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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 22 Sep 2026 18:40:34 +0000</lastBuildDate>
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	<title>You searched for plegaria | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¿La Regeneración (1886) o La Degeneración (2026)?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-regeneracion-o-la-degeneracion/</link>
        <description><![CDATA[<p>Sospecho que estamos a punto de entrar en una máquina del tiempo. ¿Es Abelardo el nuevo líder de La Regeneración como lo fue Rafael Núñez en el siglo XIX? Creo que en la “Patria Milagro”, dos milagros serán sobrevivir a cuatro años de autoritarismo e impedir que sean más, como pasó con Núñez.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph"><strong>A partir del 7 de agosto podríamos sentirnos extranjeros en nuestra propia patria, con un presidente mitad gringo, mitad colombiano.</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Nos acercamos peligrosamente a un gobierno de botas y camándula. Por un lado, aparece este titular de prensa:&nbsp;<em>“Abelardo de la Espriella sigue en peregrinación por Colombia. Se arrodilló en emblemático santuario colombiano”.</em>&nbsp;Y enseguida aparece en la pantalla este otro:&nbsp;<em>“El presidente electo confirmó su intención de jurar como nuevo jefe de Estado en una guarnición militar”.</em><strong>&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nada más hipócrita que&nbsp;<em>hacerle morcillas al diablo</em>, para decirlo en el lenguaje de mi abuela: o sea, invocar a Dios con propósitos sacrílegos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia asiste a una reedición de su propio destino circular. A las puertas de que el gobierno de “Los Nunca” asuma el poder con los de siempre, el país parece atrapado en un vórtice temporal donde cincuenta millones de habitantes están a punto de experimentar un doloroso retroceso de ciento cuarenta años, regresando ideológicamente a los laberintos de 1886, una época en la que el territorio albergaba apenas a cuatro millones de almas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A ese tiempo pertenece la Constitución de 1886, cuyo padre es Rafael Núñez, la cual concedió amplísimas facultades al presidente: su periodo era de seis años (con reelección inmediata e indefinida) y tenía la potestad para nombrar gobernadores, jueces y magistrados. Recuerden que Núñez fue cuatro veces presidente, aunque murió en 1894, a la mitad de su último periodo. Usó el poder hasta para inmortalizar su rostro barbudo en los billetes del Banco Nacional y el de su esposa, doña Soledad Román, en las monedas de la época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gravedad de nuestra crisis contemporánea se disfraza con la teatralidad de las élites, confirmando que, hoy como ayer,&nbsp;<em>“primero hubo que pasar por un episodio de ñoñería mezclada de frivolidad, que en Colombia suele manifestarse en los momentos de mayor gravedad histórica”,&nbsp;</em>como señaló Antonio Caballero en su libro “Historia de Colombia y sus oligarquías”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el centro de esta tramoya se erige la figura de Abelardo de la Espriella. Criado en las sabanas del departamento de Córdoba,&nbsp;bien&nbsp;puede ser la reencarnación contemporánea,&nbsp;refinada y estridente de Rafael Núñez. Comparte con el cartagenero no solo el origen caribeño y el gusto por la tribuna pública, sino esa doble condición de hombre que oscila entre la vida sibarita y el severo moralismo institucional. A su lado, operando como la conciencia jurídica e ideológica del proyecto, se sitúa el vallecaucano Carlos Alonso Lucio, quien asume el ropaje dogmático de Miguel Antonio Caro. Lucio, al igual que el Caro original, se proyecta no como un simple político tradicional, sino como un guardián inflexible de esencias doctrinales y de un orden cuasiteocrático.&nbsp;Aquí cabe evocar: Dios los crió y ellos solitos se juntaron; aunque les quedo debiendo el dato de dónde y cómo fue que se conocieron.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El argumento central del nuevo &#8220;Regenerador&#8221; destila un autoritarismo pragmático:&nbsp;<strong><em>“Una república debe ser autoritaria para evitar el desorden”, </em></strong>pensaba Núñez.&nbsp;Para justificar el desmonte de las libertades modernas, De la Espriella y Lucio pretenden situar la religión católica y a Dios en el centro de todo, devolviendo la enseñanza cristiana como eje transversal de la educación pública y situando a Colombia en el medioevo.&nbsp;De ser el coordinador programático de Abelardo, Lucio podría convertirse en el ideólogo problemático del gobierno por entrar; problemático para nuestras libertades individuales, quiero decir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya lo dijo la esposa de Lucio, Vivian Morales, la futura ministra de Educación:&nbsp;<strong><em><a href="https://www.lasillavacia.com/podcasts/huevos-revueltos-con-politica/viviane-morales-en-mineducacion-sacar-a-marx-y-meter-a-dios/" id="https://www.lasillavacia.com/podcasts/huevos-revueltos-con-politica/viviane-morales-en-mineducacion-sacar-a-marx-y-meter-a-dios/">“Sacar a Marx y meter a Dios”.</a></em></strong>&nbsp;¿Qué quiso decir con eso: que cambiarán profesores por curas y monjas? Por lo pronto, tengan presente que en países como Irán mandan locos y fanáticos religiosos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El abogado cordobés, a pesar de sus excentricidades mundanas, recurre a la vieja fórmula de control social que unió a Bolívar y a Núñez:</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong><em>“Se había convencido —como en su tiempo lo había hecho el Libertador Simón Bolívar, librepensador como él— de que la religión católica era un poderoso elemento de estabilidad y de cohesión en el país, y en consecuencia era necesario no solo transigir con ella, sino incluirla en el corazón de las instituciones”:</em></strong><strong>&nbsp;Antonio Caballero en “Historian de Colombia y sus oligarquías”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Como dijo el escritor Óscar Alarcón Núñez, en una columna de&nbsp;<strong>El Espectador</strong>&nbsp;(2025) hablando del natalicio de Núñez,&nbsp;<strong><em><a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/oscar-alarcon/rafael-nunez-200-anos" id="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/oscar-alarcon/rafael-nunez-200-anos">“Después, en su gobierno de la Regeneración, fue más clero que el agua”.</a></em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="694" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/mISA-694x1024.jpg" alt="" class="wp-image-131107" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Se avecina una espiral de violencia?</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La idea un tanto absurda de usar una guarnición militar para la toma de juramento (algo más propio de un dictador, como lo señaló el expresidente Ernesto Samper), puede leerse como una actitud abiertamente desafiante con las leyes y el orden constitucional, pero también como su manera de congraciarse con la cúpula militar, como lo hizo, por ejemplo, un Hugo Chávez en Venezuela, aunque aquél si fue militar. ¿Acaso ahora sí es cierto que podríamos convertirnos en otra Venezuela? La Silla Vacía anticipó que ya hay ponencia favorable para otorgarle personería jurídica a “Defensores de la Patria”, el partido político de Abelardo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un viraje hacia el fundamentalismo político y religioso entrañaría peligros latentes para la frágil democracia colombiana. Bajo el régimen autoritario que se perfila (y con un nieto de Laureano Gómez —Enrique Gómez— hablándole al oído a Abelardo), la prensa libre y los sectores de oposición —particularmente aquellos identificados con la izquierda y el progresismo— se convertirán en los enemigos declarados del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante &#8220;La Regeneración&#8221; se promulgó la llamada &#8220;Ley de los Caballos&#8221; (Ley 61 de 1888), un instrumento de persecución política que facultaba al presidente para castigar cualquier acto que, según el gobierno, alterara el orden público, sin orden judicial o juicio previo; dicen que dicha ley fue en realidad el primer <em>Estatuto de Seguridad</em>. La bautizó &#8220;Ley de los Caballos&#8221; el periodista Fidel Cano Gutiérrez (fundador de <strong>El Espectador </strong>y opositor al régimen), quien sugirió que otorgar poderes dictatoriales equivalía a gobernar &#8220;como se gobierna a los caballos&#8221;: con látigo, espuelas y freno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si De la Espriella concibe el debate público no como un ejercicio democrático, sino como una amenaza para la estabilidad del régimen, estaría emulando la máxima de la Regeneración original:&nbsp;<em><strong>“La prensa no es elemento de paz sino de guerra”.</strong>&nbsp;&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3 wp-block-paragraph">Dejó constancia Antonio Caballero:&nbsp;<em><strong>“La prensa —le escribía a uno de sus ministros el presidente Núñez, que había hecho toda su carrera política desde los periódicos— no es elemento de paz sino de guerra, como los clubs, las elecciones continuas y el parlamento independiente de la autoridad (es decir, enemigo del género humano)&nbsp;Y así, tanto el propio Núñez como sus sucesores o más bien sustitutos en la presidencia, Holguín y Caro, tan periodistas como él, previnieron y reprimieron los que consideraron excesos de la prensa de oposición con la cárcel y el destierro de sus redactores y directores durante los quince años siguientes”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las herramientas para contener el disenso&nbsp;estarían listas para ser desempolvadas: el uso de la censura bajo el pretexto de reprimir los abusos de la opinión libre,&nbsp;el arrinconamiento o acoso judicial (De la Espriella anunció la creación de un grupo de abogados dedicado a denunciar irregularidades del Gobierno de Petro)&nbsp;y el&nbsp;destierro mediático&nbsp;de los directores y redactores incómodos hasta la exclusión de la oposición de las esferas del poder por considerarla, desde el púlpito oficial, como una fuerza que milita en el error doctrinal.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph">Advierte el profesor Rodrigo Uprimmy en&nbsp;<strong>El Espectador:</strong>&nbsp;“<em><strong>La decisión de ADLE de suspender el empalme y las declaraciones de sus cercanos como Lucio de amenzar con juicios o extradiciones a Petro, como si ellos fueran autoridades judiciales, envenenan aún más el ambiente”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para denunciar todo exceso del nuevo mandatario y los suyos, se necesitará un periodismo más valiente que nunca (con “los Nunca”) para lo que se avecina: es decir, se requieren más ojos y oídos en Barranquilla, sede del nuevo gobierno, que también fue&nbsp;<a href="https://www.las2orillas.co/de-la-espriella-despachara-desde-barranquilla-como-lo-hizo-rafael-nunez-el-otro-presidente-caribe/" id="https://www.las2orillas.co/de-la-espriella-despachara-desde-barranquilla-como-lo-hizo-rafael-nunez-el-otro-presidente-caribe/"><strong>la ciudad desde donde gobernó, mediante cartas y telegramas, Rafael Núñez.</strong>&nbsp;</a>“Núñez se iba y volvía, de la tierra fría a la tierra caliente; y volvía a irse y volvía a volver”, dejó dicho Caballero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El riesgo de arrastrar a una nación de cincuenta millones de habitantes a una nueva espiral de violencia es inminente, con el agravante de que quieren legalizar el porte de armas. El lenguaje de la exclusión radical ya provocó en el siglo XIX que el inconformismo liberal estallara en las armas, derivando en la Guerra de los Mil Días, nuestra guerra civil más larga y sangrienta. Si el dogmatismo de Lucio y el personalismo de De la Espriella, con el apoyo de Enrique Gómez desde el Congreso, terminan por cerrar los canales democráticos, el país podría fragmentarse nuevamente, no ante ejércitos de estados soberanos como en 1885, sino bajo el fuego cruzado de una ciudadanía polarizada y empujada a una nueva conflagración civil.&nbsp;&nbsp;Ojalá y no.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Nuevos ricos en la “Patria Milagro”?</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, hay una mutación sustancial en este retorno al pasado. A diferencia del Núñez histórico, que se mantuvo relativamente inmune a los apetitos de la riqueza personal y gobernó desde el desapego físico en su casona de El Cabrero, cabe preguntarse si la nueva cofradía de “Los Nunca” persigue un fin abiertamente mercantil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le escuché a alguien la hipótesis de que el nuevo gobierno no traerá la salvación espiritual de la República, sino el enriquecimiento descarado de un pequeño círculo de aliados, concentrado de manera especial en una élite reducida de la región Caribe.&nbsp;&nbsp;Está ocurriendo, por ejemplo, en un país que tiene menos habitantes que Bogotá:<em>&nbsp;<a href="https://elpais.com/america/2026-07-12/los-nuevos-oligarcas-de-el-salvador-la-vertiginosa-bonanza-del-circulo-de-bukele.html" id="https://elpais.com/america/2026-07-12/los-nuevos-oligarcas-de-el-salvador-la-vertiginosa-bonanza-del-circulo-de-bukele.html"><strong>“Los nuevos oligarcas de El Salvador: la vertiginosa bonanza del círculo de Bukele”</strong>, </a>titula&nbsp;</em>el diario español El País.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este nuevo diseño institucional, el misticismo católico de&nbsp;Carlos Alonso Lucio&nbsp;sirve apenas de mampara para la verdadera deidad de nuestro tiempo: el Dios dinero.&nbsp;<em>“Casi todo es negocio, incluida la política”</em>, escribe el abogado Guillermo Pérez Flórez, y bastante razón tiene.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Detrás de la retórica patriótica de De la Espriella se asoma la sombra de Donald Trump, quien contempla a Colombia ya no como un aliado estratégico, sino como una gigantesca mina de oro y una despensa de recursos lista para ser explotada en beneficio corporativo. Yo solo pregunto: ¿Es esta alianza entre el misticismo de fachada, el clientelismo regional y el extractivismo transnacional lo que denominan la &#8220;Patria Milagro&#8221;? Mientras escribo, la prensa informa que el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, inició un periplo que lo llevará hacia la Casa Blanca junto con los designados ministros de Hacienda y Comercio. Al mismo tiempo, el diario The New York Times señala que el secretario de Estado de los Estados Unidos, <a href="https://www.nytimes.com/es/2026/07/11/espanol/estados-unidos/venezuela-rodriguez-rubio-trump.html" id="https://www.nytimes.com/es/2026/07/11/espanol/estados-unidos/venezuela-rodriguez-rubio-trump.html">Marco Rubio, es quien maneja el poder y los recursos naturales en Venezuela.</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Echemos mano de la crónica histórica de nuestro devenir:</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph"><strong><em>“Fue por entonces cuando en este país empezó́ a usarse de manera habitual la palabra&nbsp;“oligarquía”, que en su original griego significa&nbsp;“gobierno de unos pocos”. En Colombia el término se tradujo por&nbsp;“gobierno de los otros”: era el que usaban los conservadores para referirse al pequeño círculo de los radicales en el poder, y el que más adelante usarían los liberales para designar al círculo aún más pequeño de los conservadores, cuando cambiaron las tornas”.</em></strong> (Del libro “Historia de Colombia y sus oligarquías)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy las tornas han vuelto a cambiar. El &#8220;gobierno de los otros&#8221; pasa a ser el gobierno de una élite caribeña y empresarial que, aliada con el capital estadounidense, podría pretender privatizar el suelo nacional. Si Antonio Caballero viviera, diría que La &#8220;Patria Milagro&#8221; no será más que una inmensa comedia de enredo con consecuencias trágicas, un sainete político donde el crucifijo se usa para bendecir los contratos de concesión y el autoritarismo presidencial se ejerce para garantizar el libre flujo de los capitales de unos pocos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al cabo de este doloroso viaje de 140 años hacia el pasado, Colombia corre el riesgo de descubrir que cambió su Constitución de derechos por una carta monárquica y de mercado, donde cincuenta millones de ciudadanos quedarán excluidos de los milagros en su propia tierra.&nbsp;&nbsp;Además, a partir del 7 de agosto podríamos sentirnos extranjeros en nuestra propia patria, con un presidente mitad gringo, mitad colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se nos olvide que el primer milagro se dio en campaña, cuando el hoy presidente electo, buscando votos, siendo ateo se volvió devoto, (ora ateo, ora creyente, como Núñez), así que tratándose de&nbsp;<em>un hombre de Dios</em>, lleno de gracia y coherencia, debería posesionarse sin vacilaciones en cualquier basílica y no en una guarnición militar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si ayer fue “La Regeneración”, autoritaria y problemática, desde mi agnosticismo elevo plegarias para ponernos a salvo de una era de “Degeneración”, que atente contra las libertades civiles y destripe la Constitución de 1991. Amén. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131094</guid>
        <pubDate>Sun, 12 Jul 2026 18:33:28 +0000</pubDate>
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        <title>Se necesitan 3.700 colombianos para que Iván Cepeda sea presidente </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/se-necesitan-3-700-colombianos-para-que-ivan-cepeda-gane-la-presidencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>El gran problema de Colombia es justo de lo que nadie habla: la concentración de la riqueza en manos de poquísimos colombianos. Iván Cepeda, el único candidato que habla de justicia redistributiva, a través de lo que denomina capitalismo productivo, es el llamado a reconciliar a ricos y pobres.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>&#8220;A la gente le gusta hablar de la educación como la cura para la pobreza. No, el dinero es la cura para la pobreza&#8221;:</em></strong><strong>&nbsp;Michael Sorrell en The New Yorker.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>&#8220;Lo que debe hacer la izquierda es poner en el centro la dignidad del trabajo&#8221;:</em></strong><strong>&nbsp;Michael J. Sandel, filósofo estadounidense.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si “el pobre es pobre porque quiere”, ¿el rico es rico porque evade?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Querido lector: Si usted tiene una fortuna de $9.800 millones o más, considérese uno de los 3.700 ultrarricos de Colombia. Suspenda la lectura aquí y haga cuentas: ¿Cuántos siglos necesita trabajar una persona para acumular tal cantidad ahorrando los $2 millones de salario mínimo que recibe cada mes? </p>



<p class="wp-block-paragraph">La única minoría colombiana con poder es la élite económica conformada por los archimillonarios. Y resulta que el 40% de esos millonarios (unas 1.480 personas), no tuvieron problemas en reconocer que evaden impuestos, de acuerdo con información oficial.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pongámoslo de esta manera: Si todos los ultrarricos de Colombia tributan como toca, habría una manera justa de redistribuir la riqueza, sin quitarle nada a nadie. Pero en vez de esto, prefieren llevarse su dinero fuera de Colombia, como lo muestra&nbsp;<a href="https://elpais.com/america-colombia/2026-05-19/los-ultrarricos-que-alistan-sus-maletas-ante-el-auge-de-la-izquierda-colombia-es-una-delicia-si-uno-tiene-medio-pie-afuera.html">un artículo</a>&nbsp;de El País de España. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, el problema del mundo son los ricos, que son poquísimos con muchísimo. Los hay que dan poco como si creyeran que nunca se van a morir o que en la otra vida reclamarán lo que dejen en esta. No hay forma de preguntarles a los faraones egipcios cómo les fue con eso. Hoy no tenemos faraones, pero si fanfarrones asquerosamente ricos queriendo poner una colonia humana en Marte, donde no hay condiciones para que sobreviva ni una mosca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mundo se divide en dos tipos de seres humanos extremos: aquellos que deliran sin saber qué hacer con sus fortunas descomunales y, en contraste, aquellos que si tienen pan no tienen con qué mojarlo. Se requiere con urgencia una clase política con algo de humanidad, capaz de&nbsp;reconciliar a unos y&nbsp;otros, porque como dijo José Alfredo Jiménez,&nbsp;<em>“la distancia entre los dos es cada día más grande”.</em>&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">También tiene razón el escritor&nbsp;<a href="https://casamacondo.co/entrevistas/gilmer-mesa-los-espantos-de-mama/?srsltid=AfmBOopVLopSxy_XW--uj8VZUnrht5Diemc677WzEyyJhmKvZW8SQ5Zr">Gilmer Mesa</a>&nbsp;cuando dice:&nbsp;<em>“Ser pobre es nacer condenado”</em>. Necesitamos un mundo donde cada nueva criatura nazca condenada… a la felicidad, a la posibilidad de ocupar un lugar digno en el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una felicidad compartida que se llama justicia social. El derecho de todo los seres humanos sin excepción a disfrutar algo de la riqueza que se ha generado a partir de la explotación de los recursos de la Tierra, porque, en teoría, nos pertenecen a todos.&nbsp; Con carencias, hambre &nbsp;y mala salud, la vida se vuelve invivible. El que nació rico desde la cuna no tiene cómo saberlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/joseph-e-stiglitz/gravar-la-riqueza-extrema-es-esencial-para-salvar-la-democracia">“Gravar la riqueza extrema es esencial para salvar la democracia”</a>,</em>&nbsp;han dicho&nbsp;<a href="https://www.elespectador.com/autores/joseph-e-stiglitz/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Joseph E. Stiglitz</a>&nbsp;y&nbsp;Jayati Ghosh.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos siglos atrás, ya Aristóteles lo había dicho: <em>“La ambición de los ricos ha arruinado más Estados que la ambición de los pobres&#8221;.</em> Poner en el centro de la política la dignidad del trabajo significa mejorar las condiciones salariales de los trabajadores. No es regalarles nada. Es reconocerlos como agentes generadores de riqueza con su mano de obra. En Colombia, un trabajador gana en un día lo que en Estados Unidos otro recibe por una hora. Y a muchos no les importa <em>matarse</em> (léase, <em>trabajar como mulas</em>), anhelando que la vida les cambia algún día</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Óyeme, Diosito Santo</em> / <em>Tú de aritmética nada sabías</em> / <em>Dime porque la platica</em> / <em>Tú la repartiste tan mal repartida</em> / <em>Óyeme, Diosito Santo</em> / <em>¿En cuál colegio era que tú estudiabas?</em> / <em>Por qué a uno le diste tanto</em> / <em>Y en cambio a otros no nos diste nada</em> / <em>Mira cómo son las cosas</em> / <em>Como en ti confío, te sigo rezando</em> / <em>Ya que no me diste plata</em> / <em>Dame salud para seguir luchando.  </em>(De la canción <em>Plegaria Vallenata</em>)</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si la plata quedó tan mal repartida, como canta Jairo Paternina, y teniendo en cuenta que en Colombia hay clases alta, media y baja, a lo que una sociedad moderna debe aspirar es a llevar más personas de la clase baja a la clase media. Eso se consigue haciendo conscientes a los ricos de tributar en Colombia en vez de llevarse el dinero a paraísos fiscales. Solo la voluntad política permite combatir la evasión y la elusión. ¿Cuál de los presidenciables es capaz de ponerle el cascabel al gato?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia es uno de los países con mayor concentración de la riqueza, según Oxfam.<a href="https://www.valoraanalitik.com/la-riqueza-de-los-multimillonarios-aumento-tres-veces-mas-rapido">&nbsp;“Los 12 más ricos del mundo tienen más riqueza que la mitad más pobre de la población”</a>, titula Valora Analitik.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribe Ernesto Rojas, ex director del DANE, en el libro&nbsp;<strong>“País posible</strong>”:&nbsp;<em>“… los gobernantes actúan con orientación caritativa, destinada a paliar una situación conmovedora, sin la intención de pasar de las situaciones remediales a las soluciones definitivas. (…) tendrían que pasar al menos once generaciones para que una familia en el país salga de la pobreza y pueda llegar al promedio de ingresos de la clase media”</em> (&#8230;) <em>“De tanto repetirlo… se ha convertido en una verdad incontrovertible eso de que ´son los empresarios, a su voluntad, quienes crean el empleo´ y, por consiguiente, se deben atender todas sus exigencias si se quiere disminuir el desempleo reinante (…) En contraposición, debería recordararse lo sucedido durante la Gran Depresión de 1930, cuando Keynes se atrevió a contradecir a los clásicos al afirmar que el desempleo se corregía creando una mayor demanda, más compradores (…) con capacidad de comprar lo que producen las empresas”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribe Enrique Serrano en el libro<strong>&nbsp;“¿Por qué fracasa Colombia?”:</strong>&nbsp;<em>“Colombia sigue siendo un poco esa nación aldeana que se demora mucho en tomar grandes decisiones o dar saltos muy abruptos”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es una explicación lógica a tanta inequidad. Lo que ha faltado, insisto, es voluntad política para emprender las reformas, acaso retomar la conversación donde la dejó el difunto Alvaro Gómez Hurtado: Un acuerdo sobre lo fundamental. Y lo fundamental hoy y siempre es la desigualdad social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribe Eduardo Lora en el libro&nbsp;<strong>“Los colombianos somos así”:</strong>&nbsp;<em>“En los estudios sobre felicidad en cualquier país del mundo se encuentra infaliblemente que quienes tienen mayores ingresos, en promedio, son más felices.&nbsp; La creencia de que el dinero no tiene nada que ver con la felicidad no resulta ser cierta, de acuerdo con dichos estudios. Lo que sí ocurre es que, a partir de un cierto nivel de vida, las diferencias de ingresos deben ser muy grandes para que el impacto sea notorio: se necesitaría que el ingreso de alguien se multiplique por ocho para que pase, por ejemplo, del escalón 7 al escalón 8 de satisfacción con la vida”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El mejoramiento de ingresos pasa por probar un nuevo modelo económico (o hacer ajustes al que existe), que restaure las brechas históricas entre ricos y pobres, un modelo que al asalariado le permita gozar de libertad financiera siendo participe de la riqueza que él ayuda a generar con su trabajo, y no contentarse con un salario pírrico que alcanza para tapar goteras.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Redistribuir la riqueza no es quitarle nada al rico para dárselo al pobre. Es hacer consciente al rico de que el trabajador es un ser humano, con familia y sueños. Es reconciliar a ricos y pobres en favor de los segundos.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>“Hay personas que trabajan toda la vida y no logran salir de la pobreza”: Andrés Ruiz, director del documental <em>El juego de la vida,</em> que retrata la pobreza a partir de historias reales.</strong></h2>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="EL JUEGO DE LA VIDA - Tráiler Oficial" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/-2FzeSOGakw?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph">Qué bueno sería que entre tantas bobadas que les preguntan a los candidatos presidenciales por estos días, alguien les pregunte por la justicia redistributiva, para ver si, al menos, el término les suena. Un buen ejemplo fue el aumento del salario mínimo. El país no se acabó como vaticinaron muchos. Porque la clase obrera debería tener derecho a disfrutar los beneficios de la riqueza que otros acumulan, habiendo contribuido con ella. La justicia redistributiva significa mejor calidad de vida. Y debería estar consagrada en la Constitución como derecho ciudadano legítimo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Truman Capote decía que el dolor es la única experiencia que une al rico con el pobre. Del mismo modo, podríamos decir que el dinero es aquello que los separa. Los pobres son la inmensa mayoría y los ricos la  <em>inmensa </em>minoría. La pornomisería y la pornoriqueza son la cara de un mismo problema. El neoliberalismo creó una competencia social y económica que excluyó a los pobres. Así entiendo yo el capitalismo salvaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada&nbsp; año&nbsp;la evasión en Colombia ronda los 130 billones de pesos, según&nbsp;<a href="https://elpais.com/america-colombia/2025-07-18/asi-es-como-los-superricos-colombianos-evaden-eluden-y-pagan-menos-impuestos-que-los-pobres.html">esta radiografía de El País de España</a><strong>.</strong>&nbsp;Eso es tanto como cinco reformas tributarias.&nbsp;Nadie se escandalizó con semejante revelación; en cambio, los gremios económicos brincaron cuando Petro aumentó en 23% el salario mínimo. Mejor dicho,&nbsp;podríamos decir que si todo lo del pobre es robado, pues lo del rico también, ¿o cómo llamamos a &nbsp;esa conducta de evadir impuestos? Dénse cuenta de que si los ultrarricos evasores no le hicieran conejo al Estado, ningún gobierno tendría necesidad de buscar plata por la vía de las reformas tributarias, que tanto dolor de cabeza le causan a las clases medias y populares, que son el trompo de poner.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tomado de El País de España:&nbsp;<em>“El 40 % de las personas que hacen parte del 0,01 % con más riqueza del país admitió haber evadido impuestos. Para pagar menos, esconden su dinero en paraísos fiscales y crean empresas o fideicomisos que dificultan el seguimiento de su patrimonio. Cada año, la evasión en Colombia equivale al 8 % del PIB, cerca de 130 billones”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>“<a href="https://www.oxfamcolombia.org/econonuestra-informe-sobre-desigualdad-en-colombia/#:~:text=Colombia%20enfrenta%20una%20significativa%20desigualdad,50%25%20de%20poblaci%C3%B3n%20m%C3%A1s%20pobre." target="_blank" rel="noreferrer noopener">El más reciente informe de Oxfam</a>&nbsp;sobre desigualdad, publicado en enero de 2025, revela que los&nbsp;<a href="https://elpais.com/america-colombia/2024-04-06/a-mayor-riqueza-menos-mujeres-las-brechas-de-genero-se-imponen-entre-los-mas-ricos.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">multimillonarios colombianos&nbsp;</a>pagan proporcionalmente menos impuestos que los más pobres. Una persona que pertenece al 1% más rico pagó por cada dólar de ingreso un promedio de 17 centavos en impuestos hasta 2021. Mientras tanto, una persona del 50 % más pobre pagó por cada dólar de ingreso 21,1 centavos en impuestos. ´Esto desmiente el mito de que las personas pobres y las clases medias no pagan impuestos, y muestra que es todo lo contrario´, concluye el documento”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>“…&nbsp;<a href="https://elpais.com/america-colombia/2024-10-16/quien-tiene-mas-debe-pagar-mas-datecuenta-de-que-las-cosas-pueden-cambiar.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">los más ricos utilizan estrategias sofisticadas para no pagar o pagar menos impuestos</a>: eluden, es decir, encuentran vacíos legales para minimizar su carga tributaria; evaden, ocultando activos de forma deliberada, y se benefician de leyes que les otorgan amplias exenciones y deducciones”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Debemos abogar para que en Colombia los partidos políticos se modernicen en favor de una sociedad más justa con aquellos que pasan penurias. No podemos seguir comprando el discurso de que toca derrotar a la izquierda o derrotar a la derecha, sin mirar a los ojos a esa pequeña élite económica que parece intocable e insensible frente a la desigualdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">De un candidato socialdemócrata como Iván Cepeda se espera que ponga el tema de la justicia redistributiva sobre la mesa de los empresarios, entre quienes se cuentan muchos de los ultrarricos. Quizás se gane unos cuantos enemigos como le está pasando al alcalde Zohran Mandami, que tiene enfurecidos a los multimillonarios de Nueva York por subirles impuestos, pero este desafío no lo pueden asumir  ni  Abelardo De La Espriella, ni Paloma Valencia, que esperan con ansías ocupar la Casa de Nariño para, como regalo de Navidad, rebajar impuestos  a los que más tienen. Los expertos han dicho que sí o sí toca robustecer el impuesto al patrimonio. Un impuesto a la riqueza <em> &#8220;ayuda a nivelar la balanza de la desigualdad&#8221;</em>, señala un informe de la Red de Trabajo Fiscal, publicado por <strong>El Espectador. </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si la riqueza de un país, incluidos sus recursos, es de todos sus habitantes, Colombia debería ser ese Tío Rico verdadero con el que todos tengamos derecho a soñar, y no un simple juego con fichas de cartón para matar el tiempo. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nota: </strong>¿Hicieron la suma que les pedí al principio? Yo sí: se necesitan al menos 400 años, ahorrando $2 millones mensuales, para ser uno de los 3.700 ultrarricos de Colombia. ¡Como cinco vidas!</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129447</guid>
        <pubDate>Sun, 24 May 2026 13:12:45 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/ZETA-ZETA-ZETA-RIQUEZA-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=1080" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Se necesitan 3.700 colombianos para que Iván Cepeda sea presidente ]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">129447</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La izquierda está demasiado confiada</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-izquierda-esta-demasiado-confiada/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ningún candidato tiene hoy la mitad más uno de los votos (no en las encuestas que se precian de serias) para ganar la elección presidencial. Los sondeos son muy distintos entre sí, como si quisieran confundir al Pacto Histórico, que se siente ingenuamente ganador. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Iván Cepeda Castro, candidato del Pacto Histórico. Imagen creada con IA</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda colombiana no necesita una cohorte de aduladores ni un comité de aplausos. Necesita saber que camina sobre arenas movedizas. Que si bien Gustavo Petro deja un legado social que debe capitalizarse, continuar, afianzarse y mejorarse, ese solo argumento por sí solo no garantiza el triunfo de Iván Cepeda el 31 de mayo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diferentes encuestas le otorgan al Pacto Histórico alrededor de un 35% de intención de voto —la última de Invamer le concede un extraordinario 44,9%—. Eso quiere decir que sigue faltando el centavo pa´l peso: todavía no completa la mitad más uno para ganar cómodamente en primera vuelta. La izquierda no puede fiarse de los números, ni llamarse a engaños.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me gusta Cepeda porque representa la conciencia social de ese país sometido a la persecución y el destierro hasta el exterminio, pero no veo una estrategia de comunicación efectiva y convincente para hacerse con los votos faltantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de la malquerencia justificada hacia Álvaro Uribe, no hay un mensaje que apele a las emociones de aquel electorado meditabundo sobre el que nadie sabe qué está pensando, y probablemente ni siquiera figura en las encuestas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucha gente no tiene claras las propuestas de Iván Cepeda, o esa es la idea que flota en el ambiente. No hay tampoco una frase –a manera de slogan- que enmarque el espíritu progresista de la campaña. Los discursos en plaza pública deben condensarse en frases contundentes que se graben en la memoria, y se puedan repetir ante un interlocutor apático.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo es que sabemos tanto de Sócrates, si el filósofo griego no escribió nada en su vida? Cuenta la leyenda que Sócrates no escribió nada por considerarlo una forma inferior de transmisión de conocimiento, prefiriendo el diálogo vivo y directo. Bueno, creo que aquí hay un mensaje poderoso para, en lo que resta de campaña, sacarle todo el jugo posible a la calle y conectar con la gente, pero no con los que salen a vitorear en la plaza, porque esos ciudadanos ya están alineados con un proyecto político en el que pusieron sus esperanzas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Insisto: En esta recta final, sobran los halagos. Se necesita una estrategia de persuasión más clara con mensajes cortos y bien construidos que se traduzcan en titulares. Una foto oficial del candidato ayudaría mucho. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Iván Cepeda está confiado en ganar en primera vuelta, y lo pregona a los cuatro vientos. Creo que peca por exceso de confianza. El triunfalismo mal manejado podría hacer que muchos se crean el cuento y, confiados en el triunfo, opten por no salir a votar el 31 de mayo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los partidos se ganan en la cancha y con goles, del mismo modo que las elecciones se ganan en las urnas, no en las encuestas. Humildad es prudencia. Y lo que necesita el Pacto Histórico para ganar es que los ya convencidos, convenzan a los indecisos (un 28%, según análisis de La Silla Vacía); a los inconformes, (los que no votan asqueados de la política y los políticos), y a los que votarán en blanco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo candidato es un producto y ese producto se vende puerta a puerta, uno a uno. Hablando de tú a tú, quiero decir. Las horas corren.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se perdió tiempo valioso respondiendo las andanadas de Uribe, que esa es su táctica para desgastar al contendor y mantenerse vigente en el ocaso de su vida política. Cualquier ruido le sirve. Darle importancia a Uribe es hablarle a esa base antiuribista que no necesita argumentos, pues conocen la historia que antecede al expresidente. A los indecisos se les conquista por el oído con propuestas audaces que calen en el corazón pero que tengan efecto directo en sus bolsillos y sus problemas cotidianos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Concuerdo con el analista Shameel Thahir Silva cuando interpela a la izquierda en el periódico <em>Desde Abajo: “Nos dejamos meter en la trampa de que la política son las personas y sus liderazgos, y perdimos la capacidad de plantear problemas a largo plazo: las estructuras y los intereses colectivos que mueven la rueda de la historia”. (…) mucha gente (…) cree que si el Presidente chasquea los dedos aparecerán las escuelas, las vías y los hospitales que reducirán las profundas brechas de desigualdad”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Se menciona en los discursos el término “revolución ética”, pero en la práctica falta su desarrollo. Las palabras no pueden ponerse en el papel y olvidarse. El por qué y el para qué deben socializarse. La figura de Cepeda como filósofo, siendo poderosa, tampoco ha sido suficientemente explotada; no entiendo ese descuido, si partimos del hecho de que ética y filosofía tienen sangre común, como generadores de conciencia social en&nbsp;un país donde la desigualdad es proporcional a los altos niveles de corrupción política y la evasión de impuestos por parte de las clases altas. (En una próxima columna analizaré estos fenómenos).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para&nbsp;<em>despetrizar</em>&nbsp;la izquierda, sus líderes deben ser capaces de cuestionar lo que no se hizo bien y ofrecer la cura para el mal, mientras agitan las banderas por lo bueno. Gallardía es quitarse la paja del propio ojo. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Simón Rubiños, analista y magíster en políticas públicas, hace la siguiente reflexión:&nbsp;<em>“El gobierno Petro abrió puertas a sujetos y territorios históricamente relegados: instaló la idea de que el Estado debía mirar de frente la desigualdad y asumirla como mandato. Pero ese giro –en sí mismo valioso y con logros tangibles– dejó una tensión: no basta con representar sectores marginados ni ponerlos en el centro del relato si la política pública no traduce esa centralidad en cambios tangibles en su vida cotidiana”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su artículo para el periódico <em>Desde Abajo</em>, Rubiños pone como ejemplo el caso mexicano. “Un gobierno que logró amalgamar –y con ello seducir a su pueblo- fue el de AMLO en México, quien logró una continuidad narrativa disciplinada, apoyada en organización, control de agenda y ejecución coherente”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda no debe temerle a la autocrítica. Debe empezar por aceptar que bajo el mandato de Gustavo Petro muchas promesas quedaron incumplidas: las plegarias no atendidas de las que hablaba Santa Teresa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queda apenas una semana para la elección presidencial y ningún candidato tiene las mayorías para cantar victoria. ¡Humildad!</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda tiene, eso sí, un candidato serio como Iván Cepeda, con porte intelectual y demócrata, para ganar en junio. La derecha uribista, con dos candidatos en contienda, está dando la pelea. Abelardo y Paloma se batirán en un duelo (electoral) a muerte, aunque por ahora <em>El Tigre</em> ruge más que lo que vuela su rival.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Promesa de político:</strong>&nbsp;Si el candidato del Pacto Histórico gana en primera vuelta, prometo dejar en paz a Uribe en mis escritos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129349</guid>
        <pubDate>Fri, 22 May 2026 13:12:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La izquierda está demasiado confiada]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>El librero de Babel</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/el-librero-de-babel/</link>
        <description><![CDATA[<p>Babel no era únicamente la Biblioteca: era también una ciudad que se derramaba alrededor de ella como un reflejo imperfecto. Sus colinas suaves recordaban a Marburg, pero su resplandor al atardecer tenía algo del oro fatigado de Estambul, ese momento en que el sol parece disolverse en el agua y la ciudad suspende la respiración. [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Babel no era únicamente la Biblioteca: era también una ciudad que se derramaba alrededor de ella como un reflejo imperfecto. Sus colinas suaves recordaban a Marburg, pero su resplandor al atardecer tenía algo del oro fatigado de Estambul, ese momento en que el sol parece disolverse en el agua y la ciudad suspende la respiración. Desde las alturas, minaretes, torres y cúpulas formaban un horizonte irregular que se desvanecía en una bruma de cobre y rosa, como si la ciudad entera fuera una página que alguien soplara con cuidado para secar la tinta.<br><br>En Babel había cafés interminables, apilados unos sobre otros en calles estrechas que serpenteaban hacia puentes sin guardias. El aroma de café y de papel viejo formaba parte del aire, como un clima propio. Allí, nadie poseía un libro: los volúmenes pasaban de mano en mano, de mesa en mesa, abandonados sin culpa en superficies cojas, recogidos por lectores anónimos que nunca reclamaban propiedad alguna. Los libros —como las palabras y los amores— pertenecían a todos y a nadie.<br><br>En esa ciudad, el Librero tenía un ritual privado: coleccionaba objetos perdidos, huérfanos, abandonados. Botones sueltos, llaves sin cerradura, cintas deshilachadas, un guante de ópera sin pareja, un cristal roto de lentes que ya no tenían dueño. Los recogía en paseos largos al amanecer, recorriendo las calles laberínticas. Nunca explicaba su sentido, pero los guardaba en una pequeña caja de madera en su cubículo, convencido, quizás, de que lo abandonado posee una verdad que las cosas intactas nunca revelan.<br>Durante uno de esos paseos vio, en una plaza inclinada donde los habitantes de Babel jugaban al ajedrez lento y meditativo, a una mujer con un vestido amarillo. Estaba quieta, no mirando realmente a los jugadores sino escuchando el chasquido de las piezas, como si el juego murmurara un secreto. El viento agitó suavemente su vestido, y, por un motivo que él jamás pudo explicarse, esa imagen quedó adherida a su memoria con una fuerza que superó a muchos de los hechos reales que vivió. Nunca alcanzó a ver su rostro con claridad, pero la forma de su quietud permaneció en él, irresuelta como una palabra que falta en una frase.<br><br>En una galería remota de la Biblioteca, donde los ecos llegaban fatigados y la luz parecía recordar lo que alguna vez fue claridad, vivía el hombre que se hacía llamar el Librero. Su cubículo era igual a los demás, pero tenía un aire de nostalgia que no provenía de los libros sino de él mismo, como si llevara a cuestas un duelo antiguo.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces se decía que ese duelo era por una mujer. A veces, que la mujer nunca existió. En Babel, en especial en una ciudad donde la confusión de las lenguas era tan completa como la indiferencia hacia el tiempo, ambas cosas suelen ser indistinguibles.<br>El Librero poseía un único volumen: un libro cambiante, una criatura de páginas que se reescribían como si obedecieran a un pulso ajeno al tiempo. Allí podían encontrarse tratados imposibles, profecías erróneas y relatos que parecían escritos por manos que aún no habían nacido. Pero el Librero sabía —aunque no lo confesaba— que el libro también guardaba algo más: la historia de un amor que nunca llegó a consumarse.<br><br>Los peregrinos lo visitaban buscando revelaciones. Él los atendía con la brusca cordialidad de quien ha perdido algo que ya no espera encontrar. Al abrir el volumen, cada visitante veía lo que su alma podía soportar, y el Librero lo permitía, pero jamás intervenía. La Biblioteca era un espejo, y él, un guardián cansado.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph">Fuera, Babel continuaba respirando. La ciudad, confundida en sus lenguas como un sueño que no recuerda su propio idioma, tenía una particularidad: solo existía una palabra para “leer” y “vivir”. Sus habitantes la empleaban con la naturalidad de quien nunca ha querido distinguir entre abrir un libro o abrir los ojos. Para ellos, la vida era una lectura continua; y la lectura, una forma íntima de vida. Tal vez por eso nadie lamentaba los libros perdidos: como la vida misma, estaban destinados a pasar por muchas manos, siempre incompletos.<br>Una tarde, llegó a su cubículo la mujer silenciosa.<br><br>No era hermosa —o quizá lo era de un modo que la Biblioteca, con su geometría inhumana, no sabía describir—, pero su presencia tenía la gravedad de las cosas inevitables. No tomó el libro. Miró al Librero con una ternura que él no recordaba haber recibido nunca.<br>—¿Leyó el libro entero? —le preguntó.<br>—No puedo. Cambia cada vez.<br>—¿O cambia —dijo ella— porque usted teme que deje de hacerlo, si lo termina?<br>El Librero sintió un temblor que no venía del piso ni de las paredes, sino de un lugar más frágil. La mujer habló entonces con la suavidad implacable del destino:<br>—Usted cree custodiar un libro único. Pero en realidad custodia un deseo. Y todo deseo es, por definición, imposible. Si se cumple, desaparece; si no, nos devora.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph">Él quiso responder, pero la voz se le quebró. Ella sonreía con una tristeza profunda, no hacia él sino hacia lo que él cargaba: esa melancolía del que sabe que el amor es un libro que siempre falta una página para terminar.<br>La mujer se marchó sin más. El Librero quedó solo con el silencio, y el silencio —como sucede en Babel, sobre todo en los atardeceres cuando la luz es un recordatorio y no una certeza— se ensanchó hasta volverse insoportable.<br><br>Esa noche abrió el volumen desde el principio y lo leyó sin apartar la vista, aceptando cada frase como quien bebe un veneno voluntario. Y allí encontró la historia de un amor que nunca tuvo lugar, pero cuya ausencia había regido toda su existencia. Era la historia de una mujer que tal vez había visto una vez, o que tal vez jamás existió, pero cuyo nombre estaba escrito tantas veces que parecía una plegaria. Y también estaba escrito lo inevitable: que en Babel, donde todo es posible, el amor es la única imposibilidad verdadera, porque exige una elección en un universo que no admite elecciones.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando terminó, comprendió que la melancolía no era una enfermedad sino una forma de memoria: la memoria del deseo que no puede cumplirse sin desaparecer.<br>A la mañana siguiente, el Librero ya no estaba. En la mesa quedó un mapa hacia un cubículo fuera de todo registro. Algunos dicen que fue en busca de la mujer; otros, que se adentró en los corredores infinitos esperando olvidar su nombre. Otros creen que se disolvió entre los libros como una palabra que nadie terminó de pronunciar. A la gente de Babel poco les importa el final de las historias.<br></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122433</guid>
        <pubDate>Sat, 15 Nov 2025 17:25:28 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El librero de Babel]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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        <item>
        <title>El Tejido de la Memoria que Duele: Diana Salinas, La Colombiana, y la sociología de la imagen en su nuevo libro</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/el-tejido-de-la-memoria-que-duele-diana-salinas-la-colombiana-y-la-sociologia-de-la-imagen-en-su-nuevo-libro/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este libro de Diana Salinas nos recuerda que narrar lo que duele es la forma más poderosa de resistir.</p>
<p>Para terminar, quisiera dejar un par de preguntas abiertas. Piénsalo bien, no es un cierre, es una invitación a que este diálogo se extienda a tu propia vida:</p>
<p>¿Qué verdades estás dispuesta o dispuesto a escuchar, incluso si te incomodan, incluso si te obligan a cambiar la perspectiva sobre tu propia historia?</p>
<p>¿Cómo podemos, desde nuestro lugar de lectores y ciudadanos, honrar el coraje de las periodistas que, como Diana Salinas, tejen la memoria de un país con la filigrana de su ética?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading">✍️ </h2>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Por </em>.Mar Candela</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img decoding="async" width="275" height="183" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/10/images.jpeg" alt="" class="wp-image-121886" style="width:30px;height:auto" /></figure>



<p class="has-contrast-color has-luminous-vivid-orange-background-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-6 wp-block-paragraph"><strong>¿Sabes lo que es leer a la carrera?</strong> Yo lo sé. Devoré <em>El laberinto del Parqueadero Padilla</em> así, a las carreras. No es mi forma ideal de encontrarme con las palabras.</p>



<hr class="wp-block-separator has-text-color has-luminous-vivid-orange-color has-alpha-channel-opacity has-luminous-vivid-orange-background-color has-background is-style-default" />



<p class="wp-block-paragraph">Mi manera de leer está profundamente atravesada por la dislexia, por esa necesidad de <strong>comprender con calma</strong>, de volver a los libros al menos dos veces. La primera es casi un acto de supervivencia ante la urgencia de la vida que nos rodea.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">La segunda lectura, la profunda, es mi forma de cuidar el vínculo con la memoria que se pone en juego. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>No es una técnica sofisticada; es un acto de respeto al texto que no puede esperar.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">No quise dejar pasar el momento de su lanzamiento. Estuve allí, escuchando las voces que abrazan a Diana Salinas, las preguntas que se le hacen al libro. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Se sentían las tensiones que lo sostienen en el aire.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, en mi cabeza, se activaba un monólogo que no se apaga fácil. La conclusión es clara: este libro es mucho más que una investigación periodística rigurosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"> <strong>Es una decisión ética, una postura en el mundo.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">Es una forma de gritar con todas las letras: &#8220;esto pasó, esto sigue pasando, y alguien, por favor, tiene que contarlo&#8221;.</p>



<p class="wp-block-paragraph"> <strong>Y Diana Salinas lo cuenta sin rodeos.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">Lo hace con una pluma valiente que no se esconde de nada, que se expone. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Se arriesga a nombrar lo que muchas personas prefieren callar, <strong>rompiendo el silencio cómplice.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">Lo más poderoso es el <em>cómo</em> lo hace. No esperes un informe frío. Espera un tejido. <strong>Un entramado de voces, documentos y silencios que te interpela hasta el hueso.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo que en el lanzamiento ella decía, con orgullo, que esto había sido <strong>tejer y tejer</strong>. Y ese esfuerzo se ve, palabra a palabra, en la filigrana de su honestidad profesional.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">Como lectora, como Educomunicadora que insiste en el diálogo, como feminista artesanal, el gesto de Diana me conmueve.</p>



<p class="wp-block-paragraph"> Su escritura tiene esa <strong>filigrana ética</strong> que no se negocia: <strong>cada frase está puesta con efecto político.</strong></p>



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<p class="wp-block-paragraph">Hay una sofisticación narrativa que mezcla lo literario y lo periodístico sin perder el hilo. Y hay una valentía que no busca el heroísmo, sino que se asume como parte indispensable de su oficio.</p>



<p class="wp-block-paragraph"> <strong>Una luz sobre la oscuridad.</strong></p>



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<p class="wp-block-paragraph">Esta forma de narrar desde el afecto y el rigor no es casual. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos recuerda la importancia de las emociones en la búsqueda de la verdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La socióloga boliviana <strong>Silvia Rivera Cusicanqui</strong> nos enseña que las verdades más profundas se anclan en lo que llama la <strong>“sociología de la imagen”</strong>, en la forma en que nuestros cuerpos encarnan la historia. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Su trabajo lo pueden encontrar en <em>Sociología de la imagen: Miradas más allá del colonialismo</em> (2015).</strong></p>



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<p class="wp-block-paragraph">Su trabajo nos ilumina al entender que <strong>“el proceso de descolonización tiene que empezar por la descolonización de nosotras mismas”</strong>. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es la invitación urgente de la lectura.</p>



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<ul class="wp-block-list">
<li class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-7"><strong>🔴 La Exigencia Categórica de Verdad que nos Duele a Todas y Todos</strong></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Y es precisamente aquí, al confrontar la historia de Jesús María Valle y de <strong>los cuestionamientos a los hermanos Uribe</strong>, donde la relectura nos exige levantar la voz.</p>



<p class="wp-block-paragraph"> <strong>La pausa termina.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo digo de manera determinante y categórica: yo, como ciudadana colombiana y activista defensora de Derechos Humanos, quiero la verdad.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"> No una justicia de papel, sino una que sea efectiva, transformadora y real.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">Este <strong>Estado</strong> que es un <strong>Estado</strong> corrupto, me duele. Duele porque soy nativa de él, crecida en la era de Pablo Escobar, en la Colombia azotada por matazones injustas. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Este Estado tiene que parar.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">Tiene que destejerse a sí mismo para volver a tejer la realidad. <strong>Y eso no va a pasar si las agujas de ese tejido no son la verdad.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"> La fórmula es simple, aunque el camino sea largo.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">No puede haber justicia si todos los responsables no se hacen cargo de sus acciones. Necesitamos que la ciudadanía comprenda que este país va más allá de la derecha y de la izquierda. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Este país se trata de la memoria histórica.</strong></p>



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<p class="wp-block-paragraph">Ambos lados, en el poder político partidista, gritan que hay mentira y que se está reescribiendo la historia, <strong>¡ lo cierto es que en ambos lados hay mentiras que nos impiden avanzar!</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">No sé cómo se hace justicia en un país tan lleno de violencia y engaño. Lo que sé es que el periodismo de Diana Salinas nos obliga a mirar de frente un pasado que ha sido un <strong>Estado narco-guerrillero-paramilitar</strong>, un entramado que no se puede ignorar.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">La gran antropóloga argentina <strong>Elizabeth Jelin</strong> nos recuerda que la memoria es un campo de batalla en constante disputa. Diana, con este libro, ha plantado una bandera fundamental en ese campo, al decirnos que <strong>&#8220;las luchas por la memoria son luchas por la definición del pasado, y en última instancia, del futuro.&#8221;</strong> <strong>Su invaluable análisis se encuentra en <em>Los trabajos de la memoria</em> (2002).</strong></p>



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<p class="wp-block-paragraph">Como ciudadana, suplico al universo, al cosmos o a cualquier ser superior que se haga cargo de este mundo, si es que hay alguno, que <strong>caiga quien tenga que caer</strong> delante de la justicia. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es una plegaria necesaria.</strong></p>



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<p class="wp-block-paragraph">Que al fin podamos empezar a reescribir la historia con veracidad y, sobre todo, <strong>con la voluntad política de aliviar el sufrimiento humano que ha atravesado a esta Colombia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"> Es la única salida posible.</p>



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<ul class="wp-block-list">
<li>🧵 ¿Cómo me prometí leerlo? Algunas pistas para ti</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">No me gusta rayar los libros. Algunas veces lo hago solo por necesidad metacognitiva sin embargo siempre  Prefiero leer con los dedos, con el pecho, con la respiración. Estas son apenas unas pistas, por si quieres hacer el ejercicio conmigo:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Tómate tu tiempo</strong>, aunque la urgencia del país parezca devorarte. Este libro pide pausas, silencios, incluso rabias.</li>



<li><strong>Escucha las voces que aparecen.</strong> No solo la de Diana, sino las de quienes ya no están, las de quienes fueron silenciados.</li>



<li><strong>Permite que te incomode.</strong> No viene a darte respuestas fáciles. Viene a abrir preguntas que duelen.</li>



<li><strong>Conecta con tu propia historia.</strong> ¿Qué has hecho tú con esa memoria?</li>



<li><strong>Comparte lo que <em>sientas</em></strong>. Este libro no pide solemnidad, pide verdad.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Y sí, léelo dos veces. No porque no se entienda, sino porque hay libros que no se terminan nunca. Este es uno de ellos.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<ul class="wp-block-list">
<li class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-8">💡 Una invitación y una promesa al final</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Gracias por acompañarme en esta lectura que no se agota, en esta escritura que no se rinde.</strong> A cada persona que ha leído mis textos, que ha sentido conmigo, que ha pensado desde su cuerpo y su historia: gracias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerda: <strong>Soy una escribidora, una educomunicadora que genera diálogos de opinión; mi función es abrir conversaciones, no ganar premios de literatura, y por eso me siento en plena libertad de interpelar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este libro de Diana Salinas nos recuerda que narrar lo que duele es la forma más poderosa de resistir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para terminar, quisiera dejar un par de preguntas abiertas. Piénsalo bien, no es un cierre, es una invitación a que este diálogo se extienda a tu propia vida:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué verdades estás dispuesta o dispuesto a escuchar, incluso si te incomodan, incluso si te obligan a cambiar la perspectiva sobre tu propia historia?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo podemos, desde nuestro lugar de lectores y ciudadanos, honrar el coraje de las periodistas que, como Diana Salinas, tejen la memoria de un país con la filigrana de su ética?</strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121885</guid>
        <pubDate>Fri, 31 Oct 2025 20:09:28 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/images.jpeg?quality=60&amp;#038;w=275" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El Tejido de la Memoria que Duele: Diana Salinas, La Colombiana, y la sociología de la imagen en su nuevo libro]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">121885</post-id>    </item>
        <item>
        <title>«Un poeta» o de la fragilidad humana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/un-poeta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una reflexión de Albeiro Guiral sobre la aclamada película de Simón Mesa.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque pudiera parecer que Simón Mesa en su nueva película se mofa con facilidad de los poetas en general, con sus luces y sus sombras, y con muchos de sus matices, creo que<strong> la película como toda obra de arte resiste múltiples lecturas</strong>, y que quedarse en el humor, y en el argumento mismo, es conformarse con el chiste fácil que es sólo una de sus capas y tal vez la más superficial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si bien la película nos muestra de entrada a un poeta fracasado de 54 años que vive con su mamá, que abandonó su hija para poder dedicarse a ver pasar las nubes, que se sustenta de andar prestando cinco mil pesos cada tanto, y que según el director en una entrevista para <em>El País</em> del 28 de agosto, es la personificación de sus propios temores, este personaje, Óscar Restrepo, encarnado por Ubeimar Ríos, actor natural, y poeta fuera de la pantalla, podría ser cualquier persona, y siento que <strong>el filme más que satirizar la condición de cierto tipo de artista, o de los artistas caídos en el fracaso y en el alcohol, nos habla con profundidad de la condición humana</strong>, de nuestra innegable fragilidad, y del nefasto inconveniente de nacer en Colombia, en cualquier momento de su historia, y más en la posteridad de los carteles del narcotráfico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues si es indiscutible que en Colombia ha habido todo tipo de poetas, los nadaístas que luego fueron uribistas, por ejemplo, o evangélicos, lo que es peor; los que intentaron sobornar a un juez enviándole un fajo de billetes en una caja llena de libros de poesía… entre otros tristes ejemplos de nuestra fauna nacional, es de conocimiento popular, diríase universal, que <strong>los poetas como tal son inofensivos</strong>. Como queda demostrado en la película, son ellos mismos sus peores enemigos y sólo podrían hacerse daño a sí mismos y su existencia etérea no podría ser uno de los problemas estructurales de Colombia…</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nadie vive de la poesía, pero de los poetas sí se alimenta el desencanto, la depresión y el sinsentido</strong>. Doy fe. Algunos se han dedicado a ser profesores, y por más desprestigio que ellos mismos sientan por este oficio, bastaría recordarles que poetas y profesores de colegio, también lo fueron el ya mítico <strong>César Vallejo</strong>, <strong>Gabriela Mistral</strong>, <strong>Idea Villarino</strong>, <strong>Antonio Machado </strong>y hasta <strong>Nicanor Parra</strong>, dentro de una lista interminable, y que aunque hayan muerto de hambre, literalmente, o en el exilio, con todos sus laureles, <strong>no los mató la poesía, sino la guerra y la precariedad</strong> en que viven los artistas, la impotencia intrínseca de los creadores de no poder subsistir de su arte, impotencia que lleva a Óscar Restrepo al alcoholismo y a la desilusión. Circunstancias que han llevado a millares de personas en general en el país a vivir también en ese desencanto, porque en Colombia la desesperanza no distingue de oficios o profesiones, porque la violencia nos ha castigado por igual.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Un poeta</em>, asimismo, cuestiona con elegancia a los burócratas, y creo que los cuestiona más que a los poetas mismos</strong>. Quién que la haya visto no habrá asociado a los gestores del festival de poesía que en ella aparecen con el director de la <strong>Casa de Poesía Silva</strong>, institución fundada por la inmensa <strong>María Mercedes Carranza</strong> en homenaje de <strong>José Asunción Silva</strong>, nada más y nada menos, patrono de la película, y que hoy en día es un nido de corrupción como la peor oficina de cualquier politiquero, donde le han adeudado por años los pagos a sus trabajadores, y donde la poesía dejó de ser hace tiempo el espíritu que se pasea por sus instalaciones sagradas para darle paso al fantasma del dinero, pues su encargado, al parecer, no heredó ni una sola raya del tigre de su padre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, es de destacar que Medellín en la cinta aparezca sin armas y sin narcos, y que Mesa nos narre otra realidad, aunque también violenta, pero sí alejada de los lugares comunes de nuestro cine. La película fue rodada en formato de 16 milímetros y es un poema visual, nada tan poético como ver a Medellín con el grano de lo analógico. <strong>La película, visualmente hablando, es un poema</strong>. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Una elegía, si se piensa en que Yurlady y Daniela representan a miles de jovencitas de la ciudad abandonadas por sus padres, y por el Estado, que viven en condiciones de hacinamiento deplorables, y que a pesar de todo tienen conciencia de que su salvación nada tiene que ver con la poesía, ni con el sueño de ser grandes poetas, o sea: su salvación nada tiene que ver con la educación, sino con la posibilidad tangible de ver a sus familias en paz, en tranquilidad, obteniendo su mínimo vital y, ojalá, y esto ya es una plegaria mía, aleladas de la terrible exposición al turismo sexual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En fin, <em>Un poeta</em> narra el drama de los artistas en general en medio del desencanto como consecuencia de las condiciones sociopolíticas de un país de arpías como Colombia, y desvela su humanidad, mostrándonos cuán frágiles son, y nos recuerda que dentro de ellos pueden cohabitar ángeles y demonios, y que algunos son nada más que demonios, por talentosos y reconocidos que sean. Los poetas que organizan recitales para acosar a las jovencitas. Los padres que abandonan a sus hijas o hijos. Su problema no es ser poetas, es ser hombres, u hombres violentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi caso, pese a todo, prefiero celebrar la vida de todos los anónimos Óscar Restrepo que hay en el país, viviendo de los oficios más disímiles en sus propios pueblos, alejados del asqueroso mundillo literario. Prefiero celebrar la vida de todas las anónimas Yurlady que escriben poemas, en sus pupitres de colegio, sobre las sábanas que se secan en sus patios, y sobre los colores de su habitación de comuna en la loma, sin esperar protagonismo de ningún tipo, y no celebrar nunca a los burócratas que, sean poetas o no, viven de nuestra sangre. A los burócratas que sin acercarse en lo más mínimo a la grandeza de García Márquez sí viven convencidos de ser como él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, como esta reseña sólo la leen poetas, porque <strong>en Colombia a nadie le importan los poetas</strong>, salvo a ellos mismos, me despido con estos versos de <strong>José Emilio Pacheco</strong> que, creo, encierran bien lo que les he querido decir hasta ahora: “Dijo Cernuda que ningún país/ ha soportado a sus poetas vivos./ Pero está bien así:/ ¿No es peor destino/ ser el Poeta Nacional/ a quien saludan todos en la calle?”</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Albeiro Guiral</strong><br><a href="https://www.instagram.com/amguiral/">www.instagram.com/amguiral</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120051</guid>
        <pubDate>Thu, 04 Sep 2025 15:25:55 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/09/Un-poeta-Simon-Mesa-Albeiro-Guiral.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[«Un poeta» o de la fragilidad humana]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">120051</post-id>    </item>
        <item>
        <title>El hombre que soñó refundar el paraíso en Santa Marta</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/otro-mundo-es-posible/el-hombre-que-sono-refundar-el-paraiso-en-santa-marta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hace 500 años, Rodrigo de Bastidas volvió a la bahía que había visitado más de dos décadas atrás para fundar Santa Marta, la primera ciudad del continente. La suya fue una locura: trasladó a 450 personas, cemento y hasta perros para darle vida a una ciudad imposible. ¿Qué llevó al marino sevillano, rico comerciante esclavista, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h4 class="wp-block-heading"><em>Hace 500 años, Rodrigo de Bastidas volvió a la bahía que había visitado más de dos décadas atrás para fundar Santa Marta, la primera ciudad del continente. La suya fue una locura: trasladó a 450 personas, cemento y hasta perros para darle vida a una ciudad imposible. ¿Qué llevó al marino sevillano, rico comerciante esclavista, a migrar a un nuevo destino? ¿Negocio o idealismo?</em></h4>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="683" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/07/bastidas-683x1024.png" alt="" class="wp-image-118522" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Enrique Patiño</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Rodrigo de Bastidas salió herido de muerte del poblado de Santa Marta que acababa de fundar apenas un año atrás. Un bote de remos lo condujo de vuelta a la nave. Debía despedirse de la bahía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Bien merecido se lo tiene”, vociferaron sus opositores, que no eran pocos. “Pobre hombre, había cambiado. Era amable y defendía a los nativos”, alegaron sus defensores, también numerosos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bastidas había insistido durante 23 años en ir a aquella tierra a la que nadie quería aventurarse. Eso le implicaba salir de Santo Domingo, donde vivía en la opulencia como un hacendado exitoso. Su decisión estaba tomada desde que la había visto por primera vez, cuando pasó frente a su bahía y desembarcó para tomar alimentos y beber agua fresca. Finalmente, logró la capitulación de la Corona española para hacerse con las nuevas tierras. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez tuvo la aprobación de los monarcas, emprendió una cruzada descomunal para llevarse consigo a 450 personas con la única intención de construir un primer pueblo en Tierra Firme. Nadie le quería hacer caso y lo tildaron de loco. Una cosa era vivir en las islas del Caribe, lugares cómodos y de fácil salida, y otra adentrarse en aquel continente inmenso, desconocido, del que nadie sabía nada, donde había múltiples tribus en las costas, el miedo a lo desconocido y ninguna certeza de que hallarían riquezas. Los convenció diciéndoles que ganarían dinero y que era un lugar cercano al paraíso. Les aseguró que nunca querrían irse de allí.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Los ecos del nuevo mundo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo irónico es que haya sido él el primero en partir. Bastidas saludó al capitán da la nave La Santiago, fondeada en la bahía, a bordo de la cual había llegado a Santa Marta. Tomó la mano de su mujer, Isabel Rodríguez. Lo acompañaba su hijo, que tenía su mismo nombre, y aspiraba a ser obispo. A él le contó su historia completa, para que no la olvidara:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contaba con dieciocho años cuando hubo una gran agitación en Sevilla el día que conoció la noticia que partió la historia en dos: un posible nuevo mundo había sido avistado por los navegantes que habían viajado al occidente en sus barcos. No habían caído al abismo, sino que habían encontrado tierras, gentes, aves y alimentos insólitos. Unos afirmaban que era China o la India. Otros, que se trataba de una tierra nunca vista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El misterio y la necesidad impulsó a los migrantes a irse a probar fortuna. Él era aún joven, pero ya era marino y volvió corriendo a su casa para pedir autorización de irse a probar fortuna. No eran buenas épocas en su tierra. España era entonces una tierra de batallas internas, reinados turbios, una religión opresiva y pocas garantías de felicidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A medida que pasaban los años, Sevilla se fue llenando de más marineros que alimentaban el fervor de nuevos hallazgos. En los bares, los navegantes narraban sus aventuras, tristes o esperanzadoras. Ya en ese entonces, Bastidas se había postulado para sumarse como capitán.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca fue notario, ni tuvo estudios formales. Era un marino más del barrio de Triana, que consiguió el 5 de junio de 1500 el permiso para “<em>descubrir islas e tierra firme a las partes de las Indias, o a otra cualquier parte</em>” con tal que no fueran las que habían descubierto ya Cristóbal Colón, o las que pertenecían al rey de Portugal. La corona no financia su viaje, pero lo nombra capitán de la expedición y le pide entregar la cuarta parte de todo lo que obtenga, si consigue organizar su viaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Agradecido por la oportunidad, se arrodilla frente a la patrona de Sevilla, la Santa Marta, y se encomienda a ella. De paso, le promete que bautizará la tierra más bella que encuentre en su nombre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero necesitaba dinero para el viaje. Se alía con Juan de la Cosa para conseguir patrocinadores y fletar los barcos. Tarda bastante en conseguir los maravedíes suficientes para cruzar la mar. Finalmente se hace con dos navíos, compra las vituallas para el viaje, contrata a los marineros, armazones y chinchorros de pesca para poder abastecerse del mar. También suma mercaderías baratas para intercambiar con los indígenas posibles que encuentre, como telas y espejos, cascabeles, cuentas de vidrio, tejidos y ropas de bajo coste, porque así se lo han aconsejado los navegantes que ya han ido al otro lado del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bastidas se ha empeñado, literalmente, para poder viajar. Cuando zarpa, lo debe todo. Concibe su viaje como un negocio: o gana o se arruina. Le han prestado dinero y debe traer lo suficiente como para pagar las deudas, ganar él y pagarle a la corona.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ve la bahía por primera vez</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sale en enero de 1502 desde el puerto de las Mulas de Sevilla, enfila hacia el sur de las tierras halladas por Colón y tras meses de navegación da con el golfo de Venezuela, el Cabo de la Vela y la costa de Santa Marta. Bajan hasta el golfo de Urabá y las tierras de Panamá. Paran sucesivas veces en las tierras que descubren y las bautizan o preguntan a sus habitantes los nombres que usan. Santa Marta ha sido su favorita por su belleza y su ubicación entre montañas, por lo que decide llamarla así desde entonces en sus documentos de viaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A su regreso, pleno ya de mercancías, sus naves resultan dañadas por un molusco que desconoce, la broma marina, un bivalvo que desconocía y se alimenta de madera. Los cascos de su barco quedan debilitados y debe guarecerse en la isla de Santo Domingo. Su suerte parece torcerse porque es acusado tras llegar a costas que no le eran permitidas. Luego resulta absuelto en España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para sorpresa de sus enemigos, es premiado por los reyes por sus hallazgos y la fortuna le sonríe: Bastidas se convierte pronto en un comerciante rico que vive de capturar indígenas Caribe y de su extracción de las perlas, de la cría de hasta 8.000 cabezas de ganado y del rescate de oro. Un típico colonizador en pleno. Cuando es nombrado regidor de Santo Domingo alcanza la total riqueza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quería más. A medida que se ampliaba la colonización, los españoles buscaban más indígenas para esclavizar y comerciar ante la escasez de mano de obra. Es entonces cuando opta por ganarse la gobernación de Santa Marta, que al final consigue. La capitulación le exige construir una población y una fortaleza. A cambio, concede exenciones y privilegios a los nuevos pobladores. A Bastidas le permite gozar del privilegio de repartir aguas, tierras y solares. Así lo recuerda J.J. Real Díaz en su libro <em>El sevillano Rodrigo de Bastidas</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fundar el primer pueblo en el continente</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bastidas entiende que no será un viaje como todos: fundar un pueblo implica organizar las estructuras de una nueva provincia, atraer a los indígenas locales para convertirlos a su religión y sentar las bases de la agricultura y la ganadería. Necesita, además de marinos, llevar familias de pobladores que quieran quedarse y organizar un pueblo. Es cuando la mayoría rehúsa acompañarlo. Nadie sabe si hay riquezas en Santa Marta. Termina ofreciendo regalos, pagando deudas a morosos para que se unan a su travesía y sacando presos de la cárcel para que viajen con él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, logra disponer de una nave gruesa, La Santiago, además de cuatro carabelas. Llena las bodegas de cal y ladrillos, de ganado y mercancía, vacas y caballos, y de todo lo que necesita para fundar una población. Envía dos carabelas por delante, por seguridad, y el resto de las familias lo siguen atrás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vuelve a recorrer las costas que había visto veinte años atrás. Después de cruzar el Cabo de la Vela divisa los picos nevados de la sierra nevada que tanto le había llamado la atención, más imponente aún que la de Granada, en su tierra. Ve las aguas tumultuosas que se suceden en playas sucesivas, las olas encabritadas que moldean rocas como huevos de dinosaurio, la vegetación verdísima, si es que pueden llamarse verdes las infinitas tonalidades que abarcan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ve a los indígenas con sus gorros blancos, tutusomas que representan su tierra coronada de nieves, y que los observan y siguen desde las orillas; contempla las playas tranquilas, las montañas cundidas de cervatillos y árboles de trupillos, las tortugas marinas que acompañan sus carabelas, las playas amplias que se vuelven bahías. Desciende por fin en la bahía llamada de Gaira, como la tribu que la habita. Pisa las conchas que pueblan la arena, mareado aún por el movimiento de tantas horas de mar. Los hombres que lo acompañan lo siguen y entre los rezos y las plegarias, agradecen el abrazo de aquel lugar cuyas montañas los envuelven mientras el mar calmo los recibe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Beben el agua fría del río Gaira que desciende de la sierra y envía una comitiva para entrar en contacto con los habitantes de allí, que son numerosos y curiosos, y que calientan las conchas extraídas de la playa para hacer cal con ella. Las etnias tienen nombres que escriben en su letra enrevesada: koguis, arhuacos, chimilas, malebúes, gairas, tagangas o dorsinos, entre otras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego eligió la bahía más profunda para fundar la ciudad que quería y allí desembarcó sus vacas, cerdos, yeguas y perros, los ladrillos y los clavos, y empezó a negociar con los indígenas para aplicar la Leyes de Burgos, que exigían un buen trato. Nadie entendió qué le pasaba. ¿Bastidas, el comerciante de esclavos, pedía negociar y tratar con bondad a los nativos? ¿Bastidas, el hacendado, refrenaba la cacería de los locales? Sus subalternos intuyeron que tramaba un plan para quedarse con todo y no darles nada. Que quería amistarse con los locales para después timarlos y dejar a todos los recién llegados con un palmo de narices tras llevarse las riquezas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su mujer y él argumentaron que la belleza del lugar, y haber estado consagrado a la Santa de Sevilla, lo había cambiado. Que aquel era el paraíso y merecía conservarse así. Nadie le creyó. Quizás ni él mismo. Conjeturaron que a sus cincuenta años podía estar entrando en la sinrazón. A sus espaldas, se lanzaron a la cacería de los indígenas y cinco de los suyos se aliaron para sacar a Bastidas del camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La noche aciaga y la huida</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con cuchillos en mano atravesaron el pecho del gobernador. No murió de inmediato, pero por eso se subió a la nave La Santiago que lo sacará de allí. Así se lo relató a su esposa y a su hijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras emprende el viaje que lo llevará hasta Cuba, donde Rodrigo de Bastidas morirá, los conspiradores son juzgados. Las familias que fundaron las doce primeras haciendas se dividen entre sí. Construyen la iglesia y unas pocas casas, pero prefieren arremeter en viajes hacia el interior de Santa Marta en busca de riquezas ajenas antes que seguir edificando el paraíso: la gran Teyuna, ciudad de los Tayronas, termina abandonada; las poblaciones indígenas resultan arrasadas. La ciudad crece, pero permaneció desprotegida y con pocas fortalezas, por lo que termina siendo incendiada veinte veces en 150 años por piratas franceses, ingleses y holandeses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El paraíso que soñó Bastidas para la ciudad cobró otra forma a partir de entonces. A pesar de la violencia inicial contra lo diferente a lo español, se impuso el mestizaje. A Santa Marta llegaron los vestidos de seda para las damas encopetadas a la par que las primeras Biblias impresas, pero también los africanos esclavizados que legaron sus bailes y su gastronomía, así como los indígenas que bajaron de la Sierra e impusieron tanto su tranquilidad como sus saberes ancestrales. Los andaluces impusieron el acento, pero los indígenas lo suavizaron y los africanos lo volvieron más rápido y golpeado. Todos fraguaron un nuevo ser, el caribeño, que se replicó por las costas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y todo se mezcló: las campanas para las iglesias con el conocimiento de los mamos, las gaitas europeas con las gaitas y ocarinas indígenas, los bombardinos y trombones con los tambores de los africanos de Mali,&nbsp;Senegal,&nbsp;Guinea&nbsp;y&nbsp;Burkina Faso, el hierro para el primer tren con el cobre de los fogones donde se fritaba en grasa de cerdo el maíz de las arepas. Eso no lo sabría Bastidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero ese, al final, sería la versión del paraíso que había soñado: una donde la diversidad que lo había atraído sería representada por la coexistencia de todo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/07/2018_Santa_Marta_Colombia_-_Estatua_de_Rodrigo_de_Bastidas-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-118523" /></figure>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" data-id="118524" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/07/jm4vfdTSUy3B8lFYrGuX-0-tdl3u.jpg" alt="" class="wp-image-118524" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/07/jm4vfdTSUy3B8lFYrGuX-0-tdl3u.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/07/jm4vfdTSUy3B8lFYrGuX-0-tdl3u.jpg?resize=150,150 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/07/jm4vfdTSUy3B8lFYrGuX-0-tdl3u.jpg?resize=300,300 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/07/jm4vfdTSUy3B8lFYrGuX-0-tdl3u.jpg?resize=768,768 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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        <author>Enrique Patiño</author>
                    <category>Otro mundo es posible</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118521</guid>
        <pubDate>Sun, 27 Jul 2025 11:03:49 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El hombre que soñó refundar el paraíso en Santa Marta]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Enrique Patiño</media:credit>
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        <title>El Odeón Escondido: un santuario musical en el corazón del Oriente antioqueño</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/el-odeon-escondido-un-santuario-musical-en-el-corazon-del-oriente-antioqueno/</link>
        <description><![CDATA[<p>No apareció de la nada. Aunque pareciera. Como si el silencio —ese que precede a todo lo sublime— hubiera decidido parir arquitectura. Ahí, en medio de una hondonada callada de Llanogrande, Rionegro. De repente: una joya. Discreta. Majestuosa. Viva. El Odeón Escondido. Qué nombre, ¿no? Parece inventado por un poeta extraviado en el siglo XXI. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>No apareció de la nada. Aunque pareciera. Como si el silencio —ese que precede a todo lo sublime— hubiera decidido parir arquitectura. Ahí, en medio de una hondonada callada de Llanogrande, Rionegro. De repente: una joya. Discreta. Majestuosa. Viva. El Odeón Escondido. Qué nombre, ¿no? Parece inventado por un poeta extraviado en el siglo XXI.</p>
<p>No es un auditorio. Tampoco un teatro. Mucho menos una sala de conciertos de esas con paredes grises y sillas de tortura lumbar. No. Esto es otra cosa. Un cuerpo acústico. Un templo. Un capricho casi divino levantado para que la música —la poética, la profunda, la que conmueve— tenga casa propia. En una región donde eso, sencillamente, no existía.</p>
<p>¿Y el diseño? Una locura contenida. O una plegaria en madera. Adentro, al fondo del escenario —el lugar del altar, si esto fuera una iglesia— brilla una roseta de Penrose. Geometría casi sagrada. Simetría sin repetición. Un infinito contenido en un dibujo. Y encima, el techo: Miura Ori. Parece japonés porque lo es. Un origami pensado por el astrofísico Kōryō Miura y replicado aquí en madera, como si alguien quisiera que el universo se plegara al sonido. Y se pliega. Lo juro. Cada panel, cada ángulo, cada poro de esa madera… canta. O calla. Según la obra.</p>
<p>Todo adentro es madera. Y no por capricho estético. Por amor. Porque la madera escucha. Respira. Resuena. Abraza. La acústica es tan precisa que hasta el silencio suena afinado. A veces uno quiere quedarse así: callado. Para no romper lo que suena sin sonar.</p>
<p>Simón Uribe —el arquitecto— no construyó: orquestó. Nada impone. Todo revela. Cada trazo esconde una intención. Cada forma, un gesto. Pocas veces la arquitectura se convierte en partitura. Esta vez, sí.</p>
<p>Pero este lugar no nace solo. Tiene madre. Marta Lucía Ramírez. Cardióloga. Melómana furiosa. Cultivadora de oídos. Durante años hizo tertulias musicales en Medellín que fueron escuela, liturgia, resistencia. Soñó con un espacio donde la música pudiera estar sin pedir permiso. Un lugar donde la belleza no fuera lujo sino necesidad. Y soñó tanto que un día ese sueño se volvió techo. Y acústica. Y butaca.</p>
<p>Y no es solo forma. Ya hay fondo. Ya han tocado aquí voces y dedos de los que estremecen. Manuel López un violinista sublime y virtuoso que pre inauguró El Odeón Escondido, su violín despertó el recinto dándole vida musical. Natalia Tobón, soprano luminosa. Diego Salazar, pianista que borda el teclado con la calma de quien respira música. Juan Felipe Restrepo, guitarra de fuego. El Proyecto Modular, una constelación de músicos de la Filarmónica de Medellín: Elizabeth Osorio (flauta traversa), Jhon M. Trujillo (violín), David Merchán (viola), Karen Londoño (violonchelo). Interpretaron el Cuarteto para flauta y cuerdas de Mozart. Sonó como si el mismo Mozart hubiera estado espiando desde alguna rendija, sonriendo.</p>
<p>Y no están solos. Hay padrinos. Gigantes. La maestra Blanca Uribe, símbolo del piano en América Latina. El maestro Lezlye Berrío, pianista de país, que tiene un virtuosismo íntimo y feroz. El maestro Pablo Villegas, violinista consagrado con una sensibilidad mágica. Todos han dicho presente. Y no como adorno. Como fe. Como quien sabe que ahí hay algo distinto. Y necesario.</p>
<p>El nombre <em>Odeón</em> viene del griego. ōideion: lugar para cantar. En la Grecia antigua eran espacios íntimos donde se oía, no solo se escuchaba. Donde se cantaba, sí, pero también se decía lo que no cabía en la calle. En lo cotidiano. Este Odeón recupera eso: no es un lugar para sonar. Es un lugar para escuchar. Con todo el cuerpo. Con las costillas. Con los ojos. Con el corazón si todavía late.</p>
<p>El Oriente antioqueño es una tierra de paradojas. Naturaleza brutal. Historia dolorosa. Riqueza mal repartida. Cultura a medias. Este lugar —El Odeón— parece un acto de reparación simbólica. Un intento de devolverle al tiempo su ritmo. A la tierra, su pausa. Aquí no hay conciertos. Hay rituales. Y los rituales, cuando son verdaderos, no se aplauden: se agradecen.</p>
<p>Todavía es joven. Recién nacido. Pero su alma viene de lejos. Como las catedrales góticas. Cada línea está ahí por algo. Cada decisión estética fue pensada como quien talla un rezo. No hay exceso. No hay sobra. Todo importa. Todo dice.</p>
<p>Falta una cosa. Y es urgente. Un piano. Uno digno. No prestado. No alquilado. Propio. Uno que haga cuerpo con el espacio. Que lo complete. Por eso están invitando a “donar una tecla”. Porque no se trata de plata. Se trata de fe. En la música. En el arte. En la posibilidad de que algo —por fin— suene donde antes solo hubo ruido.</p>
<p>Wagner decía que “la música empieza donde terminan las palabras”. Y este Odeón empieza justo ahí. En el umbral donde el lenguaje ya no alcanza. Donde hay que decir sin decir. Donde solo la música puede.</p>
<p>Y sí. En estos tiempos llenos de todo. Saturados de voces, de opiniones, de sonidos estridentes y verdades gritadas&#8230; necesitamos más silencios como este. Silencios que vibran. Que acunan. Que afinan.</p>
<p>Necesitamos más Odeones.</p>
<p>Aquí puedes donar para el piano.</p>
<p>https://vaki.co/es/vaki/un-piano-para-el-odeon-escondido-en-rionegro</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117549</guid>
        <pubDate>Sun, 29 Jun 2025 20:45:29 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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        <title>La marcha sin silencio </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/usted-marcho-el-divino-nino-si-en-silencio/</link>
        <description><![CDATA[<p>La marcha del silencio transcurrió con bombos y platillos, y pequeñas hipocresías. Se perdió una oportunidad histórica de reconciliarnos, aunque fuera por un día y sin el peso maligno de las palabras mal dichas.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Imagen tomada de video en redes sociales. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9 wp-block-paragraph"><strong><em>“Has logrado liberarte de la muerte. Y esta liberación, producto de las búsquedas que llevaste a cabo en tu propio camino, la has conseguido a través del pensamiento, la meditación, el conocimiento y la iluminación”:</em> De la novela Siddartha, de Hermann Hesse, escritor alemán.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El silencio es la tumba de las palabras. Cuando la violencia de las palabras pesa, el silencio está ahí para sostenernos. Quizás lo que nos faltó fue otro mandamiento más para incumplirlo: “Harás silencio cuando sea necesario”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La derecha se levantó ayer con el pie izquierdo, pues aunque marcharon con ambos píes, varios lunares le quitaron brillo a su marcha del silencio, que arrancó con megáfono en mano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En “La marcha del silencio” hubo de todo menos silencio. La oposición salió a las calles para, por infinitésima vez, pedir la renuncia del presidente Gustavo Petro. El silencio fue interrumpido por la arenga. O más bien, la <a href="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/el-uribismo-arrecia-contra-petro-en-marcha-por-miguel-uribe/">arenga uribista</a> no halló paz ni sosiego. El único que marchaba calladito era el Divino Niño, dando ejemplo como siempre. La buena noticia es que no le sacaron un ojito por hacer uso de su derecho a marchar.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-la-silla-vac-a wp-block-embed-la-silla-vac-a"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="R8iI2Y5RvC"><a href="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/el-uribismo-arrecia-contra-petro-en-marcha-por-miguel-uribe/">El uribismo arrecia contra Petro en marcha por Miguel Uribe</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;El uribismo arrecia contra Petro en marcha por Miguel Uribe&#8221; &#8212; La Silla Vacía" src="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/el-uribismo-arrecia-contra-petro-en-marcha-por-miguel-uribe/embed/#?secret=TPJB35OCuu#?secret=R8iI2Y5RvC" data-secret="R8iI2Y5RvC" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Paloma Valencia aprovechó este paseo dominguero por las calles bogotanas para decirle al presidente que “queremos que entienda que su lenguaje de odio y sus ataques institucionales no son aceptados por la mayoría de los colombianos”. Mientras hablaba ante las cámaras, al fondo marchaban con su estrépito las vuvuzelas, los pitos y los silbidos. En Medellín, en medio del ruidajo, gritaban “Uribe Uribe”. La prensa también se unió: “A marchar todos por Miguel y por la democracia”, tituló El Colombiano en primera plana.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="867" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/06/ZETA-MARCHA-5-867x1024.jpg" alt="" class="wp-image-117070" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras que a Claudia López la tachaban de oportunista, a un reportero del canal público RTVC lo trataron de guerrillero y hachepé; debieron taparle sus castos oídos al Divino Niño, ¡qué pena con Él!</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">Ahí tienen a sus pacifistas 👇🏻 <a href="https://t.co/JClk8A6LK9">pic.twitter.com/JClk8A6LK9</a></p>&mdash; MISS POIROT (@MissPoirot07) <a href="https://twitter.com/MissPoirot07/status/1934281471465832649?ref_src=twsrc%5Etfw">June 15, 2025</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Quedó claro que los colombianos no conocemos el significado de las palabras. Nos falta diccionario. Es entendible, porque Colombia está en el top tres de los países que menos aguantan el silencio. “Los colombianos solo soportan seis segundos de silencio en conversaciones, antes de sentir ansiedad”, dice Noticias Caracol que este año recogió un informe de la <a href="https://www.noticiascaracol.com/colombia/colombianos-solo-soportan-6-segundos-de-silencio-en-conversaciones-antes-de-sentir-ansiedad-so35">plataforma Preply.</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quedó claro que, tratándose de políticos, no hay acto genuinamente desinteresado, donde estos personajes pongan al país en el centro, y no sus intereses partidistas. Una marcha del silencio bulliciosa persigue en sí misma un fin político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Distinto hubiera sido que la oposición y el uribismo hubieran convocado a todas las fuerzas políticas, empezando por sus archirrivales progresistas, con quienes se tienen que ver las caras todos los días en el Congreso de la República –lo de todos los días es un decir, por mucho tres veces por semana-, y no únicamente contar con los suyos para increpar al presidente de la República.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>&#8220;Ese pichón de dictador no se va quedar. Si se quiere quedar, lo sacamos de allá&#8221;,</strong> dijo una doctora María Fernanda Cabal desbordada para alborotar a sus huestes. Las palabras de la senadora uribista me transportaron en el tiempo. Recordé la forma cómo el 11 de septiembre de 1973 sacaron al presidente Salvador Allende de la Casa de la Moneda en Chile: muerto. Y lo siguiente fueron los años de oscurantismo en que se sumió ese país en manos de, él sí dictador, Augusto Pinochet.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr"><a href="https://twitter.com/hashtag/FuerzaMiguel?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#FuerzaMiguel</a> Colombia no se arrodilla ante los violentos. Estamos de la mano de Dios. <a href="https://t.co/IUq3VlkMyb">pic.twitter.com/IUq3VlkMyb</a></p>&mdash; María Fernanda Cabal (@MariaFdaCabal) <a href="https://twitter.com/MariaFdaCabal/status/1934301247344939434?ref_src=twsrc%5Etfw">June 15, 2025</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ojalá no vuelva la violencia política de antes que eliminaba físicamente al contradictor, como la que debió soportar la Unión Patriótica desde el Estatuto de Seguridad de Julio César Turbay. Hoy existe una peligrosa violencia mediática que descalifica. Se necesita que los violentólogos nos ayudan a descifrar cómo este lenguaje exacerbado de insultos y señalamientos podría desembocar, más temprano que tarde, en hechos fatídicos que nos conduzcan a marchar no hacia las plazas públicas, sino enjuagados en llanto hacia los cementerios. Si los políticos no miden sus palabras, tendremos que hacerlos directamente responsables de cualquier desenlace funesto. Hay que insistir: las palabras mal dichas tienen el poder de hacer sangrar los libros de historia. No confundamos marchar con márchate. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La senadora Cabal también dijo &#8220;Dios nos hizo libres&#8221;. Ni tanto, porque de entrada se nos impuso la tarea de perpetuar la especie, que es perpetuar los problemas sin multiplicar los peces. Las cosas estarán bien en Colombia cuando los unos no tengan que marchar para defender lo que se tiene o los otros no deban marchar para exigir aquello de lo que carecen. <br><br>No obstante, en un acto de gallardía, el presidente de los colombianos celebró en sus redes sociales la marcha de la derecha. Hay que poner fin a este tire y afloje. Divino Niño: te rogamos que siga así de conciliador. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/06/ZETA-MARCHA-3-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-117048" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El silencio es la tumba de las palabras. Cuando la violencia de las palabras pesa, el silencio está ahí para sostenernos. </strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando escuché la palabra “marcha del silencio” me alegré. —Por fin nos vamos a callar todos, pensé. Leyeron <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-dia-despues-del-atentado-a-miguel-uribe-turbay/">mi artículo del lunes</a>, concluí emocionado. Por fin el silencio triunfará. Me lo imaginaba con un minuto de silencio eterno, una sola plegaria, el recogimiento profundo sobre qué nos pasa y en qué hemos fallado cada uno de<strong> </strong>nosotros. Nos quedaron debiendo el saludo de la paz. ¡Ay, Divino Niño, haznos el milagrito! </p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguía alelado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Buda se ha metido en nuestros cuerpos y almas! Bailé de alegría, imaginando que todos y todas leyeron “Siddartha” al derecho y al revés. ¡Si conocieran la maravillosa pluma edificante de Hermann Hesse! Me fui de bruces sobre mi utopía. Ojalá los políticos se refugien más en la literatura, no sólo en la matemática electoral. Tiempo es lo que tienen los cuatro días de la semana que no van a legislar.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="1oa2nWhg4H"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-dia-despues-del-atentado-a-miguel-uribe-turbay/">El día después del atentado a Miguel Uribe Turbay</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;El día después del atentado a Miguel Uribe Turbay&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-dia-despues-del-atentado-a-miguel-uribe-turbay/embed/#?secret=Do13pN9XwT#?secret=1oa2nWhg4H" data-secret="1oa2nWhg4H" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Por fin será el fin de tanto proselitismo disociador, soñé que soñaba. Pero fue pura ilusión.  Una vana ilusión, como el título de la novela de un amigo. Según la oposición, el único que debe reflexionar en este país es el jefe de Estado, porque los demás no tienen pecado concebido. No rompen platos porque ya no hay vajilla. Mirar la viga en el ojo ajeno es la mayor torpeza de unos y otros, a la derecha y a la izquierda y los del medio. Convirtieron moral en moralina. La pequeña hipocresía. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Un confidencial de <strong>El Espectador</strong> dice que durante el anuncio de “la gran marcha del silencio”, liderada por María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Efraín Cepeda y Vicky Dávila, se quedaron por fuera de la foto quienes hacen parte del grupo político del senador Miguel Uribe, objeto del homenaje, a quien debemos desear que “se debata entre la vida y la vida”, recogiendo las palabras del primer mandatario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Extraordinariamente se sigue hablando de diferencias en el Centro Democrático”, dice el periódico. La batalla que libra solo el congresista Miguel Uribe fue apenas una excusa para un golpe de opinión válido. Cuando él, ya recuperado, retorne al ruedo político tendrá tiempo para ver cómo sus posibles contendores aprovecharon su ausencia en beneficio propio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para completar, los expresidentes Duque y Uribe no se pueden ni ver. A la Fundación Santa Fe fueron cuidándose de no cruzarse. En fin, ese es el resumen de un país divididito, donde incluso los iguales con sus rencillas sienten que duermen con el enemiguito.  Y dicen tener el corazón más grande que los demás, pero lo han llenado de resentimiento. Así está toda la nación: resentida. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La prueba de un país fraccionado es que mientras en la marcha de ayer ondeaba la bandera de Israel, en el concierto de la Esperanza, convocado por la Izquierda, ondeaba la bandera de Palestina. Es decir, ni siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo para agitar unidos la bandera de Colombia y defender la vida de cada ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="819" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/06/ZETA-MARCHA-2-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-117045" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El otro día la congresista Katherine Miranda dijo lo siguiente: <strong>“No volveremos a ver un gobierno de izquierda”. </strong>Congresista, recuerde que las palabras tienen poder y que el silencio también es poder. Hay que poder entonces aprender a callar para no violentar más el discurso, diciendo quién sí tiene derecho a gobernar y quién no lo tiene. El genocidio de la Unión Patriótica partió de miramientos como ese.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <a href="https://www.elespectador.com/colombia-20/paz-y-memoria/elecciones-2026-miguel-uribe-y-los-otros-57-politicos-asesinados-amenazados-y-victimas-de-violencia-politica-noticias-hoy">este informe</a>, <strong>El Espectador</strong> nos recuerda que, aparte del precandidato Miguel Uribe, hay más víctimas de la violencia política en lo corrido de 2025. “Las cifras revelan que, en muchos territorios, la campaña electoral se libra entre el miedo y las balas”, dice la periodista Cindy Morales Castillo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Invito al progresismo a que organice una marcha del silencio por todos nuestros muertos, sin importar su color político; esta izquierda que conoce el significado de la palabra silencio tiene la autoridad para hacerlo, porque históricamente la han callado a la fuerza, casi hasta la extinción. Marchemos sin color político para que los humanos seamos incluidos en el Libro Rojo de Especies Amenazadas hasta lograr que la vida humana se proteja y la Constitución cumpla esa promesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Impulsen una verdadera “marcha del silencio” silenciosa, como aquella que convocó Jorge Eliécer Gaitán <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/la-fuerza-del-silencio-la-marcha-de-gaitan-que-marco-la-historia-de-colombia">el 7 de febrero de 1948</a>, para repudiar el asesinato de liberales y la <a href="https://youtu.be/7moMR6jiYHc?si=TBjOI9xq-in5UayX">ferocidad bipartidista</a>, sin saber que la siguiente victima sería él. Marcharon unas cien mil en una Bogotá que tenía entonces 450 mil habitantes, más o menos. En la marcha de ayer marcharon en la capital unas 70 mil personas de una ciudad con alrededor de 8 millones, lo que significa que es amplísimo el número de ciudadanos que hoy se muestran indiferentes con la cosa política, y ahí tanto la izquierda como la derecha y los del medio tienen tema para reflexionar. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La marcha concluyó sobre el mediodía. Al final todos regresaron a sus casas y por fin reinó el mutismo en las calles. Cuando las gargantas se apagaron, solo quedaba una cosa por decir: Denle el uso de la palabra al silencio. </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117041</guid>
        <pubDate>Mon, 16 Jun 2025 12:46:57 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/06/ZETA-MARCHA-4.jpg?quality=60&amp;#038;w=962" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La marcha sin silencio ]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">117041</post-id>    </item>
        <item>
        <title>¿Hay alcalde en Bogotá?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hay-alcalde-en-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>La ciudad está 2.600 metros más cerca de las estrellas, pero también del caos en seguridad, movilidad, contaminación y cultura ciudadana. No solo de Metro vivirá Bogotá, señor alcalde. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-10 wp-block-paragraph"><strong>El 47% de los ciudadanos desaprueba la gestión del alcalde, según la última encuesta Invamer Poll.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-11 wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿No hay quien viva en Bogotá, no hay quien la gobierne?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bogotá parece una ciudad de zombis, con el perdón de todos y de mí que soy uno más, aunque a veces me siento extraño habiendo nacido aquí, en una casa que —todavía me acuerdo—, se inundaba cuando llovía, y <em>pescaditos </em>pero no de oro flotaban en el ambiente. Era la época de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=BrodrCHKu_o"><em>Las Señoritas Gutiérrez</em>,</a> las solteronas más famosas de la ciudad y de la televisión. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La ciudad es tan distinta pero tan igual. Tan distinta porque los niños ya no juegan en la calle: con la pandemia aumentó el número de mascotas y de la calle se adueñaron los perros y su popó; y tan igual porque no ha dejado de ser el arca de los diluvios. La misma ciudad lúgubre en invierno que encontró Gabriel García Márquez a su llegada. <em>“En los tranvías y orinales públicos había un letrero triste: ´Si ni le temes a Dios, témele a la sífilis´”,</em> escribió en <em>Vivir para contarla.</em> Hoy los perros han cogido la calle de orinal y cagadero público. Y se le teme al <em>raponero</em>, no a Diosito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco nosotros hemos cambiado. Somos como autómatas. Vivimos porque toca vivir, vamos porque toca ir, regresamos porque toca regresar. La ciudad se mueve indiferente a sus problemas. Ansiosa. Desinteresada. Indolente. Inclemente. Insolente. Y todo lo terminado en ente. Sí, a veces también, demente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Somos apáticos y abandonados, incapaces de sentir amor verdadero por la capital. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los días de lluvia son terribles, pero ya nos acostumbramos al caos que trae el agua, y con ella la <em>sorbedera</em> de mocos, porque todos andan apestados por estos días y toca gritar “a metros Satanás” para que no le estornuden a uno en su cara. El que viaja en Transmilenio, va condenado. Los virus son como un mal alcalde: Nadie se salva de ellos ni bañándose con las siete hierbas amargas, porque agua tampoco hay.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-12 wp-block-paragraph"><strong><em>“Alcalde Galán, traiga el agua a Bogotá y no humille al pueblo”:</em> presidente Gustavo Petro en su discurso del Día Cívico en la plaza de Bolívar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los aguaceros bogotanos son apocalípticos pero hay racionamiento de agua. ¿Cómo explicarlo? El sistema de alcantarillado colapsa y a nadie se le ocurre pensar que tal vez sea hora de actualizarlo, pero eso debe costar un ojo de la cara y nos terminarán arrancando los dos ojos vía impuestos. Reflejo de una ciudad mal hecha, sin la debida planeación urbana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sistema de tuberías actual corresponde a una Bogotá antiquísima, no a esta que crece desordenadamente. A eso súmele que el sistema de basuras colapsa los sistemas de drenaje de la ciudad. Ahí estamos pintados nosotros y nuestro chiquero. </p>



<p class="has-text-align-right has-contrast-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-13 wp-block-paragraph"><em><strong>Nos rajamos en cultura ciudadana. </strong>Sobre la pared se lee este aviso: &#8220;Prohibido botar basura. Multa reglamentada en la ley 1801 de 2016. Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana. Comparendo ambiental&#8221;. </em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1015" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/03/ALCALDE-GALAN-BASURA-REDUCIDA-1024x1015.jpg" alt="" class="wp-image-113436" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Bogotá es de las ciudades más vulnerables al cambio climático.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Las propiedades horizontales se pasan por la faja el decreto de racionamiento, gracias a que cuentan con tanques de almacenamiento, pero carecen de conciencia ambiental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si “el 68,3% de los predios en Bogotá corresponden a propiedad horizontal”, algo así como 36 mil conjuntos residenciales, según <a href="https://www.elespectador.com/bogota/bogota-la-ciudad-que-se-densifica-y-crece-hacia-el-cielo-con-los-conjuntos-residenciales-bogota-noticias-hoy">este artículo </a>de <strong>El Espectador</strong>, la pregunta que debemos hacer es la siguiente: ¿Quiénes sí cumplen con el Decreto 334 de 2024 sobre ahorro de agua?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Qué llueva, qué llegue, aunque en Bogotá no haya vírgenes ni cuevas! El otro día llovía y yo veía hacia el cielo, porque estaba seguro de que se vendría abajo con todo y Dios, y San Pedro, y los ángeles, y los arcángeles y los querubines. En todo caso, sería lindo un espectáculo semejante antes del fin del mundo, solo para estar seguros de que la Biblia no decía mentiras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La semana pasada cayeron rayos y centellas por mi casa. Yo estaba en la salita leyendo, esperando la descarga de un rayo dentro de mi vaso con limonada de té verde. &nbsp;Era como un simulacrito del Apocalipsis pero sin la Gran Ramera, la mujer vestida de púrpura y escarlata, a la que San Juan describe en los capítulos 17 y 18 del libro de las Revelaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vecina sacó un balde gigante. Alguien le vino con el cuento de que llovían maridos y ella se lo creyó, como le cree al alcalde. Le toca porque votó por él. Afuera es invierno, pero en su casa de ella es verano. Ustedes entienden, no se hagan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Bogotá pasan cosas graves pero nosotros no espabilamos: hablo de quienes aquí nacimos y también de los calentanos que vinieron a chupar frío y se amañaron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bogotá es incomprendida. Nos falta entendimiento y civilidad. Cada ciudadano habla un lenguaje diferente y por eso la ciudad no avanza como debería hacerlo; somos la torre de Babel, cemento y hormigón. Si avanzara con decencia, mis abuelitos habrían alcanzado a montar en Metro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos tan dormidos como el alcalde, pero al burgomaestre tampoco se le puede achacar la culpa de todo. ¿Qué pasa con los ediles y los alcaldes menores de cada localidad? A ellos también debemos reclamarles, pero nadie lo hace. Es casi seguro que ni usted se acuerda de por quiénes votó. Falta vigilancia y control ciudadano. Una fuente me advierte que la Secretaría de Ambiente cuenta apenas con tres gestores de participación local (funcionarios que trabajan en territorio con las comunidades), para moverse por veinte localidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gina Martínez, una rola que ama a Bogotá y usa el <em>sumercé</em> con orgullo, me echa un cuento interesante. “Con la Constitución del 91, pasamos de una democracia representativa a una democracia participativa. Pero la ciudad desconoce esos instrumentos de participación y por lo tanto no hace uso de ellos; por ejemplo, la medición de Capital Social, que sirve para evaluar la confianza de los ciudadanos con sus instituciones. El Concejo de Bogotá y las Juntas Administradoras Locales (JALes) son las que mayor desconfianza generan. Si el Concejo pierde sus atribuciones de control político y coadministración, dejando todo en manos del alcalde de turno, la gestión pública desfallece”, dice mi amiga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un acto de verdadera transparencia, el alcalde mayor debería promocionar estos instrumentos de medición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se discute, por ejemplo, la importancia de los humedales, en contra de quienes quieren llenar la ciudad de ladrillo y cemento. Del medio ambiente va quedando un tercio. Nos roban el verde de la ciudad, y mientras tanto la prensa habla de robos a mano armada, bombas, granadas de fragmentación o petardos, bandas criminales y microtráfico. No hablemos ya de los petardos humanos, sin civismo, sin cultura.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Está en riesgo la seguridad ciudadana, pero también la seguridad hídrica, la seguridad alimentaria y hasta los mapas de riesgo sobre zonas inundables que se alteran para levantar construcciones. “La ciudad sí se puede desarrollar pero de manera sostenible, con respeto por los humedales. El problema no es el ambiente. El problema es no ser respetuosos con el ambiente”, añade Gina. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lugar de anticiparnos al cambio climático, destruimos o empeoramos lo que hay. Por emisiones de gases de efecto invernadero y aumento en las precipitaciones, se sabe que Bogotá es de las ciudades más vulnerables al cambio climático, pero es temprano para saber a cuántas personas afectará en el futuro la migración climática. ¿Qué se está haciendo para prevenir?</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>¿Prensa complaciente?</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><strong>&#8220;El 2024 cerró con la cifra de homicidios más alta en ocho años: 1.204 muertos, un 11% más que el año anterior&#8221;, dice <em><a href="https://elpais.com/america-colombia/2025-03-24/los-guardianes-del-orden-la-propuesta-de-la-alcaldia-de-bogota-que-pone-en-primera-fila-a-exmilitares-y-expolicias-para-combatir-la-inseguridad.html">El País</a></em>.</strong></strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“¿Qué pasa con lo que nos corresponde hacer como ciudad? ¿Con la inteligencia? ¿Tres explosiones en tres semanas en el mismo lugar, cómo se explican? ¿Para qué sirvieron los operativos, los allanamientos, los decomisos y demás?”</em>. Ahí le habla, señor alcalde, un cortés Ernesto Cortés desde las páginas de El Tiempo, un diario que en líneas generales, al igual que otros medios, ha sido complaciente/benevolente con usted y su administración. La pauta oficial nos expone a los ciudadanos a recibir información sesgada, y ante eso: ¿Quién podrá defendernos? Pero es entendible porque, además, Galán fue empleado (editor político) de aquella casa editorial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Formo parte del 47% que desaprueba la gestión del alcalde, según la última encuesta Invamer Poll, contra el 44% que la respalda.<strong><strong> </strong></strong>Pero nadie le pide cuentas. Todos se van por las ramas, como si se dirigieran a un fantasma, temerosos de decirle en su cara que la ciudad le está quedando dos tallas más grande.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pareciera que la prensa y el Concejo de Bogotá andan felices con lo que hay. Y lo que hay es un desorden como el de mi casa antes de que llegue Carolina a ayudarme. Un día les hablaré de ella, que es mi paño de lágrimas. A ella, que es cartagenera y cocina como Leonor Espinosa, le doy quejas de mi ciudad. Y ella, tan bonita, me da la razón, porque también la sufre. Ojalá también me la diera el señor alcalde. Sería buena idea invitarlo a almorzar un día de estos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces pienso que alcalde no hay. El que aparece por ahí de vez en cuando es un espectro al que le gusta cazar peleas con el presidente de la República, como si el precandidato a la presidencia fuera él y no su hermano Juan Manuel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El alcalde no se responsabiliza de nada; en vez de eso, en actitud escuelera, amenazó a los maestros con descontarles del salario si salían a marchar en Día Cívico y vigilarlos para ver si van a clases. Si su papá viviera, que fue ministro de Educación y abogaba por las reformas sociales, junior no se comportaría con esta actitud antidemócrata. Lástima que doña Gloria Pachón ya no esté en edad para reprenderlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Insistió para hacerse elegir, con la seguridad como bandera, y está saliendo con un chorro de babas, que tampoco alcanzan para llenar los benditos embalses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ah, pero llámenlo a hablar del Metro de Bogotá, ese otro espectro, y ahí si el el doctor Carlos Fernando Galán está presto, como si dentro de un momentico nos fuéramos a montar en él, sabiendo que lo inauguran hasta el 14 de marzo de 2028, si nada falla. Como esto es Colombia, están demorados en decirnos que hay que correr los tiempos, como hago yo cada vez trasteo el reloj de la alcoba a la sala.  Perdonen lo aguafiestas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los bogotanos estamos desentendidos de lo que pasa en Bogotá. Parecemos alcaldes todos. Ni siquiera somos conscientes de la advertencia que hizo dos años atrás la directora del Instituto Nacional de Cancerología: En 2030 el cáncer habrá aumentado un 30% en Bogotá, a causa, entre otros motivos, de la feroz polución. <a href="https://www.elespectador.com/bogota/cada-dia-habra-mas-cancer-para-2030-aumentara-en-un-30-carolina-wiesner-del-instituto-nacional-de-cancerologia">Lo leí en <strong>El Espectador</strong> </a>en 2023.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es posible que mucha gente muera de cáncer de pulmón sin haber fumado jamás en su vida. Y ni hablemos de los dramas adicionales que traería el cambio climático.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“En la ciudad, en cinco años se registró que 15.600 hombres y 23.800 mujeres viven con cáncer. Y cada año 8.000 mujeres y 6.300 hombres reciben el diagnóstico. Son los datos más recientes recopilados por el INC”,</em> dijo la doctora Carolina Wiesner.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sigamos creyendo que la contaminación únicamente la causan automóviles, buses y motocicletas. Yo creo que las construcciones y el crecimiento desordenado de la ciudad contribuyen al problema, pero de eso tampoco se habla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero irme de Bogotá donde pueda respirar aire limpio, antes de morir ahogado por el smog. Sin embargo, Gina me para en seco. “La Sabana de Bogotá no es una opción porque allá tampoco hay agua. La inseguridad hídrica es consecuencia de la urbanización descontrolada y la suburbanización”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco hablamos de las malas construcciones, los edificios en altura que le quitan luminosidad y calidad de aire al vecindario, ni de los adefesios (como <a href="https://www.elespectador.com/bogota/los-detalles-detras-del-edificio-angosto-de-la-calle-26-con-carrera-30">este edificio angosto</a> de la calle 26 con carrera 30), que son herencia del ex alcalde Petro, a través del Decreto 562 de 2014.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ciudad está patas arriba (y no me refiero únicamente a las múltiples obras en la vía). Como estamos en año preelectoral, los políticos empiezan a salir de sus cuevas para echarse culpas o ganar indulgencias con avemarías ajenas. Bogotá es lo de menos, los votos es lo de más. Se lanzó el exalcalde Enrique Peñalosa, pero no al río Bogotá: Dijo que la culpa de la escasez de agua es de Petro, al que un día culparán también de la lluvia pertinaz para exonerar a San Pedro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El alcalde va perdiendo otro año, lo que es más grave que la última derrota de mi Millos 3-2 contra Santafé. La prueba de su deficiente labor está en los titulares o en las asambleas de copropietarios: inseguridad por doquier, caca de perro por doquier, basuras por doquier. Podríamos escribir un poema. O el cuento de <em>“El bello durmiente”</em>, título que le otorgó el exconcejal Juan Carlos Flórez.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="640" height="427" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/03/ALCALDE-GALAN-2.jpg" alt="" class="wp-image-113393" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/03/ALCALDE-GALAN-2.jpg 640w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/03/ALCALDE-GALAN-2.jpg?resize=300,200 300w" sizes="auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Carlos Fernando Galán &#8211; Foto tomada de la cuenta del alcalde en la red social X.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>¿Un Metro a la medida de aspiraciones presidenciales?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El alcalde se la pasa hable que hable de un Metro inexistente, como si fuera el niño ilusionado con el regalo que le han prometido desde enero para Navidad, pero faltan tres años para que llegue ese Papá Noel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se inaugure la primera línea del susodicho, y se haga el primer viajecito, él ya no será inquilino en el Palacio Liévano; seguramente estará en campaña por la presidencia de la República para 2030, y al igual que sus antecesores, viajará en el tiempo para sacar pecho y reclamar lo suyo. Todos dirán: <em>´Este Metro es mío de mí´.</em> Pero si un día un terremoto lo echa abajo, ese Metro no tendrá ni papi ni mami.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">No sé por qué permitimos un Metro que afecta el paisaje de la ciudad. Nos cogieron elevados. No quiero ser ave de mal agüero, pero me aterra lo que pasaría el día que la tierra se mueva. Siento vértigo al ver aquella megaestructura que lo sostendrá. Subamos al TransMiCable de Ciudad Bolívar para prepararnos psicológicamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dizque un Metro elevado nos permitirá disfrutar la arquitectura y el paisaje bogotanos, alegan algunos. ¡Bah! ¿Cuáles? Lo único que contemplamos, cual autómatas, son los teléfonos móviles. Porque lo más bonito de la ciudad, que es el verde de las montañas, cada vez se ve menos por culpa de tanto edificio, incluyendo a los esperpénticos. El día menos pensado nos taparán el sol con un dedo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="400" height="400" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/03/ALCALDE-GALAN-METRO.jpg" alt="" class="wp-image-113413" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/03/ALCALDE-GALAN-METRO.jpg 400w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/03/ALCALDE-GALAN-METRO.jpg?resize=150,150 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/03/ALCALDE-GALAN-METRO.jpg?resize=300,300 300w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Carlos Fernando Galán &#8211; Foto tomada de la cuenta del alcalde en la red social X.</em></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La ciudadanía debe ejercerse a pesar de los gobernantes.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Usarán el Metro de Bogotá como lema de campaña presidencial, acuérdense de mí. Por ahí ya vi las imágenes del ex presidente Juan Manuel Santos y Claudia López, cada cual por su lado y ambos con el casco puesto. Alquilemos balcón para ese momento, porque con ellos trepados el día inaugural no habrá espacio para los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ser bogotano es ser quejoso. Nos quejamos de todo y por todo, de la lluvia, del sol y del frío, de San Pedro y de Dios, pero no les exigimos a los políticos, en buena parte culpables de los males. A ellos les podríamos reclamar, ¿a Dios dónde? Dicen por ahí que la gente tiene los gobernantes que se merece porque son los que elige. Hagamos reseteo, porque la ciudadanía debe ejercerse a pesar de los gobernantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me crucé con la vecina veraneante en el ascensor. “A mí, Galán no me ha hecho nada. Y ese es el problema, que no he hecho nada por mí, ni por la ciudad. Y yo sí voté por él. Era él o el candidato <em>gomelo</em>. Cuando llegué a la mesa de votación, recuerdo que dije: ´Sálvanos Señor´. Espero que un día escuche mis plegarias”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bogotá está <em>manga por hombro.</em> La culpa es del alcalde y de nosotros. De nosotros y el alcalde. ¿Están de acuerdo? </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113387</guid>
        <pubDate>Mon, 24 Mar 2025 12:25:41 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Hay alcalde en Bogotá?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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