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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 21 Sep 2026 15:53:15 +0000</lastBuildDate>
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	<title>You searched for en+vivo+extra | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Réquiem telúrico en 7.4 movimientos memorísticos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/yo-veo/requiem-telurico-en-siete-punto-cuatro-movimientos-memoristicos/</link>
        <description><![CDATA[<p>A la memoria de Pereira y de todos los territorios de Colombia, afectados por el terremoto del 10 de agosto del año 2026. A las víctimas y damnificados que tardarán años en recuperarse. Ojalá tengan la fuerza para hacerlo. A las voluntarias y voluntarios que se volcaron a las calles para socorrer y ayudar a [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;padding-left: 120px"><i>A la memoria de Pereira y de todos los territorios de Colombia, afectados por el terremoto del 10 de agosto del año 2026.</i></p>
<p style="text-align: justify;padding-left: 120px"><i>A las víctimas y damnificados que tardarán años en recuperarse. Ojalá tengan la fuerza para hacerlo.</i></p>
<p style="text-align: justify;padding-left: 120px"><i>A las voluntarias y voluntarios que se volcaron a las calles para socorrer y ayudar a conocidos y desconocidos.</i></p>
<p style="text-align: justify"><b>Primer movimiento<span class="Apple-converted-space"> </span></b></p>
<p style="text-align: justify">Aconteció el 10 de agosto a las 7:34 de la mañana, a nueve días de mi cumpleaños número 53. Yo estaba sentado en la mesa del comedor, hablaba con mi mamá por el altavoz del teléfono mientras esperaba que estuviera el agua caliente para prepararme el primer café de la mañana. Era mi segunda semana de clases y ya tenía todo listo para salir a trabajar, incluso había alistado los pliegos de papel que mis estudiantes de didáctica de los medios llenaron ocho días atrás.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">De pronto sentí el primer envión y luego el balanceo, no le presté mucha atención al movimiento pues ocurría lo mismo cada tanto desde hacía meses, incluso desde hacía años después del terremoto de 1999. Pensé que como los sismos eran parte de la vida cotidiana de Colombia, sólo había que calmarse y esperar a que pasara.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo y por si acaso le dije a mi mamá: está temblando, salga de la casa ya. Ella no me entendió y siguió como si nada, pero el remezón no se detuvo como otras veces. La tierra se sacudió más fuerte, más violenta que nunca.</p>
<p style="text-align: justify">Al notar que el suelo se retorcía entre espasmos y convulsiones, solté el teléfono móvil. Me lancé hasta la puerta con la llave en la mano y casi que no encuentro el orificio de la cerradura, logré abrir mientras escuchaba los gritos de mi madre por el altavoz del teléfono…¡se está cayendo todo!, decía, ¡ay Dios mio socórrenos!, ¡amacita bendita!. ¡Mario!, !Mario¡…fue así que me enteré que mi hermano mayor estaba con ella, y en medio del terror sentí algo de alivió porque al menos estaban juntos.</p>
<p style="text-align: justify">Después supe que el terremoto alcanzó los 7.4 grados en la Escala de Richter, con 103 kilómetros de profundidad, una duración entre 90 segundos y 2 minutos y con epicentro en San José del Palmar, Chocó. Siete días después el Servicio Geológico Colombiano SGC reportó 336 réplicas, 21 de ellas mayores a 3.0 grados y 2 con magnitud mayor a 4.0, con profundidades de hasta 118.4 kilómetros.</p>
<p style="text-align: justify"><b>Segundo movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">Detrás de mí se apagó el fogón, la biblioteca vomitó los libros de educación que tenía apilados en la parte superior, estallaron los vasos y las copas en el suelo de la cocina, se dobló el armario metálico sobre mi cama, se separaron las paredes de la casa vecina, crujieron con fiereza las planchas de concreto, como los dientes afilados y apretados de una mandíbula rabiosa, y desde la puerta vi cómo se dibujaron en cuestión de segundos, dos fisuras finas e irregulares en el techo blanco de la sala. Un zigzag delgado interrumpido por la puerta de la habitación, quedó trazado desde la puerta de entrada hasta el fondo de la casa.</p>
<p style="text-align: justify">El tropel de vecinos y vecinas no me dejaba pensar. Con dificultad me sostenía entre el marco de la puerta mientras rogaba en voz alta que se detuviera ya. Pero el cielo azul seguía inquieto. Los pájaros no encontraban el rumbo entre las nubes de polvo gris, dorado y ámbar, que se levantó sobre las casas y los edificios, cubriéndolo todo de una niebla espesa de muerte y de ruina.</p>
<p style="text-align: justify">Ese lunes soleado de agosto, la tierra se sacudió como si de lo profundo emergiera un cíclope colérico, luego de una larga noche de insomnio, pesadillas y agonía.</p>
<p style="text-align: justify"><b>Tercer movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">Cuando al fin la tierra se detuvo, se cayó la llamada, y ya no escuché más a mi mamá. Y con un nudo de saliva pasé por la garganta la mudez de los teléfonos. Entonces sobrevino un silencio trémulo y aturdido interrumpido por las alarmas de los carros. Yo seguía de pié perturbado.</p>
<p style="text-align: justify">Aún así, agitado, actué con tal frialdad que parecía entrenado para ese momento: cerré la llave del gas, guardé el celular en el bolsillo, me puse unos tenis, y salí corriendo en busca de mi familia.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Más adelante, en el otro barrio, no había reglas en las calles, ni señales de tránsito, ni semáforos que funcionaran. Carros y motos se esquivaban como podían. Los cables de la luz chocaban entre sí, hacían corto, se reventaban y se caían, los techos se derrumbaban y los postes se partían en pedazos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Un alud de tierra taponó la vía principal del barrio, que era a la misma vez la entrada y la salida, y se escuchaban a lo lejos las primeras sirenas de las ambulancias y de los bomberos.</p>
<p style="text-align: justify">En mi trayecto escuché sollozos, vi caos y rostros de incertidumbre. Pero también vi como de repente se borraron las viejas rencillas entre vecinos, los odios secretos y las envidias, y a cambio de eso, surgió en la atmósfera un sentimiento de solidaridad y compasión que se desprendió espontáneo desde el árbol de la vida, e invadió los muros tarjados, las ventanas rotas, las puertas arrugadas, las casas recogidas.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Entonces, como en una despedida, las madres bendijeron a sus hijos y las parejas se abrazaron, para agradecer que ese no fue para ellas y ellos el último día. Un joven sobre su moto, detenido en la vía, lloraba porque encontró a su abuela viva.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Otro que vagaba por la calle solitario, cubrió con su cobija a una mujer semidesnuda aunque no la conocía. Y una joven madre solitaria en el andén, balanceaba a su bebé de meses, como si ambos flotaran en un mar a la deriva.</p>
<p style="text-align: justify">A mi mamá y a mi hermano Carlos Mario los encontré vivos, estaban a punto de partir en mi búsqueda, pero yo llegué antes. De Leonardo Fabio, el menor, todavía no sabíamos nada.</p>
<p style="text-align: justify"><b>Cuarto movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">Pensé en Samara, la investigadora brasilera de posdoctorado que había llegado a mediados de julio desde Brasil, para que yo supervisara su estancia en la universidad, y me preocupé por mis estudiantes con los que seguramente, ya no me encontraría a las 10 de la mañana, pero lamentablemente no tenía cómo comunicarme con ellos, pues todos los servicios públicos estaban suspendidos. Sólo quienes tenían radio podían enterarse de lo acontecido.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Recordé que meses antes de viajar desde Fortaleza, Samara me había preguntado si aquí temblaba mucho la tierra, y también recordé que el primer día que nos vimos en la universidad, ella se había sorprendido con la cantidad de señales de “precaución” y &#8220;puntos de encuentro” instaladas en el campus, pues pensaba que se trataba de lugares para conversar, al estilo de los círculos de cultura freireanos. Yo le aclaré que eran sitios para reunirnos en caso de evacuación por una emergencia, y le dije que aquí temblaba pero no con la magnitud de lo ocurrido en Venezuela.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify"><b>Quinto movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">Horas después, menos aturdido por la catástrofe, caminé en medio de la destrucción y la algarabía hasta encontrar una antena de telecomunicaciones que seguía en pié, quería escribirles a mis estudiantes y a Samara, y de paso enterarme de las noticias. Tuve sólo unos minutos de acceso a WhatsApp, y en ese instante me llegaron una cantidad de mensajes de familiares y amigos que viven dentro y fuera del país, la mayoría de Brasil. Nadie sabía de mí o de mi familia. Entonces comencé a dar respuesta a cada uno de ellos hasta que perdí la señal. No pude ingresar ni al correo ni al Classroom de mis cursos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Desde ese momento y durante varios días no tuvimos comunicaciones, y fue con el paso del tiempo que nos enteramos de la destrucción ocasionada en todo Colombia. Al parecer Pereira era el caso más dramático. Del campo y de los pueblos pequeños no llegaban imágenes. Tampoco las ayudas.</p>
<p style="text-align: justify">A mitad de la tarde vimos un globo blanco que flotaba sobre el barrio. Algunas personas dijeron que era un OVNI, otras que era parte del proyecto HAARP instalado en Alaska, y que el terremoto había sido provocado por los Estados Unidos. Luego, en los medios explicaron que era un globo estratosférico utilizado para investigación científica y meteorológica, para telecomunicaciones o incluso para la vigilancia y la seguridad nacional norteamericana.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando tuve Internet consulté y la IA de Google me dijo que los globos pertenecían a la empresa estadounidense Raven Aerostar, operados en coordinación con misiones científicas de la NASA y el permiso de la Aeronáutica Civil colombiana. No quise averiguar más.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify"><b>Sexto movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">El mundo conoció la tragedia antes que nosotros, pues minutos después del sismo circularon las imágenes por las redes sociales y los noticieros, llegaron hasta las pantallas del metro de Barcelona, São Paulo y París.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Seguro algunas personas que estaban en las calles, alcanzaron a subir videos a Internet antes de que se suspendiera el servicio, y sus familiares que viven en el exterior los hicieron virales junto a influencers, periodistas y medios de comunicación.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">El día después del terremoto llegaron los reporteros de la capital, de Estados Unidos y de Europa, y con su ropa límpida se pararon entre las ruinas o se hicieron a un ladito del encuadre, para mostrar en vivo y en directo la ciudad destruida, con miles de voluntarios espontáneos que estaban en las calles desde el primer día, removiendo los escombros con sus propias manos, muchos sin protección.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Con el paso de los días, sólo quedaron los damnificados en albergues, las ollas comunitarias en los parques y en las calles, y los voluntarios que siguieron escarbando hasta que los hicieron sacar de la policía.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Los reporteros desaparecieron y no se supo más de ellos. Pero llegaron los norteamericanos y los israelitas que dijeron hacer parte de los cuerpos de socorro. Otros grupos de rescate llegaron de El Salvador y de Ecuador, y comenzaron a llegar las ayudas humanitarias de otros países, pese a que inicialmente el gobierno nacional se opuso sin una justificación válida.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Mientras todo eso ocurría, estuvimos aislados en los barrios casi una semana. Algunos lo estuvieron mucho más tiempo.</p>
<p style="text-align: justify"><b>Séptimo movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">Minutos después del terremoto, Sabrina, la hermana de Samara, me escribió angustiada desde Fortaleza pero no me llegaron los mensajes porque no había Internet. Al cabo de unas horas nos escribimos. Samara había sobrevivido y no estaba herida, pese a la destrucción de edificios que hubo en el barrio los Álamos, que queda al lado de la universidad.</p>
<p style="text-align: justify">Días después, luego de confirmar que la pista del aeropuerto Matecaña servía, la repatriaron a ella en un vuelo humanitario junto a otros estudiantes extranjeros. La oficina de Relaciones Internacionales y los consulados se encargaron de eso.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">En un día gris de mucha lluvia nos enteramos de que mi hermano menor estaba bien, en Cartago, y con las horas nos juntamos todos en Dosquebradas. Revisamos las casas y confirmamos que no les había ocurrido mayor cosa, todo se podía recuperar, pero miles de personas corrieron con otra suerte. También verificamos la existencia de víveres para varios días, pues era seguro que todo iba a escasear, pues los supermercados y tiendas que estaban en pie habían cerrado.</p>
<p style="text-align: justify">Mientras tanto en los albergues no alcanzaban las carpas ni los plásticos para cubrir a tanta gente desprotegida,<span class="Apple-converted-space">  </span>muchas personas pasaron la noche con hambre y con frío, y el temor de todos era que con el agua que caía comenzaran a derrumbarse los edificios y las viviendas más deterioradas.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify"><b>…punto cuatro. El final de los movimientos.</b></p>
<p style="text-align: justify">Por las noches, un grupo de vecinas y de vecinos, alumbrados por la luz de una vela comenzaron a recordar cómo vivieron el momento del desastre. Después se contaron historias sobre sus familias, y sobre los lugares de la ciudad que habían desaparecido bajo el polvo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Sobre esas ruinas todos teníamos algo entrañable que evocar, algo que atesorar. En cada rincón de la urbe encontraríamos un episodio de nuestra historia de vida.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">No recuerdo cuánto tiempo pasó, pero cuando tuvimos energía eléctrica y acceso a la información, mis hermanos, mi mamá y yo vimos las imágenes en los noticieros, y recorrimos la ciudad durante varias jornadas para llevar ayudas.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Pereira parecía una ciudad del Medio Oriente, bombardeada, con cientos de muertos, miles de heridos y refugiados en albergues rodeados de escombros e incertidumbre.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Al cabo de cuatro semanas supimos por medios locales y fuentes oficiales, que hubo cientos de muertos y desaparecidos, cientos de casas y edificaciones que sucumbieron al instante, miles de heridos e inmuebles que serán demolidos. Miles más que aún presentan afectaciones graves, entre ellos hospitales, escuelas, colegios, universidades, supermercados, iglesias, restaurantes, centros comerciales, hoteles, apartamentos y viviendas.</p>
<p style="text-align: justify">Ahora además de todo lo material, teníamos que reconstruir simbólicamente nuestras memorias, y quizá, más adelante, contarles a otros cómo nos levantamos una vez más de las cenizas.</p>
<p style="text-align: justify"><i>Nota: Este relato en primera persona está basado en hechos reales y es el resultado inicial del currículo situado que emergió después del terremoto, para retomar los cursos que oriento en la Escuela de Español y Comunicación Audiovisual de la Universidad Tecnológica de Pereira &#8211; UTP. Hace parte de dos líneas de investigación del grupo Edumedia-3: Autobiografia, Medios y Educación; y (Auto)medialidad, y de un proyecto de investigación emprendido por investigadores de Colombia y Brasil. </i></p>
<p><strong>También puede leer este texto en <a href="https://edumedia3.co/requiem-telurico-en-siete-punto-cuatro-movimientos-memoristicos/" target="_blank" rel="noopener">www.edumedia3.co</a> y acceder a otros contenidos y recursos.</strong></p>
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        <author>Diego Leandro Marín Ossa</author>
                    <category>Yo veo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132828</guid>
        <pubDate>Thu, 10 Sep 2026 20:36:09 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Leandro Marín Ossa</media:credit>
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        <title>¡Viva Macondo! Guardemos luto por Macondo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/viva-macondo-guardemos-luto-por-macondo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Es imposible ver la serie sin obligarse a volver al libro. ​¿Cuánto costó la superproducción de Netflix? No creo que importe, aunque debió ser una cifra respetable, solo comparable con el derroche de Macondo en sus años de esplendor durante la bonanza bananera.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph">​<em>“No estoy muy seguro de que la historia de Cien años de soledad dure en realidad cien años”: </em>Gabriel García Márquez<em>, en</em> <em>El olor de la guayaba</em>.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong><em>​“El primero de la estirpe está</em> <em>amarrado en un</em> <em>árbol y al</em> <em>último se lo están comiendo las hormigas”.</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3 wp-block-paragraph"><em>​</em><em>(</em><em>…</em><em>)</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph"><em><strong>​“Era un pellejo hinchado y reseco, que todas las hormigas del mundo iban arrastrando trabajosamente hacia sus madrigueras por el sendero de piedras del jardín”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Con cada relectura de <em>Cien años de soledad</em> uno descubre detalles que pasaron inadvertidos la vez anterior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras ver las dos temporadas, debo decir que el esfuerzo de la producción valió la pena y reitero mi devoción por la obra maestra de Gabriel García Márquez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​La serie de Netflix ha servido para refrescar la grandeza del hombre a quien sus amigos llamaban Gabo. El monumental empeño habrá valido la pena si nuevos lectores se acercan con curiosidad a la novela de papel: un regalo anticipado a las vísperas del centenario de su natalicio. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Me atrevo a sugerir que, de estar vivo, estaría satisfecho con el resultado. Se nota en esta segunda parte que los directores atendieron las observaciones hechas a la entrega inicial (incluso desde este blog), pues lograron explotar con mayor soltura la poética de una prosa maravillosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Con todo, el capítulo sobre la masacre de las bananeras resulta el más logrado por el realismo trágico con el que fue traducido al lenguaje audiovisual. Es imposible no conmoverse hasta las lágrimas con lo sucedido en aquel diciembre de 1928, cuando Gabito apenas tenía un año de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Un cataclismo borró a Macondo del mapa. Esta parte final pudo ser más espectacular; queda la sensación de una pequeña deuda. Daban ganas de habitar ese Macondo de ficción antes del Apocalipsis porque Macondo es principio y fin, la reescritura de la Biblia en cuyas páginas debió germinar el realismo mágico… Perdonen esta sacrílega conclusión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​De hecho, <a href="https://literalmagazine.com/gabriel-garcia-marquez-diez-mil-anos-de-literatura/" id="https://literalmagazine.com/gabriel-garcia-marquez-diez-mil-anos-de-literatura/">en una entrevista </a>Gabo reconoció que recibió mayor influencia de la Biblia que de Cervantes: <em>“La Biblia</em> —dijo— <em>es capaz de todo. En el Antiguo Testamento todo es posible. No temen absolutamente nada. Suponte que la Biblia fuera escrita por un autor:</em> <em>¡tú</em> <em>te imaginas la</em> <em>“modestia”</em> <em>de ese tipo! Ese tipo estaba era dispuesto a construir un mundo mejor que el que</em> <em>él suponía que Dios había construido. Entonces ahí</em> <em>el pleito fue grande”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Recordemos además que, según Mario Vargas Llosa, Gabo asumió un papel demiúrgico: cometió deicidio y creó el mundo de cero, con pestes tan originales como la del insomnio, donde cada habitante veía lo que el otro soñaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para perpetuar el luto por Macondo, sería lindo reconstruirlo todo para deleite de los turistas y en gratitud con el municipio de Alvarado, en el Tolima, que sirvió de locación. ¿Hay voluntad para emprender una empresa de tales alcances?  </p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Un siglo de nostalgias </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La casa de los Buendía es otra alegoría: representa las ruinas de la infancia propia —la mía y la de todos los lectores— que ya no existe, como tampoco existen sus fantasmas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El desangre de Amaranta Úrsula es la tragedia incesante de Colombia; el nacimiento del hijo con cola de cerdo prefigura nuestra propia condena como nación. Macondo es Colombia y Colombia es Macondo, la ciudad de los espejos (o de los espejismos). Por eso no se equivocan quienes la consideran una lectura indispensable para entender nuestra historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​La “Danza negra” al inicio del capítulo final refuerza esa identidad y sirve para avivar el orgullo patrio. Aunque las notas del maestro Lucho Bermúdez ambientan en realidad la vida libertina del burdel <em>El Niño de Oro</em>, recordando que este es un país de excesos y que muchas historias nacieron de las parrandas de Gabo.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">​<em>Todo el mundo está</em> <em>bailando</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Esta cumbia colombiana.</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Cerca del mar se escucha el grito</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>De un negro triste que canta a sus amores</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Y de su raza cumple el rito</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Con esta cumbia de gaitas y tambores.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La presencia de Gabo sobrecoge. Se quedó a vivir en <em>Cien años de soledad</em>; no sabremos jamás si por un acto de vanidad o para asegurar su inmortalidad, aunque los escritores son eternos mientras alguien los lea.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph">​<em>“Gabriel se había hecho reembolsar el pasaje de regreso para quedarse en París, vendiendo los periódicos atrasados y las botellas vacías que las camareras sacaban de un hotel lúgubre de la calle Dauphine. Aureliano podía imaginarlo entonces con un suéter de cuello alto que solo se quitaba cuando las terrazas de Montparnasse se llenaban de enamorados primaverales, y durmiendo de día y escribiendo de noche para confundir el hambre…”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Entrar a la librería del sabio catalán y ver allí a los amigos de Gabo —y al propio escritor— le imprime un aire aún más surrealista a la adaptación. Un homenaje justo para el grupo que inmortalizó el bar La Cueva, donde se discutía de periodismo y literatura: Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas Cantillo, Alfonso Fuenmayor y el propio Ramón Vinyes.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6 wp-block-paragraph"><em>​“Aureliano siguió reuniéndose todas las tardes con los cuatro discutidores, que se llamaban Álvaro, Germán, Alfonso y Gabriel, los primeros y últimos amigos que tuvo en la vida”. (…)</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph"><em>“Álvaro fue el primero que atendió el consejo de abandonar a Macondo”. (…)</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-8 wp-block-paragraph"><em>“Aureliano no comprendió hasta entonces cuánto quería a sus amigos, cuánta falta le hacían y cuánto hubiera dado por estar con ellos en aquel momento”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Cabe preguntarse si el desprecio de Fernanda del Carpio por Macondo recrea esa histórica tensión entre el interior y la costa. <em>“</em><em>Le hubiera cerrado a esa monja la puerta en la cara. El peor error que he cometido en mi vida, peor que haberme casado con un corroncho”</em>, expresa el personaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​En <em>El olor de la guayaba</em>, Plinio Apuleyo Mendoza apuntó sobre Gabo: <strong><em>“La</em> <em>élite de Bogotá, que tiende a juzgar a la gente por los apellidos y las ropas que lleva, no pasaba todavía por alto su origen provinciano, costeño; sus pelos abruptos, sus calcetines rojos y quizás su incapacidad para distinguir los cubiertos del pescado de los cubiertos del postre”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​El tramo final de la serie es también la redención de los hijos bastardos en la figura de Aureliano Babilonia, antes de que el muchacho cometa la imprudencia de cruzar su sangre con la de otra Buendía. Estaba escrito desde el principio de los tiempos en los pergaminos de Melquiades.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-9 wp-block-paragraph"><em>​</em><em>“</em><em>Solo entonces descubri</em><em>ó</em> <em>que Amaranta</em> <em>Ú</em><em>rsula no era su hermana, sino su t</em><em>í</em><em>a, y que Francis Drake hab</em><em>í</em><em>a asaltado a Riohacha solamente para que ellos pudieran buscarse por los laberintos m</em><em>á</em><em>s intrincados de la sangre, hasta engendrar el animal mitol</em><em>ó</em><em>gico que hab</em><em>í</em><em>a de poner t</em><em>é</em><em>rmino a la estirpe</em><em>”</em><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La escena de Pilar Ternera enterrada sin ataúd o la de los diecisiete Aurelianos marcados con la cruz de ceniza por el padre Antonio Isabel se cuentan entre las imágenes más potentes de la adaptación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Pero nada, ni el viento mortuorio a ritmo del <em>Lacrimosa</em> del Réquiem de Mozart, podrá arrebatarnos la poesía de los paisajes más sensuales, acaso sublimes, imaginados por el autor; esas líneas seguirán vivas en la mente de cada lector.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-10 wp-block-paragraph"><em>​</em><em>“</em><em>Mientras</em> <em>é</em><em>l amasaba con claras de huevo los senos er</em><em>é</em><em>ctiles de Amaranta</em> <em>Ú</em><em>rsula, o suavizaba con manteca de coco sus muslos el</em><em>á</em><em>sticos y su vientre aduraznado, ella jugaba a las mu</em><em>ñ</em><em>ecas con la portentosa criatura de Aureliano, y le pintaba ojos de payaso con carm</em><em>í</em><em>n de labios y bigotes de turco con carboncillos de las cejas, y le pon</em><em>í</em><em>a corbatines de organza y sombreritos de papel plateado</em><em>”</em><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>​</em>Destaca también la revelación de José Arcadio, el hijo de Fernanda del Carpio y Aureliano Segundo, quien durante años <em>“entretuvo a su madre con la patraña sin término de su vocación pontificia”</em> y, tras sepultarla, ejecuta su mayor herejía al quemar a los santos. Cuando García Márquez afirma que la literatura es <em>“el mejor juguete que se había inventado para burlarse de la gente”,</em> parecía reconocer su propia ironía frente a la Iglesia católica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Podría inferirse que el último Aureliano —hijo de Renata Remedios y Mauricio Babilonia, a quien Fernanda llamaba bastardo— funciona como alter ego del autor: el personaje a través del cual abrazó sus nostalgias y sus amores con Nigromanta, acaso confesando infidelidades a Mercedes (quien aparece al final del libro, aunque no en la serie). La sospecha surge al releer el pasaje:</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-11 wp-block-paragraph">​<em>“Se hicieron amantes. Aureliano ocupaba la mañana en descifrar pergaminos, y a la hora de la siesta iba al dormitorio soporífero donde Nigromanta lo esperaba para enseñarlo a hacer primero como las lombrices, luego como los caracoles, hasta que tenía que abandonarlo para acechar amores extraviados”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La intuición crece por otro detalle. Si los hijos de Aureliano Babilonia habrían de llamarse Rodrigo y Gonzalo —nombres de los hijos del Nobel—, cabe considerar que el escritor añoró tener <em>“una hija que se llamara Virginia, y en ningún caso Remedios”.</em> El anhelo se cumplió en 1990 con el nacimiento de Indira Cato, cineasta como su madre, <a href="https://www.eluniversal.com.co/suplementos/facetas/2022/01/15/una-hija-el-secreto-mejor-guardado-de-gabriel-garcia-marquez/#goog_rewarded" id="https://www.eluniversal.com.co/suplementos/facetas/2022/01/15/una-hija-el-secreto-mejor-guardado-de-gabriel-garcia-marquez/#goog_rewarded">fruto de su relación con la escritora mexicana Susana Cato </a>(hecho revelado por el periodista Gustavo Tatis). A diferencia de los hijos del coronel Aureliano Buendía, ella no llevó el apellido del escritor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Si se mira bajo esa luz, <em>Cien a</em><em>ñ</em><em>os de soledad</em> fue un obituario anticipado de Gabriel García Márquez. Conviene leer la obra considerando esa clave y las convicciones que el autor dejó sembradas en sus páginas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Llegado a este punto, la extensión del texto delata el efecto prodigioso que la literatura ejerce sobre los lectores. La recomendación es clara: ver la serie y acudir sin demora al libro. <em>Cien años de soledad</em> —que puede abordarse en veinte días a razón de un capítulo diario, o de un capítulo del libro al tiempo con un capítulo de la serie— pertenece a esa categoría de obras maestras que exige ser leída al menos una vez en la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132551</guid>
        <pubDate>Sun, 30 Aug 2026 14:08:37 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg?quality=60&amp;#038;w=1024" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¡Viva Macondo! Guardemos luto por Macondo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Cuando se mueve el piso</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/cuando-se-mueve-el-piso/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ya estaba despierto cuando el piso empezó a moverse. Una chica subía por su gato, se lanzó escaleras arriba a pesar de estar a salvo afuera, subía mientras yo bajaba, y seguí bajando incluso cuando el terremoto terminó. Afuera, el sol bañaba la ciudad, Bogotá comenzaba otra vez su mañana, todos en pijamas, en sudaderas, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Ya estaba despierto cuando el piso empezó a moverse. Una chica subía por su gato, se lanzó escaleras arriba a pesar de estar a salvo afuera, subía mientras yo bajaba, y seguí bajando incluso cuando el terremoto terminó. Afuera, el sol bañaba la ciudad, Bogotá comenzaba otra vez su mañana, todos en pijamas, en sudaderas, algunos descalzos, regresaban poco a poco a sus casas, todavía con esa expresión de quien acaba de recordar que debajo de nosotros hay algo vivo, impredecible, enorme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sentí otra vez que estaba vivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y pensé que quizás un terremoto, además de mover la tierra, puede mover algunas preguntas que solemos mantener quietas, preguntas que dejamos para después, para cuando tengamos tiempo, para cuando hayamos terminado de trabajar, para cuando hayamos resuelto esto o aquello, para cuando finalmente llegue ese momento en el que supuestamente empezará la vida que queremos vivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Para qué vale la pena vivir una vida?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Para qué vale la pena vivir la mía?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensé que, si la tierra se mueve, quizá también nosotros deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo con el tiempo que tenemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo pensé en escribir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las historias que todavía faltan por contar, en las conversaciones que todavía no hemos tenido, en las personas que todavía necesitamos escuchar, en la posibilidad de hacer algo que tenga sentido más allá de uno mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace unos años comenzó a circular una frase atribuida a la antropóloga Margaret Mead que siempre me ha impresionado: el primer signo de civilización sería un fémur roto que logró sanar. La idea es sencilla y poderosa, un hueso roto que ha tenido tiempo de soldarse significa que alguien se quedó al lado del herido, alguien lo alimentó, alguien lo protegió, alguien decidió que aquella vida importaba y que valía la pena esperar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás ahí comienza la civilización, no en las grandes construcciones, ni en los monumentos, ni siquiera en las instituciones, sino en el momento en que dejamos de abandonar al que está caído.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio del miedo, alguien piensa en cómo comunicarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso también es civilización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque cuando ocurre una tragedia, cuando se cae una torre, cuando una familia queda atrapada, cuando una ciudad necesita ayuda, la primera pregunta no debería ser de qué lado está quien necesita ser auxiliado, sino qué podemos hacer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso en Cali.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás ninguna ciudad colombiana haya ocupado un lugar tan particular en nuestra historia reciente. Cali ha sido, durante estos años, escenario de algunas de las grandes preguntas de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí estuvo el mundo durante la COP, llegaron científicos, diplomáticos, ambientalistas, indígenas, jóvenes, expertos y ciudadanos de muchos países para hablar de biodiversidad, de la crisis climática, del planeta que estamos dejando, y durante unos días Cali dejó de ser solamente una ciudad colombiana para convertirse en una ciudad del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también estuvo allí el estallido social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las calles llenas, la gente corriendo, los gases, los enfrentamientos, los jóvenes, las barricadas, el miedo, la rabia, la muerte, una ciudad partida que parecía decirnos que debajo de la superficie existían heridas mucho más profundas de las que habíamos querido reconocer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cali fue, de alguna manera, otro terremoto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo que aquel no movió edificios, movió a la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahora la tierra vuelve a recordarnos algo que solemos olvidar, que el piso sobre el que construimos nuestras certezas no es necesariamente permanente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También pienso en Manizales, en la imagen de la Catedral y su torre derecha afectada, una estructura que durante tanto tiempo había parecido inmóvil, segura, parte del paisaje y de la memoria de una ciudad, hasta que un movimiento de la tierra fue suficiente para recordarnos que incluso aquello que parece más firme puede tambalear.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esta vez no estamos hablando solamente de una sensación, ni de una mañana extraña en la que todos salimos de nuestras casas, estamos hablando de una tragedia humana de una escala que todavía estamos empezando a comprender, al cierre de esta columna los reportes hablan ya de más de doscientas personas muertas y de miles de desaparecidos, mientras los equipos de rescate siguen buscando entre los escombros, una cifra que, como ocurre siempre en las primeras horas de una catástrofe, todavía puede crecer, y detrás de cada número hay una historia, una familia, una silla vacía en una mesa, alguien que esta noche no regresará a casa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia sabe de esto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El terremoto de Armenia de 1999, de magnitud 6,1, dejó 921 muertos solamente en Armenia, más de 5.300 heridos y más de 21.000 viviendas averiadas o destruidas, una tragedia que todavía forma parte de la memoria del país y que cambió para siempre la manera en que pensamos la vulnerabilidad de nuestras ciudades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Colombia está además sentada en una región sísmica extraordinaria, una de las geografías más inquietas del planeta, donde las placas tectónicas chocan, se hunden, se deslizan y acumulan durante décadas una energía que puede liberarse en cuestión de segundos. No estamos ante una rareza de la naturaleza, vivimos en una región donde la tierra tiene memoria y donde la historia de América Latina está escrita también por grandes terremotos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1970, en Perú, un terremoto de magnitud cercana a 7,9 desencadenó un gigantesco alud que sepultó Yungay y dejó más de 66.000 muertos. En 1939, Chile sufrió uno de los terremotos más mortales de su historia, con más de 24.000 víctimas. En 1976, Guatemala vivió un terremoto que dejó alrededor de 23.000 muertos. En 1972, Managua fue destruida y Nicaragua perdió unas 11.000 vidas. En 1985, México sufrió el terremoto que convirtió al 19 de septiembre en una fecha grabada en la memoria latinoamericana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego está Haití.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El terremoto de 2010, de magnitud 7,0, dejó una cifra estimada de más de 300.000 muertos y se convirtió en una de las mayores tragedias sísmicas de la historia moderna, no solamente por la fuerza de la naturaleza sino por la pobreza, la precariedad de las construcciones, la concentración de población y la fragilidad institucional que hicieron que el desastre fuera infinitamente más mortal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una diferencia que deberíamos recordar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un terremoto tiene una magnitud, pero una tragedia tiene muchas otras variables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Importa dónde ocurre, a qué hora, cuánta gente vive allí, cómo están construidos los edificios, qué tan preparadas están las instituciones, si existen comunicaciones, si funcionan los hospitales, si llegan las ambulancias, si hay agua, si alguien puede entrar a una zona destruida y, sobre todo, si una sociedad sabe responder cuando todo lo demás deja de funcionar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chile puede ser una de las mejores lecciones de América Latina. En 1960 sufrió el terremoto más potente registrado instrumentalmente, de magnitud 9,5, y sin embargo los grandes terremotos posteriores han producido cifras de muertos muchísimo menores que las de otros países de la región, en buena medida porque décadas de experiencia, normas de construcción, ingeniería y preparación han aprendido a convivir con una tierra que inevitablemente volverá a moverse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso también es civilización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No podemos impedir que la tierra tiemble.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero sí podemos decidir cuánto daño estamos dispuestos a permitir que haga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez esa sea una de las grandes preguntas que deja este terremoto, no solamente cómo reconstruir lo que cayó, sino qué país queremos construir para cuando vuelva a ocurrir, porque volverá a ocurrir, en Colombia, en México, en Chile, en Perú, en cualquier lugar de esta enorme y maravillosa América Latina que habitamos, una región atravesada por volcanes, fallas, montañas, océanos y una geología que nos recuerda permanentemente que la naturaleza no está bajo nuestro control.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez Colombia debería aprender a vivir con esa conciencia, no con miedo, sino con preparación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la escala de este terremoto también nos obliga a pensar en la escala de nuestra respuesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahí volvemos a lo mismo, a la necesidad de encontrarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez Colombia lleva demasiado tiempo viviendo así, sobre un suelo que se mueve.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se mueve la política, se mueve la economía, se mueve la confianza, se mueven las instituciones, se mueve nuestra conversación pública, se mueven las certezas, y nosotros seguimos muchas veces empeñados en hacer exactamente lo contrario de lo que una sociedad debería hacer cuando siente que el piso tiembla, en lugar de acercarnos, nos alejamos, en lugar de escucharnos, gritamos, en lugar de preguntarnos qué podemos construir juntos, dedicamos buena parte de nuestra energía a demostrar que el otro es culpable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero un terremoto no pregunta quién votó por Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No pregunta quién votó por la oposición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No pregunta quién es rico o pobre, quién vive en el norte o en el sur, quién es de Cali, de Bogotá, de Manizales o de cualquier otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el piso se mueve, somos simplemente seres humanos tratando de encontrar a los nuestros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso deberíamos aprovechar este momento para pensar colectivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No solamente en cómo responder a este terremoto, no solamente en cómo reconstruir aquello que haya resultado afectado, no solamente en cómo garantizar que quienes necesiten ayuda la reciban, sino en algo más profundo, en cómo queremos acompañarnos como sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque deberíamos acompañarnos también cuando no tiembla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando alguien pierde el empleo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando un joven siente que no tiene futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una familia no sabe cómo pagar una factura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una comunidad se siente abandonada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando alguien piensa distinto y, en lugar de convertirlo en enemigo, somos capaces de escucharlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia necesita encontrarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No para pensar igual, porque una democracia sin diferencias sería una sociedad muerta, sino para comprender que nuestras diferencias no pueden ser más grandes que aquello que compartimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay momentos en los que la historia nos obliga a recordar que pertenecemos al mismo lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy fue un terremoto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mañana será otra cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y quizás la verdadera prueba de una sociedad no esté en cuánto puede resistir cada individuo por separado, sino en cuánto somos capaces de sostenernos unos a otros cuando las cosas se complican.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso vuelvo a aquella imagen del fémur sanado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un hueso roto que pudo curarse porque alguien se quedó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alguien tuvo paciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alguien cuidó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alguien entendió que la vida del otro también era responsabilidad suya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás eso es lo que necesitamos recordar en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que solamente hay una manera de sacar este país adelante: juntos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No juntos porque pensemos igual, sino juntos porque compartimos el mismo suelo, la misma historia, las mismas heridas y, sobre todo, la misma posibilidad de futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta mañana, mientras bajaba las escaleras pensé que quizás todos habíamos recibido una pequeña oportunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una oportunidad para recordar que estamos vivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para preguntarnos para qué queremos estarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mirar al que tenemos al lado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para escribir, para cuidar, para escuchar, para construir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para quedarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final, cuando todo tiembla, quizá lo único verdaderamente importante sea saber que no estamos solos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132066</guid>
        <pubDate>Tue, 11 Aug 2026 22:25:58 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/771855418_18191404744377671_8713440316082266667_n.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Cuando se mueve el piso]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132066</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Día de los Pueblos Indígenas 2026: la partería indígena como defensa de la vida y la naturaleza</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/dia-de-los-pueblos-indigenas-2026-la-parteria-indigena-como-defensa-de-la-vida-y-la-naturaleza/</link>
        <description><![CDATA[<p>Antes de que un&nbsp;recién nacido&nbsp;respire por primera vez, una&nbsp;partera indígena&nbsp;ya ha leído el territorio. Ha observado la luna y reconocido las&nbsp;plantas medicinales&nbsp;que aliviarán a su madre del dolor, ha preparado infusiones, encendido el fuego y convocado un conocimiento transmitido durante generaciones. En muchas comunidades indígenas, traer una vida al mundo nunca ha sido un acto [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Este año, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas reconoce la partería indígena como una práctica que salvaguarda la vida y el bienestar y Mongabay Latam cuenta tres historias en Ecuador, Panamá y México.</em></li>



<li><em>Desde el pueblo guna de Panamá, una investigación sobre medicina tradicional y partería indígena propone fortalecer la formación y reconocimiento de las parteras.</em></li>



<li><em>En la Amazonía ecuatoriana, una iniciativa de salud intercultural con los pueblos achuar y shuar articula conocimientos ancestrales y atención comunitaria para fortalecer el acompañamiento materno.</em></li>



<li><em>En México, una organización ayuujk defiende otras formas de nacer, sanar y acompañar vinculadas con la lengua, el territorio y la cosmovisión comunitaria.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de que un&nbsp;<strong>recién nacido</strong>&nbsp;respire por primera vez, una&nbsp;<strong>partera indígena</strong>&nbsp;ya ha leído el territorio. Ha observado la luna y reconocido las&nbsp;<strong>plantas medicinales</strong>&nbsp;que aliviarán a su madre del dolor, ha preparado infusiones, encendido el fuego y convocado un conocimiento transmitido durante generaciones. En muchas comunidades indígenas, traer una vida al mundo nunca ha sido un acto exclusivamente médico: es también una forma de cuidar el bosque, el agua, las semillas, la lengua y la memoria colectiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese vínculo entre nacimiento y conocimiento ancestral es el eje del&nbsp;<strong>Día Internacional de los Pueblos Indígenas&nbsp;</strong>en 2026, dedicado a&nbsp;<strong>reconocer la partería indígena</strong>&nbsp;como una práctica que salvaguarda la vida y el bienestar. La fecha busca visibilizar el aporte de quienes acompañan los nacimientos, pero también los desafíos que amenazan su continuidad: la falta de reconocimiento institucional, la interrupción de su transmisión entre generaciones y los cambios que atraviesan los territorios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a estas presiones, la partería indígena continúa sosteniendo la salud de miles de familias, especialmente en lugares&nbsp;<strong>donde los servicios médicos son insuficientes</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276025"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07175915/20250622_114755.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276025" /><figcaption class="wp-element-caption">La antropóloga guna Yadixa Del Valle-Guardia entrevista a Cecilia Arango en su casa, mientras una Siggwi Gaed (partera guna), quien la acompañaría durante el parto, permanece sentada al fondo de la vivienda. La imagen refleja la estrecha relación entre las mujeres embarazadas y las parteras guna. Foto: cortesía Yadixa Del Valle-Guardia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Es imprescindible que defendamos los derechos de las mujeres indígenas a tomar decisiones informadas sobre su propio cuerpo y cuidados. La sabiduría tradicional puede proteger las nuevas vidas”, afirmó el secretario general de la ONU, António Guterres, en el&nbsp;<a href="https://www.un.org/ht/node/88724">mensaje oficial</a>&nbsp;de la conmemoración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;conversamos con tres mujeres de&nbsp;<strong>Panamá</strong>,&nbsp;<strong>Ecuador</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>México</strong>&nbsp;que trabajan por mantener viva la partería indígena desde sus territorios y muestran los retos que enfrentan quienes buscan transmitir estos saberes, ejercerlos y defender el derecho de las comunidades a decidir cómo nacer.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276029"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07180826/Intercambio-de-conocimientos-ancestrales-scaled.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276029" /><figcaption class="wp-element-caption">Recuperar y fortalecer la partería tradicional también significa reconocer el valor de los conocimientos de las mujeres indígenas y su papel en la construcción de autonomía comunitaria. Foto: cortesía Organización de Mujeres Poj Kääj A.C.</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Panamá: la medicina del territorio</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Antes del amanecer, un&nbsp;<em>Inaduled</em>&nbsp;—médico tradicional&nbsp;<strong>guna</strong>— entra al bosque. No habla en voz alta. Antes de cortar una planta medicinal, pide permiso en un susurro a&nbsp;<em>Nabbguana</em>, la Madre Tierra. En la tradición guna, el bosque no es un lugar inerte del que se extraen recursos: los animales, los peces y el agua también forman parte de esa relación y perciben las palabras con las que se acercan a ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo entonces comienza a recoger las plantas que, después de un cuidadoso proceso de preparación, se convertirán en&nbsp;<strong><em>Muu Ina</em></strong>, el conjunto de medicinas que las parteras conocidas como&nbsp;<strong><em>Siggwi Gaed</em></strong>&nbsp;ofrecen a las mujeres para acompañarlas durante el embarazo, el parto y el posparto en las comunidades de Gunayala,&nbsp;<strong>Panamá</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276021"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07175311/20250614_120302.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276021" /><figcaption class="wp-element-caption">Siggwi Gaed Iguabbidili, partera de la comunidad guna de Aggwadub, transportando Muu Ina (medicina guna) hacia la vivienda de una mujer embarazada. Foto: cortesía Yadixa Del Valle-Guardia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El propio nombre contiene una forma de entender la vida.<em>&nbsp;Muu Ina</em>&nbsp;une&nbsp;<em>Muu</em>, que significa abuela, pero a la vez útero, e&nbsp;<em>Ina</em>, que hace referencia a la medicina. Para la antropóloga e investigadora guna Yadixa Del Valle-Guardia, quien documentó esta práctica en su&nbsp;<a href="https://uwo.scholaris.ca/items/7a643037-b6f4-4283-8b29-a4b3f4c20988">investigación de maestría</a>&nbsp;en The University of Western Ontario, traducirlo únicamente como “medicina de plantas” deja afuera parte de su significado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Representa un conjunto de plantas medicinales y una diversidad de momentos en que las mujeres se tratan”, explica. El&nbsp;<em>Muu Ina</em>&nbsp;acompaña distintas etapas del embarazo:&nbsp;<strong>puede aliviar malestares, preparar el cuerpo para el nacimiento o ayudar en la recuperación después del parto.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En las comunidades guna, la preparación de estas medicinas requiere conocimiento y cuidado. Las plantas se limpian y son molidas sobre una piedra conocida como&nbsp;<em>Aggwa Muu</em>, la “piedra de la abuela”, donde hojas, flores y ramas se transforman en preparados para distintos momentos.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276019"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07174630/20250611_135406-scaled.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276019" /><figcaption class="wp-element-caption">Aggwa (piedra) y muu (abuela/partera). Esta piedra de moler representa un objeto de conocimiento y práctica ancestral de las parteras. En ella se procesan plantas medicinales utilizadas para preparar el Muu Ina, la medicina tradicional asociada al cuidado de las mujeres durante el embarazo y el parto. Foto: cortesía Yadixa Del Valle-Guardia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación de Del Valle-Guardia, basada en trabajo etnográfico en ocho comunidades y entrevistas con médicos tradicionales —los&nbsp;<em>Inadulegan</em>, en plural—, las parteras&nbsp;<em>Siggwi Gaed</em>&nbsp;y las mujeres muestra que el&nbsp;<em>Muu Ina</em>&nbsp;forma parte de un&nbsp;<strong>sistema de cuidado</strong>&nbsp;más amplio. Los médicos botánicos preparan las medicinas y las parteras acompañan a las mujeres durante el embarazo, reciben a los bebés y continúan el cuidado después del nacimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Además del&nbsp;<em>Muu Ina</em>, la partera utiliza también su mano y otros elementos”, explica Del Valle-Guardia. “Cuando ella necesita la medicina para la limpieza después del parto, para que limpie todos los residuos que puedan quedar, se la pide al médico botánico”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276022"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07175448/20250615_121813.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276022" /><figcaption class="wp-element-caption">Bun Bibbi, partera guna de la comunidad de Molakedub, cuyo conocimiento proviene de una larga trayectoria de transmisión familiar. Foto: cortesía Yadixa Del Valle-Guardia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ese acompañamiento también puede cambiar la relación con el sistema de salud convencional. Del Valle-Guardia recuerda el caso de una mujer a quien los médicos habían advertido que su bebé estaba en una posición que podía requerir una cesárea. Ella acudió primero con una partera&nbsp;<strong>porque no quería una intervención quirúrgica</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Te fuiste a ver a la abuela Claudina, ¿verdad? Mira, el bebé está bien, tiene buena posición. Ya no te vamos a practicar la cesárea”, recuerda la investigadora sobre el momento en que el médico confirmó que la operación ya no era necesaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las escenas que más marcó a la investigadora fue precisamente con la&nbsp;<em>Siggwi Gaed</em>&nbsp;Claudina, quien&nbsp;<strong>recuperaba las placentas de mujeres</strong>&nbsp;que habían dado a luz en hospitales. Después de limpiarlas y bañarlas ritualmente con cacao, las enterraba bajo su casa.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276023"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07175557/IMG-20250809-WA0025.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276023" /><figcaption class="wp-element-caption">Siggwi Gaed Claudina, partera guna de la comunidad de Uggubseni, sostiene en sus manos dos pequeños nudsugana elaborados en madera de balsa. Estos asistentes espirituales son utilizados durante el Obired, una técnica tradicional para ayudar a colocar al bebé en la posición adecuada para el parto. Foto: cortesía Yadixa Del Valle-Guardia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Las enterraba&nbsp;<strong>para que la inteligencia del bebé no se destruya</strong>”, explica la investigadora. “Me llamó la atención que a ella no le interesa si es su familiar, una comunera o una mujer de otra comunidad la que ha parido. Ella en lo que piensa es en mantener el espíritu de la madre y del bebé bien resguardados&nbsp;<strong>para que tengan una buena salud</strong>&nbsp;más adelante”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero este conocimiento enfrenta un desafío: la falta de relevo generacional. Aunque existe formación para médicos botánicos,<strong>&nbsp;no hay una escuela de partería</strong>&nbsp;desde la propia visión guna. “Hay una urgente necesidad de crear una escuela de formación de parteras”, afirma Del Valle-Guardia. “Si no lo hacemos ahora,&nbsp;<strong>sí estamos en riesgo de que la partería guna desaparezca</strong>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para la investigadora, preservar este conocimiento no significa incorporarlo como un complemento subordinado a otro sistema de salud. “No hay que capacitar a las parteras. Las parteras ya saben”, concluye. “Es al revés: vamos a capacitarnos con los conocimientos de las parteras. Uno no puede estar por encima del otro”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276024"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07175815/PHOTO-2026-08-05-09-04-14.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276024" /><figcaption class="wp-element-caption">La investigadora y antropóloga guna Yadixa Del Valle-Guardia. Foto: cortesía Yadixa Del Valle-Guardia</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Ecuador: nacer en la selva</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En la&nbsp;<strong>Amazonía</strong>&nbsp;ecuatoriana, las&nbsp;<strong>mujeres achuar y shuar</strong>&nbsp;suelen decir que el bosque lo tiene todo: árboles que alimentan, plantas que curan y saberes que acompañan la llegada de una nueva vida. Allí, la partería no es solo una práctica de salud; también es una forma de cuidar el territorio, preservar la memoria de las abuelas y mantener vivo un conocimiento comunitario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese vínculo dio origen hace casi dos décadas a&nbsp;<strong>Ikiama Nukuri</strong>, que en lengua achuar significa “mujeres protectoras de la selva”. La iniciativa nació en 2006, cuando Narcisa Mashienta, mujer shuar y fundadora del programa, conoció de cerca las dificultades que enfrentaban las mujeres achuar para acceder a atención materna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Había muerte materna no registrada; era súper alta. También había niños que padecían muchas enfermedades”, dice Mashienta. “Desde ahí parte esta iniciativa, del sueño de crear este programa&nbsp;<strong>para poder salvar vidas de niños y mujeres</strong>, pero también de empoderar a las mujeres”, recuerda.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276000"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07161022/IMG_8556-2.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276000" /><figcaption class="wp-element-caption">Una partera realiza una visita de seguimiento a una mujer embarazada. Foto: cortesía Fundación Pachamama</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En ese momento,&nbsp;<strong>muchas mujeres parían solas</strong>, lejos de los centros de salud y sin posibilidad de traslado en una emergencia. Los hospitales podían estar a horas —o días— de distancia y una avioneta era una alternativa costosa que pocas familias podían asumir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mashienta cuenta que la idea de fortalecer la partería tradicional tomó forma durante una ceremonia de ayahuasca junto a Margaret Love, una partera jubilada que visitaba la Amazonía. Allí recibió el llamado. Con el acompañamiento de la&nbsp;<a href="https://www.pachamama.org.ec/"><strong>Fundación Pachamama</strong></a>, organización con la que se aliaron, Ikiama Nukuri comenzó a trabajar para fortalecer los saberes de las parteras sin reemplazarlos, articulándolos con la medicina occidental cuando fuera necesario.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276001"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07161143/IMG_8558-2.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276001" /><figcaption class="wp-element-caption">Parteras de Ikiama Nukuri durante procesos de intercambio de conocimientos y capacitación. Foto: cortesía Fundación Pachamama</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Durante dos décadas, la iniciativa&nbsp;<strong>ha formado una red de mujeres parteras</strong>&nbsp;en comunidades achuar y shuar. Actualmente&nbsp;<strong>reúne a más de 60 parteras y ha acompañado alrededor de 3900 partos</strong>, promoviendo una atención materna más cercana a las prácticas y decisiones de cada comunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Mashienta, la salud de las mujeres y la protección de la Amazonía son inseparables. “Las mujeres somos las que vivimos en realidad en la naturaleza; la mujer es la que sabe del territorio, sabe de la tierra, sabe de la contaminación. Mientras más salud tengamos,&nbsp;<strong>más vida vamos a tener para seguir cuidando el bosque</strong>”, afirma la lideresa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese vínculo también está en las plantas medicinales que acompañan el embarazo, el parto y el posparto. “La selva es nuestra farmacia, siempre lo decimos.&nbsp;<strong>Si el bosque se contamina, se acaban nuestras plantas medicinales</strong>”, sostiene. “Las mujeres parteras usan la medicina tradicional tal como nos han enseñado nuestras abuelas, por eso hay peligro de que estos conocimientos se pierdan porque nuestras abuelas ya no se quedan muchos años. Por eso queremos que este conocimiento sea pasado a las más jóvenes”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276002"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07161303/IMG_8557-2.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276002" /><figcaption class="wp-element-caption">Ikiama Nukuri busca generar capacidades para las mujeres promotoras de salud comunitaria para que proporcionen una atención materna segura y culturalmente adecuada a mujeres embarazadas. Foto: cortesía Fundación Pachamama</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mashienta explica que los saberes tradicionales conviven con la medicina occidental cuando existen complicaciones en los partos, pero insiste en que esa relación debe construirse desde el respeto y no desde la imposición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese reconocimiento, sin embargo, todavía enfrenta obstáculos. Cristina Melo, abogada y coordinadora del programa de derechos de la Fundación Pachamama, explica que aunque Ecuador reconoce constitucionalmente la salud intercultural y la medicina ancestral, las parteras indígenas siguen enfrentando barreras para ejercer y articularse con el sistema público de salud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No hay la capacidad estatal para cubrir la salud, pero aún así se le monopoliza&nbsp;<strong>y se criminaliza a quienes desean organizarse autónomamente</strong>&nbsp;para poder acceder a ella”, advierte Melo. “Los pueblos indígenas tienen la capacidad y los conocimientos, pero se pone en segundo plano sus sistemas de salud propios”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276003"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07161733/IMG_8553-2.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276003" /><figcaption class="wp-element-caption">Ikiama Nukuri busca aportar soluciones a los problemas de morbimortalidad materna e infantil dentro del territorio achuar y shuar. Foto: cortesía Fundación Pachamama</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276006"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07162408/IMG_8554-2.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276006" /><figcaption class="wp-element-caption">Kit de cuidados de parto que se entregan a mujeres indígenas a través de las parteras. Foto: cortesía Fundación Pachamama</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mashienta señala que esa falta de reconocimiento&nbsp;<strong>genera temor entre las propias parteras</strong>. “En la Constitución está escrita la interculturalidad plurinacional; quiere decir que debe existir respeto y escucha, pero no los hay”, asevera. “Nosotras como parteras tenemos miedo de asistir un parto: si algún incidente nos pasa o una mujer muere,&nbsp;<strong>somos condenadas a estar en la cárcel</strong>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para la lideresa shuar, la defensa de la partería también es una defensa del bosque. La&nbsp;<strong>contaminación de los ríos, la expansión de actividades extractivas y la pérdida de la selva</strong>&nbsp;amenazan las plantas medicinales y los conocimientos que sostienen la vida comunitaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Si cambia nuestra vida, llega el extractivismo, viene la minería, nos matan nuestras plantas y nos matan a nuestros abuelos, estos conocimientos van a ir desapareciendo”, agrega Mashienta. “Ese es nuestro miedo”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276004"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07161946/IMG_8560-2.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276004" /><figcaption class="wp-element-caption">Las promotoras de salud comunitaria realizan visitas prenatales, asisten partos, ofrecen atención posparto y facilitan la conexión entre las mujeres amazónicas y el sistema de salud pública. Foto: cortesía Fundación Pachamama</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, Mashienta mira hacia el futuro con esperanza. El mayor logro de Ikiama Nukuri, dice, no es solo haber acompañado miles de nacimientos, sino haber impulsado a mujeres que&nbsp;<strong>hoy son parteras, lideresas y defensoras</strong>&nbsp;de sus comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Queremos que la partería tradicional no se pierda, que el liderazgo femenino sea valorado y que nuestra población indígena sea escuchada y respetada”, concluye. “La naturaleza y la farmacia que nos da vida nos van a seguir sosteniendo. Cuidamos al pulmón del mundo para toda la gente que respira”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276005"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07162217/IMG_8555-2.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276005" /><figcaption class="wp-element-caption">El objetivo del programa es identificar posibles complicaciones de salud a través de un chequeo médico básico, para orientar a las mujeres indígenas, y para acceder a cuidados pre y post parto. Foto: cortesía Fundación Pachamama</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">México: la memoria de un nacimiento</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Después del parto, la madre y su bebé entran al&nbsp;<strong>temazcal</strong>, un espacio de calor, plantas y acompañamiento familiar donde continúa el cuidado. Para Lilia Heber Pérez Díaz, originaria del pueblo&nbsp;<strong>ayuujk</strong>, esta práctica expresa una manera distinta de entender la vida: “La primera casa de nosotras es el vientre de la madre, luego es el temazcal, luego la casa y luego el pueblo”, sostiene.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Santa María Tlahuitoltepec, en la Sierra Norte de&nbsp;<strong>Oaxaca</strong>, el nacimiento no termina cuando llega un bebé al mundo. Para las mujeres ayuujk, nacer es entrar en relación con un territorio, una comunidad y una memoria que comienza antes del primer aliento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pérez Díaz es coordinadora de la&nbsp;<strong>Organización de Mujeres&nbsp;Poj Kääj</strong>&nbsp;—“Jaguar del viento” en lengua mixe—, que nació en 2009 como un proceso organizativo de mujeres de Santa María Tlahuitoltepec que regresaron a su comunidad después de estudiar fuera, con la intención de poner sus conocimientos al servicio del pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2011 realizaron un diagnóstico sobre las violencias que enfrentaban las mujeres y encontraron una preocupación común:&nbsp;<strong>la pérdida de autonomía para decidir cómo, dónde y con quién parir.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276013"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07172711/Preparacion-del-Temazcal-Tlahui-AL-scaled.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276013" /><figcaption class="wp-element-caption">Preparación del temazcal, un baño de vapor tradicional donde se usan piedras muy calientes y agua con hierbas medicinales. Foto: cortesía Lilia H. Pérez Díaz</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de esas conversaciones, la organización comenzó a recuperar los testimonios de mujeres y parteras ayuujk, que más tarde se convertirían en un&nbsp;<em><a href="https://open.spotify.com/episode/1wCitF3o8kll1SNrXxJQgf?si=UCltVVQAR86odd3kINugOQ">podcast</a></em>&nbsp;y círculos de escucha. La iniciativa no solo documentó experiencias de parto, sino que abrió preguntas sobre lo que ocurre cuando una comunidad pierde los rituales, los saberes y los vínculos que acompañan la llegada de una nueva vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de esos vínculos está relacionado con la placenta. En la tradición ayuujk, explica Pérez Díaz, “es un elemento fundamental para la identidad de la persona que nació y que le vincula con su espacio territorial”. Cuando el nacimiento ocurre en un hospital,&nbsp;<strong>muchas veces esa relación ritual se interrumpe</strong>&nbsp;y con ella se pierden prácticas familiares y comunitarias.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276014"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07173459/Dialogos-Parto2_Poj-KaaAO-scaled.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276014" /><figcaption class="wp-element-caption">Diálogos que quedaron plasmados en el podcast «Kaxë’ëjkën, parir al calor del hogar y del territorio», de la iniciativa Periodismo de lo Posible. Foto: cortesía Organización de Mujeres Poj Kääj&nbsp;A.C.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Los testimonios recogidos por Poj Kääj también revelaron<strong>&nbsp;experiencias de violencia obstétrica</strong>&nbsp;y barreras para las mujeres indígenas, especialmente cuando no pueden comunicarse plenamente en español. Pérez Díaz insiste en que la defensa de la partería no significa rechazar los servicios médicos, sino garantizar que las mujeres puedan decidir sobre sus cuerpos y sus partos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No debería ser una limitante para tomar decisiones como mujeres que nos embarazamos y que queremos parir, no únicamente en una institución u hospital porque no se tiene otra opción”, afirma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2021, Poj Kääj abrió la&nbsp;<strong>Casa Temazcal</strong>, una construcción de adobe con un temazcal, espacios para masajes y una cocina donde se prepara medicina y alimentos. Allí trabaja Virginia Pérez, cofundadora de la organización y una de las pocas parteras que mantiene vivo este acompañamiento en la comunidad, junto con otras mujeres que comparten sus saberes.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276015"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07173849/Temazcal-AL_-Poj-Kaa.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276015" /><figcaption class="wp-element-caption">La estructura del temazcal resguarda una práctica ancestral vinculada al cuidado, la medicina tradicional y la transmisión de conocimientos entre mujeres y familias. Foto: cortesía Lilia H. Pérez Díaz</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276030"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07181111/Herbario-Ayuujk_Poj-Kaa-AO.jpeg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276030" /><figcaption class="wp-element-caption">Poj Kääj ha desarrollado un herbario ayuujk para la documentación y preservación de sus plantas medicinales. Foto: cortesía Organización de Mujeres Poj Kääj A.C.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El desafío más urgente es la continuidad.</strong>&nbsp;Pérez Díaz explica que muchas parteras ayuujk que conservan estos conocimientos son mujeres mayores, de 60 o 70 años, mientras que son pocas las jóvenes que están aprendiendo. Las abuelas parteras cuentan que recibieron su llamado a través de sueños, pero las nuevas generaciones enfrentan otros ritmos y otras formas de relacionarse con estos saberes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Pérez Díaz, documentar estos conocimientos es importante, pero no suficiente. “No es lo mismo que esté documentado a que la gente lo siga practicando”, explica. La partería vive en las manos de quienes acompañan los nacimientos, en las plantas medicinales nombradas en ayuujk, en los rituales y en la lengua que transmite una forma propia de comprender el cuerpo y el territorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Si nombramos la partería desde nuestra lengua, que es el contenedor de todos estos conocimientos que nuestras abuelas y abuelos han desarrollado, ahí radica el reconocimiento mismo del existir de los pueblos y comunidades indígenas”, dice.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276016"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07174213/Foto-Lilia-Perez.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276016" /><figcaption class="wp-element-caption">Lilia Heber Pérez Díaz, coordinadora de Poj Kääj. Foto: cortesía Lilia H. Pérez Díaz</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En Santa María Tlahuitoltepec, Poj Kääj busca que las nuevas generaciones puedan imaginar otras formas de nacer y cuidar. Porque cada nacimiento, para las mujeres ayuujk, no solo recibe a una persona: mantiene viva una relación entre la comunidad, la tierra y la memoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Es por lo que hemos apostado y ahora hay mucha gente de la comunidad que ha empezado a interesarse por el temazcal, que ha empezado a volver a su uso para sanarse y atenderse”, concluye. “Creo y siento que lo estamos logrando, pero también falta mucho por hacer”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_276017"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/07174331/ARCHIVO-MIRNA-BORREGO-2.jpg" alt="Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2026 - Ecuador - México - Panamá - Partería indígena" class="wp-image-276017" /><figcaption class="wp-element-caption">Las redes de cuidado tejidas por las mujeres ayuujk muestran que el bienestar no depende únicamente de los servicios médicos, sino también de la organización, la solidaridad y el conocimiento colectivo. Foto: cortesía Mirna Borrego</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong>&nbsp;una partera realiza una visita de seguimiento a una mujer embarazada en la Amazonía ecuatoriana.&nbsp;<strong>Foto:</strong>&nbsp;cortesía Fundación Pachamama</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/"><a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/">Astrid Arellano</a></a></em> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/08/dia-de-los-pueblos-indigenas-2026-la-parteria-indigena-como-defensa-de-la-vida-y-la-naturaleza/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131998</guid>
        <pubDate>Sun, 09 Aug 2026 15:58:59 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Día de los Pueblos Indígenas 2026: la partería indígena como defensa de la vida y la naturaleza]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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        <title>Un suave contrapunto entre los libros: Qué hace el arte. Una teoría en proceso y El arte al desnudo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/un-suave-contrapunto-entre-los-libros-que-hace-el-arte-una-teoria-en-proceso-y-el-arte-al-desnudo-2/</link>
        <description><![CDATA[<p>Parte dos Dicen los autores Brian Eno y Bette A.[i] &nbsp;en su libro titulado Qué hace el arte. Una teoría inacabada (What art does. An unfinished Theory) que lo que ocurre en tu mente cuando ves una pieza de arte tiene que ver con tus experiencias y con la cultura en la cual vives. Sin [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Parte dos</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="606" height="811" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/Screenshot-2026-07-26-113231.png" alt="" class="wp-image-131766" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Screenshot-2026-07-26-113231.png 606w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Screenshot-2026-07-26-113231.png?resize=224,300 224w" sizes="(max-width: 606px) 100vw, 606px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Dicen los autores Brian Eno y Bette A.<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a> &nbsp;en su libro titulado <em>Qué hace el arte. Una teoría inacabada</em> (<em>What art does. An unfinished Theory</em>) que lo que ocurre en tu mente cuando ves una pieza de arte tiene que ver con tus experiencias y con la cultura en la cual vives. Sin duda alguna; el arte ocurre dependiendo del conocimiento, de las vivencias y de lo que llamamos criterio, el cual se ve afectado por los dos factores anteriores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los significados del arte dicen ellos, no se mantienen: son fluidos, no son eternos y varían en el tiempo y en el espacio. Sí, así es, por lo acabado de mencionar; solo que, algunas veces, la pieza catalogada como arte es tan extraordinaria, tan fuera de lo normal, que pasan los siglos y todos los seres humanos —o casi todos— nos quedamos perplejos viendo, oyendo o contemplando la obra. Como ejemplo de ello están las pirámides de Egipto, el <em>David</em> de Miguel Ángel, la <em>Partita para violín n.º 2 en re menor, BWV 1004</em> de Johann Sebastian Bach o <em>La odisea</em>. Hay artes que solo lo son para un grupo, como la ceremonia del té en Japón; hay artes que duran un día, como los mandalas hechos con arenas de colores, y artes que duran siglos, como los bisontes en la cueva de Altamira. Los seres vivos son como el arte: hay insectos que viven unas pocas horas, animales como las tortugas que viven 200 años y árboles que duran 3000 años o más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ningún momento afirman que, a raíz de esto, se pueda concluir que el arte no posee una esencia. No existe tal cosa. El arte es una categoría que surge del juicio que emitimos los seres humanos y que varía en el tiempo y en las culturas; lo que tiene de permanente depende de la estructura de nuestro cerebro y de que existen objetos que han llegado a un nivel de perfección tan alto que son difíciles de superar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Dónde empieza el arte? Ellos creen que empieza en el juego. Los niños juegan y en sus mentes se mezclan la realidad y la ficción. Todos los animales jóvenes juegan, y los seres humanos somos los que más jugamos entre todos los animales. Jugar es hacer que un mundo imaginario forme parte de la propia realidad; por un rato, nos permite trazar un plan, como el de encarnar a otros: ser villanos o caritativos, reyes o esclavos. Para Eno y Bette A., el arte es la continuación del juego, pero en la vida adulta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo discrepo de ellos. Si bien hay un aspecto de juego en toda creación y no se puede definir con precisión dónde empieza uno y termina el otro, no es porque jugamos que llegamos a los objetos de arte. En mi libro lo explico así: «El cerebro humano está dotado de las adaptaciones para comprender, aprender, ejecutar acciones de diversa índole, <strong>optimizar lo aprendido y hacer juicios</strong>. Cuando hemos optimizado un objeto o un comportamiento, y al juzgarlo nos damos cuenta de que hemos logrado algo por encima de la norma, surge la categoría <em>arte</em>. Cuando esto ocurre, tenemos una sensación visceral de asombro, perplejidad, apego, emoción estética, dicha, pasión, certeza, una gran variedad de emociones positivas que correlacionamos con todo lo que llamamos artístico».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, ellos le proponen al lector hacer un ejercicio de introspección y «pescarse sintiendo», para descubrir qué lo conmueve, qué lo sorprende o qué lo sobrecoge en una pieza de música, o qué lo trastorna en una novela. Uno debería detenerse a pensar el porqué a veces no quiere salirse del mundo existente en una novela o en una película; preguntarse qué hace que se produzca ese momento en el que uno siente que una llama arde o se enciende por dentro. A través de las distintas formas artísticas se puede investigar sobre las emociones que nos gustan y cómo producírnoslas. Eso no es arte, pero es útil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arte es como una nube, dicen ellos: una reserva de experiencias compartidas que nos ofrece maneras de transmitir sensaciones complejas e ideas de los unos a los otros; es la sangre, la vida, el lubricante del sistema circulatorio de la comunidad. La civilización es imaginación compartida. El arte permite abrirse con otros y sentir al unísono. El arte construye comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo sostengo que la música en los conciertos, el teatro, el cine, las series de moda, los deportes como el fútbol o las religiones pueden o no ser arte, pero, de igual manera, toda actividad compartida sirve para hacer comunidad, y el arte se vuelve importante si la comunidad lo avala.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En últimas, ellos proponen jugar y sentir para darnos cuenta de que lo que necesitamos está dentro de nosotros, y que usando las artes abrimos caminos para descubrirlo. No lo discuto: ¡es una bella posibilidad!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eno Brian y A Bette. <em>What art does. An unfinished Theory. </em><em>Faber.</em> Marzo de 2025.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Velez Caicedo Ana Cristina. <em>El arte al desnudo.</em> En ebook, Amazon. Julio de 2006.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="1024" width="698" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/caratula-arte-al-desnudo-DEFINITIVA-698x1024.jpg" alt="" class="wp-image-131767" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/caratula-arte-al-desnudo-DEFINITIVA-698x1024.jpg 698w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/caratula-arte-al-desnudo-DEFINITIVA-205x300.jpg 205w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/caratula-arte-al-desnudo-DEFINITIVA-768x1126.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/caratula-arte-al-desnudo-DEFINITIVA-1048x1536.jpg 1048w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/caratula-arte-al-desnudo-DEFINITIVA-1397x2048.jpg 1397w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/caratula-arte-al-desnudo-DEFINITIVA-scaled.jpg 1746w" sizes="(max-width: 698px) 100vw, 698px" /></figure>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> Bette A<strong>:</strong> además de su faceta como novelista y creadora de instalaciones artísticas, enseña escritura creativa y es cofundadora de proyectos con impacto social, como la Fundación TRQSE (que vincula a artistas y científicos) y el movimiento global de narrativas <em>¡Heroínas!</em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131765</guid>
        <pubDate>Sun, 02 Aug 2026 14:50:19 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Un suave contrapunto entre los libros: Qué hace el arte. Una teoría en proceso y El arte al desnudo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131765</post-id>    </item>
        <item>
        <title>“Pensar con y desde las tripas”: vulnerabilidad y el riesgo desdemocratizante</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/pensar-con-y-desde-las-tripas-vulnerabilidad-y-el-riesgo-desdemocratizante/</link>
        <description><![CDATA[<p>Presentamos esta necesaria y urgente reflexión del profesor y filósofo Diego Fernando Camelo sobre &#8220;el destripamiento del Otro&#8221; y los riesgos para la democracia en Colombia. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por: Diego Fernando Camelo Perdomo</strong>. Magister y especialista en Filosofía Contemporánea. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante el inadmisible hecho de sucumbir en la comodidad de la quietud y el riesgo de complicidad que esto supondría, quisiera en esta oportunidad detenerme a analizar un singular suceso que tomó por asalto mi atención. Se trata de la alocución hecha por el candidato a la presidencia A. de la Espriella al referirse a la necesidad de excluir al oponente en estos términos: “Destripar a la izquierda”. Claramente, la intención antagónica es la expresión garante de toda radicalidad democrática. Pero, nutrir la pretensión de subordinar y erradicar el disenso, contraría el proyecto democrático. Esta no es una aseveración cualquiera, ni mucho menos a un “folclorismo” lingüístico, como quizá ha pretendido mostrarlo. Ella va más allá de la mera polarización extrema y de un recurso gramatical, cuya carga semántica alimenta la exacerbada herencia ╼si acaso no colonial╼ de exterminar la oposición política, legitimando así las prácticas de agresividad contra quienes pretenden construir conocimiento de una manera diferente. Nos encontramos de cara ante una ofensiva de desdemocratización del Estado colombiano. Esta sería la idea que quiero abordar aquí y, para hacerlo, presentaré una explicación sobre lo que significa “destripar” y cómo se relaciona con esta amenaza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Empecemos trayendo a colación la expresión objeto de nuestro análisis:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto no va a quedar así, estas brisas vuelven y sepan ustedes señores de la izquierda que en mi tendrán siempre un enemigo acérrimo que hará todo lo que esté a su alcance para <em>destriparlos</em> como corresponde porque ustedes <em>no merecen un trato diferente</em>. Conmigo no va a haber sentadas, no va a haber salidos, conmigo no va a haber absolutamente nada distinto a enfrentarles determinada y decididamente para <em>acabar a ese cáncer</em> que significa la izquierda radical, a esa <em>plaga</em> hay que <em>erradicarla</em>. Así de sencillo. Y en mi encontrarán peor enemigo posible (De la Espriella, 2025. El subrayado es mío, D.C.).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Meses después de haber lanzado esta afirmación, el autor explicó en una entrevista que el sentido que le adjudicó al término “destripar” correspondería al de la cuarta acepción, es decir, al coloquial.<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> Sin vacilo alguno, hay que decir que en un sistema de gobierno que se ostenta de ser democrático, el exterminio del antagónico es completamente contradictorio, pues no sería otra cosa que una transfiguración hacia un “fascismo criollo” (Buela, 2013; Pachón, 2026). “Destripar a la izquierda”, en el sentido como lo expuso el autor, significa disponer de todos los recursos políticos del Estado para dar “muerte” a la izquierda en el plano del disenso, es decir, en la tensión que se da entre las distintas formas de sentir y comprender la realidad, tal como lo expone Rancière (2019).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La noción de “destripar” es una metáfora extraída de la experiencia de la enfermedad. La mirada fascista enfoca a la izquierda como un fenómeno “patológico”, cuyo riesgo infeccioso altera el “normal” funcionamiento del Estado-empresa en su ofensiva por mantener sus intereses “patrióticos”, como lo explicaré más tarde. La “cura” ante esta amenaza es “destripar” o, mejor aún, “extirpar” el patógeno de la izquierda, porque sólo así podrá imponer la entronización del fascista como soberano político, sin rastro alguno del “otro” diferente. La aniquilación de la diferencia epistémica, de aquel que construye sentido común desde un pensamiento del <em>afuera </em>(Foucault), garantiza la instauración de un orden excluyente en el proyecto de nación que se ha construido en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El “sacar las tripas” no se reduce al efecto de desvivir, sino también de quitar y expulsar aquello desde lo cual, en Colombia y América Latina, se piensa. Se piensa <em>con</em> y <em>desde</em> las “tripas”, porque solo con ellas es posible lograr un registro sensitivo de la vida. Aquí las “tripas” adquieren una nueva connotación, pues dejan de hacer referencia al conjunto de órganos somáticos, para pasar a ser asumidas como un lugar de enunciación. Desde aquí, desde las “tripas”, se construyen formas de comprensión del mundo. “Tripas”, entonces, designa una situación que trasciende el sentido fenotípico del término, aludiendo al fuero interno del <em>otro</em> a partir del cual se ensambla un sentido de la vida a raíz de las necesidades y los vacíos; en otras palabras, es pensar desde las condiciones de vulnerabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propósito de un proyecto fascista de “destripar a la izquierda”, esta última en tanto <em>otro</em>, implica ejercer un control sobre la vida de la alteridad, reduciéndola a mera “objetualidad”, es decir, a un simple utensilio que se usa para justificar su práctica de limpieza. El significado de “destripar” no se reduce a la exclusión del panorama político, sino también del plano democrático y eso es propio de una conducta fascista. Ella entiende que para alinear sus intereses debe atacar la vulnerabilidad corpórea de los pobladores, precarizando las condiciones materiales de la vida. Pero, además, sabe que dicha irrupción no puede darse de forma inmediata, si no es a través de la producción y circulación de discursos de verdad. El control sobre las <em>necesidades </em>corporales debe ser atravesada por el control de nuestra fragilidad en la manera en que construimos conocimiento y nos relacionamos con la verdad. El control sobre las “tripas” empieza por el control del conocimiento y las emociones. Y, para ello, no es necesario “extirpar el cerebro”, ya que basta con imponer “verdades” instauradas sobre lógicas excluyentes que simbolicen claramente una herida social en la que identifican la propia herida singular con un odio al otro (Biglieri &amp; Cadahia, 2021).<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">La expresión “destripar a la izquierda” pretende situar en el centro del sentido común de la población colombiana el discurso “patriotista”,<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a> o sea, aquel que instaura irónicamente el valor simbólico-afectivo de la patria como un principio de validación discursiva, influyendo en lo que se acepta como verdadero. Todo aquello que no esté subordinado a su lógica o alineado a su racionalidad sería considerado como un riesgo que habría que ser “expulsado” o, en este caso “destripado”. La lógica del discurso <em>patriotista </em>se fundamenta en la idea del Estado en tanto empresa, “el individuo como miembro de una empresa y él mismo como una empresa” (Quintana, 2020, p. 179).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, pues, la patria no sería más que la encarnación de la mirada empresarial del Estado y, como tal, ella merece ser administrada por un gerente, un <em>management</em>, capaz de llevarla a puerto seguro antes de que pueda claudicar en un naufragio. Estos naufragios han recibido muchos nombres: “Castro-chavismo”, “nos vamos a volver como Venezuela”, “heredero de las Farc”, en fin. El Estado-<em>Enterprise</em>, impulsará la organización de los sujetos en torno a la rentabilidad capital, por lo que será indispensable reemplazar la participación de la población en su consolidación por la competencia desigual entre ellos. Es decir que, valores democráticos tales como la igualdad, la libertad y la justicia social serían sustituidos por el criterio <em>economicista</em> y la pulsión de la inversión. Por <em>criterio economicista </em>me refiero a la forma de evaluar la realidad reduciendo su valor a patrones económicos, dejando de lado dimensiones humanas y sociales. El proyecto democrático quedará, por consiguiente, amenazado por las consecuencias históricas producidas por el capitalismo, en cuanto estructura económica, y por el neoliberalismo, en tanto forma de gobierno. La legitimidad de su poder estaría siendo sostenida por aquellas “verdades” fabricadas y puestas en circulación. ¿Cómo cuáles? Bueno, quizás estas le resulten familiares: “Reduciremos el Estado a un 40%” (Valora Analitik, 2026), “es necesario blindar jurídicamente a nuestros policías y soldados” (La Silla Vacía, 2026). O la que ha retumbado con mayor ahínco: “Haremos fracking a lo que dé” (EL PAÍS, 2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por consiguiente, será necesario pensar el neoliberalismo en clave de racionalidad; esto es, entenderlo como una forma de organizar la vida a través de la lógica del mercado, pero sin quedarnos en el mero plano económico. Pensado así, se abre la posibilidad de tensionarlo en el plano del conocimiento y la comprensión de la vida, pues seguramente, desde su lógica interna, se entenderá que hay habilidades y destrezas humanas que escapan a los alcances “alineables” y “reduccionistas” de la perspectiva empresarial, en el que el valor de las experiencias y las vivencias tendrá sólo <em>un </em>criterio: el de la empresa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, quien se ha encargado de tensionar e incomodar históricamente al neoliberalismo han sido aquellos movimientos sociales contemporáneos que sobreponen el valor de la vida y su realización sobre toda métrica mercantil y su lógica excluyente. Mientras que el neoliberalismo propende por la instrumentalización material de la vida, los movimientos sociales se apropiaron de la vida como principio normativo de existencia, no sólo la humana. Eso significa pensar no solo <em>con </em>las “tripas”, sino <em>desde</em> las “tripas”, o sea, desde nuestra condición vulnerable, desde nuestras posibilidades de ser y estar afectados y de afectar. De hecho, podríamos decir, junto con Seguró (2021), que la democracia es vulnerable en cuanto que no es mesiánica y está abierta a ser mejorable. Entonces, si pensar <em>con </em>y <em>desde </em>las “tripas” es pensar desde la vulnerabilidad, y la democracia es vulnerable; por lo tanto, cualquier intento de destripamiento sería proporcional a un gesto desdemocratizante del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Frente a lo descrito aquí, me gustaría finalizar diciendo que no podemos perder de vista que vivir en un sistema democrático no implica erradicar ─léase “destripar”─ el disenso antagónico, sino concebir la forma en que se pueda vincular e incluir. Por eso, expresiones como las que acabamos de analizar, demuestran que nos encontramos ante la amenaza latente de una desdemocratización del Estado colombiano, y ello demanda el uso de herramientas que la misma democracia nos provee: la participación política, pero una que afecte las formas en que se produce el conocimiento. La interrupción de la producción de “verdad” en el fascismo consiste en anidar condiciones “estables” de afectos, hacer que la gente se “sienta bien” con lo que le dicen. Es necesario, entonces, des-simplificar el modo binario como el fascismo presenta la información en los medios digitales, como si todo se redujese a esquemas de malos/buenos, indiamenta/gente de bien, en fin. Un error común que se puede percibir cuando se hace frente al fascismo es “jugar” con sus mismas reglas. No basta con tener una “opinión diferente y respetable”, porque lo que a él le conviene es crear sujetos de opiniones afectivas y emocionalmente inestables. No por nada el slogan habla de “firmeza”. Producir incomodidad para resistir, sería una posible propuesta. Aunque el mismo fascismo genere ya incomodidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Biglieri, P. &amp; Cadahia, L. (2021). <em>Siete ensayos sobre el populismo. Hacia una perspectiva teórica renovada</em>. Herder Editorial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Buela, A. (14 de agosto, 2013). <em>El fascismo criollo. América Latina en Movimiento</em>. <a href="https://www.alainet.org/es/active/66488?language=es">https://www.alainet.org/es/active/66488?language=es</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">De la Espriella, A. (27 de julio de 2025). Entrevista con La FM [Entrevista en radio]. RCN Radio. <a href="https://www.lafm.com.co/politica/petro-solicita-que-se-investigue-a-de-la-espriella-y-a-polo-polo-por-senalamientos-contra">https://www.lafm.com.co/politica/petro-solicita-que-se-investigue-a-de-la-espriella-y-a-polo-polo-por-senalamientos-contra</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Colombiano. (19 de agosto de 2025). Entrevista con Abelardo de la Espriella [Entrevista]. Bogotá, Colombia: El Colombiano. <a href="https://www.elcolombiano.com">https://www.elcolombiano.com</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">EL PAÍS. (12 de junio de 2026). <em>Abelardo de la Espriella matiza sus propuestas &#8216;milagro&#8217;</em>. <a href="https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-06-13/abelardo-de-la-espriella-matiza-sus-propuestas-milagro">https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-06-13/abelardo-de-la-espriella-matiza-sus-propuestas-milagro</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">La Silla Vacía. (9 de junio de 2026). <em>Abelardo y Restrepo dan pistas de su promesa de reducción del Estado</em>. <a href="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/abelardo-y-restrepo-dan-pistas-de-su-promesa-de-reduccion-del-estado">https://www.lasillavacia.com/en-vivo/abelardo-y-restrepo-dan-pistas-de-su-promesa-de-reduccion-del-estado</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pachón, D. (1 de junio de 2026). <em>¿Qué es eso del &#8220;fascismo criollo mafioso&#8221;?</em> Blogs El Espectador. <a href="https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/que-es-eso-del-fascismo-criollo-mafioso/">https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/que-es-eso-del-fascismo-criollo-mafioso/</a>&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quintana, L. (2020). <em>Política de los cuerpos: Emancipaciones desde y más allá de Jacques Rancière</em>. Herder Editorial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rancière, J. (2019). <em>Disenso. Ensayos sobre estética y política</em>. Fondo de Cultura Económica. México.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguró, M. (2021). <em>Vulnerabilidad</em>. Herder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Valora Analitik. (29 de mayo de 2026). <em>Así es el plan económico y fiscal de Abelardo de la Espriella</em>. <a href="https://www.valoraanalitik.com/asi-es-el-plan-economico-y-fiscal-de-abelardo-de-la-espriella-revivira-la-industria-petrolera-y-r">https://www.valoraanalitik.com/asi-es-el-plan-economico-y-fiscal-de-abelardo-de-la-espriella-revivira-la-industria-petrolera-y-r</a></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Al respecto, véase: El Colombiano (2025<em>)</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Creo que un hecho que ejemplifica esta idea y nos permite comprenderla aún mejor es lo que ocurre en el departamento del Caquetá, sobre todo en el sector rural y la industria ganadera. La sensación de cansancio e impotencia generada por los continuos condicionamientos y “controles” por parte de grupos insurgentes en la producción ganadera, ha herido la percepción sobre la seguridad y la presencia del Estado en esos territorios. El hecho que en la primera vuelta presidencial se haya registrado una votación considerable a favor del candidato A. De la Espriella debe leerse como una señal de agotamiento ante el sometimiento de estas prácticas. Como vemos, se trata de “una” herida singular lo suficientemente profunda, dolorosa e imperecedera que llevó a los sufragantes de este departamento tomar ese hecho particular como la razón máxima de motivación a su elección.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Entiendo por <em>discurso patriotista </em>como el conjunto simbólico que define quién hace parte de la identidad filial que se cobija bajo la noción de “patria”, teniendo en cuenta su raíz latina <em>pater-patris</em> que significa padre.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131613</guid>
        <pubDate>Tue, 28 Jul 2026 15:37:02 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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        <item>
        <title>La Suite del Despertar. La guerra y la paz en el Delia.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-suite-del-despertar-la-guerra-y-la-paz-en-el-delia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Fui al Centro Nacional de las Artes invitado a ver una nueva coproducción de Umbral Teatro y el Centro Nacional de las Artes de Umbral Teatro. Como suele ocurrir con las experiencias más memorables, llegué desprevenido y salí acompañado de preguntas que todavía me siguen rondando la cabeza. La Suite del Despertar, escrita y dirigida [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Fui al Centro Nacional de las Artes invitado a ver una nueva coproducción de Umbral Teatro y el Centro Nacional de las Artes de Umbral Teatro. Como suele ocurrir con las experiencias más memorables, llegué desprevenido y salí acompañado de preguntas que todavía me siguen rondando la cabeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La Suite del Despertar</em>, escrita y dirigida por Carolina Vivas Ferreira, encuentra una ruta poco transitada para hablar del conflicto colombiano y de los diez años transcurridos desde la firma del Acuerdo de Paz de La Habana. No busca convencernos de nada, no intenta funcionar como una consigna política ni como una celebración acrítica del proceso, tampoco cae en la tentación de convertir el dolor nacional en una colección de cifras o estadísticas. Hace algo mucho más complejo: devuelve los rostros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante años hemos conocido la guerra a través de informes, titulares, mapas, porcentajes y balances. Sabemos cuántos muertos hubo, cuántos desplazados, cuántos secuestrados, cuántas víctimas. Sabemos las dimensiones de la tragedia. Lo que a veces olvidamos es que detrás de cada número existió una persona concreta, una familia, una comunidad, una historia interrumpida. <em>La Suite del Despertar</em> trabaja precisamente sobre esa ausencia y por eso pone en el centro a los civiles, los grandes perdedores de todas las guerras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No a los comandantes, no a los estrategas, no a los dirigentes políticos que negocian o rompen acuerdos desde la distancia. La obra mira a quienes han tenido que sobrevivir durante décadas entre guerrillas, paramilitares, grupos armados, narcotráfico, ausencias estatales y múltiples formas de violencia. Allí radica buena parte de su fuerza, en la decisión de observar el conflicto desde abajo, desde quienes han soportado las consecuencias sin haber tomado las decisiones.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="1000" height="666" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/Ensayo-Suite-del-Despertar-2-Foto-de-Milton-Ochoa-1.jpg" alt="" class="wp-image-131397" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Ensayo-Suite-del-Despertar-2-Foto-de-Milton-Ochoa-1.jpg 1000w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Ensayo-Suite-del-Despertar-2-Foto-de-Milton-Ochoa-1.jpg?resize=300,200 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Ensayo-Suite-del-Despertar-2-Foto-de-Milton-Ochoa-1.jpg?resize=768,511 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras observaba la puesta en escena pensaba inevitablemente en estos diez años transcurridos desde 2016. Pensaba en aquel plebiscito que dividió al país, en las esperanzas y temores que despertó el acuerdo, en las discusiones interminables que todavía hoy siguen ocupando espacios políticos y mediáticos. También pensaba en algo más incómodo. Han pasado gobiernos de derecha y de izquierda, han llegado proyectos políticos que se presentaban como antagónicos y representantes de visiones completamente distintas de Colombia. Sin embargo, para muchos territorios golpeados por la violencia, la sensación sigue siendo que los acuerdos quedaron atrapados entre disputas ideológicas, prioridades cambiantes e incumplimientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La derecha cuestionó aspectos fundamentales de la implementación. La izquierda llegó prometiendo una nueva etapa para la paz y tampoco logró transformar de manera decisiva las condiciones estructurales que siguen alimentando la violencia en muchas regiones. Mientras tanto, en demasiados lugares del país la guerra simplemente cambió de nombre, de uniforme o de bandera. La obra no esquiva esa realidad. Por el contrario, parece preguntarse qué ocurrió con aquella oportunidad histórica que Colombia tuvo en sus manos y, sobre todo, por qué seguimos atrapados en ciclos tan extraños y persistentes de violencia, ciclos que parecen terminar para luego reaparecer bajo nuevas formas, ciclos que se heredan de una generación a otra y que, en ocasiones, dan la impresión de ser eternos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay escenas que condensan esa reflexión de manera extraordinaria. En una de ellas, un niño campesino interpreta su cuatro mientras alrededor suyo aparece la posibilidad de la guerra. La música y el reclutamiento conviven en el mismo espacio. El arte y las armas se disputan el futuro de un muchacho que simplemente debería estar creciendo, estudiando o tocando su instrumento. La escena es devastadora precisamente porque no necesita explicarse. Resume décadas enteras de la historia colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otro momento, una mujer cuida a un paramilitar como si estuviera cuidando al hijo que perdió en la guerra. Allí desaparecen las respuestas fáciles. El dolor se vuelve más complejo que cualquier consigna política. La compasión se mezcla con la memoria y la tragedia humana aparece en toda su dimensión. Son imágenes que permanecen mucho después de terminada la función y quizás esa sea una de las mayores virtudes de Carolina Vivas y de todo el equipo creativo. Entienden que la función del teatro no es reemplazar a los historiadores, a los periodistas o a los centros de memoria. Su trabajo consiste en devolverle humanidad a los hechos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una conversación posterior a la función, la directora me explicaba que el punto de partida del montaje fue estudiar cuidadosamente qué había ocurrido durante esta década de implementación de los acuerdos, cuáles habían sido los avances, cuáles los obstáculos y cómo esos procesos habían impactado la vida cotidiana de las personas comunes. Porque la verdadera pregunta nunca ha sido únicamente qué pasó con la paz. La pregunta es qué pasó con la gente, con quienes siguieron viviendo en los territorios, con quienes enterraron a sus muertos, con quienes continúan esperando que el Estado llegue de manera efectiva y con quienes sobrevivieron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta aparece fragmentada a lo largo de la obra, construida mediante testimonios, literatura, danza, música en vivo, coros y una puesta en escena visualmente poderosa. La propia directora ha señalado que existe un diálogo con el <em>Guernica</em> de Picasso, particularmente desde la fragmentación, la composición espacial y la construcción visual de la escena. Sin embargo, más allá de cualquier referencia estética, lo que termina imponiéndose es la presencia de los seres humanos que habitan el escenario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y especialmente la presencia de las mujeres. Las mujeres que sostienen las familias cuando todo se derrumba, las mujeres que cargan la memoria, las mujeres que mantienen vivas las comunidades y las mujeres que reconstruyen el tejido social después de cada ola de violencia. <em>La Suite del Despertar</em> es, en muchos sentidos, una obra sobre ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También merece una mención especial la música en vivo, que acompaña el recorrido emocional de manera notable. No funciona como un simple complemento sino como una voz adicional dentro del relato.  El resultado es una experiencia profundamente emotiva que evita tanto la solemnidad excesiva como la simplificación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo más valioso es que la obra nunca pierde de vista quiénes han pagado el precio más alto. Si algo hemos aprendido los colombianos después de tantas décadas de conflicto es que la fuerza bruta de distintos ejércitos, con distintas banderas y diferentes discursos, terminó demasiadas veces cayendo sobre la misma población. Secuestros, desplazamientos, reclutamientos forzados, violaciones, masacres, desapariciones, abusos y miedo forman parte de la experiencia de millones de ciudadanos que quedaron atrapados en medio de una guerra que rara vez consultó su voluntad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aun así, el país sigue produciendo resistencias. Sigue produciendo comunidades capaces de reconstruirse, mujeres capaces de sostener la vida cuando todo parece perdido y artistas capaces de convertir el dolor en preguntas. Por eso resulta tan importante que el Centro Nacional de las Artes impulse una creación como esta. También por eso sería deseable que la obra pudiera viajar por el país, encontrarse con públicos de municipios que han vivido directamente muchas de las historias que aparecen representadas en escena. Estoy convencido de que tendría una recepción poderosa en territorios donde la memoria del conflcito no es un tema de debate sino una experiencia cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Salí de la función pensando que quizás la pregunta más difícil no es qué ocurrió durante estos diez años después de La Habana. La pregunta es otra: por qué seguimos regresando a la violencia una y otra vez, por qué los ciclos de nuestra guerra parecen resistirse a terminar y cuánto más tendremos que esperar para que un niño campesino pueda seguir tocando su cuatro sin que nadie vuelva a ofrecerle la guerra como destino.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Información para asistir</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Suite del Despertar</strong><br><strong>Sala Delia Zapata – Centro Nacional de las Artes</strong><br>Calle 11 # 5-60, Bogotá.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Temporada:</strong> del 16 al 26 de julio de 2026.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Funciones:</strong> jueves, viernes y sábado a las 7:30 p.m. y domingos a las 5:00 p.m.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131386</guid>
        <pubDate>Tue, 21 Jul 2026 17:53:34 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La Suite del Despertar. La guerra y la paz en el Delia.]]></media:description>
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        <title>Contra la censura</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/contra-la-censura/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay una escena que se repite con una puntualidad admirable: alguien convencido de que un libro es demasiado peligroso para circular libremente. Cambian los imperios, las sotanas, los uniformes y los algoritmos. Cambia incluso el vocabulario. Ya casi nadie habla de herejías; ahora se habla de contenidos sensibles. Pero el impulso sigue siendo exactamente el [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
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<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que se repite con una puntualidad admirable: alguien convencido de que un libro es demasiado peligroso para circular libremente. Cambian los imperios, las sotanas, los uniformes y los algoritmos. Cambia incluso el vocabulario. Ya casi nadie habla de herejías; ahora se habla de contenidos sensibles. Pero el impulso sigue siendo exactamente el mismo: administrar la imaginación ajena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El poder siempre ha sospechado de las bibliotecas. Y con razón. Una biblioteca es un lugar donde la autoridad pierde el monopolio de la conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de la censura es, en el fondo, la historia de gobernantes que sobreestimaron el poder de prohibir y subestimaron el de la curiosidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 213 a. C., el primer emperador de China, Qin Shi Huang, ordenó quemar libros y enterrar vivos a centenares de eruditos confucianos. El objetivo era elegante en su brutalidad: si desaparecía el pasado, el presente sería incuestionable. Dos mil doscientos años después seguimos leyendo a Confucio. Del emperador apenas recordamos que le tenía miedo a los libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1559, la Iglesia publicó el <em>Index Librorum Prohibitorum</em>, una lista de obras cuya lectura podía costarle a un católico algo más que una discusión familiar. Allí terminaron Copérnico, Galileo, Descartes, Voltaire, Rousseau, Kant y decenas de autores cuya mayor insolencia había sido pensar por cuenta propia. El índice sobrevivió más de cuatro siglos. Fue abolido en 1966. Los libros sobrevivieron bastante mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La obsesión nunca fue únicamente religiosa. Las llamadas brujas no sólo fueron víctimas del delirio sobrenatural. Muchas eran mujeres que conservaban conocimientos sobre medicina, botánica, partos o anticoncepción fuera del control de las universidades, casi exclusivamente masculinas, y fuera del monopolio eclesiástico. El problema no era la escoba; era la autonomía. Toda autoridad desconfía de quien sabe algo que ella no certificó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después llegó la Revolución Francesa y el miedo cruzó el Atlántico hablando francés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Corona española comprendió muy temprano que una imprenta podía ser más subversiva que un cuartel. En la Nueva Granada, los funcionarios revisaban baúles, inspeccionaban cargamentos y perseguían traducciones. No era paranoia: Rousseau, Montesquieu, Voltaire, Diderot, Paine y los enciclopedistas estaban enseñando algo insoportable para cualquier imperio: que la autoridad también podía discutirse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras los barcos transportaban cacao, tabaco y oro, entre sus tablas viajaban ejemplares clandestinos de <em>El contrato social</em> o de <em>Los derechos del hombre</em>. La independencia latinoamericana no empezó con un grito. Empezó con una lectura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una ironía deliciosa en todo esto: España logró controlar puertos, aduanas y periódicos, pero nunca consiguió controlar el acto más peligroso de todos. Un lector solo con una vela encendida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La censura tiene además una virtud extraordinaria: envejece peor que aquello que intenta destruir.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Madame Bovary</em> fue llevada a juicio por inmoral. <em>Ulises</em> fue declarado obsceno. <em>Lolita</em> fue prohibida en varios países. <em>1984</em> ha sido censurada tanto por gobiernos comunistas como por gobiernos anticomunistas, un privilegio reservado únicamente para los grandes libros: incomodar a bandos enemigos al mismo tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso desconfío de quienes imaginan la censura como una reliquia del siglo XX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy casi nadie necesita una hoguera. Es mucho más eficiente fabricar consenso. No hace falta prohibir un libro si puede convencerse a una editorial de no reeditarlo, a una universidad de no enseñarlo, a una plataforma de no recomendarlo o a miles de personas de que leerlo constituye una falta moral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una censura infinitamente más sofisticada porque, además, consigue que quienes la ejercen crean estar ampliando libertades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las últimas dos décadas han perfeccionado una forma particularmente moderna de inquisición. Ya no siempre se queman libros; se queman reputaciones. Autores como J. K. Rowling, Woody Allen o Junot Díaz han terminado atrapados, por razones muy distintas entre sí, en un tribunal permanente donde el veredicto suele anteceder al juicio y la condena casi nunca admite apelación. No estoy diciendo que las críticas sean ilegítimas. Al contrario: toda figura pública debe poder ser cuestionada. Lo inquietante es otra cosa. Que cada vez con más frecuencia el objetivo no sea debatir una obra, sino volverla ilegible; no sea refutar una idea, sino convertirla en un objeto tóxico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las tribus contemporáneas han heredado un viejo reflejo inquisitorial: ya no preguntan qué escribió alguien, sino si todavía está permitido leerlo. Cambian los dogmas, pero permanece intacto el placer de confeccionar listas de autores permitidos y autores prohibidos. Toda época fabrica su propio <em>Index</em>; la nuestra tiene mejor diseño gráfico y conexión a internet.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso en Woody Allen. Recomendar <em>Cassandra&#8217;s Dream</em> no equivale a emitir un fallo judicial sobre su director. Del mismo modo que leer a Céline no convierte a nadie en antisemita ni admirar a Caravaggio obliga a defender que asesinara a un hombre. Si sólo aceptáramos obras producidas por seres moralmente impecables, nuestras bibliotecas cabrían en una servilleta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sin embargo, tampoco me convence esa consigna tan repetida de &#8220;separemos la obra del autor&#8221;. Nunca he sabido muy bien qué significa. Las obras no caen del cielo; las escriben personas, con todas sus contradicciones, miserias, virtudes y zonas oscuras. Quizá la propuesta deba ser otra: no separar la obra del sujeto, sino dejar de exigir sujetos perfectos para poder acercarnos a una obra. La literatura, el cine y el arte son, entre muchas cosas, registros de la complejidad humana. Si esperamos impecabilidad moral como requisito para leer, terminaremos leyendo muy poco y entendiendo todavía menos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sujetos perfectos, hasta donde sé, sólo los ángeles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y todavía no conozco al primero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablando de política, siempre me ha parecido que nos preocupan demasiado los individuos y demasiado poco las ideas. Discutimos nombres propios como si fueran el centro de la historia, cuando casi siempre son las ideas las que sobreviven a quienes las encarnan. Los caudillos pasan. Las ideologías mutan. Los partidos cambian de color. Pero las ideas permanecen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay ideas que vale la pena defender incluso cuando resultan incómodas. No porque sean de izquierda o de derecha, sino porque hacen posible que existan todas las demás. La libertad de pensar. La libertad de leer. La libertad de amar. La libertad de sentir. La libertad de decir &#8220;no estoy de acuerdo&#8221;. Son ideas frágiles. La historia demuestra que nunca desaparecen de golpe; se erosionan lentamente, una concesión a la vez, una prohibición razonable a la vez, una excepción bien intencionada a la vez. Quizá por eso merecen ser defendidas con tanta convicción como se defendieron alguna vez las plazas o las fronteras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Roberto Bolaño desconfiaba de las personas demasiado buenas. Siempre me pareció una intuición brillante. Los monstruos rara vez se presentan como monstruos; suelen llegar convencidos de ser la gente más decente de la habitación. Lo demasiado bueno termina siendo peligrosamente lejano de lo humano. Y cuando alguien cree representar el bien absoluto, la conversación deja de tener sentido. Sólo queda la pedagogía de la prohibición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso me resulta tan sugerente que Dua Lipa haya impulsado una biblioteca dedicada exclusivamente a libros censurados. El gesto importa porque recuerda algo elemental: una democracia no se mide por los libros que celebra, sino por los libros que tolera aunque le resulten incómodos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así que quisiera proponer un pequeño acto de desobediencia intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leamos a los censurados. Leamos a los condenados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leamos a quienes una iglesia quiso esconder, a quienes un emperador quiso borrar, a quienes una dictadura prohibió y también a quienes una multitud decidió cancelar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No para darles la razón. No para absolverlos. Sino para conservar intacto el derecho más importante que tiene un lector: decidir por sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de todo, la mejor reseña de un libro nunca ha sido una faja editorial ni un premio literario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es descubrir que, en algún momento de la historia, alguien con suficiente poder sintió la necesidad de esconderlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque toda censura termina siendo una confesión involuntaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No habla de la peligrosidad de un libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Habla de la fragilidad de quien necesita prohibirlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130909</guid>
        <pubDate>Tue, 30 Jun 2026 19:28:34 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Contra la censura]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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        <item>
        <title>Un escritor colombiano tras los pasos de “La Diabla”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/un-escritor-colombiano-tras-los-pasos-de-la-diabla/</link>
        <description><![CDATA[<p>“La diabla del clan es una radiografía descarnada de esa Colombia a la que a nadie le importa”, me dice desde Italia el escritor Jacobo Solano. Un relato trepidante basado en hechos reales. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<ul class="wp-block-list">
<li class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-12"><em><strong>“Paula Gómez Meza no nació mala. La violencia la parió en un rincón olvidado del sur del Cesar, al norte de Colombia, donde ser pobre ya es una sentencia, y ser mujer un castigo adicional”: De la novela </strong></em><strong>La diabla del clan.  </strong></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-13"><em><strong>“Su nombre comenzaba a sonar al lado de leyendas criminales como Griselda Blanco o personajes de ficción como Rosario Tijeras”.</strong></em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mezcla de vallenato y guajiro, el escritor Jacobo Solano está emparentado con el Nobel Gabriel García Márquez por línea paterna, ya que su abuela Rosa Solano Cotes, nacida en Barrancas, La Guajira, era prima segunda de Luisa Santiaga Iguarán Cotes, la mamá de Gabo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solano ha escrito su propia crónica de una muerte anunciada: la de alias&nbsp;<em>La diabla</em>, cuyo nombre real era Zaida Andrea Sánchez Polanco. En “La Diabla del Clan” se llama&nbsp;Paula Gómez Meza o Karla Fonseca, su identidad falsa tras el crimen de una familia de cristianos en Aguachica, Cesar, en 2024.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por este thriller de suspenso, se mueven impunes coroneles, fiscales, comandantes de policía y agentes de la DIJIN. Ocurren&nbsp;extorsiones, testaferrato, ajuste de cuentas,&nbsp;sicariato, abigeato, fleteos, sobornos…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al principio, <em>La Diabla</em> se gana la vida en un hotel de mala muerte. <em>“… la mayoría de los clientes eran hombres sucios, de mirada lasciva. Algunos la miraban como si fuera parte del menú”. </em>Con la llegada de su único hijo, le toca vivir en una funeraria, <em>“rodeada de espíritus y sonidos extraños”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pronto se convierte <em>“en una figura de peso en los alto círculos de Aguachica”</em>. De cobrar a los deudores del <em>gota a gota</em>, pasa a amedrentar camioneros que cruzan por la Ruta del Sol y termina asaltando bancos, carros de Valores, casas, bodegas arroceras… No se le olvida que quiere vengarse del médico que la violó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su madre se pierde entre la bebida y los hombres. Su abuela hechicera, en cuya casa tiene un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús colgado al revés, reza a Paula para protegerla de todo mal <em>“mientras le lavaba el cabello con chirrinchi bendito traído de la Sierra Nevada”,</em> porque así, le dice, ninguna bala la atravesará.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dueña de una camioneta blindada de 700 millones, viaja en jet privado por el Caribe, alardeando de su riqueza. La mujer que antes dormía en el piso ahora viste prendas de diseñador. Crecen su prontuario y su amor por el dinero fácil.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em><strong>“La política es la peor mafia que hay”:</strong> Jacobo Solano, escritor.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Fiestas, amigos nuevos y prostitución de lujo conforman su nuevo mundo. La que empezó siendo prestamista, anhela ser comandante del Clan del Golfo y al mezclarse con los clanes políticos cambia de ambición: quiere ser alcaldesa de Gamarra, su pueblo natal.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-14 wp-block-paragraph"><em><strong> “El control político era esencial. Tenían que entregar el dinero acordado a alias El Aborigen y a Lizardo Cure, dos operadores políticos que andaban desesperados por financiar la maquinaria electoral: pagar líderes, comparar votos, asegurar la logística y, sobre todo, sobornar a la Registraduría”.</strong></em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-15 wp-block-paragraph"><strong><em>“… se movía en camionetas de lujo, manejaba préstamos con intereses del 15%, lavaba dinero a través de comerciantes de restaurantes y textiles, empeñaba casas y autos, y representaba a </em>El Calvo<em> en proyectos inmobiliarios”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Alías <em>El Calvo, </em>personaje clave en la trama, la conecta con la industria del microtráfico y <em>La Oficina</em>, la estructura criminal heredera de la guerra contra Pablo Escobar. Ante los políticos, <em>El Calvo</em> es un exitoso empresario, no un mafioso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lista de alías es amplía: El Gordo Elías, El Alacrán, Soldado, La Baby, alias Miller La Loba, Los Gatos. El Socio, La Barbi John Mechas, de las disidencias de las FARC; El Duende, El Ranas, emisario del cartel de Sinaloa en pugna con el Cártel de Jalisco, El Aborigen, Fresita y Chirrete Malo, máximo comandante del clan del Golfo. La novela atraviesa escenarios de la región Caribe para mostrarnos cómo operan las bandas criminales y su lucrativo negocio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El autor me cuenta:&nbsp;<em>“Muchos hechos son reveladores. Por ejemplo, en estas páginas cuento cómo es la relación de los protagonistas con la brujería y la santería, el modus operandi de las bandas del narcotráfico en conexión con estamentos políticos, militares y judiciales. Cómo funciona el clan del Golfo por dentro y quiénes son sus aliados en el exterior. Las rutas del narcotráfico y su salida desde Colombia, y cómo opera la logística desde el laboratorio hasta el puerto de embarque, incluyendo los métodos violentos que usan para alcanzar sus objetivos”.</em>&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para <em>La Diabla </em>“<em>los hombres parecían juguetes, de los cuales se aburría y los tiraba”</em>. Sus palabras son las de una mujer ruda. <em>“Yo no amo. Yo sobrevivo. Y en esta vida, el que ama se muere, por eso, mejor no amar, sino vivir”. </em>Con visos cinematográficos, la novela narra cómo se deshace de uno sus amantes para reemplazarlo en la cama por su guardaespaldas. <em>“Lo besó por todo el cuerpo, recorriéndolo con la lengua como si quisiera memorizarlo a ciegas”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de las 209 páginas, el lector conocerá el idioma cifrado del hampa: Un fleteo es una consignación, y así otros ejemplos: <em>Yo le doy piso, el celular ya está en su caja, una ropita para lavar, mover panelas, ya el pez está en el agua, entregar los dulces, cargar la piñata…</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Como artista, —dice Solano— quiero dejarle un mensaje a las nuevas generaciones: en el bajo mundo no hay nada bueno para ustedes”.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">La novela La diabla del clan puede adquirirse a través de Amazon. <a href="https://amzn.eu/d/09RTsB5E" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://amzn.eu/d/09RTsB5E</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130780</guid>
        <pubDate>Fri, 26 Jun 2026 14:14:57 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Un escritor colombiano tras los pasos de “La Diabla”]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <title>Mañana seremos un solo país</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/manana-seremos-un-solo-pais/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hoy es día de elecciones. Mañana será otro día. Y ojalá sea el día en que recordemos que, más allá de las diferencias, nos toca seguir siendo un mismo país. Y esa no es una mala noticia. Colombia es una nación de innumerables riquezas, de enormes capacidades y de una resiliencia que pocas sociedades tienen. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hoy es día de elecciones. Mañana será otro día. Y ojalá sea el día en que recordemos que, más allá de las diferencias, nos toca seguir siendo un mismo país. Y esa no es una mala noticia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia es una nación de innumerables riquezas, de enormes capacidades y de una resiliencia que pocas sociedades tienen. Hoy llegamos a una elección en la que Abelardo de la Espriella aparece como el candidato más opcionado. Sin embargo, estamos viendo una contienda extraordinariamente cerrada, cercana al empate técnico, algo que resulta significativo por muchas razones complejas. La izquierda llega a este momento con una posibilidad real de triunfo. Durante estos cuatro años tuvo una oportunidad única de gobernar y, más allá de los balances que cada ciudadano haga de ese periodo, hay algo que resulta evidente: logró conectar con una parte muy importante de la sociedad colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En primera vuelta fueron cerca de diez millones de personas. Hoy, con seguridad, serán más. Alguna fibra profunda del pueblo colombiano tocó Gustavo Petro, el progresismo y, ahora, esa misma corriente encuentra continuidad en la figura de Cepeda, un hombre que además carga una historia profundamente ligada a la izquierda colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mí me produce una sensación de justicia histórica y humana que hoy Cepeda, hijo de un padre asesinado por hacer política, sea el candidato de un sector amplio del país. Eso es un triunfo de la democracia. Es la demostración de que las armas no lograron silenciar las ideas. Independientemente de si somos de izquierda, de centro o de derecha, eso es algo que deberíamos celebrar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ciertos sectores de la izquierda persiste una idea antigua y compleja: la lucha de clases. Pero la Colombia de hoy no parece explicarse por esa lógica. Si los más de diez millones de votantes de Abelardo de la primera vuelta fueran ricos, seríamos Suiza. No lo somos. Con él votan hombres y mujeres de todos los sectores sociales, de todas las regiones, de todas las realidades económicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra división no es entre ricos y pobres. Es más profunda y más compleja. Cruza familias, amistades y generaciones. Está presente entre hermanos, compañeros de trabajo y vecinos. Pero quizás eso tampoco sea tan malo. Lo que demuestra es que nuestro viejo bipartidismo, transformado y reinventado, sigue vivo a través de nuevas identidades políticas, nuevas emociones colectivas y nuevos liderazgos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y precisamente porque la diferencia atraviesa a todos los colombianos, mañana tendremos que volver a encontrarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque mañana seremos un solo país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sabemos quién ganará hoy. Puede ser Cepeda. Puede ser Abelardo. Lo que sí sabemos es que mañana el reto será el mismo para cualquiera de los dos: gobernar una nación profundamente diversa, con enormes desafíos y también con oportunidades extraordinarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenemos cinco fortalezas macroeconómicas que deberían llenarnos de optimismo. La primera es nuestra diversidad productiva: pocas economías de la región cuentan con una combinación tan amplia de agricultura, servicios, industria, energía y recursos naturales. La segunda es nuestra ubicación estratégica, con acceso a dos océanos y una posición privilegiada para integrarnos a las cadenas globales de comercio. La tercera es la estabilidad institucional y macroeconómica que, con dificultades y errores, Colombia ha construido durante décadas. La cuarta es nuestro potencial energético y de transición hacia nuevas economías sostenibles. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A todo esto se suma una oportunidad histórica que no durará para siempre: nuestro bono poblacional. Colombia todavía cuenta con una población mayoritariamente joven, con millones de personas en edad de trabajar, emprender, innovar y producir. Si somos capaces de ofrecer educación de calidad, empleo formal y oportunidades reales, podremos sacar a millones de colombianos de la pobreza y acelerar nuestro desarrollo durante las próximas décadas. Además, la reducción de la tasa de natalidad abre una ventana de oportunidad adicional: hogares con menos hijos pueden concentrar más recursos en educación, salud, nutrición y bienestar, generando mayores posibilidades de movilidad social y prosperidad para las nuevas generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También tenemos una ventaja ambiental única. Somos uno de los países más biodiversos del planeta. En un mundo que busca soluciones sostenibles, Colombia puede convertirse en una potencia ambiental, científica y turística.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si algo logró posicionar el gobierno Petro fue una idea poderosa: Colombia como el país de la belleza. Más allá de los eslóganes, existe una realidad innegable. Tenemos montañas, selvas, mares, cultura, gastronomía, música y una diversidad humana extraordinaria. El turismo global apenas comienza a descubrir el potencial de Colombia. Allí existe una fuente inmensa de crecimiento económico, empleo y oportunidades para regiones históricamente olvidadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero quizá nuestra mayor riqueza no está en nuestros paisajes ni en nuestros recursos. Está en nuestra gente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Basta observar cuántos colombianos, provenientes de todos los orígenes posibles, ocupan posiciones destacadas en universidades, empresas, centros de investigación, organizaciones internacionales y escenarios culturales alrededor del mundo. El talento colombiano es reconocido mucho más allá de nuestras fronteras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso hay razones para tener esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la esperanza somos nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mañana volveremos a ser un solo país. Un país imperfecto, dividido, apasionado y muchas veces contradictorio. Pero también un país con todas las posibilidades de construir un mejor futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero llamado, gane Cepeda o gane Abelardo, es trabajar para que Colombia sea un lugar más justo, menos desigual, más plural, más democrático y más próspero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones terminan hoy. El país continúa mañana.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130662</guid>
        <pubDate>Sun, 21 Jun 2026 18:00:14 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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