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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de la muerte | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Pensamientos sobre algunos ensayos de Lewis Thomas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/pensamientos-sobre-algunos-ensayos-de-lewis-thomas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Leer a Lewis Thomas (nov. 25 1913 -1993) no está de moda. Sus libros no son fáciles de conseguir en español; sin embargo, vale la pena buscarlos, pues Thomas es un ensayista visionario y profundo que te deja pensando. No solo eso, es un erudito y una de esas raras personas que encuentran el corazón [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Leer a Lewis Thomas (nov. 25 1913 -1993) no está de moda. Sus libros no son fáciles de conseguir en español; sin embargo, vale la pena buscarlos, pues Thomas es un ensayista visionario y profundo que te deja pensando. No solo eso, es un erudito y una de esas raras personas que encuentran el corazón de los temas y te lo pone a palpitar frente de los ojos. Fue un médico destacado, ensayista, investigador y, además, poeta y etimólogo. Su primer libro, <em>Las vidas de una célula: notas de un observador de la biología</em> (<em>The Lives of a Cell: Notes of a Biology Watcher</em>, 1974), colección de ensayos, ganó el National Book Awards. Otras colecciones de ensayos incluyen <em>La medusa y el caracol</em> (<em>The Medusa and the Snail</em>), <em>La ciencia más joven</em> (<em>The Youngest Science</em>) y <em>Late Night Thoughts on Listening to Mahler&#8217;s Ninth Symphony</em> (que se traduce como <em>Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler</em>).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/5/59/Dr._Lewis_Thomas%2C_bio-chemist%2C_author.jpg/500px-Dr._Lewis_Thomas%2C_bio-chemist%2C_author.jpg" alt="" /></figure>



<p>Hace tiempos, dediqué una entrada en mi blog a <em>La obra maestra del diácono, </em>ensayo titulado así, que aparece en el libro <em>La medusa y el caracol</em>. En este, Thomas se pregunta: “¿de qué nos moriríamos si el avance de la ciencia resolviera o encontrara la cura para todas las enfermedades?” Y dice que la respuesta — por lo demás, genial en mi opinión— la encontró en un poema del siglo 19 escrito por otro médico, Oliver Wendell Holmes, llamado: <em>La obra maestra del diácono</em>.</p>



<p>En el poema, el diácono ha construido la calesa perfecta, sin fallas en ninguna de sus partes; todas con la misma resistencia, que ni se quiebran ni se descomponen. El carruaje es la analogía de un organismo sin debilidades, cuyas partes no se enferman ni deterioran, un organismo cuyas partes envejecen simultáneamente y en sincronía. Un día la calesa se derrumba de sopetón y queda “¡como si hubiera ido al molino para ser triturada!”, frase que fascina a Lewis Thomas, pues representa la muerte súbita.</p>



<p>Pensando en el diseño inteligente, mejor dicho, en quienes creen en el diseño inteligente, me pregunté por qué juzgan perfecto el cuerpo humano, sabiendo que estamos llenos de defectos debido a los caminos enrevesados que a veces toma la evolución y, además, porque sus partes se deterioran de distintas maneras y a distintos tiempos. Nuestros cuerpos no son como la carroza del diácono; de serlo, un día colapsarían sus partes simultáneamente (y eso que dizque los seres humanos fueron hechos a imagen y semejanza de un Dios). Todo debería durar en buen estado hasta el final, hasta que la muerte nos aniquile de un tajo. Pero no es así, nos morimos de a partes, de a poco. Lo más terrible es que en muchos casos se muere al alma antes que el cuerpo (como le ocurre a una de cada nueve personas en el mundo).</p>



<p>Otro ensayo me llama la atención porque de cierta manera va en contra de la moda médica y social actual. Se llama “El zarzo del cerebro,” The Attic of the Brain y se encuentra en <em>Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler</em>.</p>



<p>Thomas hace una analogía entre el zarzo de las casas y el cerebro. Dice que las casas contemporáneas están diseñadas con un concepto muy distinto a las de antes y que desafortunadamente no tienen zarzo. Que son abiertas, incluso a veces, de espacios únicos, o con ventanas que exhiben lo que ocurre adentro. No hay esos lugares cerrados, llenos de objetos polvorientos, con libros del siglo anterior, recetas de la abuela, vestidos, neceseres, disfraces, zapatos, cartas, baúl con fotografías, cepillos calvos, bicicletas destartaladas, globo terráqueo, paisajes a la acuarela desenmarcados, pupitres de cuando éramos niños, espejos, etcétera. El ático es accesible, sí, pero no se exhibe, y a Lewis Thomas le parece que deberíamos dejar nuestro ático interno sin escrutinio, sin excesos de racionalización ni control excesivo.</p>



<p>Cuando una persona practica el psicoanálisis o usa la ayahuasca o la psilocibina para “entrar al zarzo” está tratando de ordenar y dar sentido a algo que realmente no puede ver. Intentos que solo logran desordenar las ideas o reinventarlas, remover recuerdos y, claro, fantasear con unos nuevos, pues lo que hace la razón es justificar lo que logra ver del zarzo, pero, entendámoslo, allí no hay comprensión posible, y sus objetos están para siempre en la penumbra. Más ajetreo, más riesgo de convertirse en un “caído del zarzo”. Thomas dice que lo mejor es dejar el zarzo tranquilo y dejar que el cerebro actúe y se exprese como lo dictaminó la evolución, sin tratar de irrumpir en su naturaleza. Me gusta cuando Thomas dice que el cerebro “se controla a sí mismo y no fue diseñado por la evolución para que lo entendiéramos”. &nbsp;Sino para sobrevivir, digo yo. A Thomas le habría encantado conocer el poema de Antonio Machado que dice:</p>



<p>En nuestras almas todo</p>



<p>por misteriosa mano se gobierna.</p>



<p>Incomprensibles, mudas,</p>



<p>nada sabemos de las almas nuestras.</p>



<p>Las más hondas palabras</p>



<p>del sabio nos enseñan</p>



<p>lo que el silbar del viento cuando sopla</p>



<p>o el sonar de las aguas cuando ruedan.</p>



<p>En el ensayo que da nombre al libro<em> Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler</em>, Thomas explica cómo la música le va hablando de la muerte. Él siempre pensó que se trataba de la muerte personal, la muerte del individuo, hasta que un día se dio cuenta, en el contexto de la Guerra Fría, el contexto de su época, que se podía extrapolar a la vida en la Tierra, y se dio cuenta de que nuestro cerebro y emociones son todos parte de la naturaleza, pues todo está interconectado. El ensayo es particularmente poderoso por la gravedad y urgencia ante la amenaza nuclear, que no es diferente a la que estamos viviendo hoy, con las amenazas de Israel a Irán y de Rusia a Ucrania y a Europa. Thomas contrasta la belleza y fragilidad de la vida humana y el Planeta (evocados por la música) con la absurda insensatez de una posible autodestrucción.</p>



<p>Aquí una cita de su libro:</p>



<p>“La fácil tristeza expresada con tanta dulzura y delicadeza por esa frase (musical) repetida en unas cuerdas descoloridas, una y otra vez, ya no me llega como la vieja y familiar noticia del ciclo de la vida y la muerte […] he adquirido y guardado en mi afecto, hasta hace muy poco, otra rama de una idea que me es útil en mis horas oscuras: la vida de la Tierra es igual a la vida de un organismo: el gran ser redondo posee una mente: esa mente contiene un número infinito de pensamientos y recuerdos: cuando me llegue la hora, podría hallarme flotando en una suerte de aire elevado, uno de esos pequeños pensamientos, que vuelven de la memoria de la Tierra: en ese sentido peculiar, estaré vivo”.</p>



<p>“The easy sadness expressed with such gentleness and delicacy by that repeated phrase on faded strings, over and over again, no longer comes to me as old, familiar news of the cycle of living and dying. […] I have acquired and held in affection until very recently another sideline of an idea which serves me well at dark times: the life of earth is the same as the life of an organism : the great round being possesses a mind: the mind contains an infinite number of thoughts and memories: when I reach the my time I may find myself still hanging around in some sort of midair, one of those small thoughts , drawn back into memory of the earth: in that peculiar sense I will be alive.”</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Mahler Symphony No 9 Last Movement" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/N7Xw3Ns5vz4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122990</guid>
        <pubDate>Sun, 30 Nov 2025 14:05:22 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Pensamientos sobre algunos ensayos de Lewis Thomas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Primera cara al suicidio (1 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/primera-cara-del-suicidio-1-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>Introducción Una noticia me pasma: alguien cercano se quitó la vida. Justo yo preparaba un ensayo sobre los posibles riesgos que enfrenta la salud mental de las generaciones más jóvenes, sobre todo después de la pandemia y en un año tan propicio a las crisis como el 2023. No pude pensar en algo distinto. Ray [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>Introducción</h2>
<p><em>Una noticia me pasma: alguien cercano se quitó la vida. Justo yo preparaba un ensayo sobre los posibles riesgos que enfrenta la salud mental de las generaciones más jóvenes, sobre todo después de la pandemia y en un año tan propicio a las crisis como el 2023. </em></p>
<p><em>No pude pensar en algo distinto. Ray Bradbury decía que escribir es una forma de supervivencia. A lo mejor es eso lo que palpita en las diferentes descripciones de las caras del suicidio que me atrevo a enfrentar: sentir que la muerte me respiraba en la nuca me hizo querer vivir de todas las formas posible.    </em></p>
<p><em>Dudé mucho entre ofrecer esta serie o guardarme mis reflexiones. El suicidio, dicen, tiene poderes contagiosos. Al final lo hago considerando que explorar nuestras sombras puede ser un manera contra su tortura. Cada vez que encaramos a nuestros fantasmas se amansa el frío de sus apariciones. </em></p>
<p><em>Ni una sola de estas partes puede, por ninguna razón, considerarse una apología o un rechazo al suicidio. No soy quien para juzgar personas de dolores o convicciones tan profundas que optan para acortar la distancia entre sus pálpitos y la nada. Tal vez a alguien que tenga mi misma posición pueda servirle también para explorar abismos.</em></p>
<p><em>A lo mejor este texto sirve para comprender, o al menos conocer, más a fondo las turbaciones que pueden llegar a nublar a nuestros jóvenes, que en todo caso son los que más necesitan reflexión y peor les sientan los dogmas. A lo mejor hay cómo transformar para ellos el horror del suicidio en algo que le anteceda y que haga la vida más valiosa para su falta de esperanzas. Si las siguientes caras del suicidio sirven para ello habrá cómo darle gracias a estos insomnios.                   </em></p>
<p>Justo cuando recibió la noticia repasaba <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8110323/">algunos estudios</a> que invitan a reconsiderar la presunción (muy justificable) de que la epidemia había aumentado las tasas de suicidio. Incluso <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0272775711000677">un estudio</a> de Benjamin Hansen de la Universidad de Oregon, Joseph Sabia de la Universidad Estatal de San Diego y Jessamyn Schaller de Claremont McKenna College estableció que la tasa de suicidios entre personas de 12 a 18 años disminuyó durante el cierre de los colegios en Estados Unidos. La escolaridad virtual protegió a los niños y a los jóvenes más vulnerables del bullying, de la presión académica y de los agrestes entornos institucionales. Y esa vida virtual, paradójicamente, les afirmó su esperanza en esta dimensión.</p>
<p>El Centro para el Control de Enfermedades de EEUU (Centres for Disease Control o CDC) <a href="https://www.cdc.gov/suicide/facts/index.html">estableció</a> que un estudiante que ha sido matoneado o ha sufrido de bullying en algún punto de su vida escolar tiene 320% más de posibilidad de suicidarse que uno que ha pasado esta etapa de su vida sin mayores traumas sociales. El regreso a la modalidad presencial disparó el índice de suicidios: un 12% y un 18%, con respecto a los casos anteriores al COVID. Si algo tiene de bueno la posibilidad de armar vidas en pantallas y universos ajenos al trato presencial es que la salvación de muchas tensiones puede estar en un botón de apagado, en un corte de energía que está en sus manos.</p>
<blockquote>
<h3>Durante la pandemia el suicidio dejó de ser la segunda causa de mortandad de personas en edad escolar secundaria.</h3>
</blockquote>
<p>Por otra parte, <a href="https://www.tfah.org/report-details/pain-in-the-nation-2022/">no pocos</a> estudios muestran un dramático incremento de muertes por uso excesivo de drogas (30%) y alcohol (27%), sobre todo desde los primeros meses de la pandemia. Abusar de sustancias también es programarse una cita con la muerte. Que lo digan, entre otros muchísimos escritores, los poetas Georg Trakl, Dylan Thomas o Malcolm Lowry (que &#8220;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=SPJk457iVi8">murió tocando el ukelele</a>&#8220;)&#8230;</p>
<p>Los colegios, como siempre, son una fuente de enseñanza para los adultos. Es hora de dejar de creer que el abuso por parte de pares con un status de más jerarquía en nuestros ambientes son males exclusivos de las edades escolares o de las universidades. Sin importar la fecha de nacimiento se vienen años de represión, censura y control. Sea por las medidas contra un nuevo pico del COVID o por la imposición de gobiernos autoritarios o plutocracias que se vienen instalando en todo el planeta. Parece solo una cuestión de para que la invasión a Ucranía desate una guerra de grandes proporciones.  La ansiedad, la incertidumbre parecen sumarse al colapso de los valores que la Democracia y los Derechos Humanos medio habían instalado como pilares para el siglo XX.</p>
<p>Falta tiempo para saber qué consecuencias colectivas concretas dejarán los hitos y los sucesos que nos están marcando como individuos de nuestra época. Pero contamos con herramientas que nos permiten anticipar algunas: la velocidad de la información, la cantidad de estudios que ilustran casos y tendencias o las crecientes manifestaciones artísticas que exhibieron los temas-tabú (el suicidio, los abusos intrafamiliares, los tormentos íntimos, etc.). Ya podemos percibir la dimensión del eco que aún nos aturde.</p>
<blockquote><p>Algo sabemos con certeza: hace años empezó una era que nos exige acciones constantes, compromisos explícitos y sutiles que nos son ineludibles. Vivimos en la era de un presente puro y simplón, en el scroll down perpetuo y monótono que distrae de los oficios y disipa las preocupaciones y las oportunidades. Y eso no resulta cómodo para todos.</p></blockquote>
<p>La muerte de alguien cercano catapulta nuestro pensamiento a lo infinito, al incierto paso por la vida que en realidad compartimos todos. Ya lo han explorado otros que, más allá de soluciones, nos dan compañía y luces para que el miedo no anule la oportunidad de aprender de lo indeseable. Sin endiosarlo ni dejándonos cegar por su terrible llama, el suicidio puede ser, como <a href="https://plato.stanford.edu/entries/camus/">para muchos</a>, la cuestión filosófica definitiva y el arte una manera de abordarla.</p>
<p>No ceder ante la tentación de romantizar una decisión dolorosa e incurable, pero tampoco volvernos verdugo de quien la toma, requiere de serenidad y disposición para superar las cátedras y las ideologías que usamos para sentirnos cómodos. El arte, esa voz que con frecuencia irrumpe de manera estridente y provocadora, sirve para explorar algunas versiones del mismo laberinto al que somos llamados todos o en el transitaremos todos con más o menos complacencia.</p>
<h2>PARTE UNO</h2>
<p>El cuadro &#8220;El suicidio de Dorothy Hale&#8221; (1938) de Frida Kahlo narra los tres últimos momentos de la vida de una fabulosa <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Dorothy_Hale"><em>socialité</em></a> que se dejó caer desde el piso 36 de un edificio de Nueva York. Una leyenda, casi a la manera de una carta de lotería mexicana, es la base de todo el cuadro:</p>
<h2 style="text-align: center">“<em>En la ciudad de Nueva York , el 21 de octubre de 1938, a las seis de la mañana, se suicidó la señora Dorothy Hale tirándose desde una ventana muy alta del edificio Hampshire House. En su recuerdo (borradas algunas palabras ) ese retablo, pintándolo Frida </em><i>Kahlo</i>”.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><figure id="attachment_93256" aria-describedby="caption-attachment-93256" style="width: 825px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-93256 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale.jpg" alt="" width="825" height="1000" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale.jpg 825w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-124x150.jpg 124w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-248x300.jpg 248w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-768x931.jpg 768w" sizes="(max-width: 825px) 100vw, 825px" /><figcaption id="caption-attachment-93256" class="wp-caption-text">&#8220;El suicidio de Dorothy Hale&#8221; (1938) de <a href="https://www.fridakahlo.org/the-suicide-of-dorothy-hale.jsp">Frida Kahlo</a>. Este retrato fue regalado por la pintora a la madre de Dorothy. Apenas abierto la señora sufrió un ataque de nervios que casi la mata y quiso quemar la pieza.</figcaption></figure></p>
<p>La obra es punzante, dolorosa, incómoda. Seguro hay muchos que no puedan evitar los escalofriantes recuerdos del 9/11 , cuando muchas personas atrapadas entre las llamas, y ante el inminente colapso de las Torres Gemelas, optaron por <a href="https://www.thebraziltimes.com/blogs/ivyjackson/entry/67080">saltar</a> a la amplia lista de los mártires que no tenían por qué serlo.</p>
<p>Un cielo, quizás nacido en un Magritte, es surcado por lo que parecen nubes algodonadas: sus sombras y vuelos despegan de lo que puede ser un broche de rosas amarillas anclado sobre el cuerpo de la muerta ensangrentada. Sus ojos ya no pueden parpadear fuera de los del espectador. Aún es hermosa y delicada.</p>
<p>Más arriba, la misma Dorothy cae de cabeza. Viste de blanco, como soñando desde una pijama cosida para volar. Las nubes son plumas de su faceta de Ícaro en picada. Suavizan el vértigo.</p>
<p>En el tercio superior del cuadro, entre el espejismo de la punta del Hampshire House, una sombra, anónima por la distancia, salta. El cuadro fija los segundos que pasan desde la decisión de acabar con su vida hasta el momento en el que el espectador se enfrenta a la incómoda inmovilidad de su mirada. Es una bitácora del vértigo aniquilador que no termina en la pintura.</p>
<p>Quien mira sufre una hipnosis paradójica: horror y belleza, vuelo y colapso, alguien eligió una muerte anticipada, pero se volvió inmortal en una pintura. Logra vivir en colores, desde el otro lado del tormento. Una mujer nos habla con su cuerpo, a través de los trazos de otra, sobre los tiempos y el universo inclemente de quien salta al vacío.</p>
<p>Antonin Artaud aparece pronto ante quien sigue los senderos en los que la pintura y la literatura se trenzan. Su premiado ensayo &#8220;<a href="https://www.buscalibre.com.co/libro-van-gogh-el-suicidado-por-la-sociedad/9789509282674/p/28071694">Van Gogh, el suicidado por la sociedad</a>&#8221; de 1947 señala cómo el holandés logró impactar la historia del arte por &#8220;deducir el mito de las cosas más pedestres de la vida&#8221;. Por su parte, los psiquiatras (para Artaud nada menos que &#8220;erotómanos&#8221;, &#8220;pedazos de cochinos inmundos&#8221; o &#8220;sanioso y purulento cancerbero&#8221;) son los antihéroes más vergonzosos, los fieles representantes &#8220;de una realidad hostil, de la bajeza, de la mentira, de la hipocresía, de la debilidad del mundo&#8221;. Solo pueden contrarrestar el poder del arte aislando la sensibilidad y la genialidad o quemando cerebros más poderosos con electrochoques y medicamentos.</p>
<p>(Para <a href="https://fortnightlyreview.co.uk/2018/01/van-gogh-gachet/#:~:text=Gachet's%20and%20Van%20Gogh's%20relationship,the%20intercession%20of%20mutual%20friends.">sazonar este cuestionamiento</a>: el psiquiatra que trató a Van Gogh al final de su vida resultó ser, coincidencialmente, uno de sus coleccionistas más apasionados (y un artista menos celebrado que se apodaba Paul Van Ryssel). El Dr. Paul Ferdinand Gachet, que lo &#8220;trató&#8221; los últimos meses de vida, fue criticado por el propio Van Gogh ante su hermano, pero resultó ser el dueño de por lo menos siete pinturas suyas y el agente de muchas otras. Luego esa valiosa colección pasó a manos de sus hijos Marguerite y Paul-Louis, quienes en 1952 vendieron por una cifra astronómica la colección al Estado francés. En esa colección varios cuadros resultaron burdas falsificaciones (o, al menos, muy malas copias) del maestro holandés, de Gaugin y de otros impresionistas).</p>
<p>El mismo <a href="https://www.worldmime.org/en/about-mime/vipersonalities/105-vipersonalities/295-antonin-artaud.html">Artaud</a> pasó más de la mitad de su vida en sanatorios, pero en una etapa más evolucionada de la psiquiatría y de los medicamentos. Aún así declaró que una persona creativa usualmente es &#8220;al que la sociedad se niega a escuchar, y al que quiere impedir que exprese determinadas verdades insoportables&#8221;. Tal vez este aislamiento e incomprensión general pueda llevar a los artistas a tener una inclinación más clara al suicidio.</p>
<p>De acuerdo a <a href="https://ajp.psychiatryonline.org/doi/abs/10.1176/ajp.144.10.1288?journalCode=ajp">un estudio</a> de 1987 de la Doctora Nancy Andreasen de la facultad de psiquiatría de la Universidad de Iowa los cerebros creativos (es decir, un 25% de los humanos) son más propensos a tener trastornos bipolares, depresiones devastadoras, ataques de esquizofrenia o de pánico y otro tipo de anomalías que pueden llevar a la autodestrucción. Dentro de este grupo, a los escritores se le identifica un 30% de riesgo mayor que a los músicos o a los pintores.</p>
<p>Quizás todos los escritores, como escribía la <a href="https://elpais.com/diario/1982/04/14/cultura/387583204_850215.html">primera Pulitzer</a> Silvia Plath, tengan corazón capaces de crear relatos y convertir su dolor en muestras de belleza. Quizás con eso compensan su desequilibrio: &#8220;dos corrientes eléctricas: alegre, positiva y desesperantemente negativa; lo que esté corriendo en este momento domina mi vida, la inunda&#8221;. Pero esa capacidad de manejar descargas excesivas, como cualquier aptitud de una persona, se acaba. Así sucedió para ella a los 30 años, el 8 de febrero de 1963 y terminó suicidándose, a pesar de los métodos que inventaron para tratarla. O gracias a ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2> <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/suicidio-2-4">(Continúa)</a></h2>
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        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93435</guid>
        <pubDate>Tue, 07 Feb 2023 10:10:02 +0000</pubDate>
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