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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Carolina Sanín | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Intelectuales de derecha contra intelectuales de izquierda (caso Venezuela y “Hay Festival”)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/intelectuales-de-derecha-contra-intelectuales-de-izquierda-caso-venezuela-y-hay-festival/</link>
        <description><![CDATA[<p>En la batalla cultural que libra hoy el mundo para imponer las ideas, los intelectuales colombianos se corrigen o vapulean unos a otros. “Muchos escritores van al Hay Festival a meter cocaína”, dijo Carolina Sanín en su monólogo quincenal, y la cosa pasó como si nada.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>De izquierda a derecha, los escritores colombianos Juan Gabriel Vásquez, Laura Restrepo, Giuseppe Caputo y Carolina Sanín. </em></p>



<p>¿Qué cosa es un intelectual y para qué sirve? No lo sé, pero les prometo averiguarlo. Mientras tanto, observo las peleas entre aquellos a quienes llaman intelectuales. Celebremos la polémica, pues es señal de que (todavía) no se han extinguido. Celebremos incluso si nuestros intelectuales nadan en la orilla por temor a ahogarse en la profundidad de los debates.</p>



<p>A dos escritores, Carolina Sanín y Juan Gabriel Vásquez, les chocó la carta que otra escritora, Laura Restrepo, envió al <em>Hay Festival</em>, anunciando que se marginaba del evento en rechazo a la presencia de la líder política venezolana María Corina Machado, quien pidió la intervención militar de su país por parte de Estados Unidos. Ya vimos: Los <em>Reyes Magos</em> le cumplieron el sueño de forma anticipada.</p>



<p>En <a href="https://open.spotify.com/episode/6tHf6EsvUb6HzvAbsoKrbC">su monólogo</a> para <em>Cambio</em>, Sanín se arrogó el derecho de corregir la carta de Restrepo, y lo hizo en términos despectivos. La tildó de taimada, lambona, “esta señora”, adolescente de colegio, “un numerito”.</p>



<p>A la voz de Restrepo se sumaron otras veces, todas corregidas por la cultísima Sanín. <em>“Chambonada de textos”,</em> dijo refiriéndose a los escritos de Laura Restrepo, Giuseppe Caputo y Mikaelah Drullard (escritora dominicana).</p>



<p>A Caputo lo llamó perezoso por, según ella, no esforzarse por escribir mejor<em>. “Estoy perezosa yo también con la lengua, ya estoy</em> <em>caputesca</em>”, dijo una Sanín experta en inventar palabras.</p>



<p><em>“De paso mátenla”,</em> sugirió porque Drullard declaró que tampoco ella estaba dispuesta a compartir el mismo espacio con la cuestionada Nobel de Paz. &nbsp;</p>



<p>Luego dijo que hicieron de María Corina alguien “moralmente asesinable”, en referencia a <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/catalina-ruiz-navarro/maria-corina-machado-en-el-hay-festival">esta columna</a> de Catalina Ruiz Navarro en <strong>El Espectador</strong>, a la que califica de <em>“barrabasadas”.</em></p>



<p>Pero Sanín no es la única persona de derecha que cuestiona a los intelectuales de izquierda, como si estos fueran responsables de la tragedia que viven Venezuela y los venezolanos. &nbsp;</p>



<p>En <a href="https://letraslibres.com/politica/el-imperialismo-bueno-de-laura-restrepo/16/12/2025/">Letras Libres</a>, Juan Carlos Méndez escribió: <em>“Laura Restrepo conoce cuál es el único futuro deseable para millones de venezolanos: de aquí a la eternidad, soportar la corrupción, las caravanas de refugiados, la miseria humillante, el saqueo y la muerte <strong>solo para que ella pueda asistir tranquila a los eventos literarios del mundo</strong>”.&nbsp;</em></p>



<p>En <a href="https://www.lasillavacia.com/opinion/la-raya-que-laura-restrepo-no-quiere-cruzar">La Silla Vacía</a>, Isabel Arroyo escribió: <em>“Considero, en síntesis, que, al cancelar su participación en el&nbsp;</em>Hay<em>, nuestra querida novelista, lejos de estar haciendo una valiente declaración en contra de la opresión de los pueblos, <strong>encontró razones para, al igual que otros intelectuales de izquierda, seguir ignorando el sufrimiento de los venezolanos</strong>. Esa es la raya que no parece dispuesta a cruzar”.</em></p>



<p>En <a href="https://elpais.com/america-colombia/2025-12-29/sobre-el-caso-de-laura-restrepo-y-el-hay-festival.html">El País de España</a>, Juan Gabriel Vásquez escribió<em>: “Al cancelar su participación en el festival, y al hacerlo con el argumento de que el festival había invitado a una mujer cuyas posiciones no comparte,&nbsp;</em><strong><em>Laura Restrepo&nbsp;abdicó del principal deber de un intelectual público: entrar en el debate”.</em></strong></p>



<p>Haciendo de abogado del diablo, me gustaría conocer el manual de deberes y derechos de los intelectuales, si es que algo así existe. Yo creo que tan lícito es participar del debate como marginarse de él. De hecho, el silencio es una forma de protesta válida. A diferencia de los políticos, que deben rendir cuentas por sus actos y están obligados a poner la cara siempre, no se puede pretender meter a los escritores a la fuerza dónde y con quien no quieren estar. La estatura de un intelectual y la de un político no son equiparables; hacerlo es prácticamente un insulto con los primeros.</p>



<p>Además, Vásquez no entendió que en el terreno de las ideas al callar, al ausentarse, ya se ha dicho demasiado. Marginarse es una forma lícita de protestar y a la protesta se le debe considerar otra forma del debate. Ese es el mensaje y no hay arrogancia en ello. Y aunque suene grosero, el intelectual, quizás por el hecho de serlo, debe sentirse con el permiso de estar o no estar donde se le dé la gana.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La estatura de un intelectual y la de un político no son equiparables; hacerlo es prácticamente un insulto con los primeros.</h2>



<p>Podríamos, en cambio, preguntarle a quien corresponda cuál es el propósito de invitar a una líder política, con ansías de poder, a un evento literario, que eso se supone es el <em>Hay Festival</em>.</p>



<p>Mientras escribo estas líneas, lo que muchos temían acabó sucediendo. El ejército estadounidense sacó por la fuerza a Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela. Corina Machado, la manzana de la discordia, se ha declarado triunfal: <a href="https://www.infobae.com/venezuela/2026/01/03/maria-corina-machado-estamos-preparados-para-hacer-valer-nuestro-mandato-y-tomar-el-poder/"><em>“Estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder”.</em>&nbsp;</a> Mientras tanto, Trump tomó las riendas del país hasta que <em><a href="https://www.bbc.com/mundo/live/cg5g7y081dpt">“se pueda llevar a cabo una transición segura”</a>, según recogió la BBC.</em> Es decir, la nación vecina entró en un rio revuelto, ganancia de pescadores. Por ahora, Machado quedó descartada para gobernar, porque no tiene <em><a href="https://www.elmundo.es/internacional/2026/01/03/69595ef9fdddffe7018b45b0.html">“ni el respeto ni el apoyo de su país”</a></em><strong>,</strong> dijo Trump. Ella le dedicó su Premio Nobel de Paz a Trump y Trump le agradeció con palabras de menosprecio. </p>



<p>Es que, señoras y señores, incluida doña Carolina Sanín, el problema de fondo no es si unos escritores van o no van a un evento cultural por la inquina hacia fulana o perencejo; el problema de fondo es si estamos o no de acuerdo con el hecho de que el autoritario Donald Trump profane la soberanía de otro país y a qué costo en términos de vidas humanas, como la de los lancheros interceptados y enseguida ejecutados sin fórmula de juicio. Y, lo más grave, qué consecuencias traerá la intromisión de Estados Unidos en Venezuela para los demás países de la región. </p>



<p>Recomiendo <a href="https://elpais.com/opinion/2026-01-03/fuerza-bruta-en-venezuela.html">este editorial </a>del diario español El País: <em><strong>&#8220;No existe transición legítima bajo tutela extranjera ni democracia posible si el futuro de un país se administra desde fuera como un protectorado&#8221;.</strong></em> Por otra parte, el análisis de The New Yorker es contundente: <a href="https://www.newyorker.com/news/q-and-a/the-brazen-illegality-of-trumps-venezuela-operation">la operación de Trump en Venezuela fue ilegal.</a> </p>



<p>Esa es la pepa de la almendra, y por las malquerencias de los unos hacia los otros, no deberíamos distraer la discusión sobre lo que debe importarnos. Si quitamos eso, todo lo que nos queda es una guerra de egos, la obligación de rellenar espacios y columnas, hablar por hablar, escribir por escribir, las veleidades de unos y otros que no se han tomado en serio su rol de intelectuales, quizás porque tampoco ellos saben para qué diablos sirve un intelectual en pleno siglo XXI.</p>



<p>El vil asesinato del presidente Salvador Allende (Chile, 1973), orquestado por Nixon y Kissinger, ilustra la gravedad del problema en que se encuentra América Latina tras la captura de Nicolás Maduro. Más allá de los cargos de narcoterrorismo y otros delitos en su contra, la región se enfrenta a un gobernante soberbio que busca imponer por la fuerza su propia doctrina política. De hecho, Trump ha venido metiendo las narices en elecciones que deberían ser libres, señalando quién es digno de ser elegido y quién no. <a href="https://cnnespanol.cnn.com/2025/12/02/latinoamerica/influencia-trump-elecciones-latinoamericanas-orix"><em>“Muy seguramente lo va a intentar hacer en Colombia”</em>,</a> le dijo un analista a CNN.</p>



<p>No se pueden alentar voces como la de María Corina Machado, que antes y después de recibir el Premio Nobel de Paz propuso una salida irracional como solución a un régimen igual de irracional. Había que sentar un precedente contra esa actitud desquiciada. Intelectuales como Laura Restrepo lo hicieron de manera valiente.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Se abre otro debate</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="891" height="357" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04075050/ZETA-ZETA-HAY-FESTIVAL-LOGO.jpg" alt="" class="wp-image-124294" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04075050/ZETA-ZETA-HAY-FESTIVAL-LOGO.jpg 891w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04075050/ZETA-ZETA-HAY-FESTIVAL-LOGO-300x120.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04075050/ZETA-ZETA-HAY-FESTIVAL-LOGO-768x308.jpg 768w" sizes="(max-width: 891px) 100vw, 891px" /></figure>



<p>Al margen de esta discusión, me parece que el monólogo de Sanín abre un nuevo debate por el grueso calibre de otras afirmaciones suyas: <em>“El Hay Festival me parece muy lamentable de muchas maneras. Son unos señores y unas señoras, ricos y ricas en su mayoría más conspicua (…) que vienen de Bogotá y se ponen guayabera (…) y hay conversaciones que en su mayoría son muy malas (…) lo que me pareció siempre fue que se trata de hacer charlas para que los señoras y las señoras de las élites, aunque sean brutos, sientan que son inteligentes y cultivados porque pueden entender esas charlas, que son una manera de rebajar los libros (&#8230;) <strong>Creo que cumple esa función: que las élites se sientan inteligentes porque asisten a unas charlas, porque además las entienden, y eso evita que lean los libros (…)”.</strong></em></p>



<p>Sentí pena por los señores y las señoras de <em>alta alcurnia</em>, y más pena sentí al ver que nadie, empezando por los señores y las señoras de la sociedad bogotana, ha salido a defenderse de los insultos. </p>



<p>Sanín fue más lejos: <em>“Muchos escritores van allá, al Hay Festival de Cartagena, a meter cocaína. (…) Y probablemente también a buscar mujeres; esa no me consta, la de la cocaína sí”, </em>dijo. Me parece muy raro que, a pocas semanas de su realización (29 de enero al 1º de febrero), el <em>Hay Festival</em> brille por su silencio. </p>



<p>El mundo se habrá jodido para siempre el día en que todo nos resbale, incluso lo que opinen los intelectuales. </p>



<p>Con todo, Venezuela debe dolernos. Trump ha pisoteado la dignidad del pueblo venezolano dentro de Estados Unidos y ahora los pisotea en su propia casa. <strong>Para saber cuál es el lado correcto de la historia, los colombianos no podemos olvidar que la independencia se la debemos a un venezolano, no a un gringo.  </strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124276</guid>
        <pubDate>Sun, 04 Jan 2026 13:15:50 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <item>
        <title>La literatura colombiana está en crisis</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-literatura-colombiana-esta-en-crisis/</link>
        <description><![CDATA[<p>El boom colombiano. Acometer el asesinato simbólico de Gabo para encontrar el alma de la literatura nacional. Cuestionar el papel de las élites culturales. Espabilar a una industria sentada en sus laureles. Revivir a los críticos literarios.  Nuevos aires a los programas de promoción de la lectura. Evolución y revolución literarias.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Centro Cultural Gabriel García Márquez en Bogotá. Fotografía del autor.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-aa1f9889acacae22f72bee798a2fa8a7"><strong><em>“Basta ser un lector exigente para comprobar que la historia de la literatura colombiana, desde los tiempos de la Colonia, se reduce a tres o cuatro aciertos individuales, a través de una maraña de falsos prestigios</em> (…) <em>El problema no es de cantidad, sino de nivel”:</em> Gabriel García Márquez, en el ensayo “La literatura colombiana, un fraude a la nación” (abril de 1960).</strong></p>



<p>Sobre el oficio de escribir, la escritora Natalia Ginzuburg dijo una vez: “No me importa nada de lo que hagan los otros escritores”.</p>



<p>Hay cierta hipocresía que mantiene postrada a la literatura de este país y a los escritores colombianos relegados a la sombra de ese monstruo insuperable que sigue siendo el maestro Gabriel García Márquez. Pareciera que con él nace y con él muere la literatura colombiana, todo lo demás son casos aislados, gente bien intencionada, libros que se leen con deleite, loables intentos, escritores juiciosos, ninguno (todavía) consagrado al nivel de aquel.</p>



<p>Hay mucha bulla mediática alrededor de un nombre: Juan Gabriel Vásquez pero no hay consenso; lo propio ha pasado con el nombre de Fernando Vallejo. ¿Es ruido que dejamos caer? ¿Tal vez no sea para tanto? ¿Soñar en un segundo Premio Nobel de literatura? Demasiado temprano para saberlo. No pensemos con el corazón porque ahí radica el problema.</p>



<p>La literatura colombiana y la industria que la sostiene se mecen en su zona de confort: las editoriales publicando a diestra y siniestra (con siniestra no me malentiendan), incluso si no son buenos, ni los autores ni sus libros. En Estados Unidos un Gore Vidal despreciaba a la Susan Sontang literata. Aquí muchos desprecian las letras simplonas de Mario Mendoza pero no hay quién se lo diga en su cara, y así con otros autores, y así con otros libros. Los jóvenes lo consumen con avidez, lo siguen por doquier, llenan auditorios y lo tratan como a un semidios. Es un <em>rockstar </em>a su manera. El marketing obra esa clase de milagros.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4b89b993875d86ad0e7dfac7ccbdc79d">En el Suplemento Literario Ilustrado (<strong>El Espectador,</strong> 12 de noviembre de 1926), el crítico Luis Trigueros escribió sobre La vorágine: “Las fabulaciones de Rivera –hay que reconocerlo- carecen de método, de orden, de ilación: <em>La vorágine</em>, pongo por caso, es un caos de sucesos aterrantes, una maraña de escenas inconexas, un confuso laberinto en que los personajes entran y salen, surgen y desaparecen sin motivos precisos ni causas justificativas”. </p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-ee2f48b191db256b48686f0ffd1403da">El destinatario de la diatriba, José Eustasio Rivera, le respondió, a los pocos días en dos artículos distintos, a través de las páginas de El Tiempo: “… con espíritu cicatero farfullaste un esbozo mísero de mi novela, en el cual, por poder llenar una página de revista, embutiste citas inocuas y párrafos míos a manera de transcripciones. ¿Dónde están los tesoros de tu sabiduría que nos los derramaste a manos llenas…?  (…)  acudiste para juzgarme La vorágine a un procedimiento doloso y desleal: tomaste la primera edición, a sabiendas de que la segunda salió corregida y teniendo la tercera en tu poder. (…) A qué hado adverso obedeciste cuando te dio por meterte a crítico, como si eso fuera empresa fácil”. (Del libro <em>La vorágine: Textos críticos</em>, compilación de Monserrat Ordoñez Vila, Alianza Editorial Colombiana.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Sin crítica literaria no hay <em>Parnaso</em> colombiano</strong></p>



<p>La ausencia de crítica literaria le ha hecho daño a la literatura colombiana. Ni el editor ni el lector están para cumplir esa función, ya sabrán por qué. A los medios de comunicación alguna culpa les cabe. No hay crítica literaria en la prensa colombiana o la poquísima “crítica” que sobrevive la hacen los propios amigos de los escritores, así que en vez de crítica hay alabanzas camufladas a modo de reseñas, y algunas tan mal hechas que torpemente resumen el libro —hacer espoiler se llama— que nos &#8220;ahorran&#8221; el trabajo de leer. Entre amigos se tapan con la misma cobija y eso le hace daño a la literatura.</p>



<p>Pasaron a mejor vida los críticos literarios (con todo lo malo y lo bueno que tengan) y nadie los echa de menos. Sin críticos, la literatura va ahí, a tientas, a la deriva, como todo lo demás, incluidos nosotros, en este foso oscuro que es el Universo, tan necesitado de luz para llegar al <em>Parnaso.</em>  </p>



<p><strong>Truman Capote</strong> dijo: “Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo y el látigo es únicamente para autoflagelarse”. Es decir, autocompadecerse no es suficiente si se trata de superarse a sí mismo. No hay más remedio que devolverle a la crítica y a los críticos su lugar: resucitarlos.</p>



<p>La crítica sirve para recordarnos que lo que existe, imperfecto o regular o a medio hacer, existe, y cualquier cosa es mejor que no tener conciencia de esa existencia. Pasa lo mismo en el periodismo. El problema tal vez no sean los críticos, sino la falta de humildad de los criticados. En un país de sordos —¡y este abusa de su sordera!—, bueno sería entonces que a quien le caiga el guante se lo chante. Al fin de cuentas, la humildad no es más que una cabeza gacha aferrada a la pluma, al teclado.</p>



<p><strong>Gustave Flaubert</strong> dijo: “Nadie le hará jamás una estatua a un crítico”. Aceptemos también que hay escritores sin estatuas. En Colombia el problema es que no somos dados a honrar a nuestros escritores, y entre ellos pasa lo mismo. El respeto y el prestigio se han diluido en celos y soberbias. Han confundido cofradía con mafia de escritores. Dice Javier Cercas: &#8220;Hay que acabar con la soberbia del escritor endiosado&#8221;. </p>



<p>Se entiende que nadie quiere ser presa del ridículo y el crítico debe saber que ese no es el papel que se espera de él o ella.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>La alegría de leer</strong><strong></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-176de722a842670ebebd1cfb7961a81f"><strong>“Escribo a los 66 años con el mismo propósito que tenía a los dieciséis que es, desde luego, dar sentido a mi vida y quizás ayudar a otras personas a dar sentido a la suya”: John Cheever, escritor estadounidense.</strong></p>



<p>Ahora bien, el placer de la lectura sigue siendo un privilegio de pocos y tengo la impresión, además, de que el grueso de la población no entiende cuál es el valor que tiene o podría tener la literatura en sus vidas, y tampoco se hace lo suficiente para despertar en la gente el sentido del gusto literario, ese lector en potencia criado desde la infancia, o el adulto que no tuvo infancia lectora.</p>



<p>Desacralizar la literatura es un asunto que daría para conversaciones infinitas.&nbsp;Volvamos a Capote: “Los libros que leí por mi cuenta tuvieron una importancia mucho mayor que mi educación oficial, que fue una pérdida de tiempo y concluyó cuando cumplí diecisiete años”.</p>



<p>Los escritores colombianos son como los inquilinos de un manicomio: allá en su rincón cada loco con su tema, cada <em>genio</em> con su historia. Falta articulación, identidad literaria, acallar los ruidos individuales con un noble propósito superior: el hito sinfónico creador. El boom colombiano con bombos y platillos.</p>



<p>Hacia afuera el gran referente sigue siendo Gabo (perdón, por las confiancitas), a pesar de que hay unos tres nombres, quizás cuatro, ¿a lo sumo cinco? (en todo caso, muy poquitos, casi nada), con la suerte de ser profetas en tierras ajenas, alejados (¿separados?) de sus orígenes, casi incomprendidos, la tragedia del hijo negado, que persiste en el sueño de encontrar la universalidad. Por lo tanto, es la literatura colombiana la que debe emprender el regreso a Itaca. </p>



<p>Esos <em>poquitos </em>se leen más allá que acá, porque acá seguimos sin encontrar la pócima que permita la multiplicación de los lectores. Todo lo contrario: cada vez se lee menos y un día se nos olvidará que sabíamos leer y otro día se nos olvidará que sabíamos escribir. Con el tiempo hay cosas que entran en desuso. Si la IA impone su tiranía, los humanos seremos lo próximo a desechar. ¡Carita triste! Réquiem anticipado por nosotros. </p>



<p>A veces me pregunto si la inteligencia artificial obligará a los escritores a replantear la manera cómo se escribe la literatura o si, por el contrario, esta sobrevivirá por los siglos de los siglos bajo los métodos y formas que conocemos. Desde luego hablo como lector y creo que el asunto nos sobrepasa. Tal vez un buen escritor de ciencia ficción podría anticiparnos ese futuro. O no futuro. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="1001" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072227/ZETA-LITERATURA-LECTOR-1-1024x1001.jpg" alt="" class="wp-image-116725" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072227/ZETA-LITERATURA-LECTOR-1-1024x1001.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072227/ZETA-LITERATURA-LECTOR-1-300x293.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072227/ZETA-LITERATURA-LECTOR-1-768x751.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072227/ZETA-LITERATURA-LECTOR-1.jpg 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Lector en Transmilenio, una rareza en estos tiempos. </p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-bfca72ce420a6e04a45cad9b0f2cc0b7"><strong>Jane Austen en su novela <em>La abadía de Northanger</em>: &#8220;Quien no disfruta de una buena novela, ya sea caballero o dama, debe ser intolerablemente estúpido&#8221;.</strong></p>



<p>Al mediador de lectura debería dotarse de un rol protagónico, lo mismo que al librero, sin las ataduras comerciales que impone el mercado para cuadrar caja. El día que se vendan libros como pan caliente muchos habrán saciado un tipo de hambre para el que ignoraban la existencia de ese alimento: el deleite lector. Incentivar los talleres de lectura ayudaría en tal propósito con la ventaja adicional de abrir un espacio seguro contra la soledad, <em>mal</em> que se propaga como la peste, virtud incomprendida.</p>



<p>Se les abona a personas como Carolina Sanín que enseñen literatura, formen lectores, y de vez en cuando les den fuete a sus colegas. Se necesitan huevos para eso y ella los tiene. Pero se requiere humildad por parte de los escritores, de ellos y de ellas: deshacerse de cualquier falsa superioridad.</p>



<p>Para hacerse lector, y de paso apoyar a los nuestros, está bien empezar por Mario Mendoza, pero está mal quedarse ahí, y en ese único autor habiendo grandes promesas y autores no comerciales que superan por mucho a aquel. Hay que nadar sin miedo hasta la profundidad, allá donde pervive lo insondable del alma humana. Ojalá los muchachos no se queden en la orilla: sería como negarse a crecer. Y crecer es una obligación hasta encontrar nuestro muy íntimo final. Entre una cosa y la otra, entre nacer y morir, está la literatura. Buena o mala. Hablamos aquí de ambas literaturas: la de ficción y la de no ficción que usa recursos de la primera. Si es buena, nos ayuda a encontrarle un sentido a la existencia, o a dárselo. (Acotación: Yo preferiría que el bautismo de los nuevos lectores se haga con cualquiera de los libros de García Márquez que, por obligación y no por placer, leímos en el colegio hasta aborrecer la literatura en general y a Gabo en particular, pero cada quien tendrá su fórmula de iniciación).</p>



<p>¿Quién tiene la vara de Moisés para separar las aguas: lo bueno de lo malo? ¿Cómo separar la paja para hallar el trigo?</p>



<p>Las editoriales publican como locas pero, carentes de estrategia, sin plan para promocionar a sus escritores de manera adecuada. Tienen, eso sí, un plan para pasar libros por la guillotina en caso de que no se vendan. Quedé sin palabras el otro día al escuchar <a href="https://open.spotify.com/episode/6ik3qhIb4MuzDwN6V60y8R?si=V2q9WMpJSGqYCaAlkdovhA">en este pódcast</a> a una editora, de una editorial colombiana, afirmar que muchos de los libros que no se venden, se pican.</p>



<p>¿En serio se destruyen libros en Colombia? Entonces, ¿para qué satanizar a la Inquisición, que los quemaba en el pasado, si de todas maneras algo parecido se hace hoy en vez de donarlos a quienes no tienen ni tendrán con qué comprarlos? Es terrible. ¿Sacrificar árboles por nada? ¿Cuál es la responsabilidad de un editor que, con buen ojo, podría evitar una matazón de árboles innecesaria? Es como si alguien me dijera que la comida toca botarla porque nadie la compró. ¡Qué locura es esa!</p>



<p>Más no es todo: La misma persona confirma con cifras en mano la manera inaudita cómo cada mes se inunda de libros el mercado local. ¿Quién financia esto, cómo se sostiene una industria si no venden los libros o es que producen libros para un mercado inexistente? ¡Me perdí!</p>



<p>Hay que poner los libros al alcance de la gente, no triturarlos.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>El derecho a la literatura</strong></p>



<p>De tiempo atrás muchas voces abogan por la democratización del libro, convertirlo en un artículo básico de la canasta familiar –es decir, hacerlo accesible a la gente, no solo a quienes tienen recursos para adquirirlo. En <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dejad-los-libros-vengan-llamado-la-industria-editorial/">este mismo blog</a> expuse las preocupaciones sobre el tema y la necesidad de actualizar la obsoleta Ley del Libro (Ley 98 de 1993).</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="CnzRfYHgzF"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dejad-los-libros-vengan-llamado-la-industria-editorial/">Dejad que los libros vengan a mí (Un llamado a la industria editorial)</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Dejad que los libros vengan a mí (Un llamado a la industria editorial)&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dejad-los-libros-vengan-llamado-la-industria-editorial/embed/#?secret=JcwyK6KsdY#?secret=CnzRfYHgzF" data-secret="CnzRfYHgzF" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Y, como en todo, debería importar más la calidad que la cantidad. Con razón, Fernando Vallejo afirma lo siguiente en su novela “Escombros” (página 137): “Hoy en día sacan novelas como pollos de una incubadora. Nooo, esto no es así de fácil, hay que vivirlas y meditarlas mucho”, dice.</p>



<p>En igual sentido, Arturo Pérez-Reverte publicó en el portal Zenda <a href="https://www.zendalibros.com/perez-reverte-las-editoriales-tienen-muy-poca-verguenza">este demoledor ensayo</a> sobre el mundillo editorial donde no deja títere con cabeza; aunque habla de su país creo que la enfermedad se propaga por estos lares, “<em>indicio de una estrategia editorial sin escrúpulos que como una mancha infame envilece lo que aún llamamos literatura”, </em>dice el escritor español.</p>



<p>Y continúa: “Cada año, cada mes, cada semana, una cantidad enorme de novelas aparece en librerías, plataformas digitales y redes sociales. Algunos de sus autores son mediocres o innecesarios, publicados por sus editores a ver si suena la flauta, (…) Es una lástima que algunos que podrían ser brillantes carezcan de las herramientas técnicas, las lecturas o el cine que hoy son necesarios para un oficio que no consiste solo en teclear lo que tienes en la cabeza, sino en años de trabajo duro, respeto por los maestros, educarse en el conocimiento de los clásicos y, sobre todo, ser capaz de crear algo que no se haya hecho antes —eso es muy difícil— o contar lo que desde hace siglos se cuenta, pero de una manera diferente, actualizada (…) desde hace tiempo las casas editoriales, que antes eran criba y filtro de calidad, se han lanzado a la ofensiva descarada del todo vale, saturemos los anaqueles, maricón el último.&nbsp;(…)Da igual que sepan escribir o no, pues para eso están los editores y los llamados&nbsp;<em>negros literarios,</em>&nbsp;que ponen su talento e imaginación bajo el nombre de quien se limita a insinuar una idea, una trama básica, o a aportar unas notas en el móvil&nbsp;(…) las casas editoriales, con su ambiciosa desvergüenza, son las principales culpables de semejante acumulación de basura”.</p>



<p>Sobre calidad literaria habló García Márquez en un artículo publicado en 1959, con el título <em>Dos o tres cosas sobre “La Novela de La Violencia”: <strong>“No es asombroso que el material literario y político más desgarrador del presente siglo en Colombia, no haya producido ni un escritor ni un caudillo”. (&#8230;) “Había que esperar que los mejores narradores de la violencia fueran sus testigos. Pero el caso parece ser que éstos se dieron cuenta de que estaban en presencia de una gran novela y no tuvieron la serenidad ni la paciencia, pero ni siquiera la astucia, de tomarse el tiempo que necesitaban para escribirla”.</strong></em></p>



<p>Recuerden tres cosas: en ese momento todavía faltaban ocho años para la publicación de&nbsp;<em>Cien años de soledad</em> (1967), la idea de esta novela rondaba en su mente desde la adolescencia (según cuenta su hermano Eligio en el libro “Son así: Reportaje a nueve escritores latinoamericanos), y le tomó dieciocho meses de encierro en Ciudad de México para escribirla (1965-1966).</p>



<p>Gabo lo tuvo claro: es menester que la literatura se ocupe del asunto de la violencia. Me pregunto hoy, primer cuarto de siglo del siglo veintiuno, si los escritores y las editoriales colombianas tienen claro cuál es el tema o los temas de nuestro tiempo, eso de lo cual estamos siendo testigos los vivos. ¿O acaso, como un siglo atrás, los autores siguen escribiendo con afán y sin pericia?</p>



<p>Los dictadores, la novela sobre el poder, fue tema obsesivo dentro del <em>Boom latinoamericano</em>. ¿Cuáles son hoy, sí las tienen, las obsesiones de los escritores?</p>



<p>El escritor tiene un compromiso con la literatura, esa sensibilidad literaria que lo ata a su tiempo, ese presente que no tiene ya ni pasado ni futuro en los libros inmortales.&nbsp;¿Sigue siendo acaso la violencia y la novela de la violencia, de cualquiera de nuestras múltiples ruinas, el tema recurrente?&nbsp; Había que preguntarse qué es Colombia en este momento para aventurar una respuesta, y dudo mucho de que haya claridad o consenso al respecto.</p>



<p>Gabriel García Márquez partió la historia de la literatura colombiana en dos y la situó en el croquis universal. Preguntémonos qué cosa extraordinaria ha pasado después de Gabo. Si sus libros se leerán dentro de cien años, como muchos profetizan, hay que preguntarse si se leerán dentro de cien años los escritores de ahora, sabiendo que ni siquiera se leen hoy, más allá de unos reducidos círculos de adoradores. ¿Qué clase de libro es ese del que se habla durante veinte días y luego se olvida?</p>



<p>Yo solo hago preguntas: ¿Qué libros de autores colombianos clasificarían dentro de eso que llaman canon literario?¿Hay más escritores que literatura? </p>



<p>Hay buenos escritores. Y cada uno se mueve al vaivén de su pequeñísima gloria, solito, como la solitaria, aislado, indefenso, rey en su minúsculo reino, creyéndose su fama, alimentando vanidades, tan efímeras ambas; cada autor asumiéndose importante, quizás no relevante, y por lo mismo tanto, desligado de una voz coral que blinde nuestra literatura. ¿Le falta espesor u otro hervor a la sopa? </p>



<p>No tiene eso que sí tienen, por ejemplo, las literaturas de México, Argentina o Chile, eso que las hace poderosas de puertas hacia afuera, desde cuando vivían Rulfo, Borges o Neruda; Fuentes, Cortázar o Bolaño.</p>



<p>Creo que la literatura colombiana no ha logrado <em><strong>matar el</strong> <strong>Boom latinoamericano</strong></em>, mejor dicho, no ha logrado <em>matar </em>a Gabo, y eso que en el <em>el arte de matar</em> sentamos cátedra. Creo que es hora de acometer el asesinato simbólico y de que ahora sí los escritores se pongan serios a hacer historia con vocación literaria absoluta: escribir la historia del post-boom. Gabo murió hace doce años y el último del <em>boom,</em> Mario Vargas Llosa, acaba de morir. Asustarse con fantasmas son excusas.</p>



<p>Por ahí leí que los genios nacen una vez cada siglo.&nbsp; Bueno, si García Márquez nació en 1927, es posible que falte poco para que una pareja de enamorados esté próxima a engendrar el segundo Premio Nobel de Literatura colombiano y, en el mejor de los casos, faltarían dos décadas más para que publique su primera novela. Con suerte estaremos vivos para leerla.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222327/ZETA-LITERATURA-2-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-116716" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222327/ZETA-LITERATURA-2-1024x768.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222327/ZETA-LITERATURA-2-300x225.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222327/ZETA-LITERATURA-2-768x576.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222327/ZETA-LITERATURA-2.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6deb966dec3e18b97069dc230c5d9184"><strong>“Los textos que viven cien años son aquellos en los que el autor mostró, a través de un pequeño detalle, la dimensión universal, cuya grandeza dura. Los textos que carecen de este vínculo desaparecen”: Ryszard&nbsp; Kapuscinski, citado por Jairo Osorio en el libro “Tan buena Elenita Poniatowska: Noticias de autores y libros”.</strong></p>



<p>Decía Fiódor Dostoievski, el escritor ruso, que quien haya leído <em>Don Quijote de la Mancha</em> habrá justificado su paso por este mundo. «Oh, este es un gran libro, no como los que se escriben ahora; estos libros se envían a la humanidad cada varios cientos de años», escribió en <em><a href="https://www.elconfidencialdigital.com/articulo/la_voz_del_lector/opinion-dostoyevski-quijote-poder-transformador-literatura/20220422181109384479.html">Diarios de un escritor</a></em><strong><em>.</em></strong></p>



<p>Maialen Aguinaga Alfonso, investigadora literaria española, nos regala esta otra frase de los Diarios de Dostoievski: “En todo el mundo no hay obra de ficción más profunda y fuerte que ésa. Hasta ahora representa la suprema y máxima expresión del pensamiento humano, la más amarga ironía que pueda formular el hombre y, si se acabase el mundo y alguien preguntase a los hombres: Veamos, ¿qué habéis sacado en limpio de vuestra vida y qué conclusión definitiva habéis deducido de ella? Podrían los hombres mostrar en silencio el Quijote y decir luego: «Ésta es mi conclusión sobre la vida y… ¿podríais condenarme por ella?»&nbsp;</p>



<p>Quizás eso es lo que les está faltando a los escritores colombianos: comprometerse con la literatura pero también con su tiempo; comprometerse a fondo con la vida misma. Porque la literatura es la vida que pasa ante nuestros ojos y para la posteridad los escritores colombianos deben decirnos qué tanto vieron sus ojos y qué tan capaces fueron de encontrar totalidad en su prosa.</p>



<p>Parafraseando a Dostoievski, cualquier colombiano que lea <em>Cien años de soledad</em> habrá justificado su existencia y su paso por esta tierra, de esas obras maestras que toca leer al menos una vez antes de morir, aunque uno termina releyéndola&nbsp;por infinito placer. Con todo, faltan muchos más libros y autores de los que podamos decir lo mismo. Es imperdonable partir sin haber leído algo, cualquier cosa, de la extensa y maravillosa obra que dejó García Márquez. Creo que el país sigue en deuda con él. &nbsp;</p>



<p>Pero, sobre todo, persiste la vieja deuda de narrar la Colombia de nuestro tiempo, de este tiempo que si bien se narra, parecen los retazos sueltos, no la obra consumada. En últimas, <em>matar a Gabo</em> no significa nada distinto a desmontar la maquinaria detrás de su universo macondiano, no para comprenderlo a él y su obra, sino para alentar la creación desde ceros, que es continuar el camino; es decir el regreso a Itaca: es decir, el regreso a Macondo, ahora con el propósito de <em>destruirlo</em>… por segunda vez y ojalá para siempre.  Se anticipa un viaje peligroso. Una nueva estirpe de escritores debe<em> asegurarle </em>a la literatura una segunda oportunidad sobre esta tierra, no condenarla.</p>



<p>El reclamo de Gabo sigue siendo válido ya no hacia atrás (de 1959) sino hacia adelante (casi 70 años después), para continuar la tradición que empezaron él y sus&nbsp;antecesores. Dice Gabo en el mismo ensayo mencionado arriba: &#8220;No se empieza una tradición literaria en veinticuatro horas&#8221;. Si, como lo suponía él, no había &#8220;algún escritor profesional, técnicamente equipado&#8221; que &#8220;haya sido testigo de&nbsp;la violencia&#8221;, ¿de qué son testigos quienes le sobreviven? ¿Son conscientes las generaciones posteriores al Gabo la responsabilidad que recae sobre sus hombros?</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>La orfandad del escritor</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-a7213f4de8e849956732bc72edecc5a9"><strong>“Si el escritor no se mueve, nadie se va a mover por él, nadie lo va a ayudar. Y será siempre un paria de la sociedad, un trabajador sin futuro”: Carlos Fuentes, escritor mexicano.</strong></p>



<p>En un país que no promociona de manera suficiente a los autores y sus obras, aplaudo la iniciativa de Señal Colombia con su <strong>“Señal Literaria”, </strong>conducida por Erick Duncan, para sacar a los escritores de sus cuevas enmohecidas. No sé si están todos los que son o si los que están son todos buenos, pero esta iniciativa contribuye a la promoción de la literatura local y, por lo tanto, a la formación de un país lector.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Señal Literaria - Capítulo 29: Evelio Rosero -  Martes 18 de febrero" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/BoVpRSP8l58?list=PLdRQxCJRB6fccXKl92o45DkaVmyg3N5n0" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Asistí, en la FILBo, a la presentación de <em>“Camino al bosque”,</em> un cuento póstumo para niños del colombiano David Sánchez Juliao. No veo una sola referencia sobre esta obra en la prensa colombiana. Entiendo que a muchos autores les ha tocado apañárselas para ser ellos mismos los promotores de sus libros.</p>



<p>La Feria del Libro de Bogotá necesita reingeniería. No basta con traer cada vez uno o dos escritores de renombre internacional —rarísima vez un premio Nobel— a cambio de presenciar el mismo cuadro monótono de siempre: un enjambre de personas desorientadas yendo de un lado para otro dentro de Corferias, sin saber a dónde van, porque además dentro del recinto ferial la señalización es regular; algunas salas no están bien identificadas y la zonas de comidas suele estar más atestadas de gente que las salas de conferencias.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1006" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072501/ZETA-LITERATURA-CAMLIBRO-1024x1006.jpg" alt="" class="wp-image-116728" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072501/ZETA-LITERATURA-CAMLIBRO-1024x1006.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072501/ZETA-LITERATURA-CAMLIBRO-300x295.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072501/ZETA-LITERATURA-CAMLIBRO-768x754.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/08072501/ZETA-LITERATURA-CAMLIBRO.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Sede de la Cámara Colombiana del Libro en Bogotá. Fotografía del autor. </em></p>



<p>Hay dos Colombias ocurriendo en simultánea pero abismalmente separadas: la una&nbsp;transcurre en Bogotá, donde pareciera que sucede lo único que importa, y la otra Colombia es el resto del país, desconectada, más naciones dentro de una misma nación. El <em>boom colombiano</em> —como la promesa autoimpuesta— puede ser&nbsp;respuesta y antídoto ante esa única nación fracturada.&nbsp;</p>



<p>Podríamos intentar unificarlas a través de los libros, pero no única ni solamente por la vía de las ferias regionales. Ahí está el desafío. Los señores de la Cámara Colombiana del Libro, entidad que tiene el monopolio de la FILBo, deberían&nbsp;pensar cómo hacerlo. A la Feria del Libro de Bogotá ya da pereza ir y la entrada económica no es; hay que reinventarla antes de que el tedio nos quite las ganas de leer. Es hora de otorgarles el protagonismo merecido a las editoriales independientes, que contribuyen a enriquecer el firmamento libresco sin ínfulas mercantilistas.</p>



<p>Tal vez hoy necesitemos una comisión de sabios que nos ayude a reconciliar a todas las Colombias: encontrar el alma, el espíritu polifónico por medio de la escritura. Ni siquiera hemos logrado unir una sola nación que se sienta orgullosa de tener su único Premio Nobel de Literatura. Aceptemos que hay un problema de desamor propio por resolver, ese yo interior como sociedad, a través de un artificio colectivo.</p>



<p>En el único sentido que le cabe a la expresión, hay que convocar a los espíritus (ya se ha hecho antes) para conjurar los hitos de nuestra historia, la real y la de ficción.</p>



<p>En algo hemos fallado, ¿podemos remediarlo? Se habla mucho en Colombia de las élites políticas y económicas. ¿Qué hay de las élites culturales? Va siendo hora de preguntarles, sin pena y sin temor, qué responsabilidad les cabe en lo dicho hasta aquí. Tienen la palabra, ojalá y no para refunfuñar.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=116705</guid>
        <pubDate>Sun, 08 Jun 2025 13:01:40 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/07222147/ZETA-LITERATURA.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La literatura colombiana está en crisis]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Por qué ellos dicen que el presidente está loco?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/por-que-ellos-dicen-que-el-presidente-esta-loco/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ninguno es psiquiatra pero ya todos ellos diagnosticaron al primer mandatario. Mientras tanto, está muriendo el diálogo civilizado y la compostura. Usamos el insulto, no las ideas, como arma de confrontación. Consulté con expertos sobre los calificativos que tachan de loco al presidente.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imágenes tomadas de YouTube (consejo de ministros)</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-a64775905518aa480223eeead0ff1956"><em>“Los medios de comunicación, las plataformas, las figuras públicas deben responsabilizarse por difundir discursos dañinos que promuevan los estigmas hacia la salud mental en la sociedad entera”:</em> <strong>Ana María Salazar, psicóloga, Universidad El Bosque.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-165d94b5567d69d93a649f6b9cbc342c"><em>“Algunos adjetivos con connotación negativa podrían contribuir al estigma de los pacientes que padecen enfermedades mentales; reforzando los prejuicios y creencias erróneas”:</em> <strong>Carlos Londoño, médico psiquiatra.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-9832860c1c83762c22f84f4d4c6b8bde"><em>“Ninguna gran mente ha existido nunca sin un toque de locura”:</em> <strong>Aristóteles, pensador griego.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-792a63984b6a8d824d2e151391fc4ba5"><em>“Estamos todos tan necesariamente locos que no estarlo sería otra forma de locura. La absoluta rareza sería la anormalidad”:</em> <strong>Enrique Vila-Matas, escritor español. (Diario El País de España).</strong></p>



<p>¿Y si construimos manicomios en vez de escuelas?</p>



<p>Para qué las balas, si con el lenguaje oprobioso también podemos causar daño. De él nos servimos todos, desde el presidente hacia abajo: la oposición, los periodistas, el ciudadano de a pie y hasta quienes posan de intelectuales.</p>



<p>“Aceptemos con firmeza que Petro <strong>se volvió loco</strong>. Y no es un decir”, trinó la escritora Carolina Sanín, el día del primer consejo de ministros. Dos años atrás, había dicho lo mismo: “Estamos <strong>gobernados por un loco</strong>”.</p>



<p>“El presidente Petro pasó de las teorías de conspiración a un<strong> delirio rabioso”,</strong> posteó el exministro Alejandro Gaviria, defensor de las EPS y crítico del gobierno, en el que tuvo un fugaz papel.</p>



<p>El precandidato Germán Vargas Lleras piensa igualito: “Petro, un <strong>loco desaforado</strong>”.</p>



<p><a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/juan-carlos-botero/trump-y-petro-son-identicos">Juan Carlos Botero </a>compara a Petro con Trump: “Ambos fustigan a sus predecesores para justificar <strong>sus locuras</strong> y acuden a etiquetas fáciles para descalificar al enemigo”, argumenta el escritor bogotano. ¿Locura es etiqueta o dictamen médico?, pregunto yo. &nbsp;</p>



<p>Sobre el último consejo de ministros, tuiteó Moisés Wasserman, el ex rector de la Universidad Nacional: “Este consejo de ministros fue un espectáculo absolutamente <strong>desquiciado</strong>”.</p>



<p>El escritor <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/hector-abad-faciolince/la-cuadratura-del-circulo">Héctor Abad Faciolince</a> fue más allá: <em>“…viendo que la realidad no se acomoda a su fantasía, el presidente <strong>se aferra a la magia, al delirio</strong>, a la verborrea y a la botella (de café)”. (…) “Publica 44 trinos en una sola madrugada, se declara abstemio, pero parece borracho desde el amanecer”.</em> &nbsp;Sobre <strong>su última columna</strong> en <strong>El Espectador</strong>, me referí en esta entrada del blog.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="1HQ69Z1ZuP"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/resolvamos-la-cuadratura-del-circulo-hector-abad-contra-petro/">Resolvamos la cuadratura del círculo (Héctor Abad contra Petro)</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Resolvamos la cuadratura del círculo (Héctor Abad contra Petro)&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/resolvamos-la-cuadratura-del-circulo-hector-abad-contra-petro/embed/#?secret=OYeeCS2FpU#?secret=1HQ69Z1ZuP" data-secret="1HQ69Z1ZuP" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Todos estamos hablando, escribiendo, trinando o posteando desde la ofuscación, bien sea a favor de aquello en lo que creemos o en contra de aquellos a quienes detestamos, por la razón que sea. Y me incluyo.</p>



<p>El país está más fracturado que nunca y aquellos que podrían ser la luciérnaga en la oscuridad, están echando más leña al fuego para que el rancho arda con nosotros adentro.</p>



<p>El país importa menos de lo que importa el gobierno, y debería ser al revés, porque al final los gobernantes pasan. En 2026 vendrá otro gobierno (uno como el de ahora o lo mismo que había antes) y nos seguiremos insultando. Porque perder es ganar un poco… de resentimiento.</p>



<p>El resumen del país es este: La Izquierda queriendo hacer y la Derecha que no deja. Cuando gobernaba la Derecha, hacía y deshacía sin importar lo que dijera la Izquierda, que era y sigue siendo minoría. Se necesitan las reformas pero la oposición no raja ni presta el hacha. <em>“Tú di rana y yo salto”</em>. El gobierno quiere saltar y los opositores le dicen qué tanto. Lo que sea que estén ganando, lo ganan ellos mientras los ciudadanos estamos en pérdidas. &nbsp;</p>



<p>En esta lucha encarnizada entre la clase política hay dos modelos de país que nos están ofreciendo. Las élites (políticas y económicas) defienden un modelo y quienes no forman parte de ellas estamos divididos entre quienes defienden lo que determinen las élites y aquellos que creemos que el país debe funcionar de otra manera, aunque no siempre lo tengamos claro. &nbsp;</p>



<p>Aguardamos la esperanza de que se imponga el modelo en el que cada uno de nosotros cree, por la razón que sea; en consecuencia, cada quien construye su verdad y su narrativa a partir de tal premisa. Ningún argumento nos hará cambiar fácilmente de parecer. Al final, los apáticos inclinarán la balanza, para bien o para mal. Ellos son el voto a conquistar. Los demás, con todo respeto, estamos contaminados de puro enojo, que no se cura con agüita de hinojo.</p>



<p>Con enojo hablan los políticos y con ese mismo lenguaje descalificador y venenoso están hablando algunos medios de comunicación y ciertos columnistas de prensa, aunque también hay los que creen que el presidente se hace el loco.</p>



<p><strong><em>“Pacientes sufren por medicinas y Petro hace show de ´yo no fui´&#8221;,</em></strong> titula El Colombiano en primera plana. Tuve que leer dos veces porque pensé que era el trino de un tuitero iracundo y no un titular de prensa. Opiniones no son noticias, pero es lo que hay.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="904" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/30093936/A-LOCURA-REDUCIDA-1024x904.jpg" alt="" class="wp-image-113783" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/30093936/A-LOCURA-REDUCIDA-1024x904.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/30093936/A-LOCURA-REDUCIDA-300x265.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/30093936/A-LOCURA-REDUCIDA-768x678.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/30093936/A-LOCURA-REDUCIDA.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Imágenes creadas por IA, imitando a los Estudios Ghibli, a partir de fotos reales, tomadas de YouTube (ver arriba)<em> </em></p>



<p>El enfado nos moldea a todos y la ofensa nos atraviesa como puñal. En su columna <strong><em>El odio de un gobernante</em>,</strong> dice el columnista <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/pablo-felipe-robledo/el-odio-de-un-gobernante">Pablo Felipe Robledo</a> en <strong>El Espectador</strong>. <strong><em>“Estamos gobernados por un loco que se cree cuerdo, un ignorante que se cree sabio”.</em></strong></p>



<p>Hablamos con la misma seguridad de lo que nos consta y de lo que no nos consta. </p>



<p>El columnista, <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/felipe-zuleta-lleras/la-pataneria-como-arma-politica/">Felipe Zuleta Lleras</a> escribió. &nbsp;<strong><em>“El país necesita una consulta, pero no para aprobar la reforma laboral, sino con un psiquiatra que trate de manera urgente al presidente quien ha demostrado con creces padecer alguna muy grave enfermedad mental”.</em></strong></p>



<p>Una lectura escribió quejándose: “Manifiesto preocupación por la incitación al odio y la grosería que en su columna promueve Felipe Zuleta. La cantidad de insultos, las palabras y las formas como se refiere del presidente, pero también a todo aquello que no aprueba, supera la libertad de expresión”, escribe <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/cartas-de-los-lectores/sobre-la-discapacidad-y-un-llamado-de-atencion-a-felipe-zuleta">Adriana Chaparro</a>, quien seguidamente le pide moderar su lenguaje.</p>



<p>“Soy profesora universitaria –añade-, y he trabajado con varias personas que tienen problemas de salud mental; me apena que una persona en esa condición se exponga de esa manera y jalone ese estilo de opinión en un país ya tan violento y dividido”.</p>



<p>Yo solo hablo de lo que leo. “De mis enfermedades mentales hablaré ampliamente más adelante”, señala Zuleta Lleras en su libro <em>Más allá de la familia presidencial</em>. Y en la página 117 hace público su Trastorno Obsesivo Compulsivo, TOC: <em>“Como ya he contado, debo rigurosamente ir donde el psiquiatra, pues he sido diagnosticado con una depresión crónica severa, que me obliga a tomar antidepresivos todos los días”, </em>confesó.</p>



<p><a href="https://caracol.com.co/2025/03/21/federico-gutierrez-aseguro-que-el-presidente-gustavo-petro-no-es-normal">“Petro no es normal”,</a> afirmó el alcalde de Medellín. “El presidente de la República debería estar acá, pero <strong>no estamos en circunstancias normales, ni él es normal</strong>”, dijo Fico Gutiérrez ante empresarios antioqueños.</p>



<p>O nos calmamos o nos vamos todos de psiquiatra, que tampoco es buena idea porque en las EPS no hay agenda.</p>



<p>Si quienes juzgan al presidente saben algo que los demás no sepamos, y que sea grave de toda gravedad, deberían anexar las pruebas en lugar de alimentar especulaciones.</p>



<p>El presidente parece inmune a las ofensas de sus críticos. Sin embargo, cuando le pican la lengua, se la encuentran, y peca de ligerezas como sus detractores. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>“Estos orangutanes de la codicia se están tumbando el billete y están saboteando al Gobierno”, dijo en el último consejo de ministros (25 de marzo), para defender su gestión en medio de la crisis del sector salud.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">🗣️<a href="https://twitter.com/hashtag/Lo%C3%9Altimo?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#LoÚltimo</a> | &quot;Estos orangutanes de la codicia se están tumbando el billete y están saboteando al Gobierno&quot;: Petro sobre la crisis en el servicio del sistema de salud <br><br>📺Véanos por 👉 Claro 465, DirecTv 147, Movistar 416 y ETB 254 <a href="https://t.co/c8y7asK628">pic.twitter.com/c8y7asK628</a></p>&mdash; CABLENOTICIAS (@CABLENOTICIAS) <a href="https://twitter.com/CABLENOTICIAS/status/1904654528185532664?ref_src=twsrc%5Etfw">March 25, 2025</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>En el país virtual ha muerto el diálogo civilizado y en el país político también.</strong></h2>



<p>Es un país de locos, dirán afuera. Es un hecho que estamos perdiendo la cordura y la compostura. El que aplaude por aquí es el mismo que escupe por allá, dependiendo de su credo ideológico. Se es petrista o se es antipetrista, pero no hay medias tintas posibles. Se está con el gobierno o se está contra el gobierno. Se está del lado de la ilusión de un cambio o se está a favor de que todo siga como era antes.</p>



<p>En eso consiste el cuento de la polarización, raíz verdadera de nuestros males: creer que la razón la tengo yo y el otro está equivocado. Siempre ha sido así, pero ahora esa realidad es más evidente, acaso más escandalosa, porque de por medio están las redes sociales donde batallan el bien (nuestras opiniones sesgadas) y el mal (las opiniones sesgadas de los demás).</p>



<p>Con la misma velocidad, se difunden las columnas de opinión o los trinos que defienden al presidente y su gestión, por la razón que sea, que aquellas que lo crucifican, por la razón que sea.</p>



<p>Así, el algoritmo está moldeando nuestra <em>psique</em>, casi que obligándonos a polemizar sobre cualquier cosa para hacer parte de este nuevo orden que, en el fondo, es el mismo desorden de siempre, el reino del desmadre, el ruido mediático que nos nubla la razón. Y sin razón, dígame usted: ¿Qué país avanza?</p>



<p>El <em>homo politicus</em> sigue decidiendo por todos nosotros y la única buena noticia es que ya no nos hacemos matar por ninguno de ellos. Aguardemos la esperanza de que un día el <em>homo colombianus</em> se comporte como <em>homo sapiens</em>. Y no se ofendan, que ofendidos ya veníamos desde antes de esta columna.</p>



<p>Tenemos que domesticar el ímpetu. Porque la rabia solo da tiempo para oponerse a todo. Opinamos sobre lo que no leemos. Disentimos desde el enojo que nos genera un titular de prensa y el titulador lo hace adrede. En el país virtual ha muerto el diálogo civilizado (al parecer) y en el Congreso de la República ha muerto el diálogo político civilizado (al parecer). Muerto el diálogo, nos queda la ira y, sin una vacuna probable, ahora hay que ingeniárselas para ver si somos capaces de sobrevivir a esta bronca que, con invierno de por medio, amenaza con volverse bronquitis crónica. &nbsp;</p>



<p>Si no nos tomamos en serio el país, y hacemos de la frase “cada loco con su tema” un chiste, llegará el día en que no habrá espacio en las instituciones psiquiátricas. Y no es un decir. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Hablan los especialistas</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/29170050/A-LOCURA-PSIQUIATRAS-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-113756" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/29170050/A-LOCURA-PSIQUIATRAS-1024x576.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/29170050/A-LOCURA-PSIQUIATRAS-300x169.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/29170050/A-LOCURA-PSIQUIATRAS-768x432.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/29170050/A-LOCURA-PSIQUIATRAS-1536x864.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/29170050/A-LOCURA-PSIQUIATRAS.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Carlos Andrés Londoño M., médico psiquiatra y Ana María Salazar, psicóloga.</em></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>“El lenguaje negativo profundiza el estigma hacia los pacientes que padecen enfermedades mentales”</strong>: <em>Carlos Andrés Londoño M., médico psiquiatra (ejerce en área clínica y neuropolítica)</em></li>
</ul>



<p>Cierto lenguaje, generado ante la opinión pública, sobre la salud mental particular de alguna persona, por parte de no especialistas en el tema, podría conllevar a la elucubración. <strong>Para llegar a una impresión diagnóstica es pertinente una valoración por un médico psiquiatra o psicólogo</strong>; o en algunos casos por un galeno de especialidades afines. Un diagnóstico se fundamenta en un análisis integral, que incorpora aspectos biográficos, clínicos- semiológicos, en un contexto científico-académico, en una consulta especializada, que requiere además, un examen mental.</p>



<p>Como sociedad, podríamos llegar a una suerte de “sesgo colectivo“, en el cual intervienen, entre otros, la carga afectiva, juicios de valor y transmisión cultural. Algunos términos (no técnicos), o adjetivos con connotación negativa, usados para referirse a condiciones de salud mental, podrían considerarse despectivos, y contribuir al estigma de los pacientes que padecen enfermedades mentales; reforzando los prejuicios, estereotipos negativos y creencias erróneas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<ul class="wp-block-list">
<li><strong>“Mensajes negativos aumentan la hostilidad social”</strong>: Ana María Salazar, psicóloga de la Universidad El Bosque.</li>
</ul>
</blockquote>



<p>Debemos entender que el lenguaje estereotipado de figuras públicas no es un tema meramente político o social, sino una cuestión de salud mental colectiva<strong>. </strong>Sabemos que la exposición constante a mensajes negativos llenos de prejuicios tiene un impacto muy fuerte social y puede llevar a una desesperanza aprendida y a falsas creencias colectivas, generando apatía o depresión además de aumentar la hostilidad social.</p>



<p>La pregunta clave para mí sería: ¿cómo estamos percibiendo como sociedad a la salud mental? ¿Que entendemos por salud mental? ¿Cómo estamos construyendo esta definición?, ¿por qué usamos rótulos de enfermedad mental cómo una forma de etiquetamiento negativo que presume ridiculizar o construir la imagen de alguien cómo incompetente?, ¿es realmente eso lo que pensamos de la enfermedad mental?&nbsp; &nbsp;</p>



<p>Este tipo de lenguaje muestra que cómo sociedad nos queda un largo camino por recorrer en la interiorización de un pensamiento crítico para deconstruir estereotipos relacionados con la enfermedad mental. <strong>Los medios de comunicación, las plataformas y las figuras públicas deben responsabilizarse por difundir discursos dañinos que promuevan los estigmas hacia la salud mental en la sociedad entera.</strong></p>



<p>El estigma hacia la salud mental está profundamente arraigado en el lenguaje cotidiano, tanto que la OMS (2021) describe que el 90% de las personas con trastornos mentales en países de ingresos bajos/medios no reciben tratamiento, en parte por estigma institucional.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113751</guid>
        <pubDate>Sun, 30 Mar 2025 12:55:28 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/30073508/A-LOCURA-PETRO-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Por qué ellos dicen que el presidente está loco?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Carolina Sanín contra Gustavo Petro</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/carolina-sanin-contra-gustavo-petro/</link>
        <description><![CDATA[<p>La escritora y profesora de literatura irrumpe en los terrenos de la política y la psiquiatría. ¿Con quién se está juntando la bogotana que está hablando tan feo? Una crítica constructiva a la señora crítica.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imágenes: tomadas de la cuenta del presidente en X y  YouTube.</em></p>



<p>La escritora cachaca se metió con el presidente costeño. </p>



<p>Dice Carolina Sanín que mientras los demás asistíamos en vivo y en directo a un consejo de ministros, ella asistió en diferido a la misa negra de Gustavo Petro. Y como uno a las misas va es a criticar, ella se despachó en revista <em>Cambio </em>con lo que vio y hasta con lo que no vio, pero lo supuso o lo imaginó; para eso es escritora.</p>



<p>Y como buena escritora, tiene la habilidad de envolver dulcemente a la audiencia por medio de la lengua o el lenguaje, es probable que muchos de sus seguidores no la entiendan, pero a un antipetrista le debió sonar bonito cada cosa que dijo.</p>



<p>Picada por el bichito de la política en su rol de crítica literaria, la escritora la emprendió contra el presidente en su último monólogo y, de manera tangencial, contra Vicky Dávila y Laura Sarabia.</p>



<h2 class="wp-block-heading"></h2>



<p>La palabreria que le crítica a Petro es la misma palabreria a la que ella acude sin resolver nada de fondo. Les resumiré los 36 minutos para evitarles la fatiga de verla.</p>



<p>Refiriéndose al consejo de ministros y al mandatario usó las siguientes expresiones: <em>“Exhibición obscena del delirio”, “tortura auditiva”, &#8220;algo satánico&#8221;, “misa negra”, “teatro del absurdo”, &#8220;película de terror&#8221;. &#8220;sadomasoquismo con muchos tonos sexuales”, “morbo televisado”,&#8221;Petro daba miedo&#8221; &#8220;alguien sin alma&#8217;. &#8220;crimen a la hospitalidad&#8221;, <strong>&#8220;la persona que está a la cabeza del Estado está loca&#8221;,</strong> &#8220;la enajenación del loco&#8221; </em>(y aquí trató de orate también a Vicky Dávila);<em> &#8220;un adefesio&#8217;, <strong>&#8220;un abusador sexual&#8221;,</strong> <strong>“deseo de sodomizar a hombres&#8221;,</strong> &#8220;manifestación de un deseo reprimido de penetrar a hombres en la violencia de su monólogo”, (&#8230;) hasta hacerlos decir como dijo Gustavo Bolívar ´yo a usted lo amo, presidente´”; &#8220;Marqués de Sade”, “un sacrilegio”, <strong>“palabras sin significado”,</strong> “la puesta en escena del puro resentimiento&nbsp; social&#8221;, <strong>“sancocho de mierda”, “excrementos con vómitos”.</strong></em></p>



<p></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>No solo de pan, también de palabreria viven ciertos escritores&#8230; </strong></h2>



<p>En especial, las dos últimas oraciones constituyen una forma poco seria de argumentar. La oradora que habla y escribe con floridez se tira todo al final; queriendo ser castiza, rebaja el discurso dentro su propio show. Ah, pero es que no solo de pan, también de palabrería viven ciertos escritores, máxime en estos tiempos en que las diatribas, rebajadas como a la leche, las rinden con el lenguaje de la rabia.</p>



<p>Creo, sinceramente, y con falso respeto, que leer literatura está afectando el estilo refinado de Carolina Sanín. ¿Qué es lo que está leyendo o con quién se está juntando para que ahora hable tan pobremente, tan vulgar, tan del montón?</p>



<p>Todos estamos hablando y escribiendo desde la bronca. Al sugerir con facilismo que al presidente lo habita la locura, Hitler le quedó en pañales a Petro, como si el mundo no estuviera plagado, ayer como hoy, de gobernantes realmente dementes que llevan sus delirios a extremos infernales.&nbsp;Carolina: ¿Te suenan los apellidos Netanyahu o Putin?</p>



<p>Oyéndola entre líneas, y asumiendo que la gente quedó de psiquiátrico luego del consejo de ministros, como lo dio a entender exageradamente, considero que lo que tiene a tanta gente intranquila –ella incluida, por supuesto-, es el hecho de que un país se vea retratado en eso que cada cual critica desde los pedestales de la “superioridad moral”.</p>



<p>Ahí, en esa amplía habitación de Palacio, estaban reflejadas nuestras propias vergüenzas, debilidades y comportamientos. Lo que callamos o lo que gritamos. En ese cuarto unos le protestaban al presidente –las mujeres especialmente-, mientras otros callaban.</p>



<p>Los ministros del gabinete se convirtieron en ese espejo en el que, inconscientemente, nos podemos ver, porque fíjese usted que gente de la Derecha salió en defensa de algunos exfuncionarios de la Casa de Nariño, no necesariamente Benedetti o Sarabia, tan cercanos a ellos ideológicamente.</p>



<p>Lo que vimos fue nuestra muy colombiana manera de descalificar a otros o nuestra forma de defendernos de los demás: en la casa, en la escuela, en la oficina, en la calle, en las redes sociales&#8230; Preguntémonos qué somos cada uno de puertas hacia adentro y si aguantaremos la transmisión en vivo de nuestra intimidad. Yo creo que no. Eso únicamente lo hacían las <em>Kardashian, </em>&nbsp;y por muchos fajos de los verdes. O aquellos famosos criollos que por unos pesitos se someten a los <em>realities</em> para que los demás los conviertan en ropa de trabajo, y luego queden con la autoestima por el suelo; ellos sí de psiquiátrico, aunque todo sea producto de un libreto. &nbsp;</p>



<p>Nos aterramos de lo que vimos por televisión el 4 de febrero, pero no nos ofende el espectáculo que ofrecen senadores y representantes en el Congreso de la República. Los hemos visto celebrar en vivo y en directo el hundimiento de reformas sociales o transmitiendo por redes sociales hechos ofensivos, como aquel día que Miguel Polo Polo se burló de las madres de Soacha al tirar a la basura las botas intervenidas artísticamente para honrar a las víctimas de los falsos positivos.</p>



<p>Mostrarnos como no somos es parte del juego de la doble moral (las caretas que cada cual usa para sobrevivir, <em>yo digo tal cosa o defiendo esta otra, pero al mismo tiempo hago lo contrario</em>), y más en esta época en que las redes sociales inventaron los filtros, porque no nos basta con nuestra esencia. Mejor si la maquillamos un poco aquí y otro poco allá para agradar más. Las mentiras que nos decimos son necesarias para satisfacer a una sociedad hipocrática, empezando por nuestra propia hipocresía.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La escritora bogotana posa de ser la perfección con piernas para pisar con ellas al que le da la gana. </strong></h2>



<p>Carolina Sanín habló como <em>ñera</em> (y aquí me disculpo con los habitantes de la calle), para burlarse de Laura Sarabia. Con su inocultable clasismo, <em>pordebajeó</em> a otra mujer en cuestión de segundos, y prosiguió con su retahíla como si nada.</p>



<p>La escritora bogotana posa de ser la perfección con piernas para pisar con ellas al que le da la gana. Pura verborrea todo ese&nbsp;monólogo último. Para llenar tiempo, hasta se mofó de la ese (s) final y alargada que usa el presidente, otorgándole significados absurdos, como si las muletillas fueran el gran pecado, y no algo tan humano como las babas. No el chorro de babas de algunos. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Aceptemos que buena parte de lo que se escribe corresponde a la esfera de las especulaciones. Y no se nos olvide, esto si es real, que Gustavo Petro llegó donde la inmensa mayoría de nosotros no ha llegado ni llegará jamás, así que él ya puede morir en paz, mientras una fila larga de gente compite hoy por ese sueño. Los demás debemos contentarnos con usar el hierro candente de la palabra (la frase es de Stefan Zweig) para juzgar y condenar.</p>



<p>Carolina,&nbsp;no escuches más al presidente porque de pronto terminas en un manicomio. Basta con que te escuches a ti, pues al fin de cuentas vives dentro de un monólogo. No me consta si dentro de una burbuja también.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=111552</guid>
        <pubDate>Thu, 13 Feb 2025 14:50:43 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/13094055/A-SANIN-PETRO.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Carolina Sanín contra Gustavo Petro]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Le ofende que le digan cucha o cucho?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/le-ofende-que-le-digan-cucha-o-cucho/</link>
        <description><![CDATA[<p>Primero borraron personas y luego borraron murales para negar la verdad. En el entretanto, algunos se ofenden por el uso de la palabra “cucha” y actúan como &#8220;policía del lenguaje&#8221;.  Para no escribir sandeces, hurgué en los diccionarios de “colombianismos” y “americanismos”. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5428dca715b5cd2cadc6a9f768aab412">—“Las cuchas tienen razón”.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-d6ffbc006e402eafe84c3a4b3be85863">—“Voy para donde mi cucha”.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-c917f75c10bf83fc17f2865f230b36c7">—“Mi cucho está enfermo”</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-80c58cbe3c67a5d5da06f095cd898a5c">—“Se murió mi cucha”.</p>



<p>Mucho le debe el diccionario al imaginario popular y a los modos en que habla la gente en la calle en cada época. Las palabras nacen de los mismos seres humanos y es su uso cotidiano lo que les otorga un sentido. Están ahí para usarse aunque a algunos les ofenda. El lenguaje es rasgo y testimonio de lo que somos, de nuestra identidad.</p>



<p>Crecí en una barriada donde todavía muchos jóvenes llaman <em>cucha</em> a la mamá y <em>cucho </em>al papá. Allá me eduqué en un colegio del Distrito que lleva el nombre de una de las miles de víctimas de la violencia de este país: <em>Rodrigo Lara Bonilla</em>. En ausencia de los profesores, hacíamos relajo (<em>recocha</em>) en vez de estudiar, pero teníamos un espía atento: —<em>Truchas que viene la cucha, </em>gritaba aquél. Y en cuestión de segundos estábamos, cual angelitos, sentados en los pupitres, de cabeza en los cuadernos.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-fcf7ade4750e489838fb617b370d2a18">En la novela <em>“La mujer que debía morir el sábado por la tarde”</em>, publicada en 2023 y basada en hechos reales ocurridos en Bogotá, se lee la siguiente frase en la página 121: <em>“Cucha, voy a donde mi novia y no me demoro”, dicen que le dijo a la mamá, pero su cuerpo apareció a la orilla del río Tunjuelo. Su familia lo reconoció en la morgue.</em></p>



<p>El país se ha visto inmerso en una discusión en torno a la palabra cucha, por cuenta del mural que ordenó borrar la alcaldía de Medellín, pisoteando el dolor de las madres que siguen buscando a sus hijos desaparecidos, entre ellas Margarita Restrepo, que lleva 22 años tras el rastro de su hija Carol Vanessa, según <a href="https://www.elespectador.com/colombia/medellin/quien-es-la-mujer-que-aparece-en-el-mural-las-cuchas-tenian-razon-en-medellin">este artículo</a> de <strong>El Espectador</strong>.</p>



<p>La <a href="https://www.elespectador.com/colombia/medellin/polemica-por-grafitis-en-medellin-personeria-investigara-a-la-alcaldia-por-eliminarlos">Personería de Medellín</a> anunció que investigará a los funcionarios que ordenaron esta afrenta contra la memoria histórica. Ojalá sea cierto.</p>



<p>En las redes sociales la gente se manifestó indignada contra el periodista Néstor Morales por insinuar que los propios familiares podrían haber llevado los restos óseos de las víctimas a la fosa común de La Escombrera.</p>



<p>Días después, a través de un estremecedor relato, el portal <a href="https://voragine.co/historias/investigacion/las-confesiones-que-conectan-la-operacion-orion-con-el-horror-de-la-escombrera/">Vorágine</a> desenterró la verdad: <em>“Las confesiones que conectan la operación Orión con el horror de La Escombrera”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-85d6de60f1a2f08ecf5ee0a1465eba3c">“… subían a la víctima a lo más alto de la montaña, allá donde ya no había ni una sola casa y comenzaba un sinuoso terreno escarpado atestado de basura, arena y materiales de construcción.&nbsp;Con el cielo como único testigo, abrían un hueco en la tierra y ajusticiaban al señalado. Así lo hicieron una, y otra, y otra, y otra vez.&nbsp;(…) <em>Los ponían en las volquetas que subían con escombros, y allá los arrojaban. También los llevaban a que ellos mismos abrieran su fosa y ahí los metían.&nbsp;(…) “la incursión militar que se ejecutó entre el 15 y el 16 de octubre dejó como resultado 80 civiles heridos, 17 homicidios cometidos por la fuerza pública, 71 personas asesinadas por los paramilitares, 12 personas torturadas, 370 detenciones arbitrarias, 6 desapariciones forzadas registradas durante la operación y más de 100 en los días y meses posteriores”.&nbsp;</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-voragine wp-block-embed-voragine"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="am4KYxL3lq"><a href="https://voragine.co/historias/investigacion/las-confesiones-que-conectan-la-operacion-orion-con-el-horror-de-la-escombrera/">Las confesiones que conectan la operación Orión con el horror de La Escombrera</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Las confesiones que conectan la operación Orión con el horror de La Escombrera&#8221; &#8212; Voragine" src="https://voragine.co/historias/investigacion/las-confesiones-que-conectan-la-operacion-orion-con-el-horror-de-la-escombrera/embed/#?secret=iZpy95ZzVe#?secret=am4KYxL3lq" data-secret="am4KYxL3lq" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>La indignación aumentó, el mural fue pintado de nuevo y, como no hay mal que por bien no venga, en otras ciudades se hizo lo mismo: Incluso, apareció un nuevo grafiti: <em>“Mientras los medios sigan mintiendo, las paredes seguirán hablando”. </em>Un confidencial de <strong>El Espectador</strong> reveló que el diario japonés Nikkei Shinbum <em>“mandará a Colombia un equipo para hacer un reportaje sobre el grafiti, empezando en Bogotá”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="zxx" dir="ltr"><a href="https://t.co/4Jd9NahBVR">pic.twitter.com/4Jd9NahBVR</a></p>&mdash; Derli López (@derlilopeza) <a href="https://twitter.com/derlilopeza/status/1880988864371892426?ref_src=twsrc%5Etfw">January 19, 2025</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
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<p>Dos escritores pusieron más sal en la herida.</p>



<p>Gustavo Álvarez Gardeazábal, de quien tengo un mejor concepto como autor, escribió lo siguiente en Las 2 Orillas: <em>“El grafiti es <strong>estéticamente horroroso </strong>y <strong>las cuchas de Fico son imitación de las abuelas de Plaza de Mayo</strong> en Buenos Aires, pero eso no importa. <strong>La sorda batalla por inculpar a Uribe y a la sociedad antioqueña de haber permitido lo que sucedió, vuelve a las cuchas en su dolor unas piltrafas usables</strong> y se lleva por delante armonías y esperanzas, dando paso otra vez al espíritu de la venganza que ha regido siempre en nuestra patria”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-las-2-orillas wp-block-embed-las-2-orillas"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="mJtZU48xP2"><a href="https://www.las2orillas.co/las-cuchas-de-fico/">Las cuchas de Fico</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="«Las cuchas de Fico» — Las2orillas" src="https://www.las2orillas.co/las-cuchas-de-fico/embed/#?secret=wF6qQl3UBC#?secret=mJtZU48xP2" data-secret="mJtZU48xP2" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p>¡Cuántas imprecisiones, -pero sobre todo cuánta mala leche- en un solo párrafo! Señor Gardis, no son <em>“las cuchas de Fico”, </em>ni son piltrafas<em>.</em> Son las madres que décadas después siguen llorando a sus hijos desaparecidos por la fuerza. Que sea estéticamente horroroso es una opinión más en un mundo donde para gustos los colores.</p>



<p>Decir que son una imitación de las madres de la Plaza de Mayo es burlarse de su humanidad y de su tragedia, es insinuar que el dolor de las madres argentinas es legítimo ante los crímenes cometidos por la dictadura de Videla en los años 80, y en cambio el dolor de las madres colombianas es un remedo, como si las lágrimas de ellas y la sangre de colombianos inocentes no tuvieran valor alguno. Y sí, lo reconozco: no lo tienen porque por algo andamos en estas. Nada hemos aprendido, salvo a matarnos. &nbsp;</p>



<p>Luego señala Álvarez Gardeazábal: <em>“Si existe una gran parte de antioqueños que <strong>solo desean perdón y olvido</strong> sobre el pasado sangriento que montaron narcos y militares, hay otros que <strong>le siguen echando toda la culpa a Uribe por haber encabezado la batalla contra el avance de las guerrillas”.</strong></em></p>



<p>Es una lástima que un escritor de su talla, que en el pasado denunció la sinrazón del poder en su novela <em>Cóndores no entierran todos los días</em>, use ahora su pluma para denigrar de mujeres indefensas, que lo único que encontraron fue una pared para gritar su sufrimiento, pues no tienen el privilegio de ser recibidas en tertulia como los poderosos de este país, en una hacienda y al calor de unos güisquis.</p>



<p>Se equivoca al invocar el perdón y el olvido. Es lo que quieren los negacionistas. Porque lo que llaman censura es en realidad negacionismo. Las cosas por su nombre.</p>



<p>Si el escritor vallecaucano releyera su propia obra, recordaría que las guerrillas colombianas también deben su génesis a dos partidos políticos colombianos: Liberal y Conservador (<em>Cachiporros</em> o <em>chusmeros</em>, <em>Chulavitas</em> y <em>Pájaros </em>corresponden a la Violencia bipartidista de los años 40 y 50), y tal vez se ahorraría las barbaridades que ahora dice. </p>



<p>Añade una ofensa más a las madres en aras de congraciarse con su amigo expresidente. Exculparlo es asumir el papel de juez que absuelve a las carreras sin esperar a que las investigaciones determinen hasta dónde llega la responsabilidad de la Operación Orión, la cual se realizó bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, en 2002.</p>



<p>Bien dicen por ahí: con los años no nos hacemos más sabios; simplemente nos hacemos más viejos (más cuchos si quieren), despojados de razón y de memoria.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-48a77e2872419cd3fa7993498a8886af">Ramiro Bejarano, el columnista de <strong>El Espectador</strong>, escribió: <em>“La decisión imbécil, por decir lo menos del alcalde de Medellín de borrar el grafiti ´Las cuchas tienen razón´, dizque porque afeaba la ciudad, revela un talante censurador. Lo que afeó la ciudad fue la toma criminal de la Comuna 13 y las desapariciones en La Escombrera, de lo cual nunca se ha dolido el alcalde Gutiérrez. Lo que dejó claro el mandatario es que en su terruño está prohibido hablar mal o siquiera incomodar a Álvaro Uribe”.</em></p>



<p>A Carolina Sanín, la escritora bogotana, no le gustó ni cinco la palabra <em>cuchas</em>. Trató a los grafiteros de incapaces por no escribir mujeres en vez de cuchas. Y en su habitual estilo provocador, metió al baile a otro colectivo que nada tiene que ver con el asunto: <em>“Me pregunto si dirían ´los maricones´ para referirse a hombres homosexuales ´cariñosamente´”,</em> trinó.</p>



<p>Luego posteó:</p>



<p><em>“Los varoncitos furiosos porque una mujer les dice cómo no queremos que nos llamen. Nada nuevo bajo el sol: el complejo de castración de siempre”.</em></p>



<p>Después insistió: <em>“Las mujeres no nos llamamos “cuchas” entre nosotras”.</em></p>



<p>Y siguió posteando:</p>



<p><em>“¿Han visto la cretinada de los que justifican el uso de «cucha» diciendo que viene del muisca? «Puta» viene del latín y también critico que le digan a una mujer «puta». Y «cariñosamente» también es criticable. Piensen antes de creer que argumentan, mentecatos”.</em></p>



<p>A Sanín se le olvida que no todo el país vive en una burbuja con los privilegios de la gente bien hablada. Incluso, muchos deben hablar en inglés británico perfecto, que -dicen las buenas lenguas-, es “el inglés más puro”. <em>“Las womans tienen razón”.</em> Estamos por llegar a eso, en el afán de renegar hasta de nuestras raíces. Es una lástima que no repartieron sangre azul para todos. &nbsp;</p>



<p>Para la gente sin pedigrí la mamá es la <em>cucha</em> y la abuela es la <em>cuchita</em>. El papá el <em>cucho </em>y el abuelo el <em>cuchito</em>. Se dice con amor. Incluso, con el amor genuino hacia la cucha que crio a sus hijos en medio de la pobreza, muchas veces sola, en lugar de dejarle esa tarea a la empleada del servicio, porque -¡ah caramba!- muchas de ellas siguen siendo hasta la vejez la empleada del servicio en casas de gente acomodada. El pobre, con menos educación, demuestra su afecto con lo que tiene, y sabiendo que no son dueños de nada, se expresan con las palabras. Sería el colmo que también eso se les quiera arrebatar, aparte de la vida.</p>



<p>Otra vez se nos sale el clasismo queriendo parecer políticamente correctos. Muchas expresiones de los sectores populares, especialmente de las comunas de Medellín, Cali o Bogotá, como <em>parce</em> y <em>gonorrea</em>, por inmundas que nos parezcan, se han vuelto comunes en la jerga latinoamericana. Se lo debemos a la música, al cine y la literatura. Si de aplicar la corrección se trata, tocaría cancelar a Juanes, películas de Víctor Gaviria y novelas de Fernando Vallejo como “<em>La virgen de los sicarios”</em>, pues cada uno de ellos, a su manera, elevó a la categoría de arte la cultura popular, más no son los únicos. En Medellín lo llaman <a href="https://www.elcolombiano.com/cultura/el-parlache-se-habla-ahora-en-cualquier-parche-MF7214871"><em>“parlanche”</em></a> y tiene diccionario propio. </p>



<p>Para no escribir sandeces, me fui hasta la <em>Biblioteca Luis Ángel Arango</em>, aquí en Bogotá. Según el diccionario de “Colombianismos” del padre Julio Tobón Betancourt, la palabra cucho (cucha) es de origen <em>quichua </em>(quechua, voz amerindia que se habla en los Andes centrales de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina), y uno de sus significados es <em>“Viejo, voz de cariño”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="400" height="240" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21190918/A-DICCIONARIO-2.jpg" alt="" class="wp-image-110620" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21190918/A-DICCIONARIO-2.jpg 400w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21190918/A-DICCIONARIO-2-300x180.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p>No encontré pruebas de que cucha en muisca signifique <em>“Mujer más bella que el arco iris”,</em> como desinforman algunos en las redes sociales.</p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-c53245893729d641c68289ff22d82c77">No conforme, consulté el <a href="https://www.asale.org/damer/cucho">Diccionario de Americanismos</a><strong>, </strong>disponible en la página web de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Corrobora lo anterior y amplía las definiciones: 1. Viejo, anciano, catano. 2. Profesor que enseña en colegios y universidades. 3. <em>Referido a persona</em>, guapetona, bien parecida.</p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-cc2bb07835e33f2694bcc2dc3038b0ff">En el libro <em>&#8220;Bogotálogo: usos, desusos y abusos del español hablado en Bogotá&#8221;</em>, escrito por Andrés Ospina para Alcaldía Bogotá en 2011, la palabra <em>cucha </em>tiene tres definiciones: 1. Anciana. 2. Maestra, por lo general en un plantel de educación media vocacional. 3. Progenitora. Una variedad del término es la palabra <em>Cuchacha</em>: &#8220;Híbrido entre dama de avanzada edad y jovencita. Cucha y muchacha a la vez&#8221;. </p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-835e8ad3e923dc3282355ed5ad9b1de9">En la presentación del <a href="https://andresospina.com/prensa/Bogotalogo-Version-Digital.pdf">&#8220;Bogotálogo&#8221;</a> se lee: <em>&#8220;&#8230;no es necesariamente un documento para eruditos ni para especialistas, lo cual confirma la intención de democratizar el acceso al conocimiento y de no privilegiar los saberes cultos en el sentido tradicional de la expresión&#8221;.</em></p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-2076a60c8c4080d4e25813714fee6320">Queremos dar cátedra de lenguaje refinado negando que esta es una nación pluriétnica y multicultural, así protegida por la Constitución del 91 en su artículo 7º. Por lo tanto, no deja de ser curioso que una escritora acuda a la corrección para ponerle candado a la lengua.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-9f6fe577f77be0df2636a12e35cb75c6"><strong>“El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana”</strong></p>



<p>Estoy por creer que más pronto que tarde la palabra <em>Cucha</em> entrará por la puerta grande del diccionario de la Real Academia Española, por cuenta de este episodio, que nos recuerda que Colombia es más que sus apellidos ilustres, menos mal. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Usar la palabra <em>cuchas </em>en este contexto no debería ser una ofensa para nadie. Es un homenaje a la persistencia de las buscadoras. No censuremos a los jóvenes por cómo se expresan; más bien pongamos el grito en el cielo para que se les respete la vida&nbsp;y ninguna madre tenga que seguir paseándose con su duelo eterno en busca de una justicia retardada.</p>



<p>Ah, una infidencia: mi cucha se llama Miriam. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="631" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-1024x631.jpg" alt="" class="wp-image-110605" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-1024x631.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-300x185.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-768x473.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2.jpg 1440w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110598</guid>
        <pubDate>Wed, 22 Jan 2025 12:00:05 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184256/A-CUCHAS.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Le ofende que le digan cucha o cucho?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Es Carolina Sanín la Lisa Simpson de la literatura colombiana?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/es-carolina-sanin-la-lisa-simpson-de-la-literatura-colombiana/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Eres tú, Carolina Simpson? Respuesta cortés a la crítica que hizo la escritora bogotana sobre la serie &#8220;Cien años de soledad&#8221;, de Netflix. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-large-font-size"><strong>Gabo se anticipó y descifró a Colombia mejor que muchos en este país.</strong></p>



<p><em>“Me pareció realmente una porquería”. “Mierda de perro que estás haciendo pasar por oro”.</em></p>



<p>Palabras mayores. Son de Carolina Sanín hablando de&nbsp;<em>“Cien años de soledad”</em>, la serie, no el libro, del que es una adoradora, como yo.</p>



<p>Carolina Sanín vio apenas dos episodios (son 8) de <em>“Cien años de soledad”</em> y eso le bastó para derramar toda su inquina contra la serie de Netflix. Se repite en la escritora bogotana el pecado del colombiano promedio que juzga el contenido de un artículo habiendo leído nada más que el titular.</p>



<p>Como espectadora estaba en todo su derecho de no ver los seis capítulos restantes de la primera temporada, de la misma forma que nadie está obligado a terminar de leer un libro si lo defraudan los primeros párrafos. </p>



<p>Pero en su rol de crítica literaria, alguien con autoridad y formación, se le imponía la obligación (¿deber ser?) de ver la serie completa si el objetivo era hacer un análisis responsable, juicioso. (Carolina: la producción tiene dos directores. Del capítulo 4 al 6 dirige la colombiana Laura Mora; lo poquísimo que viste lo dirigió el argentino Alex García, como conté <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/yo-vi-lo-que-usted-no-vio-en-macondo/">aquí</a>).</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="U23eNTEcuD"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/yo-vi-lo-que-usted-no-vio-en-macondo/">Yo vi lo que usted no vio en Macondo</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Yo vi lo que usted no vio en Macondo&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/yo-vi-lo-que-usted-no-vio-en-macondo/embed/#?secret=PjSBJx3Zzt#?secret=U23eNTEcuD" data-secret="U23eNTEcuD" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>En líneas generales, concuerdo con ella en que hubo demasiada pereza a la hora de traducir el libro al lenguaje cinematográfico (las escenas de sexo, por ejemplo, que en el papel son poesía alucinante, en la pantalla se desperdician), pero los calificativos de Sanín son inapropiados. Hablar desde la rabia de alguna manera rebaja nuestra opinión.</p>



<p>No entendí la relación que quiso establecer, en términos audiovisuales, entre un gallo muerto y la flacidez de un falo. Para que una película sea como la obra misma, toca poner a un buen lector a que lea el libro en televisión. Ella lo haría maravillosamente, y hablo en serio. </p>



<p><em>“Esta porquería”.</em> <em>“Esta porquería”. “Esta porquería”.</em> Lo repite tres veces durante su <a href="https://www.youtube.com/watch?v=NkgUz_wzPoc">monólogo </a>para revista Cambio. Y al final, habiendo encontrado por fin otros sinónimos, se confiesa rabiosa por haber dedicado dos horas de sus vacaciones <em>“a ver esa basura”,</em> de la que no se salva ni el guion, (<em>“pésimamente escrito”</em>, dice); ni los actores y menos las luces.  <em>“Aburridísima, tediosa, imposible”. </em></p>



<p>Creo que no vimos la misma serie.</p>



<p>Lo que choca a sus detractores es el tonito de mamá que regaña, aunque esta vez lo hace dulzonamente. Nadie niega que sabe de lo que habla, aunque uno no siempre esté de acuerdo con ella, como cuando dice que&nbsp;<em>“Cien años de soledad”&nbsp;</em>no es una novela histórica. Yo digo que sí lo es (Mario Vargas Llosa dijo que es una novela de caballería <em>&#8220;con un sustrato real, histórico social&#8221;</em>); es el espejo, bellamente escrito, donde nos podemos ver como sociedad. </p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a9af64fd577d5df35e6c1ee62ee812a"><strong>&#8220;La historia de Colombia está dramatizada a través de dos acontecimientos históricos principales: la guerra de los Mil Días y la matanza de los jornaleros del banano que tuvo lugar en Ciénaga en 1928&#8221;, </strong>dice Gerald Martin, biógrafo de Gabo, en <em>&#8220;Una Vida&#8221;</em> (página 339). </p>



<p>¿O, acaso, no es cierto que las broncas entre liberales y conservadores explican muchos males pasados y presentes de esta patria? Una imagen poderosa es aquella en que los conservadores ordenan pintar de azul todas las casas de Macondo.</p>



<p>¿No es esa una forma de decir que en Colombia la política y los políticos se han impuesto muchas veces a las malas? Ya sea mediante el robo de elecciones, como cuando subió al poder, con trampa, Misael Pastrana; con decretos anti derechos humanos (caso del <em>Estatuto de Seguridad</em> de Turbay Ayala), o con articulitos metidos a la fuerza a la Constitución para favorecer la reelección de Álvaro Uribe. Creo que Gabo se anticipó y descifró a Colombia mejor que muchos en este país.<strong></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"></h2>



<p>No menos cierto es que sus posturas, las de Carolina Sanín, son las de una persona que quiere provocar para no pasar desapercibida. Lo hace adrede. Lo de jugar con su cabellera mientras habla también me parece provocador, además de sexi, casi lujurioso.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4-1024x576.jpeg" alt="" class="wp-image-110141" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4-1024x576.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4-300x169.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4-768x432.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4-1536x864.jpeg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Es nuestra Lisa Simpson, aquella niña de ocho años <em>“con gran inteligencia, curiosidad y ambición”.</em> De la familia Simpson <strong>es quien mayor conocimiento intelectual tiene, <em>“especialmente en temas académicos”</em>.</strong> Sobresaliente como estudiante, <em>“le encanta leer, escribir en un diario y hacer tareas escolares”</em>, aparte de ser una enamoradiza <em>“de los chicos que piensan como ella”.</em></p>



<p>La hermana de Bart es la chica bonita y pila de la que uno se hubiera enamorado fácilmente en el colegio. Casi puedo imaginar que a Carolina le han sobrado pretendientes, pues ese binomio belleza-inteligencia es un estímulo potente en una era de banalidades, aunque en este mundo machista muchos caballeros (no yo) las preferirían brutas, calladas y sumisas.</p>



<p>No puedo hablar sobre la personalidad de Carolina Sanín. Sobre la de Lisa me remito a lo que publicó el diario <a href="https://www.elmundo.es/album/f5/mira/2016/12/06/583835e0e2704e59308b45c2_3.html">El Mundo </a>de España, que define su personalidad como narcisista.</p>



<p><em>“La mediana de la familia Simpson siempre busca ser el centro de atención, ser superior a los demás (sobre todo a sus hermanos y compañeros del colegio) y no soporta la competencia. También está continuamente preocupada por el éxito ilimitado, por el poder, por ser la más brillante&#8230; Si no están convencidos de que Lisa tiene un trastorno narcisista o megalómano, revisen, por ejemplo, ese capítulo en el que todos creen que Maggie es superdotada, o cuando Lisa se convierte en presidenta de EEUU”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="531" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/11121528/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg" alt="" class="wp-image-110237" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/11121528/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/11121528/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD-169x300.jpg 169w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p>Decir que la serie produce <em>“daño espiritual”</em> a los lectores de la obra o reducirla a <em>&#8220;mezcla entre profesor Yarumo y telenovela&#8221;</em> me pareció exagerado. Sin embargo, aceptando que algo de melodrama tiene, es posible entonces que de manera póstuma guionistas y productores hayan cumplido uno de los sueños del maestro Gabriel García Márquez, a juzgar por esta frase suya que recoge el <a href="https://centrogabo.org/gabo/contemos-gabo/9-apuntes-de-gabriel-garcia-marquez-sobre-la-television">Centro Gabo</a>: </p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-60ec785f53a3df1455e1099534dd90da"><em><strong>“Siempre he querido escribir telenovelas. Es una maravilla. Llega a muchas más personas que un libro. Supón que un libro vende exageradamente un millón de ejemplares en un año. En una sola noche una telenovela puede llegar a cincuenta millones de hogares en un solo país. Entonces, para alguien como yo, que solo quiere que lo quieran por las cosas que hace, es mucho más eficaz una telenovela que una novela”</strong></em>: Gabriel García Márquez.</p>



<p>Las cifras demuestran el rotundo éxito de la serie (<a href="https://forbes.co/2024/12/16/actualidad/cien-anos-de-soledad-contribuyo-mas-de-225-mil-millones-de-pesos-colombianos-a-la-economia-del-pais">$225 mil millones </a>en ganancias para Colombia) y, quizás lo más importante, mucha gente apática hoy está acercándose, quizás por primera vez, a la obra de Gabo. <em>“Las ventas del libro &#8216;Cien años de soledad&#8217; han crecido 300% por el boom de la serie”,</em> tituló <a href="https://www.larepublica.co/ocio/las-ventas-del-libro-cien-anos-de-soledad-han-crecido-300-por-el-boom-de-la-serie-4024522#:~:text=En%20unidades%2C%20'Cien%20a%C3%B1os%20de,se%20han%20vendido%20300.000%20copias.">La República</a><strong>.</strong></p>



<p>Tampoco estoy de acuerdo cuando habla de los “<em>sentimientos parricidas”&nbsp;</em>de los hijos de Gabo. Que ellos estén sacando provecho de la herencia del papá es lo que cualquier hijo haría, ¿no?, porque bobos no son, y no encuentro nada reprochable en ello, aparte de la envidia, buena o mala, que los demás podamos sentir.</p>



<p>En este punto confieso que me encanta nuestra Carolina Simpson. O Lisa Sanín, como les guste más. Me encanta porque es ella con sus poses. Me encanta porque es estudiosa y hace crítica en una época en que la mayoría traga entero, y pocos escritores se arriesgan a decir lo que piensan: por lo general, se protegen entre ellos, alabándose mutuamente, recomendándose mutuamente, incluso cuando no hay motivo de recomendación (un buen tema para tocar próximamente). </p>



<p>Me encanta ella porque la imagino riéndose antes de encender la cámara del celular, sabiendo que del otro lado la mitad de la gente está lista a ensalzarla y la otra mitad dispuesta a llevarla en hombros&#8230; a la hoguera.</p>



<p>No voy a negar que me produce placer escucharla. Perdonen si parece una declaración de amor.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Alquimia al revés, monólogo de Carolina Sanín | CAMBIO" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/NkgUz_wzPoc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110118</guid>
        <pubDate>Sun, 19 Jan 2025 14:11:45 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/17081232/A-SANIN-MIA.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Es Carolina Sanín la Lisa Simpson de la literatura colombiana?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Irene Vallejo sobrevalorada?, ¿Carolina Sanín desatada?, ¿Yolanda Reyes envidiosa?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/irene-vallejo-sobrevalorada-carolina-sanin-desatada-yolanda-reyes-envidiosa/</link>
        <description><![CDATA[<p>Yolanda Reyes y Carolina Sanín fueron lapidadas en las redes sociales por pensar y decir lo que piensan sobre “El infinito en un junco” y la visita a Colombia de su autora, Irene Vallejo, con ocasión de la Feria del Libro de Bogotá. Qué bueno el duelo entre escritoras. Las ganas de leer están vivas.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p>Todo comenzó con la columna de Yolanda Reyes, publicada en El Tiempo (29 de abril de 2024), bajo el título <em>“El buenismo y la lectura”,</em> a la que se sumó Carolina Sanín desde su monólogo vía Youtube en la revista Cambio. &nbsp;</p>



<p>Dijo Yolanda:</p>



<p><em>“…el entusiasmo suscitado por ‘El infinito en un junco’ contrasta hoy con la carencia de espacios para la divulgación cultural (por no decir para la crítica literaria) en Colombia. Entre el discurso “buenista” que confiere a la lectura la responsabilidad salvadora de solucionar inequidades con la visita esporádica de alguna autora (“una palabra tuya bastará para sanarme”) y la precariedad de la pedagogía de la lectura y de las acciones culturales hay un abismo tan grande como las brechas de inequidad de este país, que se reflejan también (pero no solamente) en el ámbito simbólico”.</em></p>



<p>Intuyo que Reyes y Sanín quisieron decir, sin decirlo, que en Colombia hemos endiosado a Irene Vallejo, (¿acaso sobrevalorado <em>El infinito en un junco</em>?), pero no lo dijeron así quizás para no alborotar avisperos. El hecho concreto es que las escritoras bogotanas levantaron tremenda polvareda, lo cual aplaudo, porque a manera de grito han puesto sal en la herida sobre un tema urgente: los programas de fomento a la lectura en Colombia.&nbsp;</p>



<p>Las redes sociales le cayeron con todo su veneno a Yolanda Reyes. <em>“No te conozco pero pasaste del anonimato al desprestigio”,</em> dijo un tuitero, en tanto que otro preguntó <em>“¿por qué tanta mala leche con Vallejo?”,</em> y una persona más trinó con sarcasmo: <em>“¿y quién es usted, además de una envidiosa?</em></p>



<p>No es ninguna aparecida. Yolanda Reyes es una escritora y educadora con varias décadas en el trasegar libresco, dueña de una gran sensibilidad social y literaria, (tan licita como la sensibilidad social-literaria de Irene Vallejo), promotora de lectura y autora de varias obras leídas dentro y fuera de Colombia. Decir, como muchos dicen, que Irene Vallejo ha hecho más por la lectura que Yolanda Reyes es tremendamente injusto con la segunda, pues por más de 30 años ha liderado <em><a href="https://www.espantapajaros.com/">Espantapájaros</a></em><strong> </strong>(una apuesta alrededor del arte y la literatura en la primera infancia)<em> y </em>contribuido a la formulación de políticas públicas sobre estos temas.</p>



<p>A mi manera entiendo e interpreto la molestia de Yolanda Reyes. En primer lugar, porque no hay una apropiación de lo nuestro y fácilmente nos descresta lo foráneo; de eso culpemos a esa identidad-no identidad que nos atraviesa. ¡En qué mal concepto nos tenemos como nación! Valdría la pena reflexionar algún día sobre nuestra baja autoestima nacional. Para empezar, en la FilBogotá (¿por qué no llamarla así, con el nombre completo de la ciudad?), los niños deberían encontrarse con los personajes de Rafael Pombo, por decir algo, y no con Chucky o Mario Bross, los paseantes de Corferias, que nada tienen que ver con el universo literario.</p>



<p>En el caso específico de la literatura, hay un desconocimiento (¿acaso desprecio?) por autores colombianos que no son &#8220;superventas&#8221;, si es que el término aplica para Colombia, un país con tristísimos índices de lectura, (aunque vamos mejorando), donde poquísimos escritores se dan el lujo de decir que venden libros como vender pan caliente. Y me refiero casi que exclusivamente a Mario Mendoza, único colombiano al que su editorial, Planeta, le tiene stand propio en la feria, para la venta de su obra, incluidas las novelas gráficas y cómics, lo que no ocurre ni siquiera con Gabriel García Márquez, nuestro único Premio Nobel de Literatura, cuya obra es la memoria misma de este país. </p>



<p>Me parece válido unirse al reclamo de Yolanda Reyes para que&nbsp; abunden los escenarios donde se pueda, como dice ella, <em>“conversar sobre los libros (con o sin sus autores presentes), y tocarlos desde la primera infancia, y escribirlos y leerlos durante las ferias, pero, sobre todo antes y después, durante todo el año, en la escuela, en la biblioteca, en la casa y, ojalá en una librería…”.</em></p>



<p>Que nadie se moleste porque se diga que somos un país donde poco se lee, ni siquiera escribimos bien; la mala ortografía delata las falencias del sistema educativo, y esto no es de ahora. ¡Qué paradójico! Fuimos a la escuela a aprender a leer y escribir y después se nos olvidó que sabíamos leer y escribir. Estamos en deuda con tantos colombianos que hacen un trabajo silencioso para recordarnos que los libros no muerden. Nos falta entender que el desarrollo de competencias lectoras y literarias en los ciudadanos podría abrirnos la senda hacia un país posible.</p>



<p></p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3f0ce54ba2d281b6475f9f488480ed6e"><blockquote><p><strong><em>“Los libros se escriben para unir, por encima del propio aliento, a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido”:</em></strong> Stefan Zweig, citado por Irene Vallejo, en <em>“El infinito en un junco” </em>(página 394)</p></blockquote></figure>



<p>En su <a href="https://www.youtube.com/watch?v=el6hLg_mgMc">monólogo</a><strong> </strong>vía YouTube, Carolina Sanín habló sobre la devoción que suscita la escritora española y se refirió a la cuestión de la envidia:</p>



<p><em>“Es muy curioso que en un momento en que no hay espacio para la crítica literaria, y (&#8230;) no hay crítica literaria, tan pronto como surge una objeción o algún escepticismo sobre una obra se trate a la autora de la crítica de envidiosa. Y digo la autora porque muy curiosamente es una acusación que aflora cuando se trata de mujeres. Las mujeres si se critican unas a otras, son envidiosas; en cambio, un hombre podría criticar a otro y sería un crítico”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="El infinito en un junco y la sopa de la sopa: monólogo de Carolina Sanín | CAMBIO" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/el6hLg_mgMc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Cada vez que Carolina Sanín habla le escupen una ola de insultos en las redes sociales. Le suelen decir hasta de qué se va a morir (de celos, le dijeron, en este caso), y aunque no voy a amplificar aquí semejante patanería, si quiero llamar la atención sobre el hecho de que muchas de esas críticas provengan de otras mujeres.</p>



<p>La escritora María Cecilia Sánchez escribió en su muro de Facebook: <em>“Carolina Sanín agarró el libro El infinito en un junco, la visita de Irene Vallejo al Chocó y el discurso de inauguración de la FilBo y los despedazó, con tijeras y cortes chiquiticos, sí, con saña, fue destituyendo el valor de cada uno de los actos, palabras y creaciones de Irene Vallejo y cuando ya no le quedaba nada más, le dio un consejo a sus posibles espectadores: aprendan a leer”.</em></p>



<p>En contraste, <a href="https://www.youtube.com/@dianasierra9775">@dianasierra9775</a> aplaudió la valiente posición de Sanín. <em>“A mí me gustó mucho el libro de Irene, pero me gustaron todavía más tus observaciones. Hace poco leí el ensayo de Virginia Woolf ´¿Cómo se debe leer un libro?´ y creo que ese texto, acompañado de tu crítica, merecen seguir vigentes, y ojalá, mucho más difundidos en el público”.</em></p>



<p>Pocas veces estoy de acuerdo con Carolina Sanín, esta vez sí. Creo que ella reconoció las bondades de la obra de Irene Vallejo, y desde su experticia criticó lo que había para criticar, sin veneno, ni resentimiento. &nbsp;</p>



<p>Ni Irene Vallejo ni su obra están sobrevaloradas. En estos tiempos de desasosiego, <em>“El infinito en un junco” </em>es un bálsamo, escrito por una filóloga clásica que en lenguaje sencillo, y producto de una exquisita documentación, desenterró para nosotros en este ensayo el mundo antiguo de los libros, cual arqueóloga de las palabras. &nbsp;He alimentado algunas de mis columnas con frases suyas, y leo además sus columnas en <strong>El Espectador</strong> y El País de España, con la misma avidez con que leo a Yolanda Reyes y Carolina Sanín, incluso si disiento.</p>



<p>El problema no es venerar a Irene Vallejo. El problema es que los escritores colombianos, mereciéndolo, no reciban la misma admiración. En algo hemos fallado. Es justo señalar que aquí tenemos autores que nos han enseñado el valor de los libros y la literatura.</p>



<p>Envidia no es el término correcto para calificar las bien sustentadas opiniones tanto de Carolina Sanín como de Yolanda Reyes. Lo de ellas es una rabia contenida, además plenamente justificada, ante la ligereza con que se hacen juicios de valor en nuestro país, tan dado a idolatrar lo foráneo, como si careciéramos de referentes.</p>



<p>Les recuerdo que tenemos a nuestra propia Irene, de apellido Vasco, muy español por cierto, quien ha hecho mucho, muchísimo por la formación de lectores, llegando a sitios donde ni el mismo Estado llega, y tal vez muy poquitos sepan que la escritora bogotana ganó este 2024 el prestigioso premio internacional <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/irene-vasco-gano-el-premio-ibby-outstanding-reading-promoter-noticias-hoy/">IBBY</a><strong> </strong><em>Outstanding Reading Promoter</em>.</p>



<p><em>“Irene Vasco es conocida por ser una heroína con influencia que se enfrenta a los desafíos de leer a niños en zonas peligrosas y que carga sus libros como un talismán”,</em> dijo la IBBY.</p>



<p>Conozco a Irene Vasco desde hace más de 30 años, cuando fue colaboradora de Los Monos, la primera revista de prensa para niños que hubo en Colombia; circulaba los domingos con <strong>El Espectador.</strong> Una hechicera de las palabras como también se le ha llamado. (Les recomiendo la entrevista que le hizo <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/irene-vasco-la-heroina-que-usa-los-libros-como-un-talisman-filbo-2024-noticias-hoy/">Claudia Morales</a> para <strong>El Espectador</strong>).</p>



<p>De vuelta al principio, este duelo entre escritoras enriquece a un mundo adormilado y cada vez más conforme en la superficie de las cosas, a veces tan plana, a veces tan frívola, donde pocas personas se atreven a arañar la obviedad. &nbsp;</p>



<p>Me llena de esperanza que el Ministro de las Culturas, las Artes y los Saberes. Juan David Correa, haya respondido en <a href="https://twitter.com/yolandareyesv/status/1790158508106846493#">X</a> a la segunda columna de Yolanda Reyes, <em><a href="https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/escribir-sobre-lectura-3342310">Escribir sobre lectura</a></em>, invitando a un debate público. Debate en el que deberían estar MinEducacion, los escritores, los periodistas y por supuesto, los lectores, además de los editores y libreros. ¡Que la idea no quede en letra muerta, señor ministro!</p>



<p>Para empezar a debatir, lo primero será preguntar por qué los libros están fuera del alcance de quienes no tienen con que comprarlos; no puede ser que la única respuesta sea, como siempre, mandar a la gente a las bibliotecas, porque hasta para eso toca tener plata, como lo advertí en una <em><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dejad-los-libros-vengan-llamado-la-industria-editorial/">Cura de reposo </a></em>anterior. La Cámara Colombiana del Libro tiene grandes retos por delante, “trabajar desde lo colectivo”, con más apoyo a las editoriales independientes, que fue el compromiso de su directora, Adriana Ángel, en el <a href="https://open.spotify.com/episode/12aOZAKWTTVkT26gDy5DmY">podcast </a>de María Jimena Duzán<strong>.</strong></p>



<p>Las editoriales y las librerías deben entender que una cosa es formar lectores y otra muy distinta atraer consumidores de libros.</p>



<p>Maravilloso sería que los libros nos unan antes de que se extinga la civilización. De eso hablaba Stefan Zweig. Fabuloso sería que con la misma devoción con que leemos a Irene Vallejo, nos dejemos conquistar por los autores colombianos y, claro, leer los clásicos también. Más allá del insulto, las redes sociales podrían ayudar a elevar la calidad del debate, si los propios escritores hacen su parte sin vanidades. El placer de la lectura se transfiere cuando recomendamos un buen libro.</p>



<p>Es hora de que el país descabalgue de sus egos. Tal vez nos puede ayudar esta frase de “<em>El infinito en un junco&#8221;, </em>página 93, referida a la grandeza de Ulises, el héroe de la <em>Odisea:</em></p>



<p><em>“Esa sabiduría nos susurra que la humilde, imperfecta y efímera vida humana merece la pena, a pesar de sus limitaciones y desgracias, aunque la juventud de esfume, la carne se vuelva flácida y acabemos arrastrando los pies”.</em></p>



<p>Hace poco, Irene Vallejo le dijo al <a href="https://www.diariodesevilla.es/entrevistas/idealizar-clasicos_0_1902711705.html">Diario de Sevilla</a>: <em>“No hay que idealizar a los clásicos”.</em> Tampoco idealicemos a los escritores de nuestro tiempo. Leámoslos.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100963</guid>
        <pubDate>Sun, 19 May 2024 11:53:20 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Irene Vallejo sobrevalorada?, ¿Carolina Sanín desatada?, ¿Yolanda Reyes envidiosa?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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