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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 21 Sep 2026 02:00:58 +0000</lastBuildDate>
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	<title>You searched for el+poder+de+las+palabras | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Abelardo y la prensa cortesana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/abelardo-y-la-prensa-cortesana/</link>
        <description><![CDATA[<p>El presidente graduó a unos medios de “amigos”, dando a entender que otros son enemigos, como si pretendiera diezmar el poder del “cuarto poder”. Cualquier amenaza a la libertad de prensa, se combate con un periodismo capaz de irritar a los poderosos, no de confabularse con ellos. ¿Estamos en la era del periodismo low-cost?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph"><em>“En el entorno político actual hay una falta de respeto por la independencia de la prensa. Y hay una disposición a atacar a los periodistas por informar. Todo ello contribuye a formar un ambiente aterrador para los periodistas y las fuentes”:</em> <strong>Ronald Farrow, Premio Pulitzer al Servicio Público (2018).</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Amanecimos con la noticia de que no hay noticias, porque están prohibidas las ruedas de prensa en este gobierno. Si eso no es obstrucción al periodismo, ¿Qué es?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una agresión evidente contra la prensa y un saboteo al derecho a la información. &nbsp;¿Por qué el país no está conversando sobre esto? ¿Por qué algunos opinadores, siendo periodistas, parecen estar del lado del poder y no de la prensa?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ciertos columnistas de El Tiempo, por ejemplo, parecen más bien asesores de imagen del presidente Abelardo De la Espriella, cual cortesanos. Tres botones para la muestra, porque el espacio es corto para juntarlos a todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una de sus columnas, la abogada María Isabel Rueda, experiodista ella, en lugar de defender a la prensa de los atropellos del presidente, le manda a decir -palabras más, palabras menos- que su éxito consistirá en comunicar bien los mensajes. Y le recuerda que para eso está el periodismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claro, como si la prensa fuera la bella Cenicienta del poder, esa cohorte que aplaudía al rey, incluso cuando el rey era indigno de aplausos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si Bob Woodward y Carl Bernstein se hubiesen comportado como lisonjeros, el caso Watergate sobre espionaje político no habría existido, y el presidente Richard Nixon jamás habría sido obligado a dimitir. <em>“Los buenos ganaron”,</em> resumió un periodista de la época. The Washington Post alentó a sus reporteros a bucear en las alcantarillas. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si <strong>El Espectador</strong> no hubiese investigado y denunciado los malos manejos del Grupo Grancolombiano en los años 80, ese crimen financiero habría quedado impune y los culpables libres, haciendo fiesta con el dinero de los ahorradores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa debe recordarse como lo que es: una de las grandes gestas del periodismo colombiano. Don Guillermo Cano enseñó que se puede ejercer un periodismo aséptico e incorruptible. Sabemos el precio que pagó por estar del lado correcto. La única forma de honrar su memoria y valentía es a través de un periodismo confiable, responsable y ético. Son las tres armas del buen periodista. Saltarse cualquiera, significa amputar el alma del oficio: la confianza del público. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos acercamos peligrosamente a una especie de <em>periodismo de bajo costo (low-cost</em>); es decir, sin principios, sin ética, alejado de las buenas prácticas y despojado de todo aquello que es la razón de ser de la prensa: la conciencia crítica y moral de una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro oficio no existe para ser vil, sino para servir de escudo a la sociedad ante los excesos del gobernante de turno. De eso hablamos cuando hablamos de periodismo independiente. Lo demás ¿es periodismo o habrá que redefinir qué entendemos por periodismo hoy?</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong><em>“Al gobierno le conviene mantener una permanente conversación, diálogo e interlocución con los distintos sectores del país, incluyendo, claro, a los productivos, y una buena forma es que sea a través del periodismo”,</em> </strong>afirma la periodista María Isabel Rueda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo es un contrapoder, a diferencia del columnismo que suele utilizarse como trinchera ideológica para defender a unos y atacar a otros; es decir, para ejercer el activismo y la oposición de manera simultánea, a veces con más rabia y sesgo que rigor y seriedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rueda hace gala de una supuesta independencia: <em>“&#8230;los que informamos y opinamos quedaríamos heridos en la credibilidad, nuestro más valioso patrimonio”.</em> Queda muy mal parada cuando, varias líneas después, sugiere que unos ministros <em>“deben hablar mucho y otros muy poco”</em>. Como quien dice: este de aquí que se calle y el de allá que hable por los demás. Leer para creer.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Baste decir que hace rato la señora María Isabel dejó de informar para dedicarse a pontificar sobre lo divino y lo mundano, poniendo en evidencia sus malquerencias políticas. No es la única que cumple bien su papel de cortesana. Desde las páginas de El Tiempo la acompañan Juan Lozano y Mauricio Vargas, cada cual desde su esquina. El doctor Lozano usa su editorial en La FM para hablar como el expolítico que es, aunque nunca se sabe cuánto tiempo le falta para regresar a esas lides o, aún mejor, ingresar a la cómoda vida diplomática, como su abuelo, Juan Lozano y Lozano, quien fue político, periodista, militar y poeta.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Rueda, Vargas y Lozano fueron opositores despiadados durante el gobierno de Petro y ahora actúan como benefactores en el de Abelardo. Ojalá en alguna facultad de comunicación se tomen el trabajo de poner a los estudiantes a analizar el mal llamado “periodismo de opinión” en Colombia. Empecemos por enseñarles que el activismo que muchos ejercen desde las páginas editoriales de los periódicos, incluso desde la radio y la televisión, no es periodismo, por más que utilicen los mismos vehículos para difundirse.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3"><strong>La prensa es la conciencia crítica y moral de una sociedad.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">​En su columna dominical “Optimismo sí, pero bien informado”, no hay un solo reproche de María Isabel Rueda al gobierno del “Tigre” por la forma solapada como se impone la censura de prensa en Colombia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Recoge<a href="https://www.elespectador.com/politica/esta-es-la-directiva-del-gobierno-de-la-espriella-para-tratar-con-medios-de-comunicacion/#google_vignette" data-type="link" data-id="https://www.elespectador.com/politica/esta-es-la-directiva-del-gobierno-de-la-espriella-para-tratar-con-medios-de-comunicacion/#google_vignette"> <strong>El Espectador</strong></a><strong>: </strong><em>“Según lo investigado por este medio, el Gobierno&nbsp;“determinó que no se den ruedas de prensa ni entrevistas a medios que no sean ‘amigos’, salvo que sea para un tema estratégico y previamente autorizado por la presidencia. Asimismo, se le comunicó a los asistentes a la reunión que durante los eventos, recorridos, inspecciones, en donde haya presencia de los medios de comunicación,&nbsp;los ministros solamente podrán dar una declaración (buscando que sea lo más completa posible) pero sin lugar a preguntas”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma semana en que <a href="https://es.euronews.com/2026/09/20/trump-niega-el-acceso-a-la-casa-blanca-a-periodistas-de-cnn-ms-now-y-politico" data-type="link" data-id="https://es.euronews.com/2026/09/20/trump-niega-el-acceso-a-la-casa-blanca-a-periodistas-de-cnn-ms-now-y-politico">Donald Trump les negó el acceso a la Casa Blanca a periodistas de CNN, MS NOW&#8217;y Político</a>, en Colombia el director del DANE fue echado del puesto <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/despido-en-el-dane-abelardo-pone-la-obediencia-y-el-relato-por-encima-del-dato/" data-type="link" data-id="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/despido-en-el-dane-abelardo-pone-la-obediencia-y-el-relato-por-encima-del-dato/">por  incumplir la directiva presidencial que les prohíbe a los altos funcionarios suministrar información a la prensa.</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">En un texto titulado <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/70-anos-despues-surge-una-nueva-hipotesis-las-llamas-del-fascismo-en-bogota" data-type="link" data-id="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/70-anos-despues-surge-una-nueva-hipotesis-las-llamas-del-fascismo-en-bogota">“Las llamas del fascismo en Bogotá”</a>, Guillermo Pérez Flórez nos recuerda que las dictaduras empiezan por aniquilar a la oposición y silenciar a la prensa.&nbsp;Esto escribió en 2022 sobre el fatídico día de 1952 en que ardieron los edificios de <strong>El Espectador </strong>y El Tiempo en la capital. <em>“Para algunos sacerdotes, los liberales eran masones, comunistas y ateos, y su eliminación física era legítima”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En pleno siglo XX no hay que llegar a tales extremos. Basta con poner en la calle a cualquier periodista entrometido. Callarlo o arrinconarlo, sin necesidad de eliminarlo. Está pasando. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y lo más grave es que el gobierno de Abelardo De la Espriella ya logró consolidar una mayoría aplastante en el Congreso, con el respaldo de 186 de las 286 curules que conforman el Senado y la Cámara. Así, cualquier caprichito del señor presidente sería “pan comido”. Ojalá y no.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4"><strong>El buen periodismo no se tapa la nariz, ni sirve de alfombra para que el presidente pisotee a la prensa.   </strong></h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>​Las víctimas del régimen</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Podríamos hacer un retrato <em>havladdo</em> de las primeras víctimas de la censura oficial en el primer año del Tigre; de seguir así, la lista crecerá antes de Navidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los episodios sobre la salida de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo de Blu Radio, más la echada del caricaturista <em>Vladdo</em> de Noticias RCN, caerán en el olvido. Quedó flotando en el ambiente la sospecha de que salieron por “ser enemigos”; ni el presidente de la República, ni la emisora, tampoco el canal, se tomaron la molestia de desmentir los rumores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para completar la dicha, gremios como el Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, caminan de puntillas frente al tema. Como quien dice, con esos colegas, para qué enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vladdo se pasó a la revista Cambio y sobrevive su personaje de Aleida en el diario El Tiempo, una caricatura que en realidad a nadie mortifica. Los trazos de Matador sí atormentaron a Iván Duque y por eso despidieron al caricaturista Julio César González de ese diario en 2023, otra anécdota más para el anecdotario nacional.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph"><strong><em>“Creo que informar a la gente es la única esperanza que tenemos”:</em> </strong>Ronald Farrow, periodista estadounidense.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo no está para ser monedita de oro; debe estar del lado de la sociedad, dispuesto a denunciar los abusos del poder, pase lo que pase, pésele a quien le pese. El gobierno tiene la obligación de hacer bien su tarea. Punto. Y el periodismo debe sentirse obligado a hacer bien la suya. Punto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que hagan mal el presidente y los suyos, la ciudadanía tiene el derecho de saberlo y el periodismo la obligación sagrada de comunicarlo. Ese es el deber ser de la prensa. Si renuncia a eso, cae en la propaganda</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El periodismo no debe prestarse para lavar caras. Su trabajo consiste en descubrir quién usó el tapete para tapar el vómito. El buen periodismo no se tapa la nariz, ni sirve de alfombra para que el presidente pisotee a la prensa. &nbsp;&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6"><strong>Un periódico debe servirle a los ciudadanos para algo más que madurar aguacates.</strong></h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>La prensa cortesana</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​María Isabel Rueda, Juan Lozano y Mauricio Vargas escriben tan parecido que se asemejan hasta en sus odios políticos, los cuales inoculan al lector/elector desde sus tribunas de opinión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Ninguno de los tres, a pesar de haber vivido del periodismo casi toda su vida, ha planteado una crítica seria y tajante ante el trato descortés del presidente con la prensa, primero como político en campaña y ahora como jefe de Estado en ejercicio.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph"><strong><em>“La derrota que el periodismo estaba viviendo frente al poder solo era posible con la connivencia y en ocasiones la participación directa de importantes aliados dentro de los medios”:</em> </strong>David Jiménez, periodista español, ex director del diario El Mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El más osado de todos es Mauricio Vargas, a quien le dieron página entera de El Tiempo para descargar su veneno contra el expresidente Ernesto Samper por el Proceso 8000. En una carambola mágica ata ese episodio a Gustavo Petro y al excandidato presidencial Iván Cepeda, a quien llama &#8220;senador comunista&#8221;. Si en las redacciones existiera la figura del verificador de datos, esas etiquetas sí tendrían que corregirse por faltara la verdad. Por lo demás, a De la Espriella lo llama abogado a secas, sin reparar en su pasado, ni en su presente que lo ata al señor Alex Saab, quien se declaró culpable de lavar dinero ante la justicia gringa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Antes de ser director de <em>Semana</em>, Vargas fue consejero de prensa del presidente Cesar Gaviria, lo cual permite concluir que en Colombia periodismo y política se dividen la cama sin reproches, o al menos comparten la misma cobija, sin reparar en lo dañino que son los matrimonios por conveniencia. Si algún periodista se siente libre de pecado, que tire la primera piedra, a ver quién resulta descalabrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El voto de silencio nunca será una opción para los periodistas. Que lo cortés, no nos quite lo valiente para desenmascarar los excesos de cualquier gobierno, cueste lo que cueste. Si en palacio alguien se cree príncipe, los reporteros no tienen porqué comportarse como&nbsp;bufones.&nbsp;Un periódico debe servirle a los ciudadanos para algo más que madurar aguacates. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133228</guid>
        <pubDate>Sun, 20 Sep 2026 14:25:33 +0000</pubDate>
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        <title>¡Qué zulú! de Stella Estrada Mosquera</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/que-zulu-de-stella-estrada-mosquera/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una reflexión sobre el lenguaje, los prejuicios y las formas en que las palabras construyen nuestra mirada del otro. A partir de “¡Qué zulú!”, Stella Estrada Mosquera nos invita a cuestionar los significados que heredamos y reproducimos, y a reconocer en el lenguaje un territorio donde también se construyen inclusión, exclusión y memoria.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La escritora colombiana Stella Estrada Mosquera (Tumaco), radicada en España hace un buen tiempo, autora de las novelas <em>El doctor sin letra</em> (2005), <em>Irimó</em> (2008), <em>Nadie muere la víspera</em> (2016) y <em>Bajo el limonero</em> (2022), nos sorprende con un libro de carácter filosófico, una reflexión desde el lenguaje sobre el racismo y la condición humana, no con las elucubraciones propias de quienes postulan desde el mundo de las ideas —aunque Platón está presente en su texto—, sino con una reflexión anclada en la vida real, en la cotidianidad, de ahí la valía y pertinencia de este ensayo en un tiempo menesteroso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¡Qué zulú!</em> encuentra en el lenguaje un problema filosófico que suele permanecer oculto bajo la apariencia de lo cotidiano: la relación entre la palabra y la realidad que creemos nombrar, entre aquello que decimos y aquello que hemos aprendido a considerar verdadero, porque una expresión aparentemente trivial puede contener una determinada concepción del mundo y, con ella, una manera de ordenar las diferencias entre unos seres humanos y otros. La autora parte de palabras que circulan en la conversación común y las convierte en materia de interrogación, como si levantara la superficie de esas expresiones para buscar las ideas, los prejuicios y las experiencias históricas que han quedado depositados en ellas, de allí que el verdadero asunto del libro no sean solamente las palabras cuestionadas, sino nuestra relación con aquello que hemos aprendido a decir sin preguntarnos por qué lo decimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta perspectiva, la presencia de Platón adquiere una importancia particular, pues la reflexión de la autora se aproxima a esa vieja disputa entre la opinión y el conocimiento, entre aquello que damos por cierto porque ha sido repetido y aquello que estamos dispuestos a someter al ejercicio de la razón. Una expresión heredada puede funcionar como una pequeña caverna: proyecta una imagen del otro, nos acostumbra a verla y termina haciendo innecesaria la pregunta por su origen, mientras la educación, entendida en un sentido filosófico, debería precisamente abrir una posibilidad contraria, permitir que el individuo se aparte de las sombras que ha confundido con la realidad y examine las ideas desde las cuales ha construido sus juicios. En <em>¡Qué zulú!</em> esa salida de la caverna no ocurre mediante una gran revelación, sino a través de algo mucho más cercano y quizá por eso más difícil: detenerse ante una expresión conocida y preguntarse por la carga simbólica, muchas veces histórica, que en ella se asienta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Locke le permite conducir esa indagación hacia el terreno de la experiencia y de la formación de las ideas, lo que permite afirmar que no nacemos con muchas de las categorías desde las cuales juzgamos a los demás, sino que las vamos adquiriendo en el contacto con el mundo, en la familia, en la educación, en la cultura y también en el lenguaje que escuchamos y repetimos. Una expresión puede instalar una asociación en la conciencia mucho antes de que tengamos la capacidad de someterla a juicio, de modo que aquello que posteriormente llamamos “sentido común” puede ser, en realidad, el resultado de una larga sedimentación de experiencias y conceptos que nunca fueron examinados, frases que asimilamos sin sentir, ni mucho menos presentir, la carga simbólica que contienen. La referencia a los hábitos erróneos de Locke resulta fecunda, porque permite comprender que el prejuicio no necesita presentarse como una doctrina elaborada: puede sobrevivir en una frase, en una comparación, en una costumbre lingüística que ha conseguido borrar las huellas de su propio origen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá sea precisamente la costumbre uno de los territorios más difíciles de interrogar, porque aquello que repetimos durante mucho tiempo termina adquiriendo la apariencia de lo natural, como si la frecuencia pudiera otorgarle legitimidad a una idea; una palabra heredada deja entonces de parecernos una construcción cultural y comienza a funcionar como una evidencia, algo que se dice porque “siempre se ha dicho”, sin que nos detengamos a preguntar quién la inventó, qué historia la acompaña, qué relación de poder pudo haber detrás de ella y por qué seguimos transmitiéndola. En esa zona aparentemente inofensiva de la costumbre se instala buena parte de aquello que después llamamos sentido común, cuando muchas veces no es otra cosa que una idea antigua a la que hemos dejado de hacer preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Protágoras le permite introducir otra tensión fundamental, porque la idea de que el hombre es medida de las cosas permite preguntarnos quién establece los criterios con los cuales calificamos al otro, quién decide qué es civilizado y qué es salvaje, qué es normal y qué resulta extraño, qué merece reconocimiento y qué puede convertirse en objeto de burla o desprecio. Cuando una persona utiliza una expresión como <em>¡Qué zulú!</em> para referirse a alguien, no está simplemente escogiendo una palabra entre muchas posibles, está recurriendo a una imagen cultural que establece una relación entre ese individuo y una determinada representación de lo salvaje o lo diferente; la palabra revela entonces una mirada anterior a ella misma, una mirada que ya ha clasificado aquello que pretende nombrar. La pregunta deja de ser únicamente qué significa una palabra y pasa a ser quién tiene el poder de construir el significado desde el cual miramos a los otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La autora no pretende resolver estas preguntas desde una posición exterior a la experiencia, sino que permite que el desconcierto, la incomodidad y hasta el dolor se conviertan en materia de pensamiento, aunque allí mismo aparece una exigencia: la experiencia personal puede abrir una pregunta, pero no basta por sí sola para convertirla en verdad; necesita confrontarse con la historia, con otras experiencias, con la filosofía y con la razón, justamente el movimiento que el libro intenta realizar cuando pasa de la expresión escuchada a la investigación, de la experiencia a los autores y de la reacción personal a una pregunta ética acerca del lenguaje. Ese tránsito resulta importante porque evita que la reflexión quede encerrada en el ámbito de lo subjetivo y permite convertir una vivencia particular en un problema que puede ser discutido socialmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo más que conviene preguntarse cuando hablamos de lenguaje: si cambiar determinadas palabras basta realmente para cambiar aquello que pensamos. Una sociedad puede modificar su vocabulario y conservar intactas sus formas de discriminación, del mismo modo que puede abandonar una expresión sin haber comprendido jamás la historia que contenía; la transformación tendría que alcanzar el concepto que está detrás de la palabra, la relación de poder que la sostiene, la mirada que clasifica al otro y la educación que permitió que esa clasificación llegara a parecernos natural. Allí la crítica adquiere una dimensión más profunda, porque ya no se trata solamente de cuidar lo que decimos, sino de preguntarnos qué tipo de conciencia produce aquello que decimos y qué tipo de sociedad contribuye a reproducir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También resulta necesario mantener abierta la tensión entre intención y efecto, porque una palabra no puede ser comprendida exclusivamente desde la intención de quien la pronuncia ni juzgada al margen del contexto en que aparece, pero tampoco puede suponerse que la buena intención borra automáticamente la historia y la carga cultural de una expresión. Entre lo que quiso decir quien habla y aquello que experimenta quien escucha existe un espacio donde intervienen la memoria, la cultura, la posición social y la experiencia individual, y es precisamente allí donde el lenguaje deja de ser un asunto puramente lingüístico para convertirse en un problema ético; la responsabilidad comienza cuando aceptamos que nuestras palabras pueden producir efectos que no controlamos completamente y que conocer esa posibilidad nos obliga a revisar aquello que antes pronunciábamos de manera automática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay aquí una relación que me parece inevitable con Juan Montalvo y con aquella afirmación suya, “mi pluma lo mató”, expresión que condensa de manera extraordinaria la conciencia del escritor acerca del poder de la palabra, porque la pluma no aparece como un simple instrumento para describir la realidad, sino como una fuerza capaz de intervenir sobre ella, de derribar reputaciones, denunciar poderes, combatir ideas y producir efectos concretos en la conciencia de quienes leen. Vista desde esta perspectiva, la reflexión de Stella Estrada adquiere una resonancia mayor: las palabras que analiza no son sonidos inocentes que desaparecen después de ser pronunciados, llevan consigo una memoria, una representación del otro y una determinada concepción del mundo, de allí que una expresión aparentemente cotidiana pueda contribuir a perpetuar una mirada discriminatoria, del mismo modo que otra palabra, consciente de su responsabilidad, puede abrir una fisura en esa mirada y comenzar a transformarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¡Qué zulú!</em> puede leerse también como un ejercicio de desmontaje de la costumbre, una tentativa por devolverle extrañeza a aquello que la repetición ha vuelto invisible, ahí está quizá su dimensión más filosófica: la autora no solamente pregunta por el significado de determinadas expresiones, pregunta por la formación de nuestros juicios, por la relación entre lenguaje y conciencia, por la educación y por la responsabilidad que tenemos frente a las ideas que heredamos. Platón aparece entonces con su exigencia de salir de la opinión, Locke con la pregunta por el origen y la formación de nuestras ideas, Protágoras como una provocación acerca del lugar desde donde medimos el mundo, y todos ellos terminan confluyendo en una preocupación contemporánea que sigue siendo profundamente humana: cómo aprender a mirar al otro sin imponerle, antes de conocerlo, las palabras con las cuales nuestra propia cultura ya lo ha definido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro deja abierta una pregunta: ¿cuánto de nuestra manera de pensar pertenece realmente a nosotros y cuánto es una herencia que hemos recibido bajo la forma aparentemente inocente de una palabra? Allí comienza una crítica que no puede dirigirse únicamente contra los demás, porque también nos alcanza a nosotros mismos y nos obliga a reconocer que el pensamiento crítico no consiste en descubrir los prejuicios ajenos mientras permanecemos cómodamente instalados en los propios. Tal vez esa sea la inquietud más fértil que deja <em>¡Qué zulú!</em>: comprender que cuestionar una palabra es apenas el comienzo, que detrás de ella existe una idea y detrás de la idea una determinada manera de mirar, y que transformar verdaderamente el lenguaje exige llegar hasta ese lugar más profundo donde se forman nuestras representaciones del mundo y del otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá la reflexión a que nos invita la autora sea a recuperar el lugar de la palabra como afecto humanitario, tal vez sea necesario volver a Heidegger, quien nos dejó una de las imágenes más poderosas para pensar esta relación cuando afirmó que “el lenguaje es la casa del ser” y que “en su morada habita el hombre”. Si el ser humano habita el lenguaje, entonces cada palabra que recibe, conserva y pronuncia participa también de la construcción de esa morada, y la pregunta que queda abierta es qué clase de casa estamos construyendo con las palabras que heredamos, repetimos y transmitimos: una casa cerrada por los prejuicios, donde el otro tiene que entrar bajo las definiciones que ya hemos establecido, o una morada capaz de reconocer la diferencia sin convertirla en motivo de exclusión, una casa que pueda ser habitada por todos, sin distinción de ninguna clase.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
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        <pubDate>Wed, 16 Sep 2026 22:09:52 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Oasis de la impunidad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/oasis-de-la-impunidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay algo inquietante en un cuerpo cuando deja de parecernos completamente humano. Ocho cuerpos aparecen sobre un escenario y se mueven como si obedecieran a una orden que nosotros no alcanzamos a escuchar. Marchan, entrenan, celebran. Se sacuden, se tensan, se disciplinan. Por momentos parecen soldados; por momentos, víctimas; por momentos, criaturas salidas de alguna [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay algo inquietante en un cuerpo cuando deja de parecernos completamente humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ocho cuerpos aparecen sobre un escenario y se mueven como si obedecieran a una orden que nosotros no alcanzamos a escuchar. Marchan, entrenan, celebran. Se sacuden, se tensan, se disciplinan. Por momentos parecen soldados; por momentos, víctimas; por momentos, criaturas salidas de alguna pesadilla. No sabemos bien dónde termina el individuo y dónde comienza la institución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es uno de los primeros gestos de&nbsp;<em>Oasis de la impunidad</em>, la obra del director y dramaturgo chileno Marco Layera y la compañía La Re-sentida. No es una obra que pretenda llevar literalmente la calle al teatro. Nació, sí, de una calle incendiada: la revuelta social que comenzó en Santiago de Chile el 18 de octubre de 2019. Pero sus creadores entendieron que reproducir sobre un escenario la violencia de aquellas jornadas sería demasiado fácil y, quizá, demasiado poco interesante. El desafío era otro: preguntarse qué ocurre con un cuerpo cuando el Estado le enseña a ejercer la violencia y qué ocurre con una sociedad cuando empieza a acostumbrarse a ella.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="828" height="540" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3653.jpeg" alt="" class="wp-image-132996" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3653.jpeg 828w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3653.jpeg?resize=300,196 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3653.jpeg?resize=768,501 768w" sizes="(max-width: 828px) 100vw, 828px" /><figcaption class="wp-element-caption">Screenshot</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta parece chilena, pero no lo es.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podría ser colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podría ser argentina, mexicana, peruana, brasileña. Podría ser europea. En realidad, podría ser la pregunta de cualquier democracia que tenga policías, ejército, cárceles, fronteras y ciudadanos que alguna vez han salido a la calle para protestar contra el poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el Estado democrático tiene una paradoja que preferimos no mirar demasiado de cerca: para proteger la vida necesita tener capacidad de ejercer la fuerza. Y precisamente porque posee esa fuerza necesita someterla a límites.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema comienza cuando olvidamos la segunda parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La obra de Layera coloca en el centro a quienes ejercen la violencia estatal. No solamente a sus víctimas. No solamente al manifestante golpeado, al detenido, al ciudadano que corre o al cuerpo que cae. También al hombre o la mujer que recibe una orden, se pone un uniforme y aprende que mantener el orden puede exigirle utilizar la fuerza contra otro ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta entonces deja de ser solamente quién golpeó a quién.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se vuelve mucho más incómoda: ¿qué clase de sistema produce al individuo capaz de hacerlo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El dossier de la obra habla de un organismo mecánico y convulso, compuesto por cuerpos estrictamente disciplinados. La disciplina aparece allí no como una virtud abstracta, sino como algo que se inscribe físicamente en el cuerpo. El cuerpo aprende. El cuerpo obedece. El cuerpo se acostumbra.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="828" height="624" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3651.jpeg" alt="" class="wp-image-132997" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3651.jpeg 828w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3651.jpeg?resize=300,226 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3651.jpeg?resize=768,579 768w" sizes="(max-width: 828px) 100vw, 828px" /><figcaption class="wp-element-caption">Screenshot</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá esa sea una de las grandes tragedias políticas de nuestro tiempo: que la violencia termina convirtiéndose en una técnica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Primero nos escandaliza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después la explicamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después la justificamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y finalmente aprendemos a vivir con ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia conoce demasiado bien esa secuencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas hemos hablado de la violencia como si fuera una especie de clima. Algo que está allí, inevitable, casi meteorológico. La violencia guerrillera, la paramilitar, la criminal, la estatal, la política. Cambian los nombres, cambian los uniformes, cambian las consignas, pero permanece una idea peligrosa: que hay momentos en los que la violencia simplemente se vuelve necesaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y por supuesto que existen circunstancias en las que un Estado debe utilizar la fuerza. Una democracia no puede renunciar al monopolio legítimo de la violencia sin renunciar también a una parte esencial de su capacidad para proteger a sus ciudadanos. El problema no es la existencia de la fuerza. El problema es quién la controla, con qué reglas, bajo qué controles y qué sucede cuando aquellos encargados de ejercerla empiezan a creer que la institución está por encima del individuo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es justamente una de las preguntas que atraviesan&nbsp;<em>Oasis de la impunidad</em>: quién utiliza y quién controla el monopolio estatal de la violencia y cómo puede una sociedad democrática construir un consenso sobre sus usos legítimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No son preguntas menores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son preguntas sobre el tipo de Estado que queremos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y también sobre el tipo de ciudadano que estamos dispuestos a ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo particularmente poderoso en que la obra no convierta el escenario en una copia de la protesta. Layera lo dice con claridad: el teatro no pretende trasladar territorial ni simbólicamente la calle al escenario. No quiere que asistir a una función se convierta en una forma cómoda de desmovilización. El arte, en cambio, debe dejarse afectar por lo que sucede afuera y ponerse en riesgo frente a ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí aparece una idea que me interesa mucho: el teatro no tiene que decirnos qué pensar sobre la violencia. Tiene que devolvernos la violencia convertida en pregunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá eso sea también lo que esperamos de una democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una democracia madura no es aquella en la que nunca hay conflicto. Es aquella capaz de procesarlo sin convertir automáticamente al adversario en un enemigo y sin convertir la fuerza en la primera respuesta disponible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Estado necesita autoridad, pero la autoridad necesita límites.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La policía necesita fuerza, pero la fuerza necesita legitimidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ciudadano necesita poder protestar, pero la protesta también necesita reconocer que el otro ciudadano existe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entre esas tensiones —ninguna de ellas sencilla— se juega buena parte de la salud de una democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resulta tan sugestiva la imagen inicial de esos cuerpos que marchan juntos. Porque un Estado también es, en cierta manera, un cuerpo. Tiene brazos, tiene músculos, tiene instituciones que ejecutan órdenes. Pero un Estado democrático debería tener algo más difícil de construir que la fuerza: debería tener memoria, controles y capacidad para preguntarse por sus propios actos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero peligro no aparece cuando un Estado tiene fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aparece cuando deja de preguntarse para qué la tiene.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Oasis de la impunidad</em>&nbsp;nació de una experiencia concreta, la explosión social chilena de 2019, y fue construida a partir de un largo proceso de investigación artística. Más de quinientas personas participaron inicialmente en la convocatoria del laboratorio escénico realizado con apoyo del Goethe-Institut; doscientas fueron invitadas a los laboratorios que sirvieron como punto de partida para la creación. La obra terminó estrenándose en Berlín, en la Schaubühne, en abril de 2022, después de pasar por espacios como las Münchner Kammerspiele y Matucana 100.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir: aquella calle chilena terminó viajando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no como una postal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Viajó como una pregunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esa pregunta llega a Colombia en un momento especialmente interesante, porque aquí seguimos discutiendo cuál debe ser la relación entre autoridad y ciudadanía, entre seguridad y libertad, entre protesta y orden público. Seguimos intentando resolver una vieja contradicción: queremos un Estado suficientemente fuerte para protegernos, pero suficientemente controlado para que su fuerza nunca termine protegiéndolo a él mismo de los ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llega, además, a un país con una tradición teatral que ha aprendido a mirar de frente la historia. El teatro colombiano no nació de espaldas a la violencia. Buena parte de su historia moderna está atravesada por la necesidad de representar aquello que durante mucho tiempo parecía imposible de decir: la guerra, el desplazamiento, la desaparición, la desigualdad, la memoria, la vida en los márgenes y las distintas formas en que el poder entra en la vida cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde las experiencias del teatro universitario y el movimiento de creación colectiva hasta grupos y dramaturgos que han convertido la memoria del conflicto en materia escénica, el teatro ha sido también una forma de investigación sobre el país. En Colombia, subir una historia a un escenario muchas veces ha significado preguntarse qué puede decir el arte allí donde el discurso político se ha agotado, donde los archivos no alcanzan o donde las palabras de todos los días han terminado desgastadas por el uso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la llegada de una compañía chilena como La Re-sentida tiene algo más que un interés de programación cultural. Es una conversación latinoamericana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chile viene a Colombia con una experiencia histórica distinta, pero con una pregunta que reconocemos inmediatamente. Aquí no necesitamos que nos expliquen qué significa que un Estado utilice la fuerza en nombre del orden. Lo hemos visto demasiadas veces. Tampoco necesitamos que nos expliquen la distancia que puede existir entre una institución y los cuerpos concretos que la representan. La hemos vivido en las calles, en las regiones, en las familias y en los archivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo interesante, entonces, no es preguntarnos si Chile y Colombia son iguales. No lo son. Tampoco lo son sus instituciones, sus historias recientes ni sus formas de entender la protesta. Lo fértil está precisamente en la diferencia: en descubrir cómo una experiencia chilena puede iluminar una discusión colombiana sin pretender resolverla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay, además, algo profundamente latinoamericano en ese intercambio. Nuestros países han producido una enorme cantidad de literatura, cine, música y teatro alrededor de la violencia, pero seguimos teniendo una deuda con la representación de quienes ejercen el poder. Hemos aprendido a narrar a las víctimas, y debemos seguir haciéndolo; pero también necesitamos comprender las estructuras que producen victimarios, funcionarios, soldados, policías, burócratas y ciudadanos capaces de obedecer órdenes que, en otro contexto, quizá jamás obedecerían.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El teatro puede entrar justamente allí, en esa zona gris que el discurso político suele simplificar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá esa sea una de las razones por las que importa que&nbsp;<em>Oasis de la impunidad</em>&nbsp;esté en Bogotá. No solamente porque una obra chilena venga a presentarse en Colombia, sino porque el escenario colombiano puede devolverle otra lectura. Una obra cambia cuando cambia el público que la mira. El mismo cuerpo que en Santiago recuerda octubre de 2019 puede provocar en Bogotá asociaciones con otras calles, otras protestas, otros uniformes y otras heridas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese diálogo no necesita convertir la obra en un manifiesto colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al contrario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su fuerza está en que siga siendo chilena y, precisamente por eso, pueda hablarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El teatro colombiano no necesita importar sus preguntas, pero sí puede encontrarse con ellas. Y quizá una de las mejores formas de fortalecer una escena nacional sea precisamente esa: permitir que dialogue con otras tradiciones, que compare sus heridas, que descubra sus diferencias y que encuentre en el arte producido en otros lugares un espejo imperfecto de sus propias preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el teatro, cuando funciona, no confirma lo que ya sabemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos desacomoda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos obliga a mirar desde otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y una obra sobre la violencia puede ser especialmente valiosa cuando consigue que salgamos del teatro sin estar completamente seguros de quién tenía la razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa incomodidad sea una forma de inteligencia democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La que permite comprender que una sociedad no se construye solamente con vencedores y vencidos, con buenos y malos, con policías y manifestantes, con Estado y ciudadanos, sino en ese espacio mucho más difícil donde todos deben aprender a convivir con el poder, con el conflicto y con los límites.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea la frontera más delicada de todas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La que separa la autoridad de la arbitrariedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el cuerpo de un policía se convierte en una extensión automática de una orden, algo se pierde. Cuando el cuerpo de un manifestante deja de ser visto como el cuerpo de un ciudadano y empieza a ser visto únicamente como una amenaza, algo también se pierde. Cuando el cuerpo de una víctima deja de producir indignación y empieza a producir solamente estadísticas, hemos perdido todavía más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El teatro puede hacer algo que las estadísticas no consiguen: devolverle un cuerpo a la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordarnos que detrás de una orden hay una persona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que detrás de un uniforme hay un cuerpo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que detrás de una protesta hay otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y que una democracia, en último término, consiste en impedir que alguno de esos cuerpos deje de importar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso&nbsp;<em>Oasis de la impunidad</em>&nbsp;no sea realmente una obra sobre Chile.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una obra sobre nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre ese lugar incómodo en el que una sociedad descubre que el problema nunca fue solamente quién tiene la fuerza, sino quién decide cuándo puede utilizarla y quién se atreve a preguntarle, después, por qué lo hizo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque una democracia no se mide únicamente por la manera en que celebra sus libertades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También se mide por la manera en que controla su fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y por la capacidad que conserva para mirar a sus propios cuerpos, después de la violencia, y preguntarles qué ocurrió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso valga la pena que&nbsp;<em>Oasis de la impunidad</em>&nbsp;llegue a Bogotá. La obra de&nbsp;<strong>Teatro La Re-sentida</strong>, dirigida y escrita por el dramaturgo chileno&nbsp;<strong>Marco Layera</strong>, podrá verse el&nbsp;<strong>18 y 19 de septiembre en el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella</strong>, en una función de&nbsp;<strong>una hora y treinta minutos</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una visita menor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el encuentro entre una experiencia teatral nacida de la revuelta social chilena de 2019 y un país cuya propia historia ha obligado al teatro a preguntarse, durante décadas, por la violencia, el poder, la memoria y los límites del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá el escenario colombiano sea, por eso mismo, un lugar especialmente fértil para esta conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque aquellos ocho cuerpos que marchan, obedecen, se tensan y se transforman sobre el escenario no son solamente cuerpos chilenos. Son cuerpos que nos permiten reconocernos en nuestras propias preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Hasta dónde puede llegar la autoridad?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Quién controla a quienes tienen el poder de ejercer la fuerza?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué ocurre cuando la obediencia comienza a reemplazar el juicio?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y qué sucede con una sociedad cuando termina acostumbrándose a la violencia?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Oasis de la impunidad</em>&nbsp;no parece tener respuestas definitivas para esas preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea precisamente su virtud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El teatro no siempre tiene que explicarnos el mundo. A veces basta con obligarnos a mirarlo de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en un país como Colombia, donde tantas veces hemos tenido que aprender a vivir después de la violencia, quizá no haya nada más necesario que volver a mirar esos cuerpos y preguntarnos, antes de que caiga el telón, qué hacemos con la fuerza que hemos puesto en sus manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132994</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 23:34:52 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3652.jpeg?w=700" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Oasis de la impunidad]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132994</post-id>    </item>
        <item>
        <title>El Abelardo De La Espriella que hemos visto</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/el-abelardo-de-la-espriella-que-hemos-visto/</link>
        <description><![CDATA[<p>Abelardo De La Espriella en su primer mes de gobierno no ha mostrado mayor gestión más allá de anuncios y show.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Desde ya se escuchan las voces de fanáticos y aficionados que aseguran que, en apenas dos semanas, el gobierno de Abelardo De La Espriella ha hecho más por Colombia que Gustavo Petro en cuatro años. Una de esas voces es la de Sara Castellanos, senadora del movimiento Salvación Nacional, quien lanzó semejante perla en medio de un debate durante la reciente convención de Asobancaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es comprensible que la congresista se atreva a decir una mentira de semejante tamaño. Si no lo hace, quizá sus jefes políticos podrían llamarla a juicio y, muy seguramente, no saldría bien librada. Pero Colombia no está compuesta por una multitud de ingenuos dispuestos a tragarse entero cuanto les sirvan desde los balcones del poder. Y aunque es cierto que el gobierno Petro no se caracterizó precisamente por ser un ejemplo de eficiencia ni por dejar un legado extraordinario, también lo es que Abelardo De La Espriella, hasta ahora, tampoco se ha esforzado demasiado por demostrar una capacidad de gestión, una visión de Estado o una inteligencia política capaces de sacar adelante a un país agobiado por tragedias, problemas estructurales y enormes desafíos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta el momento, lo que hemos visto es a un Abelardo De La Espriella más preocupado por rodearse de una secta de aduladores que por construir hojas de ruta coherentes con las necesidades reales del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo vimos coronando la imagen de la Virgen María con la misma devoción farisea con la que puso la educación del país en manos de la Biblia cristiana de <strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/el-adoctrinamiento-de-viviane-morales/">Viviane Morales</a></strong>. Todo muy solemne, muy piadoso y muy fotogénico, como si gobernar consistiera en producir estampitas mientras los problemas de fondo esperan turno en la sacristía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenemos, además, a un Abelardo que proclama querer ejecutar un gobierno austero, pero que parece no tener la menor intención de ponerle freno a sus extravagancias y excentricidades, esas mismas que lo hacen parecer como supercorroncho con presupuesto público y afición por los reflectores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También tenemos al Abelardo que, durante su discurso, prometió respetar las diferencias, pero que se molesta cuando descubre que alguien tuvo, así fuera de manera remota, algún vínculo con el gobierno de Gustavo Petro. Entonces, de repente, las capacidades profesionales, la experiencia y los méritos dejan de importar. Basta con que alguien huela ligeramente a Petro para que sea considerado sospechoso y quede con un pie fuera de la puerta. Qué manera tan peculiar de entender la pluralidad: respetar las diferencias, siempre y cuando las diferencias piensen exactamente como él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si algo parece importarle a De La Espriella es la adulación. Necesita que a su alrededor haya personas dispuestas a asentir, a aplaudir y, si es posible, a convertir cada decisión presidencial en una epopeya histórica. Contradecirlo parece ser una especie de pecado capital. Y cuando un gobernante comienza a confundir lealtad con obediencia, crítica con traición y pluralismo con sumisión, conviene empezar a preocuparse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me aterra pensar que De La Espriella esté configurando un autoritarismo de derecha. Ya sacó del medio a Carolina Soto de la Cámara Colombiana de Infraestructura, y lo mismo ha ocurrido con otros profesionales que parecen haber cometido el imperdonable pecado de tener algún antecedente laboral o institucional relacionado con el gobierno Petro. No importa si esa vinculación obedeció al afecto político, al deber profesional o, simplemente, a que una persona capacitada aceptó trabajar para el Estado, como corresponde en cualquier democracia medianamente normal. Para el nuevo gobierno parece bastar con la sospecha ideológica para convertir la trayectoria profesional en un inconveniente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si esto hace con profesionales que han demostrado capacidad y compromiso con sus labores y que no pertenecen a su círculo de confianza, no resulta descabellado imaginar que, más temprano que tarde, comiencen las presiones contra los medios y los periodistas que nos empeñamos en ejercer el oficio de informar y criticar sin pedir permiso. Porque, aparentemente, en esta nueva república de las alabanzas, el periodista ideal no es el que pregunta, investiga o contradice, sino el que hace venias con entusiasmo y convierte cada gesto presidencial en motivo de celebración. Vicky Dávila, por ejemplo, parece tener muy claro el libreto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo verdaderamente preocupante no es que un presidente tenga seguidores entusiastas; todos los gobernantes los tienen. Lo preocupante es que empiece a rodearse exclusivamente de quienes lo adulan, a expulsar a quienes no le son políticamente cómodos y a interpretar cualquier cuestionamiento como una conspiración. Así empieza siempre el deterioro de las democracias: no necesariamente con tanques en las calles, sino con pequeñas purgas administrativas, silencios complacientes, medios domesticados y una corte de aduladores convencida de que el jefe nunca se equivoca. Al final, hasta los errores terminan convertidos en triunfos y las extravagancias en políticas de Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso conviene bajar de inmediato la música triunfalista. Un mes de gobierno no constituyen un legado, del mismo modo que dos fotografías inaugurando obras no convierten a nadie en estadista. Colombia no necesita un presidente que se pase el día demostrando que es más macho, más creyente, más austero, más patriota o más antipetrista que sus adversarios. Necesita resultados, instituciones respetadas, funcionarios escogidos por mérito, libertad de prensa y una administración capaz de entender que gobernar no es recibir aplausos. Porque si el gran logro de este gobierno termina siendo convencernos de que cualquier gesto presidencial merece una ovación, quizá no estaremos ante el milagro colombiano que sus fanáticos anuncian, sino ante algo mucho más viejo y peligroso: el culto religioso a un ídolo con pies de barro disfrazado de gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por cierto</strong>, Debo reconocer que el único milagro que se ha dado en este primer mes, es que Abelardo De La Espriella ya se dio cuenta que el presidente no es el Estado, ni el Estado es el presidente. En pocas palabras, que el no es Luis XIV.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132610</guid>
        <pubDate>Mon, 31 Aug 2026 20:25:57 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El Abelardo De La Espriella que hemos visto]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
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                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132610</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Una LUZ que se ENCIENDE… by MAR</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/una-luz-que-se-enciende-by-mar/</link>
        <description><![CDATA[<p>La TIERRA siempre se manifiesta y en este CASO nuestra joven escritora; MAR; no puede estar AJENA a su SENTIR y nos acerca ESPERANZA, APOYO y el toque FEMENINO del SENTIR de su CORAZÓN… prendiendo esta..; “Una LUZ que se ENCIENDE… Es increíble pensar cómo de algo tan&nbsp;HORRIBLE&nbsp;surge, a veces, lo mejor del ser humano… [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La TIERRA siempre se manifiesta y en este CASO nuestra joven escritora; MAR; no puede estar AJENA a su SENTIR y nos acerca ESPERANZA, APOYO y el toque FEMENINO del SENTIR de su CORAZÓN… prendiendo esta..;</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">“<strong>Una LUZ que se ENCIENDE… </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es increíble pensar cómo de algo tan&nbsp;<strong>HORRIBLE</strong>&nbsp;surge, a veces, lo mejor del ser humano…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora mismo, la Tierra pide&nbsp;<strong>PAZ</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>AMOR</strong>&nbsp;y los manifiesta de la manera más&nbsp;<strong>FUERTE</strong>&nbsp;que puede. Y aunque es cierto que el terremoto en&nbsp;<strong>COLOMBIA&nbsp;</strong>que &nbsp;afectó a más de una ciudad y, por supuesto, también a más de una familia, puedo decir que nos movilizó internamente a más de uno. No solo&nbsp;<strong>COLOMBIANOS</strong>&nbsp;se unieron a esta causa; he visto cómo personas de distintas partes del mundo, como&nbsp;<strong>VENEZUELA, MÉXICO, ARGENTINA</strong>,<strong>ISRAEL, ESTADOS UNIDOS y más…&nbsp;</strong>se han unido para ayudar de alguna manera en todo esto, repartiendo información, mandando buena energía, haciendo donaciones y más…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sé que esto no acaba acá y sé que aún hay muchas cosas terribles surgiendo a través de esto. Y aunque con esto no trato de minimizarlo, sí quiero que veamos el alcance que tenemos cuando, en vez de concentrarnos en lo negativo, miramos cómo construir desde lo que tenemos y la manera de hacerlo juntos; de cómo cada idea, por pequeña que sea, hace que todo sume. Y, al final del día, es tan <strong>GRANDE</strong> aquello que se logra en comunidad que uno no se imagina el alcance que tenía eso tan pequeño.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="669" height="365" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1484.jpeg" alt="" class="wp-image-132521" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1484.jpeg 669w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1484.jpeg?resize=300,164 300w" sizes="(max-width: 669px) 100vw, 669px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="679" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1485-1024x679.jpeg" alt="" class="wp-image-132523" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y todo esto me hace pensar en que todavía tenemos que tener fe en&nbsp;<strong>la humanidad</strong>, que todavía existe la&nbsp;<strong>EMPATÍA</strong>&nbsp;y la&nbsp;<strong>BONDAD</strong>.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Quiero Una Luz| Videoclip Oficial Margarita" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/ITHXPygu9Wo?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Es tan mágico ver cómo, sin importar que no somos un mismo país, que no nos conocemos, que incluso en algunos casos no tenemos las mismas palabras o modismos para hablar, en los momentos más difíciles logramos <strong>UNIRNOS</strong> como si fuéramos uno. Es especial ver cómo tantos <strong>ARTISTAS</strong> latinos se unieron para poder dar un concierto a beneficio, para que todo lo que entrará fuera destinado a las ciudades y personas más afectadas. Es muy lindo ver cómo empresas donan cantidades significativas de sus ganancias o de sus mercancías para lograr que esto salga adelante, e inclusive cómo emprendedores también se las ingenian para lograr algo que haga la diferencia.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="&quot;UNIDOS POR LOS NUESTROS&quot;: El gran concierto por los damnificados de sismos en Venezuela y Colombia" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/QMXrksIFIr8?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, principalmente, es muy lindo ver cómo tantos ciudadanos están dispuestos a ir y ser voluntarios en los sitios de acopio o en las mismas ciudades, donando algo que, de pronto, muchos no valoran, qué es el&nbsp;<strong>TIEMPO</strong>…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, si algo hemos aprendido con todo esto, es que&nbsp;<strong>TODO CUENTA</strong>: un like, compartir, repostear, difundir, donar, ya sea plata o algún artículo de los que necesitan los distintos sitios de apoyo, ser voluntario… Todo ayuda y todo cuenta, porque sé que poco a poco vamos a salir adelante…</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="829" height="560" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1486.jpeg" alt="" class="wp-image-132525" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1486.jpeg 829w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1486.jpeg?resize=300,203 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1486.jpeg?resize=768,519 768w" sizes="auto, (max-width: 829px) 100vw, 829px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="530" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1487-1024x530.jpeg" alt="" class="wp-image-132526" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y recuerda que, si bien sigue estando difícil todo, que tú sigas con tus cosas normales de la vida diaria no está mal, es normal y tiene que suceder, porque, además, la única forma de que tú puedas seguir ayudando es seguir con tu vida, con tu trabajo, generando ingresos y dando ingresos, porque así es como la vida va a poder seguir continuando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De todas maneras, no tienes que dejar de ayudar, solo no como antes, sino de distintas formas. Y, principalmente,&nbsp;<strong>cuídate mucho y cuida a los tuyos</strong>.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">El MENSAJE es que pasaron unos DÍAS… y el IMPULSO del PRINCIPIO , que no sea un PAISAJE en el que NADIE entienda aquello de RECONSTRUIR LO SUFRIDO… a veces con AUSENSIAS y PERDIDAS IRRECUPERABLES…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="“Volveremos a levantarnos”: la canción que une a Colombia tras el terremoto" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/uNHpN9uSy38?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si te gustó esta &nbsp;EXPERIENCIA ARTÍCULO, y quieres AYUDARNOS haz que tu HISTORIA de DOLOR DESAPAREZCA..: AQUÍ</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/IMG_1333-2-762x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-131219" style="aspect-ratio:0.744140625;width:762px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="410" height="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1385-410x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-131929" style="width:410px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-410x1024.jpeg 410w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-120x300.jpeg 120w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-768x1918.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-615x1536.jpeg 615w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-820x2048.jpeg 820w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385.jpeg 982w" sizes="auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132517</guid>
        <pubDate>Sat, 29 Aug 2026 17:59:06 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1158.jpeg?w=968" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Una LUZ que se ENCIENDE… by MAR]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>La batalla cultural</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-batalla-cultural/</link>
        <description><![CDATA[<p>Agustín Laje no inventó la expresión “batalla cultural”. La idea viene de mucho antes. Antonio Gramsci entendió que el poder no se conserva únicamente desde el Estado o mediante la fuerza, sino también conquistando el sentido común de una sociedad. Décadas después, la nueva derecha hizo suya esa intuición: si la izquierda había aprendido a [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Agustín Laje no inventó la expresión “batalla cultural”. La idea viene de mucho antes. Antonio Gramsci entendió que el poder no se conserva únicamente desde el Estado o mediante la fuerza, sino también conquistando el sentido común de una sociedad. Décadas después, la nueva derecha hizo suya esa intuición: si la izquierda había aprendido a disputar la cultura, la derecha debía hacer lo mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De allí viene buena parte del lenguaje político contemporáneo: la disputa por la familia, la religión, el sexo, el género, la nación, la educación, el lenguaje. Todo parece convertirse en una batalla cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero quizá Colombia debería hacerse una pregunta distinta: ¿cuál ha sido, en realidad, nuestra gran batalla cultural?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para responderla habría que volver mucho más atrás que Gramsci.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Habría que volver a Nariño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y a Santander. Y a los hombres que, con todas sus contradicciones, comenzaron a imaginar una república en este territorio. No fueron liberales en el sentido partidista que adquiriría la palabra décadas después, y sería un error convertirlos retrospectivamente en militantes de un liberalismo contemporáneo. Pero buena parte de aquella generación estaba atravesada por las ideas de la Ilustración, el republicanismo, la libertad y la ruptura con la autoridad absoluta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había una pregunta enorme detrás de la Independencia: ¿quién debía tener la última palabra sobre nuestras vidas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante siglos, la respuesta había estado en el rey, en la Iglesia, en la tradición, en la jerarquía. La modernidad política introdujo otra posibilidad: que los ciudadanos pudieran deliberar, disentir y construir sus propias instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no resolvió bien esa pregunta. La hemos respondido muchas veces con guerras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero tampoco la respondió siempre con guerras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es una parte de nuestra historia que convendría recordar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra democracia ha sido imperfecta, violenta, excluyente y, durante largos periodos, profundamente cerrada. Colombia fue durante buena parte de su historia una sociedad mayoritariamente católica, y el peso de la Iglesia en la vida pública fue enorme. El pluralismo religioso que hoy damos por descontado no existió siempre en las condiciones actuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Precisamente por eso la Constitución de 1991 constituye una de nuestras grandes victorias culturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No solamente porque cambió instituciones. Cambió la idea de lo que podía ser Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Carta reconoció la libertad de conciencia, la libertad de cultos y la igualdad de las distintas confesiones ante la ley. El artículo 19 es extraordinariamente claro: toda persona puede profesar y difundir libremente su religión y todas las iglesias son igualmente libres ante la ley. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay algo hermoso en la consecuencia de esa decisión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias a esa libertad, hoy las iglesias cristianas —incluidas aquellas que no pertenecen a la tradición católica— pueden predicar, organizarse, abrir templos, formar comunidades, participar en la conversación pública y tratar de convencer a millones de colombianos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pueden incluso hacer política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y pueden hacerlo precisamente porque vivimos en un Estado que no les impone una religión oficial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es la paradoja que a veces olvidamos:&nbsp;<strong>la libertad religiosa no protege solamente a quienes piensan como nosotros. Protege también a quienes tienen ideas que nos incomodan.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La libertad es eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y por eso cuesta entender que una parte del progresismo colombiano, que tanto ha defendido —con razón— la diversidad, la pluralidad y las libertades individuales, no siempre haya sabido reconocer que muchas de esas conquistas están inscritas en la arquitectura liberal de la Constitución de 1991.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diversidad no nació ayer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No la inventó el progresismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco la inventó la derecha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el resultado de una tradición constitucional que permitió que colombianos muy diferentes pudieran existir dentro de la misma República.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un colombiano puede ser católico. Otro puede ser evangélico. Otro judío. Otro musulmán. Otro ateo. Otro puede no saber muy bien qué cree. Todos tienen el mismo derecho a vivir de acuerdo con su conciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso incluye el derecho a intentar convencer al otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está, quizás, la verdadera batalla cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No consiste en lograr que todos pensemos igual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Consiste en construir una sociedad donde podamos pensar radicalmente distinto sin matarnos por ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto puede parecernos una obviedad en 2026. No lo es.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia tiene una larga historia de guerras políticas. Liberales contra conservadores. Guerrillas contra el Estado. Paramilitares contra guerrillas. Narcotráfico contra instituciones. Y demasiadas veces la política terminó convirtiéndose en una justificación para la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso uno de los grandes logros colombianos no es haber eliminado el conflicto. No lo hemos hecho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es haber conseguido, en distintos momentos, que una parte sustancial de nuestros conflictos políticos pueda resolverse mediante elecciones, congresos, tribunales, periódicos, universidades, libros, debates y urnas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir:&nbsp;<strong>que las ideas puedan enfrentarse sin que necesariamente se enfrenten las armas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa batalla la hemos ganado muchas veces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y deberíamos sentir orgullo de ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, además, buena parte de la violencia que permanece en Colombia tiene cada vez menos que ver con grandes proyectos ideológicos y cada vez más con economías criminales, narcotráfico, minería ilegal, extorsión, control territorial y rentas ilícitas. Los datos más recientes muestran casi 30.000 integrantes de estructuras armadas y delincuenciales en el país, con organizaciones cuyo poder está estrechamente ligado al control de economías ilegales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa que toda nuestra violencia haya perdido contenido político. El ELN y algunas disidencias conservan discursos ideológicos. Pero sería difícil negar que el crimen organizado y las economías ilegales tienen hoy un peso enorme en la explicación de la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso también es una batalla cultural: conseguir que el narcotraficante, el extorsionista, el comandante armado y el corrupto dejen de aparecer como alternativas de poder y vuelvan a ser entendidos por la sociedad como lo que son: enemigos de la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso me interesa menos la batalla cultural de Laje que la pregunta que hay detrás de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Batalla cultural para qué?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si se trata de conquistar universidades, medios de comunicación, iglesias, redes sociales y escuelas para imponer una nueva ortodoxia, no me interesa demasiado. Ya hemos tenido demasiadas ortodoxias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero si se trata de defender una cultura política en la que el ciudadano pueda creer, disentir, rezar, no rezar, votar por la izquierda, votar por la derecha, cambiar de opinión, criticar al presidente, defender al presidente, escribir un libro, fundar una iglesia, abrir un periódico, marchar, protestar y convencer a los demás sin tener que pedir permiso al poder, entonces sí: esa batalla vale la pena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay señales recientes que deberían ser recibidas con atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente Abelardo de la Espriella, por ejemplo, ha dicho que no buscará la reelección y, ya en la Presidencia, fue explícito en que durante su Gobierno no se abrirá camino a una Asamblea Constituyente. También se comprometió a entregar el poder en 2030 a quien resulte elegido en las urnas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que señalarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No porque un presidente haya dicho algo correcto debamos dejar de criticarlo. Precisamente al contrario: una democracia madura debe ser capaz de reconocer un gesto institucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay otros gestos que merecen atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace pocos días, Viviane Morales contó públicamente que se reunió con Brigitte Baptiste y directivos de la Universidad EAN para buscar colaboración en materia educativa después del terremoto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede parecer una pequeña noticia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No lo es.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante años hemos aprendido a mirar a determinadas personas como enemigos culturales. Morales y Baptiste pertenecen a mundos que, en la conversación política colombiana, han sido presentados muchas veces como incompatibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero allí estaban hablando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No estaban renunciando a sus convicciones. No tenían que hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Simplemente estaban descubriendo algo elemental: una República no exige que sus ciudadanos tengan las mismas ideas. Exige que puedan convivir con ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa debería ser nuestra batalla cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No que Colombia deje de ser católica para convertirse en progresista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que deje de ser progresista para convertirse en conservadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que las iglesias desaparezcan de la esfera pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que el Estado adopte una religión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que las convicciones religiosas sean expulsadas de la conversación democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que las nuevas identidades sean prohibidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que las viejas tradiciones sean ridiculizadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La batalla consiste en algo más difícil:&nbsp;<strong>hacer que todas ellas quepan dentro de una misma República.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia ha avanzado mucho en eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Constitución de 1991 no fue solamente un cambio jurídico. Fue una declaración de confianza en que la sociedad colombiana podía ser plural sin dejar de ser una sola nación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso quizá deberíamos agradecer un poco más aquello que hemos construido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Agradecer que hoy un sacerdote pueda predicar, que un pastor pueda abrir una iglesia, que un ateo pueda burlarse de Dios, que una persona LGBT pueda vivir públicamente su identidad, que un conservador pueda defender la familia tradicional, que un progresista pueda cuestionarla, que un periodista pueda escribir sobre lo que desee y que un ciudadano pueda votar por quien quiera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo eso forma parte de la misma victoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La libertad no consiste en que ganen nuestras ideas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Consiste en que nuestras ideas tengan derecho a intentar ganar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá esa sea la verdadera batalla cultural que Colombia ha venido librando desde Nariño hasta 1991 y hasta nuestros días:&nbsp;<strong>conseguir que, finalmente, las ideas y las palabras valgan más que las armas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa guerra todavía no la hemos ganado definitivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, a diferencia de tantas otras, vale la pena seguir peleándola.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132496</guid>
        <pubDate>Thu, 27 Aug 2026 00:16:29 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La batalla cultural]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>MALCOLM DEAS: EL EXTRANJERO QUE NOS ENSEÑÓ A MIRAR COLOMBIA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/malcolm-deas-el-extranjero-que-nos-enseno-a-mirar-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Conferencia de Diego Aretz. Universidad del Norte 2026. Hay una escena que siempre me ha parecido extraordinaria. Un joven inglés, formado en Oxford, está intentando decidir qué país de América Latina va a estudiar. México parece la opción natural. Pero México ya está lleno de historiadores interesados en él. Entonces aparece una novela. Nostromo, de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Conferencia de Diego Aretz. Universidad del Norte 2026.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que siempre me ha parecido extraordinaria. Un joven inglés, formado en Oxford, está intentando decidir qué país de América Latina va a estudiar. México parece la opción natural. Pero México ya está lleno de historiadores interesados en él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparece una novela.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Nostromo</em>, de Joseph Conrad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una novela ambientada en una república imaginaria llamada Costaguana, que tiene demasiadas semejanzas con Colombia. Y entonces ocurre algo que parece casi una anécdota, pero que terminaría cambiando una parte de la historiografía colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm mira un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí está Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él mismo me lo contó alguna vez. Dijo que tomó el mapa, bajó desde México, pasó por Centroamérica y encontró un país grande que, además, era el país de las novelas que había leído.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía 22 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sabía que ese país iba a ocupar los siguientes sesenta años de su vida. No sabía que terminaría nacionalizándose colombiano. No sabía que sería profesor de Oxford, que tendría entre sus interlocutores a presidentes y ministros, que asesoraría gobiernos, que formaría generaciones de colombianos y que terminaría construyendo una de las bibliotecas privadas sobre Colombia más importantes que haya tenido un historiador extranjero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucho menos sabía que, seis décadas después, algunos de sus libros terminarían aquí, en Barranquilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay algo todavía más interesante.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Colombia tampoco sabía que acababa de encontrarse con Malcolm Deas.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un extranjero que llegó a un país que tampoco se entendía a sí mismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando comencé a investigar a Malcolm, una de las cosas que más me sorprendieron fue que él nunca se presentó como alguien que había llegado a Colombia sabiendo exactamente qué quería encontrar. Más bien lo contrario. En nuestras conversaciones insistía en su propia desorientación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me dijo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Me despisté mucho los primeros dos años.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y después agregó algo todavía más revelador:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Los colombianos tampoco lo entendían.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa frase me parece una de las mejores puertas de entrada a Malcolm Deas. Porque ahí aparece algo que lo acompañaría durante toda su vida: <strong>la humildad intelectual de quien sabe que un país no puede entenderse rápidamente.</strong> Él no llegó con una teoría sobre Colombia. Llegó con preguntas. Y quizás por eso pudo pasar tanto tiempo aquí. Porque cuando uno llega a un país creyendo que ya sabe qué va a encontrar, termina buscando únicamente aquello que confirma lo que ya pensaba. Malcolm hizo lo contrario. Llegó confundido. Y conservó durante décadas la capacidad de seguir sorprendiéndose.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El método Deas: mirar los detalles</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si tuviera que escoger una sola frase para explicar a Malcolm Deas como historiador, sería esta:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Si uno quiere entender algo, tiene que describirlo con todos los detalles posibles.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto parece una frase sencilla. Pero es una posición intelectual. Porque significa desconfiar de las grandes explicaciones que pretenden explicar un país entero con una sola categoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia ha sido descrita muchas veces mediante palabras enormes: violencia, oligarquía, pobreza, clientelismo, polarización, subdesarrollo, narcotráfico, Estado fallido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Malcolm desconfiaba de las etiquetas cuando reemplazaban la investigación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una de nuestras conversaciones me explicó que el poder en Colombia era difuso y que para entender quién mandaba había que mirar los territorios, los pueblos, las relaciones concretas y las diferencias regionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto es muy importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Malcolm no preguntaba únicamente:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Quién tiene el poder?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Preguntaba:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Quién manda, dónde manda y hasta dónde manda?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esas tres palabras —dónde y hasta dónde— cambian completamente la pregunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque un terrateniente podía tener poder sobre sus trabajadores y no necesariamente sobre el alcalde. Un presidente podía tener una enorme autoridad nacional y, sin embargo, tener dificultades para hacer cumplir una decisión en un municipio. Un jefe político podía ser poderoso en un departamento y no serlo en otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>el poder tenía geografía.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Malcolm quería encontrarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera hablar de un ejemplo muy concreto de del Malcolm de los detalles: Y aquel personaje que le da vida a su texto es una tejedora de un pueblo de Santander llamado Suaita, un pueblo que, si hoy es bien pequeño, imagínelo en 1874. Malcolm va a mostrar, mirando a través del diario de esta mujer tejedora, que la vida política sí había permeado todas las capas sociales de la nueva república, que es una de las tesis que va a defender a lo largo de toda su vida: se trata de una señora de Suaita, municipio de Santander que linda con Boyacá, cerca de donde se produce el bocadillo veleño. El documento es un diario personal manuscrito. En la página titular se lee: “Apunte de lo que ha ocurrido desde el año de 1874 en Suaita, de Sofía Durán D. (tengan la fineza de no quedarse con este libro, porque es un robo)”</p>



<p class="wp-block-paragraph">cuando Malcolm hacía trabajos como los que hizo Ginzburg (<em>La política en la vida cotidiana republicana</em>), esos estudios parecían, digamos, como un poco esotéricos. Alguien que se dedica a hacer una historia de minucias, eso como que no cabía mucho en las estructuras mentales dominantes en la historia. Entonces, alguien que se mete en ese detalle, pues era muy subvalorado, pues estaba haciendo un ejercicio casi de masoquismo histórico, porque ¿eso qué aporta? Hoy vemos la importancia de eso. Quiero decir que, de pronto, en el sentido de esa conexión que haces con Ginzburg, Malcolm pudo ser como un pionero de cosas cuya importancia se reconocen mucho más vigorosamente hoy, como estructurantes de la sociedad.[</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí recuerdo una anécdota que me parece que revela otra dimensión de ese método. Gonzalo Sánchez decía que Malcolm había puesto a estudiar a todo el mundo con el rigor y la precisión de su trabajo. Era difícil argumentarle. Y yo creo que había ahí también un rasgo de profesor: esa manera de obligar a los demás a volver sobre las cosas, a revisar el dato, a precisar el argumento y a no conformarse con una explicación fácil.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>El historiador que desconfiaba de las explicaciones demasiado perfectas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una característica de Malcolm que aparece una y otra vez en mi libro: <strong>su escepticismo.</strong> No era un escepticismo estéril. No era la actitud de quien dice que nada puede saberse. Era exactamente lo contrario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desconfiaba para investigar mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desconfiaba de los lugares comunes. Desconfiaba de las teorías demasiado cerradas. Desconfiaba incluso de sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de sus primeros años en Colombia, me dijo algo que revela mucho de su personalidad intelectual: había sido muy difícil para él entender el país, pero también había comprendido que los colombianos tampoco lo entendían del todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí aparece una de sus grandes virtudes:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>no confundía seguridad con conocimiento.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un hombre que sabe mucho puede decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Esto es así”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm prefería muchas veces decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Veamos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y volver al archivo. Y buscar otra fuente. Y revisar una cifra. Y hablar con otra persona. Y encontrar una excepción. Y entonces modificar la explicación.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Colombia contra los estereotipos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que me parece extraordinaria y que quisiera rescatar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm hablaba de los primeros años en que estudió Colombia y de cómo encontró que muchos analistas hablaban de oligarcas y terratenientes con afirmaciones que, según él, tenían poco sustento empírico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él había leído los clásicos, los libros de la Academia de Historia, a los autores del siglo XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegó a una conclusión:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la realidad de Colombia no era como la pintaban los analistas de la época.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto nos lleva a otra característica fundamental de su trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm no quería encontrar una Colombia que encajara en una teoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quería encontrar <strong>la Colombia que existía</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso explica por qué podía pasar de los presidentes a los caciques locales. De las guerras civiles a una hacienda cafetera. De la política nacional a la gramática. De un archivo diplomático a una conversación con un librero. De Oxford a un pueblo perdido de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su objeto de estudio no era una abstracción llamada Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era <strong>la vida colombiana</strong>.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por eso el siglo XIX lo fascinó</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá ninguna parte de la historia colombiana muestra mejor su método que su obsesión por el siglo XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm veía allí un laboratorio extraordinario. Un país que acababa de independizarse. Un Estado todavía en construcción. Partidos políticos que llegaban hasta las capas populares. Guerras civiles. Regiones con enorme autonomía. Presidentes que también eran escritores. Gramáticos que eran políticos. Políticos que escribían gramáticas. Terratenientes. Caciques. Militares. Periodistas. Intelectuales. Y una sociedad que estaba construyendo, a veces a golpes, una república.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Malcolm se resistía a mirar ese período como una simple prehistoria de la Colombia moderna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para él, allí estaban muchas de las claves de nuestra propia singularidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una frase suya que me parece particularmente importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de las luchas posteriores a la Independencia, rechazó esa mirada según la cual la Independencia habría sido la gran epopeya gloriosa y todo lo que vino después sería una especie de decadencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm fue contundente:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Eso es estúpido.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y detrás de esa frase, aparentemente provocadora, había una idea historiográfica muy seria:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la historia republicana de Colombia tiene su propia personalidad.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una copia defectuosa de la historia europea. No es una versión incompleta de otra revolución. No es simplemente un país que no consiguió modernizarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una historia particular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y había que estudiarla como tal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí aparece una anécdota que me parece extraordinaria. Margarita Garrido contaba que, en Cali, en 1991 o 1992, estaba conmovida y reflexionando sobre qué sentido tenía escribir sobre nuestra historia en un momento en que Colombia atravesaba una situación tan difícil. Mientras ella estudiaba períodos lejanos de la historia, Malcolm le dijo: <strong>“Pero es que Colombia merece quien cuente su historia, ya habrá tiempo para que otros cuenten lo que sucede ahora&#8230;”</strong></p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La violencia: probablemente su gran batalla intelectual</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí creo que conviene entrar en un terreno que seguramente será retomado durante el resto de la jornada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm escribió mucho sobre la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no aceptaba fácilmente la idea de que Colombia fuera violenta por naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que existiera una especie de esencia violenta del colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su trabajo buscó desmontar precisamente esos lugares comunes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia</em>, su aproximación insistía en diferenciar la violencia política de otras formas de violencia y en cuestionar explicaciones automáticas que vinculaban violencia, pobreza o una supuesta “cultura de la violencia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay algo muy contemporáneo en esto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque todavía hoy tenemos la tentación de explicar nuestra historia mediante grandes determinismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm nos obliga a preguntar: ¿cuál violencia? ¿en qué momento? ¿en qué región? ¿producida por quién? ¿con qué intereses? ¿bajo qué circunstancias? ¿y por qué disminuye en unos momentos y aumenta en otros?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso parece menos espectacular que decir “Colombia es un país violento”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es mucho más útil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque obliga a pensar.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un historiador que no era solamente historiador</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí aparece otra dimensión que creo que debemos subrayar especialmente en este evento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm no fue únicamente un historiador que escribió libros sobre Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fue un actor de la vida colombiana.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tuvo relaciones con presidentes. Fue consultado por gobiernos. Escribió para periódicos internacionales. Fue una especie de puente entre Colombia y el Reino Unido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y desde Oxford ayudó a que muchos colombianos llegaran a ese mundo académico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi investigación encontré testimonios de personas que recuerdan cómo Malcolm prestaba su casa, su automóvil e incluso su bicicleta a estudiantes colombianos en Oxford.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso dice algo sobre él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque uno podría hablar durante horas de su influencia intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay otra forma de influencia:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>abrirle una puerta a alguien.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Malcolm abrió muchas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso su legado no está solamente en sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está también en las personas.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>El poder: la otra vida de Malcolm</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una dimensión de Malcolm que durante mucho tiempo permaneció parcialmente oculta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su relación con el poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Presidentes colombianos lo consultaban. Diplomáticos británicos lo consultaban. Funcionarios lo consultaban. En algunos momentos, incluso decisiones importantes del Estado colombiano parecen haber recibido su influencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto es particularmente interesante porque Malcolm no fue un político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No necesitaba serlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su poder provenía de otra parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>De saber.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De conocer los antecedentes. De entender las instituciones. De conocer a las personas. De haber leído los documentos. De saber qué había ocurrido antes. Y de poder decirle a alguien poderoso:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Eso que usted cree que es nuevo ya ocurrió antes”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese tipo de conocimiento puede ser mucho más poderoso que un cargo.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La contradicción más interesante: un conservador que no era dogmático</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm tenía posiciones políticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No era un intelectual neutral en el sentido de no tener preferencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero su manera de relacionarse con personas de distintas posiciones era extraordinaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi libro aparecen testimonios que muestran cómo podía conversar con personas de inclinaciones políticas muy diferentes sin convertir la conversación en una guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto me parece importante rescatar hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Malcolm tenía algo que nuestra conversación pública ha perdido:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la posibilidad de disentir sin dejar de conversar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía decirle a alguien:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Creo que usted está equivocado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y continuar hablando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía encontrar una buena idea en alguien con quien políticamente no coincidía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía reconocer una virtud en un adversario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso también es una forma de inteligencia.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>El humor como herramienta intelectual</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí quiero detenerme porque creo que es una parte de Malcolm que muchas veces queda opacada por su prestigio académico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm era divertido.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía humor. Tenía ironía. Y muchas veces utilizaba el humor para hacer algo intelectualmente muy serio: desarmar una certeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso aparece constantemente en las entrevistas de mi libro y en los testimonios de quienes lo conocieron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo tuve la fortuna de experimentarlo directamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestras conversaciones, cuando la discusión parecía cerrarse, Malcolm tenía una manera de abrirla otra vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me decía:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Otro dato para confundirte aún más.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y creo que esa frase resume maravillosamente su método.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el objetivo de una buena investigación no siempre es salir con menos preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces es salir con <strong>mejores preguntas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm hacía eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te daba un dato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese dato desmontaba una explicación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparecía otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta que aquello que parecía obvio dejaba de serlo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo que realmente hizo Malcolm</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, después de investigar su vida, yo ya no creo que la mejor manera de definirlo sea decir simplemente:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Malcolm Deas fue un historiador inglés especializado en Colombia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso es correcto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es insuficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo diría otra cosa:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm Deas fue un hombre que dedicó sesenta años a aprender a mirar Colombia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en ese proceso nos enseñó a mirarla a nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos enseñó que el país no puede explicarse únicamente desde Bogotá. Que el poder tiene territorios. Que las regiones importan. Que la política llega hasta los pueblos. Que las élites no lo explican todo. Que la violencia no es una esencia nacional. Que la historia republicana tiene personalidad propia. Que las palabras también ejercen poder. Que un documento aparentemente insignificante puede cambiar una interpretación. Y que una buena pregunta puede ser más importante que una respuesta demasiado rápida.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La biblioteca como última conversación</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegamos finalmente a este lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Biblioteca Karl C. Parrish Jr.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí es donde, para mí, el evento adquiere una enorme belleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera leer un pasaje literal de mi libro, si me permiten “Esta tarde, mi mano fue eligiendo títulos, como quien recorre sin mapa un continente inexplorado:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Plantas útiles de Colombia</em>, de Enrique Pérez Arbeláez, 1955.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada</em>, de Juan Friede, un libro hermoso sobre nuestros orígenes en la altiplanicie.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Poems</em>, de Lord Byron, con las hojas aún impregnadas de su melancolía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplar fascinante, en inglés, titulado <em>Gaitán of Colombia</em>, de Richard Sharpless, en el que Malcolm subrayó un pasaje que lo hizo reír, y a mí también. En el pasaje se habla de que el presidente de hace 77 años nombró a Gaitán alcalde de Bogotá para que demostrara que era un mal administrador y así perdiera las elecciones presidenciales, cosas que no funcionaron mucho, pero que recuerdan con demasiado parecido el crecimiento electoral de Petro tras su alcaldía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después, títulos inesperados: <em>Padrinos y mercaderes: crimen organizado en Italia y Colombia</em>, de Ciro Krauthausen. Y luego, verdaderas perlas: <em>Vuelo en el Orinoco</em>, impreso en 1935, de Luis Eduardo Nieto Caballero. Un párrafo me sacude, me hace pensar en la decadencia de nuestra política. En una carta al presidente Olaya, su opositor, Nieto Caballero escribe: “Querido amigo, galantemente invitado por los hermanos cristianos, que al distinguir en esa forma a un hermano masón demuestran cómo entienden y practican la concentración nacional”. Cuan distinto era el lenguaje político en esa época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces, como un hallazgo improbable, aparece <em>Recuerdos de un viaje a Europa</em>, de Nicolás Pardo, impreso en Bogotá en 1873. Una rareza encantadora: la crónica de un joven bogotano, entusiasta, viajero, convencido de la promesa republicana. Iba a ser cónsul en Italia. Dice algo que me conmueve especialmente en este sótano templado, mientras pienso en la renovación de Barranquilla y su reapertura al mar:</p>



<p class="wp-block-paragraph">[Empieza nota]El Magdalena, con sus abundantes caimanes, con su lento, largo y variado curso, con sus riberas cubiertas de monos de distintas clases, de lindas guacharacas, de aves de toda especie que, en bandadas, atraviesan la floresta de un punto a otro, de miserables caseríos de negros medio desnudos, de bosques asombrosos y selvas vírgenes, en que la naturaleza se ostenta magnífica, exuberante y grandiosa: el Magdalena ha sido muchas veces materia de folletos y de innumerables descripciones.[Termina nota]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y más adelante escribe, con una esperanza que aún resuena con algo de ternura y tragedia: “El día que nuestra patria cuente con un ferrocarril (que no está distante de realizarse), que ponga en comunicación a Bogotá con el Magdalena, podremos decir con verdad que ocupamos un puesto entre las naciones civilizadas del mundo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm sabía que en los detalles se esconde el alma de la historia. Es hermoso lo que revelan sus libros. En otra página, Pardo cuenta: “En Santa Marta nos hallábamos desde la noche del 25 de agosto, y lo que al instante pregunta el colombiano que allí llega por primera vez es en qué sitio queda la hacienda de San Pedro Alejandrino, donde murió el Libertador de Colombia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este viaje azaroso por los estantes me llevó a otro volumen: <em>Nuestra colonia de Cuba</em>, de Leland Jenks, ensayos sociológicos y económicos escritos por estadounidenses sobre América Latina en la primera mitad del siglo XX, antes de la revolución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, <em>La linterna y el búho</em>, de Lucio Pabón Núñez, en donde ese extraño poeta y político conservador hace un homenaje a Caro. Me siento extraño: estoy en el Caribe, en un sótano tibio, leyendo sobre Caro, mientras Pabón cita al gran poeta español Gerardo Diego hablando de Caro, prueba de que tan bien se comunicaban las letras en Hispanoamérica hace cien años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los manuscritos encontré una foto de Malcolm, que nadie tenía en su memoria, olvidada en medio de muchos cuadernos de notas, un libro extraño en inglés sobre la Navegación del Canal del Dique en 1855, con mapa, un árbol genealógico de familias de Bogotá, cómics políticos, disertaciones de varios simposios, telegramas privados de Virgilio Barco, que seguramente le sirvieron para su libro, una cita inquietante de Nicolás de Maquiavelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La biblioteca de Malcolm era así: exuberante, insaciable, multiforme. Así de vasto era él también, cuando se adentraba, con pasión y método, en las múltiples capas de la historia. Salir del archivo fue como emerger de una conversación larga con un amigo que ya no está, pero que sigue haciendo preguntas. Tal vez eso es lo que queda de alguien como él.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque estamos hablando de las colecciones especiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y una biblioteca personal es una forma extraordinaria de conocer a alguien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los libros que una persona compra. Los libros que conserva. Los libros que subraya. Los libros que presta. Los libros a los que vuelve. Los libros que nunca termina. Todo eso cuenta una historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La colección de Malcolm no es solamente una reunión de libros sobre Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una especie de mapa de su curiosidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si algo aprendimos de él es que los detalles importan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso una biblioteca como esta no debería ser entendida como un depósito.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es una conversación que continúa.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada libro puede preguntarnos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué Malcolm lo tenía?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué estaba buscando?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué había encontrado antes?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué relación existe entre ese libro y otro?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué pregunta lo llevó hasta allí?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces aparece algo maravilloso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante sesenta años Malcolm estudió Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora tenemos la posibilidad de estudiar <strong>cómo Malcolm estudió Colombia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso es precisamente lo que una colección especial permite hacer.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y aquí entra mi libro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una razón personal por la que este encuentro me resulta particularmente significativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo no fui discípulo de Malcolm. No fui su alumno. No fui su amigo de décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegué a él desde otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegué como periodista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como un outsider.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso terminó siendo, quizá, una de las mejores cosas que podía pasarme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque pude hacer preguntas que alguien que llevaba cuarenta años conversando con él quizá ya no hacía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pude preguntarle cosas elementales. Pude preguntarle por qué Colombia. Pude preguntarle por qué le interesaba el siglo XIX. Pude preguntarle por la violencia. Pude preguntarle por los presidentes. Pude preguntarle por Oxford. Pude preguntarle por sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sobre todo, pude escucharlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando comencé este proyecto, Malcolm estaba ya muy enfermo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las conversaciones fueron por Zoom, Meet, WhatsApp.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo sabía que eran conversaciones especiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabía también que probablemente eran de las últimas que tendría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso este libro terminó siendo algo distinto de lo que había imaginado al comienzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No terminó siendo solamente un perfil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó siendo una despedida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también una conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una conversación entre un hombre que había pasado sesenta años mirando Colombia y un periodista que intentaba preguntarle qué había visto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en algún momento entendí algo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>yo no estaba solamente escribiendo sobre Malcolm.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estaba tratando de entender Colombia a través de los ojos de Malcolm.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso en el libro escribí que para mí no era solamente su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era la historia de Colombia contada por un testigo único.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El legado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, ¿qué queda de Malcolm Deas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quedan sus libros. Quedan sus estudiantes. Quedan sus amigos. Quedan sus fotografías. Quedan sus archivos. Quedan sus conversaciones. Queda su biblioteca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, sobre todo, quedan <strong>sus preguntas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y creo que esa es la verdadera medida de un intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No cuánto escribió. No cuántos premios recibió. No cuántas personas importantes conoció.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sino cuántas preguntas dejó instaladas en la cabeza de los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de leer a Malcolm, uno ya no puede mirar un municipio de la misma manera. No puede mirar una elección de la misma manera. No puede mirar una guerra civil de la misma manera. No puede mirar a un presidente del siglo XIX de la misma manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y tampoco puede mirar la palabra “Colombia” de la misma manera.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">Quiero volver a la escena inicial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un joven de 22 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Oxford.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">México.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Centroamérica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una casualidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">O quizás una de esas casualidades que, vistas muchos años después, parecen destino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm llegó a Colombia buscando un país que conocía principalmente por los libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y terminó pasando sesenta años escribiendo los suyos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegó como extranjero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó nacionalizándose colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegó buscando una materia para estudiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó convirtiéndose en parte de aquello que estudiaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá la paradoja final sea esta:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm Deas pasó buena parte de su vida intentando entender Colombia porque sabía que no era fácil entenderla.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y nosotros, los colombianos, tenemos todavía esa misma tarea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque quizá el mayor legado de Malcolm no sea habernos dado una respuesta sobre quiénes somos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá sea habernos enseñado a desconfiar de las respuestas demasiado fáciles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mirar mejor. A mirar más cerca. A mirar los detalles. A mirar las regiones. A mirar los documentos. A mirar a las personas. A mirar nuestras contradicciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sobre todo, a mirar Colombia sin creer que ya sabemos qué es Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Malcolm murió, en 2023, terminó una vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no terminó la conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque aquí están sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí están sus preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí está su biblioteca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí estamos nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tratando, todavía, de entender el país que un joven inglés encontró un día en un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Encuentro de colecciones especiales. La obra de Malcolm Deas" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/is3bxkjccX0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132440</guid>
        <pubDate>Tue, 25 Aug 2026 02:50:05 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/malcolm-articulo-uni-norte.png?w=700" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[MALCOLM DEAS: EL EXTRANJERO QUE NOS ENSEÑÓ A MIRAR COLOMBIA]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>¿DE CUÁL “PATRIA MILAGRO” NOS HABLAN? (I)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/de-cual-patria-milagro-nos-hablan/</link>
        <description><![CDATA[<p>En verdad, uno no sabe si compadecerse o alarmarse por esa concepción de la divinidad de Abelardo, situada incluso antes de la edad media, que alude a un “Dios” implacable con sus creyentes, como él, a quien somete a pruebas de gobernabilidad casi insuperables.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">¿Será una patria milagrosa o tenebrosa? Todo parece indicar que se trata de esta última, pues Abelardo de la Espriella en su primera alocución presidencial invocó una supuesta divinidad cuya inescrutable voluntad provocó un terremoto devastador para, según sus palabras, poner a prueba su competencia en su primer día hábil como presidente, el 10 de agosto pasado. A tal punto es indescifrable esa voluntad divina que incluso derrumbó y dejó en ruinas numerosas iglesias en varias ciudades, entre ellas nada menos que la torre derecha de la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario, donde afortunadamente ningún piadoso manizalita resultó afectado. ¿Podrá interpretarse eso como una advertencia divina a la “Patria Milagro” para que Abelardo no invoque su nombre en vano y con fines políticos? En verdad, uno no sabe si compadecerse o alarmarse por esa concepción de la divinidad de Abelardo, situada incluso antes de la edad media, que alude a un “Dios” implacable con sus creyentes, como él, a quien somete a pruebas de gobernabilidad casi insuperables, más tratándose de un outsider. De continuar Abelardo con ese tipo de elocuciones teológicas, es decir, argumentos y creencias religiosas para explicar el terremoto y además encomendar, como presidente, a esa divinidad la sabiduría de sus decisiones, puede llegar al extremo de atribuir también al designio divino la catástrofe climatológica del “Super Niño”. Una catástrofe que es consecuencia de aquellos que consideran a la tierra, esa sí nuestra sagrada Pachamama, como una especie de despensa infinita e inagotable para colmar la codicia insaciable de sus industrias depredadoras, ya sea en busca de más petróleo, tierras raras o minerales estratégicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Piadosos depredadores</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el sumo sacerdote de esa orgía depredadora es Donald Trump que, ya en su senectud y senilidad imperial, continúa obsesionado con <strong><em>“perforar, perforar y perforar”</em></strong> toda America, pero especialmente la “Patria Milagro”, sin importarle los desastres ecológicos que ello produzca. Probablemente sean secuelas de su amistad con Epstein y su exclusivo club de depredadores sexuales, entre los cuales parece haber estado el expresidente Andrés Pastrana, otrora defensor ejemplar de la familia y el medio ambiente, además de líder natural del partido conservador, esa reserva moral de la República y sus valores católicos. Esa obsesión por perforar pronto llegará a nuestro territorio con el inofensivo fracking que, según asegura el presidente milagroso, perdón Abelardo, no producirá daño alguno en el medio ambiente, pues se harán rigurosas pruebas pilotos para evitarlo. Es una excelente noticia que tiene a importantes y poderosos inversores muy optimistas y excitados, pues podrán perforar, perforar y perforar sin temor alguno. Algo parecido a la amable advertencia que un violador hace a su víctima de no causarle daño, siempre y cuando ella consienta y satisfaga su incontenible deseo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Adoradores del Becerro de Oro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es el proceder de estos piadosos depredadores, adoradores del Becerro de Oro, que bien se ocultan bajo sus impúdicas exhibiciones de fe, como auténticos fariseos. Fariseos que sus seguidores, como una manada de fundamentalistas, ciegos a las evidencias y los hechos, los aplauden, admiran y respaldan furiosamente. Al del Norte, en nombre de Maga y al del Sur en nombre de la “Patria Milagro”. Sin duda, durante estos cuatro años presenciaremos <strong><em>mucho$ milagro$</em></strong>. Como los ya realizados por Trump, cuyos beneficios han aumentado su fortuna en <em>“cerca de 2.200 millones de dólares en negocios relacionados con las criptomonedas durante el año pasado”<a href="#_edn1" id="_ednref1"><strong>[i]</strong></a>. ¿</em>Será por eso que Abelardo llama al Fondo para la reconstrucción “Fondo Milagro”? ¿Qué entenderá Abelardo, el milagroso, por corrupción? ¿Acaso solo los robos que imputa al gobierno anterior en su libro de la Verdad? A propósito, no habrá algo de ligereza en nombrar en el ministerio de Vivienda al pastor Jaime Andrés Beltrán y ponerlo al frente de la reconstrucción, puesto que <em>“asumirá el cargo bajo la sombra de un proceso fiscal por la presunta pérdida de elementos del alumbrado público de Bucaramanga, ciudad de la que fue alcalde”</em><a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a>. También que la primera dama, Ana Lucia Pineda, como lo revela la siguiente investigación del portal Cuestión Pública<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a>, reciba en su fundación <strong>Colombia, Luz y Sonrisas</strong>, donaciones en dinero y especie para los damnificados del terremoto. Bien conoce Abelardo, erudito en expresiones latinas, aquella de que “<em>la mujer del César no solo debe ser, sino también parecer</em>” y estar más allá de cualquier duda y sospecha. Claro que las anteriores suspicacias no tienen lugar, son prematuras y malintencionadas, pues ambas personas son fieles creyentes y nunca defraudarían al prójimo necesitado. Hay que darles tiempo para que obren milagros, no ser tan ansioso y desconfiado, pues no hay lugar para ello, menos para meterle política a un asunto tan dramático, donde solo cabe orar y donar, sin cálculo partidista o personal alguno.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Una pregunta piadosa</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Volviendo a la religiosidad de Abelardo, el converso, le formulo una pregunta piadosa. ¿No será una expresión de máxima corrupción espiritual, cercana incluso a un sacrilegio, invocar a Cristo Rey para ser un presidente invencible y lanzar al campo de batalla a cientos de héroes de la Patria a morir en nombre de la interminable “guerra contra las drogas”? Una guerra que se libra en el lugar equivocado, pues ella se ganará o continuará perdiéndose en la mente y los cuerpos de millones de consumidores de cocaína y otras sustancias psicotrópicas. Nunca bombardeando plantaciones de coca, menos arrasando con glifosato u otro &#8220;herbicida inocuo&#8221; la biodiversidad de nuestras selvas y la precaria vida de campesinos reclutados por el hambre y las armas, mientras aumentan las fortunas de los capos con todos sus mediadores y alquimistas de la ilegalidad, que convierten en oro el producto del crimen. Entre estos se destacan los banqueros y algunos directores de famosos bufetes, donde sobresale uno que milagrosamente se convirtió, de la noche a la mañana, en un fiero felino y aparece ahora como un cazador implacable de criminales. Pero apenas estamos en el comienzo de todas estas inimaginables y milagrosas metamorfosis, nos esperan muchas más, como la que promoverá la ministra de educación, Viviane Morales, para salvar de la degradación moral a las familias colombianas. Por eso, dejaré para el próximo Calicanto las siguientes preguntas ¿De cuál adoctrinamiento ideológico hablaría el presidente Abelardo en su discurso de posesión ante los militares en el campo de maniobras del Cantón Pichincha? ¿Cómo será la familia de la Patria Milagro? ¿Cómo entiende la niñez la nueva directora del Instituto Colombiano de Bienestar familiar si excluye de él la nominación a las niñas? Será que ella toma al pie de la letra el artículo 44 de la Constitución, que solo habla de “<em>los derechos fundamentales de <strong>los niños</strong></em><strong>”</strong> y reafirma al final que “<strong><em>los derechos de los niños</em></strong> <em>prevalecen sobre los derechos de los demás”. ¿Será esa la ideología de género a la que se refiere la ministra de educación?</em> Todo parece indicar que tendremos que aprender ese nuevo metalenguaje de la “Patria Milagro”, con su semántica religiosa y sacra, tan lejana de nuestra vulgar lengua profana, para poder comprender y describir los milagros que nos esperan durante los próximos cuatro años.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://elpais.com/internacional/2026-08-18/un-gobierno-de-millonarios-trump-nombro-para-su-administracion-a-57-personas-con-un-patrimonio-de-mas-de-100-millones.html">https://elpais.com/internacional/2026-08-18/un-gobierno-de-millonarios-trump-nombro-para-su-administracion-a-57-personas-con-un-patrimonio-de-mas-de-100-millones.html</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://www.publimetro.co/noticias/2026/07/09/el-pasado-polemico-y-el-millonario-caso-de-presunta-corrupcion-que-salpica-al-ministro-de-vivienda-de-de-la-espriella/">https://www.publimetro.co/noticias/2026/07/09/el-pasado-polemico-y-el-millonario-caso-de-presunta-corrupcion-que-salpica-al-ministro-de-vivienda-de-de-la-espriella/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://cuestionpublica.com/ayudas-que-recoge-la-primera-dama-van-a-parar-a-su-propia-fundacion/">https://cuestionpublica.com/ayudas-que-recoge-la-primera-dama-van-a-parar-a-su-propia-fundacion/</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132409</guid>
        <pubDate>Mon, 24 Aug 2026 02:30:38 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/manizales-catedral.webp?w=1200" type="image/webp">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿DE CUÁL “PATRIA MILAGRO” NOS HABLAN? (I)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
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                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132409</post-id>    </item>
        <item>
        <title>ANATOMÍA de un CAPRICHO… by F.R.P</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/anatomia-de-un-capricho-by-f-r-p/</link>
        <description><![CDATA[<p>En esta CAPRICHOSA VIDA… donde pareciera que la CAPRICHOSA cerró su CAPÍTULO COPA del MUNDO 2026 para pasar por AMOR al ARTE a un CAPRICHO de también TRES MOSQUETEROS que encontraron; casi por nuestra SUGERENCIA al D’ARTAGNAN de nuestras selectas PLUMAS Monsieur FRANCISCO RODRIGUEZ PRADA; quien de manera generosa entre sus clases dictadas a CABALIDAD [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En esta CAPRICHOSA VIDA… donde pareciera que la CAPRICHOSA cerró su CAPÍTULO COPA del MUNDO 2026 para pasar por AMOR al ARTE a un CAPRICHO de también TRES MOSQUETEROS que encontraron; casi por nuestra SUGERENCIA al D’ARTAGNAN de nuestras selectas PLUMAS Monsieur FRANCISCO RODRIGUEZ PRADA; quien de manera generosa entre sus clases dictadas a CABALIDAD en UNIVERSIDAD JORGE TADEO LOZANO de la cafetera y resiliente COLOMBIA emergiendo del CAPRICHO telúrico de la PACHAMAMA; mas su don de reconocer VALORES y ERRORES donde pocos lo ven…</p>



<p class="wp-block-paragraph">HOY su VIAJE por la ciudad mas cercana a las ESTRELLAS… les TRAE este…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>“ANATOMÍA DE UN CAPRICHO… by F.R.P</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La disección, cicatriz de la arbitrariedad. Se examina el antojo de la voluntad, voluntad de aferrarse a un acto en donde el criterio de lo esencial, lo necesario, lo adecuado es reemplazado por lo posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Berretín de transgresión Prometéica, revierte el orden natural de las cosas, el fuego es el botín del ego y las cenizas las huellas del trayecto. Así se esboza la nueva exposición &#8220;Un día todo dejará de Ser&#8221;.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los espacios culturales auto-gestionados, vanguardia de la nueva curaduría artística, audaz, vehemente; promocionan el arte sin el vértigo autoritario de un marco epistémico que delimita el deber-ser del objeto artístico. Que delimita el campo semántico en el trasegar interpretativo de la obra. Buscan, por el contrario, sin caer en la ruina lacrimosa posmoderna del todo-vale; la auténtica fruición del arte. También buscan la divulgación cultural con sentido crítico y el diálogo comunitario como estrategias de mercado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así opera la sala expositiva &#8220;Capricho&#8221;. En donde la antinomia es la norma curatorial y museográfica. Se replantea la asimetría entre el galerista, el artista y el visitante. Se prioritiza la construcción de comunidad y el fortalecimiento del tejido social. &#8220;Capricho&#8221; opta por reemplazar el texto curatorial de corte académico y de semántica poética, por un acto de lectura pública a manera de Marco Conceptual. Aquello que solía ser un panfleto conceptualista que validaba la disonancia cognitiva entre las palabras y el objeto artístico, se torna ahora en una lectura pública de solaz, pompa inaugural. Consecuentemente, se articula un relato literario cuya &#8220;composición de lugar&#8221;, involucra iconografía y motivos temáticos que apuntan directamente a las obras disponibles en las áreas expositivas. No obstante, el comentario metatextual al arte, no solo se da por el relato literario sino también por aquello que se concierta durante tertulia crítica pública.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="819" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1437-1-819x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-132353" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Flyer invitación de lectura pública &#8220;Un día todo dejará de Ser&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La obra artística luce en la aula-magna, en sala V.I.P. y en espacio exterior para obras de carácter instalativo. Se omite la taxonomía descriptiva de las fichas técnicas. Se busca el diálogo ameno entre el Mediador Cultural y el visitante para compartir herramientas críticas en la apreciación del arte. Se acciona el juego persuasivo y estratégico que invita a la adquisición de la obra. Se ofrece una agenda expositiva ágil, variada, con registro audiovisual-documental, promoción de la trayectoria de artistas, trazabilidad y avalúo de obra, y archivo de memoria cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, la transgresión caprichosa del canon de gestión expositiva tiene su precio. Toda antinomia presenta contradicciones. La disección crítica, en tanto cartografía anatómica, delinea horribles cicatrices: Casa &#8220;Capricho&#8221;, en tanto espacio físico expositivo, no fue sujeto a procesos adecuados de refuncionalización arquitectónica. Esto es, la adaptación de un espacio existente para asignarle un uso diferente al original. Se desarticula la función real del diseño con el espacio vacío interior que se habita y se recorre. Un garaje con pinturas colgadas presenta una lectura aberrante de decodificación semiótica. Lectura en donde el visitante puede no identificar el umbral del espacio expositivo. Esto reforzado por la ausencia de la rotulación del texto curatorial y de las fichas técnicas. Adicionalmente, la forma escultórica de algunas obras artísticas posmodernas, confunden la cualidad ontológica de &#8220;lo artístico&#8221; con el arrume de escombros, cosas viejas u obsoletas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="429" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/06c2536d-21c0-455e-ba9b-4e244a64c4ce-1024x429.jpeg" alt="" class="wp-image-132357" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Flyer invitación exposición &#8220;Un día todo dejará de Ser&#8221;. Objetos artísticos y objetos prosaicos que se confunden&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, la presencia &#8220;aurática&#8221; de la cosa artística (en el sentido de W.Benjamin), aquello con lo que el visitante se topa; suscita el apetito sensible o el apetito intelectivo del observador. ¿Le gusta o no le gusta? ¿Querrá saber de qué se trata la charada artística con la que se confronta? Así pues, la artista Erika Bolaños, Con su obra “Pesa ser Barbie”, presenta muñecas de metal que se van fragmentando y se colocan cada una suspendidas sobre un textil de medias veladas templadas. Las cuatro esquinas de las medias se sostienen por patas erigidas sobre escombros. ¿Escombros de la mirada heteropatriarcal, que solo deja cuerpos erosionados, &#8220;modelados&#8221; estéticamente para solaz entretenimiento? &#8220;Moldeada&#8221; para ser replicada en una sociedad de consumo. Tal como la técnica artística de vaciado en bronce en donde se replica un modelado con un molde de cera. Sin embargo, la muñeca, no de plástico sino de pesado metal, se va fragmentando en pedazos. Va perdiendo peso y tensión sobre el textil de nylon. El objeto se vuelve lívido, el fragmento femenino deja de ser objeto-libido y se torna en escombro de la dignidad de una persona que se consumió. Dialogando con Bolaños menciona, en relación con los juegos de rol, &#8220;Jugar con la muñeca pesa, hace daño&#8221;.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Políticas de Identidad en el arte y la apropiación de iconos culturales como dispositivo retórico ad-nauseam! Pensaría lo mismo de la Barbie Richard Avedon, Irving Penn y Cecil Beaton quienes tipificaron con sus fotografías el canon de la supermodelo como icono fashion? ¿Sospecharía Ruth Handler y la editorial Whitman que sus paper-dolls serían los peleles, la falacia “straw-man” de lo marxista? ¿Expresaría lo mismo la bella obra de Erika Bolaños si se reemplazara la muñeca Barbie por una Monster High doll, una Bratz toy, una K-pop Demon Hunter o por una muñeca Karol-G? ¿Qué sucede si esa misma obra se hace con “+57” muñecas de plomo, menores de edad, suspendidas boca abajo en medias veladas?</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="508" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/b490254f-6af2-432d-b795-e9eebc96ffc5-1024x508.jpeg" alt="" class="wp-image-132359" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mosaico con Detalles de Obra Barbie “Pesa ser Barbie” de Erika Bolaños.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La selección de las obras por parte de la Curaduría funciona con gran coherencia. Adyacente a la pieza trinitaria de las Barbies se aprecian pinturas de tono similar. Un ícono del Espíritu Santo y un dibujo de un Ángel de la Anunciación por el artista Antonio Imedio. La primera pintura muestra una paloma, no emanando luz radial al estilo del vitral de alabastro de Gian Lorenzo Bernini, sino emanando viseras diseccionadas de su cuerpo. Sugiere un escrutinio escéptico, de inmanentismo cientificista, un escrutinio a un dogma del católicismo. Dogma figurado y ridiculizado como una carcasa, escombro mito-poético de una era pre-moderna. Paradójicamente, el acierto iconográfico dado por la analogía visual entre la mandorla y las vísceras, denota una incongruencia iconológica y teológica. Ya el jesuita Louis Richeome y el mercedario fray Juan Interián de Ayala escribieron tratados iconográficos, tridentinos, en la contrarreforma, apuntalando los temas. Lo visceral no se relaciona con el Espíritu Santo sino con la naturaleza humana de Jesús; la unión hipostática, los dogmas de la encarnación y la Theothokos. Ello sin mencionar devociones al Sagrado Corazón de Jesús (Alacoque). Ahora bien, el Espíritu Santo, representado como paloma, podría ser una analogía del evangelista para describir una Teofanía. Descripción de destellos de luz fractal, lúmenes (lm), candelas (cd), luxes (lx), emanados como golpes de flash, por las alas en descenso de una paloma. Especulación fenomenológica de lo vivido. Podría develarse el misterio con otras vertientes epistemológicas, exotéricas, reveladas; podría invocarse a la Tercera Persona en oración, mediante una Lectio Divina (Juan 1:32) o una Secuencia de Pentecostés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En relación con el dibujo del ángel, recuerda el motivo iconográfico de la Anunciación, pero con la trompeta del apocalipsis. Lo interesante en el dibujo es la presencia simbólica de un alguien, ausente, que deja sus botas estrambóticas. Botas tipo 60´s Chic, al estilo go-go de André Courrèges. Podría especularse de manera divertida la identidad de su dueño con vericuetos argumentales al estilo de Heidegger, Shapiro y Derrida. Argumentos divertidos como en su famosa disputa en relación con las botas de Van Gogh. En el presente contexto, para no reiterar la idea de la desacralización dolosa, podría proponerse con sencillez que las botas le pertenecen a Lesley Lawson cuando era “virgen”. Cabe mencionar que en el dibujo se representa una cortina roja carmesí que hace juego con un gran terciopelo rojo en la sala expositiva.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="610" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/b27a22a8-df0a-4f59-a6f8-f8d392672cba-1024x610.jpeg" alt="" class="wp-image-132360" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Una carta de amor” y “Tacones y un Ángel&#8221; por Antonio Imedio</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡La gran sala V.I.P.! El museógrafo de &#8220;Capricho&#8221;, opta por el uso del terciopelo rojo para indicar con sentido del humor y estética kitsch, la jerarquía e importancia de las obras que se presentan en su interior. El espacio expositivo es cubierto por un telón de Red-Velvet denotando espectacularidad dramática. Un asfixiante campo cromático carmesí y spot-lights envuelven una pintura y unas fotos. Se altera la percepción y la connotación de las obras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se observa la obra de María Prieto “Saying goodbye to boats”: Fotos organizadas en una retícula. ¡Que emoción arte secuencial! No. No se tratan de imágenes en paneles narrativos relacionando eventos por causalidad. No es un storyboard ni un cómic. ¿Podría la yuxtaposición de bloques cromáticos e imágenes crear una nueva imagen gigante al estilo de los foto-collages de David Hockney? No. ¿Entonces? Al analizar cada una de las fotos se destaca una composición similar. Encuadre para Plano Medio Corto. Mujer de espaldas, vestida de oscuro, brazo levantado y pintura naïf. Escena pictórica azul, de velero navegando al horizonte. Océano y mar. En la foto, el cuadro es superpuesto a 6 locaciones diferentes cuya textura contrasta con el azúl del bastidor. Predomina una paleta cromática de triada. Las 6 fotos se repiten y van cubriendo la pared como cartelismo urbano. Pone a viajar no el barco sino al bastidor por locaciones populares. En una de las fotos, se superpone el velero y el mar azul, sobre otra bahía de otra pintura marina. Ello, y la negra silueta hierática femenina, recuerda pinturas surrealistas de René Magritte. Pinturas en donde posa con su barquito azul y la representación obstinada de su presencia, de su autorretrato de gorrito, pero ocultando el rostro. ¿Será que la postura de la mujer y el gesto postizo del brazo son hieráticos? No. ¿Es unívoco el gesto de despedida del brazo? Podría ser el saludo al Fürer. Podría ser la bienvenida plebeya al Acorazado Potemkin (obvio que no). La pose forzada del brazo parece de publicidad de depilación de axila. ¡Tampoco! !Ya sé! ¿El Red Velvet hará parte de la obra? ¿Se expresaría que la artista hace &#8220;viajar&#8221; su obra por burdos espacios expositivos y hace de su acción un espectáculo teatral? No lo sé. Se agotó el análisis y queda sorna más no respuesta. Quizá se trate solo de &#8220;Arte Contemporáneo&#8221; cuya virtud es la ironía del &#8220;No Ser&#8221; y la polisemia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de salir de la sala V.I.P se encuentra una pintura abstracta, azul grisácea, con rayones gestuales horizontales que abarcan todo el lienzo. La obra se titula “Sohbet. Encuentros en la orilla del rio” de Juan Marín. Se destaca hermosa textura lograda con &#8220;técnicas pictóricas de materia y de carga&#8221; (¿parafina, yeso, creta y pigmento?). Se identifican como punto focal, dos girasoles secos, sepultados en embadurne viscoso de barniz oscuro. La muerte. El Red Velvet invade y cubre un segmento del área compositiva del lienzo. Altera y contrasta la percepción del cuadro por el principio de “contraste simultáneo”. Afecta el campo cromático. La falta de fichas técnicas confunde; ¿Será que la pintura del girasol, el Terciopelo Rojo y las fotos del barquito Naïf hacen parte de la misma obra instalativa? No. Son de diferentes autores. Paradójicamente, sigue funcionando de manera coherente la idea curatorial que expresa la idea de aquello efímero que ya no será jamás.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="386" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/19f31777-956e-49ac-a7ea-11257bd9cb42-1024x386.jpeg" alt="" class="wp-image-132361" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"> Obra fotos despedida</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda transgresión tiene un precio. &#8220;Capricho&#8221;, como su nombre lo dice, desborda los cánones convencionales necesarios para que el montaje expositivo transmita con legibilidad la información y la percepción de la obra de los artistas. No obstante, la construcción del sentido que se le da al conjunto de las obras es muy bueno. Ello sin desdibujar los contrapuntos polisémicos dados por la lectura individual de cada obra de arte expuesta y su problematización en tertulia pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Equipo Vibrante de Galería Capricho son: La Directora Ejecutiva Sofía Stocker Tobler, el Curador David Muñoz Velásquez, y el Director Artístico Ángel Farías Huertas. Con gran solemnidad le invitan a la exposición: “Un día todo dejará de Ser&#8221;, en donde la libación, el tributo y el sacrifico se articulan mediante la apreciación de la obra de arte y la celebración religiosa de su presencia. Agosto 15 al 23 en “Capricho”. Cra. 51a # 5 – 63. Chapinero, Bogotá.”</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="819" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/015d8bf6-6c14-400d-84c3-ebc7f76d4742-1-819x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-132367" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y como todo lo bueno llega al FINAL de este relato SALVAJE aquí va un aperitivo del PERFORMANCE en el CAPRICHO… by SOFIA STOCKER TOBLER &amp; FRIENDS…porque hay cosas que NO TIENEN PRECIO… Para TODO lo demás existe MASTERCARD, VISA, AMEX, DINNERS o NEQUI o DAVIPLATA , para poder comprar alguna de estás OBRAS…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Así fue su LECTURA…" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/Z5HimHR62VA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si te gustó esta &nbsp;EXPERIENCIA ARTÍCULO, y quieres AYUDARNOS haz que tu HISTORIA de DOLOR DESAPAREZCA..: AQUÍ</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/IMG_1333-2-762x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-131219" style="aspect-ratio:0.744140625;width:762px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="410" height="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1385-410x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-131929" style="aspect-ratio:0.400390625;width:410px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-410x1024.jpeg 410w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-120x300.jpeg 120w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-768x1918.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-615x1536.jpeg 615w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-820x2048.jpeg 820w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385.jpeg 982w" sizes="auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132351</guid>
        <pubDate>Sat, 22 Aug 2026 17:07:12 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[ANATOMÍA de un CAPRICHO… by F.R.P]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
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        <item>
        <title>Uninorte abre sus colecciones especiales para volver sobre Malcolm Deas y Álvaro Cepeda Samudio</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/uninorte-abre-sus-colecciones-especiales-para-volver-sobre-malcolm-deas-y-alvaro-cepeda-samudio/</link>
        <description><![CDATA[<p>La Universidad del Norte realizará este jueves 20 de agosto el I Encuentro de Colecciones Especiales de la Biblioteca Karl C. Parrish Jr., una jornada dedicada a estudiar y socializar el legado de dos figuras fundamentales para la historia intelectual y cultural de Colombia: el historiador Malcolm Deas y el escritor y periodista Álvaro Cepeda [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Universidad del Norte realizará este jueves 20 de agosto el I Encuentro de Colecciones Especiales de la Biblioteca Karl C. Parrish Jr., una jornada dedicada a estudiar y socializar el legado de dos figuras fundamentales para la historia intelectual y cultural de Colombia: el historiador Malcolm Deas y el escritor y periodista Álvaro Cepeda Samudio. El encuentro hace parte de la celebración de los 60 años de la Universidad y pone en el centro una pregunta de fondo: ¿cómo conservar la memoria de una región para que siga dialogando con las nuevas generaciones?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Una universidad también puede ser un lugar para conservar la memoria de una sociedad, proteger sus archivos y mantener vivo el legado de quienes ayudaron a construir su historia cultural e intelectual. Esa ha sido parte de la vocación de la Universidad del Norte, que este año celebra seis décadas de trayectoria y que ha convertido buena parte de su patrimonio documental y bibliográfico en una herramienta para comprender el Caribe colombiano.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese propósito estará nuevamente en evidencia este jueves 20 de agosto, cuando la Biblioteca Karl C. Parrish Jr. sea escenario del <strong>I Encuentro de Colecciones Especiales</strong>, una jornada académica y cultural dedicada a dos nombres que, desde disciplinas distintas, ayudaron a comprender y transformar la vida intelectual colombiana: <strong>Malcolm Deas y Álvaro Cepeda Samudio</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El encuentro tendrá lugar en la <strong>Sala Tita Cepeda, en el primer piso de la Biblioteca</strong>, y reunirá a historiadores, investigadores, escritores, periodistas, artistas y gestores culturales alrededor de la obra de ambos personajes.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una jornada alrededor de Malcolm Deas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La primera parte del encuentro estará dedicada a <strong>Malcolm Deas</strong>, uno de los historiadores que más profundamente ha estudiado la historia política y social de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La jornada contará con las palabras de bienvenida del <strong>rector Adolfo Meisel Roca</strong> y continuará con un recorrido por distintas dimensiones de la vida y obra de Deas. <strong>Diego Aretz</strong> presentará un perfil del historiador; <strong>Eduardo Posada Carbó</strong> hablará sobre su relación con los libros; <strong>Juan Neves Sarriegui</strong> abordará el lenguaje, la comunicación y la política en su obra; y <strong>Gustavo Bell Lemus</strong> se referirá a su particular mirada sobre la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La programación continuará con <strong>Rocío Londoño Botero</strong>, quien abordará los informes de Malcolm Deas sobre Colombia durante la década de 1960, y cerrará esta primera parte con <strong>Fernando Cepeda Ulloa</strong>, quien planteará la pregunta: <strong>“¿Malcolm Deas politólogo?”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La presencia de Deas en esta jornada tiene además un significado especial para Uninorte. En 2022, la Universidad le concedió al historiador el <strong>Doctorado Honoris Causa en Ciencias Sociales</strong>, su máxima distinción institucional, reconociendo su influencia sobre varias generaciones de investigadores y profesionales de las ciencias sociales.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una biblioteca que también es memoria</h2>



<p class="wp-block-paragraph">No es una coincidencia que la actividad tenga lugar precisamente en la Biblioteca Karl C. Parrish Jr. La institución nació en 1966 por iniciativa de un grupo de empresarios y dirigentes de Barranquilla que buscaban crear una universidad de excelencia para la región. Seis décadas después, la Universidad del Norte se ha consolidado como una de las instituciones de educación superior más importantes del Caribe colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el crecimiento de Uninorte no se puede medir solamente en aulas, programas académicos o número de egresados. Una parte importante de su identidad está relacionada con su vocación de preservar y estudiar el Caribe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las colecciones especiales de su biblioteca permiten precisamente ese diálogo entre el pasado y el presente. Allí, los libros, documentos y archivos dejan de ser únicamente objetos conservados y se convierten en fuentes para investigar la historia intelectual, cultural y social de la región.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre esos fondos se encuentra la biblioteca personal de <strong>Álvaro Cepeda Samudio</strong>, que permite acercarse a las lecturas, intereses e influencias de uno de los protagonistas del llamado <strong>Grupo de Barranquilla</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La importancia de esta colección va más allá de reunir libros de un escritor. Permite acercarse a una generación que transformó la vida cultural del Caribe colombiano y que tuvo entre sus protagonistas a figuras como Gabriel García Márquez, Alejandro Obregón, Alfonso Fuenmayor y Germán Vargas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, hablar de Cepeda Samudio desde una biblioteca no significa únicamente hablar de literatura. Significa hablar también de periodismo, cine, arte, modernidad y de la manera particular en que Barranquilla y el Caribe colombiano participaron en las transformaciones culturales del país.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Literatura, cine, arte y periodismo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La segunda parte del encuentro estará dedicada a <strong>Álvaro Cepeda Samudio</strong> y contará con la participación de <strong>Ariel Castillo</strong>, quien abordará su obra literaria, y de <strong>Alfredo Sabbagh</strong>, quien se referirá a la relación del escritor con el cine.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El encuentro continuará con un conversatorio sobre <strong>Álvaro Cepeda Samudio y el arte</strong>, que reunirá a <strong>Gonzalo Fuenmayor, quien participará de manera virtual, Isabel Cristina Ramírez y Marco Mojica</strong>, bajo la moderación de <strong>Toni Celia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo ocupará posteriormente el centro de la conversación con <strong>Eduardo Posada Carbó y Orlando Araujo</strong>, quienes participarán en un conversatorio sobre <strong>Álvaro Cepeda Samudio y el periodismo</strong>, moderado por <strong>Alfredo Sabbagh</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La jornada cerrará con la presentación de <strong>“Los gaticos, una historia infantil, cruel y macabra”</strong>, una versión libre del cuento <em>Vamos a matar a los gatitos</em>, de Álvaro Cepeda Samudio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De esta manera, el encuentro recorrerá las distintas facetas de un autor que difícilmente puede ser encerrado en una sola categoría. Cepeda Samudio fue narrador, periodista, cinéfilo, gestor cultural y protagonista de una generación que transformó la manera de entender la creación artística en el Caribe.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una universidad que entiende que el futuro también necesita memoria</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás ahí esté la verdadera importancia de este encuentro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un momento en el que las universidades suelen ser evaluadas por rankings, publicaciones, indicadores y empleabilidad, actividades como esta recuerdan que una institución educativa también puede cumplir otra función: <strong>ser custodio de la memoria de una sociedad</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uninorte ha construido buena parte de su identidad alrededor de esa relación con el Caribe. Desde sus primeros años, la universidad fue concebida como un centro de formación, investigación y análisis de los problemas de la región. Esa vocación ha permanecido a lo largo de sus seis décadas de historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado es una institución que no solamente mira hacia afuera, hacia la ciencia y los debates globales, sino que también vuelve la mirada hacia su propio territorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los archivos, los libros y las colecciones especiales cumplen allí una función fundamental. Conservan aquello que, de otra manera, podría desaparecer: las lecturas de un escritor, los documentos de una empresa, las fotografías de una época, los papeles de un historiador o las huellas de una generación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Biblioteca Karl C. Parrish Jr. es, en ese sentido, mucho más que una biblioteca universitaria. Es un lugar donde el Caribe puede leerse a sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ese quizá sea el mensaje más poderoso del encuentro dedicado a Malcolm Deas y Álvaro Cepeda Samudio: <strong>que recordar no significa quedarse en el pasado. Significa tener mejores herramientas para entender el presente y pensar el futuro.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con seis décadas cumplidas, la Universidad del Norte parece tener claro que una universidad que quiere proyectarse internacionalmente no tiene por qué desprenderse de su territorio. Al contrario: puede llegar más lejos precisamente cuando sabe de dónde viene.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El <strong>I Encuentro de Colecciones Especiales</strong> será, en ese sentido, una oportunidad para abrir libros, revisar documentos, escuchar a investigadores y volver sobre dos figuras cuya influencia trascendió sus propias disciplinas. Pero, sobre todo, será una invitación a reconocer que preservar la memoria cultural del Caribe también es una forma de construir universidad, ciudadanía y futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">*Habrá transmisión online del evento en el siguiente link: <a href="https://www.youtube.com/live/jfGZZx4wfCc?si=QmPHQ3xqWlE4G1BZ" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.youtube.com/live/jfGZZx4wfCc?si=QmPHQ3xqWlE4G1BZ</a></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132290</guid>
        <pubDate>Thu, 20 Aug 2026 00:28:41 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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