Con los pies en la tierra

Publicado el Observatorio de Tierras

Hablemos sobre brecha digital con enfoque territorial

Por: Andrés Felipe Salazar Ávila

El fracaso de la ejecución del contrato del Ministerio de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (MinTIC), que buscaba garantizar la conectividad de internet a más de 10 mil zonas rurales y cabeceras del país, ha causado un efecto en la opinión pública que en otras circunstancias era impensable: una discusión sobre la brecha digital en Colombia.

Y no es para menos. Dicha situación irregular muestra que las zonas rurales y los lugares con mayores índices de pobreza y desigualdad son los más afectados por esa negociación fallida. No obstante, el escándalo es tan solo una muestra de las múltiples falencias de las políticas públicas en materia TIC de este gobierno, y en general, de sus antecesores. Vale aclarar que, aunque la pandemia visibilizó considerablemente el problema de la brecha digital en nuestros territorios, este es un asunto de vieja data.

Para empezar mi reflexión, quiero traer a colación una experiencia que tuve hace unos tres años por motivo de una investigación sobre el uso de las TIC. En el marco de una entrevista que hice a una mujer en Bugalagrande, Valle, recuerdo que ella me decía que para qué la entrevistaba si sobre esos temas (de tecnología) ella no sabía nada, por lo cual su testimonio no iba a ser útil. Así que preferí irme y agradecer por brindarme su tiempo.

Sin embargo, justo en esa despedida, ella me comentó que iba a prender el televisor para ver la misa del día. Al principio, asumí este hecho como un evento de “atraso” tecnológico por el simple hecho de que la señora no tenía conectividad a internet. Pero, a medida que avanzaba el trabajo de campo en esta zona del Valle del Cauca, me di cuenta de que mi diagnóstico, similar al que ha hecho el MinTIC y el Estado colombiano sobre las desigualdades tecnológicas, era errado. ¿Y por qué?

En primer lugar, el enfoque que se ha priorizado en la pandemia, y en general en los últimos años, ha sido el de la conectividad y la infraestructura. Si bien es cierto que estos dos componentes son fundamentales para reducir las barreras que la población colombiana tiene en el tema de acceso a las TIC, este es tan solo uno de varios componentes que hacen parte de la brecha digital.

Jan Van Dijk, un teórico referente de las comunicaciones, hace mención en que la brecha digital tiene varios componentes, además del acceso y la infraestructura. Las diferencias tecnológicas también se presentan en las habilidades del uso de las TIC, así como en la dimensión subjetiva (necesidades personales, creencias, emociones) de los seres humanos, las cuales inciden directamente en el aprovechamiento de las tecnologías.

Retomando el caso de mi experiencia, uno no puede afirmar que la señora tiene un “atraso” tecnológico porque no tiene conexión a internet. Hay otros factores que determinan la brecha digital en este caso, como las necesidades específicas en el uso de las TIC. Ella solo necesita las tecnologías para comunicarse por celular, o el televisor y la radio para escuchar sus misas o las noticias. Por consiguiente, determinar un “deterioro” en materia de tecnología únicamente por la cuestión de la conectividad, sería una limitante para conocer los contextos sociales, culturales y económicos de las regiones, que afectan el uso de las TIC.

Ligado a este punto, hay un segundo elemento que caracteriza el enfoque de las políticas TIC a nivel nacional, regional y local, y que aborda de manera equívoca el problema de la brecha digital: el determinismo tecnológico. El determinismo tecnológico consiste en creer que las tecnologías, por si solas, son las que van a generar mayor desarrollo social y económico en una comunidad.
Un ejemplo de este fenómeno es el cambio constante de smartphones. Acorde con la Gran Encuesta TIC (2017) del MinTIC, la mitad de los colombianos cambia de celular en promedio cada dos años. La razón que explica los cambios se relaciona con la idea de estar a la “moda” o a la “vanguardia”, ya que hay que tener dispositivos tecnológicos actualizados que reflejen el progreso de las personas.

Lo problemático de pensar el desarrollo tecnológico como un proceso evolutivo es el desinterés en otros aspectos que también inciden en el impacto de las TIC. Muchos gobernantes y funcionarios públicos del país restringen sus políticas sobre tecnologías, principalmente a la entrega de tablets o computadores de última generación. Esto, sin tener en cuenta la caducidad de los programas del dispositivo, el conocimiento de los usuarios para manejar dichos equipos o incluso, las condiciones de servicios públicos en los territorios como la falta de agua o energía eléctrica.

Un último punto que quiero abordar sobre la perspectiva errónea con la que se ha manejado la cuestión del desarrollo tecnológico en Colombia es la falta del enfoque regional en la implementación de iniciativas TIC. Una referencia clara sobre este asunto es el impacto que sufrió la educación en el contexto de pandemia. Acorde con una encuesta diagnóstico del Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana (diciembre de 2020), el acceso a clases sincrónicas en colegios oficiales urbanos era del 65%, mientras que apenas el 26% de los estudiantes de colegios públicos rurales accedían a estas sesiones

La situación mencionada, que no se da únicamente como consecuencia de la pandemia, se pudo haber mitigado si se hubiera tenido en cuenta iniciativas con enfoque territorial. Es paradójico que en un país donde hubo una de las estrategias TIC de mayor impacto a nivel educativo, y reconocida mundialmente, como lo fue Radio Sutatenza, no se hayan desarrollado proyectos tecnológicos, articulados con actores locales como las emisoras comunitarias, para mitigar el acceso a la educación, sobre todo, en las zonas rurales.

Estos tres aspectos, que no se han tenido en cuenta dentro de la implementación de políticas TIC en estos últimos gobiernos son tan solo una parte de las múltiples fallas que existe en el sector de tecnologías y comunicaciones. Por ende, es clave que esta discusión sobre brecha digital tenga más relevancia en la opinión pública y no dependa solamente de un escándalo de tergiversación de recursos públicos. Es nuestra obligación seguir haciendo veeduría, pero, sobre todo, reconocer las particularidades de nuestros territorios para este asunto. Sin esto, la superación de las desigualdades digitales quedará en una simple promesa de campaña.

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