Bernardo Congote

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El tal Tapia: ¡¿Un Corrupto de Cristal?!

Todos los “luchadores contra la corrupción” lo conocen. Y, por supuesto, casi todos los corruptos. Unos y otros visitaron y siguen visitando su oficina de cristal ubicada en lujoso sector de Bogotá.

Le visitan, entre otros, “… gobernadores, políticos y empresarios… (y entre estos) un poderoso empresario de Antioquia”.[i]

El sujeto sabía que volvería a la cárcel si volviera a delinquir. Pero para él la corrupción (apropiación privada de nuestros impuestos) es como fumar o jugar póker. Es un vicio.

En lugar de cárcel por casa o casa por cárcel, convendría darle un hospital por cárcel a ver si logran desintoxicarlo. Cuando “se enfermó” antes de ser indagado, el juez de garantías debió haberlo encarcelado en ese mismo hospital.

¿Pero el problema es Tapia? ¿O son los “políticos, gobernadores y empresarios” que tocan a sus puertas? ¿O somos nosotros? ¿Es, entonces, la apropiación privada de nuestros impuestos un vicio solitario o una pandemia?

Probablemente sí sea un vicio solitario (masturbación mental) la de los colombianos que tenemos por solución acabar con “los Tapias”, “los Nules” o los “Aguilares” o los “Moralesrussi”. Porque, probablemente, ellos existen gracias a nuestra melosa complicidad con sus latrocinios.

Detrás de nuestros mayores bandidos siempre ha habido una pléyade de otros bandidos de cuello sucio lucrándose de sus tropelías.

Pero también rebaños de vecinos, amigos y familiares haciéndoles cola a los ladrones para verse beneficiados a la hora en que tiran billetes por los balcones.

¿Cómo explicar que una sociedad aplauda que algunos bellacos se dediquen a echarse en sus bolsillos los impuestos?

Probablemente porque pagamos pocos impuestos, los unos, o los otros no pagan un peso.

En la medida en que la sociedad paga pocos impuestos o los evade, le importa bien poco lo que se haga con ellos.

De modo que el objetivo social sea pagar cada vez menos impuestos para que haya cada vez más ladrones y en el mediano plazo, todos nos dediquemos a robar al Estado para arruinarlo (y arruinarnos con él).

¿Pero sería cierto que todos nos arruinaríamos con el Estado? Tal vez no. Habría que decir mejor: para que las mayorías quedemos en la ruina.

Porque al tiempo, nuestra clase negligente (los Pastranas, Sarmientos, Gilinskis y etc.) accionistas detectados por Pandora Papers, se carcajearían de nuestra estupidez mientras beben whisky en Islas Vírgenes.

¿Cómo es que un Director Nacional de Impuestos sigue sentado en esa silla ganándose millones de pesos al mes, a sabiendas de que es un experto armador de microempresas “de papel” en cinco o seis paraísos fiscales?

O sea ¿Cómo es que Director Nacional de Impuestos, sería, probablemente un avezado evasor de impuestos?

Muy simple. Porque su jefe, el arrendatario de la Casa de Nariño es el sacamicas de los Pastranas y Uribes que en Colombia fungen como clase negligente.

Y porque los demás colombianos, sumidos en estupidez profunda elegimos y reelegimos a sus mandaderos para que ejerzan como Ministros, Legisladores, Gobernadores o Alcaldes.

Congótica. ¿Por qué el más avezado corrupto criollo despacha en una oficina de cristal? ¡Porque le interesa que sus habilidades para el latrocinio sean transparentes!

Congótica. Porque en Colombia, el Centro Democrático exigiría como credenciales para sus Ministros, Senadores y etc., tener por lo menos un expediente abierto en los estrados judiciales.

Congótica. Porque en Colombia contabilizamos casi 22 años eligiendo y reeligiendo convictos, indagados o huidizos de la justicia para que nos atropellen «con mano firme y corazón grande”.

Congótica. Al final nos mereceríamos la mierda que comemos tirada desde las mesas donde nuestra clase negligente convierte en mierda nuestros impuestos.

[i] “Las visitas de Tapia…” Diario El Tiempo/Colombia, octubre 10 2021, Pág. 1.13

 

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