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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Juan Gabriel Vásquez | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Intelectuales de derecha contra intelectuales de izquierda (caso Venezuela y “Hay Festival”)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/intelectuales-de-derecha-contra-intelectuales-de-izquierda-caso-venezuela-y-hay-festival/</link>
        <description><![CDATA[<p>En la batalla cultural que libra hoy el mundo para imponer las ideas, los intelectuales colombianos se corrigen o vapulean unos a otros. “Muchos escritores van al Hay Festival a meter cocaína”, dijo Carolina Sanín en su monólogo quincenal, y la cosa pasó como si nada.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>De izquierda a derecha, los escritores colombianos Juan Gabriel Vásquez, Laura Restrepo, Giuseppe Caputo y Carolina Sanín. </em></p>



<p>¿Qué cosa es un intelectual y para qué sirve? No lo sé, pero les prometo averiguarlo. Mientras tanto, observo las peleas entre aquellos a quienes llaman intelectuales. Celebremos la polémica, pues es señal de que (todavía) no se han extinguido. Celebremos incluso si nuestros intelectuales nadan en la orilla por temor a ahogarse en la profundidad de los debates.</p>



<p>A dos escritores, Carolina Sanín y Juan Gabriel Vásquez, les chocó la carta que otra escritora, Laura Restrepo, envió al <em>Hay Festival</em>, anunciando que se marginaba del evento en rechazo a la presencia de la líder política venezolana María Corina Machado, quien pidió la intervención militar de su país por parte de Estados Unidos. Ya vimos: Los <em>Reyes Magos</em> le cumplieron el sueño de forma anticipada.</p>



<p>En <a href="https://open.spotify.com/episode/6tHf6EsvUb6HzvAbsoKrbC">su monólogo</a> para <em>Cambio</em>, Sanín se arrogó el derecho de corregir la carta de Restrepo, y lo hizo en términos despectivos. La tildó de taimada, lambona, “esta señora”, adolescente de colegio, “un numerito”.</p>



<p>A la voz de Restrepo se sumaron otras veces, todas corregidas por la cultísima Sanín. <em>“Chambonada de textos”,</em> dijo refiriéndose a los escritos de Laura Restrepo, Giuseppe Caputo y Mikaelah Drullard (escritora dominicana).</p>



<p>A Caputo lo llamó perezoso por, según ella, no esforzarse por escribir mejor<em>. “Estoy perezosa yo también con la lengua, ya estoy</em> <em>caputesca</em>”, dijo una Sanín experta en inventar palabras.</p>



<p><em>“De paso mátenla”,</em> sugirió porque Drullard declaró que tampoco ella estaba dispuesta a compartir el mismo espacio con la cuestionada Nobel de Paz. &nbsp;</p>



<p>Luego dijo que hicieron de María Corina alguien “moralmente asesinable”, en referencia a <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/catalina-ruiz-navarro/maria-corina-machado-en-el-hay-festival">esta columna</a> de Catalina Ruiz Navarro en <strong>El Espectador</strong>, a la que califica de <em>“barrabasadas”.</em></p>



<p>Pero Sanín no es la única persona de derecha que cuestiona a los intelectuales de izquierda, como si estos fueran responsables de la tragedia que viven Venezuela y los venezolanos. &nbsp;</p>



<p>En <a href="https://letraslibres.com/politica/el-imperialismo-bueno-de-laura-restrepo/16/12/2025/">Letras Libres</a>, Juan Carlos Méndez escribió: <em>“Laura Restrepo conoce cuál es el único futuro deseable para millones de venezolanos: de aquí a la eternidad, soportar la corrupción, las caravanas de refugiados, la miseria humillante, el saqueo y la muerte <strong>solo para que ella pueda asistir tranquila a los eventos literarios del mundo</strong>”.&nbsp;</em></p>



<p>En <a href="https://www.lasillavacia.com/opinion/la-raya-que-laura-restrepo-no-quiere-cruzar">La Silla Vacía</a>, Isabel Arroyo escribió: <em>“Considero, en síntesis, que, al cancelar su participación en el&nbsp;</em>Hay<em>, nuestra querida novelista, lejos de estar haciendo una valiente declaración en contra de la opresión de los pueblos, <strong>encontró razones para, al igual que otros intelectuales de izquierda, seguir ignorando el sufrimiento de los venezolanos</strong>. Esa es la raya que no parece dispuesta a cruzar”.</em></p>



<p>En <a href="https://elpais.com/america-colombia/2025-12-29/sobre-el-caso-de-laura-restrepo-y-el-hay-festival.html">El País de España</a>, Juan Gabriel Vásquez escribió<em>: “Al cancelar su participación en el festival, y al hacerlo con el argumento de que el festival había invitado a una mujer cuyas posiciones no comparte,&nbsp;</em><strong><em>Laura Restrepo&nbsp;abdicó del principal deber de un intelectual público: entrar en el debate”.</em></strong></p>



<p>Haciendo de abogado del diablo, me gustaría conocer el manual de deberes y derechos de los intelectuales, si es que algo así existe. Yo creo que tan lícito es participar del debate como marginarse de él. De hecho, el silencio es una forma de protesta válida. A diferencia de los políticos, que deben rendir cuentas por sus actos y están obligados a poner la cara siempre, no se puede pretender meter a los escritores a la fuerza dónde y con quien no quieren estar. La estatura de un intelectual y la de un político no son equiparables; hacerlo es prácticamente un insulto con los primeros.</p>



<p>Además, Vásquez no entendió que en el terreno de las ideas al callar, al ausentarse, ya se ha dicho demasiado. Marginarse es una forma lícita de protestar y a la protesta se le debe considerar otra forma del debate. Ese es el mensaje y no hay arrogancia en ello. Y aunque suene grosero, el intelectual, quizás por el hecho de serlo, debe sentirse con el permiso de estar o no estar donde se le dé la gana.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La estatura de un intelectual y la de un político no son equiparables; hacerlo es prácticamente un insulto con los primeros.</h2>



<p>Podríamos, en cambio, preguntarle a quien corresponda cuál es el propósito de invitar a una líder política, con ansías de poder, a un evento literario, que eso se supone es el <em>Hay Festival</em>.</p>



<p>Mientras escribo estas líneas, lo que muchos temían acabó sucediendo. El ejército estadounidense sacó por la fuerza a Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela. Corina Machado, la manzana de la discordia, se ha declarado triunfal: <a href="https://www.infobae.com/venezuela/2026/01/03/maria-corina-machado-estamos-preparados-para-hacer-valer-nuestro-mandato-y-tomar-el-poder/"><em>“Estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder”.</em>&nbsp;</a> Mientras tanto, Trump tomó las riendas del país hasta que <em><a href="https://www.bbc.com/mundo/live/cg5g7y081dpt">“se pueda llevar a cabo una transición segura”</a>, según recogió la BBC.</em> Es decir, la nación vecina entró en un rio revuelto, ganancia de pescadores. Por ahora, Machado quedó descartada para gobernar, porque no tiene <em><a href="https://www.elmundo.es/internacional/2026/01/03/69595ef9fdddffe7018b45b0.html">“ni el respeto ni el apoyo de su país”</a></em><strong>,</strong> dijo Trump. Ella le dedicó su Premio Nobel de Paz a Trump y Trump le agradeció con palabras de menosprecio. </p>



<p>Es que, señoras y señores, incluida doña Carolina Sanín, el problema de fondo no es si unos escritores van o no van a un evento cultural por la inquina hacia fulana o perencejo; el problema de fondo es si estamos o no de acuerdo con el hecho de que el autoritario Donald Trump profane la soberanía de otro país y a qué costo en términos de vidas humanas, como la de los lancheros interceptados y enseguida ejecutados sin fórmula de juicio. Y, lo más grave, qué consecuencias traerá la intromisión de Estados Unidos en Venezuela para los demás países de la región. </p>



<p>Recomiendo <a href="https://elpais.com/opinion/2026-01-03/fuerza-bruta-en-venezuela.html">este editorial </a>del diario español El País: <em><strong>&#8220;No existe transición legítima bajo tutela extranjera ni democracia posible si el futuro de un país se administra desde fuera como un protectorado&#8221;.</strong></em> Por otra parte, el análisis de The New Yorker es contundente: <a href="https://www.newyorker.com/news/q-and-a/the-brazen-illegality-of-trumps-venezuela-operation">la operación de Trump en Venezuela fue ilegal.</a> </p>



<p>Esa es la pepa de la almendra, y por las malquerencias de los unos hacia los otros, no deberíamos distraer la discusión sobre lo que debe importarnos. Si quitamos eso, todo lo que nos queda es una guerra de egos, la obligación de rellenar espacios y columnas, hablar por hablar, escribir por escribir, las veleidades de unos y otros que no se han tomado en serio su rol de intelectuales, quizás porque tampoco ellos saben para qué diablos sirve un intelectual en pleno siglo XXI.</p>



<p>El vil asesinato del presidente Salvador Allende (Chile, 1973), orquestado por Nixon y Kissinger, ilustra la gravedad del problema en que se encuentra América Latina tras la captura de Nicolás Maduro. Más allá de los cargos de narcoterrorismo y otros delitos en su contra, la región se enfrenta a un gobernante soberbio que busca imponer por la fuerza su propia doctrina política. De hecho, Trump ha venido metiendo las narices en elecciones que deberían ser libres, señalando quién es digno de ser elegido y quién no. <a href="https://cnnespanol.cnn.com/2025/12/02/latinoamerica/influencia-trump-elecciones-latinoamericanas-orix"><em>“Muy seguramente lo va a intentar hacer en Colombia”</em>,</a> le dijo un analista a CNN.</p>



<p>No se pueden alentar voces como la de María Corina Machado, que antes y después de recibir el Premio Nobel de Paz propuso una salida irracional como solución a un régimen igual de irracional. Había que sentar un precedente contra esa actitud desquiciada. Intelectuales como Laura Restrepo lo hicieron de manera valiente.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Se abre otro debate</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="891" height="357" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04075050/ZETA-ZETA-HAY-FESTIVAL-LOGO.jpg" alt="" class="wp-image-124294" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04075050/ZETA-ZETA-HAY-FESTIVAL-LOGO.jpg 891w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04075050/ZETA-ZETA-HAY-FESTIVAL-LOGO-300x120.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04075050/ZETA-ZETA-HAY-FESTIVAL-LOGO-768x308.jpg 768w" sizes="(max-width: 891px) 100vw, 891px" /></figure>



<p>Al margen de esta discusión, me parece que el monólogo de Sanín abre un nuevo debate por el grueso calibre de otras afirmaciones suyas: <em>“El Hay Festival me parece muy lamentable de muchas maneras. Son unos señores y unas señoras, ricos y ricas en su mayoría más conspicua (…) que vienen de Bogotá y se ponen guayabera (…) y hay conversaciones que en su mayoría son muy malas (…) lo que me pareció siempre fue que se trata de hacer charlas para que los señoras y las señoras de las élites, aunque sean brutos, sientan que son inteligentes y cultivados porque pueden entender esas charlas, que son una manera de rebajar los libros (&#8230;) <strong>Creo que cumple esa función: que las élites se sientan inteligentes porque asisten a unas charlas, porque además las entienden, y eso evita que lean los libros (…)”.</strong></em></p>



<p>Sentí pena por los señores y las señoras de <em>alta alcurnia</em>, y más pena sentí al ver que nadie, empezando por los señores y las señoras de la sociedad bogotana, ha salido a defenderse de los insultos. </p>



<p>Sanín fue más lejos: <em>“Muchos escritores van allá, al Hay Festival de Cartagena, a meter cocaína. (…) Y probablemente también a buscar mujeres; esa no me consta, la de la cocaína sí”, </em>dijo. Me parece muy raro que, a pocas semanas de su realización (29 de enero al 1º de febrero), el <em>Hay Festival</em> brille por su silencio. </p>



<p>El mundo se habrá jodido para siempre el día en que todo nos resbale, incluso lo que opinen los intelectuales. </p>



<p>Con todo, Venezuela debe dolernos. Trump ha pisoteado la dignidad del pueblo venezolano dentro de Estados Unidos y ahora los pisotea en su propia casa. <strong>Para saber cuál es el lado correcto de la historia, los colombianos no podemos olvidar que la independencia se la debemos a un venezolano, no a un gringo.  </strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124276</guid>
        <pubDate>Sun, 04 Jan 2026 13:15:50 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <item>
        <title>La literatura colombiana está en crisis</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-literatura-colombiana-esta-en-crisis/</link>
        <description><![CDATA[<p>El boom colombiano. Acometer el asesinato simbólico de Gabo para encontrar el alma de la literatura nacional. Cuestionar el papel de las élites culturales. Espabilar a una industria sentada en sus laureles. Revivir a los críticos literarios.  Nuevos aires a los programas de promoción de la lectura. Evolución y revolución literarias.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Centro Cultural Gabriel García Márquez en Bogotá. Fotografía del autor.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-aa1f9889acacae22f72bee798a2fa8a7"><strong><em>“Basta ser un lector exigente para comprobar que la historia de la literatura colombiana, desde los tiempos de la Colonia, se reduce a tres o cuatro aciertos individuales, a través de una maraña de falsos prestigios</em> (…) <em>El problema no es de cantidad, sino de nivel”:</em> Gabriel García Márquez, en el ensayo “La literatura colombiana, un fraude a la nación” (abril de 1960).</strong></p>



<p>Sobre el oficio de escribir, la escritora Natalia Ginzuburg dijo una vez: “No me importa nada de lo que hagan los otros escritores”.</p>



<p>Hay cierta hipocresía que mantiene postrada a la literatura de este país y a los escritores colombianos relegados a la sombra de ese monstruo insuperable que sigue siendo el maestro Gabriel García Márquez. Pareciera que con él nace y con él muere la literatura colombiana, todo lo demás son casos aislados, gente bien intencionada, libros que se leen con deleite, loables intentos, escritores juiciosos, ninguno (todavía) consagrado al nivel de aquel.</p>



<p>Hay mucha bulla mediática alrededor de un nombre: Juan Gabriel Vásquez pero no hay consenso; lo propio ha pasado con el nombre de Fernando Vallejo. ¿Es ruido que dejamos caer? ¿Tal vez no sea para tanto? ¿Soñar en un segundo Premio Nobel de literatura? Demasiado temprano para saberlo. No pensemos con el corazón porque ahí radica el problema.</p>



<p>La literatura colombiana y la industria que la sostiene se mecen en su zona de confort: las editoriales publicando a diestra y siniestra (con siniestra no me malentiendan), incluso si no son buenos, ni los autores ni sus libros. En Estados Unidos un Gore Vidal despreciaba a la Susan Sontang literata. Aquí muchos desprecian las letras simplonas de Mario Mendoza pero no hay quién se lo diga en su cara, y así con otros autores, y así con otros libros. Los jóvenes lo consumen con avidez, lo siguen por doquier, llenan auditorios y lo tratan como a un semidios. Es un <em>rockstar </em>a su manera. El marketing obra esa clase de milagros.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4b89b993875d86ad0e7dfac7ccbdc79d">En el Suplemento Literario Ilustrado (<strong>El Espectador,</strong> 12 de noviembre de 1926), el crítico Luis Trigueros escribió sobre La vorágine: “Las fabulaciones de Rivera –hay que reconocerlo- carecen de método, de orden, de ilación: <em>La vorágine</em>, pongo por caso, es un caos de sucesos aterrantes, una maraña de escenas inconexas, un confuso laberinto en que los personajes entran y salen, surgen y desaparecen sin motivos precisos ni causas justificativas”. </p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-ee2f48b191db256b48686f0ffd1403da">El destinatario de la diatriba, José Eustasio Rivera, le respondió, a los pocos días en dos artículos distintos, a través de las páginas de El Tiempo: “… con espíritu cicatero farfullaste un esbozo mísero de mi novela, en el cual, por poder llenar una página de revista, embutiste citas inocuas y párrafos míos a manera de transcripciones. ¿Dónde están los tesoros de tu sabiduría que nos los derramaste a manos llenas…?  (…)  acudiste para juzgarme La vorágine a un procedimiento doloso y desleal: tomaste la primera edición, a sabiendas de que la segunda salió corregida y teniendo la tercera en tu poder. (…) A qué hado adverso obedeciste cuando te dio por meterte a crítico, como si eso fuera empresa fácil”. (Del libro <em>La vorágine: Textos críticos</em>, compilación de Monserrat Ordoñez Vila, Alianza Editorial Colombiana.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Sin crítica literaria no hay <em>Parnaso</em> colombiano</strong></p>



<p>La ausencia de crítica literaria le ha hecho daño a la literatura colombiana. Ni el editor ni el lector están para cumplir esa función, ya sabrán por qué. A los medios de comunicación alguna culpa les cabe. No hay crítica literaria en la prensa colombiana o la poquísima “crítica” que sobrevive la hacen los propios amigos de los escritores, así que en vez de crítica hay alabanzas camufladas a modo de reseñas, y algunas tan mal hechas que torpemente resumen el libro —hacer espoiler se llama— que nos &#8220;ahorran&#8221; el trabajo de leer. Entre amigos se tapan con la misma cobija y eso le hace daño a la literatura.</p>



<p>Pasaron a mejor vida los críticos literarios (con todo lo malo y lo bueno que tengan) y nadie los echa de menos. Sin críticos, la literatura va ahí, a tientas, a la deriva, como todo lo demás, incluidos nosotros, en este foso oscuro que es el Universo, tan necesitado de luz para llegar al <em>Parnaso.</em>  </p>



<p><strong>Truman Capote</strong> dijo: “Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo y el látigo es únicamente para autoflagelarse”. Es decir, autocompadecerse no es suficiente si se trata de superarse a sí mismo. No hay más remedio que devolverle a la crítica y a los críticos su lugar: resucitarlos.</p>



<p>La crítica sirve para recordarnos que lo que existe, imperfecto o regular o a medio hacer, existe, y cualquier cosa es mejor que no tener conciencia de esa existencia. Pasa lo mismo en el periodismo. El problema tal vez no sean los críticos, sino la falta de humildad de los criticados. En un país de sordos —¡y este abusa de su sordera!—, bueno sería entonces que a quien le caiga el guante se lo chante. Al fin de cuentas, la humildad no es más que una cabeza gacha aferrada a la pluma, al teclado.</p>



<p><strong>Gustave Flaubert</strong> dijo: “Nadie le hará jamás una estatua a un crítico”. Aceptemos también que hay escritores sin estatuas. En Colombia el problema es que no somos dados a honrar a nuestros escritores, y entre ellos pasa lo mismo. El respeto y el prestigio se han diluido en celos y soberbias. Han confundido cofradía con mafia de escritores. Dice Javier Cercas: &#8220;Hay que acabar con la soberbia del escritor endiosado&#8221;. </p>



<p>Se entiende que nadie quiere ser presa del ridículo y el crítico debe saber que ese no es el papel que se espera de él o ella.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>La alegría de leer</strong><strong></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-176de722a842670ebebd1cfb7961a81f"><strong>“Escribo a los 66 años con el mismo propósito que tenía a los dieciséis que es, desde luego, dar sentido a mi vida y quizás ayudar a otras personas a dar sentido a la suya”: John Cheever, escritor estadounidense.</strong></p>



<p>Ahora bien, el placer de la lectura sigue siendo un privilegio de pocos y tengo la impresión, además, de que el grueso de la población no entiende cuál es el valor que tiene o podría tener la literatura en sus vidas, y tampoco se hace lo suficiente para despertar en la gente el sentido del gusto literario, ese lector en potencia criado desde la infancia, o el adulto que no tuvo infancia lectora.</p>



<p>Desacralizar la literatura es un asunto que daría para conversaciones infinitas.&nbsp;Volvamos a Capote: “Los libros que leí por mi cuenta tuvieron una importancia mucho mayor que mi educación oficial, que fue una pérdida de tiempo y concluyó cuando cumplí diecisiete años”.</p>



<p>Los escritores colombianos son como los inquilinos de un manicomio: allá en su rincón cada loco con su tema, cada <em>genio</em> con su historia. Falta articulación, identidad literaria, acallar los ruidos individuales con un noble propósito superior: el hito sinfónico creador. El boom colombiano con bombos y platillos.</p>



<p>Hacia afuera el gran referente sigue siendo Gabo (perdón, por las confiancitas), a pesar de que hay unos tres nombres, quizás cuatro, ¿a lo sumo cinco? (en todo caso, muy poquitos, casi nada), con la suerte de ser profetas en tierras ajenas, alejados (¿separados?) de sus orígenes, casi incomprendidos, la tragedia del hijo negado, que persiste en el sueño de encontrar la universalidad. Por lo tanto, es la literatura colombiana la que debe emprender el regreso a Itaca. </p>



<p>Esos <em>poquitos </em>se leen más allá que acá, porque acá seguimos sin encontrar la pócima que permita la multiplicación de los lectores. Todo lo contrario: cada vez se lee menos y un día se nos olvidará que sabíamos leer y otro día se nos olvidará que sabíamos escribir. Con el tiempo hay cosas que entran en desuso. Si la IA impone su tiranía, los humanos seremos lo próximo a desechar. ¡Carita triste! Réquiem anticipado por nosotros. </p>



<p>A veces me pregunto si la inteligencia artificial obligará a los escritores a replantear la manera cómo se escribe la literatura o si, por el contrario, esta sobrevivirá por los siglos de los siglos bajo los métodos y formas que conocemos. Desde luego hablo como lector y creo que el asunto nos sobrepasa. Tal vez un buen escritor de ciencia ficción podría anticiparnos ese futuro. O no futuro. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="1001" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072227/ZETA-LITERATURA-LECTOR-1-1024x1001.jpg" alt="" class="wp-image-116725" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072227/ZETA-LITERATURA-LECTOR-1-1024x1001.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072227/ZETA-LITERATURA-LECTOR-1-300x293.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072227/ZETA-LITERATURA-LECTOR-1-768x751.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072227/ZETA-LITERATURA-LECTOR-1.jpg 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Lector en Transmilenio, una rareza en estos tiempos. </p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-bfca72ce420a6e04a45cad9b0f2cc0b7"><strong>Jane Austen en su novela <em>La abadía de Northanger</em>: &#8220;Quien no disfruta de una buena novela, ya sea caballero o dama, debe ser intolerablemente estúpido&#8221;.</strong></p>



<p>Al mediador de lectura debería dotarse de un rol protagónico, lo mismo que al librero, sin las ataduras comerciales que impone el mercado para cuadrar caja. El día que se vendan libros como pan caliente muchos habrán saciado un tipo de hambre para el que ignoraban la existencia de ese alimento: el deleite lector. Incentivar los talleres de lectura ayudaría en tal propósito con la ventaja adicional de abrir un espacio seguro contra la soledad, <em>mal</em> que se propaga como la peste, virtud incomprendida.</p>



<p>Se les abona a personas como Carolina Sanín que enseñen literatura, formen lectores, y de vez en cuando les den fuete a sus colegas. Se necesitan huevos para eso y ella los tiene. Pero se requiere humildad por parte de los escritores, de ellos y de ellas: deshacerse de cualquier falsa superioridad.</p>



<p>Para hacerse lector, y de paso apoyar a los nuestros, está bien empezar por Mario Mendoza, pero está mal quedarse ahí, y en ese único autor habiendo grandes promesas y autores no comerciales que superan por mucho a aquel. Hay que nadar sin miedo hasta la profundidad, allá donde pervive lo insondable del alma humana. Ojalá los muchachos no se queden en la orilla: sería como negarse a crecer. Y crecer es una obligación hasta encontrar nuestro muy íntimo final. Entre una cosa y la otra, entre nacer y morir, está la literatura. Buena o mala. Hablamos aquí de ambas literaturas: la de ficción y la de no ficción que usa recursos de la primera. Si es buena, nos ayuda a encontrarle un sentido a la existencia, o a dárselo. (Acotación: Yo preferiría que el bautismo de los nuevos lectores se haga con cualquiera de los libros de García Márquez que, por obligación y no por placer, leímos en el colegio hasta aborrecer la literatura en general y a Gabo en particular, pero cada quien tendrá su fórmula de iniciación).</p>



<p>¿Quién tiene la vara de Moisés para separar las aguas: lo bueno de lo malo? ¿Cómo separar la paja para hallar el trigo?</p>



<p>Las editoriales publican como locas pero, carentes de estrategia, sin plan para promocionar a sus escritores de manera adecuada. Tienen, eso sí, un plan para pasar libros por la guillotina en caso de que no se vendan. Quedé sin palabras el otro día al escuchar <a href="https://open.spotify.com/episode/6ik3qhIb4MuzDwN6V60y8R?si=V2q9WMpJSGqYCaAlkdovhA">en este pódcast</a> a una editora, de una editorial colombiana, afirmar que muchos de los libros que no se venden, se pican.</p>



<p>¿En serio se destruyen libros en Colombia? Entonces, ¿para qué satanizar a la Inquisición, que los quemaba en el pasado, si de todas maneras algo parecido se hace hoy en vez de donarlos a quienes no tienen ni tendrán con qué comprarlos? Es terrible. ¿Sacrificar árboles por nada? ¿Cuál es la responsabilidad de un editor que, con buen ojo, podría evitar una matazón de árboles innecesaria? Es como si alguien me dijera que la comida toca botarla porque nadie la compró. ¡Qué locura es esa!</p>



<p>Más no es todo: La misma persona confirma con cifras en mano la manera inaudita cómo cada mes se inunda de libros el mercado local. ¿Quién financia esto, cómo se sostiene una industria si no venden los libros o es que producen libros para un mercado inexistente? ¡Me perdí!</p>



<p>Hay que poner los libros al alcance de la gente, no triturarlos.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>El derecho a la literatura</strong></p>



<p>De tiempo atrás muchas voces abogan por la democratización del libro, convertirlo en un artículo básico de la canasta familiar –es decir, hacerlo accesible a la gente, no solo a quienes tienen recursos para adquirirlo. En <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dejad-los-libros-vengan-llamado-la-industria-editorial/">este mismo blog</a> expuse las preocupaciones sobre el tema y la necesidad de actualizar la obsoleta Ley del Libro (Ley 98 de 1993).</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="CnzRfYHgzF"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dejad-los-libros-vengan-llamado-la-industria-editorial/">Dejad que los libros vengan a mí (Un llamado a la industria editorial)</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Dejad que los libros vengan a mí (Un llamado a la industria editorial)&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dejad-los-libros-vengan-llamado-la-industria-editorial/embed/#?secret=JcwyK6KsdY#?secret=CnzRfYHgzF" data-secret="CnzRfYHgzF" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Y, como en todo, debería importar más la calidad que la cantidad. Con razón, Fernando Vallejo afirma lo siguiente en su novela “Escombros” (página 137): “Hoy en día sacan novelas como pollos de una incubadora. Nooo, esto no es así de fácil, hay que vivirlas y meditarlas mucho”, dice.</p>



<p>En igual sentido, Arturo Pérez-Reverte publicó en el portal Zenda <a href="https://www.zendalibros.com/perez-reverte-las-editoriales-tienen-muy-poca-verguenza">este demoledor ensayo</a> sobre el mundillo editorial donde no deja títere con cabeza; aunque habla de su país creo que la enfermedad se propaga por estos lares, “<em>indicio de una estrategia editorial sin escrúpulos que como una mancha infame envilece lo que aún llamamos literatura”, </em>dice el escritor español.</p>



<p>Y continúa: “Cada año, cada mes, cada semana, una cantidad enorme de novelas aparece en librerías, plataformas digitales y redes sociales. Algunos de sus autores son mediocres o innecesarios, publicados por sus editores a ver si suena la flauta, (…) Es una lástima que algunos que podrían ser brillantes carezcan de las herramientas técnicas, las lecturas o el cine que hoy son necesarios para un oficio que no consiste solo en teclear lo que tienes en la cabeza, sino en años de trabajo duro, respeto por los maestros, educarse en el conocimiento de los clásicos y, sobre todo, ser capaz de crear algo que no se haya hecho antes —eso es muy difícil— o contar lo que desde hace siglos se cuenta, pero de una manera diferente, actualizada (…) desde hace tiempo las casas editoriales, que antes eran criba y filtro de calidad, se han lanzado a la ofensiva descarada del todo vale, saturemos los anaqueles, maricón el último.&nbsp;(…)Da igual que sepan escribir o no, pues para eso están los editores y los llamados&nbsp;<em>negros literarios,</em>&nbsp;que ponen su talento e imaginación bajo el nombre de quien se limita a insinuar una idea, una trama básica, o a aportar unas notas en el móvil&nbsp;(…) las casas editoriales, con su ambiciosa desvergüenza, son las principales culpables de semejante acumulación de basura”.</p>



<p>Sobre calidad literaria habló García Márquez en un artículo publicado en 1959, con el título <em>Dos o tres cosas sobre “La Novela de La Violencia”: <strong>“No es asombroso que el material literario y político más desgarrador del presente siglo en Colombia, no haya producido ni un escritor ni un caudillo”. (&#8230;) “Había que esperar que los mejores narradores de la violencia fueran sus testigos. Pero el caso parece ser que éstos se dieron cuenta de que estaban en presencia de una gran novela y no tuvieron la serenidad ni la paciencia, pero ni siquiera la astucia, de tomarse el tiempo que necesitaban para escribirla”.</strong></em></p>



<p>Recuerden tres cosas: en ese momento todavía faltaban ocho años para la publicación de&nbsp;<em>Cien años de soledad</em> (1967), la idea de esta novela rondaba en su mente desde la adolescencia (según cuenta su hermano Eligio en el libro “Son así: Reportaje a nueve escritores latinoamericanos), y le tomó dieciocho meses de encierro en Ciudad de México para escribirla (1965-1966).</p>



<p>Gabo lo tuvo claro: es menester que la literatura se ocupe del asunto de la violencia. Me pregunto hoy, primer cuarto de siglo del siglo veintiuno, si los escritores y las editoriales colombianas tienen claro cuál es el tema o los temas de nuestro tiempo, eso de lo cual estamos siendo testigos los vivos. ¿O acaso, como un siglo atrás, los autores siguen escribiendo con afán y sin pericia?</p>



<p>Los dictadores, la novela sobre el poder, fue tema obsesivo dentro del <em>Boom latinoamericano</em>. ¿Cuáles son hoy, sí las tienen, las obsesiones de los escritores?</p>



<p>El escritor tiene un compromiso con la literatura, esa sensibilidad literaria que lo ata a su tiempo, ese presente que no tiene ya ni pasado ni futuro en los libros inmortales.&nbsp;¿Sigue siendo acaso la violencia y la novela de la violencia, de cualquiera de nuestras múltiples ruinas, el tema recurrente?&nbsp; Había que preguntarse qué es Colombia en este momento para aventurar una respuesta, y dudo mucho de que haya claridad o consenso al respecto.</p>



<p>Gabriel García Márquez partió la historia de la literatura colombiana en dos y la situó en el croquis universal. Preguntémonos qué cosa extraordinaria ha pasado después de Gabo. Si sus libros se leerán dentro de cien años, como muchos profetizan, hay que preguntarse si se leerán dentro de cien años los escritores de ahora, sabiendo que ni siquiera se leen hoy, más allá de unos reducidos círculos de adoradores. ¿Qué clase de libro es ese del que se habla durante veinte días y luego se olvida?</p>



<p>Yo solo hago preguntas: ¿Qué libros de autores colombianos clasificarían dentro de eso que llaman canon literario?¿Hay más escritores que literatura? </p>



<p>Hay buenos escritores. Y cada uno se mueve al vaivén de su pequeñísima gloria, solito, como la solitaria, aislado, indefenso, rey en su minúsculo reino, creyéndose su fama, alimentando vanidades, tan efímeras ambas; cada autor asumiéndose importante, quizás no relevante, y por lo mismo tanto, desligado de una voz coral que blinde nuestra literatura. ¿Le falta espesor u otro hervor a la sopa? </p>



<p>No tiene eso que sí tienen, por ejemplo, las literaturas de México, Argentina o Chile, eso que las hace poderosas de puertas hacia afuera, desde cuando vivían Rulfo, Borges o Neruda; Fuentes, Cortázar o Bolaño.</p>



<p>Creo que la literatura colombiana no ha logrado <em><strong>matar el</strong> <strong>Boom latinoamericano</strong></em>, mejor dicho, no ha logrado <em>matar </em>a Gabo, y eso que en el <em>el arte de matar</em> sentamos cátedra. Creo que es hora de acometer el asesinato simbólico y de que ahora sí los escritores se pongan serios a hacer historia con vocación literaria absoluta: escribir la historia del post-boom. Gabo murió hace doce años y el último del <em>boom,</em> Mario Vargas Llosa, acaba de morir. Asustarse con fantasmas son excusas.</p>



<p>Por ahí leí que los genios nacen una vez cada siglo.&nbsp; Bueno, si García Márquez nació en 1927, es posible que falte poco para que una pareja de enamorados esté próxima a engendrar el segundo Premio Nobel de Literatura colombiano y, en el mejor de los casos, faltarían dos décadas más para que publique su primera novela. Con suerte estaremos vivos para leerla.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222327/ZETA-LITERATURA-2-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-116716" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222327/ZETA-LITERATURA-2-1024x768.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222327/ZETA-LITERATURA-2-300x225.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222327/ZETA-LITERATURA-2-768x576.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222327/ZETA-LITERATURA-2.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6deb966dec3e18b97069dc230c5d9184"><strong>“Los textos que viven cien años son aquellos en los que el autor mostró, a través de un pequeño detalle, la dimensión universal, cuya grandeza dura. Los textos que carecen de este vínculo desaparecen”: Ryszard&nbsp; Kapuscinski, citado por Jairo Osorio en el libro “Tan buena Elenita Poniatowska: Noticias de autores y libros”.</strong></p>



<p>Decía Fiódor Dostoievski, el escritor ruso, que quien haya leído <em>Don Quijote de la Mancha</em> habrá justificado su paso por este mundo. «Oh, este es un gran libro, no como los que se escriben ahora; estos libros se envían a la humanidad cada varios cientos de años», escribió en <em><a href="https://www.elconfidencialdigital.com/articulo/la_voz_del_lector/opinion-dostoyevski-quijote-poder-transformador-literatura/20220422181109384479.html">Diarios de un escritor</a></em><strong><em>.</em></strong></p>



<p>Maialen Aguinaga Alfonso, investigadora literaria española, nos regala esta otra frase de los Diarios de Dostoievski: “En todo el mundo no hay obra de ficción más profunda y fuerte que ésa. Hasta ahora representa la suprema y máxima expresión del pensamiento humano, la más amarga ironía que pueda formular el hombre y, si se acabase el mundo y alguien preguntase a los hombres: Veamos, ¿qué habéis sacado en limpio de vuestra vida y qué conclusión definitiva habéis deducido de ella? Podrían los hombres mostrar en silencio el Quijote y decir luego: «Ésta es mi conclusión sobre la vida y… ¿podríais condenarme por ella?»&nbsp;</p>



<p>Quizás eso es lo que les está faltando a los escritores colombianos: comprometerse con la literatura pero también con su tiempo; comprometerse a fondo con la vida misma. Porque la literatura es la vida que pasa ante nuestros ojos y para la posteridad los escritores colombianos deben decirnos qué tanto vieron sus ojos y qué tan capaces fueron de encontrar totalidad en su prosa.</p>



<p>Parafraseando a Dostoievski, cualquier colombiano que lea <em>Cien años de soledad</em> habrá justificado su existencia y su paso por esta tierra, de esas obras maestras que toca leer al menos una vez antes de morir, aunque uno termina releyéndola&nbsp;por infinito placer. Con todo, faltan muchos más libros y autores de los que podamos decir lo mismo. Es imperdonable partir sin haber leído algo, cualquier cosa, de la extensa y maravillosa obra que dejó García Márquez. Creo que el país sigue en deuda con él. &nbsp;</p>



<p>Pero, sobre todo, persiste la vieja deuda de narrar la Colombia de nuestro tiempo, de este tiempo que si bien se narra, parecen los retazos sueltos, no la obra consumada. En últimas, <em>matar a Gabo</em> no significa nada distinto a desmontar la maquinaria detrás de su universo macondiano, no para comprenderlo a él y su obra, sino para alentar la creación desde ceros, que es continuar el camino; es decir el regreso a Itaca: es decir, el regreso a Macondo, ahora con el propósito de <em>destruirlo</em>… por segunda vez y ojalá para siempre.  Se anticipa un viaje peligroso. Una nueva estirpe de escritores debe<em> asegurarle </em>a la literatura una segunda oportunidad sobre esta tierra, no condenarla.</p>



<p>El reclamo de Gabo sigue siendo válido ya no hacia atrás (de 1959) sino hacia adelante (casi 70 años después), para continuar la tradición que empezaron él y sus&nbsp;antecesores. Dice Gabo en el mismo ensayo mencionado arriba: &#8220;No se empieza una tradición literaria en veinticuatro horas&#8221;. Si, como lo suponía él, no había &#8220;algún escritor profesional, técnicamente equipado&#8221; que &#8220;haya sido testigo de&nbsp;la violencia&#8221;, ¿de qué son testigos quienes le sobreviven? ¿Son conscientes las generaciones posteriores al Gabo la responsabilidad que recae sobre sus hombros?</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>La orfandad del escritor</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-a7213f4de8e849956732bc72edecc5a9"><strong>“Si el escritor no se mueve, nadie se va a mover por él, nadie lo va a ayudar. Y será siempre un paria de la sociedad, un trabajador sin futuro”: Carlos Fuentes, escritor mexicano.</strong></p>



<p>En un país que no promociona de manera suficiente a los autores y sus obras, aplaudo la iniciativa de Señal Colombia con su <strong>“Señal Literaria”, </strong>conducida por Erick Duncan, para sacar a los escritores de sus cuevas enmohecidas. No sé si están todos los que son o si los que están son todos buenos, pero esta iniciativa contribuye a la promoción de la literatura local y, por lo tanto, a la formación de un país lector.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Señal Literaria - Capítulo 29: Evelio Rosero -  Martes 18 de febrero" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/BoVpRSP8l58?list=PLdRQxCJRB6fccXKl92o45DkaVmyg3N5n0" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Asistí, en la FILBo, a la presentación de <em>“Camino al bosque”,</em> un cuento póstumo para niños del colombiano David Sánchez Juliao. No veo una sola referencia sobre esta obra en la prensa colombiana. Entiendo que a muchos autores les ha tocado apañárselas para ser ellos mismos los promotores de sus libros.</p>



<p>La Feria del Libro de Bogotá necesita reingeniería. No basta con traer cada vez uno o dos escritores de renombre internacional —rarísima vez un premio Nobel— a cambio de presenciar el mismo cuadro monótono de siempre: un enjambre de personas desorientadas yendo de un lado para otro dentro de Corferias, sin saber a dónde van, porque además dentro del recinto ferial la señalización es regular; algunas salas no están bien identificadas y la zonas de comidas suele estar más atestadas de gente que las salas de conferencias.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1006" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072501/ZETA-LITERATURA-CAMLIBRO-1024x1006.jpg" alt="" class="wp-image-116728" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072501/ZETA-LITERATURA-CAMLIBRO-1024x1006.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072501/ZETA-LITERATURA-CAMLIBRO-300x295.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072501/ZETA-LITERATURA-CAMLIBRO-768x754.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072501/ZETA-LITERATURA-CAMLIBRO.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Sede de la Cámara Colombiana del Libro en Bogotá. Fotografía del autor. </em></p>



<p>Hay dos Colombias ocurriendo en simultánea pero abismalmente separadas: la una&nbsp;transcurre en Bogotá, donde pareciera que sucede lo único que importa, y la otra Colombia es el resto del país, desconectada, más naciones dentro de una misma nación. El <em>boom colombiano</em> —como la promesa autoimpuesta— puede ser&nbsp;respuesta y antídoto ante esa única nación fracturada.&nbsp;</p>



<p>Podríamos intentar unificarlas a través de los libros, pero no única ni solamente por la vía de las ferias regionales. Ahí está el desafío. Los señores de la Cámara Colombiana del Libro, entidad que tiene el monopolio de la FILBo, deberían&nbsp;pensar cómo hacerlo. A la Feria del Libro de Bogotá ya da pereza ir y la entrada económica no es; hay que reinventarla antes de que el tedio nos quite las ganas de leer. Es hora de otorgarles el protagonismo merecido a las editoriales independientes, que contribuyen a enriquecer el firmamento libresco sin ínfulas mercantilistas.</p>



<p>Tal vez hoy necesitemos una comisión de sabios que nos ayude a reconciliar a todas las Colombias: encontrar el alma, el espíritu polifónico por medio de la escritura. Ni siquiera hemos logrado unir una sola nación que se sienta orgullosa de tener su único Premio Nobel de Literatura. Aceptemos que hay un problema de desamor propio por resolver, ese yo interior como sociedad, a través de un artificio colectivo.</p>



<p>En el único sentido que le cabe a la expresión, hay que convocar a los espíritus (ya se ha hecho antes) para conjurar los hitos de nuestra historia, la real y la de ficción.</p>



<p>En algo hemos fallado, ¿podemos remediarlo? Se habla mucho en Colombia de las élites políticas y económicas. ¿Qué hay de las élites culturales? Va siendo hora de preguntarles, sin pena y sin temor, qué responsabilidad les cabe en lo dicho hasta aquí. Tienen la palabra, ojalá y no para refunfuñar.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=116705</guid>
        <pubDate>Sun, 08 Jun 2025 13:01:40 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La literatura colombiana está en crisis]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La triste crónica de Feliza</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/la-triste-cronica-de-feliza/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Nota preliminar:&nbsp;Esta reseña fue publicada originalmente en&nbsp;El Correo del Golfo, periódico con base en los Emiratos Árabes Unidos, en donde el autor firma con su nombre de pila (Dixon Moya). Alguna vez escribí que en el documental&nbsp;Gabo, la creación de Gabriel García Márquez&nbsp;(también conocido como&nbsp;Gabo, la magia de lo real, 2015) dirigido por Justin [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>&nbsp;</strong></p>



<p><strong>Nota preliminar:&nbsp;</strong>Esta reseña fue publicada originalmente en&nbsp;<em>El Correo del Golfo</em>, periódico con base en los Emiratos Árabes Unidos, en donde el autor firma con su nombre de pila (Dixon Moya).</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="726" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12162949/Gabo-la-magia-de-lo-real-726x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-110287" style="width:509px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12162949/Gabo-la-magia-de-lo-real-726x1024.jpeg 726w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12162949/Gabo-la-magia-de-lo-real-213x300.jpeg 213w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12162949/Gabo-la-magia-de-lo-real-768x1084.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12162949/Gabo-la-magia-de-lo-real.jpeg 1063w" sizes="auto, (max-width: 726px) 100vw, 726px" /></figure>



<p>Alguna vez escribí que en el documental&nbsp;<em>Gabo, la creación de Gabriel García Márquez</em>&nbsp;(también conocido como&nbsp;<em>Gabo, la magia de lo real</em>, 2015) dirigido por Justin Webster, era probable que dos Nobeles colombianos de literatura se hubieran reunido en ese proyecto, pues quien hacía las veces de narrador y cicerone en aquella expedición a bordo de la vida del genio literario, era otro autor, siempre en ascenso, Juan Gabriel Vásquez. Cada vez que sale un nuevo libro de Vásquez, me reafirmo en lo escrito, aunque a él no le guste que uno diga ese tipo de cosas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="724" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13052820/Caricatura-Juan-Gabriel-Vasquez_0001-724x1024.jpg" alt="" class="wp-image-110289" style="width:513px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13052820/Caricatura-Juan-Gabriel-Vasquez_0001-724x1024.jpg 724w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13052820/Caricatura-Juan-Gabriel-Vasquez_0001-212x300.jpg 212w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13052820/Caricatura-Juan-Gabriel-Vasquez_0001-768x1087.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13052820/Caricatura-Juan-Gabriel-Vasquez_0001-1086x1536.jpg 1086w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13052820/Caricatura-Juan-Gabriel-Vasquez_0001-1448x2048.jpg 1448w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13052820/Caricatura-Juan-Gabriel-Vasquez_0001-scaled.jpg 1809w" sizes="auto, (max-width: 724px) 100vw, 724px" /><figcaption class="wp-element-caption">Caricatura de Juan Gabriel Vásquez de 2016 por el autor de la reseña.</figcaption></figure>



<p>Mi primera lectura del año fue la nueva novela de Vásquez titulada&nbsp;<em>Los nombres de Feliza</em>, inspirada en la vida de la escultora colombiana Feliza Bursztyn, artista de origen polaco, cuya familia judía se estableció en Colombia, poniéndose a salvo del régimen nazi. Feliza Bursztyn no sólo fue colombiana, ante todo fue bogotana y este libro narra a la par de la atribulada vida de Feliza, la crónica de una generación intelectual única en Colombia que se reunió en Bogotá. La novela es también, como varias de las obras de Vásquez, un manual de viaje por la ciudad, como el barrio de Teusaquillo, tan elegante en el pasado. Sin embargo, París es la otra protagonista de la novela, la cual, como Bogotá, siempre nos quedará.</p>



<p>En este libro, hay una incidencia directa de Gabriel García Márquez, quien compartió con la artista, el día en que ella falleció en un restaurante de París y días después escribió un artículo, con una contundente frase que daría la pauta a la novela de Juan Gabriel,&nbsp;<em>Feliza se murió de tristeza</em>. Esto pareciera una prueba de atletismo literario, cuando un consumado deportista le pasa el testigo a otro más joven, que viene acelerando, en una prolongada carrera de muchos años. Este libro, es la larga respuesta a la pregunta, ¿por qué Feliza se murió de tristeza? García Márquez como personaje de la novela, no tiene muchos diálogos, pero sí silencios determinantes y su presencia permea cada página del libro.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="731" height="491" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13053551/Feliza-en-su-taller-coleccion-Hernan-Diaz.jpeg" alt="" class="wp-image-110292" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13053551/Feliza-en-su-taller-coleccion-Hernan-Diaz.jpeg 731w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13053551/Feliza-en-su-taller-coleccion-Hernan-Diaz-300x202.jpeg 300w" sizes="auto, (max-width: 731px) 100vw, 731px" /><figcaption class="wp-element-caption">Feliza Burzstyn en su taller. Fotografía de la colección de Hernán Díaz.</figcaption></figure>



<p>Feliza, quien se iba a llamar Fergele, pero sus padres conscientes de los problemas de la pronunciación con su apellido lo cambiaron a Felisa y ella luego lo transformó en Feliza, como muestra de su carácter autónomo y rebelde. Una mujer incómoda para la sociedad paradójica que le tocó, pacata e hipócrita pero que al mismo tiempo, producía una serie de intelectuales y artistas, únicos e imprescindibles en Colombia. Feliza amante del poeta Jorge Gaitán Durán y amiga de la ceramista Beatriz Daza, los dos oriundos de Pamplona, en Norte de Santander, muertos jóvenes en accidentes de aviación y automóvil respectivamente o del inolvidable Álvaro Cepeda Samudio.</p>



<p>El libro muestra las contradicciones de seres humanos como la misma protagonista, pero también de una nación como la colombiana, que se debatía entre la violencia política y la producción intelectual, que no tuvo dictaduras militares en los años setenta y ochenta, a diferencia de otros países latinoamericanos, aunque contaba con un gobierno civil que perseguía artistas. Feliza que utilizaba la chatarra como materia prima, como la que seguramente dejaban esos terribles accidentes, para darles una segunda vida como objetos de arte y reflexión.&nbsp;</p>



<p>Un libro en el cual, como siempre, gracias a la habitual juiciosa investigación de Vásquez uno encuentra datos interesantes, pues no muchos saben que Marta Traba, la legendaria crítica de arte argentina que hizo historia en Colombia, fue secretaria y traductora del poeta y diplomático mexicano Octavio Paz en París. Que Feliza Bursztyn estuviera leyendo&nbsp;<em>Crónica de una muerte anunciada</em>&nbsp;de su amigo García Márquez, el día en que falleció, no deja de ser una coincidencia inquietante. Definitivamente lo del realismo mágico, tiene más de verídico que de fantasioso. Al menos en Colombia o entre colombianos, es moneda de curso frecuente.</p>



<p>Vásquez se permite cameos literarios entre personajes de sus propias obras, pues me voy a aventurar a decir que un joven actor que impresionó a Feliza en una obra de teleteatro en Bogotá, no era otro que Sergio Cabrera, el protagonista de su anterior novela (<em>Volver la vista atrás</em>), así como Jorge Eliécer Gaitán (<em>La forma de las ruinas</em>), saluda en un parque a la pequeña niña Feliza. Es necesaria la referencia a una obra inicial del autor,&nbsp;<em>Los Informantes</em>, en la que detallaba cómo se vivió en la Colombia de medio siglo XX, la Segunda Guerra Mundial, especialmente entre la colonia alemana y judía, así como un caricaturista hace una viñeta de Feliza Bursztyn en&nbsp;<em>Las Reputaciones</em>.</p>



<p></p>



<p>En el plano personal, no pude evitar un sobresalto nostálgico, al leer que el primer esposo de Feliza, Larry Fleischer, ingeniero estadounidense trabajó en&nbsp;<em>Icollantas</em>, en donde mi padre Laurencio Acosta también laboró y fue sindicalista. A propósito de Fleischer, quien se llevó de Colombia a los Estados Unidos a las tres hijas que tuvo con Feliza, Bethina, Jeannette y Michelle, tuve curiosidad de saber qué pasó con ellas y encuentro que Bethina, quien siguió los pasos artísticos de su madre, ya falleció, pero descubrí a Feliza Fleischer, nieta de Feliza, quien tiene un parecido impresionante con la artista bogotana e incluso ha protagonizado un documental titulado&nbsp;<em>Feliza</em>, dirigido por los colombianos Andrés Borda y Manuela Ochoa que se estará estrenando este año, en afortunada coincidencia.</p>



<p>Hay algo más desolador que llamarse Feliza y morirse de tristeza? La gran paradoja de una mujer compleja que se fue demasiado temprano, pues seguramente pudo haber dejado un legado artístico de impacto universal, aunque ya su nombre no será olvidado, así su nombre sea tan contradictorio y su apellido siga siendo un reto. Uno termina admirando a Feliza y sintiendo cariño sincero por Pablo Leyva, su esposo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13053224/Homenaje_a_Gandhi_1971-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-110291" style="width:570px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13053224/Homenaje_a_Gandhi_1971-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13053224/Homenaje_a_Gandhi_1971-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/13053224/Homenaje_a_Gandhi_1971.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p>Gracias a la pluma de Juan Gabriel Vásquez, los transeúntes, pasajeros y automovilistas que eventualmente pasamos por la carrera 7 con calle 100 en Bogotá, ahora sí podemos identificar la escultura allí erigida, el&nbsp;<em>homenaje a Gandhi</em>&nbsp;de Feliza Bursztyn, esa mujer que encarnó toda una época.</p>



<p><strong>Dixon Acosta Medellín&nbsp;</strong></p>



<p>En lo que sigo llamando Twitter a la hora del recreo me encuentran como @dixonmedellin&nbsp;</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="1621" height="2560" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12160304/los-nombres-de-feliza-scaled.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12160304/los-nombres-de-feliza-scaled.jpg 1621w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12160304/los-nombres-de-feliza-190x300.jpg 190w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12160304/los-nombres-de-feliza-648x1024.jpg 648w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12160304/los-nombres-de-feliza-768x1213.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12160304/los-nombres-de-feliza-972x1536.jpg 972w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12160304/los-nombres-de-feliza-1297x2048.jpg 1297w" sizes="auto, (max-width: 1621px) 100vw, 1621px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110284</guid>
        <pubDate>Mon, 13 Jan 2025 12:32:41 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/12160304/los-nombres-de-feliza-scaled.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La triste crónica de Feliza]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Cuál fue el mejor libro que leyó en 2024?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/cual-fue-el-mejor-libro-que-leyo-en-2024/</link>
        <description><![CDATA[<p>Once personajes muestran lo que leyeron con fascinación este 2024.  Algunos hablan también de las lecturas que los decepcionó.  De pronto, en esta selección encuentra el regalo ideal para sorprender con un libro en Navidad.  O para regalarse usted.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Ana Cristina Restrepo Jiménez</strong></p>



<p><a href="https://x.com/anacrisrestrepo">Periodista</a></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-d34ff8a5c533fe4f867f64c396b42561"><strong><em>“Los nombres de Feliza”, </em></strong><strong>del colombiano Juan Gabriel Vázquez.</strong></p>



<p>Es el mejor libro que he leído en el año 2024: no solo demuestra la madurez y lucidez del autor bogotano (quien, no sé cómo, cada vez se supera a sí mismo), sino que cuenta una época del país, del mundo, de la historia de las mujeres y del arte, y de un pasado cercano que de muchas formas nos toca a todos. Con su vida y obra, sin concesiones, mujeres como Feliza Bursztyn han labrado el camino para que hoy Colombia, «el país más godo del universo godo» (como la misma artista lo definía), sea un poco más libre. Para las mujeres y los hombres.</p>



<p>Más allá del mundo masculino de sus amistades intelectuales como Alejandro Obregón, Álvaro Cepeda Zamudio, Gabriel García Márquez o Rogelio Salmona, y de su relación con mujeres que a contracorriente conquistaron dicha esfera del debate público, como Marta Traba o Beatriz Daza; con la<em> arcilla</em> que amasó durante 28 años de investigación (documentos, libros, poemas, recortes de prensa, fotografías, testimonios, entrevistas), Vásquez esculpe con palabras a una mujer libre… a tal punto que, a veces, el lector siente que el personaje se zafa de la pluma del autor. Los nombres de Feliza es una mirada detenida sobre la vida de la madre del «Romanticismo motorizado»: de hierro, fundida, exhibida y escondida. Y sobre su muerte «de tristeza», en París, entre amigos, con su amor.</p>



<p><strong>La decepción</strong>: Estoy harta de “biografías” publicadas por políticos que solo hablan de sí mismos y política electoral, sin exponer su diálogo con otras formas de pensar, con otras ideologías. Son monólogos mirándose el ombligo. Nunca logro culminarlas, ¡qué aburrimiento!</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062447/A-ANA-RESTREPO-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109569" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062447/A-ANA-RESTREPO-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062447/A-ANA-RESTREPO-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062447/A-ANA-RESTREPO.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Gonzalo Mallarino Flórez</strong></p>



<p>Poeta y narrador, <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/gonzalo-mallarino/cien-anos-de-soledad-en-netflix">columnista </a>de El Espectador.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-baa4ba710c8f3de8e16a7bd06456fe83"><strong><em>“Tunc</em>”, del británico Lawrence Durrell.</strong></p>



<p>Esta novela fue publicada por primera vez en 1968, más de diez años después de su famoso <em>&#8220;Cuarteto de Alejandría&#8221;.</em> Era el enésimo intento que le hacía al libro, pues lo quería leer en inglés y las veces anteriores, me había derrotado. Esta vez lo empecé tres veces y de repente <em>click</em>, empecé a sentir respirar a Durrell y a resonar su lenguaje en mi mente, como si fuera castellano.&nbsp;</p>



<p>Es acerca de una temible firma internacional, Merlin, que entre otras cosas, compra inventos que pueden proporcionar enormes réditos financieros y políticos en el mundo entero. Charlock, inventor de una máquina prodigiosa, es seducido por la firma y por la bella y misteriosa Benedicta, en lo que, en apariencia, iba a ser una aventura feliz.&nbsp;</p>



<p><strong>La decepción:</strong> El ensayo <em>“Desaparecer de sí”</em>, del francés David Le Breton. Tenía ese bello título y era acerca de las formas de derrota y de huida de todo en absoluto, a las que nos fuerza en ocasiones la sociedad del presente. Las primeras páginas fueron luminosas, pero a partir de un momento, empieza la repetición de la repetidera. No sé si era la traducción o la tediosa erudición que exhiben a veces los franceses, pero terminé el libro con inmensos sacrificios.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115154/A-MALLARINO-EDITADA-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-109599" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115154/A-MALLARINO-EDITADA-768x1024.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115154/A-MALLARINO-EDITADA-225x300.jpeg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115154/A-MALLARINO-EDITADA.jpeg 960w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Carolina Wiesner</strong></p>



<p class="has-small-font-size">Directora del Instituto Nacional de Cancerología, (<a href="https://www.cancer.gov.co/">INC</a>), primera mujer en dirigir esta entidad en sus 90 años de historia.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-cb8397ae48c97a7a2f78fdf9b16c22c7"><strong><em>“La vegetariana”</em>, de la surcoreana Han Kang y “<em>La vergüenza</em>”, de la francesa Annie Ernaux.</strong></p>



<p>Las escritoras Han Kang, de 54 años, y  Annie Ernaux, de 84 años, ganaron el Premio Nobel de Literatura; la primera  en el año 2024 y la segunda en el 2022. El hecho de ser mujeres tiene además un atractivo particular para aquellas que sentimos una identidad de género y una mirada crítica frente al legado histórico de violencia familiar, social y ambiental.</p>



<p><em>&#8220;La vegetariana&#8221;</em> posee un lenguaje literario sencillo, realista y sin grandes elaboraciones lingüísticas; en él, presenta la historia de una mujer, Yeonghye, desde tres miradas: la de su marido, que la observa de manera despectiva, desagradable y muy poco amorosa; la del cuñado, que la erotiza artísticamente hasta lograr un encuentro sexual con-sentido, y la su hermana mayor, que por sus decisiones en contra de las normas sociales, la estigmatiza como a una enferma mental.</p>



<p>Estos enfoques, que parecen narrar la historia de tres diferentes mujeres, están conectados por los sueños de la protagonista que la hacen ser consciente de su rechazo por los valores imperantes, la presión y la violencia social.  Su solitaria rebeldía, que se expresa en el rechazo al consumo de carne -símbolo de la prosperidad y del crecimiento económico-, genera un total desconcierto familiar. Esta obra expresa la fuerza femenina del ser humano en un país oriental, que rápidamente incorporó el consumo y la estética de Occidente y que tácitamente invita a un reencuentro con una fuerza más vegetativa y femenina, frente a la animal.</p>



<p>Señales de reencuentro con esta fuerza se podrían encontrar en <em>&#8220;La vergüenza</em>&#8220;, de Annie Ernaux. En su sencillo lenguaje literario intenta <em>“sacar a la luz los códigos y las normas de los círculos en los que se hallaba encerrada</em>”. La autora describe otras formas de violencia familiar y social, sus sentimientos y acontecimientos, a partir del impronta que, a los doce años, le generó, la intención que tuvo su padre de matar a su madre. A su narrativa, esencialmente descriptiva y realista de la Francia de la postguerra, le hizo falta una buena dosis analítica, reflexiva o metafórica; comparada con la obra anterior, esta queda como inconclusa. En contraste, Yeonghye asume una radical y difícilmente comprensible postura, genera reflexión frente a la violencia, incluso la médica,  y frente al deseo infinito de libertad a la hora de tomar sus propias decisiones.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115223/A-WIESNER-EDITADA-1024x576.jpeg" alt="" class="wp-image-109601" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115223/A-WIESNER-EDITADA-1024x576.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115223/A-WIESNER-EDITADA-300x169.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115223/A-WIESNER-EDITADA-768x432.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115223/A-WIESNER-EDITADA-1536x864.jpeg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115223/A-WIESNER-EDITADA-2048x1152.jpeg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Diego Firmiano</strong></p>



<p class="has-small-font-size">Editor, escritor, crítico literario y director del portal cultural <a href="https://ojoaleje.wordpress.com">Ojo al Eje</a>.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-8bbeefa481ee784685e5b41bcefa3b25">&#8220;<strong><em>D.F. Confidencial. Crónicas de delincuentes vagos y demás gente sin futuro</em>&#8220;, del mexicano J.M. Servín.</strong></p>



<p>Si metiéramos en una licuadora a Hunter Thompson, Gabriel García Márquez y Joseph Mitchell, con unas gotas de Jack Kerouac, saldría J.M. Servín y su libro <em>D.F. Confidencial. Crónicas de delincuentes vagos y demás gente sin futuro </em>(Almadía, 2010). Un título que no decepciona desde sus primeras páginas, porque estamos frente a un narrador, periodista y editor mexicano que ha entendido el oficio de escribir sobre los alienados, sobre esos seres errabundos con olor a anonimato, noche y desidia. Así entonces, donde otros ven perdedores, J.M. Servín ve literatura en estado puro, componiendo con altura y estilo, crónicas que no dejan indiferente al lector, pues como dice Nelson Algren, «el escritor en realidad no <em>vive, </em>observa». Esto es Servín, y bajo ese rol de <em>voyeur</em> citadino compila el material para sus piezas narrativas.</p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-a543c8d2a58a022528a5158167589fe9"><strong>La decepción: </strong>Aunque la temática es trillada, no podemos esperar mucho de Mauricio Aranguren Molina a partir de &#8220;<em>Mi confesión: Carlos Castaño revela sus secretos&#8221; </em>(2001), ya que sus libros, que no son superventas (a pesar de tocar temas coyunturales), no logran traer nada nuevo al amarillismo literario ni enganchar al lector serio. Me refiero al título &#8220;<em>El gran fracaso de la fiscalía: 192 niños asesinados. Captura y confesión de Garavito «La bestia»&#8221; </em>(2002). Un libro que nos desinfla ante la falta de creatividad, y que al leerlo no podemos ver sino a un escritor limitado a replicar fríos archivos judiciales (y eso que Mauricio Aranguren Molina se entrevistó con Luis Alfredo Garavito como lo hizo Truman Capote con Richard Hickock y Perry Smith). No hay que culpar al autor, ni siquiera a la editorial Oveja Negra, dirigida por José Vicente Kataraín, pero nos queda la sensación de que con ese papel se hubiera escrito&nbsp;una obra maestra.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1000" height="750" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20183359/Z-MEJOR-LIBRO-DIEGO-FERMIANO.jpg" alt="" class="wp-image-109544" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20183359/Z-MEJOR-LIBRO-DIEGO-FERMIANO.jpg 1000w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20183359/Z-MEJOR-LIBRO-DIEGO-FERMIANO-300x225.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20183359/Z-MEJOR-LIBRO-DIEGO-FERMIANO-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Claudia Flórez Sepúlveda</strong></p>



<p class="has-small-font-size">Secretaria General del Partido Comunista Colombiano (<a href="https://x.com/ClaudiaFlorezPC">PCC</a>) primera mujer en asumir esa posición, desde que se fundó en 1930.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-e2980f71dbfb71a54966e4d88b5cbc80">&#8220;<strong><em>Mano Dura: el Estado policial global, los nuevos fascismos y el capitalismo del Siglo XXI</em>&#8220;, del estadounidense William I. Robinson.  </strong></p>



<p>El sociólogo analiza la reconfiguración de las estructuras políticas y económicas contemporáneas y las nuevas expresiones del fascismo en el mundo, abordando con gran claridad temas como el negacionismo del cambio climático y la misoginia.</p>



<p>Este fenómeno emerge en la actual crisis del capitalismo como una respuesta autoritaria, cuya finalidad es consolidar Estados que utilizan los discursos nacionalistas y guerreristas, donde sus gobiernos intensifican el uso de fuerzas represivas y los mecanismos de control social, justificándose en la &#8220;guerra contra el terror&#8221;, la &#8220;crisis migratoria&#8221; o la &#8220;lucha contra el narcotráfico&#8221;, lo que genera la &nbsp;reproducción de mayor polarización social, mayores desigualdades y el aumento de la crisis ecológica. También ubica el papel de las nuevas tecnologías usadas en la vigilancia digital, el control de la información y la manipulación de la opinión pública mediante algoritmos y <em>fake news</em> que están ligadas a fortalecer las narrativas fascistas creando sociedades polarizadas y fragmentadas.</p>



<p>Quiero aprovechar la oportunidad para recomendar dos títulos ideales para reflexionar en estas épocas. El primero es &#8220;<em>Esta es la historia de lucha de Cerro Norte, un barrio en la Loma de Bogotá</em>&#8220;, publicado por la editorial Teoría y Praxis. Escrito y editado por la misma comunidad, relata las valientes experiencias de las luchas sociales en el Cerro, ofreciendo una visión profunda e inspiradora de la resistencia colectiva. El otro es &#8220;<em>Propagandas Confrontadas</em>&#8220;, de la misma editorial. El profesor Ciro Eduardo Becerra analiza al detalle el impacto de la Guerra Civil Española en Colombia, explorando cómo este conflicto marcó nuestra historia política y cultural en la primera mitad del Siglo XXI.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Foto: David Leonardo Castilblanco.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115244/A-FLOREZ-EDITADA-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-109603" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115244/A-FLOREZ-EDITADA-768x1024.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115244/A-FLOREZ-EDITADA-225x300.jpeg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115244/A-FLOREZ-EDITADA-1152x1536.jpeg 1152w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115244/A-FLOREZ-EDITADA.jpeg 1200w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size">&nbsp;<strong>Julio César González, Matador</strong></p>



<p><a href="https://x.com/Matador000">Caricaturista</a></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-e38899570b15718eb92f9ff0bdbb5ae2"><strong><em>“La risa caníbal, humor, pensamiento cínico y poder”,</em> del español Andrés Barba.</strong></p>



<p>Existen pocos ensayos sobre el humor. Uno ve que cada vez hay menos libros de humor gráfico y humor político. A mi este libro me llegó al alma, porque reflexiona sobre el papel del humor en la cultura. Es un análisis profundo, que traspasa la epidermis y nos cuestiona como artistas y como ciudadanos. Andrés Barba, que además de ensayista es novelista y fotógrafo, cuenta cómo el humor puede ser subversivo y cómo puede actuar obviamente como contrapoder.  </p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-ccd16377b4e09b9c52f9466eddc9322d"><strong>La decepción:</strong> <em>“Colombia, cuatro años después: Resumen de un país sin presidente”</em>, de Matador. Me decepcionó porque el colombiano tiene mente de corto plazo y ya mucha gente olvidó el nefasto gobierno de Iván Duque, que realmente fue otro gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Fue tan nefasto que hasta salió la noticia de que Donald Trump había postulado a Duque para director general de la OEA pero lastimosamente para él resultó ser una <em>fake news</em> y, además, ese cargo no existe. Ese libro me decepciona porque no está en todos los hogares colombianos y debería estar para que no volvamos a cometer los errores del pasado.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="720" height="932" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062615/A-MATADOR.jpg" alt="" class="wp-image-109571" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062615/A-MATADOR.jpg 720w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062615/A-MATADOR-232x300.jpg 232w" sizes="auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Mima Peña</strong></p>



<p class="has-small-font-size">Directora de <a href="https://open.spotify.com/show/5wcX9v5CW6TrMIDeS7NcwO">Come Cuento Podcast </a>y columnista de La República.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-fd256c343780d014c85d0f038eafd254"><strong><em>“Mesa para dos”,</em> del estadounidense Amor Towles.</strong></p>



<p>Una colección de seis cuentos y una <em>novella,</em> protagonizados por unos personajes encantadores y profundamente humanos, como el abogado serio y conservador de 65 años que, a escondidas de su familia, asiste a un lugar en Central Park en donde patina y baila con unos desconocidos, y  descubre que es allí en donde es verdaderamente feliz, o la mujer amorosa que no desampara a su marido alcohólico, así el hombre esté a kilómetros de distancia  atrapado, por una tormenta, en un aeropuerto, a punto de entrar al bar.</p>



<p>La narración impecable de Towles, su perspicacia e ingenio, el tono a veces muy poético, pero nunca meloso, ¡los finales!, y ese ingrediente de las pequeñas serendipias de la vida, hacen que estas historias se me hayan quedado en el corazón.</p>



<p>Debatí entre <em>“Mesa para dos”</em> y <em>“La vegetariana” </em>de Han Kang, dos historias y dos estilos, que no pueden siquiera compararse; sin embargo, me quedo con <em>“Mesa para dos”</em>, porque creo que la habilidad para encontrar belleza en los momentos más sencillos de la vida, también nos recuerda por qué la literatura importa.</p>



<p><strong>La decepción:</strong> No quise leer la versión digital que circulaba en redes sociales. Lo compré en la librería, hice capuchino, me acomodé en el sofá que más me gusta, y apagué el celular. Dispuesta a disfrutar una especie de bombón literario, empecé a leer <em>“En agosto nos vemos”, </em>de Gabriel García Márquez.</p>



<p>Incapaz de criticar algo escrito por uno de los mejores autores de todos los tiempos, solo digo que no encontré la magia característica de su obra. En cambio, a medida que leía, pensaba en las razones por las que él no habría querido publicar esta historia, y más preocupada por el incumplimiento de la familia al mandato del padre que por las andanzas de Ana Magdalena Bach, decidí respetar la voluntad de Gabo, y no continuar leyendo el libro que, por cualquier razón, él no quería que leyéramos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184424/Z-MEJOR-LIBRO-MIMA-PENA-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-109548" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184424/Z-MEJOR-LIBRO-MIMA-PENA-1024x683.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184424/Z-MEJOR-LIBRO-MIMA-PENA-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184424/Z-MEJOR-LIBRO-MIMA-PENA-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184424/Z-MEJOR-LIBRO-MIMA-PENA-1536x1024.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184424/Z-MEJOR-LIBRO-MIMA-PENA.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Hernán Jara Muñoz</strong></p>



<p>Librero. (Librería Lerner de Bogotá)</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-0b8aab3cd741f8a0f0000d63fe5b863e"><strong><em>“Volver la vista atrás”,</em> del colombiano Juan Gabriel Vásquez.</strong></p>



<p>Es la historia novelada de la familia Cabrera, de su migración, de cómo llegaron a Colombia, de su papel en el cine… Este autor me gusta mucho, porque casi todos sus temas son históricos y la Historia es un género que me apasiona. Su prosa es muy agradable. En su escritura aparecen el periodista que investiga y el literato que nos deja ver la exquisitez de su pluma. Es una combinación maravillosa que, además de entretenida, contiene referencias de hechos comprobados, donde se nota un trabajo de campo extraordinario y minucioso. Es un autor al que leo con placer. También recomiendo su libro anterior,&nbsp;<em>La forma de las ruinas,</em>&nbsp;que habla sobre dos personajes centrales de la historia de Colombia: Jorge Eliécer Gaitán y Rafael Uribe Uribe.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="863" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184458/Z-MEJOR-LIBRO-HERNAN-JARA-863x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109550" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184458/Z-MEJOR-LIBRO-HERNAN-JARA-863x1024.jpg 863w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184458/Z-MEJOR-LIBRO-HERNAN-JARA-253x300.jpg 253w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184458/Z-MEJOR-LIBRO-HERNAN-JARA-768x911.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184458/Z-MEJOR-LIBRO-HERNAN-JARA-1295x1536.jpg 1295w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184458/Z-MEJOR-LIBRO-HERNAN-JARA.jpg 1335w" sizes="auto, (max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Juana Carolina Villa Cortes</strong></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-c74d4d78283147661439ebc4a39cc078">Escritora, poeta, gestora cultural, activista y autora de la novela<br><a href="https://www.instagram.com/juanacarolinavillacortes/"><em>&#8220;Historias de mi pierna izquierda&#8221;</em></a>, ganadora de la beca artística Estímulos 2024 del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.<br><br><strong><em>“Todos los cuentos”,</em> de la brasileña (nacida en Ucrania) Clarice Lispector.</strong></p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-ce1e7e7285190d15fde9d7788307c241">Clarice Lispector es una autora fascinante, misteriosa, con una gran capacidad de explorar las naturalezas humanas profundas y de proponer una reflexión sobre lo femenino desde el ser y no desde los roles y estereotipos, a través de sus maravillosos cuentos y sus novelas. Su narrativa es experimental, innovadora, valerosa, rebelde e imponente. Sus historias rayan a veces en el absurdo, el surrealismo y la locura pero para mí son metáforas de nuestro inconsciente colectivo y nuestra lastimada civilización. Libro que contiene su obra completa de cuentos. Super recomendada.<br><br><strong>La decepción:</strong> <em>&#8220;Casandra&#8221;</em> de Christa Wolf, una novela corta sobre la cual tenía otras expectativas. Me pareció una historia pesada, aburrida. Aunque tiene buenos momentos y algunos personajes con mucha fuerza, ni me atrapó, ni me interpeló.&nbsp;Me gusta que un libro me sacuda hasta los huesos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115349/A-JUANA-EDITADA-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-109605" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115349/A-JUANA-EDITADA-768x1024.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115349/A-JUANA-EDITADA-225x300.jpeg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115349/A-JUANA-EDITADA-1152x1536.jpeg 1152w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21115349/A-JUANA-EDITADA.jpeg 1200w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Germán Puerta</strong></p>



<p class="has-small-font-size"><a href="https://www.astropuerta.com.co">Divulgador científico</a>, ex coordinador del Planetario Distrital de Bogotá.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-ce1510a497cdb519ddb491fb27d47ddb"><strong><em>“Elon Musk”,</em> del sudafricano Ashlee Vance.</strong></p>



<p>Nos guste o no el personaje, sin duda es uno de los protagonistas del mundo científico, tecnológico y comercial del siglo XXI. Una historia fascinante del hombre que sin darnos cuenta tiene una gran influencia en nuestra vida cotidiana.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184651/Z-MEJOR-LIBRO-GERMAN-PUERTA-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109551" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184651/Z-MEJOR-LIBRO-GERMAN-PUERTA-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184651/Z-MEJOR-LIBRO-GERMAN-PUERTA-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184651/Z-MEJOR-LIBRO-GERMAN-PUERTA-1152x1536.jpg 1152w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184651/Z-MEJOR-LIBRO-GERMAN-PUERTA.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Gloria Helena Rey </strong></p>



<p class="has-small-font-size">Reportera y primera mujer en ganar el <em>Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar</em>. Fue corresponsal en América Latina de la AP, jefe de oficina de AFP, y corresponsal de la BBC de Londres, y de los diarios españoles La Vanguardia y El Periódico.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-448548209002a68bf156ee240e1760c0"><strong><em>&#8220;El valor de la verdad&#8221;,</em> del hindú Mahatma Gandhi.</strong></p>



<p>He leído mucho a Gandhi porque me alimenta el alma. ¿Qué es la verdad? En el libro dice que es la voz interior que nos habla. Para descubrir la verdad hay que ser humilde y para penetrar en el corazón de ese océano que es la verdad, hay que decidirse a no ser nada, dice. Sobre Miguel Hernández, mi poeta popular favorito, hay mucho más que la <em>&#8220;Nana de las cebollas&#8221;.</em> Amé este poema que me sé de memoria: <em>&#8220;Mis ojos, sin tus ojos no son ojos/son dos hormigueros solitarios/ y mis manos sin las tuyas varios, intratables espinos a manojos/</em></p>



<p>Aunque no escriba tan bien como García Márquez, amo a Borges, porque es profundo y muy culto. También a Máximo Gorki, el escritor ruso.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184721/Z-MEJOR-LIBRO-GLORIA-HELENA-REY-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109552" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184721/Z-MEJOR-LIBRO-GLORIA-HELENA-REY-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184721/Z-MEJOR-LIBRO-GLORIA-HELENA-REY-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/20184721/Z-MEJOR-LIBRO-GLORIA-HELENA-REY.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Adriana Martínez-Villalba</strong></p>



<p>Directora de la Biblioteca Nacional de Colombia</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-12f2ec3e31fb8bf212fe7365e8603d6a"><em><strong>“Biblioteca Vorágine”</strong></em>, <strong>homenaje al colombiano José Eustasio Rivera.</strong></p>



<p>En Calamar, Guaviare, a dos horas de San José, está la Biblioteca Pública Municipal José Eustasio Rivera, una de las 1.558 bibliotecas públicas que hay en todo el país. En el centro, sobre una mesa, están exhibidos los diez tomos que conforman la <em>&#8220;Biblioteca Vorágine&#8221;</em>, decorados con unas hojas y unos dibujos de hormigas hechos por las lectoras y lectores de este lugar. </p>



<p>A comienzos del siglo XX, de ahí, de Calamar, gran parte de la población indígena fue secuestrada y esclavizada para trabajar en las caucherías, tema que denuncia Rivera en La vorágine. Aún se recuerda su paso por este pueblo mientras escribía el libro. </p>



<p>A cien años de la publicación de la novela, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y la Biblioteca Nacional de Colombia lideraron la conmemoración de este centenario. Una de las tantas acciones fue esta Biblioteca Vorágine, que se pueden <a href="https://www.bibliotecanacional.gov.co/es-co/actividades/actividad-cultural/exposiciones/exposicion?Expo=3">leer en línea </a>y en todas las bibliotecas públicas —muchas de ellas, como la biblioteca de Calamar, la recibieron con inmenso entusiasmo—, al tiempo que se despertó un diálogo sobre la emergencia climática, el racismo y el extractivismo, pero también sobre la esperanza y la resistencia de los pueblos originarios. </p>



<p>La <em>&#8220;Biblioteca Vorágine&#8221;</em> incluye la obra de Rivera y nueve títulos más que dan cuenta de los múltiples horizontes de sentido que se encuentran en sus páginas: su riqueza literaria, los testimonios del holocausto cauchero, el sentido de la identidad nacional, los difusos límites territoriales, la representación de distintas poblaciones.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062718/A-BIBLIOTECA-NACIONAL-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109573" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062718/A-BIBLIOTECA-NACIONAL-819x1024.jpg 819w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062718/A-BIBLIOTECA-NACIONAL-240x300.jpg 240w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062718/A-BIBLIOTECA-NACIONAL-768x960.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21062718/A-BIBLIOTECA-NACIONAL.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21131518/Z-MEJOR-LIBRO-LA-VORAGINE-1-1024x682.jpeg" alt="" class="wp-image-109609" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21131518/Z-MEJOR-LIBRO-LA-VORAGINE-1-1024x682.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21131518/Z-MEJOR-LIBRO-LA-VORAGINE-1-300x200.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21131518/Z-MEJOR-LIBRO-LA-VORAGINE-1-768x512.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21131518/Z-MEJOR-LIBRO-LA-VORAGINE-1-1536x1024.jpeg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/21131518/Z-MEJOR-LIBRO-LA-VORAGINE-1.jpeg 2000w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><strong>Y ustedes, los lectores, ¿Cuál fue el mejor libro que leyeron en 2024?</strong></p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109526</guid>
        <pubDate>Sun, 22 Dec 2024 12:31:49 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Cuál fue el mejor libro que leyó en 2024?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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