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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 21:37:07 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de poeta | Blogs El Espectador</title>
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        <title>EL POETA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-ultimo-verso/el-poeta-el-viajero-pavelstev/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un poeta es, ante todo, una persona apasionadamente enamorada del lenguaje. </p>
<p>W. H. Auden (1907-1973)</p>
<p>﻿</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p class="has-text-align-left has-medium-font-size">El poeta es un ser que trasciende, que toma de la realidad todo lo que esta provoca en él, para reflejar en otro mundo lo que siente. Es un creador, un utópico, un fundador de melodías. Decía Juan Ramón Jiménez «El poeta no es un filósofo sino un clarividente». Así, un poeta avizora, presiente, contempla, aguarda. ¿Hasta qué punto somos capaces de reproducir ese arsenal de sentimientos que provoca la vida? El escritor abre el ventanal por donde intenta conquistar su desventura o futuro con el qué-hacer poético. Un ejercicio de vida que solo en la reescritura de nuestras palabras y actos cobra sentido.</p>
</div>
</div>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p class="has-text-align-left has-medium-font-size">Aquellos que escriben dejan entrever una poesía de encuentro, porque escribir es trazar la cita, la palabra sirve como búsqueda para reinventar el mundo por medio del verso. En algunos poetas, esa poesía es la introspección en la condición humana y en los sentimientos que enaltecen nuestra naturaleza de navegantes, un mar de pasiones que se dibuja en el interior de los hombres.</p>
</div>
</div>



<p class="has-text-align-left has-medium-font-size" style="margin-right:0;margin-left:0">El hombre, el escritor, el poeta, intenta ser el espejo, dejar en evidencia los encuentros dolientes que trae distraerse de la vida, es la voz, el golpe que aqueja las súplicas que otros, víctimas del silencio, ya no pueden manifestar. En palabras del poeta Víctor López Rache “La poesía excede los límites y los símbolos”. Y quizá esa es la verdadera esencia de las palabras, transgredir una realidad que atormenta a los que no comprendemos que un fin se justifica por cualquier medio; es necesario el estrepitoso éxodo de la poesía para establecerse en un nuevo mundo, el cual mientras escribimos toma forma.</p>



<p class="has-medium-font-size">El acto creativo, el poema, es el acto del viajero, quien a la deriva una y otra vez entiende su naturaleza como parte de la travesía. En sus versos está la necesidad del significado, el significante y por eso descubrimos que sus exploraciones van más allá de lo que existe, lo que sueña. Es una búsqueda de lo real, aquello que empieza en las entrañas y queda como vestigio en el aire.</p>



<p class="has-medium-font-size">La poesía y el poeta son el Afrodita, cuando se ama no se dice, se siente. Los enamorados – a veces inconscientes de su estado- se envuelven en un canto lírico a ritmo de piel y sentimiento. Citando a Octavio Paz; “El poeta es el hilo conductor y transformador de la corriente poética” Ese hilo es el sendero que vincula al hombre con el acto de escribir. Una senda, un lazo que une irremisiblemente las experiencias de vida con la voz en sus versos.</p>



<p class="has-medium-font-size">Sucumbimos gustosamente ante el recuerdo y permitimos la repatriación de los escenarios, sensaciones y padecimientos que le dieron forma a nuestra poesía. Ese es el puente que entreteje nuestra vida con lo que leemos, con lo que escribimos. </p>



<p class="has-medium-font-size">El lenguaje es la mayor expresión, la palabra se desborda sobre los límites y cuando suponemos que un arte es esencial le brindamos la posibilidad del retorno. Entonces, cuando es poético nos regala la opción de su relectura, del regreso. Esa inquietud tan arraigada a nuestra humanidad afecta positivamente al escritor pues lo impulsa por el universo de la creación.&nbsp;</p>



<p class="has-medium-font-size">Y, aunque la literatura no tiene ningún deber con nosotros, como última instancia puede pretender atravesarnos, romper algún horizonte en nuestra mirada literaria, aliviarnos de la vida misma o simplemente resguardarse en nosotros. Lo que sí trata de decirnos, y por fortuna siempre, es que jamás es suficiente lo leído, es que siempre necesitamos escribir..<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-medium-font-size"><em><strong>                                                                           &nbsp;&nbsp;Pavel Stev Salazar</strong></em></p>
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        <author>pavelstev</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Último Verso</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101774</guid>
        <pubDate>Tue, 11 Jun 2024 16:51:28 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[EL POETA]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">pavelstev</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>La luz del regreso</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/la-luz-del-regreso/</link>
        <description><![CDATA[<p>Uno es, en definitiva, lo que ha leído. Uno es la suma de los autores con quienes ha conversado de manera atemporal, con quienes ha construido una amistad verdadera a pesar de que cada uno está muerto para el otro. Y, asimismo, uno es lo que ha caminado, uno es todos los caminos por los [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_96044" aria-describedby="caption-attachment-96044" style="width: 2100px" class="wp-caption alignright"><a href="https://www.instagram.com/amguiral/"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-96044" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2.jpg" alt="" width="2100" height="1400" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2.jpg 2100w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-768x512.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-1024x683.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-1200x800.jpg 1200w" sizes="(max-width: 2100px) 100vw, 2100px" /></a><figcaption id="caption-attachment-96044" class="wp-caption-text">Foto por <a href="https://www.instagram.com/amguiral/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">el autor</a>.</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify"><strong>Uno es, en definitiva, lo que ha leído</strong>. Uno es la suma de los autores con quienes ha conversado de manera atemporal, con quienes ha construido una amistad verdadera a pesar de que cada uno está muerto para el otro. Y, asimismo, uno es lo que ha caminado, uno es todos los caminos por los que ha derivado sobre la tierra. La historia de los caminos es la nuestra; así como se divaga por un libro que no fue escrito para uno, sino <em>para todos y para nadie</em>, como sentenciara <strong>Nietzsche</strong> como epígrafe de su Zaratustra, también se va por caminos que otrora se trazaron para gentes que ya no están; caminamos por páginas y caminos reescribiendo con nuestras huellas, vamos haciendo un palimpsesto para otros, que aún no son.</p>
<p style="text-align: justify">En mi caso, apenas me fui de mi tierra, empecé a construir, sin saberlo, una poética del regreso. Para paliar el dolor de estar lejos de lo que amo, y de quienes amo, me fui acercando a autores que intentaron regresar por la vía de la escritura. El primer autor en conmoverme, en ese sentido, fue <strong>Robert Walser</strong>, como todo lector de este blog sabrá, como toda amiga mía bien sabe. El autor de <em>El Paseo</em> celebraba el hecho de caminar con tanta claridad, amor y luz, que me contagiaba en cierto grado de esperanza, me hacía creer que una literatura feliz era posible, a pesar del dolor que era germen de la obra de este autor entrañable.</p>
<p style="text-align: justify">Luego llegó a mis manos <em>Amapola y memoria</em>. <strong>Paul Celan</strong> de entrada se convirtió para mí en un poeta esencial. Su dolor, con creces mayor, se me figuró hermano del mío. Él lo había perdido todo por culpa del nazismo; yo empezaba a perderlo por el asedio de los paramilitares. Su dictamen <em>la poesía es una forma de regreso a casa</em> se convirtió para mí en la premisa de mi vida. Creí por esa época que la poesía era la salvación, el regreso verdadero, la fe, pero cayó sobre mí al fin la aclaración de <strong>Adorno</strong>: <em>No se puede escribir poesía después de Auschwitz</em>.</p>
<p style="text-align: justify">Caminando más por la vida, me embarqué, atónito, en el redescubrimiento de <em>La Odisea</em>. De joven, no había sido amigo de la literatura griega -me repele hasta la náusea el helenismo-, pero esta vez me dejé llevar por las olas que hacían a Ulises prisionero. En su tenacidad y artilugios, en su voluntad inquebrantable, en su amor por los suyos, creí yo encontrar las claves del regreso, <em>la luz del regreso</em>, a la que tan bellamente <strong>Homero</strong> se refiere en los primeros cantos. La luz, a la que queremos regresar, y la misma que nos guía mientras volvemos.</p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, hoy que vuelvo a casa después de once años, me doy cuenta de que regresar siempre había sido imposible para mí. Me había sido negado desde el principio. Ítaca ya no es lo que era pues, aunque <strong>Penélope</strong> viajó y volvió conmigo, mi madre ya no está. Mi madre, por quien me sentía vivo, el ser más bello sobre la tierra, la persona que me lo dio todo, incluso la escritura&#8230; Ha vuelto a ser ángel. En aquel abril de 2012 me había ido para siempre. Nunca se vuelve, porque como tan bien lamentó <strong>Lorca</strong>, otro autor adorado de mi poética truncada: <em>yo ya no soy yo, / ni mi casa es ya mi casa.</em></p>
<p style="text-align: justify">¿No ves la herida que tengo<br />
desde el pecho a la garganta?</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Sat, 26 Aug 2023 13:48:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La luz del regreso]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Primera cara al suicidio (1 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/primera-cara-del-suicidio-1-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>Introducción Una noticia me pasma: alguien cercano se quitó la vida. Justo yo preparaba un ensayo sobre los posibles riesgos que enfrenta la salud mental de las generaciones más jóvenes, sobre todo después de la pandemia y en un año tan propicio a las crisis como el 2023. No pude pensar en algo distinto. Ray [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>Introducción</h2>
<p><em>Una noticia me pasma: alguien cercano se quitó la vida. Justo yo preparaba un ensayo sobre los posibles riesgos que enfrenta la salud mental de las generaciones más jóvenes, sobre todo después de la pandemia y en un año tan propicio a las crisis como el 2023. </em></p>
<p><em>No pude pensar en algo distinto. Ray Bradbury decía que escribir es una forma de supervivencia. A lo mejor es eso lo que palpita en las diferentes descripciones de las caras del suicidio que me atrevo a enfrentar: sentir que la muerte me respiraba en la nuca me hizo querer vivir de todas las formas posible.    </em></p>
<p><em>Dudé mucho entre ofrecer esta serie o guardarme mis reflexiones. El suicidio, dicen, tiene poderes contagiosos. Al final lo hago considerando que explorar nuestras sombras puede ser un manera contra su tortura. Cada vez que encaramos a nuestros fantasmas se amansa el frío de sus apariciones. </em></p>
<p><em>Ni una sola de estas partes puede, por ninguna razón, considerarse una apología o un rechazo al suicidio. No soy quien para juzgar personas de dolores o convicciones tan profundas que optan para acortar la distancia entre sus pálpitos y la nada. Tal vez a alguien que tenga mi misma posición pueda servirle también para explorar abismos.</em></p>
<p><em>A lo mejor este texto sirve para comprender, o al menos conocer, más a fondo las turbaciones que pueden llegar a nublar a nuestros jóvenes, que en todo caso son los que más necesitan reflexión y peor les sientan los dogmas. A lo mejor hay cómo transformar para ellos el horror del suicidio en algo que le anteceda y que haga la vida más valiosa para su falta de esperanzas. Si las siguientes caras del suicidio sirven para ello habrá cómo darle gracias a estos insomnios.                   </em></p>
<p>Justo cuando recibió la noticia repasaba <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8110323/">algunos estudios</a> que invitan a reconsiderar la presunción (muy justificable) de que la epidemia había aumentado las tasas de suicidio. Incluso <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0272775711000677">un estudio</a> de Benjamin Hansen de la Universidad de Oregon, Joseph Sabia de la Universidad Estatal de San Diego y Jessamyn Schaller de Claremont McKenna College estableció que la tasa de suicidios entre personas de 12 a 18 años disminuyó durante el cierre de los colegios en Estados Unidos. La escolaridad virtual protegió a los niños y a los jóvenes más vulnerables del bullying, de la presión académica y de los agrestes entornos institucionales. Y esa vida virtual, paradójicamente, les afirmó su esperanza en esta dimensión.</p>
<p>El Centro para el Control de Enfermedades de EEUU (Centres for Disease Control o CDC) <a href="https://www.cdc.gov/suicide/facts/index.html">estableció</a> que un estudiante que ha sido matoneado o ha sufrido de bullying en algún punto de su vida escolar tiene 320% más de posibilidad de suicidarse que uno que ha pasado esta etapa de su vida sin mayores traumas sociales. El regreso a la modalidad presencial disparó el índice de suicidios: un 12% y un 18%, con respecto a los casos anteriores al COVID. Si algo tiene de bueno la posibilidad de armar vidas en pantallas y universos ajenos al trato presencial es que la salvación de muchas tensiones puede estar en un botón de apagado, en un corte de energía que está en sus manos.</p>
<blockquote>
<h3>Durante la pandemia el suicidio dejó de ser la segunda causa de mortandad de personas en edad escolar secundaria.</h3>
</blockquote>
<p>Por otra parte, <a href="https://www.tfah.org/report-details/pain-in-the-nation-2022/">no pocos</a> estudios muestran un dramático incremento de muertes por uso excesivo de drogas (30%) y alcohol (27%), sobre todo desde los primeros meses de la pandemia. Abusar de sustancias también es programarse una cita con la muerte. Que lo digan, entre otros muchísimos escritores, los poetas Georg Trakl, Dylan Thomas o Malcolm Lowry (que &#8220;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=SPJk457iVi8">murió tocando el ukelele</a>&#8220;)&#8230;</p>
<p>Los colegios, como siempre, son una fuente de enseñanza para los adultos. Es hora de dejar de creer que el abuso por parte de pares con un status de más jerarquía en nuestros ambientes son males exclusivos de las edades escolares o de las universidades. Sin importar la fecha de nacimiento se vienen años de represión, censura y control. Sea por las medidas contra un nuevo pico del COVID o por la imposición de gobiernos autoritarios o plutocracias que se vienen instalando en todo el planeta. Parece solo una cuestión de para que la invasión a Ucranía desate una guerra de grandes proporciones.  La ansiedad, la incertidumbre parecen sumarse al colapso de los valores que la Democracia y los Derechos Humanos medio habían instalado como pilares para el siglo XX.</p>
<p>Falta tiempo para saber qué consecuencias colectivas concretas dejarán los hitos y los sucesos que nos están marcando como individuos de nuestra época. Pero contamos con herramientas que nos permiten anticipar algunas: la velocidad de la información, la cantidad de estudios que ilustran casos y tendencias o las crecientes manifestaciones artísticas que exhibieron los temas-tabú (el suicidio, los abusos intrafamiliares, los tormentos íntimos, etc.). Ya podemos percibir la dimensión del eco que aún nos aturde.</p>
<blockquote><p>Algo sabemos con certeza: hace años empezó una era que nos exige acciones constantes, compromisos explícitos y sutiles que nos son ineludibles. Vivimos en la era de un presente puro y simplón, en el scroll down perpetuo y monótono que distrae de los oficios y disipa las preocupaciones y las oportunidades. Y eso no resulta cómodo para todos.</p></blockquote>
<p>La muerte de alguien cercano catapulta nuestro pensamiento a lo infinito, al incierto paso por la vida que en realidad compartimos todos. Ya lo han explorado otros que, más allá de soluciones, nos dan compañía y luces para que el miedo no anule la oportunidad de aprender de lo indeseable. Sin endiosarlo ni dejándonos cegar por su terrible llama, el suicidio puede ser, como <a href="https://plato.stanford.edu/entries/camus/">para muchos</a>, la cuestión filosófica definitiva y el arte una manera de abordarla.</p>
<p>No ceder ante la tentación de romantizar una decisión dolorosa e incurable, pero tampoco volvernos verdugo de quien la toma, requiere de serenidad y disposición para superar las cátedras y las ideologías que usamos para sentirnos cómodos. El arte, esa voz que con frecuencia irrumpe de manera estridente y provocadora, sirve para explorar algunas versiones del mismo laberinto al que somos llamados todos o en el transitaremos todos con más o menos complacencia.</p>
<h2>PARTE UNO</h2>
<p>El cuadro &#8220;El suicidio de Dorothy Hale&#8221; (1938) de Frida Kahlo narra los tres últimos momentos de la vida de una fabulosa <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Dorothy_Hale"><em>socialité</em></a> que se dejó caer desde el piso 36 de un edificio de Nueva York. Una leyenda, casi a la manera de una carta de lotería mexicana, es la base de todo el cuadro:</p>
<h2 style="text-align: center">“<em>En la ciudad de Nueva York , el 21 de octubre de 1938, a las seis de la mañana, se suicidó la señora Dorothy Hale tirándose desde una ventana muy alta del edificio Hampshire House. En su recuerdo (borradas algunas palabras ) ese retablo, pintándolo Frida </em><i>Kahlo</i>”.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><figure id="attachment_93256" aria-describedby="caption-attachment-93256" style="width: 825px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-93256 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale.jpg" alt="" width="825" height="1000" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale.jpg 825w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-124x150.jpg 124w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-248x300.jpg 248w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-768x931.jpg 768w" sizes="(max-width: 825px) 100vw, 825px" /><figcaption id="caption-attachment-93256" class="wp-caption-text">&#8220;El suicidio de Dorothy Hale&#8221; (1938) de <a href="https://www.fridakahlo.org/the-suicide-of-dorothy-hale.jsp">Frida Kahlo</a>. Este retrato fue regalado por la pintora a la madre de Dorothy. Apenas abierto la señora sufrió un ataque de nervios que casi la mata y quiso quemar la pieza.</figcaption></figure></p>
<p>La obra es punzante, dolorosa, incómoda. Seguro hay muchos que no puedan evitar los escalofriantes recuerdos del 9/11 , cuando muchas personas atrapadas entre las llamas, y ante el inminente colapso de las Torres Gemelas, optaron por <a href="https://www.thebraziltimes.com/blogs/ivyjackson/entry/67080">saltar</a> a la amplia lista de los mártires que no tenían por qué serlo.</p>
<p>Un cielo, quizás nacido en un Magritte, es surcado por lo que parecen nubes algodonadas: sus sombras y vuelos despegan de lo que puede ser un broche de rosas amarillas anclado sobre el cuerpo de la muerta ensangrentada. Sus ojos ya no pueden parpadear fuera de los del espectador. Aún es hermosa y delicada.</p>
<p>Más arriba, la misma Dorothy cae de cabeza. Viste de blanco, como soñando desde una pijama cosida para volar. Las nubes son plumas de su faceta de Ícaro en picada. Suavizan el vértigo.</p>
<p>En el tercio superior del cuadro, entre el espejismo de la punta del Hampshire House, una sombra, anónima por la distancia, salta. El cuadro fija los segundos que pasan desde la decisión de acabar con su vida hasta el momento en el que el espectador se enfrenta a la incómoda inmovilidad de su mirada. Es una bitácora del vértigo aniquilador que no termina en la pintura.</p>
<p>Quien mira sufre una hipnosis paradójica: horror y belleza, vuelo y colapso, alguien eligió una muerte anticipada, pero se volvió inmortal en una pintura. Logra vivir en colores, desde el otro lado del tormento. Una mujer nos habla con su cuerpo, a través de los trazos de otra, sobre los tiempos y el universo inclemente de quien salta al vacío.</p>
<p>Antonin Artaud aparece pronto ante quien sigue los senderos en los que la pintura y la literatura se trenzan. Su premiado ensayo &#8220;<a href="https://www.buscalibre.com.co/libro-van-gogh-el-suicidado-por-la-sociedad/9789509282674/p/28071694">Van Gogh, el suicidado por la sociedad</a>&#8221; de 1947 señala cómo el holandés logró impactar la historia del arte por &#8220;deducir el mito de las cosas más pedestres de la vida&#8221;. Por su parte, los psiquiatras (para Artaud nada menos que &#8220;erotómanos&#8221;, &#8220;pedazos de cochinos inmundos&#8221; o &#8220;sanioso y purulento cancerbero&#8221;) son los antihéroes más vergonzosos, los fieles representantes &#8220;de una realidad hostil, de la bajeza, de la mentira, de la hipocresía, de la debilidad del mundo&#8221;. Solo pueden contrarrestar el poder del arte aislando la sensibilidad y la genialidad o quemando cerebros más poderosos con electrochoques y medicamentos.</p>
<p>(Para <a href="https://fortnightlyreview.co.uk/2018/01/van-gogh-gachet/#:~:text=Gachet's%20and%20Van%20Gogh's%20relationship,the%20intercession%20of%20mutual%20friends.">sazonar este cuestionamiento</a>: el psiquiatra que trató a Van Gogh al final de su vida resultó ser, coincidencialmente, uno de sus coleccionistas más apasionados (y un artista menos celebrado que se apodaba Paul Van Ryssel). El Dr. Paul Ferdinand Gachet, que lo &#8220;trató&#8221; los últimos meses de vida, fue criticado por el propio Van Gogh ante su hermano, pero resultó ser el dueño de por lo menos siete pinturas suyas y el agente de muchas otras. Luego esa valiosa colección pasó a manos de sus hijos Marguerite y Paul-Louis, quienes en 1952 vendieron por una cifra astronómica la colección al Estado francés. En esa colección varios cuadros resultaron burdas falsificaciones (o, al menos, muy malas copias) del maestro holandés, de Gaugin y de otros impresionistas).</p>
<p>El mismo <a href="https://www.worldmime.org/en/about-mime/vipersonalities/105-vipersonalities/295-antonin-artaud.html">Artaud</a> pasó más de la mitad de su vida en sanatorios, pero en una etapa más evolucionada de la psiquiatría y de los medicamentos. Aún así declaró que una persona creativa usualmente es &#8220;al que la sociedad se niega a escuchar, y al que quiere impedir que exprese determinadas verdades insoportables&#8221;. Tal vez este aislamiento e incomprensión general pueda llevar a los artistas a tener una inclinación más clara al suicidio.</p>
<p>De acuerdo a <a href="https://ajp.psychiatryonline.org/doi/abs/10.1176/ajp.144.10.1288?journalCode=ajp">un estudio</a> de 1987 de la Doctora Nancy Andreasen de la facultad de psiquiatría de la Universidad de Iowa los cerebros creativos (es decir, un 25% de los humanos) son más propensos a tener trastornos bipolares, depresiones devastadoras, ataques de esquizofrenia o de pánico y otro tipo de anomalías que pueden llevar a la autodestrucción. Dentro de este grupo, a los escritores se le identifica un 30% de riesgo mayor que a los músicos o a los pintores.</p>
<p>Quizás todos los escritores, como escribía la <a href="https://elpais.com/diario/1982/04/14/cultura/387583204_850215.html">primera Pulitzer</a> Silvia Plath, tengan corazón capaces de crear relatos y convertir su dolor en muestras de belleza. Quizás con eso compensan su desequilibrio: &#8220;dos corrientes eléctricas: alegre, positiva y desesperantemente negativa; lo que esté corriendo en este momento domina mi vida, la inunda&#8221;. Pero esa capacidad de manejar descargas excesivas, como cualquier aptitud de una persona, se acaba. Así sucedió para ella a los 30 años, el 8 de febrero de 1963 y terminó suicidándose, a pesar de los métodos que inventaron para tratarla. O gracias a ellos.</p>
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<h2> <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/suicidio-2-4">(Continúa)</a></h2>
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        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
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        <pubDate>Tue, 07 Feb 2023 10:10:02 +0000</pubDate>
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