Más allá de la medicina

Publicado el jgorthos

LA TORMENTA PERFECTA: PANDEMIA EN COLOMBIA, UN AÑO DESPUÉS

Los meteorólogos estudian los distintos fenómenos que producen una tormenta, y no siempre es posible encontrar una tormenta de grandes capacidades sino se alinean todas las variables de manera proporcional y en el sitio exacto. Esas variables son: el calor en la superficie, el aire frío en la altura, la humedad y los llamados movimientos ascendientes.

A finales de 1991 un sistema de baja presión se ubicó a lo largo de un frente frío que fue creciendo y se convirtió en el huracán Grace, que empezó a debilitarse y en ese momento absorbió una importante humedad tropical y logró llevar vientos por encima de 100 km/hora y olas de 12 metros de altura produciendo, entonces, un impacto importante en la región del Golfo de México. Este fenómeno dio origen al libro La tormenta perfecta, de Sebastian Junger, que posteriormente Warner Bros llevó al cine, bajo de dirección de Wolfgang Petersen.

Hoy el drama de los tripulantes del barco pesquero Andrea Gail, provocado por las inclemencias del clima, en algo se asemeja a la situación de salud que vivimos en Colombia en las últimas semanas con la pandemia.

Voy a tratar de analizar algunas variables que a mi parecer son las que se conjugan y nos llevan a lo que estamos atravesando. Tenemos: población susceptible, inmunidad por vacunas, alejamiento social, uso de tapabocas, situación económica, linajes genéticos, crisis política y capacidad instalada en el sistema de salud.

La pandemia en Colombia inició en febrero de 2020 y, de manera anticipada, se iniciaron cuarentenas, restricciones, campañas de educación, obtención de elementos de protección personal, importación masiva de ventiladores y aumento de camas de cuidado intensivo, entre otros aspectos.

En febrero de 2021 se iniciaron los procesos de vacunación, en un plan centrado por el Ministerio de Salud, que a la fecha, y en un lapso de cuatro meses ha logrado vacunar aproximadamente a 12 millones de colombianos, que equivale al  24% de la población general de Colombia, al menos con la primera dosis.

En nuestro país, hemos vivido tres oleadas de la tormenta COVID-19 y cada una ha sido mayor a la anterior. La primera fue en agosto de 2020, la segunda en enero de 2021 y tercera la estamos enfrentando actualmente. Las pruebas realizadas para detección de coronavirus en promedio fueron:  2 millones, 6 millones y 12 millones acumuladas respectivamente.  El número de muertes promedio en las tres oleadas son:  315, 390 y  500, respectivamente. A la fecha, el acumulado es así: 92.000 fallecidos y 3.600.000 infectados.

La población susceptible  hace referencia a las personas que, expuestas al coronavirus, pueden contagiarse y, por las características del nuevo virus, todos son susceptibles; sin embargo, existen algunas personas con mayor grado de vulnerabilidad, como son las personas que no tienen acceso al sistema de salud, que no cuentan con servicios básicos; personas que dependen de la economía informal, refugiados, migrantes , desplazados, adultos mayores institucionalizados con deficientes redes de apoyo, hogares con mujeres cabeza de hogar, personas en condición de calle, personas con enfermedades preexistentes clasificadas como de alto riesgo y personas en situación de pobreza.  Estos grupos vulnerables son de gran importancia y, definitivamente, aportan de manera sustancial al problema.

La inmunidad por las vacunas es un tema que, dependiendo de la evidencia consultada, se estima en un número de reproducción  (R0) , es decir cuantas personas se contagian por un infectado ;  entre 2 y 6. Asumiendo un R0 estimado de 3, el umbral de inmunidad de grupo sería de 67%. Es decir que, esa sería la cifra ideal de vacunación en cada país. Sin embargo, esto es teórico y depende de otros factores asociados; en este momento, como lo mencioné, estamos alrededor de un 24%.

El alejamiento social y el uso de tapabocas son variables sugeridas a nivel global por la Organización Mundial de la Salud como medidas preventivas y de bioseguridad, en el entendido que la transmisibilidad del coronavirus es por vía de aerosoles. En los últimos meses hemos visto la relajación frente al cumplimiento de las recomendaciones de la OMS y la percepción de seguridad es una variable que cambia cualquier proyección, pues el r0 cambia de manera importante al incumplirse estas medidas.

En los Estados Unidos, un estudio publicado en la revista PLOS ONE demostró que en los estados donde el uso el tapabocas fue menor al 75%, el número de personas contagiadas estuvo alrededor de 239; mientras que donde el uso del tapabocas superó el 75%, los casos llegaron a 109 por cada 100.000 habitantes.

La situación económica demuestra que el COVID-19 ha impactado negativamente en América Latina. Por ejemplo, el producto interno bruto de Perú   cayó 12 puntos bajo el cero; Brasil, 8; Argentina, 7; y Colombia, 5 puntos. Estos datos señalan empobrecimiento de la región y atrasos comparables con el crecimiento de hace  15 años. Acá no vale partido político o ideología que pueda cambiar esta dura realidad. Este impacto especialmente en la economía formal, la perdida de empleos, el incremento del precio del dólar y la parálisis de la economía global lleva a que la situación regional y local sea calamitosa y muy compleja de manejar.

Linajes genéticos: el coronavirus como ya es conocido tienen la característica de mutar su material genético y sus propiedades que lo hace cambiante nos ponen ante dos circunstancias, así: incremento en la capacidad de infectar y una mayor agresividad clínica en el espectro de su desempeño en los distintos pacientes.  El Instituto Nacional de Salud ha logrado aislar 64 linajes identificados y a nivel mundial se han hecho famosos algunos muy agresivos como la cepa británica, la cepa brasileña y la hindú, entre otros. Esto hace que las personas que son infectadas por estas cepas presenten mayor mortalidad y compromiso clínico.

La crisis política: es el resultado sociopolítico de un país que viene de 60 años de violencia, en proceso de paz frustrado, con la mayor cantidad de hectáreas sembradas de coca en el mundo, el accionar de distintos grupos ilegales que, después de el proceso de paz, han querido asumir los espacios dejados por la vetusta guerrilla de las FARC y que ahora quieren ser dueños de los corredores del narcotráfico; una izquierda populista creciente y la polarización más grande nunca antes vista, donde los espacios quieren ganarse de manera violenta e impuesta por encima de la Constitución. Todo lo anterior ha dado un coctel que se agitó en la llamada “debida protesta” y que lanzó a las calles a miles de colombianos a marchar por alguna legítima razón, otros necesitados del rebusque diario en esa industria de las marchas del saqueo y de la violencia destructiva. Y todo esto aumentó la tasa de infección de quienes en esa danza de la muerte han querido participar y, casi como jugando a la ruleta rusa, ahora enfrentan a ciegas el mortal virus.

La capacidad instalada del sistema de salud:  muchos son críticos de la famosa Ley 100; sin embargo, Colombia es de los pocos países que, gracias a esta reforma del año 93, ha podido enfrentar la pandemia con redes de atención y un sistema hospitalario robusto, con capacidad de compra de medicamentos y con la posibilidad de atender de la mejor manera las personas. Pero, como lo ha demostrado esta pandemia, ningún sistema ha podido ganarle al desborde de pacientes, que hoy supera la capacidad instalada.

Colombia, antes de la pandemia, tenia aproximadamente 11 camas por 100000 habitantes. Hoy el Ministerio de Salud reporta 12.623 camas, pero lamentablemente la ocupación esta en un 90%. Bogotá esta en 97%  y Medellín en 96%.

Al principio el Ministerio de Salud compró de 3.000 ventiladores mecánicos para poder incrementar la capacidad del sistema. En el momento actual ya las camas de cuidado intensivos están saturadas, el flujo creciente de pacientes respiratorios llevó al limite a los servicios de urgencias, con cifras de sobresaturación del 400%. La capacidad de oxígeno medicinal ha registrado sobreproducción de las plantas en un 105%, con un incremento promedio del 74% del consumo basal conocido  y que, por las cadenas logísticas complejas, hace muy difícil el suministro adecuado. Y lo más grave es el burnout o agortamiento mental, emocional y físico en que está el personal sanitario que debe enfrentar la pandemia en la llamada primera línea.

Es imposible tener todo el personal idóneo para semejante demanda de pacientes. Solo la vocación de servicio y la coherencia de médicos, enfermeras y terapeutas respiratorias sostienen el tsunami que está sobre el sistema hospitalario colombiano. El problema no es de ventiladores, es un tema estructural que ha hecho estragos en este tercer pico de la pandemia, que avanza paralelo a la apertura económica.

Ahora bien, cuando sumamos estos factores que he tratado de explicar tenemos la una tormenta salida de control que tristemente se está llevando muchas vidas de colombianos, que está dejando impotente al personal de salud, que ha sobrepasado la capacidad de respuesta del sistema de salud y que hunde en un verdadero drama a muchas familias.

Hago un homenaje al sufrimiento de tantas familias que han perdido a sus seres queridos, un abrazo de gratitud al personal de salud que sigue luchando con dignidad y valentía y un llamado de cordura y prudencia a quienes pueden, de alguna manera, influir y conjurar las variables que nos han llevado a esta “tormenta perfecta” y ver si, en paz, podemos solucionar tantos problemas de nuestro querido país que hoy pasa por una situación nunca imaginable. En manos de Dios ponemos esos anhelos y sueños para salir adelante y poder ver un mejor futuro para nuestra patria.

Comentarios