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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 13:01:22 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de dia mundial para la prevención del suicidio | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Tercera cara al suicidio (3 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/tercera-cara-al-suicidio-3-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>Parte tres (viene de la Parte dos) Las cartas de despedida son quizás la muestra más clara de que quien las escribe no le tiene miedo a la muerte. La ha calculado. La deja venir desde la distancia, como el bañista que se ajusta el traje antes de nadar hacia la cresta del tsunami. El [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<h2>Parte tres</h2>
<p>(viene de la <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/suicidio-2-4">Parte dos)</a></p>
<p>Las cartas de despedida son quizás la muestra más clara de que quien las escribe no le tiene miedo a la muerte. La ha calculado. La deja venir desde la distancia, como el bañista que se ajusta el traje antes de nadar hacia la cresta del tsunami. El que escribe una carta de suicida recibe la muerte con la frente en alto, así sea desde la esquina herida del que ya no puede alzar los guantes.</p>
<p>Solo un 30% de los suicidas escribe a alguien antes de irse para siempre. <a href="https://www.instagram.com/marccaellas/?hl=en">Marc Caellas</a> ha escrito bien y a profundidad sobre las cartas más impresionantes y legendarias.</p>
<p>Ni siquiera en su inventario extenso y cuidadoso abundan las que revelan una reflexión sobre el momento inmediatamente después de que cesa la vida. Acaso sucede porque lo que guía al suicida (con mayor o menor sufrimiento) es la certeza de que con el punto final de nota llega también el final del libro de su vida. No existen suicidas que crean que con la realización de su última voluntad van derecho a la perdición eterna. Nadie se suicida para seguir sufriendo.</p>
<h3>Para el suicida, como para tantos que elegimos la vida, no es la fé en un futuro paradisíaco o de condena lo que define nuestros actos, sino una realización en el presente que nos afirma y nos reta.</h3>
<p>El legendario y turbado músico Kurt Cobain (1967-1994) escribió su última nota a un amigo imaginario, Boddah. El papel parece desgarrado, el contenido es furibundo hacia él mismo y angustioso para los demás, las letras parecen cruzadas por una inseguridad.</p>
<p>&#8220;<em>Esta nota debería ser muy fácil de entender (&#8230;) Ya hace demasiado tiempo que no me emociono ni escuchando ni creando música, ni tampoco escribiéndola, ni siquiera haciendo rock&#8217;n&#8217;roll.  Me siento increíblemente culpable (&#8230;) Simular que me lo estoy pasando el 100% bien sería el peor crimen que me pudiese imaginar (&#8230;) ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé! Tengo una mujer divina, llena de ambición y comprensión, y una hija que me recuerda mucho como había sido yo&#8221;.</em></p>
<p>Como lo muestra la carta, Cobain fue consciente de que en el presente tenía todo lo que miles personas ansían para su futuro: una carrera exitosa como ícono del género <a href="https://www.youtube.com/watch?v=8--P4o2xVOM">grunge</a>, una familia que lo amaba, fortuna, talento&#8230;pero nada logró alejarlo del desconsuelo total, de un tedio asfixiante.  Si bien fue alabado por los críticos, endiosado por seguidores de todas las edades y aplaudido en los escenarios de mundo, en su interior creció una inconformidad que nubló todas las satisfacciones. En algún lugar de la segunda novela de la serie de aventuras de &#8220;El Capitán Alatriste&#8221; el protagonista dice: &#8220;<em>Un hombre cabal puede elegir el momento de su muerte, pero nadie puede escoger lo que recuerda</em>&#8221; o algo así.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-93415" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54-542x1024.jpg" alt="" width="542" height="1024" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54-542x1024.jpg 542w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54-79x150.jpg 79w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54-159x300.jpg 159w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54.jpg 564w" sizes="(max-width: 542px) 100vw, 542px" /></p>
<p>El movimiento del grunge nació a finales de década de 1980 y significó un giro del rock, que a ese punto había sido domesticado por peinados elaboradísimos, vestimentas pomposas, espectáculos llenos de luces y extravagancias. Al contrario de los estadios preparados para miles de fanáticos maquillados, los escenarios del grunge en un principio apenas estaban adecuados con tarimas subterráneas, sonido caseros y luces improvisadas. Allí se juntaron pálpitos del punk, estridencias de guitarras setenteras, distorsiones reacias y el vigor de otros géneros que encajaron mejor en los sótanos de la rebeldía que los taquilleros espectáculos del glam.</p>
<p>La vena principal del grunge fue la rabia. La introspección y la angustia formaron sus letras, así como el sentirse a la deriva, las relaciones tóxicas de padres despertados a golpes del sueño americano, una vida monótona en ciudades paralizadas&#8230; En vez de una provocación política o un activismo musicalizado, este género sirvió de expresión a almas solitarias que prefirieron irse de frente contra el mundo desde una coherencia solitaria, sin importar lo complejos o contradictorios que pudieran parecer.</p>
<blockquote>
<h3><b><em>&#8220;Prefiero ser odiado por lo que soy que ser amado por lo que no soy&#8221;, afirmaba Kurt Cobain. </em></b></h3>
</blockquote>
<p>Algunos músicos de la época supieron desde el principio que Nirvana estaba tres o cuatro pasos adelante de los grupos de su época. Ya había tras disqueras y productores solidificando un movimiento, pero el álbum insignia de la banda titulado &#8220;<a href="https://www.nirvana.com/album/nevermind/">Nevermind</a>&#8221;  consolidó el centro gravitacional del género. Su variedad musical (desde el hardcore-punk hasta baladas acústicas), sus letras marcadas por la ironía, la oscuridad y la incómodad despertada al <em>mainstream</em>, lograron que se convirtiera en una especie de estandarte entre quienes apenas <a href="https://www.youtube.com/watch?v=hTWKbfoikeg">entraban en una adultez</a> que les ofrecía muy poco. Llevó a que, en solo cuatro meses, se vendieran más de 300 mil copias a la semana.</p>
<p>Eddie Vedder, vocalista y uno de los guitarristas de Pearl Jam, sostiene que en la congestionada escena de Seattle &#8220;todos tenían una copia y que era imposible zafarte de las canciones&#8221;. A 1999 este disco había vendido más de 30 millones de copias físicas, sin contar las descargas y las reproducciones en plataformas digitales desde entonces.</p>
<p>Existen <a href="https://www.lavanguardia.com/cultura/20210513/7450787/fbi-desclasifica-informe-muerte-kurt-cobain.html">teorías</a> que ponen un asesinato dentro de las posibilidades de la muerte de Cobain; pierden cualquier solidez cuando consideramos que el disparo a su propia cabeza fue precedido por al menos un plan previo para quitarse la vida. Un mes antes, en una gira por Italia, tomó unas cincuenta pastillas de Rohypnol y quedó inconsciente por unas 20 horas. Y, a pesar de la alarma y el dolor que despertó este intento fallido, todo parecía responder a un desconsuelo imparable que ya había dado ciertos signos de su determinación: &#8220;Una paz total después de la muerte, llegar a ser otra persona es la esperanza más alta que tengo&#8221;, decía.</p>
<figure id="attachment_93412" aria-describedby="caption-attachment-93412" style="width: 540px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="size-full wp-image-93412" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain.jpg" alt="" width="540" height="720" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain.jpg 540w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain-113x150.jpg 113w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain-225x300.jpg 225w" sizes="(max-width: 540px) 100vw, 540px" /><figcaption id="caption-attachment-93412" class="wp-caption-text">Carta de despedida de Kurt Cobain, 5 de abril de 1994.</figcaption></figure>
<p>El desconsuelo: un valor de esa generación. De acuerdo a <a href="https://faroutmagazine.co.uk/author/tomtaylor/">Tom Taylor</a>, la juventud de la década de 1990 presentó una particular relación con la banda porque la lógica de las urbes en expansión, sin una comunicación tan eficiente como la de hoy en día, aislaba a los individuos, sin opciones para la clase media. La música de este grupo y otros similares tuvo una mayor recepción entre hombres blancos de edad media que habían sufrido una educados pobre y que vivían en centros urbanos ajenos a los booms económicos de malls y condominios autosuficentes, muy golpeados por las recesiones y las crisis sociales. Esta misma población fue la que <a href="https://www.economist.com/leaders/2018/11/24/why-suicide-is-falling-around-the-world-and-how-to-bring-it-down-more">registró una mayor alza de suicidios</a> pocos años después.</p>
<blockquote><p><em>Alarma: en crisis anteriores, como la del 2008, se presentó un incremento de por lo menos 10,000 suicidios en Estados Unidos y en algunos países de Europa. </em></p></blockquote>
<p>Nirvana (y muchos grupos de grunge) les daba <a href="https://www.youtube.com/watch?v=GtBhclCigH0">una salida a una existencia plana</a>, un sentido de comunidad. Quizás no consuelo, pero si una razón colectiva para no sufrir en soledad el hundimiento en la mediocridad que percibían.  Estas bandas gritaron en nombre de quienes creen que se necesita la discontinuidad para vivir. Le dieron voz a los turbados, visibilidad a los que en su intimidad no estaban bien, a los que elegían guardarse para no hacerle daño a su entornos o a si mismos. Un grupo humano compuesto por soledades. Su canción &#8220;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=pkcJEvMcnEg">Lithium</a>&#8221; empezaba:</p>
<h3></h3>
<h3>“I’m so happy ’cause today I found my friends, they’re in my head”</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para muchos críticos el año 1994 significó el año en el que un músico se quitó la vida y con esto cerraba el último rock. Desde entonces, dicen, la senda que venía recorriendo esta música se entregó completamente a la facilidad del pop y a la industria y dejó de darle voz a los fantasmas de las edades que sienten que con las luces apagadas todo es menos peligroso.</p>
<figure id="attachment_93413" aria-describedby="caption-attachment-93413" style="width: 1200px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-93413 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses.jpg" alt="" width="1200" height="802" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses-300x201.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses-768x513.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses-1024x684.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption id="caption-attachment-93413" class="wp-caption-text">Concierto de Nirvana, como lo muestran en el  <a href="https://www.mopop.org/exhibitions-plus-events/exhibitions/nirvana-taking-punk-to-the-masses/">Museum for the Pop Culture de Seattle.</a></figcaption></figure>
<p>Muchas otras letras de Kurt Cobain hablan desde rincones viscerales y desesperados.  No disimulan su imperfección o su posible incursión en la cursilería del amor o de la desolación. Parecen saberse valiosas porque generan brillo al desplomarse. &#8220;Its better to burn out than fade away&#8221; es una frase de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=LQ123T3zD2k">una canción de Neil Young</a> que Cobain usó en su carta de despedida. Es la voz ronca de quien prefiere extinguirse como un meteoro en vez de apagarse como una vela lenta que se entrega a la pasividad y al aire que no cesa, pero que tampoco avanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2></h2>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93437</guid>
        <pubDate>Tue, 21 Feb 2023 11:10:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Tercera cara al suicidio (3 de 4)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Segunda cara al suicidio (2 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/suicidio-2-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>PARTE DOS (viene de la Primera cara al suicidio) Todo suicidio tiene algo de tormenta perfecta. Coinciden en un día preciso, en un momento exacto, el pico de una tristeza invencible y una jornada laboral particularmente frustrante; la entrega decidida a su propia muerte y el silencio de una voz que ese día sencillamente no [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>PARTE DOS</h2>
<p>(viene de la <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/primera-cara-del-suicidio-1-4">Primera cara al suicidio</a>)</p>
<p><span style="font-weight: 400">Todo suicidio tiene algo de tormenta perfecta. Coinciden en un día preciso, en un momento exacto, el pico de una tristeza invencible y una jornada laboral particularmente frustrante; la entrega decidida a su propia muerte y el silencio de una voz que ese día sencillamente no contestó; la desesperanza absoluta y una noticia que resulta detonante para el pesimismo definitivo; el desamor y un puente que nadie salió a vigilar.  Un día, todo puede estar bien; el otro todo puede colapsar. </span>&#8220;¡Qué bella es la salud/ un día antes de la muerte!&#8221;, escribió Cesar Dávila Andrade en un poema titulado Hospital. El poeta ecuatoriano también se quitó la vida el 2 de mayo de 1967.</p>
<p><span style="font-weight: 400">A lo mejor lo que lleva a alguien a suicidarse es la carga de una </span>belleza inconmensurable que no podemos comprender quienes no contemplamos (al menos no aún) este final. Antes de que partiera el mundo llevándosela, así lo cantó Alejandra Pizarnik en su poema &#8220;<em>En un ejemplar de &#8220;Les Chants de Maldoror</em>&#8220;:</p>
<blockquote><p>&#8220;<em>Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres</em><br />
<em>como los niños de la medianoche.</em></p>
<p><em>El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra</em><br />
<em>tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumados;</em><br />
<em><br />
triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me</em><br />
<em>sobrevuela como una dinastía de soles</em>&#8220;.</p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400">Quizás la carga sublime que guarda el suicidio, su naturaleza de constelación terrible, contribuye a que la muerte por mano propia permanezca en la gaveta de los tabús, cuando no estigmatizada por quienes viven de condenar a los otros, por quienes se impiden la comprensión o la mínima solidaridad. Quienes leen en el suicidio la derrota máxima de la vida, también debe reconocérselo como victoria definitiva de la voluntad. Ningún suicida es un arrodillado. Un suicida roza la omnipotencia. </span></p>
<h3>Hay historias de suicidas a los que la muerte persigue hasta arrinconarlos, sin importar los escondrijos que alquilen o las trincheras desesperadas que caven. Por los testimonios escritos que dejaron sabemos que la muerte es su alivio escogido.</h3>
<p>Del filósofo rumano Emil Cioran dicen que recibía a menudo muchas cartas de lectores que lo trataron como un consejero para sus actos finales, pues reflexionó abiertamente sobre el suicidio y lo planteó como una presencia indiscriminada en todos los humanos que se consideran libres. Le preguntaban su opinión sobre éste o aquel método e incluso hubo una mujer que le propuso, sin que él la hubiera visto una vez, que viajaran al Mediterráneo y nadaran en el mar hasta ahogarse juntos.</p>
<p>Cioran consideraba que escribir era una terapia, la única servible. De hecho aseguraba que su primer libro fue su primera aplazamiento de la muerte, la que sucedió tras un largo avance de Alzheimer. Ironía absoluta: había escrito que la vida solo era posible gracias al olvido. Y no se suicidó.</p>
<p>Como muchos otros judíos del siglo XX, el austriaco <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Stefan_Zweig">Stefan Zweig</a> emprendió un tortuoso peregrinaje por un mundo que se derrumbaba sin dejarle lugar para consolarse o para lavar las culpas de sus omisiones. Un mundo que, para alguien tan brillante como complejo, sencillamente resultó asfixiándolo.</p>
<p><a href="https://ww1.habsburger.net/de/personen-objekte-ereignisse/stefan-zweig#:~:text=Stefan%20Zweig%20war%20%E2%80%93%20wie%20viele,kriegsneutrale%20Schweiz%2C%20um%20zu%20exilieren.">Siendo joven, celebró</a> el principio la Primera Guerra Mundial, pero luego escribió una carta a Benito Mussolini en la que suplicaba que <a href="https://it.wikipedia.org/wiki/Giuseppe_Antonio_Borgese">Giusseppe Germanise</a> fuera desterrado y no condenado a muerte. Aunque se sumó a las primeras barricadas contra los gobiernos de ultraderecha de los 1930s, no fue contundente contra al nazismo, hasta que Hitler lo cercó, le arrancó sus amuletos y quemó sus templos.</p>
<blockquote><p>&#8220;No somos sino fantasmas o recuerdos&#8221;, le dijo Stefan Zweig al también escritor Thomas Mann en Nueva York.</p></blockquote>
<p>Con el <a href="https://www.youtube.com/watch?v=sbvjnieZ32k">adiós a Europa</a> inició su larga agonía: al final de su vida había tratado de instalarse en Austria, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, República Dominicana, Uruguay y Brasil (donde finalmente eligió morir). Contempló la idea del suicidio en muchas ocasiones, pues, según un testimonio de su primera esposa Friderike con Winternitz, ya se lo había propuesto en el pasado.</p>
<p>Quizás pronosticándose perseguido, Stefan Zweig se juramentó ciegamente <a href="https://zweig.lernzettel.org/romain-rolland-der-mann-und-das-werk-das-gewissen-europas-das-manifest-der-freiheit-des-geistes/">a la libertad</a>. Nunca dejó de creer que Europa se unificaría. Reclamaba una supranacionalidad, un mundo para todos. Como se anticipó al Humanismo globalizado, hubiera denunciado la aberración sionista contra Palestina: &#8220;Después de regar el mundo con nuestra sangre e ideas durante 2.000 años, ahora no podemos limitarnos a ser una pequeña nación apartada en un rincón”, le dijo a Mark Scherlag.</p>
<p>Suramérica le ofrecía una interlocución vibrante. Una primera visita al continente en 1936, cuando Buenos Aires hospedó la <a href="https://www.academia.edu/40336868/El_congreso_del_PEN_Club_en_Buenos_Aires_1936">Conferencia XIV del Pen Club</a>, presenció cómo las voces de los intelectuales se alzaban en alarma e ilusiones para un mundo que parecía moverse de nuevo en torno a las ideas. Posiciones contrastadas se enfrentaban en paz y lo llenaban de ilusiones. Y ahora la impotencia que sentía en ese momento lo deprimía. la posibilidad de un mundo humanista se desbarataba con el avance de los totalitarismos y las conveniencias solapadas de la guerra.</p>
<figure id="attachment_93361" aria-describedby="caption-attachment-93361" style="width: 262px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93361 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY.jpg" alt="STEFAN ZWEIG EN LAS ESCALERAS DE LA BIBLIOTECA PUBLICA DE NUEVA YORK " width="262" height="394" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY.jpg 262w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY-100x150.jpg 100w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY-199x300.jpg 199w" sizes="auto, (max-width: 262px) 100vw, 262px" /><figcaption id="caption-attachment-93361" class="wp-caption-text">Stefan Zweig y su exilio imposible en las Biblioteca Pública de Nueva York en 1942. Cortesía: <a href="https://s.wsj.net/public/resources/images/RV-AN473A_BKRV__DV_20140523111202.jpg">Wall Street Journal</a>.</figcaption></figure>
<p>Durante sus años finales en Brasil, la poeta chilena Gabriela Mistral fue muy cercana al escritor (en ese entonces de 61 años) y su pareja Lotte Altmann (de 33). Compartía con ellos rutinas de letras y una devoción por la naturaleza que los animaba a dar paseos por bosques y plantaciones. Mistral vivió años de serenidad y alegría con ellos, tal vez porque ellos no dejaban de admirar la exuberancia del trópico. Ambos &#8220;hacían la vida más quieta del mundo, y la más dulce en la apariencia y la más linda de ver&#8221; escribió la Premio Nobel en <a href="http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/623/w3-article-137390.html">una carta</a> al argentino Eduardo Mallea  el 24 de febrero de 1942, un día después del suicidio de los amantes.</p>
<p>Así describe lo que encontró luego de atreverse a ver la última escena de la pareja:</p>
<blockquote><p>&#8220;<em>En dos pequeños lechos juntos estaba el maestro, con su hermosa cabeza solamente alterada por la palidez. La muerte violenta no le dejó violencia alguna. Dormía sin su eterna sonrisa, pero con una dulzura grande y una serenidad mayor todavía. Parece que él murió antes que ella. Su mujer, que habrá visto ese acabamiento, le retenía la cabeza con el brazo derecho, y toda su cara estaba echada sobre la suya</em>&#8221; .</p></blockquote>
<p>Un cuadro programado. Como el de Zweig, muchos suicidios tienen algo de ritual cuidadoso. Una meticulosidad secreta asegura el paso final de muchos que deciden quitarse la vida.</p>
<p>En un testamento claro y amoroso, los amantes disponen con puntualidad cada cosa de valor que dejaron: los libros deberían ser donados a la <a href="https://casastefanzweig.org.br/?language=en">Biblioteca Pública de Petrópolis;</a> el fox terrier se lo dejaban a la propietaria de su casa, confiados en que lo cuidaría con esmero; algunos de sus manuscritos y archivos los mandó a manos seguras en otros países y quemó los que, según su determinación final, no valía la pena leer; instrucciones para repartir la ropa que dejaban entre los más necesitados de la ciudad; cartas a muchos amigos, ya sellados y listos para ser enviados sin generar sobrecostos a nadie.</p>
<p>En su carta Zweig no dice una palabra sobre su amada, pero cierra la carta con un mensaje directo a la familia que escogió en vida: &#8220;mando saludos a todos mis amigos. Ojalá vivan para ver el amanecer tras esta larga noche. Yo, que soy muy impaciente, me voy antes que ellos&#8221;. Sus últimas líneas no son las de una despedida: es la manera más eficaz de instalarse en el futuro de los que si decidieron esperar el sol.</p>
<p>Stefan y Lotte eligieron dignas prendas de vestir (una corbata impecable, un vestido banco delicadísimo),  un método de morir (barbitúricos) que les garantizara buen aspecto ante los forenses. Incluso adoptaron posturas que aminoraran el impacto visual cuando los encontrasen: el mismo lecho, uno al lado del otro, las manos entrelazadas, acompasados por la placidez definitiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<figure id="attachment_93364" aria-describedby="caption-attachment-93364" style="width: 347px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-93364" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig.jpg" alt="" width="347" height="480" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig.jpg 347w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig-108x150.jpg 108w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig-217x300.jpg 217w" sizes="auto, (max-width: 347px) 100vw, 347px" /><figcaption id="caption-attachment-93364" class="wp-caption-text">&#8220;Declaracao&#8221; es el título de la última carta escrita por el &#8220;impaciente&#8221; Stefan Zweig: un texto tan tierno como contundente, 22 de febrero de 1942.</figcaption></figure>
<p>No podemos romantizar ninguna forma de suicidio, ni siquiera ésta, con tanta pinta de vehículo al amor eterno. Los suicidios poéticos son una minoría, incluso dentro de los casos del suicidio. Los suicidias no ven salidas, son presos de la depresión, se ahogan por ansiedad o han perdido cualquier ilusión. De acuerdo al Centro de Control y Prevención de Enfermedades (Center for Disease Control and Prevention) de EEUU la década de 2020 ya registra el mayor número de suicidios desde la Segunda Guerra Mundial y un 33% más alto que los datos recopilados en 1999. El mismo Centro establece que las razones principales para este el incremento son el estrés laboral, la difusión del matoneo y las comparaciones frustrantes a través de las redes sociales, las deudas y el consumo desmedido de opioides y metadonas.</p>
<p>La población suicida está mayormente concentrada entre los hombres de 46 a 65 años: el mismo rango de edad de impacientes del que cupo Zweig.</p>
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]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93436</guid>
        <pubDate>Mon, 13 Feb 2023 13:33:38 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Segunda cara al suicidio (2 de 4)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Primera cara al suicidio (1 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/primera-cara-del-suicidio-1-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>Introducción Una noticia me pasma: alguien cercano se quitó la vida. Justo yo preparaba un ensayo sobre los posibles riesgos que enfrenta la salud mental de las generaciones más jóvenes, sobre todo después de la pandemia y en un año tan propicio a las crisis como el 2023. No pude pensar en algo distinto. Ray [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>Introducción</h2>
<p><em>Una noticia me pasma: alguien cercano se quitó la vida. Justo yo preparaba un ensayo sobre los posibles riesgos que enfrenta la salud mental de las generaciones más jóvenes, sobre todo después de la pandemia y en un año tan propicio a las crisis como el 2023. </em></p>
<p><em>No pude pensar en algo distinto. Ray Bradbury decía que escribir es una forma de supervivencia. A lo mejor es eso lo que palpita en las diferentes descripciones de las caras del suicidio que me atrevo a enfrentar: sentir que la muerte me respiraba en la nuca me hizo querer vivir de todas las formas posible.    </em></p>
<p><em>Dudé mucho entre ofrecer esta serie o guardarme mis reflexiones. El suicidio, dicen, tiene poderes contagiosos. Al final lo hago considerando que explorar nuestras sombras puede ser un manera contra su tortura. Cada vez que encaramos a nuestros fantasmas se amansa el frío de sus apariciones. </em></p>
<p><em>Ni una sola de estas partes puede, por ninguna razón, considerarse una apología o un rechazo al suicidio. No soy quien para juzgar personas de dolores o convicciones tan profundas que optan para acortar la distancia entre sus pálpitos y la nada. Tal vez a alguien que tenga mi misma posición pueda servirle también para explorar abismos.</em></p>
<p><em>A lo mejor este texto sirve para comprender, o al menos conocer, más a fondo las turbaciones que pueden llegar a nublar a nuestros jóvenes, que en todo caso son los que más necesitan reflexión y peor les sientan los dogmas. A lo mejor hay cómo transformar para ellos el horror del suicidio en algo que le anteceda y que haga la vida más valiosa para su falta de esperanzas. Si las siguientes caras del suicidio sirven para ello habrá cómo darle gracias a estos insomnios.                   </em></p>
<p>Justo cuando recibió la noticia repasaba <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8110323/">algunos estudios</a> que invitan a reconsiderar la presunción (muy justificable) de que la epidemia había aumentado las tasas de suicidio. Incluso <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0272775711000677">un estudio</a> de Benjamin Hansen de la Universidad de Oregon, Joseph Sabia de la Universidad Estatal de San Diego y Jessamyn Schaller de Claremont McKenna College estableció que la tasa de suicidios entre personas de 12 a 18 años disminuyó durante el cierre de los colegios en Estados Unidos. La escolaridad virtual protegió a los niños y a los jóvenes más vulnerables del bullying, de la presión académica y de los agrestes entornos institucionales. Y esa vida virtual, paradójicamente, les afirmó su esperanza en esta dimensión.</p>
<p>El Centro para el Control de Enfermedades de EEUU (Centres for Disease Control o CDC) <a href="https://www.cdc.gov/suicide/facts/index.html">estableció</a> que un estudiante que ha sido matoneado o ha sufrido de bullying en algún punto de su vida escolar tiene 320% más de posibilidad de suicidarse que uno que ha pasado esta etapa de su vida sin mayores traumas sociales. El regreso a la modalidad presencial disparó el índice de suicidios: un 12% y un 18%, con respecto a los casos anteriores al COVID. Si algo tiene de bueno la posibilidad de armar vidas en pantallas y universos ajenos al trato presencial es que la salvación de muchas tensiones puede estar en un botón de apagado, en un corte de energía que está en sus manos.</p>
<blockquote>
<h3>Durante la pandemia el suicidio dejó de ser la segunda causa de mortandad de personas en edad escolar secundaria.</h3>
</blockquote>
<p>Por otra parte, <a href="https://www.tfah.org/report-details/pain-in-the-nation-2022/">no pocos</a> estudios muestran un dramático incremento de muertes por uso excesivo de drogas (30%) y alcohol (27%), sobre todo desde los primeros meses de la pandemia. Abusar de sustancias también es programarse una cita con la muerte. Que lo digan, entre otros muchísimos escritores, los poetas Georg Trakl, Dylan Thomas o Malcolm Lowry (que &#8220;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=SPJk457iVi8">murió tocando el ukelele</a>&#8220;)&#8230;</p>
<p>Los colegios, como siempre, son una fuente de enseñanza para los adultos. Es hora de dejar de creer que el abuso por parte de pares con un status de más jerarquía en nuestros ambientes son males exclusivos de las edades escolares o de las universidades. Sin importar la fecha de nacimiento se vienen años de represión, censura y control. Sea por las medidas contra un nuevo pico del COVID o por la imposición de gobiernos autoritarios o plutocracias que se vienen instalando en todo el planeta. Parece solo una cuestión de para que la invasión a Ucranía desate una guerra de grandes proporciones.  La ansiedad, la incertidumbre parecen sumarse al colapso de los valores que la Democracia y los Derechos Humanos medio habían instalado como pilares para el siglo XX.</p>
<p>Falta tiempo para saber qué consecuencias colectivas concretas dejarán los hitos y los sucesos que nos están marcando como individuos de nuestra época. Pero contamos con herramientas que nos permiten anticipar algunas: la velocidad de la información, la cantidad de estudios que ilustran casos y tendencias o las crecientes manifestaciones artísticas que exhibieron los temas-tabú (el suicidio, los abusos intrafamiliares, los tormentos íntimos, etc.). Ya podemos percibir la dimensión del eco que aún nos aturde.</p>
<blockquote><p>Algo sabemos con certeza: hace años empezó una era que nos exige acciones constantes, compromisos explícitos y sutiles que nos son ineludibles. Vivimos en la era de un presente puro y simplón, en el scroll down perpetuo y monótono que distrae de los oficios y disipa las preocupaciones y las oportunidades. Y eso no resulta cómodo para todos.</p></blockquote>
<p>La muerte de alguien cercano catapulta nuestro pensamiento a lo infinito, al incierto paso por la vida que en realidad compartimos todos. Ya lo han explorado otros que, más allá de soluciones, nos dan compañía y luces para que el miedo no anule la oportunidad de aprender de lo indeseable. Sin endiosarlo ni dejándonos cegar por su terrible llama, el suicidio puede ser, como <a href="https://plato.stanford.edu/entries/camus/">para muchos</a>, la cuestión filosófica definitiva y el arte una manera de abordarla.</p>
<p>No ceder ante la tentación de romantizar una decisión dolorosa e incurable, pero tampoco volvernos verdugo de quien la toma, requiere de serenidad y disposición para superar las cátedras y las ideologías que usamos para sentirnos cómodos. El arte, esa voz que con frecuencia irrumpe de manera estridente y provocadora, sirve para explorar algunas versiones del mismo laberinto al que somos llamados todos o en el transitaremos todos con más o menos complacencia.</p>
<h2>PARTE UNO</h2>
<p>El cuadro &#8220;El suicidio de Dorothy Hale&#8221; (1938) de Frida Kahlo narra los tres últimos momentos de la vida de una fabulosa <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Dorothy_Hale"><em>socialité</em></a> que se dejó caer desde el piso 36 de un edificio de Nueva York. Una leyenda, casi a la manera de una carta de lotería mexicana, es la base de todo el cuadro:</p>
<h2 style="text-align: center">“<em>En la ciudad de Nueva York , el 21 de octubre de 1938, a las seis de la mañana, se suicidó la señora Dorothy Hale tirándose desde una ventana muy alta del edificio Hampshire House. En su recuerdo (borradas algunas palabras ) ese retablo, pintándolo Frida </em><i>Kahlo</i>”.</h2>
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<figure id="attachment_93256" aria-describedby="caption-attachment-93256" style="width: 825px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93256 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale.jpg" alt="" width="825" height="1000" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale.jpg 825w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-124x150.jpg 124w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-248x300.jpg 248w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-768x931.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 825px) 100vw, 825px" /><figcaption id="caption-attachment-93256" class="wp-caption-text">&#8220;El suicidio de Dorothy Hale&#8221; (1938) de <a href="https://www.fridakahlo.org/the-suicide-of-dorothy-hale.jsp">Frida Kahlo</a>. Este retrato fue regalado por la pintora a la madre de Dorothy. Apenas abierto la señora sufrió un ataque de nervios que casi la mata y quiso quemar la pieza.</figcaption></figure>
<p>La obra es punzante, dolorosa, incómoda. Seguro hay muchos que no puedan evitar los escalofriantes recuerdos del 9/11 , cuando muchas personas atrapadas entre las llamas, y ante el inminente colapso de las Torres Gemelas, optaron por <a href="https://www.thebraziltimes.com/blogs/ivyjackson/entry/67080">saltar</a> a la amplia lista de los mártires que no tenían por qué serlo.</p>
<p>Un cielo, quizás nacido en un Magritte, es surcado por lo que parecen nubes algodonadas: sus sombras y vuelos despegan de lo que puede ser un broche de rosas amarillas anclado sobre el cuerpo de la muerta ensangrentada. Sus ojos ya no pueden parpadear fuera de los del espectador. Aún es hermosa y delicada.</p>
<p>Más arriba, la misma Dorothy cae de cabeza. Viste de blanco, como soñando desde una pijama cosida para volar. Las nubes son plumas de su faceta de Ícaro en picada. Suavizan el vértigo.</p>
<p>En el tercio superior del cuadro, entre el espejismo de la punta del Hampshire House, una sombra, anónima por la distancia, salta. El cuadro fija los segundos que pasan desde la decisión de acabar con su vida hasta el momento en el que el espectador se enfrenta a la incómoda inmovilidad de su mirada. Es una bitácora del vértigo aniquilador que no termina en la pintura.</p>
<p>Quien mira sufre una hipnosis paradójica: horror y belleza, vuelo y colapso, alguien eligió una muerte anticipada, pero se volvió inmortal en una pintura. Logra vivir en colores, desde el otro lado del tormento. Una mujer nos habla con su cuerpo, a través de los trazos de otra, sobre los tiempos y el universo inclemente de quien salta al vacío.</p>
<p>Antonin Artaud aparece pronto ante quien sigue los senderos en los que la pintura y la literatura se trenzan. Su premiado ensayo &#8220;<a href="https://www.buscalibre.com.co/libro-van-gogh-el-suicidado-por-la-sociedad/9789509282674/p/28071694">Van Gogh, el suicidado por la sociedad</a>&#8221; de 1947 señala cómo el holandés logró impactar la historia del arte por &#8220;deducir el mito de las cosas más pedestres de la vida&#8221;. Por su parte, los psiquiatras (para Artaud nada menos que &#8220;erotómanos&#8221;, &#8220;pedazos de cochinos inmundos&#8221; o &#8220;sanioso y purulento cancerbero&#8221;) son los antihéroes más vergonzosos, los fieles representantes &#8220;de una realidad hostil, de la bajeza, de la mentira, de la hipocresía, de la debilidad del mundo&#8221;. Solo pueden contrarrestar el poder del arte aislando la sensibilidad y la genialidad o quemando cerebros más poderosos con electrochoques y medicamentos.</p>
<p>(Para <a href="https://fortnightlyreview.co.uk/2018/01/van-gogh-gachet/#:~:text=Gachet's%20and%20Van%20Gogh's%20relationship,the%20intercession%20of%20mutual%20friends.">sazonar este cuestionamiento</a>: el psiquiatra que trató a Van Gogh al final de su vida resultó ser, coincidencialmente, uno de sus coleccionistas más apasionados (y un artista menos celebrado que se apodaba Paul Van Ryssel). El Dr. Paul Ferdinand Gachet, que lo &#8220;trató&#8221; los últimos meses de vida, fue criticado por el propio Van Gogh ante su hermano, pero resultó ser el dueño de por lo menos siete pinturas suyas y el agente de muchas otras. Luego esa valiosa colección pasó a manos de sus hijos Marguerite y Paul-Louis, quienes en 1952 vendieron por una cifra astronómica la colección al Estado francés. En esa colección varios cuadros resultaron burdas falsificaciones (o, al menos, muy malas copias) del maestro holandés, de Gaugin y de otros impresionistas).</p>
<p>El mismo <a href="https://www.worldmime.org/en/about-mime/vipersonalities/105-vipersonalities/295-antonin-artaud.html">Artaud</a> pasó más de la mitad de su vida en sanatorios, pero en una etapa más evolucionada de la psiquiatría y de los medicamentos. Aún así declaró que una persona creativa usualmente es &#8220;al que la sociedad se niega a escuchar, y al que quiere impedir que exprese determinadas verdades insoportables&#8221;. Tal vez este aislamiento e incomprensión general pueda llevar a los artistas a tener una inclinación más clara al suicidio.</p>
<p>De acuerdo a <a href="https://ajp.psychiatryonline.org/doi/abs/10.1176/ajp.144.10.1288?journalCode=ajp">un estudio</a> de 1987 de la Doctora Nancy Andreasen de la facultad de psiquiatría de la Universidad de Iowa los cerebros creativos (es decir, un 25% de los humanos) son más propensos a tener trastornos bipolares, depresiones devastadoras, ataques de esquizofrenia o de pánico y otro tipo de anomalías que pueden llevar a la autodestrucción. Dentro de este grupo, a los escritores se le identifica un 30% de riesgo mayor que a los músicos o a los pintores.</p>
<p>Quizás todos los escritores, como escribía la <a href="https://elpais.com/diario/1982/04/14/cultura/387583204_850215.html">primera Pulitzer</a> Silvia Plath, tengan corazón capaces de crear relatos y convertir su dolor en muestras de belleza. Quizás con eso compensan su desequilibrio: &#8220;dos corrientes eléctricas: alegre, positiva y desesperantemente negativa; lo que esté corriendo en este momento domina mi vida, la inunda&#8221;. Pero esa capacidad de manejar descargas excesivas, como cualquier aptitud de una persona, se acaba. Así sucedió para ella a los 30 años, el 8 de febrero de 1963 y terminó suicidándose, a pesar de los métodos que inventaron para tratarla. O gracias a ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2> <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/suicidio-2-4">(Continúa)</a></h2>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93435</guid>
        <pubDate>Tue, 07 Feb 2023 10:10:02 +0000</pubDate>
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