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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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        <title>Mucho más que un bloque de hielo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/mucho-mas-que-un-bloque-de-hielo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los recuentos típicos de la configuración del hemisferio occidental no han tenido en cuenta a Groenlandia, que sigue siendo una prolongación europea, muy cerca de la masa continental de las Américas, con una extensión superior a la de la suma del Reino Unido, Dinamarca, Bélgica, Austria, Francia, Alemania, Italia, Irlanda, Polonia, Portugal, y los Países [&hellip;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Los recuentos típicos de la configuración del hemisferio occidental no han tenido en cuenta a Groenlandia, que sigue siendo una prolongación europea, muy cerca de la masa continental de las Américas, con una extensión superior a la de la suma del Reino Unido, Dinamarca, Bélgica, Austria, Francia, Alemania, Italia, Irlanda, Polonia, Portugal, y los Países Bajos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La isla, posiblemente la más grande del mundo, por cuanto a Australia se considera un continente, ha sido objeto y muestra de ese desdén europeo por las herencias de una época en la que el planeta estaba abierto para la ocupación y conquista de territorios sin más limitaciones que las de la fuerza de la competencia.&nbsp;Ahora forma parte del Reino de Dinamarca bajo un modelo llamado Rigsfællesskabet, en virtud del cual no es colonia sino parte de la mancomunidad de la Corona danesa, con poderes que incluyen el de declarar su independencia por decisión popular.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Curioso es que el control de Groenlandia por parte de Dinamarca emana de una de esas declaraciones de funcionarios hechas con ligereza que después resultan irreversibles y traen consecuencias definitivas para su país. En 1919 el ministro noruego de relaciones exteriores, Nils Claus Ihlen, en su afán por asegurar la soberanía noruega sobre el archipiélago de Svalbard, de flora y fauna excepcionales, le dijo a su homólogo danés que su país &#8220;no pondría dificultades&#8221; a la reclamación de soberanía de Dinamarca sobre toda Groenlandia, tal vez por ser territorio gélido de menor valor.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando más tarde Noruega trató de retractarse, con el argumento de que la declaración de su canciller no equivalía a un tratado formal, e instó a sus cazadores a faenar en el oriente de la isla, el asunto llegó a la Corte de La Haya, que decidió que la declaración de Ihlen era vinculante, por lo cual Dinamarca se quedó con toda la isla, objeto de desconocimiento y olvido por la escasez de su población, aunque tenida en cuenta por estrategas que leen el mapa del mundo de otra manera.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cubierta en la mayor parte de su enorme extensión por una capa de hielo intacta, Groenlandia vino a salir de anonimato y el olvido por cuenta de un empresario de propiedad de raíz convertido en protagonista de la vida política internacional. Acostumbrado a identificar y aprovechar el valor de terrenos cuyas posibilidades de enriquecimiento le resulten promisorias, el presidente de los Estados Unidos fijó en la isla su mirada como predio de alto valor por sus recursos minerales, muy relevantes en el Siglo XXI, y su valor estratégico en la perspectiva de la futura reanimación del transporte y la defensa del continente americano por el Ártico.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como es típico en sus emprendimientos político &#8211; inmobiliarios internacionales, el presidente ha aplicado en el caso de Groenlandia su patentado modelo de negociación: primero hizo el anuncio escueto de su interés en apropiarse de la isla, para anexarla al territorio de los Estados Unidos, realizó luego intentos amigables de compra, pasó más tarde a la amenaza y el chantaje, con el riesgo de romper la Alianza Atlántica, para terminar retirándose estratégicamente, como parece haberlo hecho para preparar un nuevo embate contundente y definitivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para emprender su aventura groenlandesa, comparable como expansión imperial a la de su colega Putin en Ucrania, Trump encontró disponible una poderosa plataforma: la combinación, heredada, de un potente aparato económico que, en medio de una institucionalidad borrosa, le permite combinar el manejo arbitrario de aranceles con un poder político que todavía es enorme, y con un indiscutible poderío militar. Plataforma que usa para favorecer a sus amigos y castigar a quien le haga mala cara.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de la pretendida apoteosis de la conquista de Groenlandia, surgen problemas de fondo. En primer lugar, la ruptura del derecho internacional, que si bien su país ha burlado reiteradamente, como otras grandes potencias, no deja de ser referente y parámetro de defensa de un orden conveniente para mantener en lo posible la paz, sobre todo en cuanto se trate del respeto por la soberanía y las fronteras de los demás. A lo cual hay que agregar el peligro de ruptura de la OTAN, eje fundamental de la unidad occidental, que traería consecuencias imprevisibles no solamente para los aliados europeos sino para los propios los Estados Unidos, que en el panorama estratégico serían cosa muy diferente sin el apoyo y la amistad de esos socios a la hora de una confrontación con enemigos comunes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para el mundo entero tiene que ser cada vez más preocupante la siembra anárquica de un estado de cosas producto del capricho de alguien poderoso que introduce un desorden innecesario y perjudicial en el conjunto de las relaciones internacionales. Máxime cuando, según tradición de la postguerra mundial y de la Guerra Fría, se trata del “abanderado del mundo libre”, que ahora adelanta todo tipo de acciones, según el ánimo que tenga, para avanzar o retroceder, con argumentos en muchos casos acomodaticios y fantasiosos, cuando no contradictorios, que han puesto a dudar sobre su buen criterio.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese líder impredecible ha actuado sin contrapeso interno, debido a la inexistencia de una oposición política vigorosa, que no ha existido en los Estados Unidos como en democracias donde la oposición leal a las instituciones es fundamental. Le rodea en cambio un tibio coro de sicofantes dispuestos a aplaudir de manera servil y complaciente cada actuación de un jefe al que no se sabe si le admiran o le temen.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si lo anterior resulta evidente en el orden interno, también en el orden internacional la actitud predominante, hasta ahora, comenzando por la Unión Europea y extendida al resto del mundo, con la excepción de China, que tiene su propia personalidad y sus propios elementos para no someterse, y de Rusia, que bien quisiera ser cómplice del éxito de la apoderamiento de nuevos territorios por parte de los Estados Unidos, ha sido la de una cuidadosa y blanda crítica, para terminar plegándose, por una mezcla de necesidad y miedo, a los designios de quien ha asumido una especie de dictadura de talla universal. Modo de acción que funciona al ritmo cambiante de sus sentimientos y sensaciones, lleno de incoherencias, amenazas y contradicciones. Todo mientras políticos en ejercicio, analistas y académicos, tratan de interpretar cada movida del personaje, en algunos casos atribuyéndole una inverosímil genialidad.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje al primer ministro noruego para regañarlo porque su gobierno no concedió al ocupante de la Casa Blanca el Nobel de Paz, acompañado del anuncio de un cese del compromiso con la paz por esa causa, habla por sí solo del talante de su autor y de su ignorancia sobre la independencia del comité que toma en Oslo la decisión. La amenaza de castigar con aranceles altísimos a quienes no apoyasen la pretensión estadounidense de apropiarse de Groenlandia es un acto incalificable de chantaje en abuso de la plataforma heredada de poder económico, político y militar a la que ya se ha hecho referencia. Con ello se cruzaron fronteras que no todo el mundo estaba dispuesto a aceptar para rendirse sin condiciones ante los designios de quien se considera todopoderoso. Y la negación falaz del coraje de los aliados de los Estados Unidos en la campaña de Afganistán pudo marcar un punto de no retorno en la confianza y el aprecio de amigos a quienes no había razón para despreciar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conminados los aliados de Estados Unidos a responder por esa suma de amenazas y ofensas, Francia las rechazó y Gran Bretaña por primera vez en mucho tiempo manifestó de manera contundente su extrema molestia por la descalificación de sus soldados, muchos de los cuales entregaron su vida en pleno combate en Afganistán.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La justificada protesta vino a encontrar una síntesis seria, serena, ordenada, argumentada, valiente y valiosa, por parte del primer ministro canadiense, que marcó un punto culminante en todo ese proceso y obligó al gran negociador, como era esperable según su estilo de agredir y retroceder cuando ya no puede más, a exaltar el valor de los soldados británicos y dar a entender que no tomará por ahora por la fuerza la llamada “isla verde”, que denomina un bloque de hielo, que forma parte de su obsesión expansiva del territorio de la Unión Americana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo preocupante es el discurso deshilvanado de Trump en Davos, en el que reiteradamente confundió a Groenlandia con Islandia, repitió su actitud insultante hacia sus propios aliados históricos europeos, menospreció el cociente intelectual de un país africano y protagonizó una exhibición de egolatría y desconocimiento de la forma como ha funcionado el mundo tanto en la diplomacia como en las instituciones internacionales y en la convergencia entre empresarios y políticos de talla mundial.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quedan, dignas de estudio y reflexión, materias como la lectura que debemos todos aprender a hacer de la geopolítica del Ártico, visto el mundo desde el Polo Norte y no desde los planos convencionales, la ruptura del orden internacional mencionada con sustanciosos argumentos por Mark Carney, Primer Ministro del Canadá, el futuro de la OTAN, el aislamiento paulatino de los propios Estados Unidos y el plazo de aguante interno e internacional de la embestida de un presidente al que le quedan todavía tres largos años para avanzar en su proyecto de contenido insospechado y consecuencias imprevisibles.</p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125238</guid>
        <pubDate>Mon, 26 Jan 2026 20:12:31 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Barajas Sandoval</media:credit>
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        <title>Matador, sátira política, gordofobia, campaña presidencial, etcétera</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/matador-satira-gordofobia-campana-presidencial-etcetera/</link>
        <description><![CDATA[<p>Si la caricatura exagera los rasgos físicos de una persona, ¿está mal que Matador utilice el sobrepeso de una candidata presidencial como tema de su humor gráfico? Y si está mal, ¿es hora de replantear el humor político? ¿Cuál es el límite de la caricatura? ¿Hay límites? Y sí los hay, ¿Quién los pone?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-1 wp-block-paragraph"><strong><em>Estamos tan cargados de piedras en las manos, que un día podemos simplemente esquivar la mirada y aprender: que aquello que nos mortifica, nos resbale. Es un buen momento para refugiarnos en los filósofos estoicos. </em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El país estrenó una polémica de talla mayor: el agarrón entre una senadora y aspirante presidencial y un artista que aspira llegar al Senado por primera vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ser gordo o ser flaco nada tiene que ver con la capacidad de una persona para gobernar un país, y por lo tanto les propongo llevar la controversia a otros terrenos, en lugar de seguir nadando en lo pandito, algo que se volvió costumbre en este país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Parece que fue ayer cuando medio país crucificó a Alejandra Azcárate por escribir sobre las mujeres gordas en una columna de la revista Aló. Pero no fue ayer, si no en el año 2012. Escribió entonces la humorista: <em>“Una mujer que nace gorda o que se engorda debe tener ciertos puntos a su favor que deben ser resaltados y no señalados por las flacuchentas como yo”.</em> Y luego desglosa los que, según ella, eran, para ese momento, los tales puntos a favor:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“1. No piensan a la hora de comer. Esa es una invaluable sensación de libertad. No se mortifican por los horarios adecuados para ingerir los alimentos ni mucho menos se estresan por la escogencia de los mismos. Una bandeja paisa al desayuno no es una posibilidad absurda, al contrario, puede ser una realidad semanal”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y para no repetir el cuento, porque <a href="https://caracol.com.co/programa/2012/07/06/hora_20/1341578520_718163.html">la columna está colgada en internet</a> para quien quiera leerla, cada punto “a favor” es peor que el anterior; son siete en total.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy se repite la polémica con otro humorista por cuenta de una caricatura que a muchos no les cayó en gracia, una viñeta por medio de la cual el caricaturista <em>Matador</em> se refiere al sobrepeso de la senadora Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático a la Presidencia de la República.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Matador </em>ha sido “apedreado” en las redes sociales, acusado de misoginia y machismo, y defendido por sus fans, en tanto que la senadora ha recibido el apoyo de sus seguidores y críticas de sus detractores. A él lo defienden aquellos que consideran que ha sido malinterpretado y a ella la defienden quienes consideran que ha sido maltratada.</p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph">Si la caricatura política, por definición, exagera los rasgos físicos de una persona, ¿está mal que <em>Matador</em> utilice el sobrepeso de una candidata presidencial como tema de su humor gráfico? Me gustaría tener la respuesta a esa pregunta, pero no la tengo. Ante un tema tan espinoso, lo más cómodo es pasar de ladito para esquivar las espinas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero creo que el debate es interesante, y el país debe darlo, por una razón: Si esto fuera un juicio ya habría un condenado sin derecho a la defensa y el debido proceso; incluso, quienes no tenemos <em>velas en el entierro</em> terminamos convertidos -por fuerza de los hechos y en un contexto marcadamente electoral- en jueces o jurados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En favor del artista diré que los políticos deben aprender a <em>tener el cuero duro</em> para soportar la irreverencia. Quien se meta a la política debe saber que estará expuesto al escarnio y escrutinio públicos, más en esta era de redes sociales ansiosas, que no perdonan una. De hecho, antes de <em>Matador</em> ya había cientos de memes de usuarios mofándose de la situación, pues el meme, como interpretación caricaturesca de la realidad, es un arma de crítica de este tiempo, a veces mordaz, casi siempre divertida; habría que preguntar si también se les debe poner límites a los memes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Álvaro Uribe, experto en volteretas con el lenguaje, prefirió coger la olla caliente con guantes: <em>“El peso de Paloma está en su preparación, en su lucha, en su transparencia, en su firmeza, en la grandeza de su corazón”, </em>dijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, también hay que decirlo, navegamos por el siglo de la cultura de la cancelación, —lo que antes estaba bien, resulta que ahora está mal—, y desde esa óptica debemos decir que <em>a las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una flor</em>, pero al mismo tiempo debemos preguntarnos si el aforismo aplica para la punta afilada de la pluma de los artistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordemos la polémica que se armó porque en la nueva edición del clásico &#8220;Charlie y la fábrica de chocolate&#8221;, del escritor Roald Dahl <em>“se han borrado o modificado</em><strong><em>&nbsp;referencias al género, la apariencia y el peso</em></strong><em>&nbsp;de los personajes”,</em> como lo explicó <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-64700721">en este artículo</a> de 2023 la BBC, refiriéndose a la palabra “gordo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir, hay quienes consideran que se deben reescribir aquellos cuentos que resulten ofensivos para el lector, del mismo modo que hoy ciertas caricaturas no pasan la prueba de sensibilidad de los espectadores. Ofenden a las audiencias y, ante todo, ofenden a los políticos que son el blanco de ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez sea hora de hablar más de cultura ética que de cultura de la cancelación o la corrección política. Lo primero nos invita a revisar las consecuencias de nuestros actos, desde el reconocimiento del otro, antes de cometerlos, en tanto que la corrección busca cercenar la creatividad y la libertad del artista ante una realidad de la que no es responsable. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de todo, lo que nos incomoda es la realidad verdadera y en lugar de hacer algo para cambiarla, la hemos convertido en un campo de batalla, ¿acaso la reedición de la guerra de los sexos y los egos?: De un lado las víctimas (del humor en este caso) y del otro&nbsp; lado los victimarios (del humor en este caso); verlo así es desconocer de manera injusta el propósito último de la sátira política. Un usuario anónimo hizo este apunte que me pareció inteligente: <em>&#8220;Los caricaturistas no tienen por qué hacerle abdominoplastia a sus personajes, lo que es&#8221;. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede ser que a <em>Matador </em>se le haya derramado todo el frasco de tinta y ahora le corresponda soportar la crucifixión social como en su momento la padeció Alejandra Azcárate.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otras ocasiones he defendido con argumentos su trabajo y su aporte al arte. No se nos olvide que <em>Matador </em>ha sido víctima constante de la censura: siendo caricaturista de El Tiempo, pagó un precio muy alto por cantarle la tabla a los poderosos. Lo echaron sin causa justa. Y terminando 2025, Facebook lo cerró su página -tenía un millón doscientos mil seguidores-, el mismo día en que inscribió su candidatura al Senado por el Pacto Histórico.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="ixJaE3T9eg"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/matar-al-hereje-lecciones-del-caso-matador/">Matar al hereje: lecciones del caso Matador</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Matar al hereje: lecciones del caso Matador&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/matar-al-hereje-lecciones-del-caso-matador/embed/#?secret=SbRdiM4ESj#?secret=ixJaE3T9eg" data-secret="ixJaE3T9eg" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph">Hoy el asunto es otro y amerita distintas miradas. Para empezar, creo que el arte puede ser transgresor, irreverente o satírico, incluso burlón o grotesco, pero también creo que la caricatura política se llama así porque cuestiona y ridiculiza lícitamente la postura, la impostura y los discursos de los políticos, no necesariamente su apariencia física, que, pensaría uno, nada tiene que ver con las capacidades intelectuales de las personas. &nbsp;Los funcionarios públicos –y la senadora lo es- deben rendir cuentas por eso y nada más que por eso, todo lo demás corresponde al ámbito de la vida personal. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En este mismo blog, varias veces he cuestionado las actuaciones infortunadas de la senadora. A finales de diciembre de 2025 escribí: <em>“Siendo payanesa y nieta de expresidente caucano, sus paisanos nos podrían decir qué ha hecho por esa región durante tres periodos como congresista. Siempre me he preguntado por qué no ha sido candidata a la gobernación de su departamento, una región convulsa, harto golpeada por la violencia, pues así tendríamos alguna idea clara de sus capacidades para poner orden en materia de seguridad, que es lo que ahora promete”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese sentido, encuentro justificado&nbsp;que <em>Matador </em>cuestione por medio de sus trazos la insensibilidad social de la senadora y en general de la bancada uribista en el Congreso, pues durante cuatro años no han hecho nada distinto que oponerse a las reformas que el país demanda. En conclusión, la caricatura de <em>Matador </em>es una denuncia a esa insensibilidad y no el mero irrespeto a la apariencia de la congresista. Lo sé: es una línea muy delgada y en ese caso podemos también preguntar: ¿Quién traza el límite? ¿El artista, el público o las normas sociales? ¿Si una persona se ríe y otra se ofende: a quién hay que reprender? </p>



<p class="wp-block-paragraph">El portal <em>Vorágine</em> publicó <a href="https://www.instagram.com/p/DTgJDm3j5B3/?igsh=MXNuc2s4cWJiaDdveg==">el siguiente post:</a> <em>&#8220;A las mujeres no las dejan comer en paz. Los argumentos para desacreditarlas se basan en sus cuerpos. Y si participan en política, reciben más violencia&#8221;.</em> Una lectora respondió así a la publicación: &#8220;&#8230; <em>no es un ataque a las mujeres, es un ataque a la derecha que engorda sus bolsillos, sus cuerpos, sus cuentas bancarias a costa del pueblo que sí sufre de hambre. Que critiquen el cuerpo de Paloma Valencia es una crítica a sus privilegios&#8230;&#8221;. </em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="1gucpELcUa"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-mansa-paloma/">La &#8220;mansa&#8221; Paloma</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;La &#8220;mansa&#8221; Paloma&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-mansa-paloma/embed/#?secret=UmHbEMzR9N#?secret=1gucpELcUa" data-secret="1gucpELcUa" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph">Algo que no comprendo es por qué razón todos aquellos que condenaron a <em>Matador</em>, incluida la Defensora del Pueblo, le dieron vitrina en sus redes sociales a las publicaciones del caricaturista, si se supone que son degradantes y constituyen discriminación contra la mujer. Como este es un blog que se leerá en diez, veinte o quizás cincuenta años, -¡qué optimista!-, me parece válido reproducir las imágenes para ilustración de las audiencias del futuro. </p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">Esto es discriminación contra la mujer en la política. La burla, vacía de contenido, acude a estereotipos sobre el cuerpo de la mujer. <br><br>En <a href="https://twitter.com/DefensoriaCol?ref_src=twsrc%5Etfw">@DefensoriaCol</a>, junto con otras instituciones, promovimos un Compromiso por unas elecciones libres y en paz. Hemos invitado a candidatos y… <a href="https://t.co/plSCkLtUrg">https://t.co/plSCkLtUrg</a></p>&mdash; Iris Marín Ortiz (@MarnIris) <a href="https://twitter.com/MarnIris/status/2010884570653028720?ref_src=twsrc%5Etfw">January 13, 2026</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que todos —humoristas, columnistas de prensa, <em>opinadores</em> en las redes sociales, incluso los editorialistas de prensa—, debemos reflexionar sobre cuál es nuestro papel como orientadores de la opinión pública. Porque como dijo Juan Gabriel, preguntado por su homosexualidad, <em>“lo que se ve no se pregunta” </em>y de ahí parte el respeto por la dignidad del otro. Nada justifica derramar veneno sobre el adversario o el contradictor. Elevar el nivel del debate significa liberarlo de inquina innecesaria. Entiendo nuestra tendencia inveterada al insulto, a la provocación; tal vez estemos siendo demasiado humanos por culpa de la polarización, pero no aguanta tener que seguir escribiendo más sobre <em>discursos de odio</em> en un país sin santos que lo que más sabe es odiarse a sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así como ayer defendí a Laura Sarabia, víctima de burlas en las redes sociales por cuenta por su apariencia física, luego de un trino de la periodista María Andrea Nieto, hoy debo decir que no está bien hacer chistes, flojos, negros, ni finos, con el sobrepeso de ningún ser humano. Debemos condenar siempre la violencia, real o simbólica, que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres. No obstante, será un juez quien determine si las críticas del caricaturista configuran un caso de presunta violencia política, como alega el Centro Democrático.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Preocupa, eso sí, que todo se pretenda resolver con demandas como si el recurso del diálogo civilizado no existiera. Entre políticos —<em>Matador</em> ya lo es—, debe haber un mínimo de entendimiento: menos hostilidad, menos berrinches, menos ánimo revanchista. Quede claro también que la crítica política, con humor o sin él, sigue siendo válida y muy necesaria en toda democracia. Por su naturaleza, la caricatura nada tiene que ver con actos bienintencionados; la política quizás sí, sólo si se le considera como lo que debe ser: un arte, así considerado desde los romanos.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="UKDA8SFRTa"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-trino-miserable-contra-laura-sarabia/">El trino miserable contra Laura Sarabia</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;El trino miserable contra Laura Sarabia&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-trino-miserable-contra-laura-sarabia/embed/#?secret=XJouAq12RQ#?secret=UKDA8SFRTa" data-secret="UKDA8SFRTa" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Escribí entonces: <em>“El derecho a la libre expresión y opinión no puede usarse para acosar o insultar a quien&nbsp;no piensa como uno. Lo estipulado en la&nbsp;<a href="https://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2013/T-904-13.htm">Sentencia T-904</a>&nbsp;de 2013 de la Corte Constitucional,&nbsp;sobre causales de violación del derecho a la intimidad,&nbsp;debería extenderse al ámbito de las redes sociales”.&nbsp;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque <em>Matador </em>dijo que no se retractará, la polémica quizás podría concluir con una disculpa de caballero a la senadora Valencia, como en su momento lo hizo Alejandra Azcárate; de la misma manera, al expresidente Uribe se le exhorta a disculparse públicamente con María José Gómez, la joven activista de izquierda, mujer también ella, por ordenar a las hordas uribistas hacer matoneo digital hasta <em>“hacerla llorar”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás sea también el momento de que la senadora María Fernanda Cabal se disculpe con la senadora María José Pizarro por compararla con las pandillas de los Maras Salvatruchas por tatuarse, y con Iván Duque, su compañero de partido, a quien llamó <a href="https://cuestionpublica.com/cabal-zapateiro-es-un-desastre-ese-gordo-marica-viajando-por-el-mundo-y-este-partido-de-hps/">&#8220;gordo marica&#8221;</a> en 2022, durante una conversación telefónica en la que renegó de sus copartidarios llamándolos <em>&#8220;este partido de hachepés&#8221;</em>. O debe disculparse Vicky Dávila con <em>Matador</em> por llamarlo <em><a href="https://www.facebook.com/share/r/1FhwZKjoA2/">&#8220;bien feazo que es&#8221;</a>, </em>mientras se solidarizaba con Paloma Valencia. ¿No será que todo esto habla más bien de la fealdad de nuestras almas? Es que si hacemos un listado de ofensas entre figuras públicas no acabamos nunca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la propia Dávila podemos recordar este clásico: A partir del minuto 10, al también periodista Hassan Nassar, jefe de prensa en el gobierno Duque, por su apariencia física le soltó más de una docena de epítetos: <em>&#8220;tipejo, peludo, esta cosa, Tarzán, bárbaro, inepto, incapaz, badulaque, payaso, patán, atrevido, personaje peludo, Archibaldo&#8221;. </em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="El enfrentamiento entre Vicky Dávila y Hassan Nassar | Vicky en Semana" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/Lwc8amrltFQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En <a href="https://proclamadelpacifico.com/es-mas-peligrosa-una-caricatura-de-una-mujer-que-la-orden-de-hacerle-dano-a-otra/?fbclid=IwdGRzaAPXKLVjbGNrA9cosmV4dG4DYWVtAjExAHNydGMGYXBwX2lkDDM1MDY4NTUzMTcyOAABHozSnDqf13NuYH-0A09iDXNW7X0dBo5UgAtrThRUs2QEZB4CNpQtO0jlUz5a_aem_DcgeFIBdjrCt1BoUyDsO0g&amp;sfnsn=scwspwa">esta columna</a> de Proclama del Pacífico, la columnista Stella Ramírez Granobles se pregunta: <em>¿Es más peligrosa la caricatura de una mujer, que la orden de hacerle daño a otra?</em> Y responde:  <em>&#8220;Colombia reaccionó de diferentes formas: Primero, se escandalizan por el dibujo. Segundo: guardaron silencio cómplice por la amenaza. Ninguna de las dos formas se justifica. Eso no es opinión. Eso es violencia. Y ahí aparece la hipocresía colombiana. Se escandalizan selectivamente&#8221;.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="13EOADqqQH"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-autoinsulto-de-los-uribestias/">El autoinsulto de los “uribestias”</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;El autoinsulto de los “uribestias”&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-autoinsulto-de-los-uribestias/embed/#?secret=1ZZmqigKok#?secret=13EOADqqQH" data-secret="13EOADqqQH" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Después de que todos se comporten como adultos capaces de agachar la cabeza cuando toca —<em>mejor ponerse colorado un ratico que pálido toda la vida</em>—, deberíamos ahora sí concentrarnos en el problema de la obesidad, y de la obesidad mórbida, y de las patologías asociadas, y por supuesto, hablar más del matoneo que sufren las niñas o los niños en los colegios por verse diferentes a los demás. Se trata de un asunto de salud pública que impacta de muchas maneras la vida de las personas, incluyendo su salud mental, lo mismo que al sistema de salud.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un amigo lleva la mitad de su vida luchando contra esta condición. Invirtió tiempo, dinero e ilusiones en dietas y tratamientos, y solo ahora -después de pasar de un consultorio a otro, y a otro, y de un experto a otro-, juicioso como es con el ejercicio y la alimentación sana, por fin una médica endocrinóloga <em>dio con el chiste</em>, como decimos. Sé lo mucho por lo que él ha pasado, y sé de su dedicación para mantenerse en un peso saludable y mantener a raya ciertas patologías asociadas al sobrepeso. A él debo agradecerle porque me ha educado sobre un tema que la sociedad se está tomando a la ligera y sin medir las consecuencias. Su caso evidencia que en Colombia falta mayor y mejor preparación de los médicos colombianos para entender y abordar el problema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La <em>gordofobia</em> es un término que si bien no figura en el diccionario de la RAE, se ha venido popularizando en el mundo, para hablar sobre la estigmatización que millones de personas sufren.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">❌La gordofobia es la discriminación que enfrentan las personas de talla grande por el simple hecho de serlo. Esta narrativa generalmente tiene como resultado que existan obstáculos al ejercer sus derechos.<br><br>👉En colaboración con <a href="https://twitter.com/CONAPRED?ref_src=twsrc%5Etfw">@CONAPRED</a> te damos la siguiente información.<br><br>🧵👇 <a href="https://t.co/7hqXzQFpb0">pic.twitter.com/7hqXzQFpb0</a></p>&mdash; Revista del Consumidor (@RdelConsumidor) <a href="https://twitter.com/RdelConsumidor/status/1707085475008442654?ref_src=twsrc%5Etfw">September 27, 2023</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
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<p class="wp-block-paragraph">También es hora de hablar sobre el <a href="https://www.thelancet.com/journals/lanepe/article/PIIS2666-7762(23)00190-4/fulltext">efecto nocivo del consumo de productos ultraprocesados</a> y de los efectos perversos del sedentarismo y la inactividad física. La senadora Valencia ha sido una de las más duras opositoras al impuesto saludable, por un supuesto impacto negativo en la economía nacional. </p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="zxOEVp60z6"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/los-bebes-ultraprocesados-de-vicky-davila/">Los bebés ultraprocesados de Vicky Dávila  </a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Los bebés ultraprocesados de Vicky Dávila  &#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/los-bebes-ultraprocesados-de-vicky-davila/embed/#?secret=UHMBVDvIja#?secret=zxOEVp60z6" data-secret="zxOEVp60z6" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.elespectador.com/salud/impuestos-saludables-y-etiquetado-frontal-no-afectaron-el-empleo-en-colombia">Un artículo de <strong>El Espectador</strong></a> del 30 de diciembre del 2025 dice lo siguiente: <em>“Un estudio sobre las reformas de 2022-2024 muestra que los impuestos a bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, así como los sellos de advertencia, no provocaron despidos ni caídas de ingresos, como advertían gremios como Fenalco o la ANDI”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su momento, la senadora Valencia satanizó la medida.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr"><a href="https://twitter.com/hashtag/Noticia?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#Noticia</a>🗞️| Paloma Valencia calificó los impuestos saludables como “la venganza” del Gobierno Petro contra los colombianos.<br><br>⬇️⬇️ <a href="https://twitter.com/infobaecolombia?ref_src=twsrc%5Etfw">@infobaecolombia</a> ⬇️⬇️<a href="https://t.co/emM4yYwsDO">https://t.co/emM4yYwsDO</a></p>&mdash; Prensa Paloma Valencia (@PrensaPalomaV) <a href="https://twitter.com/PrensaPalomaV/status/1719762916683993335?ref_src=twsrc%5Etfw">November 1, 2023</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos en doble campaña electoral, presidenciales y Congreso de la República, se entiende que cada nueva polémica tiene su tufillo político con réditos para  quien mejor sepa capitalizarla,&nbsp;pero también cada nueva controversia debe llevarnos como sociedad a una reflexión más profunda que el hecho de simplemente&nbsp;solidarizarnos con la una y linchar al otro por lo que dijo o pintó.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-3 wp-block-paragraph"><strong><em>“Si hablan mal de ti y es verdad, corrígete; si es mentira, ríete de ello”: </em>Epicteto, filósofo estoico. </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien: ¡Cuánta falta le hace este país líderes políticos auténticos que inspiren a la gente! A lo mejor, la propia candidata presidencial debió aprovechar esta oportunidad para contarnos su experiencia lidiando con el sobrepeso. ¿Por qué ningún medio se lo ha preguntado? ¿También es delito preguntar eso? </p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás su testimonio de vida sirva para concienciar a toda una nación, pues <a href="https://urosario.edu.co/periodico-nova-et-vetera/salud/la-obesidad-en-colombia">más de la mitad de los colombianos batalla hoy contra los kilos de más;</a> la cuestión pasa de un gobierno a otro sin que ninguno tome medidas verdaderamente audaces. Si el Ministerio de Salud no hace lo suficiente, el Congreso de la República tiene el poder para cambiar lo que está mal a través de leyes. Porque legislar no se reduce a criticar o torpedear. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Si algo bueno podemos aprender de Estados Unidos, ahora que las relaciones parecen mejorar, es la campaña emprendida por el gobierno de Donald Trump, al redefinir la pirámide alimenticia, privilegiando el consumo de proteínas, frutas y vegetales, para <em><a href="https://elpais.com/us/2026-01-07/estados-unidos-redefine-la-piramide-alimenticia-en-sintonia-con-el-movimiento-maha.html">“Hacer a América Saludable De Nuevo”. </a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si <em>Matador </em>llega al Senado, esa podría ser una de sus promesas de campaña para reconciliarse con esa mitad del país que hoy no quiere verlo ni en pintura. Desde esta tribuna, le hago esa invitación humilde a un caricaturista que aspira ocupar el mismo recinto desde donde la senadora Paloma Valencia ha estado legislando durante una larga década.  </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124684</guid>
        <pubDate>Sun, 18 Jan 2026 14:17:33 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/01/ZETA-ZETA-PALOMA-OBESIDAD.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Matador, sátira política, gordofobia, campaña presidencial, etcétera]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">124684</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Antonio Vélez</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/antonio-velez/</link>
        <description><![CDATA[<p>(1933- 2025) Ato Atocito lindo del jardín Esta es mi oración a la hora de tu muerte Padre nuestro que no estás ni en el cielo ni en la tierra, que jamás reclamaste el incienso de la santificación ni el tributo de la reverencia, lo digo entre paréntesis, fuiste un santo. En tu humildad excesiva, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">(1933- 2025)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ato</p>



<p class="wp-block-paragraph">Atocito lindo del jardín</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="434" height="705" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/12/foto-linda-papi.jpg" alt="" class="wp-image-124244" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/12/foto-linda-papi.jpg 434w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/12/foto-linda-papi.jpg?resize=185,300 185w" sizes="auto, (max-width: 434px) 100vw, 434px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es mi oración a la hora de tu muerte</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a>Padre nuestro que no estás ni en el cielo ni en la tierra,</p>



<p class="wp-block-paragraph">que jamás reclamaste el incienso de la santificación ni el tributo de la reverencia, lo digo entre paréntesis, fuiste un santo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tu humildad excesiva, parte indeleble de tu ser, los asuntos del ego no fueron lo tuyo. No buscaste ser amado, pero eras amado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dichosos lo que disfrutamos de tu reino, porque tus intereses nos entusiasmaron, tu sabiduría nos iluminó, tu amor nos cobijaba, tu presencia fue calor y seguridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que no se haga tu voluntad. Tu voluntad se hizo sin imposiciones; consecuencia de la admiración que sentían las personas por ti. Abominabas todo tipo de autoritarismo y amabas y respetabas la libertad personal. A tu lado, la libertad sí era una condición general que se expandía a los que te rodeábamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sin compasión entendías las deficiencias humanas, porque conocías la naturaleza animal del hombre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos diste el pan de cada día, con tu enorme generosidad y como sin nos lo mereciéramos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perdonaste nuestras ofensas y perdonaste las miserias humanas, porque sabías que la naturaleza no nos seleccionó para ser felices, ni para considerar la felicidad ajena, sino para sobrevivir y reproducirnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabías que caemos en la tentación a pesar de todo deseo de no hacerlo, pero el pecado no estaba en tu vocabulario, ni el concepto de salvación ni el de condena. Sabías que el mal y el bien son conceptos puramente humanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una casa sin dioses, tú fuiste el nuestro, nuestro único dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Amén.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124243</guid>
        <pubDate>Wed, 31 Dec 2025 13:16:19 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Antonio Vélez]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Cemento en el cerebro</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/cemento-en-el-cerebro/</link>
        <description><![CDATA[<p>Foto: suministrada Muy grande les quedó a los personajes políticos de la derecha colombiana exponer sus ideas sin tener que lanzar insultos u ofensas, no solo a sus oponentes, sino también a los periodistas que, con conocimiento de causa, les controvierten sus palabras o contrapreguntan, como el oficio lo exige. Tal es el caso de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Foto: suministrada</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muy grande les quedó a los personajes políticos de la derecha colombiana exponer sus ideas sin tener que lanzar insultos u ofensas, no solo a sus oponentes, sino también a los periodistas que, con conocimiento de causa, les controvierten sus palabras o contrapreguntan, como el oficio lo exige.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal es el caso de la senadora del Centro Democrático, María Fernanda Cabal, quien ha demostrado en múltiples ocasiones que tiene grandes dificultades para exponer sus ideas con argumentos sólidos y con fluidez intelectual. Eso sí, el país entero le reconoce su gran capacidad para la grosería a la hora de contestar con palabras ofensivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la entrevista concedida al periodista Daniel Pacheco, para <em><a href="https://www.lasillavacia.com/">La Silla Vacía</a></em>, Cabal, en uno de sus conocidos desesperos intelectuales, trató al editor del medio digital de tener “cemento en el cerebro”, por no creer en la tesis con la que asegura que el asesinato de miles de líderes políticos de la Unión Patriótica en la década de los 80 fue un autoexterminio, porque, según ella, “entre ellos mismos se asesinaron”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Negar que el exterminio de los miembros de la UP se dio en contubernio entre el paramilitarismo, el narcotráfico, agentes del Estado y políticos de extrema derecha es como negar que miles de ganaderos fueron asesinados por las FARC y el ELN.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que quien realmente tiene cemento en el cerebro es la senadora María Fernanda Cabal, por exponer semejante barbaridad y, además, por no reconocer un hecho innegable, respaldado por evidencia histórica, académica y judicial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/y-siguen-los-bastos-don-ivan-duque/">Nota recomendada: ¡Y siguen los bastos, don Iván Duque!</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Trabajar y luchar por determinado sector no significa desconocer al otro ni negar que también ha sido víctima de este mar de sangre que es nuestro país. Ni siquiera Álvaro Uribe se atreve a tanto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como siempre, se equivoca la senadora María Fernanda Cabal con esa tesis bastante… rara. Y también se equivoca el Centro Democrático al escoger personajes que, como la congresista, poco le aportan al país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que al partido uribista la figura de la esposa de José Félix Lafaurie le signifique los votos de los ganaderos —lo que, a su vez, se refleja en una curul más para esta fuerza política y en unos cuantos pesos adicionales al abultado cheque que el Estado les consigna por concepto de reposición de votos—. Sin embargo, la pregunta necesaria es si estos personajes en verdad dejan algún legado positivo para el ciudadano del común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo, además, que el partido Centro Democrático debería reflexionar y preguntarse si, para hacerse notar, es necesario insultar a todo aquel que les interrogue o contrapregunte. ¿Será que la palabra <em>respeto</em> hacia el otro fue eliminada del manual de procedimientos del uribismo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">No me cabe la menor duda de que, si hubiese sido Daniel Pacheco quien tratara a la senadora de tener “cemento en el cerebro”, el Centro Democrático, sin vacilar, demandaría a <em>La Silla Vacía</em>, exigiendo al periodista pedir disculpas, e incluso lo tildaría de machista. Pero como fue la congresista uribista quien maltrató y fue grosera, dando muestra de su supuesto empoderamiento femenino, ahí sí, calladitos todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No le voy a pedir a la senadora María Fernanda Cabal que cambie su estilo de debatir y argumentar, porque eso sería como pedirle a un caballo que ladre. Pero sí sería bueno que se preguntara qué podría pasar si, así como es de buena para contestar con insultos y groserías, lo fuera también para exponer tesis creíbles, argumentadas y bien analizadas.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122061</guid>
        <pubDate>Thu, 06 Nov 2025 01:01:27 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/11/mafe.jpg?quality=60&amp;#038;w=768" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Cemento en el cerebro]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">122061</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La trampa del punitivismo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-trampa-del-punitivismo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hace unos años, Antanas Mockus me dijo una frase que se me quedó grabada: “Yo no creo que una persona deje de cometer un delito porque una pena dure treinta años o cinco”. Lo dijo con la serenidad de quien no busca provocar sino describir un hecho incómodo. Lo cierto es que, en Colombia, el [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hace unos años, Antanas Mockus me dijo una frase que se me quedó grabada: “Yo no creo que una persona deje de cometer un delito porque una pena dure treinta años o cinco”. Lo dijo con la serenidad de quien no busca provocar sino describir un hecho incómodo. Lo cierto es que, en Colombia, el tamaño de la pena ha sido tratado como si fuera un disuasivo casi mágico. La realidad demuestra otra cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de la humanidad lleva milenios lidiando con el problema. El célebre “ojo por ojo, diente por diente” de la ley del talión —que aparece en el Código de Hammurabi, en la Torá y en otras tradiciones jurídicas— no nació como licencia para la venganza, sino como una tentativa de limitarla. En sociedades tribales donde la ofensa se pagaba con la destrucción total de la familia del agresor, aquella fórmula fue un freno: la pena debía ser proporcional al daño, ni más ni menos. Con el tiempo, esa idea de proporcionalidad se volvió uno de los cimientos de la justicia moderna. <br><br>Pero el talión, que en su origen quiso ser un límite, se convirtió también en un espejismo: creer que la mera equivalencia entre daño y castigo puede resolver la violencia.<br>Colombia es hoy un laboratorio doloroso de esa contradicción. En la justicia ordinaria, una sola vida arrebatada puede costar treinta o cuarenta años de cárcel. Pero si las muertes se multiplican por cientos, el sistema ofrece salidas “extraordinarias”: justicia transicional, penas alternativas, restauración. Salvatore Mancuso, responsable de masacres paramilitares; Rodrigo Londoño, último comandante de las FARC; o los militares que participaron en los “falsos positivos”, todos ellos han enfrentado —o enfrentarán— sanciones mucho más leves que las de un homicida común. La lógica es que su cooperación, su reconocimiento de la verdad y su aporte a la reparación de las víctimas benefician más a la sociedad que su encierro. Desde la perspectiva de la paz, tiene sentido. Desde la percepción ciudadana, produce una legítima incomodidad.<br><br>Porque al ciudadano que paga impuestos y vive bajo la justicia ordinaria le resulta incomprensible que asesinar a uno pueda valer treinta años de cárcel, mientras que matar a trescientos, si se hace en el marco de una guerra, pueda terminar en un par de años de restricciones de movilidad o en un tribunal de paz. Es como si el sistema, en su afán de cerrar el ciclo de la guerra, enviara el mensaje de que el crimen masivo es, paradójicamente, menos costoso. Y ese desbalance no es un asunto de “sed de venganza” sino de pacto social: cuando la norma parece premiar al gran criminal frente al pequeño, se erosiona la confianza en la ley y se abre espacio a la rabia, al resentimiento, a la idea de que el castigo es un botín negociable.<br>La crisis penitenciaria agrava la paradoja. Las cárceles colombianas superan de largo su capacidad, los sistemas de resocialización son débiles y el hacinamiento ha convertido la privación de libertad en un castigo que roza la inhumanidad. En ese contexto, aumentar las penas o endurecer los códigos no solo es inútil como disuasión —como recordaba Mockus— sino contraproducente: más años de cárcel significan más hacinamiento, más violencia carcelaria, más criminalidad incubada. El punitivismo crea más problemas de los que resuelve.<br><br>Aquí se revela la verdadera herencia de la ley del talión: la tentación de creer que un castigo proporcional es suficiente para restablecer el orden. Pero Colombia vive un dilema que Hammurabi jamás imaginó: cuando el daño es colectivo, cuando los crímenes son de guerra, la proporcionalidad se vuelve un terreno inestable. La justicia transicional no es impunidad, pero tampoco es la vieja ecuación de ojo por ojo. Es, en el mejor de los casos, un intento de construir paz con verdades parciales y castigos incompletos.</p>



<details class="wp-block-details is-layout-flow wp-block-details-is-layout-flow"><summary></summary>
<p class="wp-block-paragraph"></p>
</details>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es quizá la tarea más difícil para cualquier democracia: sostener la idea de justicia cuando la justicia misma se aparta del instinto de venganza. En Colombia, esa tensión no es un debate académico; es el pulso cotidiano entre la necesidad de cerrar las heridas de la guerra y la exigencia de que la ley conserve su sentido de equidad. Entenderlo no exige resignarse: exige, como insinuaba Mockus, reconocer que el castigo por sí solo nunca ha bastado para contener el delito. Ni hace cinco mil años en Mesopotamia, ni ahora.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120814</guid>
        <pubDate>Fri, 26 Sep 2025 19:22:29 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/09/9a7c161a-d598-42b2-9208-4f30b9e6bc39.jpeg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La trampa del punitivismo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">120814</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Bogotá huele a “bareta”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/bogota-huele-a-bareta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Lo admito: Estos días he probado cosas raras… en contra de mi voluntad. Fíjese usted por dónde camina si vive o viene a Bogotá. En la música y en la literatura también hay olor a marihuana. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph"><strong><em>“Tú enrúmbate y después derrúmbate”:</em> </strong>Andrés Caicedo, escritor colombiano (1951-1977), en su novela <strong><em>¡Qué viva la música!</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph"><strong><em>&nbsp;</em></strong><em>“Víctor le dice que nada de sexo, él lo que busca es maconha, la mina asiente, dice que la espere, 10 minutos, el olor a peligro y suciedad es potente, un largo tiempo para estar en esa subsidiaria del averno (…) llega con el encargo, 8000 pesos trocados por 200 gramos de marihuana armados en cigarros, vaya a saber su origen”:</em> <strong><em>Sanadius</em>,</strong> novela de Stiv Vélez, escritor bogotano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bogotá era una fiesta. Lo sigue siendo para muchos. Pero a las cosas que te tentaron de joven, ya no hay para qué hacerles caso de viejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo más cerca que estuve de la <em>bareta</em> fue la serie “Baretta” de los años 70s, que vimos por televisión en los 80s, con el magnífico Robert Blake, el detective que a veces se disfrazaba de mujer para atrapar a los malos y en la vida real fue absuelto por el asesinato de su esposa. </p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Has probado la marihuana? —me preguntaron una vez, y otra vez y otra vez. Y las tres veces dije la verdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estar vivo es la única verdad comprobable. Sobre todo lo demás, no estoy seguro de nada. La verdad es lo real; por ejemplo, ver gente fumándose sus porros en la calle, y en la Bogotá moderna es cada vez más frecuente. Tengo la impresión de que celebran algo. Puede que sí, puede que no, aunque estar vivo debería ser motivo de celebración siempre. Para mí lo es. Estar vivo es la primera cosa importante que me pasa cada día. Pero no necesito sustancias psicoactivas para celebrarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No, no he fumado marihuana, ni una sola vez, más si la he visto, pero de reojo y de lejitos, que es como se deben ver ciertas cosas antes de que se te metan en el alma y se amañen. Es que la droga, poquita o mucha, se mete hasta con el nido de la perra. Un amigo fue muchas veces al <em>Bronx</em> a pagar las deudas de su hermano para que lo dejaran salir de aquel inframundo. Se lo llevaba para su casa y al día siguiente desaparecían su hermano y sus tenis de marca. La historia se repetía: desaparecían su hermano y los pantalones más nuevos. La historia se repitió durante cinco años, lo único que cambiaba era el objeto robado para alimentar su adicción al bazuco.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-6 wp-block-paragraph"><em>“El murmullo de las calles se me escapaba definitivamente por entre el pliegue diminuto de los dedos y de la risa. Mierda. El ruido de la calle, el olor de la calle, el perfume del mundo se estaba diluyendo vertiginosamente en el reflejo de la lluvia y entonces le dije a la enfermera que siempre había querido una muerte así, con violencia, con whisky en mitad de los sesos, una muerte nocturna y en una ambulancia con una enfermera que me dijera que pasáramos la noche juntos”: </em>Fragmento de la novela<strong> <em>Opio en las nubes</em>, </strong>del colombiano Rafael Chaparro (1963-1995).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La <em>bareta</em> es otra cosa, según entiendo. Una adicción que tiene nombre de mujer. La llaman <em>Bareta</em>, <em>Maconha (macoña, en Brasil); Macumba, Maripepa Mariana, Doña Juana, Mary Poppins</em>. <em>“Voy a hablar con María”, “Me voy a ver con Juana”, “Quiero danzar&nbsp;con Mary Jane”, “Voy a tocar marimba”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Tiene nombre de mujer, porque la que produce el efecto sicotrópicos es la parte femenina de la planta, la maestra, la canalizadora…”, me dice el escritor Stiv Vélez, quien no olvida la experiencia más terrible en uno de esos “viajes”:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—<em>“Me puso demasiado analítico, quizás porque los sentidos se agudizan en cierta medida, y recordé momentos duros del pasado, fue terrible&#8230;”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Su nombre también está en la música y en la literatura, me cuenta Stiv, cuyas novelas recrean la Bogotá de los bajos fondos que pocos conocen. Hay canciones que hablan del respeto o conexión o de situaciones que pasan con la hierba, como Sweet leaf, de Black Sabbath; Mary Jane, de Rick James; Pass de marijana, de Mystic Roots, Tiempo pa matar, de Willie Colón…”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo confieso ante ustedes que no he probado la marihuana, ni nada que se le parezca, pero siento que la probé ayer durante el <em>Septimazo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde mi casa, abordo el bus F51 y desembarco en la Estación de Transmilenio de la Calle 19 de Bogotá. Me dirijo a la calle de las librerías de segunda mano yendo en busca de una novela de Mario Vargas Llosa. La quiero dar una oportunidad al escritor peruano, recién fallecido. Hojeo “Conversación en La Catedral”: en las primeras hojas leo esto: <em>“Ninguna otra novela me ha dado tanto trabajo; por eso, si tuviera que salvar del fuego una sola de las que he escrito, salvaría ésta”.</em> Me convenció, regateo hasta transar en veinte mil pesitos, la estoy leyendo. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Amo el centro de Bogotá y no le temo. Desde la carrera 8ª octava con calle 16, voy hacia la carrera Séptima, y dese allí camino varias cuadras hasta la Biblioteca Nacional de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, Bogotá huele a <em>bareta</em>, en sus parques y en sus esquinas. Huele a <em>bareta</em> y en ciertas calles, en ciertas paredes, también el olor a orina humana impregna el aire, a la brava. No sé qué es peor, pero estoy seguro de que hay olores peores que la <em>bareta</em> y esos orines sancochados al sol de la tarde.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph"><em>“La marihuana es la nueva forma de hacerse rico (…) se calcula que veinte millones de norteamericanos están consumiendo esa hierba en este momento”:</em> <strong><em>La mala hierba</em></strong>, novela de Juan Gossain, refiriéndose al año 1971. Para 1980, agrega el pie de página, 70 millones era el número de consumidores.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay lugares emblemáticos de Bogotá donde huele más a <em>bareta</em>: Parque de los Hippies, alrededores del Museo Nacional, Parkway, Parque de la Independencia, Parque de los Periodistas, Parque Santander y Chorro de Quevedo. Dicen que en el sector de Teusaquillo hay una galería-bar, muy apetecida por los extranjeros, donde van a consumir <em>maconha</em> y venden productos derivados del cannabis, como la cerveza <em>cannábica</em>. Conozco amigos que usan gotitas de un derivado del cannabis para conciliar el sueño; existe amplía literatura sobre sus beneficios medicinales y científicos.</p>



<figure class="wp-block-table"><table class="has-fixed-layout"><tbody><tr><td></td></tr></tbody></table></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras camino, me topo con una traba fugaz, inofensiva,&nbsp;en contra de mi voluntad, claro.&nbsp; No me debería preocupar lo que los demás hagan con sus vidas, pero me pregunto por qué lo hacen. ¿No ven que hay niños en la calle?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿A qué huele, mami?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los padres, metidos en la grande, sin saber qué responder, responden lo de siempre: “No pregunte, mijo”, se escurre uno por la tangente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre el consumo de marihuana o de cualquier otra sustancia psicoactiva, Augusto Pérez, director de la Corporación Nuevos Rumbos, que lidera programas de prevención contra la drogadicción y el alcoholismo, recuerda que “los derechos de los niños están por encima de los derechos de los adultos, y eso aparece en la Constitución”.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">El experto agrega que “si bien no se puede castigar a nadie por consumir sustancias psicoactivas, desde 1994 existen normas que prohíben hacerlo en sitios públicos, pero no se cumplen”. Como solución propone que los alcaldes reglamenten el consumo, de modo que se prohíba durante el día pero se permita en horas de la noche, “entre las 8:00 p.m. y las 6:00 a.m. para no interferir con la vida de las familias y especialmente la de los niños”. Un proyecto de acuerdo que hace trámite en el Concejo de Bogotá aboga por la prohibición total. Según el <a href="https://www.minjusticia.gov.co/Sala-de-prensa/Paginas/En-promedio-colombianos-inician-consumo-sustancias-psicoactivas-a-13,7-a%C3%B1os-seg%C3%BAn-MinJusticia.aspx">Ministerio de Justicia</a>, el consumo empieza tempranamente: a los 13.7 años de edad.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-8 wp-block-paragraph"><em>“Sady comparte el pedazo de marihuana que compró a los engendros; el chorro y la cannabis se acaban, hay que ir por más; se siente un déja-vu, como si se hubiese vivido lo que no se vivió, zona de San Bernardo”: <strong>Sanadius</strong>,</em> novela de Stiv Vélez, escritor bogotano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablando del “Sanber”, en el diario El País hay <a href="https://elpais.com/america-colombia/2025-05-25/salir-de-la-miseria-sin-abrazar-la-gentrificacion-el-barrio-san-bernardo-busca-un-futuro-distinto-para-el-centro-de-bogota.html">una crónica interesante</a> sobre la historia de este barrio, donde todavía prevalece el estilo Art Decó en algunas de sus casas antiguas, hoy convertido en un territorio en disputa por bandas dedicadas al microtráfico; de hecho allí funciona una <em>olla</em>, que así llaman a los expendios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Ahora uno solo oye todo el día a la gente repetir códigos en las calles, como ‘rojo rojo’, ‘todo capas’, ‘gato gato’”, le dice una residente a la cronista, en referencia al léxico particular de este (otro) mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Ni cocaína, ni marihuana, ni éxtasis, ni heroína, ni perico, ni nada de nada, les respondo a los curiosos. Ya estoy muy viejo para ponerme con esas pendejadas. Por esa misma razón dudo mucho de que nuestro presidente, Gustavo Petro, sea un <em>mariguanero</em> como vociferan por ahí. ¡Creo que está muy viejo para ponerse con esas pendejadas!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Huele a <em>bareta</em> en el parque, por los lados de mi casa, pero también en los alrededores de la Casa de Nariño, la verdad no sé si dentro del palacete. Un día de estos quisiera entrevistar al presidente y pedirle que se sincere. —Tranquilo, <em>my president</em>, no soy sapo como el doctor Leyva, le diría sin reírme para darle confianza. </p>



<p class="wp-block-paragraph">—No he metido ni meteré por una sencilla razón, respondí a principios de los 90s. Íbamos como ocho embutidos todos en el Renault 4 rojo de un amigo que trabajaba como diseñador en una revista. Fumaban y reían o reían y fumaban, ¡qué importa el orden! Para entonces, yo hablaba más bien poquito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Con la nicotina me basta y me sobra, les decía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me bastaba porque ya no fumo. Lo dejé en 2020, antecitos de que nos encerraran por causa de la pandemia. El cigarrillo es la muerte a plazos, no importa si usted fuma del original o&nbsp;del de contrabando. Es el mismo veneno. De la <em>bareta</em> no puedo hablar nada, ni bueno ni malo; allá cada quien con sus cosas. “Es su problema y que con su pan se lo coman”, le aprendí a la actriz Delfina Guido, aquella vez que la entrevisté para <strong>El Espectador</strong>.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-9 wp-block-paragraph"><em>“… mucha bareta, las voces de Gaby, Víctor y Ramiro se oyen distantes (…) siente que se despega de este plano y entra en algo atemporal, es ahí donde se sumerge en el Pandemónium Muisca Alternativa, en esa otra ciudad donde el sur también existe…”: <strong>Sanadius,</strong> novela de Stiv Vélez, escritor bogotano.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes fuman porro describen aquella sensación como el placer de un viaje a un más allá que, al parecer, está en el más acá interior de cada uno, acaso en el <em>subsuelo </em>del que hablaba Dostoiesvski en una de sus novelas, escrita tras la muerte de su esposa, afectado por trastornos emocionales. La historia trata sobre un hombre infeliz que se siente víctima de ofensas imaginarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el correr del tiempo, y de las páginas leídas, me di cuenta de que, al menos en mí, el mismo efecto lo proporciona el placer de la lectura, la buena literatura. Algunos libros se escribieron, curiosamente, bajo el efecto de ayudas extras. Dicen, por ejemplo, que Jean Paul Sartre consumía mescalina y que bajo los efectos de este alucinógeno concibió <em>La náusea</em>, la historia de un historiador agobiado por el sinsentido de la existencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lista es larga: Tennessee Williams, Robert Louis Stevenson, Aldous Huxley, Stephen King, Jack Kerouac, Edgar Allan Poe, Truman Capote, William Faulkner, Charles Baudelaire, Charles Dickens, Allen Ginsberg, Víctor Hugo, Honoré de Balzac… y los que falten.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La revista <a href="https://www.revistavanityfair.es/lujo/moda/articulos/el-club-de-los-adictos-literarios/17103">Vanity Fair </a>cuenta una anécdota: “En 1893 apareció publicada en Inglaterra&nbsp;&#8216;El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde&#8217;<strong>, </strong>de&nbsp;Robert Louis Stevenson. El autor de &#8216;La isla del tesoro&#8217; escribió este clásico en&nbsp;seis días. Su esposa Fanny dijo: &#8220;Que un inválido como mi marido (la salud de Stevenson siempre fue frágil) haya sido capaz de escribir 60.000 palabras en seis días es increíble&#8221;. No, increíble no. Este récord, explicó posteriormente su hijastro Samuel, fue posible&nbsp;gracias a los efectos de la cocaína”<strong>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no hay que ir tan lejos. El escritor colombiano Andres Caicedo, antes de tomar la ruta del suicidio, dejó escrito lo siguiente en su novela “¡Que viva la música!”:<em>“Los hombres me han llamado loco. Lo cierto es que aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. Diremos pues que estoy loco. Concedo por lo menos que hay dos estados distintos en mi existencia mental: el estado de razón lúcida que no puede discutirse y que pertenece a la memoria de los sucesos de la primera época de mi vida, y un estado de sombra y duda que pertenece al presente y a los recuerdos que forman la segunda era de mi existencia. Lo que pasa es que soy muy feliz en la duda y en la sombra”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La película lo muestra en imágenes.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="TRAILER OFICIAL - ¡Que Viva la Música!" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/KjcDhXqHnZU?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">3:30 de la tarde. Ya estoy a pocos metros de la Biblioteca Nacional. Sentados en unas sillas de madera con espaldar, observo a varios muchachos con sus porros, a lo mejor esperan la noche para seguir la fiesta o iniciar otro viaje o el regreso, no sé. Están con sus dosis mínimas, me digo, sin saber qué diablos es una dosis mínima. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia un ciudadano puede portar hasta 20 gramos de marihuana y uno de cocaína) siempre y cuando su fin no sea comercializarlo, según el <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/del-castigo-al-cuidado-colombia-lidera-un-nuevo-modelo-frente-a-las-drogas/">Estatuto Nacional de Estupefacientes</a>, en tanto que la ley le permite cultivar hasta veinte plantas de cannabis medicinal para autoconsumo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El olor prorrumpe en el ambiente. Cualquiera que no sepa a qué huele la maconha, extrañamente lo sabrá cuando sienta el olor. Los miro sin mirarlos, de reojito, haciéndome el pendejo. Porque en casos así es mejor atenerse a lo que dijo Andrés Caicedo: <strong>“Las peores cosas que le pasan a uno en la vida, le pasan por meterse en lo que no le importa”. </strong>En parte tiene razón. <em>“Es su problema y que con su pan se lo coman”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí estoy, por fin, jubiloso andando la exposición: <em>“El cuento de la creación de Gabo”</em>, que permaneció abierta hasta el 2 de agosto. Este viaje sí ha valido la pena. Rapidito reconozco que, en efecto, soy un adicto. Un adicto a la buena literatura.&nbsp;Contemplo un cuadro. Me pregunto bajo qué poder alucinante estaba Gabito en aquella cuartilla en que mandó a <em>Remedios, la bella </em>al cielo, en cuerpo y alma, envuelta entre sábanas. <strong>FIN.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1007" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/06/ZETA-BARETA-1024x1007.jpg" alt="" class="wp-image-117439" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Aunque García Márquez dejó de dibujar cuando se dedicó a escribir cuentos, de vez en cuando hacía dibujos, como este de 1971, que hizo parte de la exposición “El cuento de la creación de Gabo”, en la Biblioteca Nacional.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117436</guid>
        <pubDate>Sun, 21 Sep 2025 14:33:37 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Bogotá huele a “bareta”]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">117436</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La violencia política en Colombia y el matoneo escolar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>El aniversario del asesinato de Jaime Garzón y el último adiós a Miguel Uribe Turbay son dos caras de un mismo monstruo: en Colombia algunos recuerdos saben camuflarse bajo la arena de las pesadillas para tarde o temprano saltar con las fauces abiertas, dejándonos saber que nunca dejaron de ser parte de nuestra realidad. A [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-large-font-size wp-block-paragraph">El aniversario del asesinato de Jaime Garzón y el último adiós a Miguel Uribe Turbay son dos caras de un mismo monstruo: en Colombia algunos recuerdos saben camuflarse bajo la arena de las pesadillas para tarde o temprano saltar con las fauces abiertas, dejándonos saber que nunca dejaron de ser parte de nuestra realidad.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">A pesar de Nobeles de paz, negociaciones, nuevas constituciones, corazones grandes y manos firmes, paces totales y otras ilusiones que en su momento nos unieron (más o menos) como país, hoy debemos admitir que Colombia se resiste a sanar su fijación a la violencia. Seguimos sin tener un instante de sosiego.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">La Defensoría del Pueblo reportó 181 líderes y defensores asesinados en 2023; Amnistía Internacional recogió 186 denuncias de la ONU entre enero y noviembre de 2023. Un próximo informe de la Fiscalía habla de por lo menos 189 homicidios de personas defensoras de los derechos humanos en 2024. La ONU-DH verificó 191 denuncias en 2023 y 129 denuncias a 31 de julio de 2025 (lo que proyecta un año tan malo o peor que 2024). </p>



<h2 class="wp-block-heading has-large-font-size">Seguimos siendo el país que entierra a sus voces más poderosas</h2>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">La violencia política es a la realidad nacional lo que los casos de matoneo escolar que llegan a suicidios o fallos en las Cortes son a los Colegios: entendemos la dimensión de ser una nación adversa a una vida política sana solamente cuando ocurre un magnicidio. Volvemos a conversar sobre la necesidad de crear entornos educativos cálidos y seguros solamente cuando hay que lamentar la decisión de un joven o cuando la Corte Suprema clama desde su púlpito algo que se hubiera podido contener teniendo un ambiente escolar más empático.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Las provocaciones tóxicas en medio de un debate o un disparo directo a un candidato no son el resultado de impulsos, no son reacciones en caliente. Sin importar la dimensión, son actos calculados con minucia estratégica para poner a tambalear a un amplio segmento de la sociedad. </p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Este lado macabro de la capacidad para calcular, planear y ejecutar de manera conspirativa tiene su homólogo en las aulas y los patios de los Colegios: alguien señala a un “culpable” (de ser débil, de ser incapaz, de romper la homogeneidad), otros aplauden, avanza el castigador, la masa se organiza, los observadores (que siempre son los más numerosos) permanecen al margen o se retiran.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-large-font-size">Cambian los escenarios, pero se repiten algunos patrones psicológicos y sociales</h2>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">La necesidad de control, búsqueda de estatus, desenganche moral, efectos de imitación y recompensa de grupo. En estas ocasiones el grupo también encuentra su placebo: una comunidad se cohesiona rápidamente celebrando la caída de lo que creían su amenaza o contemplando la levitación de una figura de salvación, incluso si ésta empuña el doble filo del justiciero omnipotente.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Karen Douglas y otros académicos de la psicología social han reunido suficientes pruebas de que estas dinámicas paranoicas y conspirativas prosperan sobre todo cuando las personas sienten falta de control, ansiedad y amenaza, emociones que son fáciles de generar en colegios y universidades.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un complot político y un caso de matoneo comparten una debilidad: la fortaleza de su red se rompe de un tirón si en su etapa más temprana alguien corta la primera alianza que le da fuerza al resto del tejido. Si en los primeros pasos del atentado alguien denuncia, las consecuencias, la lista de culpables y víctimas, los daños y el dolor serán mínimos comparados a los que hubieran causado las explosiones. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Si en los primeros minutos del matoneo algún estudiante “bystander” juega el papel de mediador o busca la ayuda de un adulto el caso nunca escala hasta dimensiones lamentables.</em></p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading has-large-font-size">Ya podemos celebrar algunos avances contra esa violencia en las instituciones educativas</h2>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Muchos de nuestros hijos cuentan con herramientas y narrativas que hace años sonaban a tecnicismos sin audiencia. Con todo, debemos multiplicar esfuerzos para trabajar en lo que algunos autores conocen como “el desenganche moral”: las racionalizaciones que permiten agredir y que construyen una lógica que justifica la agresión como la complicidad de los espectadores. “Solo era una chiste”, en el caso de una ofensa; “¿quién le manda a vestirse así?”, en el caso de una violación; “eso le pasa por hacer chistes con eso”; “eso le pasa por hacer campaña en ese barrio”.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Intervenciones escolares bien diseñadas, sobre todo las que buscan que los espectadores aprovechen su poder como miembros de una comunidad, reducen perpetración y victimización; trabajar con espectadores cambia normas y corta patrones, exactamente lo que necesitamos en foros, redes y política.&nbsp;</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Donde hay un compromiso serio con la educación y la concepción de los <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">colegios</a> como fuentes de valores de respeto y convivencia, la violencia política tiende a ser menor. En Colombia, ya se trabaja en la implementación de políticas educativas obligatorias para el manejo de las emociones.</p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/08/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/08/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/08/Rompamos-el-silencio.jpg?resize=300,201 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, para formar a niños y jóvenes activos contra el <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/tecnologia/">matoneo</a> (y en el futuro adultos contra la violencia política) hay que seguir fortaleciendo la conciencia y el poder que los espectadores tienen para convertirse en fuerzas de intermediación y resolución. Esta puede ser la manera de deshacer el nudo de nuestra soledad, salir de nosotros mismos y aprovechar otra oportunidad sobre la tierra.</p>
</div></div>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Fuentes</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8669765">https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8669765</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39327928">https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39327928</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.researchgate.net/publication/366973619_The_indirect_association_between_moral_disengagement_and_bystander_behaviors_in_school_bullying_through_motivation_Structural_equation_modelling_and_mediation_analysis">https://www.researchgate.net/publication/366973619_The_indirect_association_between_moral_disengagement_and_bystander_behaviors_in_school_bullying_through_motivation_Structural_equation_modelling_and_mediation_analysis</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119301</guid>
        <pubDate>Fri, 15 Aug 2025 19:09:26 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/08/image0.jpeg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La violencia política en Colombia y el matoneo escolar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">119301</post-id>    </item>
        <item>
        <title>EMPEZÓ LA HORA PARA ENCONTRARNOS Y AGRUPARNOS.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/empezo-la-hora-para-encontrarnos-y-agruparnos/</link>
        <description><![CDATA[<p>En su último año, los gobiernos están en el plan de redondear la faena realizada en los tresanteriores y, eventualmente, tratar de dejar diseñadas o al menos planteadas, tareas importantesque no pudo adelantar, esperando que el siguiente las acoja. Con el de Petro, ya embarcado en lacuenta regresiva de su período, el cuadro es el [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En su último año, los gobiernos están en el plan de redondear la faena realizada en los tres<br>anteriores y, eventualmente, tratar de dejar diseñadas o al menos planteadas, tareas importantes<br>que no pudo adelantar, esperando que el siguiente las acoja. Con el de Petro, ya embarcado en la<br>cuenta regresiva de su período, el cuadro es el contrario. En un impactante Consejo de Ministros<br>televisado, escuchamos que su gabinete desconocía los compromisos presidenciales, es decir,<br>gubernamentales y que, obviamente, su ejecución era paupérrima. El Presidente, confrontando a<br>sus ministros, simplemente comparó los compromisos como quedaron consignados en el Plan de<br>Desarrollo, con la ejecución de cada ministerio, que presentaba cifras como si estuvieran en el<br>primer semestre y no en el tercer año de gobierno.<br>Sobra decir que Gustavo Petro no se consideró con responsabilidad alguna en tamaño desastre y<br>descargó su rabia en los ministros. Si alguien todavía tenía dudas de la disfuncionalidad del<br>gobierno – y lo califico así, para ser benigno con lo que se está viviendo -, esa noche confirmó sus<br>peores sospechas. Lo que debía ser un proceso de evaluación y ajuste final de la tarea, se<br>convirtió, en el anuncio de la ejecución atropellada de los compromisos del plan de desarrollo, en<br>un vano intento por recuperar el tiempo y la ocasión perdida, para impulsar la prometida<br>transformación de Colombia, en lo cual, hace tres años, muchos creyeron.<br>Por su parte, el balance de ejecución que Petro presentó esta semana, hay que mirarlo con lupa<br>pues, como todo gobernante, busca atribuirse los avances logrados en su período, que muchos<br>vienen de antes y echarle la culpa a los otros, de los malos resultados; en su caso, especialmente a<br>Iván Duque. Es la vieja lógica de que lo bueno es lo mío y los fracasos o malos resultados, son<br>herencia del anterior gobierno que, por definición es incompetente e inclusive corrupto. Las cifras<br>que presentó, hay que mirarlas en contexto, pues Colombia no empezó con el gobierno de Petro,<br>que recibió problemas y errores e igualmente logros, y políticas que venían de antes, pues no<br>todas son malas, como lo plantea el actual discurso oficial.<br>De tiempo atrás, hay conciencia ciudadana de la necesidad de cambios; no en vano Petro ganó. En<br>sus primeros meses, muchos esperaban que se la jugara por el cambio, pero poco duró la ilusión.<br>Hoy puede decirse, sin exageraciones que, en los tres años de su administración, fuera de muchos<br>discursos, promesas e insultos, no hubo intentos serios, no politiqueros, por impulsar los cambios<br>prometidos, considerados necesarios para corregir o mejorar lo existente en el país; cambios que<br>debían precisarse y acordarse para su ejecución.<br>Hoy, la impresión mayoritaria es que a Gustavo Petro lo que le interesa, no es el avance de<br>Colombia, sino enlodar a sus antecesores y a sus amigos y apoyadores (“camarillas”), para él poder<br>presentarse, como el prócer, el mesías que salva al país de las garras de los malos y corruptos. La<br>campaña, que ya llegó, va a ser una gran confrontación entre unos energúmenos, gritando que no<br>los dejaron gobernar, cuando la verdad es que no pudieron hacer los cambios que ofrecieron;<br>cambios que la gente reclamaba porque, e insisto en ello, en Colombia existe un reclamo y una<br>necesidad de cambio. Ese grito ofensivo hay que confrontarlo, con calma y firmeza, y convocar a la<br>mayoría de los compatriotas que quieren un mejor país; lo creen posible y están dispuestos a<br>meterle el hombro, sin gritos ni ofensas, para apoyar e impulsar lo que nos une y bajarle el<br>volumen a lo que nos diferencia, sin negarlo, simplemente reconociendo que hoy Colombia nos<br>pide bajar el tono a las naturales diferencias y cerrar filas para hacer la gran transformación</p>



<p class="wp-block-paragraph">ciudadana y democrática que necesitamos y nos merecemos. Hay que empezar hoy, no mañana, a<br>fortalecer la tarea para avanzar con serenidad y claridad hacia ese escenario y terreno de<br>encuentro, para encontrarnos con generosidad, para alcanzar entre todos, no de algún iluminado,<br>ese propósito que es de todos y para todos. No es fácil, pero es posible y es necesario.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Juan Manuel Ospina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118991</guid>
        <pubDate>Thu, 07 Aug 2025 16:20:01 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[EMPEZÓ LA HORA PARA ENCONTRARNOS Y AGRUPARNOS.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Juan Manuel Ospina</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">118991</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Las mujeres de la gobernanza territorial</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/una-habitacion-digital-propia/las-mujeres-de-la-gobernanza-y-la-autonomia-territorial/</link>
        <description><![CDATA[<p>– Sistema General de Participaciones – Hemos concluido la primera fase de un proyecto de cooperación académica e institucional entre la Universidad Nacional de Colombia y la Escuela Superior de Administración Pública – ESAP, titulado “Diálogos Territoriales. Gobernanza y la ley de distribución de competencias”. En dicho proyecto he participado como asesora académica, dentro del [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">– Sistema General de Participaciones –</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<a class="twitter-timeline" data-width="500" data-height="750" data-dnt="true" href="https://twitter.com/LiliEstupinanAc?ref_src=twsrc%5Etfw">Tweets by LiliEstupinanAc</a><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>


<div class="has-text-align-right wp-block-post-author-biography has-small-font-size">Una pluma al servicio del pluralismo, la interculturalidad y la interseccionalidad; del Estado social de derecho, la autonomía territorial, los derechos, las libertades y también los deberes.
Una voz constitucionalista y feminista que habita —con convicción académica y compromiso democrático— la arquitectura de los frenos y contrapesos.
Cofundadora, junto con Paula Ricaurte, de LOS LENTES DE LILIANA:
https://www.instagram.com/lilianaestupinana
Ph. D. en Sociología Jurídica e Instituciones Políticas. Abogada, profesora universitaria, consultora y conferencista nacional e internacional.
Cofundadora de la Red de Mujeres Constitucionalistas y de la Red de Constitucionalismo Crítico de América Latina (REDCCAL).
Integrante de la Red RINDE y de Defendamos la Paz Colombia. Fundadora suscriptora de la Revista Cambio. Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.</div>


<p class="wp-block-paragraph">Hemos concluido la primera fase de un proyecto de cooperación académica e institucional entre la Universidad Nacional de Colombia y la Escuela Superior de Administración Pública – ESAP, titulado “Diálogos Territoriales. Gobernanza y la ley de distribución de competencias”. En dicho proyecto he participado como asesora académica, dentro del equipo de expertos y expertas de la Escuela de Alto Gobierno (ESAP), liderado por el profesor Mario Moisés Juvinao Daza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propósito principal ha sido incidir —desde la academia— en el proceso de formulación de la ley de distribución de competencias, mediante la presentación de insumos tanto al Gobierno —encargado de redactar el proyecto— como al Congreso de la República, responsable de su aprobación definitiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Celebro que la primera meta ya se haya cumplido: se entregó, a manera de borrador, una sistematización preliminar del ejercicio realizado en los territorios. Este documento aspira a ser considerado por el equipo gubernamental en la etapa final de construcción de la ley. Insisto: se trata de un acercamiento inicial, respetuoso de las voces participantes, que no pretende sustituirlas, sino interpretar con rigor académico las enseñanzas colectivas que emergieron de los diálogos regionales celebrados en esta primera fase.</p>



<pre class="wp-block-code"><code><strong>Este proyecto adoptó una metodología inédita, original y profundamente territorial. Se alejó de los enfoques tradicionales tan proclives a la teoría, la jurisprudencia, la econometría, los números, los mapas de brechas y la erudición centralista que, a menudo, concluye en despachos bogotanos o bajo lentes tecnocráticos. Esta vez, no fue así.</strong></code></pre>



<p class="wp-block-paragraph">Realizamos un ejercicio de participación académica, deliberativa, libre y espontánea con comunidades y territorios históricamente excluidos, que apenas comienzan a integrarse en los circuitos de decisión. Estos territorios enfrentan, además, una descentralización territorial precaria y una autonomía territorial incipiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algunos casos, las reuniones se llevaron a cabo en ciudades capitales por solicitud expresa de las y los participantes, ya fuera por razones de seguridad o logística. Sin embargo, en todos los encuentros se garantizó la presencia de representantes de municipios apartados, de esa Colombia que aún espera una verdadera distribución de las oportunidades, a pesar de poseer una inmensa riqueza humana, natural y geográfica en todas sus dimensiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los encuentros abordaron temáticas diversas: Quibdó trabajó sobre educación; Leticia sobre agua y medio ambiente; Dosquebradas y Cali sobre asociatividad territorial y regiones administrativas; Tumaco sobre distritos especiales y categorización territorial; Medellín y varios municipios de Antioquia sobre desarrollo y convergencia regional; Valledupar sobre salud; Cúcuta sobre paz y fronteras; Sincelejo sobre ruralidad dispersa; y Popayán sobre prevalencia étnica y autonomía territorial. Una agenda coherente con el Acto Legislativo No. 03 de 2024, que convoca a pensar mucho más allá de porcentajes y recursos: exige leer desde la geografía y el pluralismo territorial.</p>



<pre class="wp-block-code"><code><strong>Esta columna se centra en aquello que me conmovió profundamente y que inspira el título de esta reflexión: el papel de las mujeres en estos espacios participativos. Pero, ¿por qué ellas?</strong></code></pre>



<p class="wp-block-paragraph">Porque eran las primeras en llegar y las últimas en irse. Se ubicaban con estrategia en los espacios de discusión, mientras muchos se retiraban por asuntos de agenda o de almuerzo (no todos o todas). Tuvimos más de 550 participantes, pero ellas estuvieron en todo: lideraron relatorías, formularon ideas fuerza, sintetizaron conclusiones, asumieron la palabra, el compromiso y la ternura propia de quienes, aun habiéndolo perdido todo, encuentran en el canto, la palabra y el compartir, la fuerza para seguir caminando. Representan hijos, nietos, vecindarios, comunidades, víctimas, migrantes y desplazadas. Y su presencia fue, sencillamente, conmovedora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus rostros cambiaban a medida que los espacios se volvían más seguros y dignos. Tomaron la palabra —esa que les ha sido históricamente negada por el patriarcado— y no están dispuestas a soltarla. Los hombres, aún con recelo, intuyen que ellas llegaron para quedarse, para proteger lo público con una fuerza serena y firme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo más impactante fue constatar que estas mujeres son las mismas que han cargado sobre sus hombros la memoria, la paz territorial y la reconciliación; las mismas que buscan a sus hijos y a sus muertos, que acogen migrantes, que acompañan todas las causas posibles. Hoy también hablan de descentralización y autonomía. Comprendieron que seguir esperando al Estado no tiene sentido: deben construirlo con sus propias manos y con su propia vigilancia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Han visto llegar más botas y fusiles que soluciones. Reconocen el sufrimiento de vivir sin acceso digno a derechos: escuelas convertidas en trincheras, maestros obligados a huir por falta de garantías para la vida, niños que temen regresar a casa por el riesgo del reclutamiento; comunidades que cargan a sus enfermos en hamacas por la ausencia de ambulancias, médicos o caminos; territorios anfibios sin agua potable, ni siquiera para el riego de sus cosechas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Les preocupa el destino de sus hijos e hijas jóvenes, que hoy abandonan el campo por falta de incentivos y de futuro, lo que compromete la seguridad alimentaria del país. Para ellos y ellas, eso significa migrar a las grandes ciudades y enfrentarse a la discriminación. Ni hablar de las fronteras y del abandono cruel del Estado. </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Estas mujeres han conectado todas esas realidades con los fines esenciales de la descentralización: educación, salud, agua potable, saneamiento básico —lo mínimo para el buen vivir—, en territorios que apenas se levantan de siglos de olvido y de una violencia que se recicla una y otra vez, como si las armas siempre resucitaran o se desenterraran para sembrar el terror.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sin conocer a fondo el Acto Legislativo No. 03 de 2024, ellas preguntaron con claridad y firmeza: ¿quién va a controlar la “nueva platica”? Esa que, según el propio acto legislativo, llegará a los territorios. Ellas entendieron que el reto no es solo participar en comités y en la formulación de ideas para futuros proyectos que no se llevan a cabo o parcialmente, &nbsp;sino ejercer una veeduría ética, comunitaria y transparente sobre el uso de los recursos del Sistema General de Participaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Saben que ese sistema —hoy tan recentralizado, que apenas representa entre el 20 y el 25 % de los Ingresos Corrientes de la Nación— comenzará a aumentar de manera gradual hasta llegar, en los próximos 12 años, al 39,5 %. Y es allí donde ellas entran con fuerza: ¿cómo vigilar la politiquería, el clientelismo, la corrupción, la criminalidad y todo aquello que impide que los recursos públicos beneficien a la ciudadanía, a la naturaleza y a la vida?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensaron más allá de la descentralización. Pensaron en autonomía, en gobernanza territorial, en lo colectivo. ¿Cómo cuidar el queso? ¿Cómo controlar a los depredadores desde la comunidad? Ellas asumen, con coraje, el deber constitucional de proteger lo público. Entienden que, mientras los territorios avanzan en construir recursos propios, lo poco o lo mucho que llegue no debe destinarse al lujo de unos pocos, a casas de recreo ni a relojes de marca o paraísos fiscales, sino a construir la geografía de las oportunidades y el Estado social de Derecho en cada rincón de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Valientes mujeres de todas las edades, sin etiquetas, desde la diversidad. Porque eso que llamamos gobernanza territorial tiene piel de mujer —de mujeres diversas—, y piel de cuidado por lo público.</p>



<pre class="wp-block-code"><code><strong>Tengo el pálpito de que en ellas —todas las mujeres, todas las etnias, todas las edades— habita el alma de la gobernanza territorial: el corazón del control ciudadano, del cuidado de la naturaleza, del campo, de los niños y las niñas, de la diversidad, del agua, del río, de todo lo que da vida y de lo público. Una ternura convertida en control y poder.</strong></code></pre>



<p class="wp-block-paragraph">Ellas saben del riesgo que asumen, un riesgo quizás aún más peligroso que la propia violencia criminal que enfrentan cada día.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sí: una buena parte de lo público sigue en manos de depredadores (porque llamarlos “ratas” sería una ofensa para los animales)… y bajo la vigilancia de unas instituciones estatales y territoriales en las que, tristemente, ya no creen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nota 1.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí está mi pálpito de mujer en esos espacios de Diálogos Territoriales, en los que tuve la fortuna de participar y que gocé a plenitud. Tengo muchos más pálpitos que, con el tiempo, se convertirán en columnas, artículos, documentos técnicos y muchas otras formas de escritura. Fue una experiencia bella y transformadora, que cambió profundamente mi manera de leer la descentralización y la autonomía territorial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nota 2.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es importante señalar que los Diálogos Territoriales no correspondieron a un espacio formal de participación institucional ni gubernamental dentro del proceso de construcción de la ley. Además, se desarrollaron sin conocer el articulado que el Gobierno Nacional presentará ante el Congreso de la República. No obstante, estos espacios permitieron que los múltiples actores convocados —directivos, representantes del gobierno, sociedad civil, líderes y lideresas— llegaran sin libreto, con la libertad de compartir ideas, percepciones y esperanzas sobre el futuro del Sistema General de Participaciones y su relación con la dignidad, los derechos y el Estado social en los territorios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una segunda fase se avecina, ya con el proyecto de ley en mano. Para entonces, la academia estará nuevamente lista para el debate y la discusión en la geografía ávida de las oportunidades. </p>
]]></content:encoded>
        <author>Liliana Estupiñán Achury</author>
                    <category>Una habitación digital propia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118961</guid>
        <pubDate>Wed, 06 Aug 2025 18:11:25 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/08/COLUMNA-AGOSTO-6.png?quality=60&amp;#038;w=1080" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Las mujeres de la gobernanza territorial]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Liliana Estupiñán Achury</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">118961</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Una reflexión sobre el artículo La meta errada del arte, de Juan Carlos Botero</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/una-reflexion-sobre-articulo-la-meta-errada-del-arte-de-juan-carlos-botero/</link>
        <description><![CDATA[<p>Juan Carlos Botero cree que el propósito esencial entre los artistas del pasado, llegando hasta los hombres del paleolítico, era crear belleza. Yo creo que no hay suficiente evidencia para hacer tal afirmación; además, al decir tal cosa se está extrapolando la visión del arte y de la belleza de hoy a otras culturas y [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Juan Carlos Botero cree que el propósito esencial entre los artistas del pasado, llegando hasta los hombres del paleolítico, era crear belleza. Yo creo que no hay suficiente evidencia para hacer tal afirmación; además, al decir tal cosa se está extrapolando la visión del arte y de la belleza de hoy a otras culturas y épocas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la actualidad llamamos arte a los dibujos, pinturas, relieves, estatuillas, tótems, que encontramos en distintas cavernas por el mundo; llamamos arte a las danzas de culturas periféricas que antes no apreciábamos; llamamos arte a muchos tipos de música compleja y simple. No creo que se pueda decir que en todas las manifestaciones del pasado uno perciba belleza, diría que en algunas sí y en otras no. Para dar dos ejemplos, ni del Ídolo de Shigir ni de la Venus de Willendorf se puede decir que despierten sensaciones de belleza.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/19/Venus_of_Willendorf_frontview_retouched_2.jpg/500px-Venus_of_Willendorf_frontview_retouched_2.jpg" alt="" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Venus de Willendorf</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debido a que se han encontrado un número considerable de herramientas de piedra, de distintas épocas e, incluso, con diferencias de miles de años entre unas y otras, se puede hacer una comparación que denota que, escojamos las hachas de piedra, entre estas hubo un incremento gradual de destreza en la ejecución, de simetría, afilamiento de los bordes, escogencia de los materiales más perdurables y adecuados para la función, conquista de la perfección en un sentido utilitario y belleza. Se puede decir que algunas hachas de piedra bifásicas achelenses son arte y son bellas<a id="_ednref1" href="#_edn1">[i]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es cierto, como dice Botero, que en los museos hay una selección de “objetos bellos y sublimes, incluyendo joyas y vitrales, tallas y mármoles, ánforas y estampas, cuadros y retablos, urnas y sarcófagos, bronces y tapices”, también, creo, hay objetos, como muebles, espadas, armas, vajillas, cucharas y otros, que no son bellos, pero que poseen otras cualidades que los hacen dignos de exhibición. Quizás nos asombran, ya sea por la dificultad en su ejecución, por su rareza o escasez, por su capacidad simbólica, por su antigüedad o proveniencia, por algún tipo de exceso, o por su costo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La categoría de arte aparece frente a comportamientos o producto de habilidades cuando estos se destacan por su superioridad, por haber alcanzado un óptimo en su categoría. Los miembros de distintas culturas celebran, visibilizan y ensalzan estas performances y objetos para darles un valor, preservarlos y convertirlos en paradigmas, puntos de referencia. Es una manera de crear cultura, es una manera de crear progreso, que trae ventajas a los miembros de la comunidad donde estos ejemplares se produjeron y se producen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Botero dice que las dos guerras mundiales del siglo XX cambiaron aquello de la búsqueda de la belleza como finalidad de las artes, y cita a Vargas Llosa cuando dice que: “La tarea del artista se volvió la de expresar los grandes traumas y desequilibrios, la desgracia, el furor, la desesperación y la angustia”. &nbsp;Yo agrego que la música, la pintura, los performances, los video-arte, las instalaciones, el teatro, la literatura, han tenido diversas funciones durante la historia, como las de dejar una memoria, enseñar, persuadir, expresar ideas, emociones, creencias y experiencias, representar deidades, representar narrativas sagradas, inducir reverencia y asombro, consolidar el poder, propagar ideologías, hacer crítica, fomentar la cohesión del grupo social, conmemorar, divertir, hacer de ciertos eventos algo especial y, por supuesto, también generar placer estético, aunque no siempre; ah, y hasta funciones terapéuticas han tenido las artes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Botero considera que el arte no se ha encargado de denunciar o recordar las peores atrocidades de la modernidad, que solo está el Guernica y una que otra obra más, pero no hay nada, dice él, que se refiera al “infierno de Auschwitz, a la devastación de las bombas atómicas de Hiroshima o Nagasaki, a la infamia del gulag al salvajismo de guerras como la de Argelia o Vietnam”. Agrego que otras formas de arte, distintas de la pintura y la escultura, se han encargado de estos temas, como el cine, la literatura, la fotografía, la poesía y la música. Botero así lo reconoce en su artículo. Estas son formas de arte que han dejado denuncia y memoria de todos estos temas, y de una manera extraordinaria. Quizás la pintura no sea el medio idóneo para tales causas, quizás se queda corta. Es verdad que son escasas las obras pictóricas y escultóricas que han tratado estos temas, y es de estudiar las razones. Posiblemente sea muy difícil o muy poco comercial hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arte, dice Botero, “Ya no aspira a deleitar al espectador sino a escandalizarlo, desafiarlo o chocarlo”. Esto es parcialmente cierto. Muchas veces el escándalo paga y, además, todas las formas de cultura cogen por diversos caminos; preferiblemente por aquellos que utilizan algún aspecto de la psicología humana que sea terreno abonado para crecer, proliferar y capturar la atención, que es el primer requisito para que, más adelante, se otorgue la categoría de arte. En algún momento, y por motivos accidentales y caprichosos, una idea tonta puede volverse exitosa, o porque logra llamar la atención de los medios, o porque la propone alguien con prestigio, o porque quien lo hace se puede dar el lujo de escandalizar<a id="_ednref2" href="#_edn2">[ii]</a> . Estamos hablando de un tiburón metido en un tanque con formol y de un banano pegado de una pared con cinta gris, entre muchas otras banalidades. La sicología humana es sensible al estatus de una manera casi imposible de creer. Cuando una persona que ya tiene un lugar en el mundo del arte hace una ridiculez, esa misma es copiada y alabada y hasta vendida por grandes sumas de dinero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las cualidades de las obras de arte pueden no ser estéticas, pueden ser incluso defectos, si los poderosos del mundo del arte las avalan. Ese es el aspecto más extraño de un mundo que es bastante elusivo y cambiante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Botero dice: “Lo peor es que las artes han derivado un arte banal y efímero, que nos ha empobrecido a todos”. Le doy toda la razón, pero añado que no creo que perdure en el tiempo. De la misma manera que ocurre en la naturaleza, en la que algunas especies han existido durante millones de años y otras, en cambio, solo durante milenios, así ocurre con los productos de las actividades artísticas: hay manifestaciones que despiertan respuestas humanas profundas y a largo plazo —plazo contado en miles de años— y otras que apenas levantan escozor y están condenadas a desaparecer rápidamente (15 minutos).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre este tema, ampliado y con profundidad, hablo en un libro que será publicado en un mes y medio por la editorial <em>P&amp;P</em>: <em>El arte al desnudo</em>. Allí se explican los orígenes del arte, sus funciones y los criterios con los que juzgamos los objetos y comportamientos a los que luego les damos tal categoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Juan Carlos Botero, El Espectador 4 July 2025 <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/juan-carlos-botero/la-meta-errada-del-arte/">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/juan-carlos-botero/la-meta-errada-del-arte/</a></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> Sobre las herramientas de piedra https://americanuestra.com/ana-cristina-velez-las-herramientas-que-nos-hicieron-humanos/</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> Recordemos el concepto de <em>ofensa conspicua</em>. En La teoría de la clase ociosa, desarrollada por Thorstein Veblen, este se refiere a la observación de que en las sociedades modernas existe una clase social que no necesita participar en trabajos productivos y que utiliza el ocio, la ofensa y el consumo conspicuo como una forma de demostrar su estatus social. Esta clase ociosa se distingue por su estilo de vida, que incluye actividades no productivas y el consumo de bienes y servicios de lujo, no para satisfacer necesidades básicas, sino para proyectar una imagen de riqueza y superioridad.</p>
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        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117992</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Jul 2025 11:24:57 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Una reflexión sobre el artículo La meta errada del arte, de Juan Carlos Botero]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
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