Los que sobran

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Lanzamiento del blog de los que sobran

Gracias infinitas a todas las personas que se tomaron el tiempo de leer el texto que como columnista invitada escribí para El Espectador, en el cual narro lo que significó para mí el encuentro con el Presidente Duque en París. Leí con entusiasmo los comentarios recibidos y me emocionó ver que muchos compartieron el texto y se unieron al hashtag de #losquesobran.

Es muy grato saber que hemos sido leídos con agrado y empatía por personas que no conocemos, en estos tiempos de las redes en los que es fácil opinar “en público”, pero no necesariamente fácil ser escuchados o leídos cuando somos unos perfectos desconocidos. Como si los desconocidos tuviéramos opiniones menos válidas, informadas o constructivas, que las de muchos generadores de opinión con gran capacidad de influencia, pero escasa habilidad narrativa y solvencia ética. No es gratuito que las falsas noticias y las cortinas de humo logren desviar la atención al volverse virales, mientras hechos ciertos e información relevante pasan desapercibidos. Que así sea también es algo de lo que todos los ciudadanos debemos sentirnos responsables.

No es que las redes “den el derecho de hablar a legiones de idiotas”la frase lapidaria de Umberto Eco amerita ser repensada. Habría que comenzar por definir ¿quiénes seriamos los idiotas?… ¿Los “nadie”, los “sin diplomas”? o los que a falta de “tribuna”nos expresamos a través de un muro de Facebook o de un tweet o compartiendo el texto de otro, más o menos idiota que nosotros, para decir: “adhiero  a este pensamiento”? Sera que para hablar y opinar hay que ser periodista acreditado o literato? ¿Sí hay idiotas que logran liderar la opinión de una gran comunidad, no será en últimas la comunidad que se deja liderar por ellos la verdadera idiota ?

El problema entonces no es que cualquier idiota tenga “derecho a opinar”, el problema es que se deje invadir el debate público por idioteces. El problema tampoco es que cualquier idiota pueda suplantar la función de los medios de comunicación, el problema es que los medios de comunicación dejen de ser canalizadores y filtros de la información trascendente y veraz, para convertirse en propagadores de la información y opinión que irresponsable o amañadamente lanza por ahí cualquier idiota.

En una sociedad democrática cualquiera tiene derecho a opinar, pero el ejercicio de los derechos implica también deberes y responsabilidades. La responsabilidad en el caso de la libertad de expresión o el derecho a opinar, es proporcional a la capacidad de influencia. Es mayor la de un periodista o una figura pública reconocida e influyente, que la de un ciudadano común y corriente. Pero los ciudadanos del común tampoco estamos exentos de responsabilidades y deberes, uno de ellos: informarnos de la mejor manera posible antes de opinar, y reflexionar si al propagar alguna información, estamos aportando al debate democrático o somos “idiotas útiles”de quienes quieren desviar la atención de las cuestiones importantes o desinformar.

Los “nadie”, que conformamos la gran mayoría de la sociedad estamos llamados a: 1. opinar procurando estar informados para hacerlo; 2. tomar parte en las cuestiones públicas y políticas; 3. participar en el debate democrático y a contribuir a que los temas verdaderamente “trascendentes”sean los que ocupen la agenda política de nuestros gobernantes. Si logramos unirnos cotidianamente, para velar por el cumplimiento de los valores democráticos fundamentales “nadie nos va a echar de más”.

La capacidad de influencia de una ciudadanía que actúa unida está demostrada. Las comparaciones suelen ser odiosas, pero enriquecedoras guardando el sentido de las proporciones. Los logros políticos que en Francia el movimiento de los chalecos amarillos logró obtener en pocas semanas, a pesar de ser un movimiento coyuntural, apartidista, multiforme, disperso, con algunas reivindicaciones polémicas y que en un principio no parecían cobrar alguna trascendencia practica en la escena política, son prueba en este sentido.

De la misma manera, en Colombia, nos debe llenar de regocijo la resiliencia, resistencia y compromiso de los estudiantes que, durante dos meses, se manifestaron de manera pacífica, creativa, y por lo mismo, contundente en todo el país, para lograr un acuerdo histórico con miras a sacar adelante nuestra agonizante educación pública. ¡Un gran bravo para ellos!

Tanto en Francia como en Colombia los Presidentes cuentan con una baja de popularidad sin precedentes que contrasta con lo que parecería ser el anuncio de un nuevo tiempo, un despertar de conciencia ciudadano y su papel protagónico en el día a día político. No es dándole la espalda a la realidad política que nos rodea, ni con ostracismo individualista, que podemos ayudar a fortalecer nuestros respectivos sistemas democráticos y políticos.

La política no es una cuestión de poderosos, ni de supuestos ilustrados, vamos viendo como pululan los impostores haciendo política. Los que supuestamente“sobramos”no sobramos tanto y es deseable que este despertar democrático logre involucrar a los apáticos y los abstencionistas. El problema entonces no es la existenciade la derecha ni de la izquierda. Tener ideas políticas diversas es una riqueza en democracia. El problema es que solo una mínima parte de la sociedad participe de manera activa en la vida política, mientras que otra mayoritaria pasa la vida “mirando los toros desde la barrera”pero sufriendo las consecuencias de su apatía.

Gracias a EL Espectador por darme  este espacio en el que aspiro dar voz a muchos de ustedes. Con la felicidad de ver como el movimiento estudiantil salió victorioso de esta difícil prueba, a todas y todos: ¡felices fiestas!

Post scriptum: Ya que logramos el acuerdo por la educación y quedó claro que el video de Petro era solo un distractor…¿Sera que los colombianos logramos ponernos al corte con lo del Fiscal General, el caso Odebrecht y el Grupo Aval? Esa debería ser nuestra principal batalla de final y comienzo de nuevo año: #RenuncieFiscal, #OdebrechtNoMásImpunidad#OdebrechtColombiaQuieraLaVerdad

 

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