imaginar en su momento.</p>
<p>El gesto de que una mujer se despojara de su sombrero mientras paseaba por las calles madrileñas, y en plena dictadura de Primo Rivera, era un desacato a la moral pública, un acto de oprobio, y para muchos conservadores una provocación que iba más allá, siendo lo propio de transgresores, homosexuales y disidentes políticos.</p>
<p>Era la década de los años veinte del siglo veinte y andaban de paseo por la Puerta del Sol la ilustre Maruja Mallo, acompañada de Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca, cuando a Maruja y así no más y sin un motivo concreto, le dio por sacarse el sombrero: “Para descongestionar las ideas”, aclararía tiempo después con cierta sorna, y resultó que tratándose de tan controvertidos personajes muchos transeúntes comenzaron a abuchearlos, y hasta llegar a atacarlos lanzándoles piedras. “Nos apedrearon llamándonos de todo”, comentó Mallo luego de regresar de su exilio, la misma Mallo que consiguió ingresar al monasterio de Santo Domingo de Silos e incluso visitar el cenobio disfrazándose de hombre, ya que a las mujeres se les tenía prohibida la entrada.</p>
<p>Y así como Maruja Mallo fueron muchas otras las mujeres españolas que la historia ha querido reconocer por sus aportes al arte, y que habrían nacido entre los años de 1898 y 1914. El nombre de “Las Sinsombrero” es un calificativo que se les dio recientemente a través de un documental exhibido durante el Festival de Cine de Málaga en el 2015, y que da cuenta de las figuras que conformarían este insospechado movimiento. El material informativo recoge testimonios y entrevistas de amigos y familiares, además de algunos trabajos académicos y universitarios de quienes han pretendido rescatar la memoria de estas mujeres y divulgar sus obras y vidas.</p>
<p>La capital española sería el epicentro que congregaría a la mayor parte de estas destacadas intelectuales y artistas, allí estudiaron y allí compartieron con los círculos culturales las distintas corrientes del pensamiento vanguardista europeo, herederas del impulso de las mujeres de la Generación del 14, y que en su momento coincidieron con el movimiento de la Generación de 27. “Las Sinsombrero” atravesaron tres momentos cruciales en la historia española de comienzos de siglo, y hasta casi entrada la década de los cuarenta: la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil.</p>
<p>España estaba sumida en una profunda crisis económica y política luego de haber perdido las últimas colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y es en este contexto donde surgirán los primeros intereses por darle un cambio al rol que la mujer había venido desempeñando desde siempre en una historia marcada principalmente por el dominio de los hombres.</p>
<p>La Segunda República quiso incorporar a estas escritoras, pintoras y filósofas ilustres en el campo intelectual, artístico, político y económico, permitiendo que comenzaran a congregarse y a conformar los primeros movimientos feministas que abogaban por la igualdad de derechos para ambos sexos.</p>
<p>Sin embargo llegaría la Guerra Civil y con esta la cierta revolución femenina, cuando las mujeres se empeñaron en no dejarse doblegar por las políticas, y antes bien se mostraron desafiantes a la hora de impulsar toda suerte de proyectos e iniciativas que defendieran sus derechos de ser partícipes de la vida pública, del acceso a la educación superior, y especialmente del sufragio femenino. El terreno que la mujer había ganado respecto a su independencia, su formación y conciencia y sus oportunidades, sería opacado entonces por aquellos años de guerra.</p>
<p>Gracias a la labor y el esfuerzo de “Las Sinsombrero”, la mujer cobró fuerza denominándose a la par que el hombre respecto a la identidad de su producto artístico, por lo cual empezamos a escuchar las palabras “autora”, “escritora”, “pintora” o “fotógrafa”. La mujer ya no sería más una representación icónica, una presencia corpórea, el objeto sexual. Otra definición de feminidad vendría cuando las mujeres dejaron de asumir una actitud pasiva y pasaron a formar parte de la propuesta, para ser relevantes en la transformación cultural.</p>
<p>“Las Sinsombrero” conseguirían que la figura femenina de la musa pudiera ser derrocada por la mujer, siendo ahora su propia musa porque ha desistido de vivir como inspiración para los hombres. Es así como muchas de ellas compartieron de tú a tú con los principales intelectuales de la época, haciéndolas sentir bienvenidas en sus charlas y tertulias, y sin embargo desacreditándolas a la hora de mencionarlas en sus obras.</p>
<p>Ninguneadas, las mujeres buscarán su sitio en los lugares que antes les tenían vedados, y las representaciones femeninas en el arte se permitirán aparecer en posturas desafiantes, fumando, posando con actitud de intelectual o mujer fatal, pero de cualquier forma identificada con la mujer moderna.</p>
<p>Es así como en el arte la representación de la mujer cambió, y en adelante se verán presencias femeninas heroicas y valientes, personajes literarios de mujeres libres, independientes y dueñas de su propio destino, y así mismo en las obras de arte se destacará la figura de la mujer ya no como un personaje secundario sino como la protagonista principal de la obra.</p>
<p>Unidas por una misma causa, un factor importante que impulsó estos movimientos serían los espacios de reunión. Varios fueron los lugares destinados para que las mujeres se convocaran a compartir experiencias, conocimientos, y así mismo dar a conocer sus poesías y pinturas y toda clase de composiciones artísticas. Clubes, liceos, y escuelas femeninas que se abrieron para que las mujeres se relacionaran y apoyaran unas a otras, y para que dejaran de sentirse relegadas sin un sitio donde pudieran explayar con comodidad sus talentos y posibilidades.</p>
<p>Interesadas en desafiar a su tiempo y el entorno machista en el que supieron combatir, estas mujeres serían quienes provocarían grandes cambios culturales y artísticos, y que serían necesarios para darle a la mujer su justo lugar dentro del contexto social.</p>
<p>La historia de la mayoría de ellas se resume en el exilio, la censura y el silenciamiento, la prisión o la muerte. <strong>Injuriadas, atropelladas, tildadas de sucias, insultadas con toda clase de agravios e improperios, “Las Sinsombrero” le hicieron frente a toda una época de tradiciones arraigadas en el patriarcado y el machismo, sirviendo como un despertar para las generaciones de mujeres venideras.</strong></p>
<p>Se cuentan entre las mujeres que tuvieron ese enorme peso en la vanguardia artística de principios del siglo XX nombres como Rosario de Velasco, Marga Gil Roësset, María Zambrano, María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Delhy Tejero, Concha Méndez, Ángeles Santos, Concha de Albornoz y Luisa Carnés.</p>
<p>Después de casi un siglo podemos seguirles la pista a través de sus pinturas, libros y artículos, esculturas y en todas las obras que nos legaron, y que hoy España ha querido rescatar para sacarlas del anonimato y saber preservarlas ante el inclemente olvido, porque, como diría la directora del documental que sacó a la luz la historia de estas tantas mujeres: “Sin ellas, la historia no estaría completa.” Borges recordaría la situación que provocaría este movimiento femenino en un artículo que tituló: <em>Contrarios a la costumbre de usar sombrero.</em></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 17 Nov 2023 09:53:32 +0000</pubDate>
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        <title>Sophia Loren (1934)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Sofia Constanza Brigida Villani Scicolone es la romana del siglo XX. A los 5 años se enteró que ése al que llamaba “papá” era realmente el padre de su mamá, y que su abuela no era su madre, porque aquella a la que llamaba “mamita” era ciertamente su mamá. Y es que esta trama se [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Sofia Constanza Brigida Villani Scicolone es la romana del siglo XX. A los 5 años se enteró que ése al que llamaba “papá” era realmente el padre de su mamá, y que su abuela no era su madre, porque aquella a la que llamaba “mamita” era ciertamente su mamá. Y es que esta trama se tejió dado que Sofia era la hija ilegítima de un pianista y arquitecto que se negó a reconocerla, y por lo que su crianza estuvo a cargo de su madre y de sus abuelos. La futura estrella se crio cerca a Nápoles, y su infancia estuvo ambientada por la Segunda Guerra Mundial, donde la madre se las arreglaría para montar un bar al que asistían militares estadounidenses y en donde cada noche solía tocar el piano. Al parecer se trataba de una fémina despampanante, una mujer que hacía sentir vergüenza a cualquier otra, incluso a su hija, quien se confesaba intimidada por la presencia imponente de su mamá, y eso tan exótico e irresistible que despertaba en todos los demás padres que iban a recoger a sus niños a la escuela. “Me llamaban palillo”, dice Sofia refiriéndose a sus inseguridades infantiles. Y sería su misma madre quien alentara a la hija para que explotara los encantos de la juventud, postulándola en varios certámenes de belleza, muchos de los cuales ganaría: fue Princesa del Mar en 1949 y al año siguiente, con tan sólo 15 años, sería Sirena del Adriático y participaría en el gran evento de Miss Italia, siendo elegida como Señorita Elegancia. A los 16 años decide probar suerte, y en compañía de su madre viaja a la capital para tratar de conseguir ingresar a los estudios Cinecittà, y de esta experiencia Sofia recuerda la entrevista que le haría en inglés el productor de la película que estaba por filmarse, <em>Quo vadis</em> “¿Es su primera vez en Cinecittà?” “Yes!”, contestó Sofia. “¿Ha leído <em>Quo vadis</em>?” “Yes!” Y esto era todo lo que sabía decir y todo cuanto fue necesario. La joven aspirante a actriz había obtenido un papel pequeño, por el que le pagaron lo suficiente como para alimentar a su familia por dos semanas. Luego tendría la oportunidad de figurar en pequeñas producciones sin conseguir destacarse y en las que aparecía con el nombre de Sofia Villano o Sofia Lazzaro. Pero sería a comienzos de 1950 cuando se daría su despegue, luego de que se cruzara en su camino el productor Carlo Ponti, con quien ya se había conocido cuando Sofia concursó para convertirse en Miss Roma, y Carlo ofició como jurado del certamen en el que Sofía quedaría de virreina. “¿Por qué no viene a verme mañana a mi despacho?”, le propondría ese hombre que le doblaba la edad y quien a la postre acabaría convirtiéndose en su esposo, y a pesar de que en ese momento se encontraba casado y con dos hijos. La relación fue todo un escándalo y hasta la Santa Sede se pronunció en su diario tildando a Sofia de concubina, y la pareja sería incluso acusada de bigamia. Sin embargo la relación siguió su rumbo así como la carrera de la actriz, quien de la mano de Carlo conseguiría afianzarse en el mundo del cine y lanzarse finalmente hacia el estrellato. Americanizó su nombre y desde aquella época se le conocerá como Sophia Loren, pero no permitió que le operaran la nariz, cuando fue el mismo Carlo quien así se lo proponía. “Carlo, si estás sugiriendo que para hacer películas tendré que cortarme un pedazo de nariz, bueno, entonces volveré a Pozzuoli”, es lo que Sophia recuerda haber contestado. En la figura de Carlo Ponti, Sophia parecía encontrar una identidad paternal, un guía y un mentor, siendo así que para 1955, durante la filmación de la película <em>La mujer del río, </em>ambos comprendieron que querían estar juntos: “Fue durante ese rodaje que comprendimos que estábamos enamorados. Siendo mayor que yo, y más allá del amor, representaba el padre que nunca he tenido.” La pareja se casó en México en 1957, pero el matrimonio se anuló para evitar una demanda por bigamia, teniendo que alejarse de Italia, e incluso está aquella anécdota en la que Sophia viaja a Venecia para recoger la Copa Volpi de la Mostra a la Mejor Actriz por su interpretación en la película <em>La orquídea negra</em>, y donde la actriz decidiría permanecer solamente un par de horas encerrada en el teatro Lido antes de huir por temor de ser detenida. Finalmente, y tras una espera de casi diez años, y luego de que se les concediera la ciudadanía francesa, la pareja formaliza su unión y contrae nupcias en la ciudad parisina. La pareja tuvo dos hijos: Carlo y Edoardo. Sophia fue consciente de que sería su belleza física la que estaba seduciendo en las pantallas, pero que esta belleza no duraría para siempre, y de allí que buscó insistentemente madurar con sus personajes y evolucionar en sus interpretaciones, hasta el punto de ganarse un puesto como actriz destacada por su talento y ya no sólo por sus atributos. En 1954 trabaja por primera vez con Vittorio De Sica y actúa junto a Marcello Mastroianni, convirtiéndose junto a Claudia Cardinale y a un puñado de actrices como las mujeres más hermosas del neorrealismo italiano. A mediados de la década del cincuenta Sophia tendría la oportunidad de trabajar con lo más destacado del mundo hollywoodense. Se recuerdan algunas películas que rodó bajo un contrato con los Estudios Paramount: <em>Deseo bajo los olmos </em>con Anthony Perkins, <em>Orgullo y pasión </em>con Frank Sinatra, <em>Houseboat </em>junto a Cary Grant, y para fines de los cincuentas <em>Heller in Pink Tights </em>(El pistolero de Cheyenne), dirigida por George Cukor y coprotagonizada por Anthony Quinn. En la década de los sesenta Sophia cobraría aún más popularidad, participando principalmente en producciones italianas, y en donde podía hablar su lengua materna, permitiendo así una actuación mucho más natural. En 1960, con la película <em>La ciociara </em>(Dos mujeres), del director Vittorio de Sica, Sophia Loren se alzaba con la estatuilla del Óscar, siendo la primera persona en recibir tal distinción con una interpretación en una lengua distinta al inglés. El rol de la madre que lucha por sobrevivir junto a su hija en época de guerra, le valió además otros veintidós reconocimientos en varios festivales: Cannes, Berlín y Venecia, entre otros. Así relata Sophia ese momento de nerviosismo cuando se negó a asistir a los premios de la Academia para quedarse en casa y sufrir a solas la tanta incertidumbre: “Me vino la iluminación. La salsa de tomate, justo, la salsa de tomate. ¡Qué boba no haberlo pensado antes! En la cocina me sentía segura, podría distraerme de esas ansias que no conseguía aplacar. Me puse a picar cebolla, entre otras cosas para ocultar las lágrimas que me caían, e inmediatamente me sentí mejor.” Al día siguiente un amigo y colega la llamó para informarle, por si aún no lo sabía, que había sido ella la ganadora. En adelante se caracterizaría por representar personajes históricos en películas como <em>El Cid, La caída del Imperio Romano, La condesa de Hong Kong </em>dirigida por Charles Chaplin y coprotagonizada por Marlon Brando, el musical <em>El hombre de la mancha </em>junto a Peter O’Toole, <em>Arabesque </em>con Gregory Peck, <em>Lady L </em>junto a Paul Newman, <em>El puente de Cassandra </em>con Ava Gardner, y otras producciones en las que compartió el set con figuras como Peter Sellers y John Wayne. Sin embargo sus películas más memorables serán las que rodó en Italia, destacando en 1964 <em>Matrimonio a la italiana</em> dirigida por Vittorio de Sica, y en 1977 <em>Una giornata particolare </em>dirigida por Ettore Scola, ambas coprotagonizadas por la gran leyenda masculina del cine italiano, Marcello Mastroianni. Entrados los años ochenta Sophia se interpreta a sí misma en el telefilme <em>Sophia Loren: her own story, </em>y en adelante se dedicaría más a sus hijos, rechazando algunas propuestas para participar en producciones de cine y televisión. En 1982 vuelve a ser portada en los diarios de todo el mundo, pero esta vez por haber sido sentenciada a pagar un año y medio de cárcel por un asunto de evasión fiscal. En 1991, por su “contribución a la industria cinematográfica”, la Academia la reconoce otorgándole un Óscar Honorífico. Reaparecerá años después para reencontrarse con su viejo colega de plató, Marcello Mastroianni, en la película de Robert Altman, <em>Prêt-à-Porter</em>, con un reparto de lujo que incluía a Julia Roberts, Tim Robbins y Kim Bassinger, y que a la postre le valdría una quinta nominación al Globo de Oro. Para 1995 protagonizará junto a Jack Lemmon la exitosa comedia <em>Discordias a la carta, </em>y cuya interpretación le mereció un premio BAFTA y el David de Donatello a la Mejor Actriz. Ese mismo año recibirá también el Premio Cecil B. DeMille en reconocimiento a su trayectoria actoral. A comienzos del siglo XXI la veremos en <em>Nunziata </em>del 2001 y <em>Peperoni ripiene e pesci in faccia </em>de 2004, y para el 2007, ya octogenaria, un documental llamado <em>Sofia: leri, oggi, domani </em>nos contará sobre su vida y sus logros, a través de entrevistas a varios personajes destacados del cine que trabajaron junto a la mítica estrella, como el caso del director Woody Allen. Ese mismo año Sophia Loren hará parte del gran elenco de la película <em>Nine, </em>y que pese a no gozar de la simpatía del público, el filme sería nominado al Premio del Sindicato de Actores como Mejor Reparto, por contar con figuras como Daniel Day-Lewis, Penélope Cruz, Fergie, Kate Hudson, Marion Cotillard y Nicole Kidman. En el 2013 la veremos en la adaptación de la obra de teatro de Jean Cocteau, de 1930, <em>La voix humaine, </em>y que sería dirigida por su hijo Edoardo y su marido. Un año después el American Film Institute también le concedió un premio honorífico por su recorrido actoral, y en años más recientes la hemos visto activa en nuevas producciones, algunas de ellas dirigidas por su propio hijo, como la película <em>The life ahead, </em>de 2020. “La energía y la pasión con la que afronta cada escena es una maravilla digna de ver”, dice su hijo respecto al trabajo de su madre. <strong>Su vida ha gozado de una estabilidad que ha sabido mantener a pesar de ser una de las mujeres más codiciadas del mundo. Cary Grant no pudo nunca conquistarla y aunque estuvo insistiéndolo mucho, y cuando Marlon Brando se atrevió a sobrepasarse ella supo delimitar muy bien su territorio. “Le miré y con calma, mucha calma, le solté: ‘Ni se te ocurra. No tienes ni idea de cómo puedo reaccionar: debes tenerme miedo’”, así es como recuerda dicho episodio. </strong>Enérgica, vitalista, Sophia confiesa “sentir todavía el frenesí de vivir”. Como buena italiana, Sophia disfruta del ambiente familiar que desde siempre la ha venido acompañando. No le teme al paso de los años, sabe qué es lo que la hace ciertamente hermosa: “Nada hace que una mujer sea más bella que su propio convencimiento de que es bella.” Así, conocedora de lo que representa la belleza, es una mujer que ha sabido envejecer con estilo, y mantenerse siempre bella. A sus 81 años sirvió como figura publicitaria de una barra labial para la reconocida marca Dolce &amp; Gabbana y que además lleva su nombre. “Envejecer puede ser agradable, e incluso divertido, si sabes cómo emplear el tiempo, si estás satisfecho de lo que has logrado y si sigues conservando la ilusión”. Ha participado en publicidades de toda clase, desde la venta de jamones y recetarios de cocina, hasta la inauguración de cruceros y ventas de gafas o perfumes. Sophia Loren representa a la italiana por antonomasia, y así lo reconoció su país al nombrarla Miss Italia <em>ad honorem. </em>Aún conserva su mirada felina, sus seductoras curvas y sus labios voluptuosos y una feminidad que no se aparta de ella por más que le pasen los años. Sensual, divertida, sofisticada y glamurosa, hoy día sigue siendo solicitada y querida por productores, disputada por diseñadores y estilistas, y ella sigue intacta vistiendo los trajes más elegantes, perfectamente maquillada y peinada, una estrella que supera el tiempo y que ya no envejece más. Una afortunada en esta vida, así se describe, y es así como explica su gran destino: “Las dos ventajas que tuve al nacer son haber nacido sabia y haber nacido pobre.” Ella es una leyenda viva, y vivas permanecen todas las leyendas. Algo es seguro, y es que, Sophia Loren, nunca morirá, ella no.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-85471" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/08/239.-SOPHIA-LOREN-238x300.jpg" alt="SOPHIA LOREN" width="238" height="300" /></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=85470</guid>
        <pubDate>Fri, 25 Aug 2023 21:40:49 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Sophia Loren (1934)]]></media:description>
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        <title>Tercera cara al suicidio (3 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/tercera-cara-al-suicidio-3-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>Parte tres (viene de la Parte dos) Las cartas de despedida son quizás la muestra más clara de que quien las escribe no le tiene miedo a la muerte. La ha calculado. La deja venir desde la distancia, como el bañista que se ajusta el traje antes de nadar hacia la cresta del tsunami. El [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<h2>Parte tres</h2>
<p>(viene de la <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/suicidio-2-4">Parte dos)</a></p>
<p>Las cartas de despedida son quizás la muestra más clara de que quien las escribe no le tiene miedo a la muerte. La ha calculado. La deja venir desde la distancia, como el bañista que se ajusta el traje antes de nadar hacia la cresta del tsunami. El que escribe una carta de suicida recibe la muerte con la frente en alto, así sea desde la esquina herida del que ya no puede alzar los guantes.</p>
<p>Solo un 30% de los suicidas escribe a alguien antes de irse para siempre. <a href="https://www.instagram.com/marccaellas/?hl=en">Marc Caellas</a> ha escrito bien y a profundidad sobre las cartas más impresionantes y legendarias.</p>
<p>Ni siquiera en su inventario extenso y cuidadoso abundan las que revelan una reflexión sobre el momento inmediatamente después de que cesa la vida. Acaso sucede porque lo que guía al suicida (con mayor o menor sufrimiento) es la certeza de que con el punto final de nota llega también el final del libro de su vida. No existen suicidas que crean que con la realización de su última voluntad van derecho a la perdición eterna. Nadie se suicida para seguir sufriendo.</p>
<h3>Para el suicida, como para tantos que elegimos la vida, no es la fé en un futuro paradisíaco o de condena lo que define nuestros actos, sino una realización en el presente que nos afirma y nos reta.</h3>
<p>El legendario y turbado músico Kurt Cobain (1967-1994) escribió su última nota a un amigo imaginario, Boddah. El papel parece desgarrado, el contenido es furibundo hacia él mismo y angustioso para los demás, las letras parecen cruzadas por una inseguridad.</p>
<p>&#8220;<em>Esta nota debería ser muy fácil de entender (&#8230;) Ya hace demasiado tiempo que no me emociono ni escuchando ni creando música, ni tampoco escribiéndola, ni siquiera haciendo rock&#8217;n&#8217;roll.  Me siento increíblemente culpable (&#8230;) Simular que me lo estoy pasando el 100% bien sería el peor crimen que me pudiese imaginar (&#8230;) ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé! Tengo una mujer divina, llena de ambición y comprensión, y una hija que me recuerda mucho como había sido yo&#8221;.</em></p>
<p>Como lo muestra la carta, Cobain fue consciente de que en el presente tenía todo lo que miles personas ansían para su futuro: una carrera exitosa como ícono del género <a href="https://www.youtube.com/watch?v=8--P4o2xVOM">grunge</a>, una familia que lo amaba, fortuna, talento&#8230;pero nada logró alejarlo del desconsuelo total, de un tedio asfixiante.  Si bien fue alabado por los críticos, endiosado por seguidores de todas las edades y aplaudido en los escenarios de mundo, en su interior creció una inconformidad que nubló todas las satisfacciones. En algún lugar de la segunda novela de la serie de aventuras de &#8220;El Capitán Alatriste&#8221; el protagonista dice: &#8220;<em>Un hombre cabal puede elegir el momento de su muerte, pero nadie puede escoger lo que recuerda</em>&#8221; o algo así.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-93415" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54-542x1024.jpg" alt="" width="542" height="1024" /></p>
<p>El movimiento del grunge nació a finales de década de 1980 y significó un giro del rock, que a ese punto había sido domesticado por peinados elaboradísimos, vestimentas pomposas, espectáculos llenos de luces y extravagancias. Al contrario de los estadios preparados para miles de fanáticos maquillados, los escenarios del grunge en un principio apenas estaban adecuados con tarimas subterráneas, sonido caseros y luces improvisadas. Allí se juntaron pálpitos del punk, estridencias de guitarras setenteras, distorsiones reacias y el vigor de otros géneros que encajaron mejor en los sótanos de la rebeldía que los taquilleros espectáculos del glam.</p>
<p>La vena principal del grunge fue la rabia. La introspección y la angustia formaron sus letras, así como el sentirse a la deriva, las relaciones tóxicas de padres despertados a golpes del sueño americano, una vida monótona en ciudades paralizadas&#8230; En vez de una provocación política o un activismo musicalizado, este género sirvió de expresión a almas solitarias que prefirieron irse de frente contra el mundo desde una coherencia solitaria, sin importar lo complejos o contradictorios que pudieran parecer.</p>
<blockquote>
<h3><b><em>&#8220;Prefiero ser odiado por lo que soy que ser amado por lo que no soy&#8221;, afirmaba Kurt Cobain. </em></b></h3>
</blockquote>
<p>Algunos músicos de la época supieron desde el principio que Nirvana estaba tres o cuatro pasos adelante de los grupos de su época. Ya había tras disqueras y productores solidificando un movimiento, pero el álbum insignia de la banda titulado &#8220;<a href="https://www.nirvana.com/album/nevermind/">Nevermind</a>&#8221;  consolidó el centro gravitacional del género. Su variedad musical (desde el hardcore-punk hasta baladas acústicas), sus letras marcadas por la ironía, la oscuridad y la incómodad despertada al <em>mainstream</em>, lograron que se convirtiera en una especie de estandarte entre quienes apenas <a href="https://www.youtube.com/watch?v=hTWKbfoikeg">entraban en una adultez</a> que les ofrecía muy poco. Llevó a que, en solo cuatro meses, se vendieran más de 300 mil copias a la semana.</p>
<p>Eddie Vedder, vocalista y uno de los guitarristas de Pearl Jam, sostiene que en la congestionada escena de Seattle &#8220;todos tenían una copia y que era imposible zafarte de las canciones&#8221;. A 1999 este disco había vendido más de 30 millones de copias físicas, sin contar las descargas y las reproducciones en plataformas digitales desde entonces.</p>
<p>Existen <a href="https://www.lavanguardia.com/cultura/20210513/7450787/fbi-desclasifica-informe-muerte-kurt-cobain.html">teorías</a> que ponen un asesinato dentro de las posibilidades de la muerte de Cobain; pierden cualquier solidez cuando consideramos que el disparo a su propia cabeza fue precedido por al menos un plan previo para quitarse la vida. Un mes antes, en una gira por Italia, tomó unas cincuenta pastillas de Rohypnol y quedó inconsciente por unas 20 horas. Y, a pesar de la alarma y el dolor que despertó este intento fallido, todo parecía responder a un desconsuelo imparable que ya había dado ciertos signos de su determinación: &#8220;Una paz total después de la muerte, llegar a ser otra persona es la esperanza más alta que tengo&#8221;, decía.</p>
<figure id="attachment_93412" aria-describedby="caption-attachment-93412" style="width: 540px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-93412" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain.jpg" alt="" width="540" height="720" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain.jpg 540w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain.jpg?resize=225,300 225w" sizes="auto, (max-width: 540px) 100vw, 540px" /><figcaption id="caption-attachment-93412" class="wp-caption-text">Carta de despedida de Kurt Cobain, 5 de abril de 1994.</figcaption></figure>
<p>El desconsuelo: un valor de esa generación. De acuerdo a <a href="https://faroutmagazine.co.uk/author/tomtaylor/">Tom Taylor</a>, la juventud de la década de 1990 presentó una particular relación con la banda porque la lógica de las urbes en expansión, sin una comunicación tan eficiente como la de hoy en día, aislaba a los individuos, sin opciones para la clase media. La música de este grupo y otros similares tuvo una mayor recepción entre hombres blancos de edad media que habían sufrido una educados pobre y que vivían en centros urbanos ajenos a los booms económicos de malls y condominios autosuficentes, muy golpeados por las recesiones y las crisis sociales. Esta misma población fue la que <a href="https://www.economist.com/leaders/2018/11/24/why-suicide-is-falling-around-the-world-and-how-to-bring-it-down-more">registró una mayor alza de suicidios</a> pocos años después.</p>
<blockquote><p><em>Alarma: en crisis anteriores, como la del 2008, se presentó un incremento de por lo menos 10,000 suicidios en Estados Unidos y en algunos países de Europa. </em></p></blockquote>
<p>Nirvana (y muchos grupos de grunge) les daba <a href="https://www.youtube.com/watch?v=GtBhclCigH0">una salida a una existencia plana</a>, un sentido de comunidad. Quizás no consuelo, pero si una razón colectiva para no sufrir en soledad el hundimiento en la mediocridad que percibían.  Estas bandas gritaron en nombre de quienes creen que se necesita la discontinuidad para vivir. Le dieron voz a los turbados, visibilidad a los que en su intimidad no estaban bien, a los que elegían guardarse para no hacerle daño a su entornos o a si mismos. Un grupo humano compuesto por soledades. Su canción &#8220;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=pkcJEvMcnEg">Lithium</a>&#8221; empezaba:</p>
<h3></h3>
<h3>“I’m so happy ’cause today I found my friends, they’re in my head”</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para muchos críticos el año 1994 significó el año en el que un músico se quitó la vida y con esto cerraba el último rock. Desde entonces, dicen, la senda que venía recorriendo esta música se entregó completamente a la facilidad del pop y a la industria y dejó de darle voz a los fantasmas de las edades que sienten que con las luces apagadas todo es menos peligroso.</p>
<figure id="attachment_93413" aria-describedby="caption-attachment-93413" style="width: 1200px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93413 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses.jpg" alt="" width="1200" height="802" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses.jpg?resize=300,201 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses.jpg?resize=768,513 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses.jpg?resize=1024,684 1024w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption id="caption-attachment-93413" class="wp-caption-text">Concierto de Nirvana, como lo muestran en el  <a href="https://www.mopop.org/exhibitions-plus-events/exhibitions/nirvana-taking-punk-to-the-masses/">Museum for the Pop Culture de Seattle.</a></figcaption></figure>
<p>Muchas otras letras de Kurt Cobain hablan desde rincones viscerales y desesperados.  No disimulan su imperfección o su posible incursión en la cursilería del amor o de la desolación. Parecen saberse valiosas porque generan brillo al desplomarse. &#8220;Its better to burn out than fade away&#8221; es una frase de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=LQ123T3zD2k">una canción de Neil Young</a> que Cobain usó en su carta de despedida. Es la voz ronca de quien prefiere extinguirse como un meteoro en vez de apagarse como una vela lenta que se entrega a la pasividad y al aire que no cesa, pero que tampoco avanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2></h2>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93437</guid>
        <pubDate>Tue, 21 Feb 2023 11:10:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Tercera cara al suicidio (3 de 4)]]></media:description>
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        <title>Audrey Kathleen Ruston-Hepburn (1929-1993)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/audrey-kathleen-ruston-hepburn-1929-1993/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Si en el cielo existen los ángeles, estoy convencido de que deben tener los ojos, las manos, el rostro y la voz de Audrey Hepburn”, es lo que diría alguno que tuvo la oportunidad de conocerla. Indiscutible, cualquiera puede notar que estamos ante una presencia angelical. Pulida como un cisne, con carita de inocentona, pero [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Si en el cielo existen los ángeles, estoy convencido de que deben tener los ojos, las manos, el rostro y la voz de Audrey Hepburn”, es lo que diría alguno que tuvo la oportunidad de conocerla. Indiscutible, cualquiera puede notar que estamos ante una presencia angelical. Pulida como un cisne, con carita de inocentona, pero culpable sin duda alguna. La delatan sus ojitos. ¡Qué bonita! Parecía ingenua, asustadiza, vulnerable, como un ser tierno al que vale la pena cuidar. Así mismo su personalidad nos engatusó a todos, y su sonrisa quiso ser imitada por toda una generación de mujeres que querían parecérsele. Nació en Bruselas, en el seno de la aristocracia, descendiente del rey Eduardo III de Inglaterra, que también sería pariente de la actriz Katherine Hepburn. Hija única, mimada y consentida, privilegiada, viajó por Bélgica, Inglaterra y Holanda, y aprendió desde niña a hablar con soltura el francés, inglés, neerlandés, italiano, español y alemán. En 1935 su padre, adepto a las ideologías del nazismo, abandona a su esposa y a su hija, por lo que en adelante la madre tendrá que cuidar sola a su pequeña. Años más tarde Audrey, en colaboración con la Cruz Roja, consigue dar con el paradero de su padre, y a partir de su reencuentro mantuvieron la cercanía y la actriz lo asistió económicamente hasta el día de su muerte. Años más tarde Audrey confesaría que el abandono de su padre, y el que fuera un seguidor del Partido Nazi, representaría “el momento más traumático de mi vida.” De niña estudió en un instituto privado en Kent, Inglaterra, y para 1939, <em>ad portas</em> de la Segunda Guerra Mundial, se traslada con su madre a casa de su abuela, en Arnhem, Países Bajos, tratando de alejarse lo más posible de las zonas de conflicto. Durante los años de la guerra Audrey aprovechará para terminar su formación básica, para dedicarse a pintar cuadros que todavía hoy se conservan, además de recibir lecciones de piano y de ballet clásico. Su deseo era convertirse en bailarina, pero su constitución extremadamente delgada no seducía a directores y coreógrafos, y pese a ser una bailarina que destacaba por su técnica y su estilo. Las condiciones dentro del ámbito de guerra fueron casi de penuria, y es así como la historia de Ana Frank será un referente de vida para la historia personal de Audrey Hepburn: “Tenía exactamente la misma edad que Ana Frank. Ambas teníamos diez años cuando empezó la guerra y quince cuando acabó. Un amigo me dio el libro de Ana en neerlandés en 1947. Lo leí y me destruyó. El libro tiene ese efecto sobre muchos lectores, pero yo no lo veía así, no sólo como páginas impresas; era mi vida. No sabía lo que iba a leer. No he vuelto a ser la misma, me afectó profundamente.” Luego de que Arnhem sufriera continuos bombardeos, la escasez de alimentos hizo que Hepburn y su familia fabricaran harina a partir de tulipanes, lo que pronunciaría aún más la delgada figura de la aspirante a bailarina. “Nos manteníamos con una rebanada de pan hecho con cualquier cereal y un plato de sopa aguada elaborada con una sola patata.” Fue testigo de fusilamientos, y algunos parientes suyos serían encarcelados y otros ejecutados. “Me convertí en una criatura melancólica, reservada y callada. Me gustaba mucho estar sola… Tengo recuerdos. Recuerdo estar en la estación de tren viendo cómo se llevaban a los judíos, y recuerdo en particular un niño con sus padres, muy pálido, muy rubio, usando un abrigo que le quedaba muy grande, entrando en el tren. Yo era una niña observando a un niño.” Termina la guerra y Audrey se muda a Ámsterdam para continuar con su formación de bailarina, y tres años después se traslada a Londres para seguir con sus estudios de ballet clásico. Sin embargo su flacura casi anoréxica seguiría siendo el óbice principal para dedicarse al baile como una profesional. Hepburn siempre mantuvo una dieta rigurosa, cuyos almuerzos solían ser un ala de pollo y una lechuga, y sería su hijo quien revelaría que en ocasiones comía galletas de perro para sobreponerse a los estragos del hambre. Y en vista de que su carrera como bailarina no despegaba, Audrey le apostó a la actuación, haciendo una primera aparición frente a las cámaras en una cinta educativa, <em>Holandés en siete lecciones.</em> Más tarde sería contratada para que actuara en dos obras musicales: <em>High button shoes </em>y <em>Sauce piquante</em>, y entonces llegaría su debut en una película, la producción inglesa <em>One wild Oat</em>, seguido de un papel más importante en la película <em>Secret people, </em>donde encarnó a una bailarina. En adelante aparecería interpretando papeles secundarios en producciones también de segunda, hasta que le ofrecieron el papel en el musical de Broadway, <em>Gigi, </em>luego de ver su discreta interpretación en la película <em>Monte Carlo Baby. </em>Tanto la obra como su actuación fue un éxito rotundo. Durante seis meses no pararon las funciones, y a la prometedora actriz le fue otorgado el Theatre World Award, por lo que Hollywood se interesaría en ella para que protagonizara junto a Gregory Peck la próxima producción del cineasta William Wyler, el film <em>Roman holiday (Vacaciones en Roma)</em>, y para la cual tenían como primera opción a la ya consagrada Elizabeth Taylor. Sin embargo el director quedaría prendado de la seductora Hepburn, y le bastaría con una sola entrevista: “Tiene todas las cosas que busco: encanto, inocencia y talento. Además es muy divertida. Es absolutamente encantadora. No dudamos en decir que es nuestra chica”, dijo Wyler respecto a la escogencia del personaje. Y no se equivocó al darle esta oportunidad, ya que la cinta gozaría del agrado de todos y la actriz destacaría por su personaje, convirtiéndose en la única en recibir los tres grandes premios del cine por un mismo papel y en la misma categoría: ganó el Oscar, el Globo de Oro y el BAFTA. El mismo Gregory Peck, vaticinando que ganaría el premio de la Academia, pidió que su nombre en el póster de la película no resaltara por encima del de la desconocida Audrey Hepburn, y que ambos nombres figuraran con el mismo tamaño de letra, tal cual correspondía a su destacada actuación. Para ese entonces Audrey se perfila como una fulgurante estrella del Séptimo Arte, y su cara angelical será portada de revistas de fama, entre las que se destaca la prestigiosa <em>Times. </em>El contrato que tenía con la productora Paramount le permitía tomar recesos para dedicarse al teatro, y fue así como durante el rodaje de <em>Vacaciones en Roma </em>se daría un espacio para continuar de nuevo en New York con el musical de <em>Gigi, </em>e incluso se iría de gira presentándose en Los Ángeles y en San Francisco. Imparable, actuará en la película <em>Sabrina, </em>que le valdría al año siguiente una nueva postulación al Oscar, pero que finalmente se lo quedaría Grace Kelly. Ese mismo año de 1954 encarnará otro personaje exitoso en la obra <em>Ondine</em>, y esta experiencia le valdría ganarse el Premio Tony, y así también como un esposo. Mel Ferrer fue el actor con el que compartió el protagónico de la obra, la cual tendría un éxito rotundo, y que siguieron presentando hasta finalizar el año, cuando entonces decidirían seguir juntos, pero esta vez en los tablados de la vida. Para finales de 1954 la pareja decide casarse. En 1956, y junto a su marido, Hepburn rodará <em>Guerra y paz, </em>y al año siguiente la veremos bailando junto a Fred Astaire en la película <em>Una cara con ángel, </em>en una de las interpretaciones que más disfrutaría, ya que compartió escenas de baile con el gran bailarín del cine hollywoodense. Pero sin duda la película que la consagró como una actriz virtuosa sería <em>The nun’s story</em>, de 1959, y cuya interpretación de la hermana Lucas le significó una nominación más al premio de la Academia. En 1960 tiene a su primer hijo, pero un año más tarde volverá al cine para representar a Holly Golightly en la película por la que tal vez más se la recuerda, <em>Breakfast at Tiffany’s. </em>Este personaje representó un reto actoral, además de haberla consagrado como un símbolo de la moda estadounidense: “Soy introvertida. Actuar para ser una persona extrovertida es la cosa más difícil que he hecho en mi vida.” Un papel que el mismo autor de la obra, Truman Capote, había pensado para la rubia del momento, la legendaria Marilyn Monroe, pero que ésta dejaría de lado por no querer insistir en el mismo papel de rubia tonta que le había valido su tanta fama. Audrey se tiñó el pelo de rubio y su personaje tuvo algunos cambios de fondo, camuflando a la prostituta de lujo y quitándole el componente lésbico que había sido pensado para Marilyn. Una vez más sería nominada al Premio Oscar, pero esta vez sería Sophia Loren quien se quedaría con la estatuilla. En 1961 la veremos en la polémica película de William Wyler, <em>La calumnia, </em>y cuya trama en torno al lesbianismo suscitaría varios escándalos. Para 1963 protagonizará junto a Cary Grant una parodia de las películas de suspenso de Alfred Hitchcock, <em>Charada</em>, y ese mismo año le cantaría el <em>Feliz cumpleaños </em>al presidente Kennedy, sin la melosería y el desparpajo que un año atrás había desplegado Marilyn en dicho evento. Un año más tarde volverá a actuar junto a su marido en <em>Encuentro en París, </em>y también participará del exitoso musical <em>My fair lady, </em>de George Cukor, y que se esperaba pudiera convertirse en una cinta legendaria. En versión teatral de Broadway, era la por ese entonces desconocida Julie Andrews quien interpretaba al personaje principal, pero en la adaptación cinematográfica se prefirió contar con la actuación de Audrey Hepburn. Ésta consideraba que el papel debía ser interpretado por Andrews, pero la segunda opción de la productora sería Elizabeth Taylor, por lo que Hepburn acabó aceptando lo que sería uno de los papeles más importantes de su vida. A la postre, y ese mismo año, Julie Andrews fue elegida para el papel que la inmortalizaría en el mundo del cine, <em>Mary Poppins, </em>y que incluso le valdría el reconocimiento de la Academia al concederle la codiciada estatuilla del Oscar. En los años siguiente Hepburn aparecerá en algunas cintas, entre las que se destacan <em>Cómo robar un millón, </em>de 1966, y tres películas del año siguiente: <em>Dos en la carretera, Hidrofobia </em>y <em>Wait until dark. </em>Para ese momento ya Audrey había comenzado a dejar relegada su carrera actoral, y se le vería más comprometida abanderando proyectos filantrópicos, así como a dedicar más parte del tiempo a su familia. Para 1968, luego de cinco embarazos infructuosos, Audrey se divorcia de su marido, y al año siguiente ya estará contrayendo nuevas nupcias con un psiquiatra italiano, con el cual tendría otro hijo, pero que tras una serie de infidelidades por parte de éste, acabaría finalmente divorciándose para el año de 1976. Ese mismo año protagoniza junto a Sean Connery la película <em>Robin y Marian. </em>Para 1979 la veremos junto a Omar Sharif en la película filmada en New York, <em>Lazos de sangre, </em>y por esos mismos días conocería a un actor holandés que se convertiría en su próximo amor, y con quien finalmente consolidaría una relación: “Él me hizo vivir de nuevo, darme cuenta de que no todo se había terminado para mí”, declaraba Hepburn respecto a su pareja. Finalmente, para 1988, actuará por última vez en la película <em>Always</em>, de Steven Spielberg, y en adelante consagrará sus esfuerzos en sacar adelante las iniciativas promovidas por la Unicef, la cual la nombró su embajadora de buena voluntad. Audrey viaja por Salvador, Guatemala, Honduras, Sudán, Somalia y Vietnam, participando en proyectos educativos respecto a la enfermedad del sida y otras problemáticas de salud, y asistiendo con ayudas alimentarias que pudieran combatir la desnutrición de los países más desfavorecidos. En 1991 es condecorada por la Sociedad Cinematográfica del Lincoln Center, y un año más tarde se le reconoce su trabajo como embajadora de buena voluntad, otorgándole la Medalla Presidencial de la Libertad. Y a pesar de que fumaba más de cincuenta cigarrillos al día, sería el cáncer de colon lo que acabaría con su vida, el día 20 de enero de 1993, en su casa en Tolochenaz, Suiza, a la edad de 63 años. Al morir, varios premios póstumos le serían otorgados, entre ellos el Premio Humanitario Jean Hersholt. En vida ganó también el Emmy y el Grammy, y es quien más veces ha otorgado el premio a Mejor Película en la gala de los Oscar, con cuatro en total. Actúo con Humphrey Bogart, Gary Cooper y Peter O’Tolle, aparte de los ya mencionados. No llevaba una vida ostentosa como muchas de las estrellas de Hollywood; cultivaba su propio huerto y jamás vivió en una mansión de lujo, manteniéndose alejada del derroche y la desfachatez, muy propio de una época y de su entorno. Y a pesar de que en su vida personal se decantara por ese estilo sencillo y descomplicado, los personajes glamurosos por los que se hizo célebre, conseguirían influenciar a toda una época y hasta el punto de convertirse en símbolo y referente de la moda. Las mujeres querían imitar sus trajes y sombreros marca <em>Givenchy. </em>No solía usar joyas y rechazó ser la imagen publicitaria de la joyería <em>Tiffany, </em>pese a lo cual la empresa destinó un escaparate para exhibir las preciosidades que había portado la afamada Audrey Hepburn. Así también se crearía un perfume que contenía su fragancia y que fue conocido como <em>L’Interdit. </em>El American Film Institute la ubicó en el puesto número tres dentro del ranking de las actrices más importantes del siglo XX, luego de Katherine Hepburn y Bette Davis. Su nombre hace parte de la International Best Dressed List Hall of Fame, y en el año 2000 la Unicef inauguró una estatua en su honor a las afueras de su sede en New York. En el 2007, mucho después de haber muerto, Audrey seguiría recaudando dinero para fondos humanitarios, luego de que se subastara uno de los trajes que la actriz había lucido en la película <em>Breakfast at Tiffany’s</em>, y el casi millón de dólares que pagaron por el traje se destinó para impulsar la creación de dos escuelas en Bengala. Su vida ha sido llevada al cine y al teatro y son muchas las biografías que pretenden narrar, como si de un relato bíblico se tratara, la vida de un ángel caído. Pese a una supuesta rivalidad que mantuvieron siempre, Elizabeth Taylor comentó luego de enterarse de que su frecuente competidora muriera: “Dios estará contento de tener un ángel como Audrey con Él”.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 27 Jan 2023 14:03:51 +0000</pubDate>
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