Más allá de la medicina

Publicado el jgorthos

DEMOGRAFÍA EN COLOMBIA: FUTURO PARA ENFRENTAR HOY

 

En días pasados leyendo un artículo de Ignacio Aréchaga sobre España encontré esta información que motivó mi reflexión: “El número de habitantes está prácticamente estancado: 46,73 millones en 2018, con un leve aumento del 0,14% respecto a 2011. Si no ha disminuido ha sido gracias a la inmigración, cuyo saldo positivo ha compensado un saldo vegetativo (nacimientos menos muertes) deficitario (–46.273). Desde 2015 hay más ataúdes que cunas, y la distancia se va agrandando.

En 2018 había en España 4,66 millones de extranjeros, lo que supone el 10% del total de población residente. Esta población inmigrante, que es más joven que la nacional, aporta uno de cada cinco nacimientos. Y falta hace. El número de hijos por mujer está en 1,31, mientras que la media de la UE es de 1,59 y en la vecina Francia, de 1,9. Pero se necesita al menos una tasa de 2,1 para la sustitución de generaciones. Las parejas españolas tienen una descendencia insuficiente y tardía. La edad media a la primera maternidad ha subido hasta los 32 años, y el total de nacidos en 2017 (393.181) es el número más bajo desde 1999.”

Pero, ¿qué está sucediendo en nuestro país? En los años sesenta la tasa de natalidad equivalía a 45 nacidos vivos por 1000 habitantes; a finales del 2017 se registraron 16,1 nacimientos por 1000 habitantes y para el presente año la tendencia sigue en un descenso.

En 1965, cuando Profamilia inicio su programa contra la natalidad, las mujeres que llegaban a edad reproductiva podían tener alrededor de 6,8 hijos. Cincuenta años depués de aquella estrategia, cada mujer colombiana tiene en promedio 2 hijos. Podemos concluir, entonces, que las campañas de acceso a la anticoncepción y las jornadas quirúrgicas de esterilización poblacional han sido efectivas.

Si nos comparamos con países de la región, las tasas de  natalidad de Argentina, Perú, Panamá ,Ecuador, México, Venezuela y  Bolivia están por encima de la colombiana; mientras que  Brasil, Chile, Cuba y Uruguay están por debajo.

El censo de 2018 nos muestra que en Colombia existen más personas en edad productiva que dependientes; es decir, niños, adolescentes y ancianos.

Esto se denomina “bono demográfico”, pero de continuar el panorama actual: menos nacimientos, envejecimiento poblacional y  mortalidad, ese bono será provisional.

A diferencia de Europa, la migración a Colombia no generará una tendencia sostenible, dadas sus características políticas reactivas a la coyuntura de Venezuela.

Los países necesitan tasas mínimas de recambio o tasa de fecundidad de reemplazo para hacer sostenible el crecimiento y la estabilidad económica. Para lograr esta sostenibilidad la tasa de natalidad se calcula alrededor de 2,1 y su descenso indica un recambio insostenible, con las consecuencias negativas para la productividad y desarrollo de un país.

Para algunos llevar a la mínima expresión el número de hijos con el incremento de interrupciones voluntarias del embarazo parece un éxito demográfico; pero para un país como Colombia puede ser el principio del fin, en términos del balance poblacional y del futuro en la sostenibilidad poblacional. Actualmente se están cambiando los hijos por las mascotas

Si el país alcanzara una tasa de recambio por encima de 2.1 y se lograra la  efectiva  protección de la niñez, el soporte a los adolescentes y la población productiva aportara en salud y pensiones para su vejez, podríamos hablar de un país sostenible.

El apoyo a familias numerosas, como se hace en países de Europa, mediante incentivos fiscales, bonos en vivienda y becas en educación, puede favorecer un escenario que logre que más colombianos se formen y sean quienes saquen al país en términos de productividad.

Finalmente, desde la habilitación misma del sistema de salud, la maternidad no genera estímulo, pues tiene escenarios de infraestructura costosa, los modelos de recurso humano y la «comoditización» de la obstetricia hace que las circunstancias sean poco alentadoras.

En consecuencia, la atención del momento más importante en la vida  de un colombiano, que es su nacimiento, se vuelve algo marginal, en ocasiones con riesgos y experiencias no muy reconfortantes para unos y otros.

Lamentablemente no se ven esfuerzos ni políticas enfocados a mejorar las actuales variables, que nos posibiliten un mejor futuro.

Al cabo de un par de lustros viviremos las consecuencias de un presente alegre y exitoso con su control de natalidad. Esperemos que las restas de bebés y las sumas de personas improductivas no nos pasen cuentas de cobro muy elevadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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