Con los pies en la tierra

Publicado el Observatorio de Tierras

El agro colombiano, gravemente afectado por la inflación

Por: Alejandra Muñoz Contreras

En Colombia ya no podemos comer tranquilos. ¡Comer! que además de ser una necesidad biológica, es un derecho. El país enfrenta una grave crisis inflacionaria con el alza del 25% en precios de alimentos básicos. Según el último informe de la Organización de las Naciones Unidas – FAO, el precio de los alimentos en los países “en desarrollo”, tuvo un incremento del 20% terminando el año 2021. Más allá de la inflación global producida por la crisis del COVID-19, no es muy claro el motivo por el cual la moneda colombiana perdió más valor que otras monedas en Latinoamérica: mientras usted trabaja a diario con los mismos horarios y el mismo esfuerzo de siempre, su plata en cambio, vale mucho menos.

Ahora, no es del todo alentador el pronóstico de que la situación económica se va a estabilizar a mitad del 2022, ya que las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística -DANE- indican que la inflación volverá a ascender por la inestabilidad inflacionaria del país.

Fuente: Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE (índice de precios al consumidor).

Ante nuestra realidad, la responsabilidad de enfrentar la crisis debe enfocarse en los factores que han ocasionado la inestabilidad económica por tanto tiempo, sobre todo por afectar a pequeños y medianos productores agrícolas y el plato diario de los colombianos. Comencemos por el hecho de que el Estado está desatendiendo mandatos constitucionales por cumplir intereses ajenos al bienestar de la población colombiana.

Según el artículo 65 de la Constitución Colombiana, “el Estado promoverá la investigación y la transferencia de tecnología para la producción de alimentos y materias primas de origen agropecuario, con el propósito de incrementar la productividad”. Sin embargo, pareciera que los únicos que gozan de estos derechos son los grandes agroindustriales. Pues si el fin del Estado fuera promover la producción de alimentos básicos, entonces en los últimos 10 años no habría pasado de importar 1 millón de toneladas a 14 millones de toneladas de productos básicos por año (DANE), sino más bien hubiera crecido la producción interna.

Una de las razones a las cuales se ha atribuido el fenómeno inflacionario es el incremento de las importaciones, como consecuencia de los Tratados de Libre Comercio -TLC-. Actualmente son 17 los acuerdos de libre comercio vigentes en el país. Pese a que estos acuerdos se hacen con la promesa de mejorar la economía interna, las importaciones incrementaron 12,9% para 2022, pero las exportaciones descendieron más de un 20% entre 2019 y 2020. La pregunta que sigue es, ¿cómo afecta el incremento de importaciones al agro colombiano y al precio de los alimentos básicos? Comencemos por el impacto en el agro: 1. La baja participación de medianos y pequeños productores en el mercado nacional, 2. Falta de maquinaria y tecnología para la producción y la dificultad en el transporte de los productos y 3. Los altos costos de insumos para la producción agrícola cuya alza se agudizó por la crisis pandémica.

Basta recordar a los paperos, arroceros y lecheros en 2018 denunciando que el incremento de importaciones los obligaba a perder sus productos por no tener a quien venderlos (no resolvieron nada los subsidios al agro). Para junio de 2019, miembros de la junta del Banco de la República, afirmaron que para poner freno a la inflación, se debía recuperar la producción de alimentos de consumo básico. Sin embargo, a pesar de que terminando el 2021 la importación de lácteos subió 50%, así como subió un 25% la importación de tubérculos, granos y verduras, productos básicos en la mesa de muchas familias colombianas; la papa ha sido exportada con valores inferiores al costo de producción, una práctica del gobierno denominada dumping que ha sido rechazada por la Federación Colombiana de Productores de Papa –FEDEPAPA–. Adicionalmente, el alza en el precio de insumos para producción agrícola incrementó los costos de producción un 40%, y los pequeños y medianos productores están optando por usar menos insumos, con la consecuencia de que el volumen de producción se reduzca significativamente.

La relación entre altas importaciones, la crisis del pequeño y mediano productor agrícola y el encarecimiento de  los alimentos es clara: si el campesino no puede competir con el mercado importado, entonces los consumidores estamos siendo obligados a comprar productos importados y en tiempos inflacionarios a pagar sobrecostos o a dejar de comprar y de comer, en un país altamente agrícola.

Para resolver el problema de raíz, además de reducir las importaciones de productos básicos, es necesario fijarse en los intereses del Estado sobre la tierra, de donde salen los alimentos cuyos precios se encuentran por las nubes. Veamos estas cifras del Censo Nacional Agropecuario del 2014: si el 71% de los productores agrícolas (pequeños y medianos) desarrollan su actividad en menos de 5 hectáreas de tierra, mientras que sólo un 0,2% de productores (grandes agroindustriales) ocupan terrenos superiores a las 1000 hectáreas, entonces la desigualdad de la propiedad de la tierra es determinante sobre los campesinos, su producción, y los costos de la comida.

Con una baja capacidad productiva por falta de terrenos, insumos y tecnologías, al pequeño productor (quien produce los alimentos básicos) le es imposible competir contra un mercado de importaciones tan avasallador, que a su vez propicia el crecimiento inflacionario que hoy tiene al país en crisis. Entonces lo que necesitamos con urgencia no son subsidios ni campañas políticas populistas anticorrupción, lo que necesitamos para poder comer tranquilos, es enfrentar las des-medidas de importaciones, apoyo tecnológico eficaz para el pequeño y mediano productor y acceso a tierras productivas de fácil acceso. Así, la producción de alimentos básicos sin duda aumentaría y ya no tendremos que volver de la tienda con las manos medio vacías.

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