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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Irene Vallejo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>12 libros y 12 autores para regalar el 24</title>
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        <description><![CDATA[<p>Un libro siempre será un regalo maravilloso para obsequiar en Nochevieja. Doce personalidades cuentan cuál fue esa obra que leyeron con fascinación este 2025.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-small-font-size"><em>Fotografía tomada en la librería Merlín de Bogotá. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-0374ba416735b4b945bfe8078d4e9da5"><em>&#8220;Un libro es un regalo que puedes abrir una y otra vez&#8221;, </em>Garrison Keillor, humorista estadounidense. </p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>MIGUEL TORRES</strong><strong>, director de teatro, dramaturgo y novelista</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19112832/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MIGUEL-TORRES-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-123720" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19112832/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MIGUEL-TORRES-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19112832/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MIGUEL-TORRES-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19112832/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MIGUEL-TORRES-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19112832/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MIGUEL-TORRES-1536x1023.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19112832/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MIGUEL-TORRES.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-small-font-size"><em>Foto: cortesía Carlos Duque.</em></p>



<p><strong><em>Diarios 1984-1989</em></strong> es uno de los libros que más me ha impactado en los últimos años. En él, Sandor Márai, anciano, cojo y casi ciego, va narrando, con estremecedora lucidez, el desgarrador testimonio de su enfrentamiento con la muerte. Llevando a cuestas su viudez, su soledad y su desmoronamiento físico, esgrime verdades de a puño como esta: “La crueldad es el punto de encuentro en que la humanidad actúa en armonía”. O sombríos propósitos cargados de punzante ironía: “Si me quedan fuerzas escribiré algo impublicable, que ni la imprenta sea capaz de soportar”. Hasta su última anotación, días antes de pegarse un tiro en la cabeza: “Estoy esperando el llamamiento a filas. Ha llegado la hora”.</p>



<p>&nbsp;Un libro sagrado en mi memoria.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>PATRICIA TAVERA</strong><strong>, artista plástica</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="473" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113055/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-PATRICIA-TAVERA-473x1024.jpg" alt="" class="wp-image-123722" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113055/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-PATRICIA-TAVERA-473x1024.jpg 473w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113055/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-PATRICIA-TAVERA-139x300.jpg 139w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113055/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-PATRICIA-TAVERA.jpg 591w" sizes="(max-width: 473px) 100vw, 473px" /></figure>



<p>La primera vez que fui a Estambul tenía 30 años, adoré la ciudad, tomé un barco para recorrer el Bósforo y ver la arquitectura de la ciudad antigua, sus mezquitas. Años después descubrí al escritor ORHAN PAMUK y compré un primer libro sobre Estambul, que admiré, pues hablaba de las historias vividas por él y su familia en esa preciosa ciudad. Quiero recomendar su libro <strong><em>La maleta de mi padre.</em></strong></p>



<p>Cada frase del libro es la afirmación de lo que el arte es para cada uno de nosotros, ya sea escritor o pintor: “Para mí, ser escritor es descubrir, luchando pacientemente durante años, la segunda persona que se esconde en el interior de uno”. Tuve una experiencia muy bella con Gabo, gran amigo de mi esposo, quiso venir al taller a ver mi pintura y de pronto me dijo: pero así de cerca pintando en la pared, ¿cómo puedes ver? Le dije: Cuando me retiro descubro lo que estoy pintando. Me dijo entonces: ¿Quién pinta? Le respondí: El otro que hay en mí y lo descubro al alejarme.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>HENRY GALLARDO, </strong><strong>director Fundación Santa Fe de Bogotá</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113131/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HENRY-GALLARDO-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-123724" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113131/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HENRY-GALLARDO-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113131/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HENRY-GALLARDO-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113131/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HENRY-GALLARDO-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113131/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HENRY-GALLARDO-1536x1023.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113131/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HENRY-GALLARDO.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><strong><em>Cartagena 1600: Cuando el tirano mandó</em></strong> es una novela muy divertida, una historia de amor; juguetona desde su título, el cual tiene todo que ver con las letras de Joe Arroyo. Está llena de momentos y lugares verídicos que han marcado la realidad actual de la ciudad.&nbsp;</p>



<p>Cada parte del libro trae detalles históricos que alimentan la curiosidad y el cariño por nuestras raíces. Y digo “nuestras”, siendo <em>rolito</em>, porque el Hospital Serena del Mar está allí para servir en salud y es parte de mi responsabilidad. Considero que la responsabilidad sin conocer la historia cojea.</p>



<p>Uno de los personajes centrales es Tomás, un arriesgado joven que, escapando de la Inquisición portuguesa, llega a Cartagena y logra sobrevivir como médico autodidacta. Claro, en lo personal es de total interés conocer qué pasaba con la medicina de aquel momento.</p>



<p>Tomás se enamora de una muchacha mulata, una relación marcada por la pobreza, las diferencias de raza y las que impone a veces la sociedad.</p>



<p>Entre los elementos históricos que recuerda están la invasión del pirata Francis Drake, el “negocio” de la esclavitud, la rebelión de Benkos Blohó, el arribo de la inquisición, la amabilidad de Pedro Claver y el progreso de la infraestructura inicial de la ciudad amurallada, el fuerte, las iglesias y las casas.</p>



<p>He de resaltar que su mayor enseñanza y mensaje no está en el libro. Está en la razón por la que se concibió. Mi gran amigo Manuel Camacho Montoya escribe con su padre, Manuel Camacho Diago, esta linda obra, porque como padre e hijo querían tener un proyecto conjunto. Y fue así como crearon una “disculpa” para ¡hablar más, estar más y vivir más!</p>



<p>Cuidarnos y unirnos es al final el inmenso mensaje que nos dejan los dos Manueles. Un proyecto de vida para alimentar el amor familiar. ¡Qué gran mensaje!</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>&nbsp;MARIA CLARA OSPINA, escritora bogotana</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113210/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MARIA-CLARA-OSPINA-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-123726" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113210/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MARIA-CLARA-OSPINA-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113210/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MARIA-CLARA-OSPINA-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113210/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MARIA-CLARA-OSPINA.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p><strong><em>La península de las casas vacías</em></strong>, de David Uclés, introduce al lector a la Guerra Civil española desde un prisma íntimo, simbólico y profundamente desgarrador que agarran el alma y la estremecen. Aquí lloramos por la campesina que pinta de negro todos los árboles de su huerto, por el fotógrafo que luego de pisar una mina no levanta el pie en cuarenta años, por el maestro que enseña a sus alumnos a hacerse los muertos…</p>



<p>Uclés, construye una narrativa donde la violencia política y el odio se entrelazan para revelar un país que se desangra desde dentro. En el centro late el clan de los olivareros de Jándula, una familia unida por la tierra y un legado casi mítico, cuyo destino fatal se va tejiendo a medida que el fanatismo, la superstición y la fractura social avanzan sobre sus vidas.</p>



<p>La novela dialoga con <em>Cien años de soledad,</em> de Gabriel García Márquez, en su uso de un surrealismo impregnado de símbolos rurales y creencias populares. Pero Uclés sitúa ese imaginario, en su propio idioma, en una España concreta y desgarrada, donde lo fantástico brota de la desesperación.</p>



<p>También recuerda a <em>Patria</em> de Fernando Aramburu por su manera de mostrar cómo la violencia destruye hogares y vínculos. Pero Uclés añade un tono mítico que convierte la caída de Jándula en una elegía del país, marcada por el silencio, la ausencia y la memoria rota.</p>



<p>María Clara Ospina, diciembre 12/2025</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>JAVIER CORREA CORREA</strong><strong>, escritor y periodista</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="544" height="640" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113309/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JAVIER-CORREA.jpg" alt="" class="wp-image-123728" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113309/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JAVIER-CORREA.jpg 544w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113309/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JAVIER-CORREA-255x300.jpg 255w" sizes="auto, (max-width: 544px) 100vw, 544px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-bc332348f141098a26b526565a2cc84c"><em>“… sujetando a la mujer por debajo de los brazos, mirándola todo el cuerpo, con toda la luz de la luna desnudándola, dijo en su vieja lengua, en la lengua de los bosques, de los panales de miel, de las columnas blancas, del mar sonoro, de la risa sobre las montañas:</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-928c6a7cbfd6479b7f279c5b305858e6">–<em>No me quieras mal”. (</em>Del cuento<em> Centauro)</em></p>



<p>Conocí a José Saramago con el libro <em>Objecto Quase</em>, traducido erróneamente como <strong><em>Casi un objeto</em>, </strong>porque no se trataba de un error gramatical en portugués –la lengua nativa del Premio Nobel de Literatura en 1998– sino de una propuesta idiomática libertaria, como libertaria fue su literatura y libertaria su vida.</p>



<p>Seis cuentos conforman el libro que no es el más conocido de él. Otros, casi todos, son mencionados por expertos y por quienes se acercan a su obra.</p>



<p>“La silla empezó a caer, a venirse abajo, a inclinarse, pero no, en el rigor del término, a desatarse”. Así comienza el cuento <em>Silla</em>, en el que microscópicos <em>Anobium</em> han ruñido la madera del asiento que cede y cae. No es cualquier poltrona, incluso trono, sino el que ocupa con el apoyo de Hitler y Mussolini el dictador portugués António de Oliveira Salazar, que cayó, él sí, tras la Revolución de los claveles, en 1974, un año antes de la muerte de su vecino y cómplice español Francisco Franco.</p>



<p>Este texto podría ser tachado de política. Y cuál es el problema, si el mismo José Saramago reclama –en presente– el derecho de ser político. Y la literatura es mucho más que una sumatoria de letras bonitas, adornadas con narraciones y descripciones. Y vaya que Saramago sabía de narraciones, de descripciones, de política.</p>



<p>Leí después varias de sus novelas y de sus textos periodísticos, y cada vez más lo admiré y sentí afecto por él.</p>



<p>Conocí personalmente a José Saramago pocos meses antes de su muerte, en junio de 2010. Fue la última vez que visitó Colombia y habló de paz. Soñador que era, el Nobel, quien hoy se lamentaría de que el Premio Nobel de Paz se lo hubieran dado a una guerrerista con rodilleras.</p>



<p>Perdonen la digresión, pero era inevitable. Él era –y seguirá siendo– un hombre grande, hermoso, de los que enaltecen a la literatura y a la humanidad misma.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>XIOMARA SUESCÚN</strong><strong>, directora del Centro Nacional de las Artes</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="849" height="566" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19121344/ZETA-FOTO-LIBROS-NAVIDAD-ARTES-esta-si.jpg" alt="" class="wp-image-123743" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19121344/ZETA-FOTO-LIBROS-NAVIDAD-ARTES-esta-si.jpg 849w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19121344/ZETA-FOTO-LIBROS-NAVIDAD-ARTES-esta-si-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19121344/ZETA-FOTO-LIBROS-NAVIDAD-ARTES-esta-si-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 849px) 100vw, 849px" /></figure>



<p>Pocas obras interpelan con tanta claridad nuestra condición humana como <strong><em>La estirpe de Lilith</em>.</strong> En esta trilogía, Octavia E. Butler —una de las autoras más determinantes de la ciencia ficción del siglo XX y la primera mujer afrodescendiente en consolidarse en el género— plantea preguntas urgentes sobre supervivencia, alteridad y los dilemas éticos de habitar un mundo en transformación.</p>



<p>La historia se sitúa en un futuro distópico en el que la humanidad ha quedado al borde de la extinción tras una guerra nuclear. Los pocos sobrevivientes son rescatados por una especie extraterrestre, los Oankali, que los mantiene en animación suspendida durante siglos. Cuando Lilith Iyapo despierta, descubre que ha sido elegida para preparar la convivencia entre humanos y Oankali y acompañar el retorno a una Tierra radicalmente distinta, incluso para quienes volverán a habitarla.</p>



<p>Lo que más me fascina es la manera en que Butler aborda el encuentro con “el otro”: aquello que tememos y admiramos de lo diferente, y las contradicciones que emergen cuando ese encuentro nos obliga a transformarnos. Para ambas especies, coexistir implica renunciar a certezas, abrir posibilidades y aceptar que la continuidad de la vida requiere cambio.</p>



<p>La trilogía atraviesa temas que siguen siendo esenciales hoy: la violencia, los prejuicios, la raza, el género, el colonialismo, la ética, la relación con los ecosistemas y con todas las formas de vida. Butler construye un universo vasto en imaginación y profundamente humano en sus preguntas. Nos confronta, nos conmueve y nos lleva a pensar más allá de los límites que creemos firmes.</p>



<p>Es un libro que expande nuestras fronteras internas. Y esa, quizá, es la mejor razón para regalarlo.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>CARLOS RESTREPO, </strong><strong>periodista cultural</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="538" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113547/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-CARLOS-RESTREPO-1024x538.jpg" alt="" class="wp-image-123730" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113547/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-CARLOS-RESTREPO-1024x538.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113547/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-CARLOS-RESTREPO-300x158.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113547/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-CARLOS-RESTREPO-768x403.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113547/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-CARLOS-RESTREPO-1536x806.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113547/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-CARLOS-RESTREPO.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Este año decidí desatrasarme con el autor sueco Jonas Jonasson (1962), del que tenía represados tres libros, y cuya primera novela que leí de él, en 2009 (<strong><em>El abuelo que saltó por la ventana y se largó</em></strong>), me regaló uno de los ratos de lectura más placenteros. Fue así como -muy disciplinado- leí de Jonasson sus novelas <strong><em>Dulce venganza</em>,</strong> <strong><em>El matón que soñaba con un lugar en el paraíso</em> y <em>La analfabeta que era un genio de los números</em>.</strong></p>



<p>Con un exquisito sentido del humor (cargado de sarcasmo), Jonasson -quien antes de lanzarse a la ficción literaria fue periodista- crea unos personajes entrañables para el lector, muchas veces de las periferias urbanas, los cuales viven las aventuras más descabelladas. Siempre, enmarcados en un telón de fondo en el que los protagonistas interactúan -en clave de comedia- con la historia real y sus protagonistas.</p>



<p>Si quiere huir un rato de la agobiada realidad nacional e internacional, Jonasson le ofrecerá historias divertidas, bien contadas y con personajes que se quedarán en el corazón. Un autor refrescante, en cuya obra vale la pena sumergirse para terminar siempre con una sonrisa dibujada en la cara. (* Ex redactor cultural del diario El Tiempo).</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>IRENE VASCO</strong><strong>, escritora bogotana</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113631/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-IRENE-VASCO-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-123732" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113631/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-IRENE-VASCO-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113631/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-IRENE-VASCO-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113631/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-IRENE-VASCO-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113631/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-IRENE-VASCO-1536x1023.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113631/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-IRENE-VASCO.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-small-font-size"><em>Foto: cortesía Natalia Espinosa.</em></p>



<p><strong><em>La puerta</em></strong>, de la escritora húngara Magda Szabó, (Hungría, 1907 – 2007), es una novela de 314 páginas. Cuenta las historias de dos mujeres unidas por lazos de amistad, mezquindad, lealtad, odio, desconfianza, generosidad. Estas historias van y vienen entre guerras e invasiones, entre chismes y vida cotidiana. Los veinte años de relación, no podría llamarse amistad, permiten que personas, animales, sucesos, se ensamblan a través de distintos episodios en las vidas de distintas personas.&nbsp;</p>



<p>¿Cómo logra Magda Zsabó que los lectores quedemos atrapados entre esta variedad de sucesos?&nbsp;</p>



<p>Desde el primer capítulo sabemos algo que la enigmática Emerenc Szeredas, criada de la autora, esconde algo. El gran deseo de su ama es que se abra “por primera vez ante mis ojos una puerta determinada, la del cuarto de una persona que defendía celosamente su gran soledad y ocultaba su indignante miseria con pudor y que, por eso, nunca habría permitido entrar ahí a nadie, aunque el techo hubiera ardido sobre su cabeza”.&nbsp;</p>



<p>Los lectores necesitamos desesperadamente abrir la puerta de la habitación de Emerenc.</p>



<p>¡Una puerta! Una simple puerta que permanece cerrada nos mantiene en vilo página tras página. De vez en cuando la autora ofrece una pista, hace guiños, para que creamos que por fin conoceremos la habitación de Emerenc. Guiños dosificados, claro, para que nuestra inquietud se mantenga firme. Por supuesto, lo logra.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>MAURICIO ARROYAVE</strong><strong>, periodista y director del pódcast Ojo Nuclear</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113714/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MAURICIO-ARROYAVE-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-123733" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113714/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MAURICIO-ARROYAVE-1024x768.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113714/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MAURICIO-ARROYAVE-300x225.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113714/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MAURICIO-ARROYAVE-768x576.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113714/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MAURICIO-ARROYAVE-1536x1152.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19113714/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-MAURICIO-ARROYAVE.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Yo recomiendo uno de los tesoros ocultos de la literatura latinoamericana: Álvaro Enrigue (así, con g). Tengo en mis manos su trabajo más reciente: <strong><em>Tu sueño imperios han sido.</em></strong> Es una novela que se asoma a la conquista de México y la narra como un sueño violento, sin mapas, sin garantías y sin un narrador que prometa orden. Álvaro Enrigue no reconstruye el pasado: lo desarma. Y en ese gesto —literario, político y profundamente estético— está la potencia de este libro breve y feroz.</p>



<p>Aquí no hay epopeya ni pedagogía histórica. No hay voluntad de explicar “lo que ocurrió”, sino de mostrar cómo el lenguaje mismo fue un campo de batalla. La Conquista aparece como un ruido constante que, incluso hoy, no termina de apaciguarse. Todo se dice a medias, todo se traduce mal, todo se impone con violencia. El resultado es una verdad incómoda: la historia, cuando se mira de cerca, nunca es limpia.</p>



<p>Una de las cosas que más me impresiona de Enrigue, y en esta novela sí que se luce, es su español afilado. Usa&nbsp;arcaísmos y giros coloniales sin dejar de ser absolutamente contemporánea.</p>



<p>En <strong><em>Tu sueño imperios han sido</em></strong>, Moctezuma y Cortés no son héroes ni villanos de manual; son, más bien, figuras quebradas, atrapadas en un juego que los supera. Enrigue evita el juicio moral fácil y opta por algo más inquietante: mostrar el desconcierto. Es que la historia no avanza porque alguien la controle, sino porque nadie logra detenerla.</p>



<p>A pesar de su brevedad, el libro exige atención. Es una novela que pide al lector algo más que empatía: le pide inteligencia, memoria, sospecha. Pero la recompensa es alta. Las imágenes permanecen, las frases regresan, la herida colonial vuelve a abrirse, no como lamento, sino como pregunta.</p>



<p>Es una demostración de que la literatura todavía puede discutir el pasado sin solemnidad o complacencia. Y en tiempos de discursos simplificados, como este, eso no es poco.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>JORGE ESPINOSA, periodista</strong> <strong>y conductor del pódcast <em>El Librero</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19115950/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JORGE-ESPINOSA-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-123740" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19115950/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JORGE-ESPINOSA-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19115950/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JORGE-ESPINOSA-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19115950/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JORGE-ESPINOSA-1152x1536.jpg 1152w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19115950/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JORGE-ESPINOSA.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p>La novela policíaca es un género delicioso. Desde los clásicos como Patricia Highsmith y Raymond Chandler hasta los contemporáneos como Antonio Manzini y Seicho Matsumoto. Cuando están bien escritas, no son solo novelas de misterio y detectives, sino también estudios minuciosos y entretenidos de la condición humana.</p>



<p>Ese es el caso de la fabulosa <strong><em>Caso Clínico,</em></strong> del escocés Graeme Macrae Burnet, publicada en español por la editorial Impedimenta. No es, para ser precisos, una novela policíaca tradicional: sí, es cierto que hay una muerte en las primeras páginas del libro, pero se trata más bien de un misterio psicológico que hubiera podido llevar al cine Alfred Hitchcock.</p>



<p>La historia parte de un hallazgo literario del autor, que recibe unos cuadernos que lo llevan a reconstruir la historia de una joven en el Londres de los años sesenta que está convencida de que un psicoterapeuta célebre, polémico e insoportable tuvo responsabilidad directa en el suicidio de su hermana. Para probarlo, ella misma decide infiltrarse como paciente, con identidad falsa, y someterse a unas agotadoras pero muy ilustrativas sesiones de terapia.</p>



<p>A partir de ahí, la novela avanza entre los cuadernos escritos por la hermana de la muerta, que describen sus curiosos encuentros con el terapeuta, pero también escenas de su propia vida, y las notas biográficas que Graeme Macrae Burnet escribe sobre ese mismo terapeuta, cuyo nombre es A. Collins Braithwaite. La maravilla de esta novela consiste en su propio engaño: lo que acá describe Macrae Burnet, los personajes de los que habla, los episodios que describe, ¿existieron? ¿O acaso se trata solamente de su prodigiosa imaginación?</p>



<p>Sí, es un thriller psicológico como no he leído dos, pero también una profunda reflexión sobre la pérdida, el duelo, las relaciones familiares y las ficciones que nos contamos nosotros mismos a partir de nuestras máscaras e identidades. Macrae Burnet es también uno de los últimos autores que me recomendó mi amigo y librero Mauricio Lleras. Sospecho, a pesar de la fragilidad de mi memoria emocional, que fue una de las últimas conversaciones que tuve con él antes de su muerte. Como siempre, Mauricio acertó.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>JOSÉ CUESTA</strong><strong>, concejal de Bogotá</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="688" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19114052/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JOSE-CUESTA-baja-1024x688.jpg" alt="" class="wp-image-123735" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19114052/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JOSE-CUESTA-baja-1024x688.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19114052/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JOSE-CUESTA-baja-300x202.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19114052/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JOSE-CUESTA-baja-768x516.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/19114052/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-JOSE-CUESTA-baja.jpg 1065w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Estoy leyendo un libro del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, titulado <strong><em>Lecciones sobre la filosofía de la historia universal</em></strong> (II). El movimiento de la historia universal se da justamente con el Imperio persa. El autor examina esa misma dinámica, pero en relación con el mundo griego.</p>



<p>Señala que la historia vinculada al mundo griego se define a partir de tres épocas capitales.</p>



<p>La primera es el comienzo del pueblo, que en el caso del mundo griego se origina y se fortalece hasta llegar al ámbito de la individualidad real.</p>



<p>La segunda etapa corresponde al contacto de ese pueblo ya educado con las figuras precedentes, con los pueblos anteriores de la historia universal, y a su triunfo sobre ellos.</p>



<p>El tercer período es el contacto con los pueblos siguientes y la derrota del pueblo griego frente a estos.</p>



<p>Con esta aproximación a la dinámica histórica del pueblo griego, Hegel intenta mostrar que dicho desarrollo tiene una base antecedente. Esa base está, precisamente, en su relación con el mundo persa, con el mundo oriental.</p>



<p>Llama la atención cómo esa noción dialéctica en Hegel, aplicada al pueblo griego, permite la formación de la identidad del todo. Esta dialéctica, que posibilita la configuración de la identidad del pueblo griego, se da a partir de una relación de base con una cultura extraña. Para ser más exactos, el proceso de construcción de la identidad griega se da a partir de las guerras con los persas, que marcan sin duda alguna el talante del pueblo griego.</p>



<p>La lectura de este texto permite adentrarnos en el estudio de la conformación del talante, el carácter y la fuerza del pueblo griego.</p>



<p>La historia de Grecia, dice Hegel, presenta el origen del pueblo griego como un proceso de hibridación, tanto étnico como cultural, una mezcla de distintas tribus. La mayoría de las poblaciones eran homogéneas y pertenecientes a la raza griega, pero también hay que decir que aquello que conocemos como pueblo griego incorporaba familias extrañas, que no eran griegas.</p>



<p>Afirma, además que el pueblo ateniense representa la cumbre del espíritu griego. Sin embargo, es precisamente en la Atenas clásica donde se configura un escenario de acogida y refugio, en el que se recibían familias e individuos provenientes de las más diversas tribus y regiones.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>HUMBERTO MENDIETA, director del Noticiero del Senado</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/20072340/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HUMBERTO-MENDIETA-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-123774" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/20072340/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HUMBERTO-MENDIETA-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/20072340/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HUMBERTO-MENDIETA-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/20072340/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HUMBERTO-MENDIETA-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/20072340/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HUMBERTO-MENDIETA-1536x1023.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/20072340/ZETA-LIBROS-NAVIDAD-HUMBERTO-MENDIETA.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><br>Como un inmenso anzuelo de papel esta obra de la española Irene Vallejo me atrapó hasta dejarme sin respiración. Y me pregunto: de qué madera está hecha aquella mujer que tiene tono novelesco, pero es una académica singular. Se nota en sus citas históricas y en la facilidad con la que se refiere a sus personajes, casi como si los tratara en el diario vivir. Y bien que los trata.</p>



<p>Este ensayo nos interna en la historia de la escritura y de los libros y nos queda una clase amplia y profunda de los primeros textos y el origen de la palabra escrita. ¡Qué belleza!, es así como conocí la génesis del mundo doméstico por medio del cual nos comunicamos, y ahora en el ciberespacio.</p>



<p>Es increíble cómo pasamos del junco al teclado. Del papiro a las redes. E Irene nos lo cuenta con encanto, con pedagogía, con su experticia en letras e historia.</p>



<p>Gracias Irene. Nos llevaste con tu libro por un portal del tiempo, de esos portales calificados de ficción, pero nos demostraste que existen. Fue un fascinante viaje de tantos siglos que al final perdemos la cuenta. Cleopatra, Tito Livio, Séneca, Aristófanes.… Tantos nombres y personajes, conocidos y ajenos.&nbsp;</p>



<p><strong><em>El infinito en un junco</em></strong> es una ventana al pasado mostrándonos cómo se ha transmitido el conocimiento en la historia de la humanidad. Y ni que hablar de las luchas que ha dado la escritura. Contra guerras, prejuicios y quemas inquisitivas. Sobreviven aun en contra de la modernidad que los amenaza.</p>



<p><em>Chapeau</em>, Irene Vallejo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=123718</guid>
        <pubDate>Sat, 20 Dec 2025 12:47:23 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[12 libros y 12 autores para regalar el 24]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Irene Vallejo sobrevalorada?, ¿Carolina Sanín desatada?, ¿Yolanda Reyes envidiosa?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/irene-vallejo-sobrevalorada-carolina-sanin-desatada-yolanda-reyes-envidiosa/</link>
        <description><![CDATA[<p>Yolanda Reyes y Carolina Sanín fueron lapidadas en las redes sociales por pensar y decir lo que piensan sobre “El infinito en un junco” y la visita a Colombia de su autora, Irene Vallejo, con ocasión de la Feria del Libro de Bogotá. Qué bueno el duelo entre escritoras. Las ganas de leer están vivas.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p>Todo comenzó con la columna de Yolanda Reyes, publicada en El Tiempo (29 de abril de 2024), bajo el título <em>“El buenismo y la lectura”,</em> a la que se sumó Carolina Sanín desde su monólogo vía Youtube en la revista Cambio. &nbsp;</p>



<p>Dijo Yolanda:</p>



<p><em>“…el entusiasmo suscitado por ‘El infinito en un junco’ contrasta hoy con la carencia de espacios para la divulgación cultural (por no decir para la crítica literaria) en Colombia. Entre el discurso “buenista” que confiere a la lectura la responsabilidad salvadora de solucionar inequidades con la visita esporádica de alguna autora (“una palabra tuya bastará para sanarme”) y la precariedad de la pedagogía de la lectura y de las acciones culturales hay un abismo tan grande como las brechas de inequidad de este país, que se reflejan también (pero no solamente) en el ámbito simbólico”.</em></p>



<p>Intuyo que Reyes y Sanín quisieron decir, sin decirlo, que en Colombia hemos endiosado a Irene Vallejo, (¿acaso sobrevalorado <em>El infinito en un junco</em>?), pero no lo dijeron así quizás para no alborotar avisperos. El hecho concreto es que las escritoras bogotanas levantaron tremenda polvareda, lo cual aplaudo, porque a manera de grito han puesto sal en la herida sobre un tema urgente: los programas de fomento a la lectura en Colombia.&nbsp;</p>



<p>Las redes sociales le cayeron con todo su veneno a Yolanda Reyes. <em>“No te conozco pero pasaste del anonimato al desprestigio”,</em> dijo un tuitero, en tanto que otro preguntó <em>“¿por qué tanta mala leche con Vallejo?”,</em> y una persona más trinó con sarcasmo: <em>“¿y quién es usted, además de una envidiosa?</em></p>



<p>No es ninguna aparecida. Yolanda Reyes es una escritora y educadora con varias décadas en el trasegar libresco, dueña de una gran sensibilidad social y literaria, (tan licita como la sensibilidad social-literaria de Irene Vallejo), promotora de lectura y autora de varias obras leídas dentro y fuera de Colombia. Decir, como muchos dicen, que Irene Vallejo ha hecho más por la lectura que Yolanda Reyes es tremendamente injusto con la segunda, pues por más de 30 años ha liderado <em><a href="https://www.espantapajaros.com/">Espantapájaros</a></em><strong> </strong>(una apuesta alrededor del arte y la literatura en la primera infancia)<em> y </em>contribuido a la formulación de políticas públicas sobre estos temas.</p>



<p>A mi manera entiendo e interpreto la molestia de Yolanda Reyes. En primer lugar, porque no hay una apropiación de lo nuestro y fácilmente nos descresta lo foráneo; de eso culpemos a esa identidad-no identidad que nos atraviesa. ¡En qué mal concepto nos tenemos como nación! Valdría la pena reflexionar algún día sobre nuestra baja autoestima nacional. Para empezar, en la FilBogotá (¿por qué no llamarla así, con el nombre completo de la ciudad?), los niños deberían encontrarse con los personajes de Rafael Pombo, por decir algo, y no con Chucky o Mario Bross, los paseantes de Corferias, que nada tienen que ver con el universo literario.</p>



<p>En el caso específico de la literatura, hay un desconocimiento (¿acaso desprecio?) por autores colombianos que no son &#8220;superventas&#8221;, si es que el término aplica para Colombia, un país con tristísimos índices de lectura, (aunque vamos mejorando), donde poquísimos escritores se dan el lujo de decir que venden libros como vender pan caliente. Y me refiero casi que exclusivamente a Mario Mendoza, único colombiano al que su editorial, Planeta, le tiene stand propio en la feria, para la venta de su obra, incluidas las novelas gráficas y cómics, lo que no ocurre ni siquiera con Gabriel García Márquez, nuestro único Premio Nobel de Literatura, cuya obra es la memoria misma de este país. </p>



<p>Me parece válido unirse al reclamo de Yolanda Reyes para que&nbsp; abunden los escenarios donde se pueda, como dice ella, <em>“conversar sobre los libros (con o sin sus autores presentes), y tocarlos desde la primera infancia, y escribirlos y leerlos durante las ferias, pero, sobre todo antes y después, durante todo el año, en la escuela, en la biblioteca, en la casa y, ojalá en una librería…”.</em></p>



<p>Que nadie se moleste porque se diga que somos un país donde poco se lee, ni siquiera escribimos bien; la mala ortografía delata las falencias del sistema educativo, y esto no es de ahora. ¡Qué paradójico! Fuimos a la escuela a aprender a leer y escribir y después se nos olvidó que sabíamos leer y escribir. Estamos en deuda con tantos colombianos que hacen un trabajo silencioso para recordarnos que los libros no muerden. Nos falta entender que el desarrollo de competencias lectoras y literarias en los ciudadanos podría abrirnos la senda hacia un país posible.</p>



<p></p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3f0ce54ba2d281b6475f9f488480ed6e"><blockquote><p><strong><em>“Los libros se escriben para unir, por encima del propio aliento, a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido”:</em></strong> Stefan Zweig, citado por Irene Vallejo, en <em>“El infinito en un junco” </em>(página 394)</p></blockquote></figure>



<p>En su <a href="https://www.youtube.com/watch?v=el6hLg_mgMc">monólogo</a><strong> </strong>vía YouTube, Carolina Sanín habló sobre la devoción que suscita la escritora española y se refirió a la cuestión de la envidia:</p>



<p><em>“Es muy curioso que en un momento en que no hay espacio para la crítica literaria, y (&#8230;) no hay crítica literaria, tan pronto como surge una objeción o algún escepticismo sobre una obra se trate a la autora de la crítica de envidiosa. Y digo la autora porque muy curiosamente es una acusación que aflora cuando se trata de mujeres. Las mujeres si se critican unas a otras, son envidiosas; en cambio, un hombre podría criticar a otro y sería un crítico”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="El infinito en un junco y la sopa de la sopa: monólogo de Carolina Sanín | CAMBIO" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/el6hLg_mgMc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Cada vez que Carolina Sanín habla le escupen una ola de insultos en las redes sociales. Le suelen decir hasta de qué se va a morir (de celos, le dijeron, en este caso), y aunque no voy a amplificar aquí semejante patanería, si quiero llamar la atención sobre el hecho de que muchas de esas críticas provengan de otras mujeres.</p>



<p>La escritora María Cecilia Sánchez escribió en su muro de Facebook: <em>“Carolina Sanín agarró el libro El infinito en un junco, la visita de Irene Vallejo al Chocó y el discurso de inauguración de la FilBo y los despedazó, con tijeras y cortes chiquiticos, sí, con saña, fue destituyendo el valor de cada uno de los actos, palabras y creaciones de Irene Vallejo y cuando ya no le quedaba nada más, le dio un consejo a sus posibles espectadores: aprendan a leer”.</em></p>



<p>En contraste, <a href="https://www.youtube.com/@dianasierra9775">@dianasierra9775</a> aplaudió la valiente posición de Sanín. <em>“A mí me gustó mucho el libro de Irene, pero me gustaron todavía más tus observaciones. Hace poco leí el ensayo de Virginia Woolf ´¿Cómo se debe leer un libro?´ y creo que ese texto, acompañado de tu crítica, merecen seguir vigentes, y ojalá, mucho más difundidos en el público”.</em></p>



<p>Pocas veces estoy de acuerdo con Carolina Sanín, esta vez sí. Creo que ella reconoció las bondades de la obra de Irene Vallejo, y desde su experticia criticó lo que había para criticar, sin veneno, ni resentimiento. &nbsp;</p>



<p>Ni Irene Vallejo ni su obra están sobrevaloradas. En estos tiempos de desasosiego, <em>“El infinito en un junco” </em>es un bálsamo, escrito por una filóloga clásica que en lenguaje sencillo, y producto de una exquisita documentación, desenterró para nosotros en este ensayo el mundo antiguo de los libros, cual arqueóloga de las palabras. &nbsp;He alimentado algunas de mis columnas con frases suyas, y leo además sus columnas en <strong>El Espectador</strong> y El País de España, con la misma avidez con que leo a Yolanda Reyes y Carolina Sanín, incluso si disiento.</p>



<p>El problema no es venerar a Irene Vallejo. El problema es que los escritores colombianos, mereciéndolo, no reciban la misma admiración. En algo hemos fallado. Es justo señalar que aquí tenemos autores que nos han enseñado el valor de los libros y la literatura.</p>



<p>Envidia no es el término correcto para calificar las bien sustentadas opiniones tanto de Carolina Sanín como de Yolanda Reyes. Lo de ellas es una rabia contenida, además plenamente justificada, ante la ligereza con que se hacen juicios de valor en nuestro país, tan dado a idolatrar lo foráneo, como si careciéramos de referentes.</p>



<p>Les recuerdo que tenemos a nuestra propia Irene, de apellido Vasco, muy español por cierto, quien ha hecho mucho, muchísimo por la formación de lectores, llegando a sitios donde ni el mismo Estado llega, y tal vez muy poquitos sepan que la escritora bogotana ganó este 2024 el prestigioso premio internacional <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/irene-vasco-gano-el-premio-ibby-outstanding-reading-promoter-noticias-hoy/">IBBY</a><strong> </strong><em>Outstanding Reading Promoter</em>.</p>



<p><em>“Irene Vasco es conocida por ser una heroína con influencia que se enfrenta a los desafíos de leer a niños en zonas peligrosas y que carga sus libros como un talismán”,</em> dijo la IBBY.</p>



<p>Conozco a Irene Vasco desde hace más de 30 años, cuando fue colaboradora de Los Monos, la primera revista de prensa para niños que hubo en Colombia; circulaba los domingos con <strong>El Espectador.</strong> Una hechicera de las palabras como también se le ha llamado. (Les recomiendo la entrevista que le hizo <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/irene-vasco-la-heroina-que-usa-los-libros-como-un-talisman-filbo-2024-noticias-hoy/">Claudia Morales</a> para <strong>El Espectador</strong>).</p>



<p>De vuelta al principio, este duelo entre escritoras enriquece a un mundo adormilado y cada vez más conforme en la superficie de las cosas, a veces tan plana, a veces tan frívola, donde pocas personas se atreven a arañar la obviedad. &nbsp;</p>



<p>Me llena de esperanza que el Ministro de las Culturas, las Artes y los Saberes. Juan David Correa, haya respondido en <a href="https://twitter.com/yolandareyesv/status/1790158508106846493#">X</a> a la segunda columna de Yolanda Reyes, <em><a href="https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/escribir-sobre-lectura-3342310">Escribir sobre lectura</a></em>, invitando a un debate público. Debate en el que deberían estar MinEducacion, los escritores, los periodistas y por supuesto, los lectores, además de los editores y libreros. ¡Que la idea no quede en letra muerta, señor ministro!</p>



<p>Para empezar a debatir, lo primero será preguntar por qué los libros están fuera del alcance de quienes no tienen con que comprarlos; no puede ser que la única respuesta sea, como siempre, mandar a la gente a las bibliotecas, porque hasta para eso toca tener plata, como lo advertí en una <em><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dejad-los-libros-vengan-llamado-la-industria-editorial/">Cura de reposo </a></em>anterior. La Cámara Colombiana del Libro tiene grandes retos por delante, “trabajar desde lo colectivo”, con más apoyo a las editoriales independientes, que fue el compromiso de su directora, Adriana Ángel, en el <a href="https://open.spotify.com/episode/12aOZAKWTTVkT26gDy5DmY">podcast </a>de María Jimena Duzán<strong>.</strong></p>



<p>Las editoriales y las librerías deben entender que una cosa es formar lectores y otra muy distinta atraer consumidores de libros.</p>



<p>Maravilloso sería que los libros nos unan antes de que se extinga la civilización. De eso hablaba Stefan Zweig. Fabuloso sería que con la misma devoción con que leemos a Irene Vallejo, nos dejemos conquistar por los autores colombianos y, claro, leer los clásicos también. Más allá del insulto, las redes sociales podrían ayudar a elevar la calidad del debate, si los propios escritores hacen su parte sin vanidades. El placer de la lectura se transfiere cuando recomendamos un buen libro.</p>



<p>Es hora de que el país descabalgue de sus egos. Tal vez nos puede ayudar esta frase de “<em>El infinito en un junco&#8221;, </em>página 93, referida a la grandeza de Ulises, el héroe de la <em>Odisea:</em></p>



<p><em>“Esa sabiduría nos susurra que la humilde, imperfecta y efímera vida humana merece la pena, a pesar de sus limitaciones y desgracias, aunque la juventud de esfume, la carne se vuelva flácida y acabemos arrastrando los pies”.</em></p>



<p>Hace poco, Irene Vallejo le dijo al <a href="https://www.diariodesevilla.es/entrevistas/idealizar-clasicos_0_1902711705.html">Diario de Sevilla</a>: <em>“No hay que idealizar a los clásicos”.</em> Tampoco idealicemos a los escritores de nuestro tiempo. Leámoslos.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100963</guid>
        <pubDate>Sun, 19 May 2024 11:53:20 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Irene Vallejo sobrevalorada?, ¿Carolina Sanín desatada?, ¿Yolanda Reyes envidiosa?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <title>Dejad que los libros vengan a mí (Un llamado a la industria editorial)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dejad-los-libros-vengan-llamado-la-industria-editorial/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Solemos olvidar las miserias de otras épocas, en parte porque la literatura, la poesía y las leyendas celebran a aquellos que vivieron bien y olvidan a quienes se ahogaron en el silencio de la pobreza” (Irene Vallejo, &#8220;El infinito en un junco&#8221;) Hay un cuento de Clarice Lispector que me encanta: “Felicidad clandestina”. Así empieza: [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><strong><em>“Solemos olvidar las miserias de otras épocas, en parte porque la literatura, la poesía y las leyendas celebran a aquellos que vivieron bien y olvidan a quienes se ahogaron en el silencio de la pobreza”</em></strong> (Irene Vallejo, &#8220;El infinito en un junco&#8221;)</p></blockquote>
<p>Hay un cuento de Clarice Lispector que me encanta: “Felicidad clandestina”. Así empieza: <em>“Ella era gorda, baja, pecosa y con el pelo excesivamente crespo, medio pelirrojo. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras seguíamos siendo planas. Por si fuera poco, se llenaba los dos bolsillos de la blusa, sobre el busto, con caramelos. Pero tenía lo que a cualquier niña devoradora de historias le habría gustado tener: un padre que era dueño de una librería”.  </em></p>
<p>La protagonista anhela que esa niña odiosa le preste uno de sus libros. Bien pudo ser la historia de la misma Clarice por las condiciones de pobreza en que su familia judía llegó a Brasil en 1922 –ella con 12 años- huyendo del caos, el hambre y la guerra racial que se vivía en Ucrania hace un siglo. (Cualquier parecido con el presente nos demuestra que la Historia tiene el poder maléfico de auto reciclarse).</p>
<ul>
<li><em>—<strong>“Era un libro grueso, Dios mío, era un libro como para quedarse a vivir con él, comiéndoselo, durmiéndoselo. Y absolutamente por encima de mis posibilidades. Me dijo que pasara a su casa al día siguiente y me lo prestaría”.</strong></em></li>
</ul>
<p>El relato toca la realidad de aquellas personas sin dinero para comprar libros. Porque no es lo mismo tener un libro que le pertenece a uno –como los carritos o las muñecas de la infancia- a tener uno que, después de leído, toca devolverlo, bien sea a la biblioteca o a su dueño. Un libro al que uno pueda regresar cuando se le dé la gana, sin tener que pedir permiso; rayarlo o subrayarlo si quiere, dejarlo en el regazo por mero placer o usarlo para espantar el tedio de viajar en Transmilenio -¡lo que al lector se le ocurra!-, sin tener que pedir permiso o ser multado por arruinarlo.</p>
<ul>
<li><em>—“<strong>El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico”. </strong></em></li>
</ul>
<p>De niño no tuve libros propios –los leía en la pequeña biblioteca del barrio vecino-, en tanto mis textos escolares fueron de segunda mano, comprados en las antiguas casetas de San Victorino, algunos en condiciones lamentables, como si hubiesen sobrevivido a la <em>Guerra de los mil días</em>. Pero fui feliz y aprendí con ellos. Recuerdo con especial afecto el de <em>Español sin fronteras</em> 7: en sus páginas descubrí que quería ser periodista. Tenía 14 años, hacía séptimo grado. Era 1985.</p>
<p>Muchas veces capé catequesis por irme a leer sentado en unas butaquitas de colores; no recuerdo una felicidad infantil más grande que aquella. Prefería leer en vez de escuchar al padrecito Carlos, que fumaba cigarrillos a escondidas y tenía una novia que lo visitaba en la casa cural vistiendo su jardinera azul de cuadros; sigo creyendo que él le hacía las tareas.</p>
<p>No pocas veces sentí el deseo de robar algún libro pero no lo hice. De viejo me pasa que los presto y prestados se quedan.</p>
<p>Estas últimas semanas he vuelto a tener sentimientos encontrados, por la noticia que trae el periódico a seis columnas: desmantelada organización criminal dedicada a la piratería de libros en Bogotá. Según el reporte policial, el material incautado –avaluado en $27 mil millones- tenía como destino el mercado negro en ocho localidades de Bogotá, entre ellas Ciudad Bolívar y La Candelaria. Ninguna del norte en todo caso.</p>
<p>Llamé al secretario de la Cámara Colombiana del Libro, Manuel José Sarmiento, quien me confirmó el daño tan tenaz que la mafia le causa a la industria editorial. Las pérdidas anuales ascienden a $181 mil millones por piratería, más o menos el 20% de la venta legal, estimada en $891 mil millones, con una producción de 17 mil títulos al año.</p>
<p>Me cuenta que los libros más pirateados son los técnicos/científicos ($92 mil millones, que incluye el mercado ilegal por internet -PDFs-y fotocopiado); seguidos por los libros de interés general y literatura -novela, cuento y poesía- ($54 mil millones) y los textos escolares ($35 mil millones).</p>
<p>Al revisar dicho reporte, surgió mi contradicción: qué bien que castiguen a los hampones que se lucran con lo ajeno pero muy bueno también que estemos leyendo literatura, en medio del grito desesperado “porque ya nadie lee”. Cuando se señala las localidades del sur como el destino de libros piratas, significa que el hambre literaria, como el hambre biológica, no distingue estrato. Sólo que un pobre no tiene los $50 mil, $60 mil u $80 mil que puede costar en promedio un libro, ni siquiera los $25 mil de una edición económica.</p>
<p>El doctor Sarmiento me hace una aclaración necesaria. <em>“La piratería es una vagabundería inaceptable. Ahí no hay ningún Robín Hood queriendo divulgar la literatura”. </em>De hecho, en una época los mismos delincuentes le confesaron lo rentable que resultó el negocio en comparación con el narcotráfico por la relación riesgo-beneficio, ya que al pirata no se le perseguía como a otros delincuentes. Él sabe de lo que habla, pues lleva 27 de sus 62 años dedicado a la industria editorial y la lucha contra la piratería. Considera además que &#8220;la extinción de dominio a los bienes dedicados a la  piratería es un punto de quiebre de este fenómeno delictivo en Colombia&#8221;.</p>
<p>Y tiene toda la razón. No está bien pagar $10 mil pesos que cuesta un libro de mala calidad en el marcado negro -la impresión es pésima, les faltan hojas y se desbaratan con solo mirarlos-, atentando contra los derechos de autor y una industria legal que sí paga impuestos, genera empleos y apoya a los escritores.</p>
<p>Sin embargo, y sin querer exculpar a los delincuentes, -¡faltaba más!- hay quienes todavía se preguntan porque en Colombia el libro sigue siendo un artículo de lujo, destinado a una élite con poder adquisitivo, inalcanzable para el grueso de la población, como la muchacha del cuento. Para alguien que gana el salario mínimo, o menos, un libro equivale a  la comida de una semana.</p>
<p>¿Fue ahí donde la cultura criminal de lo <em>chiviado</em>  encontró su caldo de cultivo para florecer?</p>
<p>Aunque la comparación parezca tonta, se podría decir que pasamos de los libros prohibidos por la iglesia católica (que a través del <em>index liborum prohibitorum</em> vetó durante casi 400 años aquellas publicaciones que “dañaban la moral cristiana”) a los libros vedados para quien no tiene con qué comprarlos, sin otro camino que pedirlos en préstamo.</p>
<p>“<em>En aquel tiempo no existía todavía el comercio de libros, y solo podías conseguirlos copiándolos tú mismo (y para eso necesitabas ser un escriba profesional) o arrebatándoselos a otros como botín guerra (y para eso necesitabas derrotar al enemigo en peligrosas batallas), </em>nos recuerda Irene Vallejo en “El infinito en un junco: la invención de los libros en el mundo antiguo”, página 69.</p>
<p>Consulté a los que saben: ¿Cómo lograr que pobres y ricos tengan la oportunidad de comprar el mismo libro? Un debate parecido se planteó ya sobre la boletería para ingresar a la Feria del Libro de Bogotá.</p>
<p><strong>Felipe Ossa</strong>, gerente de la Librería Nacional, se pregunta: <em>“¿Los libros son caros con respecto a qué? ¿Cuánto vale una boleta para fútbol? ¿Una ida a una discoteca?  ¿Una botella de aguardiente?&#8230; Esto de los libros caros es una cuestión cultural. Una excusa para no leer. Muchos libros se consiguen en ediciones económicas; las ediciones de bolsillo, por ejemplo. Por otra parte, no es fácil que todos los libros sean baratos cuando muchos son importados y se pagan en euros o dólares”. </em></p>
<p>La escritora <strong>Piedad Bonnett</strong> concuerda con él en que <em>“lo ideal son las bibliotecas de bolsillo, que aspiran a la democratización del libro. Las editoriales sacan primero los libros en edición corriente y luego, cuando son exitosos, los convierten en bolsillo”,</em> pero ella reconoce igualmente que detrás “hay un problema comercial”. <em>“Lo ideal -asegura- es la biblioteca pública, que da acceso a todo tipo de lector, pone el libro en todas las manos. El libro de segunda es otra opción. Que las grandes bibliotecas privadas lleguen finalmente a manos de los que no pueden comprar”.</em></p>
<p>A propósito de lo último que dice ella,  en “El infinito en un junco” (página 336) encuentro una idea filantrópica para nuestro tiempo: “<em>Durante toda la Antigüedad, pesaba sobre los ricos la obligación no escrita de gastar parte de su riqueza en la comunidad (…) Si un millonario rácano necesitaba un suave empujón para abrir la bolsa, los plebeyos acudían a la puerta de su casa a cantarle coplas sarcásticas y a burlarse de él”</em>.</p>
<p>Desde otra esquina,<strong> Natalia García, </strong>editora de Penguin Random House, argumenta: <em>“No es tan simple como bajar precios y ya. Hay que tener en cuenta todo el modelo de negocio que hay detrás de una editorial. Más que un tema de pobres o ricos, también es cuestión de aprender a usar los recursos que existen, como las bibliotecas públicas. Bogotá cuenta con una red muy buena. Hoy en día se pueden alquilar libros digitales o físicos sin ningún costo”. </em></p>
<p>Lo de abaratar los libros para hacerlos accesibles a más gente se me ocurrió por una amiga chef. Me perdonan las editoriales y los autores si la comparación resulta tonta, odiosa, atrevida, o todas las anteriores. El restaurante de Carolina queda a seis cuadras de mi casa: ella optó por vender más almuerzos a precios módicos que menos almuerzos a precios impagables. La comida es deliciosa, casera y balanceada; la gente hace fila para comer allí. Hoy, por ejemplo, por $12 mil, comeré bandeja con filete de robalo en salsa marinera, ensalada de la casa, crema de tomate y jugo de maracuyá. Carolina madruga tres veces a la semana a Corabastos (ella preferiría comprarles directamente a los campesinos para evitar la intermediación) y adquiere los alimentos más frescos para consentir a su clientela. En otro restaurante ese plato costaría $15 mil o más.</p>
<p>¿Qué tal si un día editoriales y libreros madrugan a buscar fórmulas para redefinir precios en aras de una verdadera democratización libresca?</p>
<p>Claudia Cañas, de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes, ACLI, dice: <em>“El acceso al libro es un derecho de los ciudadanos. Es importante que en Colombia se empiece a hablar de una Ley del Libro, como la hay en Francia o España, por ejemplo. Se requiere de una política de Estado. Cuando eso se dé, vamos a tener protección para el libro como bien cultural, para las librerías como espacios culturales, para los libreros como gestores culturales y, muy seguramente, así lograremos un equilibrio para la circulación del libro en el país&#8221;.</em></p>
<p>Colombia tiene una Ley del Libro obsoleta (Ley 98 de 1993, cuando ni siquiera había celulares) que debe ser ajustada a esta era globalizada, no sólo en términos fiscales y parafiscales. La norma habla, por ejemplo, de Colcultura y Adpostal -dos entes ya desaparecidos- y en cambio nada menciona sobre el precio fijo del libro, tema que en Europa se volvió crucial tras el embate de multinacionales como Amazon, la librería en línea más grande del planeta.</p>
<p>Eso sin contar que la siguiente guerra será contra la inteligencia artificial. Lo resumió preocupado el escritor <a href="https://elpais.com/opinion/2023-09-26/delincuencia-artificial.html">Sergio Ramírez</a> en su columna habitual de El País de España: &#8220;Los <i>chatbots</i>, tales como el GPT  (&#8230;) al ser alimentados con obras literarias son capaces luego no solo de recordarlas literalmente, sino de recrearlas, y reproducir los contenidos y estilos para escribir obras paralelas que se parezcan a las originales, en el lenguaje característico del autor. Es decir, un inspirado o descarado plagio&#8221;.</p>
<p>Volviendo a nuestra realidad, el Congreso de la República, tan dado a promulgar ciertas leyes inútiles, nos debe la actualización de la Ley del Libro. Una ley que desestimule todas las formas perversas de piratería y plagio, y convierta los libros en un elemento/alimento de primera necesidad de la canasta familiar. Una ley que brinde estímulos para la creación de librerías y bibliotecas donde no las hay -¡en Riohacha, siendo capital de departamento, no existe una sola librería!-. Una ley que fomente la lectura en todos los espacios posibles, incluso en los hogares, para rescatar a esos lectores que se perdieron en el camino de la vida porque en el colegio se enseñó a temerles a los libros en vez de a amarlos. Y, lo más importante, se requiere una ley que ponga en el centro del universo literario a los lectores y a los autores (especialmente a los escritores colombianos, que no siempre ven compensado su esfuerzo creativo con las regalías que reciben), porque sin ellos –los que escriben y los que leen- la industria editorial no existiría.</p>
<p>Soñemos con el día en que los libros se vendan como pan caliente en Colombia. Porque la lectura le agrega significado a la vida, una dicha que millones no han probado. La chica del cuento de Clarice Lispector lo sabía:</p>
<ul>
<li><em>—<strong>“La felicidad siempre sería clandestina para mí. (…) Ya no era una niña con un libro: era una mujer con su amante”.</strong></em></li>
</ul>
<p><strong>LAPIDARIO SEMANAL </strong></p>
<p><strong>Lunes:</strong> &#8220;Tengo que averiguar quién demonios soy&#8221; le dice, a sus 80 años, el legendario director de cine Martin Scorsese a la revista GQ. ¡Ya somos dos, míster Martín!</p>
<p><strong>Martes:</strong> Estatua de Gabo fue develada en plaza de la Aduana, con ocasión de la Feria del Libro de Barranquilla, dice El Heraldo. ¡Mil estatuas más para honrar al creador de Macondo!</p>
<p><strong>Miércoles:</strong> “Le dijo a su esposa que se iba a comprar cigarrillos y no volvió: lo encontraron 30 años después”, titula el diario Página 12 de Argentina. ¡Qué! ¿Regresó por los fósforos?</p>
<p><strong>Jueves: </strong>Titular típico de Semana: <em>“Aida Victoria Merlano soltó al aire dura confesión sobre Verónica Alcocer: ´Petro debe tenerlas bien puestas´”.</em> ¿Incursionan los Gilinski en el porno-periodismo? En la misma semana sacan un titular caído del cielo: <em>“Las dos oraciones que se le deben rezar a Dios para tener paz mental”. La necesitan en esa revista. </em></p>
<p><strong>Viernes:</strong> Una mujer sexi y atea que quiere acostarse con un sacerdote con cara de pecado. La protagonista mira a la cámara interpelando al televidente. De ella sabemos que usa el sexo para llenar los vacíos de su corazón. —&#8221;¿Quieres acostarte con el padre o quieres acostarte con Dios?&#8221;, le pregunta la terapeuta. Las dos temporadas de la serie británica <a href="https://www.youtube.com/watch?v=L3iqdpYoZNU"><strong>Fleabag </strong></a>están en Prime Video.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Fleabag - Trailer Oficial Español | Amazon Prime Video España" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/L3iqdpYoZNU?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
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        <pubDate>Sun, 01 Oct 2023 00:41:14 +0000</pubDate>
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