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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de editorial escarabajo | Blogs El Espectador</title>
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        <item>
        <title>“Seúl 88”, una novela colombiana sobre aventuras militares</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/seul-88-una-novela-colombiana-sobre-aventuras-militares/</link>
        <description><![CDATA[<p>El escritor Felipe González Giraldo fusionó familia, historia y ficción para recordarnos que Colombia tuvo cierto protagonismo durante la Guerra Fría.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em> &#8220;Seúl 88&#8221;, obra del escritor antioqueño Felipe González. </em></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-bf2036a79a2c1ae3d0666e04ffd74792"><strong><em>&#8220;La vida y la época de un escritor deben, por definición, filtrarse en la obra por cada grieta&#8221;: </em>Stephen Greenblatt, historiador literario y profesor de Humanidades en Harvard.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-eba0e521a7ddb243b0fe92ede5c14a11"><strong><em>“La verdad se encuentra dentro. Quien busca por fuera es como el que busca agua en el océano. Echemos un vistazo a nosotros mismos”:</em> De la novela “Seúl 88”.</strong></p>



<p>¿Existe el género de la novela militar en Colombia?</p>



<p>En un país, con un conflicto interno que se extiende a lo largo de tres siglos y miles de muertos, es extraño que existan pocas novelas históricas de corte militar.</p>



<p>Tengo en mis manos una que podría clasificar dentro de ese género. “Seúl 88” es una novela histórica, la primera de Felipe González Giraldo, un abogado que escribe literatura cuando no está en los estrados judiciales.</p>



<p>Su obra está basada en hechos reales, inspirados en la propia familia del escritor. Podemos decir, entonces, que toda novela bien podría ser una confesión, si como lo dijo la escritora rusa Ludmila Ulítskaya, <em>“un escritor se apoya en la experiencia de su propia vida”.</em></p>



<p>En este caso, son historias entretejidas que van y vienen entre Colombia y Corea del Sur. Aquí están narrados episodios tenaces del conflicto armado colombiano, contados desde las entrañas del ejército colombiano. A través de Constantino, el protagonista, y de los hombres de su pelotón, presenciaremos una operación contraguerrilla en las selvas antioqueñas.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-88223753f400c46b29d39f0eb99a3bce"><em>“Desde la noche anterior había comenzado a escribir en aquel papel amarillento y rayado que existía un planeamiento operacional para dar con los bandidos del Eln en los lindes del municipio de Santo Domingo: el segundo pelotón bajo el mando del comandante de la compañía, el capitán Adolfo Franco, había preparado la emboscada y sería el que abriría el combate. El tercer pelotón cubriría la retaguardia y el primero protegería el flanco izquierdo”.</em></p>



<p>Constantino parte en misión diplomática hacia Corea del Sur en una época de tensiones políticas que amenazan la paz del mundo, y en la antesala de los Juegos Olímpicos del año 88. Un año antes, Corea del Norte hizo explotar un avión comercial con 115 personas a bordo.</p>



<p><em>“Constantino pasó los dedos por su bigote. Se hallaba en un lugar donde la muerte estaba presente (…) Supuso que de eso se trataba la Guerra Fría y en ningún otro lugar como ese se ejemplificaba mejor la muerte interna del ser humano antes que la violencia a gran escala”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Constantino es un personaje de ficción inspirado en el padre del escritor. <em>Foto: cortesía archivo del autor.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="754" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12103329/Foto-Seul-2-1024x754.jpg" alt="" class="wp-image-122356" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12103329/Foto-Seul-2-1024x754.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12103329/Foto-Seul-2-300x221.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12103329/Foto-Seul-2-768x565.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12103329/Foto-Seul-2.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Tres décadas atrás, tuvo lugar allí la famosa Guerra de Corea (1950-1953), en la que peleó Colombia: murieron 611 soldados colombianos.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-f1be6cf929684ea78cb8bcd1a4a108c6"><em>“Pero ¿para qué teníamos que ir a Corea a buscarnos un problema con los comunistas coreanos y chinos, si acá ya teníamos bastantes?”, preguntó Constantino de forma honesta”.</em></p>



<p>El protagonista, un hombre de origen campesino, <em>“… de niño había sobrevivido junto a su madre, una masacre en la carretera entre Albania, en Santander, y Chiquinquirá, por el occidente de Boyacá, perpetrada por el bandolero Efraín González, alías ´Siete Colores´, y su cuadrilla de bandidos”.</em></p>



<p></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="726" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12102553/Foto-Seul-1-726x1024.jpg" alt="" class="wp-image-122352" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12102553/Foto-Seul-1-726x1024.jpg 726w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12102553/Foto-Seul-1-213x300.jpg 213w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12102553/Foto-Seul-1-768x1084.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12102553/Foto-Seul-1.jpg 1080w" sizes="(max-width: 726px) 100vw, 726px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">El escritor <em>Felipe González tenía dos años cuando viajó con su familia a Seúl. </em></p>



<p>Margarita, la esposa, una antropóloga valluna dedicada a la crianza, escribe cuentos que el lector irá descubriendo, al tiempo con las costumbres de una nación exótica. <em>“La vejez es la humillación natural del ser humano”</em>, dice la mujer.</p>



<p>Nos topamos a un embajador con fama de “comemierda” o una mujer paisa que vive su propia pesadilla tras casarse con un hombre coreano.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd52db139a7d21fd9af636b27e4d996f"><em>“Pensó que el sujeto racional en él sabía del despropósito que implicaba gastar sus fuerzas en una mujer que entretenía hombres por oficio”.</em></p>



<p>Como en toda novela, también hay un enredo amoroso por cuenta de Orlando, el cónsul de Colombia en Seúl, un hombre huilense, <em>tragado </em>de una mujer llamada Anna Reiter. Confundido o entusado —ya juzgará el lector— busca en el budismo el remedio para apaciguar su soledad.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-3c8050c5c0929d67c220c78820fe9150"><strong><em>Orlando se perdía al tratar de comprender las máximas del budismo. (…)</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-5ac6eac4ab85a08697d8a2c98afd7a1f"><strong><em>–¿Qué hace uno con la maldad ajena? </em></strong><strong><em>–</em></strong><strong><em>le pareci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em> que su pregunta era la de un ni</em></strong><strong><em>ñ</em></strong><strong><em>o</em></strong><strong><em>–</em></strong><strong><em>. </em></strong><strong><em>¿</em></strong><strong><em>Debo perdonarla?</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-8c9985a14b965a8397c5b3e006f5b2d0"><strong><em>El maestro seguía como una estatua.</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-88563de71b44f0e6213f7b034e8e4cde"><strong><em>–En el budismo no se habla del perdón. El perdón es posible cuando me ubico en una posición de superioridad y digo: yo que estaba en lo correcto, te perdono a ti que estabas en lo incorrecto. Buda dice que todos los seres conscientes somos iguales. ¿Cree tener la capacidad de decir quién es iluminado y quién no?</em></strong></p>



<p>¿Qué justifica que se escriba una novela voluminosa en tiempos en que se especula con eso de la escasez de lectores?</p>



<p>Es un tema que daría pie a todo un debate. Creo que poquísimos autores en Colombia han tenido la disciplina y el arrojo para producir un texto robusto, casi 700 páginas, en una época en que la lectura enfrenta amenazas de todo tipo.</p>



<p>Felipe González lo consiguió luego de tres años de paciente escritura, eso que en el ámbito literario llaman <em>la soledad del escritor.</em> La novela &#8220;Seúl 88&#8221;, de la editorial Escarabajo, ya está en las librerías en busca de lectores. El viaje comienza con un presidente de la República que se halla entre la vida y la muerte.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="662" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/22073315/ZETA-SEUL-FELIPE-GONZALEZ-662x1024.jpg" alt="" class="wp-image-122693" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/22073315/ZETA-SEUL-FELIPE-GONZALEZ-662x1024.jpg 662w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/22073315/ZETA-SEUL-FELIPE-GONZALEZ-194x300.jpg 194w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/22073315/ZETA-SEUL-FELIPE-GONZALEZ.jpg 732w" sizes="(max-width: 662px) 100vw, 662px" /></figure>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
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        <pubDate>Sat, 22 Nov 2025 12:35:29 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>“La industria editorial  aumenta de forma dolorosa la soledad del escritor”: Hugo Reyes</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-industria-editorial-aumenta-de-forma-dolorosa-la-soledad-del-escritor-hugo-reyes/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cedo hoy el espacio del blog al escritor barranquillero Hugo Reyes Saab. Él habla sobre el oficio de escribir y la encomiable labor de las editoriales independientes. &#8220;Es nuestra responsabilidad permitir que la literatura nos siga guiando a través de las oscuridades del mundo&#8221;, dice. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Hugo Reyes Saab, escritor colombiano. </em></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Los insectos</strong></p>



<p><strong>Por: <em>Hugo Reyes Saab</em>, </strong><em>filósofo y escritor colombiano</em></p>



<p>La publicación del ensayo <strong><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-literatura-colombiana-esta-en-crisis/">“La literatura colombiana está en crisis”,</a> </strong>del bloguero Alexander Velásquez en <strong>El Espectador</strong>, me hizo reflexionar sobre la tarea de ser escritor en Colombia. Este oficio, más parecido a la alquimia que a la ingeniería, enfrenta el doble reto de producir una buena obra literaria y además, ser publicada. No basta con que el escritor haya vencido el miedo a exponerse, pasado los filtros estilísticos y ortográficos, para que alguna editorial le preste atención. Si no se ha ganado un concurso o si no se llega por recomendación, el novel escritor se enfrenta a una frialdad casi autista.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cruzado este umbral, la obra, que debe defenderse por sí sola basada en su calidad, enfrenta la indiferencia de un público cada vez menos interesado en la lectura, pero sí en la rapidez y la superficialidad; y esto no está mal, es seguramente el signo de los tiempos. Pero la soledad del escritor, materia prima de su forma de ser y estar en el universo, es aumentada de forma dolorosa e incomprensible, por la industria de producir libros.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Afortunadamente, ese vacío ha sido llenado por las editoriales independientes; “los insectos”, como con humor se refiere a sí mismo mi editor. El nombre que él preside podría acomodarse al inglés como la famosa banda inglesa que transformó a la juventud en los años sesenta, o también al escarabajo, símbolo de la laboriosidad de todos esos animalitos que se miran con indiferencia, pero que en su dimensión y disciplina, construyen edificios invisibles al ojo humano.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/15114318/ZETA-LITERATURA-HUGO-REYES-AUTOR-Y-LIBRO-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-118060" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/15114318/ZETA-LITERATURA-HUGO-REYES-AUTOR-Y-LIBRO-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/15114318/ZETA-LITERATURA-HUGO-REYES-AUTOR-Y-LIBRO-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/15114318/ZETA-LITERATURA-HUGO-REYES-AUTOR-Y-LIBRO-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/15114318/ZETA-LITERATURA-HUGO-REYES-AUTOR-Y-LIBRO-1536x1023.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/15114318/ZETA-LITERATURA-HUGO-REYES-AUTOR-Y-LIBRO.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em> Hugo Reyes Saab, filósofo y escritor colombiano, autor de la novela </em><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/las-bajas-pasiones-a-30-mil-pies-de-altura/">&#8220;Toque de Silencio en la Tropósfera&#8221;</a><em>, (editorial Escarabajo) y del blog </em>El diván de Hugo<em>. </em></p>



<p>Allí he tenido la oportunidad de leer las nuevas voces de la literatura colombiana. Me he sorprendido con el vigor y el talento de unas narrativas cada vez más alejadas de la magia macondiana, de la vulgaridad predecible de la cultura narcotraficante, y de maneras ya caducas de narrar la violencia endémica. Es cierto que a estas voces por su reciente aparición les faltan tonos para afinar el corifeo de la próxima narrativa colombiana; pero el director que se necesita para esta tarea sólo aparecerá de la unión por el amor a las letras y no a los intereses personales. Hay una obra pendiente más allá de lo impreso, de los reconocimientos y de la ganancia económica, y es nuestra responsabilidad permitir que la literatura siga hablando, nos siga guiando a través de las oscuridades del mundo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No quiero parecer detractor de la manera clásica como las grandes editoriales manejan su negocio ni un romántico para defender la forma disruptiva como las independientes hacen el suyo, ¿pero habría una posibilidad de mejorar el arte de traer los libros a los estantes? Creo que un poco de amabilidad y empatía, podrían ayudar en este difícil parto.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="uUdDpdN75F"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-literatura-colombiana-esta-en-crisis/">La literatura colombiana está en crisis</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;La literatura colombiana está en crisis&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-literatura-colombiana-esta-en-crisis/embed/#?secret=aRguTb68rz#?secret=uUdDpdN75F" data-secret="uUdDpdN75F" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-ec65624ca7280262a702b69f93dedd4f"><strong>Si usted quiere opinar sobre el tema, envíe su escrito al siguiente correo: alexvelasquezcolombia@gmail.com</strong></p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118058</guid>
        <pubDate>Wed, 23 Jul 2025 11:24:36 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Las bajas pasiones a 30 mil pies de altura</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/las-bajas-pasiones-a-30-mil-pies-de-altura/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hugo Reyes Saab escribió una novela que sucede en las alturas. ¡Ajústense los cinturones porque se presagia un vuelo turbulento como la historia misma de Colombia con su arribismo, pesadillas y amoralidad política!  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-abd73b78b961214f35a3bd99e0d312ae"><strong>“Presiento que nuestra conversación es el homenaje a una aviación que ya no existe”. (Hugo Reyes, T<em>oque de silencio en la tropósfera</em>)</strong></p>



<p>Lo que pasa en el avión…&nbsp; ¡no se queda en el avión!</p>



<p>Hugo Reyes hizo para la literatura colombiana lo que el español Pedro Almodóvar para el cine: un relato, compuesto de varios relatos amenos, que escudriña en los recodos del alma humana, allá donde las miserias, el glamour y el arribismo se juntan azarosamente.</p>



<p>Su obra <em>“Toque de silencio en la tropósfera”</em> (editorial Escarabajo), tiene un hálito de esa pluma exquisitamente venenosa con la que Truman Capote se hizo odiar por la élite neoyorquina, tras publicar en 1975 <em>La Côte Basque</em>, uno de los capítulos de su novela <em>“Plegarias atendidas”</em>, donde sacó la mugre de debajo del tapete y tendió los trapitos de sus amigas al sol. En clave literaria, Reyes se mete con la doble vida de la <em>gente de bien</em>, esa alta sociedad colombiana salpicada de la alta suciedad.</p>



<p><em>“… muestra la tragedia política de Colombia, desnuda su sociedad y pone de presente las grandes desigualdades a través del humor, la ironía y un tono light muy inteligente”, </em>escribe el prologuista Eduardo Bechara.</p>



<p>Cuando toqué tierra en la página 256, tuve la impresión de que absolutamente todo lo leído tiene una base real, contado con desparpajo, en prosa hilarante, que se deja leer fácil: aquello que empieza dentro de un avión y terminará venga usted a saber dónde.</p>



<p>La dicha y la desdicha, las gracias y las desgracias que se cocinan cuando se revuelven miembros de la tripulación y pasajeros, y del mismo modo en el sentido contrario. La élite política y empresarial <em>untándose de mundo,</em> y los otros, los asistentes de vuelo, comprobando que sí es posible tocar el cielo a dos manos… ¡pero a qué precio! Trata de la buena vida, aunque falsa a ratos, esa vida glamurosa que se fabrica a punta de dinero y apariencias.</p>



<p><em>“Todos los cuentos están basados en hechos reales. Se cuentan bajo apodos para evitar tener problemas con los protagonistas reales”,</em> me confirmó vía WhatsApp el escritor barranquillero, quien fue jefe de cabina internacional y coordinador de la <em>Escuela de Servicio a Bordo </em>en una prestigiosa aerolínea. Hugo Reyes voló durante 20 años como tripulante y sacó tiempo para obtener su licenciatura en Filosofía y Letras, con una especialización en Creación Narrativa.</p>



<p>Los personajes de esta novela viven literalmente en las nubes –ascenso, crucero y descenso- cada quien con su drama, pequeño o grande, o con algún secreto inconfesable, aunque en estas páginas nada quedará oculto para el lector, que de entrada tendrá papel propio en cada relato: <em>Doris </em>o <em>Dorotea</em>, que para el caso es lo mismo.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-168af790e8f7d17f80d3eb64afa155d3"><blockquote><p><strong><em>&nbsp;“Dile que te cuente cómo lo subían los guardaespaldas por los recovecos de Palacio para que pudiera estar con él, mientras la primera dama, impecable, presidía un banquete de caridad en el primer piso”. </em></strong>(Hugo Reyes, <em>Toque de silencio en la tropósfera)</em></p></blockquote></figure>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="363" height="566" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/15081219/HUGO-REYES-PORTADA.jpg" alt="" class="wp-image-105369" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/15081219/HUGO-REYES-PORTADA.jpg 363w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/15081219/HUGO-REYES-PORTADA-192x300.jpg 192w" sizes="auto, (max-width: 363px) 100vw, 363px" /></figure>



<p>El protagonista se llama Énola Gay, cuya historia intuimos a medida que transcurre el monólogo; de su lengua corrosiva emergen las demás historias y personajes: <em>La Palillo</em>, una azafata con su amante bipolar que es espía del FBI; <em>El Muá</em> que colgó la bata blanca para hacerse auxiliar de vuelo. Jack, el que tiene novia pero juega “en ambos equipos”; <em>El Michi </em>y <em>Katya,</em> la de las <em>puchecas </em>nuevas; <em>La Duquesa</em> criolla que salió de un barrio bogotano “de calles sin pavimentar”; La Luminosa (La Lumi aquí en confianza), de quien su padre dijo que la concibió por error; <em>El Kike </em>y sus enredos con el vicepresidente de la compañía, <em>“descendiente de las familias más rancias de este país”</em>; <em>Guillo,</em> que nació gay en una familia de militares; <em>El Sebas</em>, que de niño se refugió en los libros”; Juliet, la amante de un capitán rubio; <em>El Mauro</em> y su aventura con un presidente de la República, La <em>Cristóbal Colón</em> (<em>–“La apodamos así, pues se peinaba igual a él”)</em>; <em>El Dorian</em>, acostumbrado a la <em>“maricocracia”</em>, que se enredó con la versión criolla de <em>Jack, El Destripador</em>; <em>La Ballenita Ninfómana, El Sangre Negra, Madame Freud, Leslie, El Manga</em>, <em>La Coco</em>…</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-06c7a521050e8207dd14bb47d96e57fa"><blockquote><p><strong><em>“Al estar encerrados en esta cabina podemos ver al Presidente de la República borracho, de media rota… y a su esposa, modelo de moralidad, con la novia de turno y sin disimular cariñitos”.</em> </strong>(Hugo Reyes, <em>Toque de silencio en la tropósfera)</em></p></blockquote></figure>



<p>Es una novela no apta para homofóbicos, aunque si esas personas la leen podrán entender que la <em>maricada </em>no hace menos humana a las personas.</p>



<p>Desde las primeras líneas, se nos revela un paisaje ampuloso unas veces, y temerario en otras. Embelesador a ratos, embriagador por momentos, pero cargado siempre de una tensión cruel. Son las vidas miserables y las aristocráticas, -o falsamente aristocráticas, pero genuinamente miserables-, porque aquí no basta con ser, sino que hay que parecer, mientras la procesión viaja por dentro y por fuera.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-f86d010df01f778ec3f36d11689f49d6"><blockquote><p><strong><em>“Tiempos después llegó la época de las lechugas. No porque nos hubiéramos vuelto vegetarianos, sino porque así les decían a los dólares”.</em></strong> (Hugo Reyes, <em>Toque de silencio en la tropósfera</em>)</p></blockquote></figure>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="329" height="341" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/15082732/HUGO-REYES-FOTO.jpg" alt="" class="wp-image-105371" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/15082732/HUGO-REYES-FOTO.jpg 329w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/15082732/HUGO-REYES-FOTO-289x300.jpg 289w" sizes="auto, (max-width: 329px) 100vw, 329px" /></figure>



<p>Reyes recrea esa Colombia que chorreaba sangre y lágrimas en los 80s y 90s, como la avalancha de Armero, la toma del Palacio de Justicia, &nbsp;el magnicidio del “Comandante Papito” del M-19, Carlos Pizarro Leongómez, o el funesto vuelo 203 de Avianca, desintegrado siete minutos después de decolar. <em>(“Una mano fue encontrada dentro de los restos humeantes cruzando los dedos para la buena suerte”).</em> Una época en que <em>“el olor a alcohol era normal en las cabinas”.</em> Un submundo donde se juntan la sordidez y la vileza humanas, donde hay <em>“bandas de asesinos que seducen homosexuales”</em> y hombres y mujeres, azafatos y azafatas, atraídos por el contrabando (de whisky, cigarrillos, droga) y la vida a todo dar.</p>



<p>Una <a href="https://www.buscalibre.com.co/libro-toque-de-silencio-en-la-troposfera/9789585303317/p/53164465">novela </a>que vale la pena leer antes, durante o después del siguiente vuelo comercial, con una copa de las grandes en la mano… porque el chisme está buenísimo.</p>



<p>Sobre <em>“Toque de silencio en la tropósfera” </em>uno podría decir lo mismo que Walter Nash dijo acerca de<em> Plegarias atendidas: «No he podido por menos que soltar la carcajada ante la voluble impudicia de algunos episodios, ante los súbitos arranques cómicos».</em></p>



<p>¡Feliz vuelo literario!</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c089bd6050cf8880166cb39e558f578"><strong>Nota: Este autor no utiliza inteligencia artificial (IA) Modestamente, quiero decir que con la mía me basta. Todavía me considero un humano que escribe para humanos. Ejerzo mi derecho a pensar y por lo tanto me niego a dejar que mi cerebro sea remplazado por una máquina.</strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=105345</guid>
        <pubDate>Sun, 15 Sep 2024 13:37:22 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Las bajas pasiones a 30 mil pies de altura]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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