Con los pies en la tierra

Publicado el Observatorio de Tierras

De regreso a la tierra: 26 años después

Por: María Camila Jiménez Nicholls

El pasado 10 de octubre se cumplieron 19 años de la masacre ocurrida en el 2001 en la vereda Alaska, corregimiento de la Habana en Buga, Valle del Cauca, cometida por el Bloque Calima de las AUC al mando de alias HH, en la cual los paramilitares recorrieron el corregimiento durante 6 horas y asesinaron entre 24 y 30 personas. Con esta son 7 las masacres que ocurrieron en el municipio entre 1986 y 2013.

En el corregimiento de la Habana 7 años antes de la masacre, en 1994, la familia de Ana y Gerardo salió desplazada luego de que grupos armados asesinaran a su padre, no sin antes advertirles que debían abandonar su tierra. Esa tierra se la había adjudicado el INCORA a José, el padre de Ana y Gerardo*, en 1983.

Con la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras del 2011 la situación de la familia cambió nuevamente. Ana, la menor de la familia, convenció a su madre de presentar su caso ante la Defensoría del Pueblo en Buga, donde iniciaron el proceso de registro como víctimas y de restitución de su predio.

La restitución de tierras en Colombia ha sido larga y difícil y este caso no ha sido la excepción, sin embargo, a diferencia de otros, culminó con la compensación de un predio de características similares, pero en otro lugar. Esta decisión se tomó, según el juez, como un mecanismo para protegerles por la falta de seguridad en el corregimiento donde estaba ubicado el predio original y como una forma de garantizar la no repetición de los hechos victimizantes.

El predio se encuentra dentro de la finca La Camila, en el municipio de San Pedro en el Valle del Cauca, y marca el camino de regreso a la tierra 26 años después de que la violencia en la región obligara a Ana, Gerardo y al resto de su familia, a salir de ella. Los hermanos eran muy pequeños cuando llegaron a Buga, por esta razón no crecieron en la tierra ni aprendieron las labores propias de la misma. Con el cultivo de ají en marcha, proyecto productivo entregado como parte de la reparación integral, el regreso al campo se hizo inminente. A sus 30 años Gerardo empezó a trabajar la tierra, por primera vez, junto a las otras 28 familias usuarias también de la restitución de tierras.

La Camila es un predio que perteneció a un narcotraficante del cartel del Norte del Valle y que hoy está en manos de personas que perdieron su tierra en diversos lugares del país. Se estima que 31 familias serán las nuevas propietarias, no obstante, hoy en día solo 28 familias cuentan con una sentencia de restitución que las reconoce como propietarias legítimas. Estas familias tienen una asociación y comparten, entre otras, el distrito de riego y una bodega de acopio.

Claro, no todo ha sido color de rosa. Los diversos orígenes de las personas y las demoras en los procesos complementarios a la restitución de tierras han influido en que el proceso tenga problemas. Por ejemplo, a algunas familias que ya están viviendo en La Camila no les han entregado la vivienda a la que tienen derecho. La construcción de estas ha tomado más tiempo del esperado, al parecer, por culpa de la coyuntura actual generada por la pandemia.

19 años después de aquella masacre en Alaska, y en el marco del “debilitado” proceso de paz, es fundamental expresar el respaldo total a todas las instituciones creadas para implementarlo. Así, más jóvenes van a poder regresar a la tierra, a sus territorios; que la tierra quede en manos de los jóvenes y campesinos que quieren trabajarla, que pase de ser un lugar en el que florece el narcotráfico y la violencia a uno donde crece ají, maracuyá, pimienta y, sobretodo, paz como en La Camila. Con el Acuerdo no solo estamos protegiendo a víctimas como Ana y Gerardo, mediante la restitución, sino que a través de sus otros mecanismos se puede llegar a aclarar las razones y los culpables de la ola de violencia de la que las familias de la masacre de Alaska fueron víctimas.

*Todos los nombres fueron cambiados por protección

Comentarios