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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 11 Apr 2026 16:01:00 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de atletismo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El año de la transformación</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-sinfonia-del-pedal/el-ano-de-la-transformacion/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este artículo describe cómo el deporte es un medio para encontrarnos a nosotros mismos en tiempos de cambios. A través de la actividad física podemos vivir una auténtica transforamación espiritual. ¿Lo has vivido?</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Bogotá, 18 de diciembre de 2024.</strong> Este año ha sido una verdadera transformación! He consolidado mi pasión por el deporte y he descubierto nuevas facetas de mí mismo. Del ciclismo he pasado a correr y nadar, lo que ha enriquecido mis rutinas y me ha permitido alcanzar metas que antes creía imposibles. El entrenamiento cruzado me ha enseñado la importancia de la diversidad y la constancia.</p>



<p class="has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>Atletismo</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="683" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-115602" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-683x1024.jpg 683w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-200x300.jpg 200w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-768x1152.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-1024x1536.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-1365x2048.jpg 1365w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-scaled.jpg 1707w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>



<p>Sin duda, los avances saltan a la vista en el atletismo, disciplina en la que sigo avanzando cada día. Me sorprende haber cultivo la capacidad de correr algunos kilómetros por debajo de 4.0. No hace mucho, correr por debajo de 5.0 era mi gran sueño.</p>



<p>A lo largo de este año construí una solidez física y mental para instaurar nuevos récords personales:</p>



<p class="has-vivid-green-cyan-background-color has-background"><strong>5K &#8212; 20&#8217;49&#8221;<br>10K&#8211; 42&#8217;20&#8221;<br>15K&#8211; 1H 4&#8217;53&#8221;<br>21K&#8211; 1H 37&#8217;34&#8221;<br>Patios&#8211; 33&#8217;22&#8221;<br>Monserrate&#8211; 25&#8217;57&#8221;</strong></p>



<p>La mayoría de esos registros los logré en entrenamientos, pues este años solamente participé en dos eventos: Media Maratón de Bogotá y Media Maratón de Cundinamarca. Agradezco no haber podido correr el Maratón de Medellín, porque creo que aún no estoy listo para algo de esa categoría. Además no tengo afán.</p>



<p class="has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>Ciclismo</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="681" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-681x1024.jpg" alt="" class="wp-image-115604" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-681x1024.jpg 681w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-199x300.jpg 199w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-768x1155.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-1021x1536.jpg 1021w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-1362x2048.jpg 1362w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-scaled.jpg 1702w" sizes="(max-width: 681px) 100vw, 681px" /></figure>



<p>En lo relacionado al ciclismo, este fue el año de reconexión con la bicicleta. Parece que no fui el único que enfrentó una especie apatía o desinterés por el pedaleo, luego de 10 años dedicados a esta actividad recreativa.</p>



<p>Siento que logré esa reconexión gracias al trote y a la natación que llegaron a quitarle presión a las rodadas, en las cuales, descargué mi entusiasmo durante un periodo no menor.</p>



<p>Una vez uno se engancha a trotar, es inevitable comparar el tiempo invertido en el ciclismo, que supera de lejos a cualquier otro deporte. Tanto en atletismo y en natación, una hora intensa es más que suficiente para quedar a gusto.En cambio, una rodada, por poco, toma tres.</p>



<p>Ahora, cuando siento que el día no pinta para pedalear, salgo a trotar o separo una práctica libre de natación o voy al gimnasio. Es difícil sentir que uno &#8216;pierde&#8217; terreno si no sale a rodar un día, pues hay un abanico de posibilidades muy valiosas.</p>



<p>Cuando dedicaba mi tiempo libre exclusivamente a la cicla, solía mirar por encima del hombro correr, nadar y fortalecer, porque como suele suceder, el desconocimiento es atrevido y, por eso, me parecían menores en comparacion.</p>



<p>Además de esa variación, conté con con la compañía constante de mis amigos Arek, René y Samuel, con quienes regresé a sitios a los que pensé que jamás volvería en bicicleta. El Romeral, La Cuchilla, Choachí, La Vega, entre otros que suman gran desnivel y consumen muchas horas, me acogieron de nuevo.</p>



<p></p>



<p class="has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>Natación</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07163319/WhatsApp-Image-2025-05-07-at-4.33.01-PM-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-115605" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07163319/WhatsApp-Image-2025-05-07-at-4.33.01-PM-768x1024.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07163319/WhatsApp-Image-2025-05-07-at-4.33.01-PM-225x300.jpeg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07163319/WhatsApp-Image-2025-05-07-at-4.33.01-PM.jpeg 960w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p>En natación también realicé grandes progresos este año. Puedo mencionar la sesión en la que más metros hice en una hora, 3.400. Pero también puedo compartir mi capacidad de resperirar por ambos costados (derecho e izquierdo) y, por su puesto, mi incursion en aguas abiertas, en el embalse de Tominé.</p>



<p>Lo que me parecía una locura, ahora es casi una rutina. Nunca me hubiese imaginado braceando en el agua fría de un embalase que de solo mirarlo me congelaba. Es tan cierto que los límites existen en nuestra mente y que los recreamos a cada instante. Eso sí, sólo basta un cambio de perspectiva para apreciar una realidad distinta.</p>



<p>Además de Tominé, en 2024 me di el gusto de nadar en el lago de El Juncal, en el Huila. En ese escenario, dicho sea de paso, realicé un triatlón que incluyó 800 metros de natación.</p>



<p>Allí probé la agitación dolorosa de nadar en competencia. Si bien 800 metros no parece la gran distancia, éstos son suficientes para llenarse de agua si se pierde la calma y el rumbo. ¡En total, en 2024 nadé 40 horas!</p>



<p>Es necesario contar que aprendí a nadar hace dos décadas, aproximadamente y que en distintas etapas, he dedicado tiempo a esta disciplina. Domino los cuatro estilos más conocidos, sin embargo, mi enfoque actual es el nadado libre.</p>



<p>Para hacer el cuento corto, por medio del deporte viví una transformación espiritual a lo largo de 2024. En mi caso, cada vez que he necesitado recuperar el equilibrio, el deporte ha sido un salvavidas.</p>



<p class="has-light-green-cyan-background-color has-background"><strong>Nota: de acuerdo al contenido de esta publicación, anuncio que mis furtas entradas tendrán una variación importante, pues ya no sólo trataré temás ciclísticos. ¡Hay mucho por contar!</strong></p>



<p class="has-pale-pink-background-color has-background">Escrito por César Augusto Penagos Collazos<br>Instagram: @la_siinfonia_del_pedal</p>



<p class="has-pale-pink-background-color has-background">Strava: <a href="https://www.strava.com/athletes/16293585">https://www.strava.com/athletes/16293585</a></p>



<p></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>César Augusto Penagos Collazos</author>
                    <category>La Sinfonía del Pedal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109420</guid>
        <pubDate>Wed, 18 Dec 2024 23:14:13 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El año de la transformación]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">César Augusto Penagos Collazos</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Mi primera media maratón (MMB)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-sinfonia-del-pedal/primera-media-maraton-mmb/</link>
        <description><![CDATA[<p>Mi primera media maratón, ha sido uno de los eventos deportivos que más he disfrutado en la vida. Llevar el dolor a un nivel tan alto y sobrevivir a sus latigazos, hace parte de esa extraña satisfacción. Bogotá, 31 de julio de 2023. Bogotá fue el escenario de esta experiencia, en el que 38.000 atletas, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<div class="xdj266r x11i5rnm xat24cr x1mh8g0r x1vvkbs x126k92a">
<div dir="auto"><em style="color: #800080"> <img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-95721" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.31.31-PM.jpeg" alt="" width="581" height="1032" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.31.31-PM.jpeg 581w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.31.31-PM-84x150.jpeg 84w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.31.31-PM-169x300.jpeg 169w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.31.31-PM-576x1024.jpeg 576w" sizes="auto, (max-width: 581px) 100vw, 581px" /> Mi primera media maratón, ha sido uno de los eventos deportivos que más he disfrutado en la vida. Llevar el dolor a un nivel tan alto y sobrevivir a sus latigazos, hace parte de esa extraña satisfacción.</em></div>
</div>
<p><span id="more-95719"></span></p>
<p><strong>Bogotá, 31 de julio de 2023. </strong>Bogotá fue el escenario de esta experiencia, en el que 38.000 atletas, procedentes de 48 países, la mayoría aficionados, transitamos algunas de sus principales calles. El tradicional ambiente de fin de semana fue alterado por una gigantesca fiesta deportiva que, se realiza desde el año 2000.</p>
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<p>Dicen que es la media maratón más importante de Suramérica, y a juzgar por la cantidad de participantes, su inmejorable logística con 4.200 personas, sus costos avaluados en 4.000 mil millones de pesos, así debe ser.</p>
<p>Jamás pensé hacer parte de este evento, pues nunca me llamó la atención correr. Me había hecho el sordo a todo el ‘ruido’, que siempre ha levantado la Media Maratón, hasta que me enganché con el atletismo, recientemente y, llegó el día de involucrarme en una actividad deportiva, distinta al ciclismo.</p>
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<p>Le puede interesar: <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-sinfonia-del-pedal/ausencias-temporales-ciclismo">Ausencias temporales en el ciclismo</a></p>
<p><span style="color: #ff0000"><strong>Con las piernas en fuego</strong></span></p>
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<figure id="attachment_95724" aria-describedby="caption-attachment-95724" style="width: 1600px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-95724 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-4.35.18-PM.jpeg" alt="" width="1600" height="1200" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-4.35.18-PM.jpeg 1600w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-4.35.18-PM-150x113.jpeg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-4.35.18-PM-300x225.jpeg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-4.35.18-PM-768x576.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-4.35.18-PM-1024x768.jpeg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-4.35.18-PM-1200x900.jpeg 1200w" sizes="auto, (max-width: 1600px) 100vw, 1600px" /><figcaption id="caption-attachment-95724" class="wp-caption-text">Al finalizar el evento, un encuentro con mis amigos Juan Pablo Murcia Fraile y Sebastián Tabares</figcaption></figure>
<p>La salida fue menos traumática de lo que me habían dicho. Me ubiqué en el grupo que tenía como objetivo, cruzar la meta en una hora y cincuenta minutos. El ambiente estaba impregnado de mucha adrenalina, gritos entusiastas y el sonido maravilloso de la marcha multitudinaria.</p>
<p>En el primer segmento del trazado, seguí la estela de un lazarillo, que guiaba con maestría a un hombre con limitación visual (ciego), hasta que nos extraviamos en algún punto, dónde avancé junto a un mini grupo guiado por un &#8216;pacer&#8217;, para luego saltar al ritmo de un gigante.</p>
<p>En el segundo segmento, entre calles 26 y 92, disfruté las calles de ‘honor’ de los miles de animadores, ubicados a los costados de la ‘pista’. En un punto, había tanta gente con silbatos, que me sentí en una etapa del Tour de Francia.</p>
<p><span style="color: #ff0000"><strong>Condiciones de carrera</strong></span></p>
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<figure id="attachment_95722" aria-describedby="caption-attachment-95722" style="width: 1200px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-95722 size-full" style="font-weight: bold;background-color: transparent;text-align: inherit" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-1.32.24-PM.jpeg" alt="" width="1200" height="1600" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-1.32.24-PM.jpeg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-1.32.24-PM-113x150.jpeg 113w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-1.32.24-PM-225x300.jpeg 225w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-1.32.24-PM-768x1024.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption id="caption-attachment-95722" class="wp-caption-text">Con mi amiga y colega Jeanneth Espitia, antes de la partida</figcaption></figure>
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<p>Desde el principio estuve abierto a adaptarme a las condiciones de la carrera, es decir, jugué a no ser tan estricto con mi estrategia personal. Así las cosas, los primeros 10 kilómetros, los corrí bien por encima de mi paso planeado. Tuve la oportunidad de recuperar en dos tramos, para luego volver a buscar más velocidad.</p>
<p>Aunque tenía muy claro que en algún momento pagaría esa insolencia. Dicho y hecho, fue en el kilómetro 15, en el que mis piernas empezaron a sufrir lo inimaginable. Tenía corazón, pero faltaban las piernas. Los siete kilómetros restantes iban a hacer mi verdadero calvario.</p>
<p>En cuántas me vi para sobrevivir al dolor en los cuádriceps, a los anuncios de calambres, a ese deseo de renuncia tan incisivo. Los cientos que había dejado a mi paso empezaron a sobrepasarme como si fuera una revancha macabra.</p>
<p>Incluso, de nada me sirvió tratar de aguantarle a una de las hermosas mujeres, que deslumbraron por su tenacidad. En esos juegos ridículos de mi mente, me dije “si llego a la meta con esta mujer, es una señal divina que me casaré y tendré 10 hijos, con alguien así”. Pero me puso a morder el polvo y nunca la volvía ver. Asumí mis miserias.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000">Mordiendo el polvo</span></strong></p>
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<figure id="attachment_95720" aria-describedby="caption-attachment-95720" style="width: 1280px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-95720 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.13.59-PM.jpeg" alt="" width="1280" height="960" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.13.59-PM.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.13.59-PM-150x113.jpeg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.13.59-PM-300x225.jpeg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.13.59-PM-768x576.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.13.59-PM-1024x768.jpeg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/WhatsApp-Image-2023-07-30-at-12.13.59-PM-1200x900.jpeg 1200w" sizes="auto, (max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /><figcaption id="caption-attachment-95720" class="wp-caption-text">Mi hermano, en la plaza de eventos del Parque Simón Bolívar</figcaption></figure>
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<p>Pero yo no era el único que sufría, la mayoría iban con lo justo también. Recuerdo con nitidez los gestos de dolor de un hombre, que se sostenía en una de las mesas, en un punto de hidratación. Una ráfaga de calambres, habían paralizado su pierna derecha.</p>
<p>La gente que salió a animarnos, decía con tanta facilidad &#8220;faltan dos kilómetros&#8221;, palabras que me taladraban emocionalmente. Hacía mucho tiempo, no sufría tanto en, apenas, dos mil metros. Un infierno.</p>
<p>&#8220;Un kilómetro, sólo falta un kilómetro&#8221;, y fue el kilómetro más eterno de mi vida. Pero siempre encontré la voluntad para no parar. Estoy seguro que si tenía cuentas pendientes por pagar con la vida, en ese momento adelanté una buena cuota.</p>
<p>¿De dónde sale esa voluntad? Tal vez, es la experiencia en el manejo de umbrales de dolor de exigencia, vividos intensamente en el ciclismo. El orgullo. La vanidad. El honor. Lo bueno y lo malo. &#8220;Me sacan muerto&#8221;, pensé, cuando me moría a cada paso.</p>
<p>Pasé la meta &#8220;escuchando borroso&#8221;, como dice una amiga, con el cuerpo magullado y lleno de sal. Por eso decía, que es el evento que más he disfrutado, porque sobrevivir a una crisis, es siempre una victoria.</p>
<p>Mientras tanto, el marroquí, Omar Chitachen, muy seguramente ya estaba de viaje a África, pues se había impuesto con un tiempo 1:03:51. Tal vez, compartiría la misma sección en el avión con la etíope Daisy Kimeli, ganadora entre las mujeres con un registro de 1:15:13.</p>
<p>Al final, cumplí mis objetivos trazados, a pesar del cambio de mi estrategia, arrastrado por esa avalancha de corredores. Logré un registro personal, que me tomará un tiempo superarlo: una hora y 47 minutos, puesto 1790 en la clasificación general y posición 469, en mi categoría de veteranos.</p>
<p>De regreso a casa, el taxista se burló de mi crónica y lo único que acerté en replicarle, con el buen humor que había quedado, fue “pagué por sufrir y fui muy feliz”.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-95725" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/tiempo-media-maratón.png" alt="" width="310" height="233" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/tiempo-media-maratón.png 310w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/tiempo-media-maratón-150x113.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/tiempo-media-maratón-300x225.png 300w" sizes="auto, (max-width: 310px) 100vw, 310px" /></p>
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<p><strong>Nota</strong>: Energizante encuentro con algunos amigos, colegas y familiares, aliados en estos proyectos, que solamente nos deja mucha satisfacción.</p>
<p><span style="color: #0000ff"><strong>Escrito por César Augusto Penagos Collazos</strong></span></p>
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<div class="wp-block-post-author-name">César Augusto Penagos Collazos</div>]]></content:encoded>
        <author>César Augusto Penagos Collazos</author>
                    <category>La Sinfonía del Pedal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95719</guid>
        <pubDate>Mon, 31 Jul 2023 17:10:22 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Mi primera media maratón (MMB)]]></media:description>
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        <title>Kathrine Switzer (1947)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/kathrine-switzer-1947/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Kathy” comprendió que a la larga se trata de disfrutar del viaje, sin esperar por un final compensatorio. Que, tal vez, no llegar nunca, es lo que te hace grande, y que, en suma, como reza el latinajo: “Vita via est.” Su familia no es una familia de atletas, sin embargo supieron alentar su espíritu [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Kathy” comprendió que a la larga se trata de disfrutar del viaje, sin esperar por un final compensatorio. Que, tal vez, no llegar nunca, es lo que te hace grande, y que, en suma, como reza el latinajo: “<em>Vita via est.” </em>Su familia no es una familia de atletas, sin embargo supieron alentar su espíritu competitivo, y fue por esto que su padre la cuestionó cuando a la edad de los 12 años Kathrine le confesó que quería convertirse en porrista del equipo de hockey sobre hierba. “Tú no tienes que animar a los demás; los demás tienen que animarte a ti… Eso es lo que deberías hacer, porque en la vida hay que participar, no sólo mirar”, fue el consejo de su padre, quien le propuso que comenzara por correr “un kilómetro al día”. La niña no se creyó capaz, pero su padre insistió diciéndole que “no se trata de ir rápido, sino de terminar.” “Haz creer a los jóvenes que son capaces de todo y dales la oportunidad de intentarlo, porque es fundamental para que se empoderen… un niño que crece con esa seguridad es capaz de cualquier cosa”, recomienda Switzer, según su propia experiencia. La joven Kathrine no se dejó amedrentar por los hombres (todos ellos mayores) que conformaban el equipo de hockey del instituto académico ubicado a las afueras de Washington D,C., y fue así como en cuestión de pocos meses la tímida Kathrine se había desafiado a sí misma y ahora formaba parte del equipo de hockey, y hasta el punto de convertirse en una de las jugadoras más destacadas. “Aprendí que algunos días son fáciles, y otros imposibles. Lo cierto es que era una de las mejores jugadoras porque nunca me cansaba. Pero no fue pertenecer al equipo lo que me hacía sentir bien, sino correr todos los días. No en sí por correr, sino por la realización personal que yo sentía al hacerlo; me sentía poderosa. Después de aquello, nada parecía tan difícil.” Motivada por superarse a sí misma, Kathrine quiso exigirse al límite. <strong>“Tenía curiosidad acerca de lo que mi cuerpo podía hacer y, a medida que mejoraba, la sensación de mejorar mi propia marca se volvía cada vez más embriagadora”. A los 19 años, estando en perfectas condiciones físicas, interrumpe lo que hasta entonces era su pasión pero que no prometía ser más que un hobby, y se matricula en la Universidad de Siracusa para cumplir su anhelo profesional de convertirse en periodista deportiva. Sin embargo su alma de atleta quería seguir persistiendo en correr, por lo que buscó inscribirse en el grupo de atletismo femenino de la universidad. No sería una sorpresa encontrarse con que en el mundo deportivo tampoco parecía haber espacio para las mujeres (contando los varones con más de veinticinco modalidades deportivas distintas además de becas de estudio), por lo que se dirigió al entrenador del equipo masculino pidiéndole la dejara participar en las pr</strong><strong>á</strong><strong>cticas. El entrenador se burló de ella creyéndola incapaz, pero le daría la oportunidad</strong><strong>,</strong><strong> convencido de que Switzer no se presentaría. </strong>“Correr nos transforma, tanto a hombres como a mujeres. Te hace creer que eres capaz de todo. Te da una sensación de estrés añadida, pero te aporta endorfinas y posibilidades. Como joven en edad de crecimiento que corría un kilómetro diario, me dije: ‘¿podría hacer dos? ¿Serías capaz de hacer tres kilómetros diarios’?” Los miembros del equipo le dieron la bienvenida y la hicieron sentir siempre acogida durante los entrenamientos, y en donde tendría la suerte de cruzarse con Arnie, un cincuentón retirado de las pistas, que percibió el talento de Switzer y quiso convertirse en su entrenador personal. A su lado comenzaría a correr distancias cada vez más largas, hasta un día en que a Switzer se le ocurriría el disparate de proponerle correr la maratón de Boston. Se trataba de una idea descabellada no sólo porque a las mujeres se les tenía prohibido la participación en el certamen competitivo, sino porque se creía que las damas eran incapaces de soportar la maratón de 42 kilómetros, ya que este trajín podría traerles problemas de salud tales como la caída del útero, o mitos que vaticinaban la aparición de vello, bigote y pelo en pecho para la mujer que se aventuraran a una empresa que sólo competía a los machos. Arnie le pidió demostrarle que era capaz de superar la prueba de atletismo, a lo que Switzer lo retó a emprender una maratón juntos a manera de ejercicio. La prometedora maratonista no tuvo dificultad en completar la travesía, tras lo que le pediría entusiasmada a su entrenador que siguieran todavía unos cinco o seis kilómetros más. Unos kilómetros más adelante su entrenador padeció un desmayo, y al despertar, tuvo que reconocer que “las mujeres tienen un potencial oculto para el aguante y la resistencia”. Switzer ya tenía madera suficiente para poder cuestionar a qué se referían cuando le llamaban a su género el “sexo débil”. Hasta el momento ninguna mujer había corrido oficialmente la maratón, esto es, portando el dorsal con un número que la acreditara como participante admitida. El formulario de inscripción obviaba preguntar el género sexual, y dada la admiración que Kathrine sentía por el escritor J.D. Salinger, su firma consistía también en sus iniciales seguidas de su apellido: K.V. Switzer, siendo así que consiguió ingresar al evento deportivo del año 1967 sin despertar ninguna sospecha. Por aquel entonces el movimiento feminista andaba en su pleno furor. La mujer comenzaba a destacarse en los ámbitos científicos, artísticos, intelectuales, y era este el momento para que también se pronunciara exponiendo su fortaleza y sus destrezas físicas. Switzer se presentó con sus labios pintados de rojo y sus mejillas maquilladas. Se le asignó un dorsal con un número que, sin saberlo, pasaría a la historia como un símbolo de la lucha por la igualdad de géneros: 261. Se recuerda calentando sus músculos toda rodeada de hombres que la halagaban diciéndole que ya hubieran querido tenerla como su pareja. Un año antes una mujer había corrido la maratón, cuando consiguió infiltrarse a hurtadillas en la competencia luego de saltar una valla de seguridad. Ese mismo año de 1967 otra mujer también participaría del certamen, e incluso llegaría a la meta antes que Switzer, pero contrario a Katherine, ésta no portaba el dorsal que la oficializaba como la primera mujer en participar en la competencia más exigente del atletismo. Al oír el disparo de partida Switzer comenzó a hacer lo que mejor sabía, y se echó a correr. Los primeros tres kilómetros fueron un camino de rosas, hasta que un carro de la prensa se percató de que entre la multitud había un ser que no correspondía con el género. De allí en adelante no pararon en documentar su hazaña o su atrevimiento, interrumpiendo su marcha con preguntas de todo tipo. Le sacaban fotos, la saludaban por donde pasaba, sorprendidos todos de ver a aquella entrometida que no tardaría en ser sancionada. El evento que pasaría a la historia sucedería cuando Jock Semple, codirector de la carrera, se bajó de un carro para empezar a perseguir a la infiltrada, logrando sujetarla de su camisa y casi arrancándole el dorsal, mientras le imploraba: “¡Sal de mi carrera y devuélveme esos números!” El novio de Kathrine, que acompañaba de cerca a su protegida, no vaciló en darle un empellón al desconsiderado comisario. De aquel suceso quedará el recuerdo fotográfico que fue considerado por la Revista <em>Times </em>como una de las “100 fotos que cambiaron el mundo”. En ese momento Arnie le gritó: “¡Corre como nunca!” Es así como, escoltada por un cuerpo de varones que la custodiaban, Switzer continúo su carrera, mientras los reporteros la atosigaban preguntándole qué es lo que pretendía, por qué hacía lo que hacía, qué intentaba demostrar, y ella pensaba: “Sólo quiero correr y ahora me siento humillada, avergonzada y tengo miedo, mucho miedo”. Pero entonces tomó un nuevo impulso y le dijo a Arnie: “Voy a terminar esta carrera arrastrándome o a gatas si es necesario; porque si no la acabo, nadie creerá que las mujeres pueden hacerlo.” Confiesa que durante el trayecto siguiente pasó de la niñez a la edad adulta. “Yo sabía que correr me había hecho sentir tan bien que debía transmitírselo a todas las mujeres que conociera… tengo que crear esas oportunidades.” Finalmente consiguió cruzar la meta con un registro de 4 horas y 20 minutos. Al llegar no sería vituperada ni mucho menos, y por supuesto tendría que encarar a los periodistas que no dejaban de asediarla con extrema curiosidad. Sin embargo dice haber sentido un apoyo en general, y en especial de mujeres que decían haberse inspirado en su historia. Kathrine sería expulsada de la Unión Atlética Amateur, pero en adelante no dejarían de lloverle propuestas e invitaciones para que participara de maratones alrededor del mundo. Switzer dice que ese mismo día, acabada la carrera, vio la emblemática foto, y tal vez comprendió que este episodio podría tratarse de un suceso grande. Así fue. “Mi objetivo era crear oportunidades para las mujeres, así como justicia social en el deporte y en la educación… Vi cómo muchas mujeres podían lograr mejores resultados si contaban con la oportunidad o la ambición”. De manera que su empeño consistió en que el comité olímpico integrara en sus juegos la categoría femenina para el evento de la gran maratón. Durante los siguientes tres años se llevaron a cabo más de cuatrocientas carreras que permitían participar a las mujeres en más de una veintena de países, y cuya concurrencia femenina se cuenta por encima del millón. Para 1972 la maratón de Boston permite oficialmente la participación de mujeres dentro de la corrida. En 1974 Switzer gana la maratón de New York y mejora notablemente su marca en Boston con un tiempo de 2 horas y 51 minutos, obteniendo un segundo lugar en el podio. <strong>“Cuando conseguí el tercer mejor tiempo de los Estados Unidos y el sexto mejor de todo el mundo</strong><strong>,</strong><strong> me di cuenta de que si yo podia hacer eso, ¿qué podría hacer el talento que nunca había tenido una oportunidad? Si yo ayudaba a crear esas oportunidades para otras mujeres, podríamos conseguir cosas enormes.”</strong> Kathrine aprovecharía sus destrezas periodísticas para redactar notas y artículos que apoyaran a las mujeres dentro del comité olímpico. Recorrió distintas federaciones y consiguió la aprobación de casi treinta países que estaban dispuestos a permitir que sus mujeres participaran de una maratón competitiva. Organizó carreras en diferentes ciudades, recordando aquella anécdota en la que ya tenía dispuesta la convocatoria para una maratón, y las autoridades, pese a haberle concedido los permisos, auguraban que si acaso se presentarían un centenar de mujeres. La asistencia contó con más de cien mil. Pidió el apoyo de la reconocida marca cosmética <em>Avon </em>para que promoviera este tipo de eventos como una estrategia publicitaria que reflejara a la mujer empoderada y dueña de sí misma. Y fue así como después de quince años de recorrer federaciones y organismos y de contar con el aval médico que consideraba a la mujer físicamente idónea para el desafío atlético -de una resistencia y un aguante orgánico extraordinarios-, Switzer logró conseguir que el comité olímpico aprobara su propuesta, y para el año de 1984, durante los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, su sueño se haría, justamente, una realidad. “Para mí. Ese momento fue tan importante como el sufragio femenino, porque el voto suponía nuestra aceptación social e intelectual y esto, nuestra aceptación física… y ahí estaban las mujeres en igualdad de condiciones… corriendo con fuerza, elegancia y coraje.” Fue así como un público conformado por 90.000 personas se ponía de pie y ovacionaba a las competidoras que hacían historia en la gran competencia del atletismo olímpico. El impacto fue mucho mayor cuando más de dos millones de personas tuvieron la oportunidad de presenciar el evento a través de las pantallas. Kathrine considera que hace falta más cobertura e interés por parte de los medios, visualizar más el deporte femenino para que esto sirva como un incentivo tanto a las niñas como a sus padres. “Claro que hay suficientes referentes femeninos, sólo que hay que darles más publicidad”. Cree que hay un vacío considerable dentro del sistema educativo de casi todos los países: “No creo que se esté fomentando lo suficiente el deporte en los colegios… Para mí la educación es crucial, pero en muchos países educar a las mujeres es considerado una amenaza por la clase dirigente.” A partir de ese momento el número 261 y la historia de quien había promovido y llevado a cabo esta iniciativa incluyente en el deporte, se convertiría en ese símbolo que más de una llegaría a tatuarse en la piel como un recordatorio del empoderamiento femenino. Switzer no quiso hacer de este número un negocio, y antes bien fundó la organización <em>261 Fearless</em>, encargada de promover carreras y eventos deportivos, además de la creación de grupos de mujeres dedicadas a alguna labor física, sea en el terreno del arte o del deporte. Su fundación ha llegado a África, Arabia Saudí e Irán, demostrando un impacto relevante en las mujeres de comunidades vulnerables y con un bajo o nulo acceso a la educación. Resalta el ejemplo de una mujer que invirtió las ganancias de un premio de atletismo en la mejora de su aldea, fabricando un sistema de agua potable y ayudando en las mejoras de la escuela pública. “Es así como las sociedades cambian, concediendo a las personas una pequeña oportunidad… Estamos creando un programa educativo enorme… es el espíritu de las mujeres unidas haciéndote saber que no estás sola.” Considera que la educación en el deporte puede aportar en la disciplina laboral, en el éxito sentimental y en la satisfacción y el bienestar emocional. “Te da el valor para hacer lo que sea”, señala.<strong> Considera que a través del deporte pueden superarse barreras sociales y aspirar a un espacio común donde todos gocen de igualdad, valiéndose precisamente de las cosas que nos diferencian. Para ejemplarizar, explica cómo el tenis femenino puede ser más estratégico, requiere de más cálculo y suspicacia, mientras que en los hombres cuenta más la fuerza, la potencia y la velocidad. </strong><strong>“Sabemos que no disponemos de la velocidad, potencia, complexión y fuerza de los hombres, pero te</strong><strong>nem</strong><strong>os más aguante, resistencia, flexibilidad y equilibrio. Por eso es necesario que el deporte abrace la diversidad, dando igualitariamente a todas las personas la oportunidad de participar.”</strong> Ve en una maratón el ejemplo perfecto donde comulgan todos por igual. “Son de todas las razas, géneros, colores y religiones. Gordos, viejos, grandes, lentos, flacos, profesionales. Es increíble. Son personas distintas pero están corriendo juntas y se están apoyando y motivando entre ellas… la unión de la maratón, de correr y el deporte son ejemplos maravillosos de diversidad, inclusión, respeto e igualdad. Si podemos hacerlo en una maratón, ¿por qué no en todo el mundo? Todos corremos juntos y nos da igual el género, como nos da igual si corre un abogado o un fontanero. Esto derriba una gran cantidad de barreras sociales y otras limitaciones. El deporte consiste en motivar y respetar a los demás: esa es la mayor lección que he aprendido.” Respecto al comisario Semple, la maratonista no le guarda ningún recelo, e incluso pasados cinco años del histórico episodio se reencontraron para hacer las paces. Nunca le pidió perdón, confiesa Switzer, y sin embargo Semple acabó reconociendo su actuar como un equívoco, y terminaría apoyando los eventos deportivos mixtos. El encuentro dejó otra fotografía memorable en donde Semple le besa la mejilla a la mujer que años atrás había agredido. “De algún modo, él fue la fuente de inspiración que necesitaba.” Kathrine Switzer está feliz con lo que ha sido su vida. “Mi deporte es correr, y lo que más me gusta es que es sencillo, barato, no cuesta nada y es completamente accesible. La gente dice: ‘Bueno, necesitas unos zapatos’. Pues te informo de que millones de africanos corren sin usar zapatos, y, además, son muy buenos, están en lo más alto… He aprendido mucho corriendo, ha sido la mejor educación que he tenido… También he aprendido que el talento está en todas partes, sólo precisa de una oportunidad… La gente siempre me dijo que no era una buena atleta, pero me enfrenté a fondo y lo conseguí.” Los años siguientes Kathrine se dedicó a cumplir con su sueño de ser comentarista deportiva, brindando cobertura informativa para la cadena televisiva ABC respecto a los mundiales, olímpicos y distintos campeonatos y certámenes de atletismo. Ha escrito algunos libros donde describe sus experiencias personales y alienta al lector a que crea en sus capacidades propias. Dos de estos títulos son <em>Marathon woman: running the race to revolutionize women’s sport </em>y <em>26.2 Marathon stories. </em>En el 2017, luego de haber corrido casi 40 maratones por todo el mundo, Kathrine Switzer celebra sus 70 años repitiendo la proeza realizada medio siglo atrás. Portando su distintivo dorsal con el número que la haría célebre, el 261, Switzer corrió en 4 horas y 44 minutos la maratón de Boston (con un tiempo de apenas 24 minutos por debajo de lo que registró siendo una joven maratonista rebelde). En esta ocasión correría junto a casi 14.000 mujeres, y al concluir el certamen, y como un homenaje a su contribución histórica, el dorsal con el número 261 fue retirado para los próximos eventos. El número figura como símbolo en carteles de manifestaciones y en murales de todo el mundo. <strong>“El mejor momento de una maratón es cuando no tienes que ganar y puedes disfrutar de los primeros momentos de alegría… ¿Sabes? Ese fue el día más feliz de mi vida. Fue la carrera más fácil de todas: paré trece veces, hice ocho entrevistas, abracé a niñas pequeñas en el camino y miles de personas me gritaban: ‘¡Vamos, Kathrine!’” Al final de la maratón también la esperaba la primera mujer president</strong><strong>a</strong><strong> de la Asociación de Atletismo de Boston para condecorarla con una medalla, y un beso merecido de su infaltable marido Roger, “el gran amor de mi vida… ¡Fue un sueño!” </strong>En el 2018 Kathrine recibiría dos reconocimientos: por un lado el Doctorado Honorario de Letras Humanas de la Universidad de Siracusa, y otra distinción otorgada por la Universidad de Deusto, el primer Premio Deusto a los Valores en el Deporte, por tratarse de un “referente del deporte, de la igualdad y de la justicia social.” “Correr ha dado sentido a mi vida”, dice hoy día, todavía enérgica y sin detenerse. Y de esta manera continuará Kathrine Switzer corriendo por las calles del mundo con el número 261 clavado en el pecho y esa determinación que la llevó a insistir sin importar la opinión ajena. “A todo el mundo, incluso a ti, nos han dicho que no estamos a la altura, que esto no es lo nuestro; que no somos del sexo adecuado, de la raza adecuada, el color o la religión correcta. ‘No nos sirves’. Todos reciben esos comentarios. Hasta que echan a correr y pierden el miedo.”</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-83838" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/05/122.-KATHRINE-SWITZER-300x202.jpg" alt="KATHRINE SWITZER" width="300" height="202" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=83837</guid>
        <pubDate>Fri, 04 Jun 2021 19:05:14 +0000</pubDate>
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